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Cambiar en democracia

¿Quién se impondrá en esta gran batalla mundial? Más de doscientos años de luchas obreras, civiles, femeninas, nacionales, están en juego. De un lado, las fuerzas de la reacción, capitaneadas por la actual administración estadounidense, decididas a retrotraer las relaciones mundiales y sociales a mediados del siglo XVIII, cuando el mandato divino autorizaba a una casta la posesión de medio mundo, el vasallaje, la esclavitud, la cárcel por deudas y el derecho de pernada; cuando la Inquisición aún campeaba en algunos países. Del otro, los Estados-nación y las sociedades civiles, que luchan por mantener y profundizar las conquistas democráticas, económicas y sociales logradas desde las revoluciones estadounidense y francesa y por sentar las bases de una sociedad planetaria basada en la multiplicidad cultural y en los derechos civiles antes que en los empresarios.

Echemos una ojeada al mundo. En Estados Unidos, “los locos están a cargo del asilo”, según escribe el habitualmente circunspecto diario de negocios británico Financial Times, citado por el economista estadounidense Paul Krugman1. Esta desusada afirmación se basa en una fundamentada alarma sobre lo que está ocurriendo en la primera potencia mundial. La sospecha de Krugman y del diario inglés es que George W. Bush y su equipo están generando una grave crisis fiscal –quizá económica y financiera– a mediano plazo, al cabo de la cual no quedaría otro remedio… que hacer drásticos recortes en los gastos sociales.

Antes de preguntarnos si eso suena a algo por estos pagos, sigamos recorriendo el panorama. Ahora mismo, mientras esto se escribe, Francia está paralizada por una ola de huelgas en protesta por el plan recortes sociales que el gobierno presentó ante el Parlamento y en Alemania el canciller Schroeder amenaza con renunciar si el Bundestag y su propio partido socialdemócrata no aceptan un plan similar al del gobierno francés. En el resto de los países europeos y en Japón la situación es más o menos similar y los conflictos sociales están en obra o latentes.

La recesión mundial amenaza –para algunos analistas ya es un hecho– y del mismo modo que en otros períodos de la historia que han precedido a gravísimas crisis, el reflejo político consiste en defender a toda costa la ganancia empresaria antes que apuntar a la causa principal: la especulación y la concentración de riqueza en sectores cada vez más reducidos, al mismo tiempo que el desarrollo tecnológico y científico propicia aumentos continuos de producción y productividad. En otras palabras: aumento exponencial de la oferta de bienes y reducción de ingresos de grandes masas de población. La mesa servida de una crisis mundial de demanda, o de sobreproducción, según se mire, que ya ha generado una guerra comercial entre las principales potencias2 y augura guerras de otro tipo o, al menos, un largo período de tensiones.

En Estados Unidos el ahorro doméstico es igual a cero, mientras crecen el desempleo y los déficits comercial y fiscal. Ya es casi imposible bajar los tipos de interés para estimular la demanda, con lo que el peor de los panoramas, la deflación, inquieta a numerosos analistas3. Japón lleva más de una década en recesión. En cuanto a Europa, todo parece indicar que está a las puertas o ya en eso4.

Las opiniones difieren sobre la continuidad de este fenómeno. Los optimistas aseguran que a finales de año se verán los beneficios de la “normalización” de Irak (ver dossier págs. 16 a 25), bajará el precio del petróleo y la economía mundial volverá a crecer. Pero entonces, ¿por qué la primera potencia pone por las nubes su presupuesto militar y se dispone a intervenir por la fuerza en todo el planeta? ¿Por qué en Estados Unidos y en todo el mundo se acentúan los recortes a las libertades civiles5 y tanto el derechista Jacques Chirac como el socialdemócrata Gerard Schroeder arriesgan su mandato provocando graves conflictos sociales?

Vivir con lo nuestro

Conviene que los flamantes gobiernos con fuerte mandato popular de cambio, como el de Néstor Kirchner en Argentina, reflexionen sobre el porvenir inmediato en este contexto mundial. Y también sobre las enseñanzas e interrogantes que arroja la historia reciente de América Latina. Tanto Kirchner como el brasileño Lula, el venezolano Chávez y el ecuatoriano Gutiérrez (pronto, según todas las encuestas, el Frente Amplio en Uruguay) representan la voluntad reivindicativa, concretada en las urnas, de sociedades duramente golpeadas por dos décadas o más de neoliberalismo. En el caso del argentino, asumió su mandato exactamente treinta años después de que otro presidente, Héctor Cámpora, inaugurara una esperanza que sólo duró 45 días y pocos meses antes del trigésimo aniversario del derrocamiento de Salvador Allende, otra de las grandes expectativas frustradas de la época.

¿Es posible cambiar en democracia? El único gobierno latinoamericano que ha conseguido realizar cambios importantes y sostenidos para la soberanía de su país y el conjunto de la sociedad, el de Fidel Castro en Cuba, no es una democracia representativa. Ahora que en todo el mundo arrecian las denuncias contra el gobierno cubano (ver pág. 12), conviene recordar la suerte de aquellos que, como el de Allende o el de los sandinistas en Nicaragua, pagaron con la desestabilización, el sabotaje, la crisis económica y la muerte el prurito de mantener formas democráticas que las potencias sólo respetan –hasta cierto punto– de puertas hacia adentro.

También conviene analizar la suerte de aquellos gobiernos latinoamericanos con mandato democrático que no han intentado cambios y se han sometido a la voluntad de los organismos financieros internacionales y sus mandantes: Fujimori (y ahora mismo Alejandro Toledo, obligado a declarar el estado de emergencia ante las protestas sociales) en Perú; Sánchez de Lozada en Bolivia6, González Macchi en Paraguay (ver pág. 14), Menem en Argentina, obligado a retirarse de las elecciones ante el repudio del 70% de la sociedad…

Los gobiernos democráticos latinoamericanos están pues obligados al cambio y al mismo tiempo a tener en cuenta estos factores. Tienen en su contra la crisis mundial y sus efectos políticos. A su favor que, a diferencia de los años ’70, la región no está a punto de entrar, sino saliendo de un período regresivo. Cuando Cámpora asumió, Paraguay y Brasil llevaban años en dictadura, Uruguay acababa de caer y Chile estaba a las puertas. Venezuela era una democracia de fachada, enfeudada a Estados Unidos. América Central era un caos y las oligarquías y ejércitos de casi toda la región habían asumido la Doctrina de la Seguridad Nacional.

Ahora las sociedades e importantes sectores de las burguesías locales parecen haber comprendido que, como dijo alguna vez Simón Bolívar, deben exigir de las grandes potencias que “les dejen vivir su propio medioevo”, lo que en nuestros días debe interpretarse como acabar la tarea comenzada en las guerras de independencia, para ingresar de una buena vez en la modernidad. Ya no hay dictaduras, pero sí democracias débiles y en peligro, porque si continúan en la senda neoliberal se sumergirán en el caos y si intentan el cambio corren el riesgo de ser desestabilizadas por una alianza entre las potencias mundiales, con Estados Unidos a la cabeza, y los sectores nacionales desplazados. En Argentina, el 24% de los votos que obtuvo Menem en la primera vuelta serán una minoría aplastante (de allí su retirada), pero representan a 4.600.000 ciudadanos, entre ellos los dueños de muchas de las más importantes empresas, bancos y medios de comunicación7.

Es por la estrechísima luz que deja esa tenaza que están obligados a orientarse y avanzar los gobiernos democráticos de la región. La presencia de Lula, Chávez, Castro y la mayoría de los presidentes latinoamericanos en la asunción de Kirchner expresa, más allá de las formas protocolares y el camino que cada uno de ellos ha elegido o se ve obligado a adoptar (en Buenos Aires, el estruendo de Chávez y Castro contrastó con la extrema discreción de Lula), la necesidad común y al mismo tiempo la oportunidad de conformar una “masa crítica” a la vez política, económica, demográfica y territorial, capaz de llevar a buen término la empresa.

Las condiciones están dadas, la oportunidad está allí. Pero como en toda marcha complicada y azarosa, la clave es la voluntad política, la capacidad de confiar en las propias fuerzas y recursos (que en este período deben contarse a escala regional)8 y de concientizar y movilizar a las sociedades.

Con Kirchner en el gobierno de Argentina se consolida la expectativa de un Mercosur fuerte y ampliado a otros países, en primer lugar Venezuela.

Dos siglos después, una coyuntura mundial particular y el despertar de sus sociedades vuelven a colocar a América Latina ante la posibilidad de concretar los sueños de San Martín y Bolívar. Todo es cuestión de que tanto los gobiernos como sus sociedades se muestren a la altura de los desafíos de la empresa.

  1. Paul Krugman, "Stating the obvious", The New York Times, 28-5-03.
  2. Joaquín Estefanía, "La guerra comercial EE.UU.-Europa", El País, Madrid, 12-5-03.
  3. Eric Leser, "Etats Unis: le spectre de la déflation", Le Monde, Paris, 16-5-03. Ricardo M. Rituerto, "EE.UU. revive el temor a la deflación…", El País, Madrid, 17-5-03. Robert Reich, "Bush no sabe cómo reactivar la economía", Clarín, Buenos Aires, 9-5-03…
  4. José Comas, Sandro Pozzi, Emilio Ontiveros y otros, dossier "Europa entra en crisis", El País, Madrid, 16-5-03. Algunos países de la U.E., como Holanda, ya llevan dos trimestres en recesión. Otros, como Italia y Alemania, ingresaron en ella en el primer trimestre de 2003.
  5. Amnesty International, Annual Report, Londres, 2002. La secretaria general de A.I., Irene Khan, acusó a Estados Unidos, Gran Bretaña y otros países, de violar gravemente los Derechos Humanos con la excusa de la lucha contra el terrorismo.
  6. Walter Chávez, “La rebelión boliviana”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, marzo de 2003.
  7. La ofensiva de estos sectores comenzó antes incluso de que Kirchner asumiese. Horacio Verbitsky, "Los cinco puntos", Página 12, Buenos Aires, 17-5-03.
  8. Diana Tussie, “El Mercosur es la clave”, Clarín, Buenos Aires, 25-5-03.
Autor/es Carlos Gabetta
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 48 - Junio 2003
Páginas:3
Temas Desarrollo, Mundialización (Economía), Estado (Política), Movimientos Sociales, Políticas Locales
Países Argentina