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Dos semanas de fraude en Venezuela

Desde el 2 de diciembre pasado, el futuro de la democracia venezolana se juega en el actual enfrentamiento entre gobierno y oposición. Ante la descarada manipulación de los medios de comunicación, el presidente Hugo Chávez moviliza a la ciudadanía y parece contar con el apoyo de las fuerzas armadas. El desenlace es decisivo para América Latina.

No es nuevo el actor, pero sí lo es su protagonismo central, su transformación de figura de reparto en autor, director y primer personaje de la obra: los medios de comunicación en Venezuela dejaron de reflejar e interpretar los acontecimientos para pasar a diseñarlos según su voluntad, imponerlos como realidad virtual y luego conducirlos.

La osada operación ha fallado. Pero deja hondas y peligrosas heridas en la sociedad venezolana e inaugura una fase singular de la lucha política, más allá de aquel país y del presidente Hugo Chávez.

Es un hecho nuevo en cuanto al papel de la prensa en la política contemporánea, incluso en comparación con la función cumplida por estos mismos medios durante el golpe de Estado de abril pasado. Entonces, un paro fallido encubrió un golpe exitoso (durante sólo 36 horas, es verdad, pero exitoso) de grandes empresarios, una parte sustantiva de los mandos militares y las zonas más corruptas del aparato del Estado. En esta oportunidad, a la imposibilidad de paralizar al país se sumó la hasta ahora inconmovible actitud militar de subordinación a sus mandos naturales y alineamiento explícito con el gobierno del presidente Hugo Chávez. Además, muchos de los sectores empresarios que se sumaron a la asonada de abril, ganados por las concesiones ofrecidas por Chávez, se alinearon del lado oficial en esta oportunidad. Importantes sectores medios, que en abril marcharon contra Chávez, retrocedieron luego horrorizados ante la descarnada condición fascista, ultrarrepresiva y proestadounidense del fugaz presidente Pedro Carmona. Y a diferencia de la actitud inicialmente pasiva de las organizaciones sindicales en abril, ahora las nuevas estructuras y dirigencias, enfáticamente convocadas e impulsadas por Chávez en los últimos 9 meses, tomaron la iniciativa e hicieron imposible siquiera una apariencia presentable de huelga general.

En abril los medios de prensa habían propagandizado la huelga y transformado radios, diarios y canales de televisión en instrumentos de propaganda para llamar al derrocamiento de Chávez. Luego magnificaron algunos hechos, ocultaron otros y manipularon todo. Ya aquello, puesto al servicio de un golpe fascista, era una enormidad anunciadora de graves males. Pero ahora se trata de otra cosa: como el escenario social era antes del punto de partida adverso a los intereses y planes representados por los medios de comunicación privados, fabricaron una realidad a la medida de sus intenciones y la machacan con absoluto desprecio por los hechos objetivos, durante 24 horas y en cualquier circunstancia, al parecer convencidos de que es posible convencer a cada ciudadano de que su mundo es el que se le impone desde la pantalla de los televisores y no el que cada uno vive en su hogar, en su trabajo, en su ciudad.

No es posible dejar de sorprenderse -y de alarmarse- ante la conducta de tantos periodistas y profesionales que, atrapados al parecer por un torbellino enajenante, se encapsulan en esta licantropía colectiva y ensayan una operación masiva que ya no es de desinformación, sino de reemplazo del mundo real, con la aparente certidumbre de que lograrán su objetivo.

Acompañado no sin fruición por la casi totalidad de los grandes medios de todo el mundo -y muy especialmente en Argentina, acaso porque un tobellino semejante azota estas latitudes- este fenómeno se transformó, en las últimas dos semanas, en una estafa informativa sin precedentes.

El fenómeno importa por lo que atañe a Venezuela y por su ineludible proyección urbi et orbi. Pero acaso lo más relevante es el anticuerpo a su medida que ha creado allá y en todo el mundo, lo cual no dejará de tener también una proyección de seguro impacto político.

Los hechos

Por tercera vez en el año, Fedecámaras, CTV (Central de Trabajadores de Venezuela) y la Coordinadora Democrática convocaron a una huelga general para el 2 de diciembre. En abril, como se sabe, la paralización fracasó, no obstante lo cual sirvió como telón de fondo para el golpe de Estado cuyo desenlace es por todos conocido1. En octubre, tras otro pico de tensión, volvió a fracasar, pero esta vez con mengua notoria en la participación empresaria y, como se ha dicho, una actitud diferente de la clase obrera, ya ostensiblemente ajena a la estructura de la CTV.

Cabe hacer un paréntesis para subrayar que "huelga general" es un concepto que sólo puede aplicarse a la conducta de los trabajadores. Cuando son los empresarios quienes convocan a detener la actividad productiva y comercial, el término que describe el hecho es la voz inglesa lock out. Esta es la primera razón por la cual en Venezuela no hubo huelga el lunes 2 y mucho menos los días siguientes. La segunda, es que el sector patronal que adhirió a la medida de fuerza fue mínimo, circunscripto sobre todo al sector comercial y dentro de éste al área rica de Caracas, en la zona Este. La tercera, es que en esta oportunidad un gran número de establecimientos cerrados por sus dueños fueron abiertos por los trabajadores, lo cual sumado al hecho de que funcionó sin mengua el transporte, completó un panorama de casi total normalidad en la capital venezolana y tanto más en el interior del país.

Al atardecer del lunes 2, el paro había fracasado por tanto estrepitosamente, no obstante lo cual -y con el respaldo de la insólita cobertura televisiva, capaz de mostrar la calle donde uno está parado frente a un tránsito infernal como un desierto, como le ocurrió a este corresponsal el 21 de octubre pasado- la cúpula opositora llamó a continuarlo al día siguiente. Así ocurrió día por día durante toda la semana, pese a que en cada jornada desertaban los pocos adherentes a la protesta. Una excepción a esta regla ocurrió en PDVSA, la empresa petrolífera de Venezuela, donde la llamada "nómina mayor", es decir el cuerpo de gerentes de mayor nivel, lograba dificultar en grado diferente, pero en todo caso preocupante, la producción, la refinación y distribución de petróleo.

Al cabo de la semana, el viernes por la noche un tirador solitario disparó un arma en la Plaza Francia, elegante bastión de un grupito de altos oficiales golpistas instalados allí desde el 21 de octubre, y asesinó a tres personas. Los jefes militares ahora sin mando más allá de las 200 personas que los acompañan en su lánguida estadía en Plaza Francia, acusaron de asesino a Chávez. En cadena espontánea, los medios amplificaron la acusación. Pero el asesino fue detenido y su identidad (es portugués y había entrado cinco días antes al país), sugiere una cantidad de conexiones que por el momento están en investigación pero tienden líneas de explosivas derivaciones hacia la dirección ideológica y política de la oposición que pretende derrocar a Chávez.

Como de rayo, la población asoció este atentado terrorista con la provocación montada en abril, cuando francotiradores luego identificados como mercenarios pagados por la propia oposición, dispararon contra manifestantes opositores, provocaron muertes y detonaron la movilización y los hechos posteriores. Hecha la asociación y ante la convicción de que se estaba ante un nuevo golpe de Estado, esta vez las masas no esperaron a que Chávez fuera desplazado de Miraflores, sino que se volcaron en masa desde todos los puntos cardinales hacia el centro de Caracas: el sábado 7 una multitud que cubría unos 20 kilómetros de avenidas centrales ponía de manifiesto la correlación de fuerzas sociales existente hoy en Venezuela. Y el alto mando de la Fuerza Armada Nacional (FAN), en su totalidad, como lo había hecho el 22 de octubre, cuando 14 oficiales llamaron a la rebelión desde la Plaza Francia, se presentó en televisión junto con el ministro de Defensa para garantizar a la población que respaldaba el orden constitucional y al presidente Chávez.

Éste habló el sábado ante la multitud, denunció la escalada golpista y llamó al pueblo a quedarse en las calles e impedir toda provocación. Al día siguiente, desde su programa "Aló presidente", hizo un cuadro de situación, garantizó que no había posibilidad de golpe de Estado exitoso y ratificó el llamado a la población a mantenerse alerta y movilizada.

Horas más tarde se sabría que había sido descubierto y neutralizado un ataque a Miraflores, que pretendía bombardear el Palacio y asesinar al Presidente. La prensa internacional calló toda esta información. La prensa venezolana fue más allá: agudizó su prédica golpista, mostrando una ficción según la cual Chávez se debilitaba, la huelga general se fortalecía y el fin era inminente. Ni siquiera por un elemental sentido de autopreservación los analistas de la oposición aludieron a un dato ya señalado con hechos incontrovertibles como prueba: si no infiltrados, los grupos opositores embarcados en actos terroristas destinados a matar a Chávez, están seguidos muy de cerca por la seguridad que defiende al Presidente (2).

El lunes, sin embargo, sería el día clave. Pasó también inadvertido para la prensa, pero es probable que tenga hacia el futuro una relevancia mayor aun que la del 13 de abril, cuando las masas populares se lanzaron a las calles en todo el país y rescataron a Chávez para reubicarlo en su cargo de Presidente. Por un lado, cientos de miles de personas rodearon los canales de televisión, en una pacífica pero no por ello menos amenazante demanda de que se dejara de mentir y de convocar a la violencia y al golpe. Por otro lado, los obreros petroleros comenzaron a actuar para neutralizar el accionar de la plana mayor asociada a los golpistas. Y aquí ocurrió un hecho importante: cuando la antigua cúpula de la empresa vio que comenzaba a perder terreno ante la embestida obrera, lanzó una ola general de acciones de sabotaje: si no lo puedo controlar, lo paralizo o lo destruyo.

Advertido, Chávez ordenó la intervención de las FAN para garantizar la seguridad de la empresa y la continuidad de la producción. Y se produjo allí una significativa conjunción de cuadros militares y obreros físicamente enfrentados con la cúpula de PDVESA, a la que se sumaron los pobladores de los barrios donde hay instalaciones de la empresa. Entre cientos, hay una anécdota impresionante: en Anaco, cerca de Puerto La Cruz, los gerentes decidieron cortar el suministro de gas con el que funcionan las grandes plantas de aluminio de Puerto Ordaz. Enterados, los obreros, encabezados por Ramón Machuca -un dirigente independiente que no milita en las filas del oficialismo- ocuparon varios colectivos, se dirigieron a Anaco, enfrentaron y neutralizaron a la policía enviada por el alcalde local -obviamente asociado a la oposición golpista- ocuparon las instalaciones y restablecieron el suministro de gas, impidiendo que se apagaran los altos hornos de su empresa.

Paralelamente, se tomaban medidas frente a algunos capitanes de barcos petroleros que pretendieron paralizar el transporte y obstruir las vías fluviales. Ese mismo lunes renunciaba la comisión directiva de PDVESA y luego, en un acto de autoridad de inequívoco significado, el presidente de la empresa, Alí Rodríguez, un hombre de larga trayectoria e inequívoco alineamiento con la revolución bolivariana y el presidente Chávez, destituyó a todos los involucrados en actos de sabotaje y anunció una reestructuración profunda de PDVESA, la ansiada presa de grandes capitales locales e internacionales que pretenden privatizarla y que está en el centro de las intentonas golpistas.

Horas de riesgo extremo

Recrudecieron en esos momentos los rumores y temores de que se sublevarían algunas divisiones militares. De hecho, falladas todas las instancias previas, la oposición afrontaba la opción de jugar el todo por el todo o sufrir una derrota de la que no podría levantarse. Por lo demás, nadie imagina que, pese a la exoneración de más de 400 altos oficiales de las cuatro fuerzas desde el golpe de abril, en la FAN no hay remanentes opositores, eventualmente dispuestos a sublevarse contra la Constitución y contra Chávez con el aliento del gran capital opositor y de la embajada estadounidense.

Sin embargo, desde el martes 10 hasta el momento en que se redacta este informe (en la mañana del lunes 16), no hubo signo alguno de malestar militar. Oficialmente, la oficialidad mayor se mantiene subordinada a los mandos naturales, en una cadena hoy de altos jefes que según todos los indicios se mantiene fiel a Chávez y dispuesta a defender la vigencia de la Constitución. Informes confidenciales no niegan la posibilidad de que algún cuerpo pudiera sublevarse. Pero no se lo considera probable, por la abrumadora disparidad de fuerzas entre chavistas y antichavistas, entre legalistas y golpistas. De hecho, la FAN está cumpliendo un papel múltiple en relación con la recuperación de PDVESA, que se extiende además a una operación de alto contenido político, un "megamercado" instalado en las calles de Caracas y otras capitales, destinada a garantizar no ya el abastecimiento, sino precios significativamente más baratos, de comestibles y otras mercaderías para las fiestas de fin de año.

Desde las filas golpistas el sábado 14 fue convocada a una manifestación a la que denominó Marcha sobre Caracas. Tuvo un eco considerable, aunque los manifestantes fueron menos que los reunidos en la embestida del 9 de octubre, oportunidad en que ante unas 300 mil personas se lanzó el paro del día 21 de ese mes. Pero más allá de las cantidades -que como se ve no son menores e indican una fractura importante de una franja social- lo significativo fue que en lugar de marchar hasta Miraflores, como habían anunciado sus organizadores, la concentración se realizó fuera de esa área, en la Autopista Fajardo, y no intentó aproximarse al Palacio de gobierno, rodeado por cientos de miles de partidarios de Chávez.

El día anterior, otro dato mayor apareció en el tablero de la crisis: el gobierno de Estados Unidos, hasta entonces limitado a "hallar una salida democrática", se vio obligado a acudir en respaldo de quienes demandan "Fuera Chávez ya" y anunció oficialmente que en Venezuela debían adelantarse las elecciones. Pocas horas después Chávez respondió que no cree que el gobierno de Estados Unidos esté interesado en que se viole la Constitución; ofreció enviarle al gobierno de Washington un ejemplar de los que siempre carga en sus bolsillos y subrayó que no existe la menor posibilidad de adelantar las elecciones al margen de las disposiciones constitucionales.

En su programa radial del domingo 15, Chávez denunció la última táctica empleada por la oposición, que por cierto volvió a llamar a "continuar con la huelga general el lunes 16": transmitiendo desde Miraflores, el presidente sostuvo que "el gobierno constitucional y defensor de los intereses nacionales, enfrenta ahora un autobloqueo intentado por venezolanos, pero que ya hemos comenzado a derrotar". Se refiere a la ola de sabotajes en PDVSA y lo hace en explícita comparación con el bloqueo que Venezuela sufrió a fines del siglo XIX, cuando el presidente Cipriano Castro resolvió no pagar la deuda externa y fue bloqueado por Francia y Alemania2. Chávez denunció que el bloqueo cuenta con la participación desembozada de los gobernadores del Estado Zulia, Manuel Rosales, y del Estado Carabobo, Enrique Salas Feo, lo cual subraya la magnitud del conflicto político planteado.

Sea como fuere que se desenvuelva esta confrontación, parece evidente la imposibilidad de cualquiera de las partes involucradas para volver sobre sus pasos. Aparece así en toda su trascendencia el carácter y las perspectivas de un conflicto económico, social y político que, mucho más allá de las fronteras venezolanas, muestra que en este naciente siglo XXI, mucho más que el anterior, la mera intención de un gobierno de defender la soberanía, propender al desarrollo económico y a una distribución menos inequitativa de la renta, desata fuerzas poderosísimas empeñadas en impedirlo sin reparar en métodos. Y como siempre, pero más, Estados Unidos está allí para intervenir en la política interna de otros países. Y como siempre, pero mucho más, los medios de prensa se distancian de su función original para intentar reemplazar la ausencia -por agotamiento y muerte- de los partidos, sindicatos y otros instituciones que hasta ahora obraron como efectivos instrumentos de poder, para transformarse en vehículo de la mentira y la manipulación, creando involuntariamente una necesidad cuya satisfacción acaso sea más relevante que el triste papel de los medios comerciales de difusión: una red multiforme y omnipresente de medios alternativos de toda escala y condición, que lenta pero efectivamente va ocupando el espacio informativo abandonado por los medios.

  1. Ver dossier "Lecciones desde Venezuela", por Carlos Gabetta, Maurice Lemoine, Bernard Cassen y Alfredo Eric y Eric Calcagno, en Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, mayo de 2002.
  2. Esto daría lugar a la célebre "Doctrina Drago", por el canciller argentino Luis María Drago, quien denunció la ilegalidad del cobro compulsivo de deudas a un Estado. Ver Salvador María Lozada, "Moderna condena de Sísifo", Le Monde diplomatique Edición Cono Sur, junio de 2.000.
Autor/es Luis Bilbao
Publicado en Artículos especiales para eldiplo.org
Número de ediciónNúmero 42 - Diciembre 2002
Temas Corrupción, Desarrollo, Estado (Política)
Países Venezuela