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El Adriático, frontera de todos los peligros¿Existe el Adriático? El antiguo golfo de Venecia tiene mala fama. Contaminado, víctima del turismo masivo y depredador, este mar semi-cerrado constituye una de las principales fronteras de Europa. Límite entre la Organización del Tratado del Atlántico Norte y los países socialistas “atípicos” que constituían Yugoslavia y Albania, sus aguas son actualmente un lago de protección y a veces un cementerio para miles de clandestinos que tratan de alcanzar las costas del rico Occidente. Necesidad de prevenir los riesgos ambientales.El 9 de enero pasado, 21 emigrantes clandestinos murieron al hundirse frente a las costas albanesas el bote inflable en que viajaban. Sin embargo, el número de muertos registrados en el Adriático se redujo en los últimos años. La corriente migratoria disminuyó en los Balcanes, a pesar de que la posguerra de los conflictos yugoslavos es difícil. En una playa del sur de la Puglia italiana, cerca del pueblo de San Foca y a unos veinte kilómetros de la ciudad barroca de Lecce, se alza una pesada mole de cemento coronada de alambres de púa: es el centro de albergue Regina Pacis, creado en 1997. Este lugar de residencia temporaria es el único centro cuya gestión fue delegada por el Estado a la diócesis católica. "Desde hace algunos años, las rutas de la emigración clandestina cambiaron mucho", explica el director del establecimiento, Don Cesare Lodeserto. Y añade: "Actualmente, la mayoría de los clandestinos que llegan a Italia proviene de Libia y entra por Sicilia. Otros llegan a los puertos adriáticos de Bari o Brindisi, metidos dentro de camiones o de contenedores embarcados en Turquía". En 1998, el gobierno italiano de entonces (de centro izquierda) creó los centros de retención cerrados. Regina Pacis aceptó finalmente esa modificación radical de su estatuto. Sin embargo, Don Cesare critica la ley Bossi-Fini, que en 2002 endureció aun más las condiciones de acogida de extranjeros: "La ley debería conciliar albergue y legalidad, pero ocurre lo contrario: se hace de la ilegalidad un factor de criminalización. Crear una ley para protegerse de la emigración es aberrante, porque los movimientos migratorios continuarán a pesar de todo". En este centro, unos 250 extranjeros están sometidos al régimen de retención administrativa, que puede durar hasta sesenta días y durante el cual deben presentar una solicitud de residencia. Al cabo de ese período pueden ser expulsados. Esas personas conviven con unas decenas de clandestinos albergados a título personal por Don Cesare. Estos últimos tienen derecho a salir, lo que hacen a diario sin dejar de saludar a los carabineros que vigilan la entrada. El centro alberga también desde hace varios años unas sesenta mujeres jóvenes, albanesas o rumanas, víctimas de las redes de prostitución. Algunas de ellas dieron a luz en el establecimiento y sus niños crecen entre las playas y los alambrados de púa. En Albania la emigración sigue siendo la única perspectiva para gran parte de la población. Según el censo de 2001 -el primero organizado en los diez años posteriores a la caída del régimen comunista- a pesar de que la tasa de natalidad sigue siendo elevada, la población se redujo claramente 1. Don Cesare habla de "abuso" cuando se refiere a los albaneses que murieron ahogados el 9 de enero. Y los ecos del otro lado del Adriático, en el puerto albanés de Vlora, no divergen. Esa ciudad, situada en el fondo de un magnífico golfo y que fuera bastión de los amotinados en marzo de 1997 2, tiene pésima reputación como reducto de la droga y del tráfico de seres humanos. Allí, las operaciones transadriáticas tienen su historia. Durante la dictadura estalinista de Enver Hoxha, Albania era un país cerrado, pero el Estado obtenía una buena parte de sus escasos recursos en divisas del tráfico de cigarrillos entre Vlora e Italia. Miles de conscriptos pasaron su servicio militar transportando montañas de cigarrillos estadounidenses, entonces inhallables en los kioscos albaneses. Luego, durante los levantamientos, la ciudad se convirtió en la base de los insurgentes y de varias redes criminales, oficiando de centro del tráfico hacia Italia. Cada noche, decenas de lanchas rápidas partían hacia las costas de la Puglia con cargamentos de droga, cigarrillos y candidatos a emigrar. Desde su llegada al poder en 1997, el gobierno socialista de Fatos Nano se impuso como prioridad la lucha contra los aspectos más visibles del crimen organizado. Las principales rutas del país son actualmente seguras, y ciudades como Vlora dejaron de ser zonas sin ley. Una brigada militar ítalo-albanesa permanece asentada en la pequeña isla de Sazan, que cierra el golfo de Vlora, posición estratégica que dio su importancia a este "cerrojo" del Adriático, otrora posesión veneciana. Rami Isufi, propietario del hotel Bologna, es terminante: "Ya no hay un solo barco que cruce a Italia. Ni siquiera se necesitan controles en alta mar, ya que desde la costa cualquiera puede ver si parte alguna lancha y prevenir a la policía". Respecto de la tragedia del 9 de enero afirma: "Esa tarde, el mar estaba agitado y el barco no debería haber partido. Los traficantes vinieron de Italia y trataron de regresar con personas dispuestas a correr enormes riesgos. Ningún local habría aceptado semejante peligro". Sobre todo teniendo en cuenta que en abril de 2003 el gobierno albanés autorizó a la compañía Petrolifera Italo Rumena a construir y explotar allí una terminal petrolera. A cambio de las tareas de acondicionamiento, la compañía italiana obtendría la concesión exclusiva por treinta años y reducciones fiscales. Pero los diputados bloquearon momentáneamente ese proyecto, que genera fuertes sospechas de corrupción 3. Las autoridades de Tirana, que durante mucho tiempo miraron hacia Grecia, ahora sólo tienen ojos para Italia, y Vlora funciona como vitrina de esa apertura. Explosión turísticaLa costa meridional de Albania comienza a interesarse por el turismo, descuidado hasta ahora. Desde Vlora hasta Saranda, en la frontera griega, la costa alterna desiertas playas de arena fina y viejos poblados casi abandonados. Los nuevos ricos poseen residencias en las solitarias caletas con buenas playas, en las que se interesa el primer ministro italiano Sivio Berlusconi desde hace varios años: en 2002 visitó la zona en compañía del arquitecto Giancarlo Ragazzi, especialista en construcciones turísticas de gran lujo. La ruta que une Saranda e Himara es aún muy escarpada y algunos restos de asfalto recuerdan antiguos proyectos de desarrollo. Sin embargo, ambas ciudades se convirtieron en inmensas obras en construcción. Desde hace varios años los turistas kosovares descubren las playas del sur de la "madre patria", donde aparecen cada día nuevos hoteles, pensiones y restaurantes. Pero la población no tiene muchas posibilidades de aprovechar las repercusiones económicas del turismo. En los pueblos costeros los habitantes son mayoritariamente griegos, como muestran las inscripciones en honor al helenismo que decoran casi todos los monumentos a los guerrilleros, heredados del régimen comunista. Para los habitantes del sur del país, griegos "étnicos" o albaneses de confesión ortodoxa, la emigración a Grecia sigue siendo una prioridad 4. Sin embargo, las secuelas del conflicto albano-griego de la Segunda Guerra Mundial aún están presentes: ninguno de los dos países puso fin oficialmente al estado de guerra. Después de 1945 las autoridades griegas expulsaron de forma masiva a los cam (albaneses de la región de Epiro), acusados colectivamente de colaborar con los ocupantes italianos y alemanes. El 8 de abril de 2004 el Parlamento de Tirana se negó -por temor a represalias- a analizar un proyecto de ley que pedía la restitución de los bienes privados albaneses confiscados en Grecia. Rami Isufi, que viene de una familia originaria de Cameria, explica: "Mis padres nunca pudieron regresar a su pueblo natal, situado en la costa griega, al norte de Igumenitsa. Es en esa zona, frente a Corfu, donde el Adriático es más bello", afirma, y denuncia la "extorsión griega. Una vez más, Grecia amenaza con expulsar a los trabajadores albaneses, y nuestro gobierno tuvo miedo. Pero este año no hubieran podido prescindir de los trabajadores clandestinos llegados de nuestro país: ¿quiénes si no trabajan en las obras para las instalaciones olímpicas?". Hace ya años que Montenegro y Croacia experimentan el turismo de masa. El primero de esos países es casi totalmente ignorado por los turistas occidentales, a causa de las sanciones internacionales de la década de 1990 contra la Federación Yugoslava de la que formaba parte junto a Serbia. La mayoría de los que veranean en sus costas vienen de Serbia o de Kosovo, aunque actualmente comienzan a aparecer turistas rusos y ucranianos. Así es que veraneantes serbios con escaso poder adquisitivo y nuevos ricos rusos constituyen el grueso de la clientela de la ciudad de Budva, otrora considerada la pequeña perla del Adriático. Con cerca de 100.000 habitantes, la vieja ciudad fortificada es víctima -como Sveti Stefan- de un desarrollo urbano anárquico. Se construyen edificios de varios pisos frente a la pequeña isla íntegramente transformada en un hotel mítico, frecuentado en tiempos pasados por las estrellas del cine italiano. Camiones cargados de materiales de construcción pasan sobre la playa, mientras que los nuevos edificios, sin ningún tipo de permiso de construcción, generan importantes riesgos en la zona, fundamentalmente a causa del afloramiento de las fosas sépticas. En el litoral de Croacia la situación es igual. Hasta la más pequeña casa ofrece habitaciones en alquiler. En un país donde el desempleo afecta a un tercio de la población activa, muchos dálmatas practican una economía de subsistencia bastante próspera. Gracias a las ayudas sociales y al alquiler de algunas habitaciones durante el verano logran vivir todo el año. El gobierno trata actualmente de que esos ingresos sean declarados al fisco; las consecuencias ambientales, sin embargo, no se tienen todavía muy en cuenta. Este invierno estalló un nuevo escándalo en Budva. Luego de fracasar una primera licitación, el hotel Avala fue cedido a una empresa británica por 3,2 millones de euros, menos de la mitad de su valor estimado. La irregularidad de la licitación resulta aun más problemática teniendo en cuenta que la representante de la compañía británica en Montenegro no es otra que Ana Kolarevic, hermana del primer ministro Milo Djukanovic y miembro de la Corte Suprema 5... Para colmo, el 20 de mayo de 2004 el nuevo gobierno croata puso fin al largo folletín de la privatización del complejo Suncani Hvar, que posee los hoteles de la isla de Hvar. Finalmente, este complejo turístico fue entregado a Quaestus, un fondo de inversiones aparentemente vinculado con la Unión Democrática Croata (HDZ), que volvió al poder tras las elecciones de noviembre de 2003 6. ¿Es posible imaginar otro tipo de turismo, sobre la base de un desarrollo durable? Denis Ivosevic, asesor de turismo del zupanija (departamento) de Istria, es totalmente consciente de la importancia del problema: "Si apostamos únicamente a una oferta barata, los turistas dejarán rápidamente nuestras regiones, pues las ofertas de turismo económico van a generalizarse aun más rápidamente por la reducción de las tarifas aéreas". Su plan de diez años consiste en dar prioridad al alojamiento rural y al turismo de alto nivel, para tratar de detener la "invasión de asfalto" sobre la costa de Istria. A comienzos de la década de 1990 Montenegro se autoproclamó "Estado ecológico" en el preámbulo de su Constitución, pero esa declaración nunca tuvo la menor consecuencia concreta. Durante el verano de 2003 el país conoció su peor crisis en relación con el problema de los residuos. El gobierno destinó un crédito de 1,3 millones de dólares del Banco Mundial para acondicionar el basural de Lovanja, situado a unas centenas de metros de las pistas del aeropuerto, en Boca de Kotor (el fiordo más meridional de Europa, prestigioso sitio natural protegido por la UNESCO). El basural era utilizado por las comunas de Tivat, Kotor y Budva. Ya reacondicionado, el basural debería tener una vida útil de tres años, a la espera de encontrar un sitio más adecuado. Sin embargo, la población teme -no sin motivos- que la solución provisoria se prolongue. El enojo de los vecinos de Boca de Kotor estalló en julio de 2003, cuando bloquearon el acceso al basural durante varios días. El secretario del obispo católico de Kotor, Don Branko Sbutega, encabeza el movimiento de desobediencia. Este sacerdote jesuita no encuentra palabras suficientemente duras para calificar la forma en que se maneja el problema. "Había un lugar mucho más apto en Budva, pero era un bastión pro-serbio, cuyos habitantes se armaron de fusiles en cuanto se difundió el proyecto. El gobierno prefirió instalar el basural en Tivat, donde está la principal comunidad católica croata de Montenegro. La mayoría de los terrenos pertenecen a propietarios privados, que se ven así despojados por el gobierno. Resulta aberrante que el Banco Mundial avale esa injusticia y tal monstruosidad ambiental. Este caso revela la increíble mediocridad de los dirigentes montenegrinos. Los comunistas de los buenos tiempos al menos hubieran mostrado un poco más de dignidad", concluye el jesuita. Desde Albania hasta Eslovenia, la línea costera está constituida por un estrecho paso al pie de montañas en general infranqueables. Así es que Montenegro se formó dando la espalda al mar. Entre la gente de la costa y la de la montaña la incomprensión suele ser la regla. Más aun teniendo en cuenta que los grandes cambios políticos del siglo XX produjeron a menudo importantes alteraciones demográficas. En Boca de Kotor, los descendientes de las antiguas comunidades locales resultan ahora minoritarios respecto de los recién llegados, provenientes de otras regiones. La diócesis católica de Kotor cuenta con apenas 9.000 fieles, mientras que la ciudad de Herceg Novi, en la entrada de Boca, alberga numerosos refugiados serbios de Croacia y de Bosnia-Herzegovina. Los "viejos" habitantes de Boca de Kotor conservan aún la nostalgia de una civilización basada en el mar, vinculada con el recuerdo de la larga dominación veneciana. Esto se ve muy bien en el pequeño museo marítimo de Perast, un pueblo de capitanes de flota de la Serenísima. Allí, un documento recuerda que el capitán Jozo Viskovic arrió la bandera con el león de San Marcos recién el 23 de agosto de 1797, mientras que la República de Venecia ya había dejado de existir el 12 de mayo del mismo año. La Facultad Marítima de Kotor es heredera de esa larga tradición. Desde el siglo XVI existieron en esta región pequeñas escuelas de navegación. A fines del siglo XVII una de las más célebres era la del capitán Marko Martinovic, a la que el zar Pedro el Grande enviaba a los cadetes de la flota rusa para perfeccionarse. Actualmente, cerca de 400 alumnos siguen los cursos de navegación o de mecánica naval. "Somos un pueblo de marinos sin barcos", explica el profesor Milorad Raskovic, titular de la cátedra de navegación, ex capitán y autor de un tratado que los estudiantes leen con entusiasmo. La facultad ya no tiene un barco-escuela y los alumnos aprenden a navegar en simuladores, lo que no le impide a la institución gozar de una buena reputación. Durante años, la suerte de Kotor dependía de la de Jugooceanija, una de las principales compañías navieras yugoslavas, que no pudo sobrevivir a las sanciones internacionales de la década de 1990. Bloqueados en los puertos, sus 24 barcos fueron malvendidos para pagar deudas. La compañía, declarada en quiebra en 2003, debe aún meses y hasta años de salarios a sus ex empleados, que en mayo de 2003 realizaron una huelga de hambre 7. "Nuestros cadetes consiguen trabajo, pero a condición de aceptar salarios injustos, a menudo entre 400 y 500 euros para un oficial que comienza su carrera, lo que está por debajo de las normas fijadas por las organizaciones sindicales internacionales. Así funciona actualmente la marina mercante: una bandera de conveniencia, un armador griego, marineros chinos o filipinos y a veces oficiales montenegrinos", explica el capitán Raskovic. En el norte de Albania, el puerto de Shengjin también está sumido en la más completa desolación: entre viejos pesqueros oxidados, obreros portuarios cargan sin prisa un barco antiguo destinado al cabotaje. En este ex puerto sardinero, la pesca es actualmente sólo un recuerdo. Sin embargo, naves griegas e italianas vienen regularmente a explotar las reservas ictícolas del país. Una firma italiana adquirió incluso una conservería. Cuando llega una carga, los salarios diarios equivalen a tres o cuatro euros y el pescado parte inmediatamente rumbo a Italia. ¿Las poblaciones del litoral pueden seguir viviendo del mar? Las costas orientales del Adriático siguen siendo muy ricas en peces, a pesar de los estragos de la "sobrepesca" y de la ausencia de un manejo coordinado de los recursos. Ecosistemas frágilesUn antiguo conflicto enfrentó durante mucho tiempo a Croacia y Eslovenia en el golfo de Piran 8, pues los 37 kilómetros de costa que posee Eslovenia se hallan totalmente enclavados dentro del golfo de Trieste. Tan es así que de aplicarse el derecho marítimo el límite de las aguas croatas llegaría a dos millas de los puertos de Trieste (Italia) y de Koper, la antigua Capo d'Istria (Eslovenia). Finalmente, en 2001 se llegó a un acuerdo: se prevé un corredor esloveno que permita el acceso a Koper. Tanto de un lado como de otro, la cuestión parece más simbólica que concreta. Pero ese acuerdo fue cuestionado por Croacia, que desde el 3-10-03 creó una zona de protección ecológica y de pesca en el Adriático. Así extendió su jurisdicción en alta mar más allá de sus aguas territoriales, tal como lo permite el derecho marítimo. Según las autoridades croatas, se trata de asegurar una mejor protección de los medios marinos y una gestión más rigurosa de los recursos ictícolas. Pero esa decisión se explica antes que nada por la posible construcción del oleoducto Druzba-Adria, que transportaría el petróleo ruso desde Samara hasta la terminal de Omislj, en la isla croata de Krk. Para controlar a los súper-petroleros que partirían cargados de hidrocarburos hacia el resto del Mediterráneo y evitar una catástrofe ecológica, Zagreb estima indispensable asegurarse la jurisdicción marítima. Irritado por esos proyectos, el gobierno de Liubliana preconiza la reanudación del diálogo regional, pero sin renunciar a un arbitraje final de Bruselas. Las costas del Adriático tienen otras bombas de tiempo ecológicas, como por ejemplo Porto Romano, junto a Durres, en Albania. Allí, una vieja fábrica de pesticidas y otros productos químicos fue abandonada en 1990 y destruida durante los motines de 1997. El lugar, que encierra graves riesgos de contaminación, fue invadido por miles de ocupantes ilegales. El Programa de la ONU para el medio ambiente (UNEP) y el Banco Mundial tratan de reubicar a esas personas, pero la pequeña comunidad no acepta partir sin sólidas garantías de contar con un nuevo domicilio. En lo que hace a los daños al medio ambiente, la relación entre las dos orillas del Adriático sigue siendo muy desigual. Las grandes ciudades italianas de la llanura del Po son aún las principales fuentes de contaminación 9, a pesar de que las normas para el tratamiento de aguas servidas son más estrictas que en Albania y en Croacia. Su carácter de mar semi-cerrado y su poca profundidad, sobre todo en la parte septentrional, exponen al Adriático a fenómenos como la eutroficación 10. El mecanismo general de las corrientes marinas lleva esa contaminación del norte hacia el sur, a lo largo de la costa occidental. La orilla italiana es la que corre mayor peligro. Los proyectos de terminales petroleras implican grandes riesgos, fundamentalmente a causa de la descarga del agua de lastre de los navíos, lo que genera el desarrollo de especies exógenas que amenazan el equilibrio de los hábitat mediterráneos. El verdadero florecimiento que se confirma en Istria contrasta con la desilusión que domina en Boca de Kotor. "Boca agoniza desde la caída de Venecia", afirma Don Branko Sbutega, descendiente de una vieja familia de aduaneros venecianos instalados en la región desde el siglo XVI. Y agrega: "La gente de Boca de Kotor nunca fue dueña de su destino. Pero ahora es su supervivencia misma la que está amenazada". Las mutaciones sociológicas y demográficas, junto a las consecuencias de las guerras, modificaron profundamente las estructuras de la población en la estrecha franja litoral de la costa adriática oriental. Paralelamente, el turismo masivo y la contaminación ambiental implican nuevos riesgos para esos frágiles ecosistemas. El Adriático siempre fue frontera y vía de comunicación. La guerra de corsarios enfrentó durante siglos a las marinas turca y veneciana, y también a los uscoques, piratas cristianos de Dalmacia, y los piratas otomanos de Ulcinj, Montenegro 11. A fines del siglo XV miles de albaneses escaparon de la conquista turca hacia Italia, formando en Calabria, Basilicata y Sicilia comunidades que mantuvieron la lengua original 12. Esos arberesh siguen considerándose un nexo entre las dos costas. Luego del derrumbe del régimen comunista, muchos albaneses fueron a instalarse en los pueblos arberesh, que en general los integraron fácilmente, y que durante la crisis de Kosovo se movilizaron para ayudar a los refugiados. "¡Quién sabe cuántos albaneses quedaron para siempre en el mar en los últimos cinco siglos!", exclama el profesor Donato Mazzeo, pilar del renacimiento cultural arberesh. Para desarrollar una política coherente y eficaz de protección de los medios naturales y de prevención de los riesgos ambientales, y para preservar la frágil identidad de las sociedades costeras, es necesario que el Adriático deje de ser una frontera y se convierta plenamente en un mar interno europeo. El ingreso de Eslovenia a la Unión Europea el pasado 1 de mayo, y el de Croacia, en fecha aún indeterminada, contribuirán a ello. A menos que se siga condenando al Adriático a ser la frontera de la Europa de los ricos.
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