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La mecánica europea confisca la soberanía popular

La Cumbre de Barcelona celebrada a mediados de marzo último ilustra hasta qué punto la Unión Europea de impronta neoliberal escamotea la participación ciudadana. La dificultad para descubrir alguna diferencia significativa entre el socialista Lionel Jospin y el neogaullista Jacques Chirac respecto de esta cuestión crucial entregó la bandera de la soberanía nacional a la extrema derecha.

Mientras los dos principales candidatos de las elecciones presidenciales francesas se entregaban a esa sutil guerra de declaraciones que tanto elevó el nivel del debate electoral y que marcaba entre ellos esa diferencia que una opinión pública obtusa sigue sin descubrir, el presidente de la República y el primer ministro se ocupaban de cosas serias: conjuntamente y de manera definitiva, decidían sobre temas importantes1. En particular sobre aquellos que, con la conciencia tranquila, pensaban someter a la opinión de los ciudadanos a posteriori de su decisión.

En lo que concierne, por ejemplo, a la edad de jubilación, los fondos de pensión, la "liberalización" de los servicios públicos, la política salarial y la flexibilidad laboral, es inútil perder tiempo leyendo los programas o las declaraciones públicas de los candidatos: todo ya fue decidido. ¿Dónde? ¿En París?, ¿en el Parlamento?, ¿en el seno del gobierno? No, en Barcelona durante la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea (UE), el 15 y 16 de marzo pasado. El verdadero programa común de Jacques Chirac y Lionel Jospin para los próximos años figura en el documento titulado "Conclusiones de la presidencia, Consejo Europeo de Barcelona"; documento que, siguiendo una lógica democrática, debería formar parte de la documentación que se les envía a los electores.

A la misma podría añadírsele también un artículo de Michel Barnier, comisario europeo, titulado "El gran secreto de la elección presidencial". ¿Habrá acaso un secreto que explique por qué la soberanía popular se ve burlada de esa manera? El comisario Barnier nos lo confía: "Ese gran secreto, es ante todo que la mayoría de las decisiones que los candidatos van a comprometerse a adoptar gracias a la confianza del pueblo, ya no dependen sólo de ellos (…) Si deseamos un debate honesto, hay que decirlo: en muchos terrenos, los futuros elegidos deberán pasar antes por Bruselas y Estrasburgo"2. La argumentación de Barnier es exacta, pero muy incompleta.

Bruselas, es la Comisión Europea; y Estrasburgo, el Parlamento Europeo. Una tiene el monopolio de la proposición de los actos legislativos comunitarios (directivas, decisiones, reglamentos), pero, salvo en materia de competencia, no tiene poder de decisión, que está en manos del Consejo de Ministros (Consejo de la Unión) que delibera en formación especializada: economía y finanzas, agricultura, etc.; el otro dispone de poderes que varían según los terrenos, y que pueden llegar hasta un nivel de co-decisión con el Consejo. Pero es el Consejo Europeo únicamente el que define las grandes orientaciones que la Comisión, el Consejo y el Parlamento deberán luego, imperativamente, aplicar. Por otra parte, las conclusiones de las cumbres son un catálogo de prescripciones: el Consejo Europeo "compromete al Consejo y al Parlamento a adoptar lo antes posible…", etc. Por lo tanto, "Bruselas" y "Estrasburgo", lejos de ser las generadoras de las decisiones, en definitiva sólo trabajan dentro de un marco político fijado por unanimidad por los responsables gubernamentales de los Quince. Es decir, en Francia, por las dos cabezas del Ejecutivo. Un "secreto" importante que Barnier omite develarnos.

En tales condiciones, a los interesados les conviene hallar en "la ´Europa de Bruselas´ un culpable ideal que manipula los alambiques tecnocráticos y los poderes independientes, frente a decisiones políticamente difíciles de asumir"3. Las adoptadas en Barcelona, y no en Bruselas (pero el público no verá la diferencia) entran efectivamente en esta categoría, y así se entiende la exagerada publicidad mediática organizada en torno a algunas, que son sólo prórrogas a la ejecución, y el silencio que reina sobre otras, que sin embargo tienen graves consecuencias.

Cuidar a los candidatos

El gran tema que aparecía en la cumbre europea era la proporción y los plazos de liberalización del mercado energético. En la mira estaban dos empresas francesas: Electricidad de Francia (EDF) y Gas de Francia (GDF), ambas monopólicas en su país. Las exigencias iniciales de la presidencia de la UE (española, en este momento) y de la Comisión eran: total liberalización -es decir, posibilidad de elegir libremente, en toda Europa, la compañía que suministrará cada servicio- para todos los usuarios, tanto empresas como particulares. En 2003 para la electricidad y en 2004 para el gas. Resultados obtenidos: en 2004, total liberalización (gas y electricidad) para las empresas, lo que implica el 60% del mercado; y, antes de la primavera boreal de 2003, decisión sobre los clientes particulares. Diferencia práctica: un año.

Así, en un emocionante gesto de solidaridad intergubernamental, los demás socios europeos dieron tiempo a Chirac y Jospin para llegar hasta las elecciones francesas envueltos -sin mayor costo- en la bandera de la defensa del servicio público: "Por lo tanto, lo que los comentaristas llamaron ´un compromiso´ en realidad no es otra cosa que una muestra de compasión hacia dos candidatos en campaña de parte de sus colegas europeos. A condición de que paguen con la misma moneda"4. Sin embargo quedaba un premio consuelo para permitir a los franceses salvar las apariencias: se pidió a la Comisión que antes de fin de año redacte un proyecto de directiva sobre los "servicios de interés económico general", pero respetando el artículo 86 del tratado, que hace referencia a otros tantos artículos que afirman principalmente la primacía de la competencia. Algo así como hallar la cuadratura del círculo. Una verdadera "victoria" francesa hubiera consistido en subordinar la liberalización del mercado energético a la aprobación de tal directiva. Pero semejante cosa, se nos dice, hubiera perjudicado la credibilidad de la UE ante los ojos de los "mercados", los únicos electores que cuentan realmente.

En ningún momento los jefes de Estado y de Gobierno tomaron en cuenta, antes de seguir avanzando en materia de liberalización, los problemas de seguridad de aprovisionamiento energético, de inversiones a largo plazo y de cobertura territorial. De todas formas, la liberalización está programada de manera irrevocable para 2004, y las eventuales decisiones sobre esos temas fueron aplazadas hasta 2003. De un lado lo concreto, del otro un espejismo. Aun menos se interrogaron los miembros del Consejo Europeo sobre la razonabilidad de cualquier liberalización del mercado energético (por no hablar del agua y del transporte), a partir del análisis de ejemplos existentes. Es fácil entenderlo, ya que ese análisis hubiera puesto al descubierto las verdaderas motivaciones -por otra parte no excluyentes- de la mayoría de ellos: ideología liberal militante y sumisión a grandes intereses privados.

Pues si existe una finalidad totalmente extraña a la liberalización del mercado energético, es la del interés público. Anfitrión de la cumbre de Barcelona, el presidente del gobierno español, José María Aznar, se cuidó bien de evocar la situación en su propio país. Cinco compañías privadas se reparten ese mercado nacional, y los cortes de corriente son hoy en día moneda corriente, a pesar de que la factura presentada a los usuarios incluye una cláusula que garantiza el mantenimiento de la potencia suministrada. Y "la sociedad debe preparase para cosas peores" afirma el administrador de una de esas compañías eléctricas5.

El ejemplo de California, que atlantistas fanáticos como Aznar, Silvio Berlusconi y Anthony Blair deberían considerar como un modelo, es calamitoso en todo sentido: cortes de corriente prolongados que afectan hasta al sacrosanto Silicon Valley; aumentos de tarifas de 500 a 1.000%; aportes de los contribuyentes por un monto de 20.000 millones de dólares (a lo que podrían agregarse otros 43.000 millones) para financiar contratos que el Estado tuvo que firmar de urgencia a fin de paliar las carencias del sector privado, etc.

Carl Wood, comisario para la regulación de la electricidad de Estado, lo dice claramente: "Es evidente que nadie debería seguir el ejemplo de la liberalización en California, que se mostró desastrosa en todos los planos. (…) La situación actual es caótica (…) Al fin de cuentas, California no es el único ejemplo de liberalización. Es apenas el más espectacular. De la misma manera se procedió en el Reino Unido y en Australia, con idénticos resultados"6. En este tema, y en otros (transporte ferroviario, servicios postales, etc.) la UE se afana por recuperar su "atraso" respecto de Estados Unidos…

Y esa no es la única noticia que encontrarán los electores franceses leyendo las "Conclusiones de la presidencia" española en Barcelona. Podrán perfectamente "pasar por alto" los párrafos dedicados en los programas de los candidatos franceses a la edad para jubilarse, pues la decisión ya fue consignada en un acta oficial por la UE, y por lo tanto por Francia: "Habrá que tratar antes de 2010 de aumentar progresivamente en cinco años la edad promedio efectiva en la que cesa, en la UE, la actividad profesional. Los progresos en ese terreno serán analizados cada año antes del Consejo Europeo de la primavera". Por lo tanto, las elecciones no podrán hacer nada contra "el progreso".

Otra información útil: próximamente habrá fondos de pensión europeos, y por lo tanto franceses. La adopción o no de esos fondos, destinados tarde o temprano a sustituir los sistemas de jubilación por reparto, o al menos a reducir su porcentaje de participación, dejó de ser un tema electoral en Francia. El asunto ya está en marcha, y nada importan las conclusiones a sacar de la experiencia de Estados Unidos. O sea, otras tantas páginas de los programas electorales que se pueden pasar por alto. Si esa decisión no figura en las conclusiones de la presidencia, es porque había sido adoptada antes del Consejo Europeo, durante el Consejo de Ministros Ecofin (asuntos económicos y financieros) desarrollado el 5 de marzo pasado. Así, el actual ministro de Economía, Laurent Fabius, quien en esa ocasión representó a Francia (lo hizo solo, sin verse incomodado por los imperativos de la cohabitación), pudo firmar una solicitud para que el Consejo y el Parlamento aprueben en 2002 una serie de proyectos de directivas, entre ellos el de "los fondos de pensión profesionales".

Los ciudadanos y los sindicatos partidarios de un aumento de salarios y de la garantía de las condiciones de trabajo deben ser conscientes de cuál es la misión asignada por el Consejo Europeo de Barcelona a los interlocutores sociales (organizaciones patronales y sindicatos) en el marco de los "terrenos de acción prioritarios". Se les pide (artículo 29 de las Conclusiones de la presidencia) que en diciembre de 2002 presenten -entre otros temas- su contribución a "la moderación salarial" y a "la organización flexible del trabajo". En cuanto a la moderación accionista, ni una palabra. La secretaria general de la central sindical francesa CFDT, Nicole Notat, que hace poco se quejaba del escaso entusiasmo de los dos principales candidatos por el "diálogo social", ahora habrá de sentirse totalmente satisfecha por esa iniciativa, aprobada por ambos. El Financial Times, por su parte, no se equivocó: ciertamente está un poco decepcionado por la prolongación del plazo para aplicar las medidas de liberalización energética, pero regresa de Barcelona con serios motivos de satisfacción: "El resultado más estimulante es que la UE sigue en la buena dirección. A pesar de las exigencias de los sindicatos, no hay ningún indicio de volver a un programa de reglamentación social y de armonización fiscal"7.

Más que ninguna otra cumbre europea, la de Barcelona mostró el carácter profundamente antidemocrático de la toma de decisiones en el seno de la UE. En primer lugar porque los jefes de Estado y de Gobiernos, atrincherados en un barrio de la capital catalana bajo una protección casi militar, adoptaban decisiones en total contradicción con las aspiraciones que se expresaban masivamente en la calle: luego de la marcha sindical del 14 de marzo, que reunió 100.000 manifestantes en reclamo de una Europa social, los movimientos civiles, entre ellos las diferentes agrupaciones de ATTAC de Europa, habían movilizado 300.000 personas el sábado 16 de marzo, para decir "no" a la "Europa del capital" y para afirmar que "otra Europa es posible". El autismo de los gobiernos es al menos preocupante, teniendo en cuenta que se la pasan hablando de la "sociedad civil".

Pero para quienes consideran, con total derecho, que la política no solo debe escuchar la voz de la calle, sino que además debe ser ejecutada por aquellos que fueron elegidos por el sufragio universal, el balance de Barcelona es profundamente chocante, pues el particular contexto electoral puso de manifiesto sus rasgos más caricaturescos. En efecto, es costumbre de cada Consejo Europeo, y hasta de cada Consejo de la Unión, tomar decisiones para las cuales los gobiernos no disponen de ningún mandato particular de los parlamentarios, y aun menos de los electores. Y hasta saben perfectamente que, de ser consultados, estos últimos las rechazarían. Tal sería evidentemente el caso por ejemplo, del aumento de cinco años en la edad para jubilarse, decidido por Chirac y Jospin. Los dos cohabitantes tuvieron la desgracia de que la campaña electoral en Francia (donde se supone que hay debate sobre ese tema) coincidiera con la presidencia española de la UE, que no disimula su ultraliberalismo. Esa mala suerte trajo sin embargo útiles consecuencias pedagógicas para los ciudadanos menos informados de la lógica profunda de la UE.

Sin dudas, no todos esos ciudadanos franceses leen Le Figaro Magazine. Allí encontrarían sin embargo la revelación de un "secreto" tan útil como el confiado por el comisario Barnier, pero que los gobernantes se cuidan bien de ventilar: el del funcionamiento de esa máquina de liberalizar llamada UE. "La competencia intraeuropea ejercerá tal presión que nuestros futuros gobiernos deberán renunciar a algunas aberraciones que alimentan importantes salidas de capitales. Citemos tres de ellas: el impuesto de solidaridad sobre la riqueza, el impuesto a las ganancias de las empresas, y las categorías superiores del impuesto a las ganancias. (…) Desde la liberalización de los precios hasta la creciente flexibilización laboral, pasando por la fiscalidad, es únicamente a nuestro compromiso europeo al que debemos tantas reformas sucesivas que no hubiéramos sabido o podido ejecutar nosotros mismos"8. Así, todo el mundo podrá conocer la genealogía y el exacto significado de la palabra "reforma", campeón indiscutido del léxico liberal y social-liberal.

Lo mínimo que se podría esperar de los candidatos a todos los cargos sería que expliquen a quienes les solicitan el voto, cómo piensan oponerse -suponiendo que tengan la intención de hacerlo- a lo que ya no es sólo un déficit democrático, sino un verdadero escamoteo de la soberanía popular, un vicio estructural de la actual construcción europea.

  1. El párrafo está cargado de ironía. En Francia, los dos principales candidatos para la primera vuelta de las elecciones presidenciales se consideraban Jacques Chirac, que era el presidente de la República, y Lionel Jospin, que era el primer ministro. El no esperado segundo lugar logrado por Jean Marie le Pen lo convirtió en el principal rival de J.Chirac en la segunda vuelta electoral del 5-5, y dejó fuera de juego a L.Jospin.
  2. Michel Barnier, "Le grand secret de l´élection présidentielle", Libération, París, 12-2-02.
  3. Ibid.
  4. Denis Sieffert, "Barcelone in et off", Politis, París, 21-3-02.
  5. Thierry Maliniak, "Menacée de pannes de courant, l´Espagne se fâche contre ses eléctricas", La Tribune, Ginebra, 21-2-02.
  6. Entrevista a Carl Wood, La Vanguardia, Barcelona, 14-3-02.
  7. "Barcelona bore", Financial Times, Londres, 18-3-02.
  8. Yves Messarovitch, "L´Europe et l´impôt", Le Figaro Magazine, París, 26-2-02.
Autor/es Bernard Cassen
Publicado en Artículos especiales para eldiplo.org
Número de ediciónNúmero 35 - Mayo 2002
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Ultraderecha, Mundialización (Economía), Neoliberalismo, Unión Europea