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“Ostalgia” entre los alemanes del Este

Discriminados como “ciudadanos de segunda” en la era de la reunificación alemana, los habitantes de lo que fue la República Democrática Alemana (RDA) tienen sentimientos ambivalentes al respecto. La valorización de sus ventajas y el olvido de la Stasi y el Muro son propios de quienes más padecen la desocupación y la precariedad. Una minoría añora en realidad las frustradas expectativas de democratización de los años 1989 y 1990. Y hay también quienes rechazan ese pasado a pesar de los riesgos e incertidumbres del presente.

En el Berliner Ensemble de Bertolt Brecht, George Tabori presenta Los Judíos, de Lessing. Poeta en sus ratos perdidos, Tabori agregó algunos versos de su cosecha: "Ah, los buenos tiempos. Ya pasaron, lamentablemente, gracias a Dios". ¿Pensaba acaso en la ambivalencia de la nostalgia que sienten los alemanes del Este por su pasado, y que aquí llaman Ostalgia?

Marianne Birthler está rodeada por montañas de papeles: son las carpetas de la Stasi, la policía política de la ex RDA. Evocando la película Good bye Lenin, dice: "Yo también recuerdo con placer ciertas canciones o ciertos objetos. Pero no puedo decir que extraño la RDA". Para ella, la Ostalgia es una forma de "defensa que utilizan quienes sienten la crítica del socialismo como un cuestionamiento de su propia biografía". Promovido "Presidente" de Alemania del Este en Good bye Lenin, el astronauta Sigmund Jähn considera que la Ostalgia es "una expresión de incultura al estilo estadounidense. Algo que rinde económicamente" y que permite "calmar a los alemanes del Este manteniéndolos sumergidos en su propia salsa".

El profesor Jens Reich no niega el interés que manifiestan por el pasado los Ossis -alemanes provenientes de la RDA- pero estima que se trata de un "epifenómeno magnificado por los medios". Luego de la caída del Muro, recuerda, los partidarios de la "democratización" de la RDA habían logrado, incluyendo al partido Verde, cerca del 5% de los votos. "El 95% restante, que quería terminar con el comunismo, nos criticaba." Para el efímero diputado, la Ostalgia marca el fin "colectivo y voluntario de una época". En su opinión, la última oportunidad para reformar el comunismo "se malogró en Praga en 1968".

Thomas Brussig, escritor de moda, observa: la RDA "desapareció sin que hiciéramos el duelo. Con un poco de atraso, esa función la está cumpliendo la Ostalgia". La nostalgia "es algo natural en los seres humanos. A todo el mundo le gusta recordar su juventud. Y con el paso del tiempo, todo parece más bello". Más aun, dado que los Ossis escuchan cada día que "en la RDA no había nada rescatable, salvo la flecha verde" 1. Para Brigitte Rauschenbach, profesora de la Universidad libre de Berlín, ese duelo no será posible "mientras los alemanes del Este no asuman la ambivalencia de sus sentimientos respecto de la RDA". Algo similar a lo ocurrido en 1945, cuando la gente -inconscientemente- sentía por Hitler una mezcla de amor y de odio. "La Ostalgia -matiza la profesora- se asemeja más bien a una difusa melancolía."

El libro de Jana Hensel, Zonenkinder 2, fue un éxito impresionante. Esa obra permitió "pasar de la memoria individual a la memoria colectiva": sus conciudadanos de ayer pudieron comprobar que "su historia no era algo marginal sino algo central". Así es que cada uno de ellos -haya permanecido en el Este o emigrado al Oeste- busca laboriosamente las "huellas" dejadas por la RDA: canciones, productos alimenticios, programas.

Paradójicamente, el último Presidente de la RDA, Egon Krenz, que debería alegrarse de esta tendencia, se muestra disconforme. En la modesta casa donde vive, junto al Báltico, el ex prisionero 3 evoca en primer lugar la otra cara de la moneda, estimando que no se trata de un "trabajo de memoria" sino de una "caricatura" que "ridiculiza la vida en la RDA". Stefan Arndt, el feliz productor de Good bye Lenin, utiliza la misma palabra: "Se cae en la caricatura: ‘Ah, qué mala era la coca que bebían. ¡Y no tenían bananas! ¡Y los horribles papeles pintados que había! ¡Que risa!' Pero en esos ‘shows' no se dice ni una sola palabra de la vida real".

Si se insiste un poco, Krenz termina por admitir que la Ostalgia tiene "su costado bueno": "La gente del Este conoció dos sociedades, y pueden comparar". Son 17 millones de personas que saben que la RDA "no se reduce a los autos Trabant o a la Stasi. Muchas cosas fracasaron, pero había trabajo para todos, vivienda barata, un sistema de salud gratuito y eficaz... Cosas que lamentan haber perdido". El cabaretista Peter Ensikat, tan célebre en el Este como en el Oeste, considera la tendencia actual como "una reacción a lo que ocurrió luego de la caída del Muro". Los Ossis "se deshicieron de todo sin reflexionar". Sólo querían "Occidente", del que no conocían nada, "salvo la publicidad en la televisión de la RFA".

¿Y si la Ostalgia naciera justamente del choque entre la decepción ante ciertas cosas del presente y la pérdida de ciertas cosas del pasado? "Cuanto más se vive bajo el capitalismo, menos se pregunta uno qué era lo que no funcionaba bajo el socialismo", resume el periodista Wolfgang Herr. Es normal, podríamos decir, pues Herr escribía en el diario comunista Neues Deutschland. Pero casi todos los Ossis estiman que "no todo era tan malo antes" y que "no todo es tan bueno ahora".

Gerhard Leo tiene 81 años. Maxim Leo, su nieto, 34. Ambos son periodistas. Para el primero la Ostalgia expresa "el rechazo de la ‘nueva sociedad' por parte de un número creciente de alemanes del Este, tan desesperados que se olvidan de las taras de la RDA". Maxim justifica la "legítima autodefensa de un tipo de vida que ya no existe", pero percibe además el "recuerdo de una RDA que nunca existió". Gerhard considera que el principio que regía la sociedad pasada -"una vida segura para todos"- debería regir también la sociedad actual. Para Maxim, al contrario, el precio era "demasiado alto" en términos de libertad y de eficacia. "Seguridad rima con mediocridad: impedir que la gente triunfe es detener el motor social. Si logran volverse ricos, después se podrá redistribuir." ¿Acaso la vieja consigna liberal de Guizot -"¡Enriquézcanse!"- permitió acabar con la pobreza?

Christian Schletze, un joven militante del sindicato IG Metall, aún espera ver los "paisajes floridos" que prometía el canciller Kohl: "Destruyeron la economía de mi región, y la educación, la salud y la cultura ya no funcionan correctamente por falta de financiamiento". ¿Dónde fueron a parar los 1,25 billones de euros invertidos en los Länder del Este, que hoy en día cuentan con menos de 6 millones de puestos de trabajo contra 9,7 millones en 1989? La periodista Renate Marschall recuerda la "herida" que sufrieron los Ossis. Estaban convencidos de que lo único que importaba era el "esfuerzo" personal, pero el mensaje que recibieron fue otro: "No los necesitamos. Lo que ustedes saben hacer no nos sirve para nada".

En realidad, en lugar de "un trentenio glorioso", lo que se vio fue una década desastrosa. Rita Kuczynski, autora de libros de entrevistas a Ossis 4, estima que "el principio del fin del Estado social" coincide con la reunificación. Y nota que hay cada vez más puntos en común "entre el actual estancamiento de la RFA y el de la RDA en la década de 1980". De ahí la nostalgia por la Alemania comunista. "Injustificada. ¿Por qué la abandonaron cuatro millones y medio de sus ciudadanos? ¿Acaso no fracasó?"

¿Cuál es el balance para las mujeres? "En el Este el modelo era la mujer trabajadora. En el Oeste, el ama de casa", afirma Irene Dölling, profesora en la Universidad de Potsdam. En la RDA las mujeres tenían que hacerse cargo además de la mayoría de las tareas domésticas. Pero el aumento del desempleo, junto al desmantelamiento de los jardines de infantes, socavó la -relativa- liberación que permitía el trabajo. "En la RDA las mujeres que trabajaban representaban el 86% del total. Ahora sólo son el 56%." Por otra parte, la fertilidad de las alemanas del Este disminuyó a la mitad en 15 años, ¡llegando al nivel de 1929! Stefan Arndt afirma: "Allá, las mujeres solas con hijos se las arreglaban bastante bien. Ahora corren riesgo de caer en la pobreza. Aun cuando logren una vacante para su hijo en un jardín de infantes, hay que tener en cuenta que éstos abren de 9 a 14 horas. ¿Quién puede vivir trabajando 3 o 4 horas diarias?"

Más que sus conquistas sociales -sugiere Jens Reich- los Ossis lamentan la pérdida de "una forma de vida no competitiva, tranquila, cordial y hasta familiar". En las empresas, durante las pausas para el café de las 10 de la mañana y las 3 de la tarde, todo el mundo contaba sus cosas. "El alemán del Este se integraba confortablemente en el Kollektiv, del jardín de infantes al trabajo. Su yo se construía entre las necesidades individuales y las necesidades colectivas, el grupo tenía que hallar permanentemente un equilibrio", señala Wolfgang Engler, profesor de sociología de la cultura en la escuela de teatro Ernst Busch. Había demasiadas presiones desde arriba que amenazaban al grupo, y demasiadas presiones desde abajo que amenazaban al Estado. "Esa conciencia de estar juntos generó sentimientos de solidaridad."

Y también de "seguridad", agrega Pascal Thibault, periodista francés destacado en Berlín. De su historia, los alemanes heredaron el miedo al futuro. "Para los franceses, ‘lo peor nunca es seguro'. Para los alemanes, ‘es siempre posible'." Lo que más extrañan los Ossis es la tranquilidad que tenían en la RDA, país que el escritor Volker Braun consideraba "el más aburrido del mundo". Pero "los desocupados, los trabajadores precarios y los sin techo echan de menos ese aburrimiento", replica Peter Ensikat. Se trataba -prosigue- de una "sociedad compartimentada": cada cual, si se mantenía dentro de ciertos límites, podía "vivir una vida mediocre y segura, sin tener que vérselas con el sistema". Y el cabaretista agrega: "Antes era más fácil escapar a las presiones de la burocracia que hoy a las del dinero". Los Ossis se sienten tan impotentes como antes. "Ahora es posible gritar, ¿pero de qué sirve?" Ni siquiera se garantiza lo mínimo necesario...

Testimonio tras testimonio, nadie o casi nadie rememora el Muro o la Stasi. Los más hostiles hablan de "segunda dictadura". Comparación absurda: el nazismo y la guerra dejaron 60 millones de muertos, de los cuales varios millones víctimas de genocidio: judíos, gitanos, discapacitados, eslavos... Sin embargo, las estadísticas de Marianne Birthler son impresionantes: la Stasi -con la que colaboraba el 2% de la población de la RDA- había elaborado 40 millones de fichas, en las que figuraba la mitad de la población. Además, en la RDA se llegaron a contar 250.000 presos políticos...

"Si uno no estaba politizado, nunca tenía que vérselas con la Stasi. La gente, replegada en su vida privada, ignoraba lo que ocurría", replica Marie Borkowski, viuda de un disidente detenido durante mucho tiempo. Rita Kuczynski confirma: era posible "vivir toda la vida sin ningún problema" a condición de conocer "las reglas del juego". Thomas Brussig asiente: "Bastaba con no hacerse notar, con ‘oponerse' contando algún chiste". Pero no cualquier chiste. Según el periodista Wolfgang Herr, "en la RDA una broma sobre Honecker podía causar graves problemas, pero en el trabajo uno podía tratar a su jefe de ‘puerco'. En cambio, en la RFA uno puede calificar de puerco a Schröder, pero no a su jefe. A menos que quiera que lo despidan..."

Con o sin la Stasi, algunas personas se indignan cuando alguien lamenta la desaparición de la mediocridad comunista. Marianne Birthler comenta ácidamente: "Un esclavo no puede hacer mal. Y no todo el mundo ama la libertad". Thomas Brussig pontifica: "Muchas personas tienen miedo de la libertad y prefieren la seguridad". El pasado régimen convenía a personas "con las que uno no conversaría media hora, primitivos, emocional e intelectualmente vacíos". Elegante, Iris Radisch elogia a Wolfgang Hilbig, el primer escritor que se atrevió a mostrar la RDA "tal como era: muerta, fría y gris" 5. Vulgar, el pintor Jens Bisky, simboliza la mentalidad de los Ossis por medio de una expresión intraducible: "Duldungsstarre", que los criadores de porcinos utilizan para describir "la cerda que, paralizada ante el olor del macho reproductor, espera el acoplamiento" 6.

Esos intelectuales, replica Jana Hensel, "querían democratizar la RDA y fracasaron". Ahora se la toman con el pueblo. "No tienen idea de lo que significan un 35% de desempleados, vidas arruinadas, una patria quebrada." Wolfgang Engler considera por su parte "insoportable" esa mirada "despreciativa" de los "snobs" sobre la "gente sencilla". Como si quisieran hacerles pagar a los Ossis su propio fracaso en 1991: "Odian a quienes no los llevaron al poder, al optar por la reunificación y por el marco alemán".

A cada generacion, su nostalgia

Los otros pueblos de Europa del Este, una vez liberados del antiguo sistema, conservaron su nación. No fue el caso de los alemanes del Este: la RDA desapareció y los reunificadores intentaron borrar hasta sus últimas huellas. "Nuestro país dejó de existir y nosotros también", lamenta Maxim Leo. Mientras que su abuelo denuncia la insolencia de los vencedores: "Un tercio de los Ossis tuvieron que dejar sus casas, que fueron ‘restituidas' a alemanes del Oeste, pero ni uno fue beneficiado por esa ley, como tampoco los judíos despojados por los nazis". Lo que contribuye a alimentar la Ostalgia. La estudiante Anja Weinhold lamenta la supresión de DT64, una radio muy popular: "En el pueblo, era el único lazo que tenía con el mundo exterior". Y añade que el día que la emisora desapareció se sintió "extranjera en mi propio país". Hasta el chocolate preferido de los Ossis, marca Raider, cambió de nombre: ¡ahora se llama Twix! Conclusión de Vincent von Wroblewski, filósofo y traductor de Jean-Paul Sartre: "Al negar nuestro pasado nos quitan nuestra dignidad".

Para Michael Gauling, antiguo miembro del semanario satírico Eulenspiegel, cada generación tiene su Ostalgia: "La de los jóvenes tiene que ver con la revolución de 1989-1990, que evidentemente fracasó, pero que nos marcó". Gerhard Leo aún se emociona recordando los "meses de locura, entre el ‘Somos el pueblo' de los partidarios de la democratización, y el ‘Somos un pueblo' de quienes preferían la reunificación". Una verdadera explosión de democracia: volantes, reuniones, manifestaciones. "Ahora algunos dicen: ‘Ah, si eso hubiera seguido...'". Lamentablemente el marco alemán se impuso a "la revolución que tantos ciudadanos, incluidos los comunistas, esperaban desde hacía tiempo". Igual que muchos Wessis (alemanes del Oeste), añade Rita Kuszynski: "A pesar de todo, los rebeldes de fines de los años '60 se identificaban con la RDA". La caída del Muro les parecía anunciar la revolución. "Luego de la reunificación nos reprochaban haber sacrificado esa alternativa."

Porque la Ostalgia no concierne únicamente el pasado. Cinco estudiantes brindan en un café de la plaza Rosa Luxembourg, frente a la Volksbühne. "La antiglobalización, especialmente la organización Attac, tiene futuro en el Este", asegura Uwe Lorenz, futuro programador informático. Los nuevos Länder se movilizan más que los viejos contra la política de "liquidación social" del canciller Gerhard Schröder. Claro, hay que decir que son las principales víctimas de esa tendencia. En Berlín hasta la Universidad Humboldt, al Este, registra huelgas más importantes que la Universidad libre, al Oeste. Luigi Wolf, estudiante de ciencias políticas, insiste: el movimiento anti-guerra es "más radical" en la ex RDA.

"Los Ossis -afirma Uwe Lorenz- se apoyan en una identidad más firme que los Wessis, pues conocieron una forma de socialismo. Si son capaces de imaginar otra, todo podría cambiar." Christian Scheltze lo interrumpe: ellos saben qué tipo de socialismo quieren, porque "padecieron el estalinismo. Mi abuelo decía: ‘la RDA no es un Estado socialista. A ese Estado falta construirlo'. Pensamos que podía ser en 1989, y seguimos luchando por eso". Gracias a su experiencia los Ossis disponen de un "potencial formidable". Uwe Lorenz rechaza la comparación entre estalinismo y capitalismo. "La RDA era un Estado obrero burocrático, pero también una sociedad más igualitaria."

Anja Weinhold, una estudiante en ciencias políticas, admite ser "más pesimista". A partir de su experiencia, sólo el 2% de los Ossis piensan que pueden influir en la línea política: el régimen comunista no los escuchaba y el régimen capitalista los transformó en "ciudadanos de segunda". La Ostalgia, añade la joven, "los ayuda a recuperar la confianza", al rehabilitar en su pasado las cosas que lo merecen y que hay que defender a través de una acción colectiva. "Yo sé de lo que estoy orgullosa y lo que quisiera reconquistar, pero también sé lo que ya no quiero." Uwe Lorenz se muestra más circunspecto: "Otro mundo es posible, ¿pero cómo alcanzarlo? Las respuestas y los ejemplos no abundan; sin embargo, la referencia a los países del Este sigue siendo un tabú".

Alguien se entusiasma: "Reconciliemos el movimiento emancipador con la utopía". Vincent von Wroblewsky se muestra dubitativo. No hay por qué renunciar al ideal socialista, "pero diciendo claramente lo que es posible y lo que no lo es". De la rápida maduración de los Ossis dice: "Eternos engañados de la historia, ya perdieron toda ilusión". La resignación, la despolitización y la xenofobia se imponen. ¿Y qué decir del 25% del Partido del Socialismo Democrático (PDS, ex comunistas)? Un voto de "descontento", de "rechazo" y de "nostalgia". A falta de una "alternativa convincente" hasta los intelectuales prefieren concentrarse en su carrera, buscar su lugarcito, adaptarse al sistema. Por lo tanto, la Ostalgia representa más bien "un escape fuera de la alternativa".

Alternativa que Wolfgang Engler ve perfilarse: "Mi optimismo es hijo de la crisis. Cada vez más gente se negará a aceptar sus consecuencias". Convencido de la necesidad de reformas sociales profundas, irrealizables en el sistema actual, considera los logros positivos de la RDA como una "perspectiva utópica fundada en la satisfacción de las necesidades humanas" 7. De allí la importancia de recordar los años 1989-1991, cuando todos -obreros, campesinos, intelectuales- dialogaban con todos, sobre todos los temas. "¿Quién no quisiera un país que ofrezca a todo el mundo trabajo y justicia? El ex astronauta Sigmund Jähn lamenta la pérdida del "humanismo" y sigue "soñando con una sociedad de justicia social que se consagre a la educación y a la cultura, y que no exalte la violencia". Un silencio: "Hoy en día estamos más lejos de eso que ayer". "Nadie quiere renunciar definitivamente a los sueños de su juventud", decía el disidente Dieter Borkowski...

Un poema de Bertolt Brecht dice:

"Estoy sentado al borde de la ruta

El chofer cambia una rueda

No me sentía bien allá donde estaba

Y no me siento bien donde voy

¿Por qué entonces miro cambiar la rueda

con impaciencia?"

  1. La RFA copió de la RDA la flecha verde de los semáforos, que permite girar a la derecha cuando el tránsito está detenido por la luz roja.
  2. Literalmente "Los niños de la zona" (soviética, se sobreentiende): denominación utilizada mucho tiempo en Alemania del Oeste en relación a la RDA.
  3. Juzgado responsable -sin pruebas- de la orden de disparar contra los ciudadanos de la RDA que intentaban escapar del país, fue condenado a seis años y medio de cárcel. Cumplió cuatro, dos de ellos a medio tiempo. Aún adeuda al Estado medio millón de euros.
  4. Die Rache der Ostdeutschen (La Venganza de los alemanes del Este) e Im Westen was neues? (¿Algo nuevo al Oeste?), Parthas, Berlín, respectivamente 2002 y 2003.
  5. Literaturkritik.de, N° 3, marzo de 2002.
  6. Berliner Zeitung, Berlín, 11-3-04.
  7. Los valores preferidos del lado Este son, en orden de importancia, la seguridad social, la justicia, la libertad, la solidaridad y la igualdad. Cf. Wolfgang Engler, Die Ostdeutschen als Avantgarde (Los alemanes del Este como vanguardia), Aufbau-Verlag, Berlín, 2002.
Autor/es Dominique Vidal, Peter Linden, Benjamin Wuttke
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 62 - Agosto 2004
Páginas:18,19
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Minorías, Políticas Locales, Desempleo
Países Alemania (ex RDA y RFA)