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Destrucción y saqueo

El deterioro y la destrucción del patrimonio cultural americano, y su traslado de manera ilícita hacia otros lugares del planeta comenzó en el momento mismo de la llegada del hombre europeo a estas tierras. Han pasado más de 500 años desde aquel entonces y hoy, más encubierta, pero con más fuerza, esa destrucción y ese saqueo continúan.

Más aún, en un mundo devorado por el capitalismo salvaje y definido por la globalización de los poderosos, por primera vez corremos el riesgo de que esa América del sur del río Bravo, que Martí llamara "Nuestra América", pueda incluso llegar a desaparecer como tal, en la medida en que lo hacen los elementos que sustentan su pasado y le dan historia, sentido e identidad. Se conjuga para ello el acelerado proceso de destrucción que señalamos, con un "proceso de globalización que pasa desde hace más de dos décadas por encima de América Latina, del mismo modo que pasa por encima del mundo entero: como un huracán"1, cuya engañosa ideología de un modelo hegemónico, se presenta como única alternativa posible.

Es precisamente nuestra condición de explotación lo que nos da, frente a esta situación, la mayor unidad continental. Somos los pueblos ubicados al sur del río Bravo fuente y origen de la salida de bienes culturales. A diferencia de nosotros, Estados Unidos, que también tiene problemas de protección de su propio patrimonio, no es un país "exportador", sino al contrario, es claramente "importador". En verdad, habiendo llegado tarde al saqueo impune que realizaron las potencias europeas, desde Estados Unidos a menudo se compra, para sus museos o sus colecciones particulares, bienes culturales cuyo origen se encuentra en culturas ubicadas en otras regiones geográficas. Y en este proceso de adquisición suele no importar el origen de la pieza, sino solamente su valor.

Con una historia varias veces milenaria, cruzada por desplazamientos territoriales, procesos de conquista, colonización e independencia, masivas inmigraciones extra-continentales, una geografía cruzada por desiertos, selvas, mesetas, cordilleras, bosques o canales; un desarrollo social que abarca la totalidad de las estructuras políticas, bandas, tribus, señoríos o Estados; y en definitiva con una variedad cultural única en el mundo, el patrimonio

cultural de nuestra América, morena, dependiente y subdesarrollada, presenta una riqueza y una multiplicidad de formas, valores, y manifestaciones como no se da prácticamente en ningúna otra región.

En ella se fundieron los pueblos de tres continentes para generar su patrimonio cultural. Americanos, europeos y africanos, en un crisol de lucha y de coraje, de explotación y sufrimiento, dieron lo mejor de si para crear esta América que hoy conocemos.

Si a ello agregamos las inmigraciones más recientes, árabes y chinos ya en el siglo XIX, japoneses, coreanos, vietnamitas, en el XX, el mosaico resulta aún más complejo.

La historia de América Latina, desde la perspectiva de su patrimonio cultural, es, en los últimos siglos, la sucesión de una larga historia de tragedias. Desde que le clavaran los dientes en la garganta, poco o nada hemos hecho en este territorio para alterar esa situación. La historia del saqueo de nuestras riquezas básicas está escrita, con lujo de detalles, en grandes e importantes obras de nuestro continente. Del saqueo de nuestro patrimonio cultural ni siquiera hemos escrito su historia.

Las etapas del saqueo

Si bien el saqueo y la destrucción han acompañado a nuestra América de manera permanente, parece posible distinguir algunos períodos en que esa actividad se ha dado con más intensidad, con más fuerza. Desde esta perspectiva, nosotros creemos distinguir tres grandes momentos en este proceso de destrucción. El primero se inicia con el "descubrimiento", el segundo se desarrolla a partir de 1790 aproximadamente y el tercero lo estamos viviendo en estos días.

El "descubrimiento". Ya sea que a la llegada de los europeos la población americana sumara no menos de 70 millones, y quizás más, como sostienen algunos autores, o sólo fuera "por lo menos una población de 25 a 30 millones", como sostienen otros, lo cierto es que un siglo y medio después se encuentra reducida en total a unos 3 millones y medio de habitantes. Un primer grupo murió como resultado directo de los hechos de armas protagonizados en la defensa de su tierra, su pueblo o su cultura. Otra parte de la población fue víctima de enfermedades desconocidas en América que portaban los europeos, y frente a las cuales los aborígenes no tenían defensas naturales. Un tercer grupo fue víctima de los malos tratos y la explotación sistemática que se hizo de ellos. El primer elemento de destrucción de la cultura se dio mediante el exterminio, mediante el genocidio de los actores culturales.

Desde la perspectiva del patrimonio cultural, la colonización constituye también una tragedia. En un primer momento, todo el oro y la plata posible de robar fue robado. Todo el oro y la plata posible de fundir fue fundido. Sólo se salvaron aquellos bienes que no tenían en ese momento valor patrimonial para los europeos, no parecían constituir una manifestación de paganismo o no estaban al alcance de los conquistadores. La descripción que hace un historiador indígena de los españoles de Pizarro, entrando al templo del sol luego de haber recibido el rescate por Atahualpa y no obstante ello haberlo asesinado, muestra claramente esa realidad "Forcejeando, luchando entre ellos, cada cual procurando llevarse del tesoro la parte del león, los soldados, con cota de malla, pisoteaban joyas e imágenes, golpeaban los utensilios de oro o les daban martillazos para reducirlos a un formato más fácil y manuable… Arrojaban al crisol, para convertir el metal en barras, todo el tesoro del templo cobrado…".

En esta primera etapa el valor patrimonial de la obra no es en absoluto considerado. Más aún, su desprecio constituye un elemento necesario del proyecto explotador. Los "indios" son racialmente inferiores, sus religiones simples herejías, su idioma un dialecto y en definitiva, su cultura es barbarie e incivilización. De este modo, "La explotación colonial se disfrazaba y se intentaba justificar como un generoso empeño por salvar a los colonizados y conducirlos por el único camino cierto: el de Occidente"2.

Considerados así, los bienes culturales de los pueblos pre-colombinos carecen de valor y merecen ser destruidos. Sólo si algún valor poseen sus elementos (oro, plata, piedras preciosas, etc.), éstos son considerados como tales. Consecuencia de este criterio es que los primeros años que siguieron a la llegada del europeo significaron la destrucción de millones de piezas de las culturas aborígenes. De esta época muy pocos objetos culturales se salvaron. Curiosidad y una buena dosis de desprecio y racismo permitieron que se conservara uno de los más refinados objetos del arte plumario azteca, un tocado con más de 580 plumas verdes de quetzal, trabajado y adornado en su parte inferior con plumas de colibrí en azul, rosa, verde y marrón. Según la tradición, perteneció a Moctezuma, quien se lo envió a Cortés en 1519, creyendo que se trataba de Quetzlacoatl. Fue enviado a Europa poco después de la conquista, y hoy, lejos de la cultura que le dio origen, se exhibe en el Museo Etnológico de Viena.

El "redescubrimiento" de América latina. En 1790, el virrey español de Ciudad de México, don Juan Vicente Güemes Pacheco de Padilla, ordenó algunas pavimentaciones y la construcción de un sistema de drenaje en dicha ciudad. En medio de las excavaciones apareció una enorme figura de piedra. De un metro y noventa cinco centímetros de alto y unas doce toneladas de peso aproximadamente, representa a Coatlime, diosa madre de la tierra azteca. Dos serpientes mirándose amenazadoramente en la parte superior y sobre el pecho un collar compuesto por manos y corazones alineados a los costados de un cráneo mostraron una figura muy diferente de las halladas hasta entonces.

El virrey mencionado dio instrucciones para que el nuevo descubrimiento fuera transportado a la universidad local para ser pesado, medido y dibujado. "Al hacer esto, invirtió la política española mantenida durante siglos de borrar todos los vestigios de la cultura india vencida, cuyas obras de arte eran consideradas por la iglesia católica romana como idólatras, si no satánicas"3

Al año siguiente, en esas mismas excavaciones se encontró una monumental escultura circular, de un metro veinte centímetros de espesor, tres metros sesenta centímetros de diámetro y con un peso de más de 24 toneladas. Dominada por una cabeza en el centro, con una hoja de cuchillo asomada como lengua, es hoy conocida como "Piedra calendario", no obstante saberse hoy que se trata más bien de un instrumento que indicaba el pasado, el presente y el futuro, tanto de cada individuo como del propio pueblo azteca.

Desde sus comienzos estos descubrimientos despertaron el interés de ciertos europeos, pero no fue mucho lo que en esos tiempos se pudo hacer, pues el decaído imperio español prohibía el ingreso de extranjeros a esas tierras. El naturalista alemán Alexandre von Humbolt fue uno de los primeros europeos en poder contemplar esas y otras reliquias americanas, publicando en francés en 1813 un relato de sus viajes y entregando una nueva visión del pueblo azteca. Esta vez se mostraba a un pueblo mucho más avanzado de lo que por siglos se había divulgado. El texto, la fama del autor y por cierto los momentos históricos por los que atravesaba el continente motivaron un nuevo flujo hacia América. "Turistas, científicos y aventureros cayeron sobre México, luego regresaron a Europa con historias que contar (muchas de ellas extravagantes) ilustraciones que publicar (unas pocas bastante exactas) y, en algunos casos, cargas completas de artefactos comprados o hurtados"4. América indígena, a través de la cultura azteca, aparecía nuevamente descubierta, y un nuevo proceso de expoliación de su patrimonio cultural se iniciaba.

La situación actual

La destrucción del patrimonio cultural de América Latina no se ha detenido. Por el contrario, se ha acentuado en las últimas décadas. "¿Cuáles son los objetos más amenazados? Sin ninguna duda, los africanos y precolombinos. ¿Cuáles son las regiones más saqueadas? América Central, América del Sur y los países del Oeste Africano", se pregunta y se responde Michel Brent, especialista en la materia, agregando más adelante que Perú, Guatemala y Costa Rica figuran entre los países más saqueados del mundo.

El primer período se caracterizó por la violencia militar, la destrucción masiva, la avidez incontenible de oro y riquezas y la apreciación de que nada hay rescatable en la cultura aborigen. El segundo reflejó una mirada más bien curiosa sobre las culturas americanas, en que se mezcla una cierta valoración de lo popular y la admiración por lo exótico, con un claro eurocentrismo, como lo imponía el romanticismo de la época.

En la actualidad nos encontramos con una nueva era de destrucción y saqueo. Sólo que ahora está cruzada por características propias, que en todo caso la hacen si bien más contradictoria, aún más peligrosa, ya no es una actividad aislada, sino masiva, ya no es esporádica, sino permanente, ya no es espontánea, sino preferentemente organizada, ya no se refiere sólo al patrimonio cultural precolombino, sino a todo el existente.

Dentro de los múltiples cambios que experimentó la humanidad durante el siglo XX, hay dos aspectos que para nuestro trabajo resultan extraordinariamente relevantes:

-Se desarrolló un interés nunca antes conocido por las culturas de los pueblos denominados aborígenes (en algunos casos incluso recién en este siglo se "descubrió" el valor de ciertas culturas, como ocurrió con la africana por ejemplo).

-Se impuso un modelo neoliberal, que en lo valórico afectó especialmente lo cultural, privilegiando lo económico.

Estos dos cambios sustanciales se tradujeron en un doble interés frente a los bienes culturales de latinoamérica, que empezó a manifestarse a fines de los años 50.

Desde el mundo de la cultura, (museos, universidades, coleccionistas) se generó una demanda de bienes que no había existido antes, y que estimuló el saqueo, el robo y el tráfico ilícito.

Desde la perspectiva económica, se dio una doble situación. Si el bien cultural tenía un valor económico significativo, rápidamente podía transformarse en un verdadero bien de inversión y generarse una mayor demanda en torno a él… Y así ocurrió por ejemplo con la pintura, que en algunos casos alcanzó niveles claramente especulativos. Por otro lado, si el bien cultural poseía un valor económico en función de otros parámetros, se procede a su destrucción para alcanzar sin problemas los niveles de rentabilidad esperados. En esta línea los ejemplos más claros dicen relación con el patrimonio arquitectónico ubicado en el casco antiguo de las ciudades coloniales, cuyo valor económico –limitado al suelo- se tradujo en la destrucción para la construcción de nuevos edificios.

En definitiva, los cambios mencionados generaron una funcionalidad distinta respecto de los bienes culturales. En la actualidad dichos bienes dan cuenta de una serie de roles diversos, dependiendo de la

perspectiva con que se posean o manipulen. Entre ellos destacan, identidad y pertenencia, investigación científica, inversión económica, status social o cultural.

Como consecuencia de lo anterior, en el período actual el atentado contra el patrimonio cultural en América Latina presenta las siguientes características principales:

-No es aislado, sino masivo.

-No es esporádico, sino permanente.

-No es espontáneo, sino preferentemente organizado.

-No se refiere sólo al patrimonio cultural precolombino, sino a todo el existente.

Esta última es quizás la característica más específica de este momento. Especialmente el saqueo, hoy no está encaminado sólo al patrimonio precolombino, sino a cualquier manifestación de carácter cultural que pueda reportar ingresos significativos. Así, para efectos de su expoliación, hoy se incorpora además el patrimonio colonial (pintura e imaginería religiosa especialmente), pero también cualquier otro bien cultural al que se le reconozca un valor comercial. Así por ejemplo, en Argentina se denunció que en Europa se edita material grabado durante funciones en el Teatro Colón y que los masters originales de dichas grabaciones fueron sustraídos ilegalmente del archivo fonográfico del teatro5. En Chile se produjo la salida ilegal de una locomotora, que declarada Monumento Nacional en 1989, fue vendida y embarcada por su dueño en 1990 hacia Inglaterra6. Hoy, dicha locomotora ocupa un lugar destacado en el Museo Industrial de Leeds, Inglaterra.

El daño. Constituye el crimen por excelencia en contra del patrimonio cultural. Allí la obra es deteriorada o destruida definitivamente. Sus manifestaciones más conscientes se asocian en nuestro continente a motivaciones políticas, pero sobre todo económicas, aún cuando en cierto momento no han sido despreciables las de otra naturaleza (religiosas, racistas, o simplemente vandálicas). Dentro de las económicas, los bienes más afectados son los sitios arqueológicos y el patrimonio arquitectónico, que a menudo han sido destruidos para construir allí un edificio, una carretera o un hotel de lujo.

Otro aspecto que en ciertos lugares adquiere proporciones relevantes, se refiere a bienes ubicados en sitios públicos o abiertos al público. Es posible que buena parte de las conductas destructivas dolosas que se realizan contra este tipo de bienes se pueda explicar a partir de la falta de compromiso que con dichos elementos presenta una parte importante de la población.

El saqueo de sitios arqueológicos o paleontológicos. Con más de trece mil años de cultura, nuestro continente no escapa a la práctica mundial del saqueo de sitios arqueológicos. Por el contrario, desde el sur del río Bravo en América del Norte, hasta el sur del mundo, en el otro extremo, donde antiguas estaciones loberas han sido saqueadas buscando presuntos tesoros escondidos por piratas, o cuevas naturales en busca de material paleontológico, todos los países pueden dar cuenta de este tipo de delito.

Esta especial figura presenta características singulares. Por un lado resulta muy semejante al robo, sobre todo considerando que en varios países se considera patrimonio del Estado los sitios arqueológicos y paleontológicos y los bienes que en ellos se encuentran, desde otro ángulo sin embargo, este delito se asemeja más al daño, pues las excavaciones clandestinas implican la destrucción del sitio o al menos la separación de las piezas de su lugar de origen, y por tanto, la imposibilidad de efectuar los estudios adecuados.

Este tipo de delito representa uno de los mayores daños que los pueblos latinoamericanos pueden experimentar. La explotación colonial significó la destrucción de la mayor parte de nuestra "historia larga"; esta figura delictiva continúa en esa senda, generando pueblos sin pasado.

En nuestra América, quizás en éste como en ningún otro tipo de delito, se de la participación de un espectro sociocultural tan variado. Campesinos pobres, analfabetos, a menudo víctimas de un sistema económico social que los condena a sobrevivir en la extrema pobreza, desde un extremo de la participación criminal, se dan la mano con grandes hombres de negocio, coleccionistas millonarios, diplomáticos de prestigio, con altos niveles de conocimientos y cultura, ubicados al final de este particular "iter criminis".

Dos ejemplos dan cuenta de esta situación. Cerca de San Andrés, en la zona de El Petén, Guatemala, está el sitio arqueológico conocido como Piedras Negras. Del saqueo que éste sufriera da cuenta el siguiente comentario: "La estela 5 fue vendida al Museo de Arte Primitivo de Nueva York; la estela 3, al Museo de Brooklin". "La estela 35, en el Rau-tenstruch Joest Museum, Colonia. "La estela 11, en el Museo de Bellas Artes de Houston". "La estela 34 fue exhibida por un comerciante parisiense". "La estela 2, en el Instituto de Artes de Minneapolis"7. "En agosto de 1974, en el número 1244, la revista Época publicó un artículo con fotografías de piezas arqueológicas de un tal Giuseppe Salomone, residente en Milán, descrito como propietario de una colección de valor inestimable proveniente del Ecuador"8. En verdad, cerca de 12 mil piezas, de extraordinaria importancia arqueológica, artística e histórica, correspondientes a culturas que datan desde el tercer milenio antes de Cristo, habían sido substraídas al pueblo ecuatoriano por quien más tarde fuera identificado como Giuseppe Danusso.

El robo. En cuanto al robo, éste parece ser el delito más conocido, y sin embargo, no tenemos una visión real de él.

Siguiendo además lo que parece ser la tónica del mundo subdesarrollado, los objetos robados en nuestro continente tampoco aparecen difundidos en la documentación de INTERPOL9.

Como se ha señalado, los robos tienen lugar allí donde existen bienes de carácter cultural. A diferencia de Europa, aquí no existen castillos que robar, pero si se dan todos los otros lugares.

Desaparecido el temor al pecado de sacrilegio, las iglesias y los recintos religiosos resultan un atractivo lugar para este tipo de robos. A menudo reúnen en su interior bienes históricos o artísticos de gran valor, que se encuentran en la total desprotección. ¡Ni el más elemental sistema de seguridad aparece protegiéndolos! En realidad, como dijo Von Hentig hace décadas, "el prototipo de lugar de comisión no protegido ha sido desde antiguo la iglesia, que está abierta a todos"10.

También se han transformado en atractivos lugares para el robo algunos cementerios, las casas de antigüedades, los lugares de remates y aún los propios talleres de los artistas.

Aquí se repite la tendencia mundial que indica que "el robo de obras de arte parece estar ampliamente condicionado por la ausencia de protección que garantice la seguridad de los objetos"11.

El tráfico ilícito. El tráfico ilícito de propiedad cultural constituye uno de los principales problemas que enfrenta hoy la protección de nuestro patrimonio. Así por lo demás lo reflejan la existencia de importantes acuerdos de naturaleza internacional, entre los que se destaca, de la UNESCO, la "Convención sobre las medidas que deben adaptarse para prohibir e impedir la importación, la exportación y la transferencia de propiedad ilícitas de bienes culturales", de 1970 y es ratificado por diferentes documentos, entre los que se puede recordar la "Declaración de Cuenca", suscrita en Ecuador en 1995 por representantes de más de 20 países, que en esa oportunidad señalamos:

"Que la identidad de la América está basada esencialmente en los bienes producto de su devenir histórico enriquecido por las aportaciones de diferentes culturas, que han generado las expresiones de su ser, produciendo una unidad igualmente enriquecida por la diversidad".

"Que estos bienes están sujetos a un expolio sistemático y creciente, lo que atenta contra el desarrollo humano y las relaciones

internacionales".

En esta América del Sur del río Bravo, el tráfico ilícito de patrimonio cultural se materializa como fenómeno de circulación interna y de salida de bienes hacia otras regiones, especialmente Estados Unidos y Europa. En términos generales, los bienes circulan desde lugares donde tienen un bajo valor económico, hacia aquellos en que su valor comercial es mayor.

Si bien de manera importante el tráfico ilícito se nutre de bienes robados o saqueados, es posible que una gran cantidad de los bienes que salen desde nuestra América lo hagan de manera "lícita", por carecer los países de una legislación adecuadamente proteccionista.

Entre los principales tipos de bienes que desde nuestro continente han salido impunemente podemos indicar, muebles, espejos, cristales, adornos, lámparas, armas, relojes, libros, objetos de culto, colecciones de insectos y aun automóviles, textiles, ajuares funerarios, artículos de madera, cerámicas, arte colonial, imaginería y escultura religiosa y pintura. Parte importante de nuestro patrimonio arqueológico y etnográfico, exportado de manera legal o ilegal, adorna hoy los museos y colecciones en el extranjero.

  1. Hinkelammert, Franz, "El nihilismo al desnudo. Los tiempos de la globalización", LOM ediciones, primera edición, Santiago, enero 2001, pág. 5
  2. Bonfil Batalla, Guillermo "Nuestro patrimonio cultural: un laberinto de significados", en El patrimonio cultural de México. Enrique Florescano (compilador). F.C.E., México 1993, pág. 23.
  3. Time Life, "Aztecas sangre y esplendor. Primera parte", Ediciones Folio, Barcelona, 1996, pág. 11.
  4. Time Life, op. cit., pág. 14
  5. "La Maga" miércoles 1 de junio de 1994. Conversación personal con Grisela A. García Ortiz, abogado interviniente en la causa incoada al respecto.
  6. Quizás lo más grave sin embargo sea que Telenorte, red universitaria, grabó el traslado al barco y lo transmitió como noticia en la noche. ¡Ni una sola autoridad se opuso a ese despojo nacional!
  7. Meyer, Karle E. "El Saqueo del Pasado. Historia del Tráfico Internacional Ilegal de Obras de Arte", Fondo de Cultura Económica, México. Primera edición en español, 1990, págs. 215-216.
  8. Crespo Fabara, Rodrigo. "La Reivindicación de bienes arqueológicos ecuatorianos en Italia", en revista "Cultura" N° 16, Banco Central del Ecuador, pág.321. La posterior recuperación de parte de esas piezas por el pueblo ecuatoriano no altera la magnitud del tráfico ilícito de que somos víctimas. Al contrario, confirma este hecho, mostrando si un posible camino de solución en algunos casos.
  9. "Dans les autres régions comme L´Amerique Latine, le MoyenOrient, l´Asie, l´Afrique, el I´Oceanie, les vols d´objets d´art sont rarement signalés et leur nombre en refléte pas la situation réelle" señala "Vol de biens culturels au Canadá", publicación anual especializada de INTERPOL Ottawa, 1992, pág.3.
  10. Von Henting, Hans, "Estudios de Psicología Criminal, El Hurto", Espasa Calpe, España 1969, pág. 42.
  11. Berouiguet, Boumedien, "La contribución de la 0.I.P.C INTERPOL a la lucha contra el robo de objetos de arte"en Revista Internacional de Policía Criminal (INTERPOL), ed. española, feb. 1986, pág.32.
Autor/es Fernando García Díaz
Publicado en Artículos locales de la edición Chile
Edición Noviembre 2001
Temas Historia, Colonialismo, Genocidio, Desarrollo, Políticas Locales