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¿Enterrarán los argentinos al menemismo?

Ante la segunda vuelta electoral, que enfrentará a los candidatos peronistas Carlos Menem y Néstor Kirchner, todos los electores no peronistas -más del 50% del electorado- se preguntan si esta elección les concierne y vacilan entre votar positivamente, en blanco o abstenerse. Un repaso a la historia reciente puede ayudarles a decidirse.

Una duda terrible asalta a millones de argentinos: qué hacer el próximo domingo 18 de mayo, día en que en la segunda vuelta electoral de unas elecciones presidenciales anticipadas (a causa de la renuncia del ex presidente Fernando de la Rúa, el 20 de diciembre de 2001), se enfrentan dos candidatos procedentes del Partido Justicialista (PJ, peronista), Carlos Menem y Néstor Kirchner. La caótica situación política e institucional argentina ha hecho que, en efecto, el PJ no haya logrado realizar elecciones internas en forma normal y en definitiva se hayan presentado nada menos que tres candidatos de esa sigla en la primera vuelta (el tercero fue Adolfo Rodríguez Sáa); que entre todos hayan obtenido casi el 60% de los votos y que dos de ellos deban dirimir la presidencia.

Un cálculo aproximado, basado en los datos históricos y en los de las encuestas previas al primer comicio, permite estimar los votos "propios" del peronismo en algo menos del 50%, ya que muchos votantes del centro y de la izquierda, desencantados de la pobre oferta de los candidatos de ese sector, optaron por votar "útil" y depositaron la papeleta con el nombre de Néstor Kichner; es decir que votaron contra Carlos Menem ya desde el primer turno. Los votantes del centro hacia la derecha, en cambio, pudieron optar entre Menem y el liberal Ricardo López Murphy, quien realizó una campaña fulgurante y finalizó tercero.

Ahora, aclarado el panorama y con las encuestas que en forma unánime vaticinan que Kirchner se impondrá holgadamente en la vuelta decisiva, muchos votantes del centro y de la izquierda vacilan entre votar "contra Menem", hacerlo en blanco para no avalar otra administración peronista o sencillamente abstenerse. No faltan razones para la duda, porque aunque Kichner plantea un programa muy distinto al de Menem (Mercosur en lugar de ALCA, recuperación de la industria nacional y del mercado interno, etc., en oposición al neoliberalismo menemista) y ha obtenido apoyos extrapartidarios, su alianza con el actual Presidente interino y ex Vicepresidente de Menem, Eduardo Duhalde, les hace sospechar que, como se dice en Argentina, "se trata del mismo perro con otro collar".

Hay sin embargo entre esos votantes otra posición, que se expresa de la siguiente manera: el margen de maniobra de Kirchner para traicionar sus propuestas será muy estrecho, porque la situación económica y social es grave, la sociedad está muy movilizada y vigilante y tiene, tanto a la izquierda como a la derecha, opositores que en las próximas elecciones legislativas -previstas para el mes de diciembre de este año- podrían beneficiarse de sus vacilaciones o mala política. En definitiva, que si no hace bien las cosas y no cumple mínimamente con sus promesas, podría ocurrirle lo que a De la Rúa. A Menem, en cambio, lo conocen muy bien; representa todo lo que hay de deshonesto, frívolo, vulgar, cínico e implacable en la sociedad. Un nuevo gobierno suyo acabaría con lo poco que queda de lo que alguna vez fue la República Argentina. No sólo debe perder; debe perder por mucho; debe ser aplastado; la sociedad debe expresarle claramente que rechaza todo lo que el menemismo expresa, que quiere dejar atrás ese periodo nefasto de la historia. Ya se verá qué pasa con Kirchner y sus promesas.

El texto que se reproduce a continuación puede ayudar a resolver el dilema. Se trata de la versión en castellano de una conferencia pronunciada por el autor en la Maison d´Amérique Latine de París el 5 de diciembre de 2001 -apenas 15 días antes del estallido social que forzó la renuncia de De la Rúa- en el marco de unas jornadas sobre Argentina organizadas por el Centre National de la Récherche Scientifique.

Desde entonces muchas cosas han cambiado, por supuesto, y muchas para peor, como el desempleo y la pobreza, pero es bueno asomarse a lo que ha devenido la República Argentina desde la dictadura militar de 1976 y, sobre todo, durante la década en la que reinó el menemismo. Es que, como dijo alguna vez el inolvidable uruguayo Carlos Quijano, "los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla".

La debacle de Argentina (Maison de l´Amérique Latine, París, 5-12-01)

Refiriéndose a la República Argentina, Georges Clemenceau afirmó a principios del siglo XX:"Un pueblo capaz de poner en línea desarrollos de pensamiento y de carácter como aquellos cuya manifestación me ha llamado a veces la atención durante mi viaje, puede abordar con plena esperanza los problemas del porvenir"1. Casi un siglo después, nada en las instituciones ni en la política, casi nada en la sociedad, autoriza aquel optimismo.

Hace cien años, Clemenceau pudo asistir en la ciudad de Rosario a la construcción de unas instalaciones portuarias "magníficas, con una capacidad prevista para los próximos treinta años". Recientemente, a raíz de una sucesión de accidentes aéreos graves, la Asociación de Pilotos Profesionales denunció que los aeropuertos argentinos son extremadamente riesgosos ya que no hay radares modernos, los aviones vuelan excedidos de peso, la información meteorológica es errónea y las privatizaciones apresuradas, y la desregulacion ha convertido al sistema aéreo -hasta hace poco uno de los mas seguros y eficientes- en una grave amenaza2. Entretanto, sigue inactiva la pista de aterrizaje para aviones de gran porte, dotada de todos los adelantos tecnológicos, que el ex presidente Carlos Menem hizo construir cerca de su casa de campo en Anillaco, un pueblecito de 1.200 habitantes en la lejana provincia de La Rioja.

Ante el lógico esc*ndalo que provocó esta insensatez, el ex Presidente no dió explicaciones satisfactorias sobre los recursos con que se financió la obra, aunque sí justificó el millonario gasto: la pista se utilizar*… para exportar aceitunas.

En algún momento entre aquellas optimistas previsiones de futuro de Clemenceau y este presente de republiqueta bananera, el poeta César Fernandez Moreno, fallecido en París hace unos años, resumió las décadas de golpes de Estado, frustraciones y decadencia nacionales con un aforismo cruel: "ser argentino es como tener una madre idiota". Ahora han pasado dieciocho años desde que acabó la última dictadura militar, pero ni la sociedad, ni sus instituciones, ni la clase política parecen próximas a sacudirse su herencia.

Sin embargo, el país tiene posibilidades. En 1984, en el pico de la crisis mundial de la deuda provocada por la cesación de pagos mexicana, la revista de negocios estadounidense Bussines Week dedicó su portada a Raúl Alfonsín, preguntándose si ese flamante Presidente democrático pagaría la deuda externa. Con cierta angustia, la revista aseguraba que ese país enorme, excedentario en alimentos y energía, con una población culta, integrada y sin problemas religiosos, raciales o lingüísticos, un inmenso territorio aún por ocupar y explotar, una industria ligera desarrollada y otra pesada de apreciable desarrollo -incluyendo el nuclear- provisto de un sistema educativo público y científicos y técnicos de alto nivel, "podría poner una alambrada alrededor de sí mismo y mandarnos al infierno"3. A Business Week le faltaba agregar que esa -la de 1984- era la gran oportunidad argentina de sentar las bases de su soberanía real, porque la última dictadura y la derrota en la guerra de Malvinas habian dejado knock out a las fuerzas armadas y la oligarquía argentinas -los "socios" habituales de los centros hegemónicos de poder mundial- y la sociedad estaba en efervescencia, sedienta de democracia y proyectos de futuro.

Pero la preocupacion de Bussines Week resultó infundada. Los tres gobiernos democráticos que sucedieron a la dictadura (dos radicales y otro peronista; entre ambos el 90% del electorado), se esmeraron tanto por satisfacer al FMI y la banca internacional que obtuvieron crédito ilimitado: la deuda externa pasó de 43.500 millones de dólares al acabar la dictadura (era de 7.800 millones al producirse el golpe de Estado, en 1976) a 63.000 millones cuando asumió Carlos Menem en 1989, quien a su vez la dejó en el orden de los 130.000 millones al entregar el gobierno a finales de 2000. El actual presidente, Fernando de la Rúa, ya consiguió que superara los 150.000 millones y, como todos ustedes saben, Argentina se encuentra en bancarrota, en situación de default técnico, a pesar de los esfuerzos que realiza el actual equipo económico por maquillar la situación4.

Sin embargo, el Estado ingresó 39.600 millones de dólares por privatizaciones a partir de 1990 y la élite nacional tenía depositados 90.000 millones de dólares en el exterior a finales de 19995. Actualmente, cáculos extraoficiales estiman esta cifra superior a los 120.000 millones de dólares. Esta es la respuesta a la lógica pregunta: ¿dónde fue a parar todo ese dinero? Sencillamente fue expoliado al país por un grupo de especuladores, y ahora la sociedad entera debe afrontar las consecuencias.

A pesar de esos flujos de dinero, los gobiernos radical y peronista acentuaron el desmantelamiento de una estructura social que hasta los años sesenta se aproximaba al nivel de los países más desarrollados. El sistema educativo público, verdadero orgullo nacional y ejemplo americano hasta hace tres decadas, está en ruinas. En uno de los diez países más caros del mundo, un maestro con 20 años de servicio gana menos de 400 dólares6. La deserción escolar es del 30% en la escuela primaria, del 49% en la secundaria y del 51% en la superior y universitaria. Unos 50.000 científicos de primer nivel han abandonado el país en los últimos treinta años7. Los mecanismos de asistencia social están en quiebra: miles de jubilados, que cobran entre 150 y 250 dólares mensuales, protestan semanalmente ante el Congreso y la Casa de Gobierno, junto a las Madres de Plaza de Mayo. En 1995, el Poder Ejecutivo anuló (¡por decreto!) los procesos judiciales iniciados por los jubilados para que se actualicen sus haberes8. El nivel de desempleo llega al 16%; el subempleo, al 14%; uno de cada tres argentinos vive en la pobreza9. Dos de cada tres de las mas grandes empresas del país estan bajo control del capital extranjero…10.

Jóvenes sin futuro, personas mayores desamparadas, trabajadores empobrecidos, clase media en descomposición, marginalidad, inseguridad, corrupción, desnacionalización… ¿Dónde ha quedado el "granero del mundo", el país de futuro que vislumbró Clemenceau?

Entre la tragedia y el esperpento

La decadencia argentina no puede explicarse solamente por el fenómeno mundial de la globalización, las desregulaciones y los problemas sociales que traen aparejados. La reflexión de Bussines Week sobre las posibilidades del país sigue siendo pertinente. Pero en lugar de afirmarse en un proyecto de saneamiento institucional y desarrollo autónomos, la democracia se ha ido deslizando hacia un cuadro de situación más parecido al de Colombia o Paraguay que al de Chile -por citar dos ejemplos regionales- a pesar de que sus posibilidades y recursos son muy superiores.

La actividad política, social y económica transcurre entre la tragedia y el esperpento. Las instituciones, desde los tres poderes del Estado hasta los sindicatos, pasando por las fuerzas armadas, la policia y los partidos políticos, son motivo frecuente de escándalos de corrupción, clientelismo, procedimientos antidemocráticos y todo tipo de delitos de una envergadura y desfachatez tales que si no provocaran tan trágicos resultados bien podrían ser motivo de un culebrón televisivo o de una opereta italiana. Es imposible detallar todos los hechos, pero baste decir que unos 150 altos funcionarios, legisladores y jueces se encuentran procesados por diversos delitos; que en plena guerra entre Perú y Ecuador, siendo Argentina miembro del grupo mediador entre los dos países, oficiales del ejército vendieron clandestinamente armas (¡caducas!) a Ecuador, con el presunto conocimiento del entonces ministro de Defensa y miembros del gobierno; que al poco tiempo se produjo una terrible explosión en un polvorín del ejército ubicado en plena ciudad de Río Tercero, de donde habrían salido las armas hacia Ecuador (las victimas fueron todas civiles, ninguna militar; en julio pasado, un juez dictaminó que la explosión fue intencional).

Zulema Yoma, la ex esposa del presidente Menem, aparece regularmente en los medios reclamando que le restituyan los restos de su hijo Carlos Menem, muerto en un dudoso accidente de helicóptero hace cinco años. La señora alega que su hijo "investigaba el narcotráfico y el contrabando de armas" y que "fue asesinado por el poder", en alusión al entorno de su ex marido. En cualquier caso, once de las personas que debían declarar como testigos o estaban vinculadas a la causa judicial abierta por este suceso han muerto desde entonces en extraños accidentes o asesinadas.

"Suicidios", "accidentes", muerte "en enfrentamientos con la delicuencia" de militares y policias honestos y de testigos de éstos y otros numerosos hechos; amenazas graves a jueces y fiscales; banqueros "perseguidos" por la justicia que el periodismo detecta… en sus residencias de campo. La lista de actos delincuenciales protagonizados por la clase política, empresaria o sindical sería interminable. Los dos últimos sucesos notorios son la renuncia a su cargo del vicepresidente de la República, Carlos Álvarez, a cauda de un escándalo de coimas en el Senado de la Nación y el sobreseimiento del ex presidente Menem -que pasó medio año en prisión domiciliaria- por las acusaciones de contrabando de armas y asociación ilícita. El 76% de los argentinos sospecha que el fallo de la Corte Suprema fue el resultado un acuerdo político entre el gobierno y la oposición11.

Los cuerpos de seguridad públicos y privados (unos 200.000 hombres armados, excluyendo a las Fuerzas Armadas y los diversos servicios de inteligencia, a los que también les caben las generales de la ley), son focos de corrupción ligados al tráfico de drogas, el juego, el contrabando, la prostitución, robos, secuestros, atentados y crímenes12. Constituyen el soporte armado, la mano de obra sucia -o en todo caso el correlato- del entramado político, jurídico, empresario y financiero de la corrupción, hasta ahora funcional al neoliberalismo privatizador y desregulador, a las fabulosas ganancias de las grandes empresas y especuladores internacionales13. Poco importan para el diagnóstico -aunque sí para el futuro- las numerosas excepciones. Se trata de una tendencia, hasta ahora irreprimible, que incluye a la oposición14.

En cuanto a la justicia, se encuentra desarticulada, indefensa ante las distantas mafias y sin recursos. Esta es la causa de su inoperancia en el mejor de los casos. En el peor, que lamentablemente es el más probable, está profundamente afectada por la corrupción. Para citar sólo un ejemplo: en los últimos diez años, de 1.800 casos de corrupción de funcionarios tramitados por la justicia en la Capital Federal (que incluyen algunos muy sonados, por muchos millones de dólares), sólo se produjeron cuatro condenas leves a cuatro funcionarios de tercera categoría. Mientras tanto, los numerosos casos de ministros y altos funcionarios, como la ex secretaria de Medio Ambiente Maria Julia Alsogaray, se arrastran inexplicablemente desde hace años…15.

En este marco, si algo define hoy a la sociedad argentina, es un estado entre la desesperación, el estupor y la indiferencia.

Estallido de la política

Recientemente, un alto dirigente afirmó, refiriéndose a la clase política: "Somos una dirigencia de mierda, en la que me incluyo". Esta asombrosa declaración16 proviene de Eduardo Duhalde, el candidato más votado en las últimas elecciones legislativas argentinas, realizadas el 14 de octubre pasado. Intendente, diputado, vicepresidente de la República, gobernador de la provincia de Buenos Aires y ahora senador, Duhalde tiene suficientes antecedentes como para saber de qué habla, aunque su acto de contricción resulte sospechoso de oportunismo: casi uno de cada dos votantes expresó su rechazo al conjunto de la dirigencia política votando en blanco, impugnando el voto o, sencillamente, no concurriendo a las urnas, a pesar de la obligatoriedad del sufragio17. Las elecciones del 2003 están a 18 meses; una consulta anticipada no es en absoluto descartable y en esos votos ausentes estará la clave. Duhalde es el primer "arrepentido" de una dirigencia cuya única esperanza actual es alguna forma de perdón u olvido.

No obstante, conviene atribuir la expresión al resultado de un autoexamen descarnado para comprobar que en realidad expresa un dato objetivo: la dirigencia argentina ha estallado. En primer lugar hacia adentro, puesto que actualmente no existe un solo partido, o alianza de partidos, capaz de ofrecer a la ciudadanía no ya un programa, sino siquiera una imagen coherente o un líder con respaldo. El peronismo y el radicalismo están fracturados, del mismo modo que la alianza en el gobierno. Están fracturadas las relaciones entre el poder ejecutivo y el legislativo, entre el poder central y los gobernadores provinciales, entre políticos y sindicalistas, entre sindicalistas…

En segundo lugar, se ha producido el estallido hacia fuera: ya no hay diálogo ni confianza entre la dirigencia política tradicional y la sociedad. Si se suman los votos en blanco, los impugnados y las abstenciones a los que obtuvo lo que genéricamente se denomina la izquierda, alrededor del 50% del padrón electoral, unos 11 millones de personas, ejerció el llamado "voto bronca" contra el conjunto de la dirigencia que se ha alternado en el poder desde la recuperación de la democracia, en 1983.

Una encuesta posterior a las elecciones18 indica que aunque el 90% sigue confiando en la democracia, "siete de cada diez argentinos están insatisfechos con el funcionamiento de las instituciones (…) el 63% entiende que debe cambiarse el rumbo económico y el 85% reclama al Estado asumir un papel activo en la distribución equitativa de la riqueza". Es decir exactamente lo contrario de lo que la dirigencia repudiada ha hecho sistemáticamente cuando le tocó actuar, más allá de sus declaraciones electorales o desde la oposición.

El marasmo atónito en que se encuentra el país, la continuidad de un modelo que sin la menor duda conduce a término a un caos económico, político, social y probablemente institucional de proporciones sólo se explican por este doble estallido de la política. Que un mediocre economista y político como Domingo Cavallo continúe ensayando sin ton ni son "recetas" destinadas a prolongar la agonía del modelo y a proteger los intereses del grupo de rentistas y usureros que de él se beneficia, únicamente es posible por el descrédito y la debilidad política, conceptual, propositiva, de una dirigencia que desprovista por la crisis de sus recursos tradicionales -clientelismo, reparto, componenda, corrupción- sólo atina a desvariar y no tiene otro remedio que fracturarse. Piensen ustedes que al default técnico de la deuda y a la gravedad de la situación social debe agregarse que la economía argentina se encuentra en su cuarto año de recesión, el período más largo de su historia.

La grave crisis va dejando desnudos, uno a uno, a todos sus actores. La corrupción política, gremial, empresaria e institucional, el atraso conceptual, tecnológico y de gestión de la dirigencia corporativa, la ineficacia y mafistización de los organismos de seguridad, los "socios y amigos" internacionales…

Responsabilidad social

Puede decirse entonces que Argentina vive el final de una época. Pero todo final supone un principio y definir sus características es el desafío que enfrenta el conjunto de una sociedad que después de escuchar demasiado tiempo cantos de sirena, empieza a reformular la idea que tiene de sí misma. Después de todo, en democracia los dirigentes no levitan sobre el conjunto ni constituyen un fenómeno de la naturaleza; son la expresión de una cultura ciudadana.

La doble crisis, nacional e internacional, augura un largo período de dificultades, quizá mucho más graves que las soportadas hasta ahora, pero también constituye una oportunidad. Nunca se dirá lo suficiente que, por muchas razones, Argentina sigue siendo un país viable, dotado para darse a sí mismo un modelo político, económico y social a la vez autónomo e integrado al resto del mundo según sus intereses.

La situación exige un acuerdo nacional de emergencia en ese sentido, pero la crisis ha llegado a la dirigencia política, que se hunde con ella, y el recambio parece lejos. Este vacío, como he dicho, es hoy por hoy la única garantía de continuidad del modelo, que de continuar avanzando en tierra de nadie generará compromisos más graves aún (reestructuración de la deuda en condiciones leoninas; confiscación de la recaudación tributaria) y acabará alterando el tejido económico y social de modo irreparable.

La alternativa para la sociedad argentina es entonces recuperar las instituciones de la República y diseñar un proyecto económico abierto al mundo pero autocentrado y justo, o seguir resbalando por la pendiente de una institucionalidad de fachada y el desaliento de ciudadanos sometidos a la pobreza, ignorancia e inseguridad. La sociedad deberá salir de su marasmo actual y asumir sus responsabilidades. En 1978, en plena dictadura, una mayoría de argentinos se mostró triunfalista durante el mundial de futbol y aprobó la consigna militar "somos derechos y humanos"; en 1982 no vaciló en embanderarse otra vez con la dictadura detrás de la insensata invasión a las islas Malvinas; en 1990 asumió el disparatado y presuntuoso slogan de Carlos Menem: "pertenecemos al primer mundo"; en 1995 reeligió a una de las administraciones más corruptas y desvergonzadas de la historia del país.

Una sociedad tan sensible a los cantos de sirena tarde o temprano se estrella con la realidad y acaba por merecer lo que le ocurre. Después de todo, funcionarios y dirigentes políticos son sólo el reflejo de la sociedad que los sustenta. Serán incultos, ineptos y muchas veces venales, pero ante las elecciones saben interpretar a la mayoría. Por eso el debate actual no incluye temas como el funcionamiento del Congreso, el financiamiento de los partidos, la corrupción generalizada, la deuda, el dinero en el exterior, la soberanía, las verdaderas causas del desempleo…

Todas las sociedades suben y bajan, tienen raptos de nobleza y momentos de ignominia; todas deben luchar con sus propios demonios, como el organismo con las bacterias y el genio con la locura. Pero algunas aprenden; otras no, o tardan demasiado y las oportunidades se les hacen raras. Algunas saben encontrar, entre los escombros de sus desatinos y desgracias, la semilla aleteante de su identidad; medir el desastre con la vara de la propia necedad; recuperar los escritos de sabios desdeñados; humanizar a sus héroes; castigar con la justicia y perdonar con la razón; ponerse a trabajar con humildad, aceptando sacrificios, reparando injusticias y confiando en sus propias fuerzas. Otras no.

A pesar de algunos logros, el rumbo de la "transición democrática" se ha tornado errático, peligroso. Los próximos meses, en los que debe definirse la crisis económica y el rumbo definitivo del país, serán decisicos para la democracia argentina, antes de que la decadencia resulte irreversible por varias generaciones o suene nuevamente la hora de los depredadores del caos.

Ha llegado pues la hora de que los argentinos, como sugiriera Ortega y Gasset, dejen de creer que Dios está envuelto en su bandera, que la explicación la tienen los psicoanalistas o que la salvación depende de un hombre providencial, para dedicarse a las cosas.

  1. Georges Clemenceau, "La Argentina del Centenario", Universidad Nacional de Quilmes, Buenos Aires, 1999.
  2. Quintin, "Descontrol fatal", trespuntos, Nº 114, Buenos Aires, 8-9-99.
  3. Bussines Week, 14-2-84
  4. Ismael Bermudez, "Como pagar y no morir en el intento", Clarín, Buenos Aires, 4-7-99. Eric Toussaint, "Quebrar el círculo infernal de la deuda" y Jorge Beinstein "Tomar distancia de los centros de dominación", El Dipló, Nº 3, septiembre de 1999. Sobre el estado de la economía, J. Beinstein, "La coartada de la globalización", El Dipló, Nº 1, julio de 1999.
  5. Clarín, Buenos Aires, 25-4- y 4-7-99.
  6. Guillermo Jaim Etcheverry, La tragedia educativa, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 1999 y Juan Carlos Hidalgo y otros autores, La Universidad actual, Ediciones de la Cortada, Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, 1992.
  7. Maximiliano Seitz, "Enfrentar la fuga de cerebros", La Nación, Buenos Aires, 25-7-99. El 29 de julio de 1966, el general dictador Juan Carlos Ongania violó con sus tropas la autonomía universitaria, procediendo a la detención masiva de estudiantes y profesores. Miles de universitarios y científicos de alto nivel emigraron del país. Esa fecha, conocida como "la noche de los bastones largos", marca el inicio de la decadencia del sistema educativo y de la investigación científica en Argentina.
  8. Ricardo Gil Lavedra, "El ejecutivo no legisla", Clarín, Buenos Aires, 24-2-95.
  9. Ismael Bermudez y Olga Viglieca, "La estampida de la pobreza", Clarín, 13-6-99. En argentina hay 13 millones de pobres (sobre 36 millones de habitantes), de los cuales 3,5 millones viven en la indigencia absoluta. "Uno de cado dos niños come, se educa y se cura mal", según este informe. También Ismael Bermúdez, "El trabajo no ha terminado", Clarín, Buenos Aires, 27-9-99.
  10. Ismael Bermúdez, Sebastián Campanario, "El good bye a las empresas nacionales", Clarín, Buenos Aires, 12-9-99
  11. Clarín, Buenos Aires, 26-11-01.
  12. Carlos Dutil y Ricardo Ragendorfer, La bonaerense, historia criminal de la policía de Buenos Aires, Ed. Planeta, Buenos Aires, 1997. También "Maldita policía", por Carlos Dutil, Noticias, 14-8-96.
  13. Pablo Ferreira, "Superganancias de las empresas en la mira", Página/12, Buenos Aires, 12-8-99. En 1998, 264 empresas obtuvieron utilidades que duplican en promedio el 10% considerado como razonable en los países desarrollados.
  14. En las provincias y ciudades donde gobierna el radicalismo, incluso en la Capital Federal, se han detectado numerosos casos de corrupción. Carlos Gabetta "Descrédito y necesidad de la politica", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, julio de 1999.
  15. Gerardo Young, "La justicia no quiere o no puede y la corrupción queda sin condena", Clarín, Buenos Aires, 25-11-01.
  16. Francesc Relea, El País, Madrid, 21-10-01.
  17. "Calling for change-but in wich direction?", The Economist, Londres, 20-10-01.
  18. Radiografía del "voto bronca", Graciela Römer y Asociados, La Nación, Buenos Aires, 28-10-01.
Autor/es Carlos Gabetta
Publicado en Artículos especiales para eldiplo.org
Número de ediciónNúmero 47 - Mayo 2003
Temas Desarrollo, Neoliberalismo, Estado (Política), Movimientos Sociales
Países Argentina