Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

John Kerry, entre ruptura y continuidad

El Partido Demócrata favoreció tradicionalmente programas sociales internos y una política de acuerdos de paz en el exterior, pero desde el 11-9-01 ha surgido una nueva generación de dirigentes, entre los que se destaca John Kerry: un halcón “ilustrado” que busca neutralizar la aparente ventaja de Bush en temas de seguridad abogando por una campaña más agresiva contra el terrorismo y la proliferación nuclear.

"Se hará todo lo necesario para defender la seguridad nacional y seguiremos contando con el ejército más poderoso del mundo", declaró el 2-9-03 el candidato demócrata estadounidense, John Kerry. Y añadió que si fuera necesario utilizar la fuerza contra los terroristas "no dudaré en hacerlo" 1. El senador de Massachussetts lanzó su campaña en un marco poco habitual y marcial: junto a la imponente silueta del portaaviones USS Yorktown, amarrado en el muelle.

Desde entonces, Kerry no ha dejado de adoptar la pose del jefe de guerra, llegando incluso a acusar al actual Presidente de falta de determinación en cuestiones de defensa, algo (casi) nunca visto en un candidato demócrata: "George W. Bush heredó el ejército más poderoso del mundo y lo debilitó. Muchas veces nuestras tropas enfrentan el fuego sin disponer de las armas y del material que les permitirían protegerse correctamente ante el peligro", afirmó el 27 de febrero pasado en Los Ángeles. También reprochó al Presidente no haber desarrollado una estrategia eficaz y global contra el terrorismo: "Yo no acuso a George W. Bush de exagerar en la guerra contra el terrorismo. Al contrario, considero que no hizo lo suficiente" 2.

En un clima de escalada verbal nacionalista, avivado por los ataques del 11 de septiembre de 2001, el desafiante de George W. Bush articula un discurso sobre la seguridad nacional que si bien se desmarca del de los republicanos, se evidencia igualmente agresivo. Kerry fue ayudado en esa tarea por un pequeño grupo de intelectuales especializados en asuntos militares, la mayoría de los cuales había trabajado en la administración Clinton. Luego de forjar su nueva doctrina, esos expertos la promocionaron por medio de conferencias, de artículos de prensa y de los grandes medios de comunicación.

Las figuras más importantes de ese grupo son Samuel R. (Sandy) Berger, el consejero del presidente Clinton en materia de seguridad nacional; William J. Perry, ex secretario de Defensa; Ashton B. Carter, ex asistente del secretario de Defensa y profesor de la Kennedy School of Government de Harvard; y Lawrence J. Korb, ex asistente del secretario de Defensa durante la administración Reagan, actualmente miembro del Center for American Progress, un nuevo think-tank del Partido Demócrata.

La reflexión para desarrollar esa nueva estrategia comenzó luego de las elecciones de mediados de mandato, en noviembre de 2002, cuando los demócratas perdieron algunas bancas importantes en el Senado y en la Cámara de Representantes. Miembros influyentes del partido, entre ellos William Clinton, acusaron entonces a su dirección de haber jugado a las palomas cuando todo el país temía otro ataque terrorista. "Hemos desertado del terreno de la seguridad", declaró el ex presidente ante el Democratic Leadership Council, un grupo de demócratas conservadores que él mismo había presidido antes de llegar a la Casa Blanca. "Cuando la gente está inquieta, prefiere un Presidente que se equivoca pero que parece fuerte antes que un Presidente que tiene razón pero que parece débil", dijo. Para imponerse en 2004, el ex presidente estima que los demócratas "deben adoptar una posición clara y muy firme en los temas de seguridad nacional" 3.

Fuerza y multilateralismo

Luego de las elecciones primarias, en marzo de 2004, Kerry se mostró aun más insistente sobre esos temas. En abril, cuando se desataron violentos combates en Irak, criticó la manera en que el gobierno dirigía la guerra, explicando que la incapacidad del Presidente para internacionalizar el conflicto había colocado a los soldados estadounidenses en una situación extremadamente peligrosa. "Nuestros soldados están pagando el costo de una estrategia torpe. Esa obstinación en lanzarse solo a la guerra hace que nuestras tropas sufran el 90% de los riesgos y de las pérdidas", declaró Kerry a una radio el 17 de abril. Para reducir la presión que padecen los soldados estadounidenses y acelerar la reconstrucción de Irak, propone transferir el comando a Naciones Unidas y las operaciones de mantenimiento de la paz a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Por otra parte reprocha al presidente Bush el unilateralismo que aisló a Estados Unidos.

Kerry logró también resistir los repetidos ataques de los republicanos, que pusieron en duda su capacidad para ejercer como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Por ejemplo, el vicepresidente Richard Cheney había declarado el 26 de abril: "El senador de Massachusetts dio muchos motivos para dudar de su juicio en caso de amenaza inminente contra la seguridad nacional". Pero Kerry no duda jamás en replicar, recordando su participación en la guerra de Vietnam, mientras que republicanos de la misma generación, como Bush y Cheney, lograban escapar a esa obligación: "Luché en Vietnam, donde fui herido. Estoy orgulloso de haber estado allá. Y es muy desagradable ser atacado en ese plano por personas que optaron por otros caminos". Los republicanos van a gastar decenas de millones de dólares en publicidad televisiva para poner en duda la determinación de Kerry en cuestiones de seguridad, mientras que los demócratas gastarán casi lo mismo para exaltar las cualidades marciales de su candidato...

El programa de defensa y de política exterior de los demócratas tiene puntos de contacto con el de la administración actual, pero se diferencia en cuestiones importantes. La "doctrina Bush" da prioridad al uso unilateral y preventivo del poderío estadounidense para aplastar cualquier amenaza que pareciera existir contra el país. Según la Casa Blanca, ello resulta necesario para impedir la utilización de armas de destrucción masiva (ADM) por parte de organizaciones terroristas y de "Estados ilegales" que no ceden ante la diplomacia o ante la disuasión clásica. Además, Estados Unidos se atribuye el derecho de atacar de manera preventiva, independientemente de que sus aliados compartan su opinión sobre la gravedad de la amenaza.

A juicio de los republicanos, la "doctrina Bush" representa una evolución natural de la estrategia de defensa nacional, teniendo en cuenta los nuevos peligros que pesan sobre el país. Los demócratas consideran, al contrario, que esa concepción rompe con la orientación habitual de Estados Unidos, teóricamente basada en la disuasión y en la cooperación con los países aliados. El punto de vista de la administración actual representa "un cambio radical en la naturaleza misma de nuestra política exterior", declaró Sandy Berger, el consejero de Seguridad Nacional de la administración Clinton. "En cierto sentido (Bush) abandonó la idea misma de disuasión, que era la clave de la seguridad nacional desde hace más de cincuenta años" 4.

Además, optar por el unilateralismo "implica el fin de las alianzas durables" que permitieron designar claramente "las amenazas globales" y desarrollar acciones comunes durante la Guerra Fría 5. El mejor medio para proteger a Estados Unidos sería restablecer relaciones estrechas con los aliados de siempre, y unirlos en torno de los objetivos vitales, que son la guerra contra el terrorismo y la reconstrucción de Afganistán y de Irak. El 3-12-03, Kerry precisó en el Consejo de Relaciones Exteriores: "Una vez electo, reemplazaré el aislacionismo de Bush por una nueva era de alianzas. Es cierto que la Guerra Fría terminó, pero los nuevos peligros que nos esperan hacen que sea más indispensable que nunca contar con aliados" 6.

A pesar de que la formulación no es explícita, la expresión "nacionalismo ilustrado", propuesta en noviembre de 2003 por el senador, resume bastante bien el pensamiento de los demócratas 7. Se trata en definitiva de defender los intereses estadounidenses por medio de un despliegue del poderío militar mechado de multilateralismo. El objetivo, por supuesto, sigue siendo eliminar la amenaza que presentan los "Estados ilegales" y las organizaciones terroristas, pero con la participación de la "comunidad internacional". Eso significa, fundamentalmente, estimular la capacidad de otros países para localizar y destruir las células terroristas, impedir que los "Estados ilegales" accedan a las tecnologías nucleares y dirigir la reconstrucción de las naciones devastadas por la guerra. Estados Unidos seguirá aportando el grueso de las fuerzas militares y de los recursos necesarios para alcanzar esos objetivos, pero en el marco de una colaboración con otros países.

Así, la doctrina de los demócratas difiere de la de los republicanos, pero también se asemeja a la actual línea dura en numerosos puntos. Según Berger, "un gobierno demócrata deberá reafirmar la determinación de Estados Unidos a recurrir a la fuerza militar -de manera unilateral si fuera necesario- para defender sus intereses vitales". Además deberá dar más tiempo a la diplomacia, sin por ello dudar en emplear la fuerza. Al respecto, Kerry es totalmente claro: "Como Presidente, daré prioridad a la seguridad de Estados Unidos frente a la de cualquier otra nación o institución. Nuestros enemigos no podrán dudar jamás de mi determinación a emplear la fuerza, si ello fuera necesario", declaró el 3-12-03 8.

Por lo tanto, los demócratas prometen, lógicamente, desarrollar aun más el poder militar estadounidense. Piensan, por ejemplo, aumentar la capacidad de la infantería (creando dos nuevas divisiones, equivalentes a 40.000 soldados) y de la infantería de marina, los dos cuerpos armados más comprometidos en los combates sobre el terreno y en las operaciones de "mantenimiento de la paz" o de estabilización posteriores a un conflicto. También prometieron acelerar la entrega de equipamientos como indumentaria anti-bala, vehículos blindados y helicópteros de combate 9. En efecto, los demócratas oponen a menudo su voluntad de mejorar la capacidad de las tropas convencionales -las que luchan contra las guerrillas y mantienen la "estabilidad" en Afganistán, en Irak o en Kosovo- a los programas de armas sofisticadas, defendidos por la actual administración.

En enero de 2004, Korb explicaba que "el debate sobre la transformación de las fuerzas armadas debe ir mucho más allá de consideraciones exclusivamente tecnológicas. Tenemos que concentrarnos en la gente que pelea sobre el terreno. Necesitamos fuerzas armadas suficientemente importantes y bien equipadas para cumplir tareas muy diversas y en diferentes lugares del planeta" 10. En materia de reclutamiento y de armamentos, los demócratas están dispuestos a aumentar los gastos, hasta 6.000 millones de dólares extra cada año. Para no engrosar el presupuesto de la defensa proponen reducir el ritmo del programa del escudo anti-misiles y anular el desarrollo de ciertos sistemas de armas, como los aviones de caza F/A-22 y los submarinos de clase Virginia.

"Batalla de ideas"

Mientras que el presidente Bush se presenta a sí mismo como el candidato con más posibilidades de ganar la guerra contra el terrorismo, los demócratas pretenden que la Casa Blanca fracasó doblemente en ese tema. Por un lado, por haberse concentrado casi exclusivamente sobre Irak desde 2001, en lugar de dedicar más atención y recursos al combate contra Al-Qaeda. Por otro lado, porque al ponerse en contra a la "comunidad internacional" debilitó el apoyo que Washington necesita para identificar, localizar y eliminar las células terroristas. La primera afirmación se vio confortada por las declaraciones de Richard Clarke. El 24 de marzo de 2004, durante una sorprendente intervención ante la Comisión investigadora de los atentados del 11 de septiembre, el ex jefe de la lucha anti-terrorista del gobierno declaró que el presidente Bush y sus principales consejeros habían decidido ignorar los riesgos de ataque señalados por los servicios de inteligencia, y que luego de los ataques se habían empecinado en acusar a Saddam Hussein a pesar de la falta de pruebas en ese sentido 11.

Para los demócratas, la mejor demostración de ese fracaso en la lucha contra el terrorismo sería la incapacidad del ejército estadounidense a localizar y capturar a Osama Ben Laden. El 27 de febrero de 2003, Kerry declaró: "Hace dos años estaba a nuestra merced en Tora Bora (Afganistán) pero George Bush retiró las fuerzas estadounidenses y confió la tarea a jefes de clanes afganos que no nos eran para nada leales". Sería, pues, con ese tipo de errores que la Casa Blanca habría "minado nuestra lucha contra el terrorismo" 12.

Para colmo, la administración Bush se enemistó con ciertos Estados que hubieran podido ayudarla a neutralizar a Al-Qaeda y a sus múltiples ramificaciones internacionales. "El presidente Bush dice que la cooperación con otros países, y en particular con nuestros aliados, es vital en la lucha contra el terrorismo. Y tiene razón, pero su gobierno sólo muestra desprecio por los asuntos que preocupan a esos países, como la lucha contra los trastornos climáticos o la creación de la Corte Penal Internacional. Debemos trabajar junto a la comunidad internacional para establecer una estrategia global colectiva, y no una imperial", recordó Kerry 13.

Por lo tanto, Estados Unidos debería cambiar de prioridades y de tácticas, consagrar mayores recursos a la lucha contra el terrorismo -fundamentalmente en materia de información- y restablecer buenas relaciones con sus principales aliados. Para Berger "evidentemente necesitamos conservar nuestra capacidad para desarrollar guerras convencionales, pero en adelante deberemos perseguir a un enemigo que se esconde, a menudo entre los civiles. Nuestro esfuerzo deberá volcarse prioritariamente a las tareas de inteligencia" 14.

Al igual que Ralph Nader, ciertos demócratas de izquierda, como Dennis Kucinich, representante de Ohio en el Congreso, se pronunciaron por una retirada rápida de las tropas enviadas a Irak. Kerry, en cambio, estima que las fuerzas estadounidenses deben permanecer en ese país y está dispuesto incluso a aumentar el número de los efectivos actuales. "No podemos fracasar en Irak, no podemos dejar que ese país se hunda (y se vuelva) un gran campo de entrenamiento para los terroristas antiestadounidenses", explicó 15. Sin embargo, Kerry insiste en la necesidad de situar la presencia estadounidense bajo la égida de Naciones Unidas y de confiar a la OTAN las operaciones de "mantenimiento de la paz".

Nada muy diferente prevén los demócratas en el caso de Afganistán. Conscientes de que el caos podría favorecer el regreso de los talibanes y de Al-Qaeda, reclaman un compromiso activo y prolongado del ejército estadounidense en ese país. Para Berger, "los demócratas deben ser realistas. Si Estados Unidos entra en guerra, debemos estar dispuestos a mantenernos mucho tiempo en el lugar para reparar lo que hemos destruido. (...) Tenemos que desarrollar nuestra capacidad para reconstruir, y no sólo para destruir" 16. También en este caso, la ayuda exterior, fundamentalmente la del Viejo Continente, será bienvenida: "Dado que finalmente la OTAN aceptó dirigir las operaciones de mantenimiento de la paz en Afganistán, resulta urgente que los europeos vengan a secundar a las fuerzas estadounidenses".

Una política exterior "ilustrada" también deberá hacer desaparecer las causas profundas del terrorismo y contrarrestar los movimientos extremistas en el plano ideológico. Estados Unidos podrá ganar todas las guerras que quiera, estima Kerry, pero "nada cambiará mientras no logremos ganar la batalla de las ideas". Según el candidato demócrata, resulta urgente crear alternativas a los medios de comunicación anti-estadounidenses que emiten en los países islámicos y permitir que los jóvenes musulmanes reciban una educación de tipo occidental: "Tenemos que lanzar una gran campaña para reducir la distancia que separa al islam del resto del mundo. Es la única manera de desprestigiar ante las masas a los extremistas que sostienen el terrorismo" 17.

La "batalla de ideas" debe ir acompañada de iniciativas concretas para reducir la pobreza y el atraso que llevan a muchos habitantes del Tercer Mundo al extremismo. "Nuestra seguridad no estará garantizada mientras la mitad de la población mundial viva con menos de dos dólares por día. Aunque más no fuera por interés egoísta, debemos aceptar que la lucha contra la pobreza no concierne únicamente al Tercer Mundo, sino también a Estados Unidos" 18, explicó en octubre de 2003 Susan Rice, ex asistente del secretario de Estado.

Conflictos y energía

Una victoria sobre el terrorismo exige avances concretos para resolver de manera pacífica el conflicto palestino-israelí. Cuando el candidato demócrata evoca ese tema, comienza siempre reiterando su más grande apoyo al Estado hebreo: "El compromiso estadounidense de defender la independencia y la subsistencia de Israel jamás debe cambiar". Sin embargo, Israel debe aceptar el principio de un Estado palestino y en consecuencia iniciar las negociaciones que permitan la creación del mismo. Kerry apoya la Hoja de Ruta propuesta por Estados Unidos y por los otros miembros del Cuarteto (ONU, Unión Europea, Federación Rusa). Propone además que su país otorgue una ayuda para el entrenamiento de las fuerzas de seguridad palestinas, cuando éstas den muestras de su voluntad de desmantelar las organizaciones terroristas en Gaza y Cisjordania.

Para los demócratas, la mejor estrategia para limitar la proliferación de armas de destrucción masiva (ADM) no es la solución militar, a la que da prioridad la administración Bush. De un lado, el uso unilateral de la fuerza irrita a muchos países y los disuade de participar en la tarea destinada a contener la proliferación. Por otra parte, esa conducta belicosa no hace más que incitar a los enemigos potenciales a acelerar la carrera armamentística, para disuadir a Estados Unidos de atacarlos... Por lo tanto, sería preferible trabajar de manera colectiva para lograr una reducción del tráfico de elementos vinculados a las ADM.

Según Berger, "un gobierno demócrata tendrá que emplear todos los medios a su alcance para luchar contra la amenaza de las ADM antes de recurrir a la fuerza. Y la medida más evidente a adoptar consiste en impedir que los terroristas adquieran esos equipos y esas tecnologías" 19. Por otra parte, hay que contribuir aun más, a través de la asistencia, a la tarea de destrucción de los stocks de ADM de la ex Unión Soviética, y garantizar la seguridad de los equipamientos que no vayan a ser destruidos.

La lucha contra la proliferación exigiría también la intensificación de las presiones sobre Corea del Norte para obligarla a renunciar a su programa nuclear militar y a desmantelar el arsenal ya construido. Berger no dudó en reprochar a la Casa Blanca su falta de firmeza frente al régimen de Pyongyang. A pesar de los indicios existentes de que éste sería el único que tiene la capacidad y la voluntad de suministrar armas nucleares a los terroristas, "nuestro gobierno -estimó Berger- se mostró inexplicablemente complaciente frente a un Estado que parece bien decidido a convertirse en un supermercado nuclear mundial". Para llevar a Corea del Norte a abandonar sus ambiciones nucleares, los demócratas proponen ofrecerle estímulos económicos y políticos, y si ello resultara ineficaz, pedir a otros países que ayuden a Estados Unidos en la aplicación de "medidas coercitivas" 20.

Por último, el "nacionalismo ilustrado" de los demócratas los lleva a encarar la reducción de la dependencia de Estados Unidos respecto del petróleo extranjero, lo que permitiría limitar los riesgos de intervenciones estadounidenses en Medio Oriente. Kerry afirmó en febrero de 2003: "Si resulto electo, haremos un esfuerzo histórico para desarrollar los combustibles alternativos y los vehículos del futuro. Haré que este país sea independiente de Medio Oriente en menos de diez años, para que nuestros hijos ya no tengan que morir por el petróleo" 21.

Esa propuesta ambiciosa puede despertar algunas reservas en los electores de Michigan y de otros Estados donde la industria automotriz sigue siendo una fuente de empleos bien remunerados y accesibles a las clases populares. El apoyo del Congreso a una política energética profundamente alternativa tampoco es evidente, a juzgar por la infeliz experiencia del presidente James Carter a partir de 1977. Para Kerry, la obtención de la independencia energética permitiría alcanzar otro objetivo: el fin de la sumisión de Estados Unidos a la familia real saudita. Los muy estrechos lazos políticos y económicos que mantienen con Ryad influyentes dirigentes republicanos, entre ellos el "clan Bush", los habría disuadido de castigar a quienes siguen financiando instituciones caritativas islámicas vinculadas con Al-Qaeda y con otros grupos terroristas.

Porque para el desafiante de Bush junior, "el gobierno saudita dice luchar contra ese financiamiento oculto, pero sus acciones no están a la altura de sus compromisos" 22.

. Pero la presión ejercida sobre Ryad será limitada si Estados Unidos sigue dependiendo del petróleo y de las inversiones sauditas. "Es indiscutible -dijo el candidato demócrata- que tenemos fuertes lazos con Arabia Saudita, que por ahora nos resulta imposible romper. Esa dependencia energética y económica complica enormemente nuestras relaciones con Arabia Saudita". Y es por ello, concluyó Kerry, "que Estados Unidos debe adoptar una nueva política energética" 23.

  1. Discurso de candidatura, Patriot's Point, Carolina del Sur, 2-9-03, www.johnkerry.com.
  2. "Consideraciones en la Universidad de California de Los Ángeles (UCLA)", 27-2-04.
  3. Citado por The New York Times, 4-12-02.
  4. Consideraciones expresadas durante la Conference on New American Strategies for Security and Peace, Washington DC, 28 y 29-10-03.
  5. Ibid.
  6. Discurso ante el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR), Nueva York, 3-12-03.
  7. Conferencia de Washington, 28 y 29-10-03, op. cit.
  8. Discurso ante el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR), Nueva York, 3-12-03.
  9. Lawrence J. Korb, "Seis etapas hacia unos Estados Unidos más seguros", Centro para el progreso estadounidense, 29-1-04, p. 5.
  10. Ibid.
  11. Una Comisión investigadora del Congreso estadounidense sobre los atentados del 11-9-01 acaba de concluir que no existía vinculación alguna entre el régimen de Saddam Hussein y Al-Qaeda. El País, Madrid, 17-6-04.
  12. UCLA, 27-2-04 (ver nota 2).
  13. Discurso en el CFR, op. cit.
  14. Samuel Berger, "Foreign Policy for a Democratic President", Foreign Affairs, Nueva York, mayo-junio de 2004.
  15. "A strategy to win the peace in Iraq"
  16. Ibid.
  17. Discurso en el CFR, op. cit.
  18. Conferencia de Washington, 28 y 29-10-03, op. cit.
  19. "Foreign Policy for a Democratic President", op. cit.
  20. Ibid.
  21. UCLA, 27-2-04 (ver nota 2).
  22. Discurso en el CFR, op. cit.
  23. Ibid.
Autor/es Michael T. Klare
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 61 - Julio 2004
Páginas:20,21
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Ciencias Políticas, Conflictos Armados, Militares, Terrorismo
Países Estados Unidos