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Redefiniciones en Corea del Sur

En medio del enfrentamiento entre Corea del Norte y Estados Unidos, el nuevo presidente de Corea del Sur, Roh Moo Hyun, parece dispuesto a instaurar importantes cambios -internos y externos- en la política de su país. Busca aquirir autonomía internacional, avanzar en el diálogo con Corea del Norte y controlar a los grandes conglomerados locales.

Las tensiones entre Corea del Norte y Estados Unidos se agravaron en octubre de 2002, cuando Washington decidió poner fin al envío de petróleo negociado por el ex presidente William Clinton a cambio del congelamiento del programa nuclear norcoreano. Al reanudar ese programa, reactivar sus instalaciones y retirarse del Tratado de no proliferación nuclear (el 10-1-03), Corea del Norte, incluida por George W. Bush en la lista de países que componen el "eje del mal", y por ende víctima potencial de un "ataque preventivo", tomó la delantera. Luego de un primer abordaje belicoso, la administración Bush anunció el 13 de enero de 2003 su disposición a "conversar" con Pyongyang, pero únicamente sobre el desmantelamiento del programa de armas nucleares. A principios de febrero, Estados Unidos anunció el envío de 24 bombarderos B-52 y B-1 a la isla Guam, en el Pacífico, para intervenir en la península coreana en caso de ser necesario. Pero, el 25 de febrero, el secretario de Estado Colin Powell anunció el envío de 100.000 toneladas de alimentos a la población norcoreana antes de fin de año.

En este contexto, Corea del Sur, con 37.000 militares estadounidenses estacionados en su territorio, se encuentra en primera línea. Por otra parte, a pocas horas de la entrada en funciones de su nuevo presidente Roh Moo Hyun, Corea del Norte lanzó un misil al Mar de Japón (el 9-3-03, realizó un segundo lanzamiento), provocando una alerta militar en Seúl. En este país, la sorpresiva victoria de Roh Moo Hyun en las elecciones presidenciales del 19 de diciembre de 2002 marca un cambio de rumbo. Esta victoria, reflejo de un importante cambio sociológico, va a modificar el comportamiento del país, tanto a nivel interno como externo. Mientras el proceso de democratización parecía atascado, los resultados electorales, por el contrario, subrayan que la democracia surcoreana está en marcha y que el país adquiere autonomía internacional, sobre todo respecto a Estados Unidos. Roh, quien desea introducir modificaciones en el acuerdo que regula la presencia de las tropas estadounidenses en el territorio nacional, es también partidario del diálogo con Corea del Norte.

Contrariamente a sus predecesores, el nuevo presidente Roh Moo Hyun no pertenece a las elites tradicionales. No tiene vinculación con los grupos de interés instituidos que dominaron la política surcoreana durante décadas y están sólidamente imbricados con el establishment securitario estadounidense. Como lo indican sus primeras declaraciones, este hombre independiente puede decir "no" a las fuerzas -tanto internas como externas- que controlan a Corea del Sur desde 1945.

Este importante cambio explica el nerviosismo de los actores dominantes. La administración de George W. Bush se enfrenta sorpresivamente a un equipo que no acepta su leadership de manera automática. Las relaciones bilaterales son frágiles, mientras en Corea del Sur florece un sentimiento anti-estadounidense debido a la abrumadora presencia de las fuerzas armadas estadounidenses en el corazón de la capital -Seúl- y a la política incoherente de Washington respecto a Corea del Norte.

A nivel interno, los dos partidos políticos hegemónicos, el Gran Partido Nacional (conservador) y el Partido Democrático del Milenio actualmente en el poder, del que Roh es miembro (aunque no uno de sus caudillos) también se vieron "sacudidos" por este imprevisto resultado electoral. Ambos intentan deducir sus consecuencias, al igual que los Chaebols (los conglomerados económicos), que temen que el nuevo presidente reduzca su poder. En cuanto a los medios de comunicación conservadores, ya están afilando sus armas.

¿Cómo triunfó Roh sin un verdadero apoyo institucional? Principalmente, su victoria es el resultado de ciertas transformaciones sociales: la democratización, el cambio generacional, y la afirmación de aspiraciones y reivindicaciones nuevas. Los que hoy en día tienen treinta años, y antes habían boicoteado sistemáticamente la política y las elecciones (8 escrutinios en 10 años), participaron esta vez masivamente a través de foros en internet y organizaciones informales. Además, su movilización colectiva en las manifestaciones masivas de los últimos meses contra la presencia militar estadounidense, y también, en otro nivel, sus manifestaciones durante el campeonato mundial de fútbol de Seúl, en 2002, les dieron confianza en su capacidad para cambiar la política utilizando los medios nómades de las tecnologías de la información.

Esta generación, que creció en el período posterior a la Guerra Fría, cuando el país se convertía en una potencia high tech moderna y democrática, imagina su futuro de un modo distinto a como lo hacían las generaciones precedentes. Se ha liberado de la mentalidad derrotista denominada "Hahn Psyche", quiere hacer del suyo un país respetable y respetado.

Esto tiene importantes implicaciones para la relación entre Corea del Sur y Estados Unidos. En el pasado, la primera se plegaba a la política de seguridad regional definida unilateralmente por Washington. En adelante, ya no será así. Como afirmó Roh en reiteradas oportunidades, "Estados Unidos debe tener en cuenta a Corea del Sur cuando formula políticas que conciernen a Corea del Norte, puesto que el Sur sería la primera víctima de un conflicto entre Estados Unidos y Pyongyang". De hecho, gran número de surcoreanos ya no confía en Estados Unidos en tanto garante de la paz en la península, como lo demuestran las manifestaciones masivas de los últimos meses. Lo que sucede con Irak les preocupa y se preguntan qué les reserva la política estadounidense. La posición independiente adoptada por Roh respecto de Washington no sólo favoreció su elección, sino que cosecha un creciente apoyo en todo el país. En suma, la población estimó que su política contribuiría a promover la paz en el Noreste Asiático y favorecería la reconciliación entre el Norte y el Sur.

Asimismo, Corea del Sur solicitó el 25 de enero a la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) la suspensión de una reunión urgente prevista por ésta para el 3 de febrero para analizar la situación en Corea del Norte. Como el objetivo de esta reunión era remitir un informe al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que podía desembocar en sanciones a Pyongyang, Seúl pidió un plazo más largo a fin de llegar a una solución diplomática. Finalmente, la reunión tuvo lugar el 12 de febrero. La AIEA acusó a Corea del Norte de violar sus compromisos de no proliferación nuclear y sometió el caso al Consejo de Seguridad de la ONU.

Sin embargo, por decisivos que sean, los temas de seguridad regional y la reunificación no son los únicos desafíos que Corea del Sur debe afrontar. La crisis financiera de 1997-1998 trastocó el panorama económico y social, y uno de los temas clave sigue siendo el porvenir de los Chaebols. ¿Hay que desmantelar esos conglomerados para profundizar la democratización? ¿Hay que protegerlos, por el contrario, en nombre del interés económico nacional? Dentro de ese debate crucial para el porvenir económico del país, el nuevo presidente parece haberse definido a favor del desmantelamiento, aunque éste suponga controlar importantes grupos industriales y financieros por parte de inversores internacionales.

Paradójicamente, mientras intenta liberarse de Estados Unidos en lo que respecta a la seguridad, su política económica, si se pone en práctica, se traducirá en una mayor dependencia de Wall Street. No es mero azar que, tres días antes de las elecciones, haya recibido el apoyo de Bloomberg, la agencia de información financiera de Wall Street.

La presión económica externa constituye igualmente un problema real. Después de la crisis de 1997-1998, el Fondo Monetario Internacional incitó a Seúl a abrir sus mercados. Esto condujo a un aumento masivo de la participación extranjera en el sistema económico surcoreano, en particular en el sector bancario. Los inversores extranjeros ocupan desde entonces posiciones hegemónicas en seis de los nueve bancos comerciales (con una participación que va del 40 al 70%). Evidentemente, en un sistema mundial interdependiente, Corea del Sur, que depende significativamente de los mercados exteriores, no puede cerrarse al mundo. Pero las tomas de control extranjeras están modificando el sistema económico nacional.

Las exigencias de rentabilidad a corto plazo de esos inversores extranjeros inciden en el sistema social tradicional a causa de su fuerte impacto negativo sobre el empleo. Constituyen una amenaza, en particular, para el empleo de por vida, rasgo fundamental del sistema social coreano. Actualmente, el 60% de los asalariados ocupan empleos precarios, la disparidad en los ingresos aumenta rápidamente y se pone de manifiesto la escasez de empleos calificados para los jóvenes que entran al mercado laboral. Son los resultados "naturales" y deletéreos de las reformas económicas neoliberales aplicadas a partir de 1998. No obstante, al igual que su predecesor, el presidente Kim Dae Jung, Roh piensa que la democratización va de la mano con la continuidad de esta política.

Corea del Sur debió su éxito económico a una política industrial intervencionista donde el Estado desempeñaba el papel de director de orquesta y favorecía selectivamente a determinados sectores. En realidad, durante los años de fuerte crecimiento, el país nunca puso en práctica las políticas liberales del Consenso de Washington. Por el contrario, protegió sus mercados y subvencionó las industrias estratégicas favoreciendo a las compañías locales. En cierto sentido, el Estado era el Presidente del directorio de Corea Inc. Determinaba la asignación de los recursos bancarios al sector privado. Hoy en día, cede su lugar a los mercados internacionales. Esto debilita la posición del capitalismo familiar y patriarcal tradicional y podría comprometer la capacidad del país para manejar su destino económico.

Mientras se encaminan dificultosamente hacia una reunificación a largo plazo y el país se deshace de los paradigmas de la Guerra Fría, los coreanos se ven confrontados a la necesidad de redefinir su relación con Estados Unidos y reinventar un modelo económico y social nacional para hacerlo compatible con una democracia joven y vibrante.

Autor/es Chan Keun Lee
Publicado en Artículos especiales para eldiplo.org
Número de ediciónNúmero 45 - Marzo 2003
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Geopolítica, Políticas Locales
Países Argentina, Corea del Norte