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Los históricos manuscritos hallados en Tombuctú

Sola y lejana, al borde del Sahara, Tombuctú, en Malí, fue durante mucho tiempo una ciudad cerrada a los europeos. Encrucijada comercial en la época de las caravanas, fue también sede de una intensa vida intelectual. Durante esta edad de oro, miles de libros fueron escritos a mano y luego abandonados al polvo del desierto. Se comienza a exhumarlos. Emerge así una apasionante historia hasta ahora ignorada.

El gradual descubrimiento de viejos manuscritos, algunos de los cuales se remontan hasta el siglo XIII, en Tombuctú (Malí), está en vías de convertirse en un desafío histórico para todo África. Más de 15.000 documentos ya fueron exhumados y catalogados bajo el control de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO); otros 80.000 todavía duermen en alguna parte en cofres o en el fondo de los desvanes de la ciudad mítica 1. La descomposición y el saqueo de los traficantes amenazan estos preciosos escritos, que hicieron la gloria del valle del río Níger entre los siglos XIII y XIX 2.

Obras muy raras, escritas en árabe y a veces en fulani o peul (idioma de los pueblos del África Occidental) por eruditos originarios del antiguo imperio de Malí 3, llegan a Suiza, donde se las embellece, antes de ofrecerlas a coleccionistas que se las disputan. Ali Ould Sidi, jefe de la misión cultural de Tombuctú, no oculta su inquietud: "Hay que identificar, proteger y restaurar los manuscritos de que son depositarios los habitantes; de lo contrario Tombuctú verá desperdigada su memoria escrita. Una memoria de alcance insospechado".

Tombuctú, la "ciudad santa", la "misteriosa", la "inaccesible", que fascinó a tantos exploradores -desde el escocés Mongo Park hasta el francés René Caillié y el alemán Heinrich Barth-, es una fabulosa ciudad de arena situada en el nordeste del actual Malí, en el confín sur del inmenso desierto del Sahara y a la vera de la margen izquierda del río Níger. Fundada hacia el siglo XI por los tuaregs, la ciudad se impone a partir del siglo XIV como un centro comercial de importancia capital entre el antiguo Sudán 4 y el Magreb. Por ella transitaban la sal de Taudeni, el oro de las minas de Buré y los esclavos de Ghana. Comerciantes árabes y persas se encontraban allí con viajeros 5 y filósofos musulmanes animados del ardiente deseo de ganar para la fe de Alá a los pueblos locales. Es la época en que el África sahariana se reparte entre los imperios que se convierten al Islam y los que mantienen sus antiguas religiones. Mientras que el imperio de los mossis (actual Burkina Faso) se resistió a entregarse a la religión de Mahoma, el imperio songhai -que sucedió al imperio de Malí hacia el final del siglo XIV- adhirió a ella. De manera que la expansión de los manuscritos se confunde con la islamización.

Las tres grandes ciudades de la región (Tombuctú, Gao y Djenné) se convirtieron en polos de una efervescente civilización islamita-sudanesa cuya memoria sigue viva. En el siglo XV Tombuctú contaba con no menos de 100.000 habitantes (hoy tiene 30.000), de los cuales 25.000 eran "estudiantes" que frecuentaban la universidad de Sankoré, ahora transformada en mezquita. Los copistas transcribían las conferencias de los ulemas, sabios musulmanes, sobre cortezas de árbol, omóplatos de camello, piel de oveja o papel proveniente de Oriente y después de Italia. Con el correr de los siglos se fue constituyendo un invalorable corpus filosófico, jurídico y religioso.

En los mínimos repliegues de esos manuscritos nómades se conservó todo un saber didáctico que consignaba desordenadamente el curso de los planetas, la tonalidad de las cuerdas de un instrumento de música, las cotizaciones de las telas y de la nuez de cola. Las caravanas que trashumaban entre Adadez (Níger) y Tichit (Mauritania), pasando por Sokoto (en el norte de Nigeria), transportaban una multitud de informaciones destinadas a comerciantes esclarecidos. Durante casi tres siglos el comercio y el conocimiento se enriquecieron mutuamente, a lomo de camello, entre barras de sal y sacos de tabaco.

Considerados como un inédito maná científico, estos manuscritos cuestionan el mito de la oralidad africana, sustentado por intelectuales como el fallecido Hamadou Hampâté Bâ 6. Pero ¿cuál es el valor científico que debe otorgarse a documentos que se han vuelto un objeto de especulación más que una herramienta para la comprensión del pasado? ¿Cómo adueñarse de ese yacimiento de conocimientos escritos que las injurias del tiempo amenazan con hacer desaparecer? Son preguntas que alimentan las especulaciones tanto de universitarios estadounidenses 7 como de los historiadores locales 8.

Proteger los documentos

Así, en pleno corazón de Tombuctú, en el Centro de Documentación y de Investigación Ahmed Baba (CEDRAB), creado por el gobierno a partir de la iniciativa de UNESCO en 1970, está en juego una gran parte de la consciencia histórica de África. Al elegir el nombre de Ahmed Baba, erudito nacido en 1556 que enseñaba el derecho (fatwa), las autoridades rinden homenaje a un resistente contra el invasor marroquí 9. También honran a un sabio que ejerció considerable influencia sobre sus conciudadanos; la ortodoxia de sus enseñanzas sigue dejando su marca en el pensamiento.

El CEDRAB tiene la misión de catalogar, proteger y restaurar los manuscritos encontrados. El papel es un soporte frágil, ya que lo afectan la humedad y el fuego; se seca, se rompe, se desgarra y termina volviéndose polvo. Las termitas se apasionan con él. El ministro de Cultura, Sheik Omar Sissoko, precisa: "Como no podemos recuperar la totalidad de estos manuscritos, tratamos de alentar la creación de fundaciones privadas que posibiliten reconstituir rápidamente los fondos documentales de origen familiar; es el mejor medio para responsabilizar a los ciudadanos y, al mismo tiempo, proteger este tesoro".

Porque la mayoría de estos misteriosos manuscritos pertenecen a personas privadas. Para conocer su contenido, basta con acercarse a las familias, que reciben al visitante con los brazos abiertos. Por ejemplo, Ismael Diadé Haidara, a quien encontramos ante la computadora en la que escribe libros de filosofía e historia como Les Juifs à Tombouctou 10. Los judíos, explica, desempeñaron un papel importante en el transporte del oro de Sudán hacia la España cristiana. Fue a través de ellos que uno de los padres de la cartografía, Abraham Cresques (1325-1387), judío de las islas Baleares, cuya familia había emigrado de África del Norte hacia comienzos del siglo XII, tuvo conocimiento de Tombuctú, unido al África del Norte por caminos cuyas encrucijadas estaban habitadas por judíos. León el Africano, desde la primera mitad del siglo XV, menciona la presencia judía en el reino de Gao 11.

Haidara, descendiente de la dinastía Kati 12, explica de modo meticuloso la historia de su fundación, instalada en las proximidades de la mezquita Jingereber, en una antigua vivienda restaurada de Tombuctú: "Todo este fondo documental comenzó a constituirse a partir del exilio de mi ancestro, el visigodo islamizado Ali B. Ziyad al-Kuti, que dejó Toledo en 1468 para venir a instalarse en Gambu, en la región de los soninké. Desde entonces, la biblioteca no dejó de enriquecerse a través de varias generaciones de Kati, mis ancestros. En 1999 decidimos exhumar esos documentos". Un compendio del saber medieval está representado en esta biblioteca: tratados para el buen gobierno, textos sobre los daños del tabaco, un manual de farmacopea... Obras de derecho, de teología, de gramática y de matemáticas comentadas por sabios de Córdoba, de Bagdad o de Djenné. En estantes enrejados, protegidos del devastador polvo de arena, documentos jurídicos relativos a la vida de los judíos y de los renegados cristianos en Tombuctú dan testimonio de la intensa actividad comercial de la época. La venta y liberación de esclavos, la cotización de la sal, de las especias, del oro y de las plumas, son el tema de los pergaminos adosados a la correspondencia de los soberanos de ambos lados del Sahara, ilustrados con grabados de oro.

Todo está señalado, explicado, anotado en los márgenes o en el colofón -la última página de un libro o el final de un rollo de papiros- en el cual el copista anotaba su nombre y la fecha en que había terminado su trabajo. Así nos enteramos de los temblores de tierra o de las violentas riñas que perturbaron las escrituras. Gracias a algunos traductores contemporáneos, todo un fresco africano emerge a la superficie de la historia. No existe ninguna homogeneidad en estos textos, y con razón: aunque una aplastante mayoría de los manuscritos están redactados en árabe, cada copista se expresaba en función de sus orígenes (tamasheck, haoussa, peul, pero también songhai, dioula, soninké o wolof) de acuerdo con una base caligráfica común inspirada en el maghribi, suerte de escritura árabe cursiva que, por su forma, permitía economizar papel.

Preciosa herencia

El alcance de algunos documentos es evidente, en particular el del famoso Tarikh el-Sudan (Historia de Sudán) de Mahmoud Kati (siglo XV) que reseña la sucesión de los jefes de Tombuctú. Y también Tarikh el-Fetash (Historia "del investigador") de Abderahmane es-Saad (siglo XVII), una crónica del Sudán medieval. El descubrimiento de estos manuscritos otorga al África al sur del Sahara un sustrato histórico que durante mucho tiempo le fue negado y cuya importancia comienza a percibirse. Como un eco de los trabajos del gran historiador senegalés Sheik Anta Diop 13, subraya la profundidad espiritual del África precolonial. También muestra que la riqueza de esta región se construyó alrededor de una dinámica comercial "trans-tribal", de la cual el islam fue el desencadenante y los ulemas, por sus aptitudes para la enseñanza "masiva", sus parteros.

De todo lo cual resultó una suerte de continuum cultural a partir del cual la dimensión mística se consolidó en herencias más o menos estructuradas, hasta la llegada de los portugueses en el siglo XV. Sheik dan Fodio (1754-1817), al inspirarse en sus antecesores, en particular Ahmed Baba, confirma en sus memorias que hasta la llegada de los europeos "el pensamiento africano cultivaba el amor de un islam abierto a lo universal, que se distinguía muy claramente del observado en el mundo árabe-musulmán" 14. Una constatación confirmada a comienzos del siglo XX 15.

¿Se llegarán a salvar los preciosos manuscritos de Tombuctú? Para preservar este fabuloso patrimonio se necesitan cuatro millones y medio de euros. Una suma 60 veces inferior al aumento de capital que acaba de reclamar EuroDisney a sus accionistas para sacar a flote su parque de atracciones en París...

  1. También se han descubierto manuscritos -aunque al parecer menos numerosos- en Mauritania, en Níger y en Senegal. Véase Mohamed Saïd Ould Hamody, Manuscrits africains anciens, Escuela de bibliotecarios, archivistas y documentalistas de la Universidad Sheik Anta Diop, Dakar. www.ebad.ucad.sn
  2. Jacques Giri, Histoire économique du Sahel, Karthala, París, 1994.
  3. En el siglo XIV, durante su apogeo, el imperio de Malí se extendía hasta las costas del actual Senegal.
  4. En la Edad Media, el "Sudán" o "Sudán Occidental" se extendía desde el actual Sudán hasta el río Níger.
  5. El gran viajero y geógrafo de Tánger Ibn Battuta estuvo en Malí en 1352-1353, visitó Tombuctú y dejó una apasionante descripción de su periplo en Le Pays des Noirs (1357).
  6. Véase, por ejemplo, Hamadou Hampâté Bâ, L'Etrange destin de Wangrin, ediciones 10/18, París, 1973.
  7. John Hunwick, profesor en el Instituto de Estudios del Pensamiento Islámico en África, Universidad de Northwest, Estados Unidos, y Chris Murphy, investigador de la Biblioteca del Congreso, citados por Lila Azam Zanganeh, The New York Times, 24-4-04.
  8. Samuel Sibidé, director del Museo Nacional de Malí y Mohamed Galla Dicko, director del Centro Ahmed Baba de Tombuctú.
  9. En 1591 una expedición marroquí destruyó el imperio songhai.
  10. Ismael Diadé Haidara, Les Juifs à Tombouctou. Recueil de sources écrites relatives au commerce juif à Tombouctou au XIXe siècle, ediciones Donniya, París, 1999.
  11. Jacob Oliel, "Les Juifs du Mali".
  12. Fundación Kati, BP 66 Tombuctú, Malí.
  13. Sheik Anta Diop, Nations nègres et culture, Présence africaine, Dakar/París, 1963.
  14. Seyni Moumouni, La vie et l'oeuvre de Ousman dan Fodio, tesis de doctorado, Universidad Michel de Montaigne, Bordeaux, 8-1-03.
  15. Pierre Marty, Études sur l'Islam et les tribus du Soudan, Editions Leroux, París, 1920; y Vincent Monteil, Islam Noir, Seuil, París, 1964.
Autor/es Jean-Michel Djian
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 62 - Agosto 2004
Páginas:34,35
Traducción Lucía Vera
Temas Mundialización (Cultura)
Países Malí