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El deporte es una guerra pacíficaDel 13 al 29 de agosto, los Juegos Olímpicos de Atenas gozarán de una cobertura mediática comparable a la de acontecimientos planetarios mucho más importantes, tales como la guerra de Irak. Algunos ven en los Juegos el símbolo del esfuerzo y de la amistad entre las naciones. Para otros, el deporte es sólo el “nuevo opio de los pueblos”. Son muchos los países que esperan brillar en las pruebas menos atractivas. Pero más allá de la competición, el espectáculo y el impacto económico, existen otras apuestas que son geopolíticas y estratégicas.Durante los primeros Juegos Olímpicos (JO) de la era moderna -que se desarrollaron en 1896, también en Atenas- sólo participaron en la competencia atletas de 13 naciones, entre los cuales había un equipo de gimnastas alemanes y otro de estadounidenses. Los once países restantes no presentaron más que uno o dos competidores 1. En total eran apenas 285 participantes para los 9 deportes representados. Y el número de espectadores no superaba los pocos miles. En Atenas 2004 las pruebas serán seguidas por más de 4.000 millones de telespectadores de todos los husos horarios 2 y reunirán a 10.500 atletas, que representarán a 201 comités olímpicos nacionales 3. Esto da una idea de hasta qué punto se han mundializado los JO. Durante la competición se vivirá la enorme angustia de una visita sorpresa de Al Qaeda. Angustia que explica además la presencia de un participante inusual, que no competirá en ninguna prueba pero que se encargará de organizar la seguridad: la OTAN. Varios atletas estadounidenses ya renunciaron a participar por miedo a un atentado y el 50% de sus compatriotas está convencido de que los JO serán blanco de un ataque 4. Todos recuerdan la acción del comando del "Septiembre Negro", durante los Juegos de Munich de 1972, que tomó como rehenes y ejecutó después a nueve deportistas israelíes. Dado que los JO concentran los medios de comunicación de todo el mundo, para una organización terrorista constituyen un blanco privilegiado, susceptible de asegurar una repercusión máxima a cualquier acción. Pero probablemente el solo hecho de estar presente en el ánimo de todos durante los Juegos baste para satisfacer a los seguidores de Osama Ben Laden... Cuando Pierre de Coubertin tomó la iniciativa de recrear los JO ya tenía en mente las preocupaciones estratégicas. Deseaba insuflar en los jóvenes franceses el espíritu de competencia necesario para alcanzar a Alemania, que había obtenido la victoria en 1870 gracias a un factor determinante: la preparación física. Desde 1913 podía leerse en la prensa deportiva alemana: "La idea olímpica de la era moderna simboliza una guerra mundial que si bien no muestra abiertamente su carácter militar, da a quienes saben leer las estadísticas deportivas una apreciación suficiente de la jerarquía de las naciones" 5. Los Juegos de Estocolmo de 1912 también fueron tribuna de expresión y reivindicaciones políticas. Pueblos sometidos como los finlandeses, los checos, los eslovacos o los húngaros reivindicaron el derecho de participar de manera autónoma, y no bajo la bandera de los imperios a los que pertenecían. Pero el deporte adquirirá una verdadera audiencia internacional recién después de la Primera Guerra Mundial, de modo que los gobiernos se verán tentados de usarla con fines políticos. Los JO se convierten entonces en un encuentro prestigioso, de visualización internacional, que permitirá al país organizador mostrar al mundo sus progresos tecnológicos y su capacidad organizativa. La sola participación tiene una evidente importancia simbólica; la exclusión estigmatiza la condición de Estado indigno de ser invitado a la gran mesa del deporte y la amistad. Así, en 1920, Austria, Bulgaria, Alemania, Hungría y Turquía pagaron con la evicción su participación en la Gran Guerra. A la inversa, la elección de Berlín para los Juegos de 1936 fue considerada una prueba de que Alemania volvía a la escena mundial después de su derrota en 1918. Esta decisión ya había sido tomada antes de la llegada de Hitler al poder, pero éste intentó utilizar el evento para mostrar al mundo la superioridad del nazismo y de la "raza aria", tanto en el plano de la capacidad organizativa como de la performance deportiva. En este segundo aspecto, todavía se recuerda su decepción frente al triunfo de los atletas negros estadounidenses, en especial el de Jesse Owens, quien consiguió cuatro medallas de oro 6. Después de la Segunda Guerra Mundial, ni Alemania ni Japón fueron invitados a los Juegos de 1948 en Londres, mientras que en los de Helsinki, en 1952, se reintegró Alemania, se admitió a Israel y los soviéticos participaron por primera vez 7, aunque su delegación no se alojó en la villa olímpica para evitar tanto las deserciones como el contacto con el "enemigo". Así fue que se construyó una segunda villa, destinada a los atletas de los países del Este. Por otra parte, el Comité Olímpico Internacional (COI) había reconocido antes que Naciones Unidas a la República Popular China, y la presencia en Helsinki de una delegación de Pekín hizo que Taiwán se retirara de la competencia. Lo que no impidió que en 1958 China abandonara también el COI. Bajo Mao Zedong el deporte sólo cumplía una función pedagógica e higiénica y por lo tanto no era cuestión de hacer vibrar la fibra nacionalista a través de competencias deportivas. Habrá que esperar la muerte del Gran Timonel, en 1976, para que el deporte vuelva a ser un argumento de reafirmación nacional. China insistirá tanto desde entonces en la búsqueda de medallas, que sobre el éxito de sus deportistas pesarán fuertes sospechas de dopaje. Una ventana abierta al mundoTaiwán retomó su lugar en el seno del COI en 1981 y se codea desde entonces con la Republica Popular China. Después de que en 1988 les fueran atribuidos los Juegos a Seúl, las dos Coreas hablan con regularidad de crear una delegación común, pero hasta hoy no lo lograron: el deporte puede adelantarse a la geopolítica, pero no demasiado. Palestina, que todavía no posee un Estado, es sin embargo miembro del COI desde 1994. Para los palestinos participar en los Juegos ya es un comienzo de reconocimiento internacional, y en Atenas podrán desfilar detrás de su bandera. Los chinos interpretaron la elección de Sydney en lugar de Pekín como organizador de los Juegos de 2000 como un desconocimiento de su nuevo status mundial, pero esta afrenta fue reparada al atribuírseles los Juegos de 2008, hecho que marca la consagración del lugar que vuelve a ocupar China como gran potencia. Los eventos olímpicos se vinculan mucho con los sobresaltos geopolíticos. Así es como en 1956 Egipto, Irak y el Líbano boicotearon los Juegos de Melbourne para protestar contra la ocupación franco-anglo-israelí del Canal de Suez, mientras que España y Suiza hicieron lo mismo para denunciar la intervención soviética en Hungría. La edición de 1976 se realizó sin la participación de las naciones africanas, disgustadas porque no consiguieron la exclusión de Nueva Zelanda, culpable de haber enviado un equipo de rugby a Sudáfrica durante el apartheid. También se recuerda la movilización orquestada por Estados Unidos (que Francia ignoró) contra los Juegos de Moscú de 1980 para protestar contra la invasión de Afganistán, y que privó a la Unión Soviética del reconocimiento internacional al que aspiraba. Moscú se consoló amontonando medallas. El régimen soviético, que intentó tomar revancha organizando el boicot contra los Juegos de Los Ángeles de 1984, sólo consiguió la adhesión de 12 países comunistas, lo que significó un fracaso. Actualmente no parece posible usar el boicot como arma. Ninguna nación querría renunciar a la excepcional exposición mediática que procuran los Juegos. A la inversa, la exclusión es amenaza de supremo castigo. Todo eso confiere al COI -organización no gubernamental de una especie particular- un temible poder. Compuesto por 115 miembros, durante mucho tiempo fue dirigido por Juan Antonio Samaranch, ex dignatario franquista que trabajó muy activamente para evitar la anulación de los Juegos de Moscú de 1980. Además de los representantes de las federaciones internacionales deportivas y de los representantes de los comités olímpicos nacionales, el COI cuenta también con 70 miembros cooptados a título individual que están más cerca del jet set que del deporte. El Comité detenta todos los derechos de organización, explotación y difusión de los Juegos. Se financia con el dinero pagado por la televisión para retransmitir las pruebas y el fructífero patrocinio de sociedades multinacionales "madrinas", con un presupuesto global de 2.800 millones de dólares (es decir el Producto Bruto Nacional de un Estado como Malí, por ejemplo). Pero el COI no está libre de escándalos: en ocasión de los Juegos de invierno de Salt Lake City (Estados Unidos) de 2002, varios de sus miembros fueron acusados de corrupción: siete tuvieron que ser separados y otros cuatro renunciaron. El COI proclama a viva voz que es apolítico. Nadie lo cree ni por un instante. Sus decisiones, ya se trate del reconocimiento de un comité nacional o de la elección de la ciudad organizadora de los JO, son esencialmente políticas. No hay ninguna duda de que los argumentos geopolíticos jugarán un papel preponderante en la atribución de los Juegos 2012 (París es candidata), decisión que deberá tomarse en julio de 2005. En ese sentido, ¿el cambio de equipo gubernamental en España facilitará la candidatura de Madrid, que de ahora en más se diferencia de la de Nueva York o Londres? Para obtener una decisión favorable, París cuenta secretamente con la popularidad de su política internacional 8. En el plano deportivo, si bien hay naciones dominantes, desde hace un tiempo las medallas están mejor repartidas 9. En una final, hasta los países pequeños pueden soñar con existir a escala planetaria. Recordemos a Saint-Kitts-et-Nevis, minúscula isla-Estado del Caribe, que ocupó el primer plano internacional gracias a la medalla de oro de Kim Collins en los 100 metros llanos del mundial de atletismo de 2003. Durante la Guerra Fría la rivalidad Este-Oeste apareció también en los torneos olímpicos. Washington y Moscú encontraron un medio para probar la superioridad de sus respectivos sistemas a través del conteo de medallas. En los JO de aquel entonces había una rivalidad particular que oponía a las dos Alemanias, mientras que Cuba veía en sus éxitos el reflejo de sus eficientes políticas educativas y sanitarias. Desde su segunda participación, en 1956, la URSS superó a Estados Unidos con 37 medallas de oro contra 32, superioridad confirmada en 1960 (43 contra 34). En 1964 Estados Unidos tomó la delantera (36 a 30), al igual que en 1968 (45 a 29). En Munich se produjo la doble victoria de los países comunistas: la URSS logró 50 medallas de oro, Estados Unidos 33; la RDA (República Democrática Alemana) 20 y la RFA (República Federal Alemana), 13. Esta superioridad fue confirmada en 1976 y por supuesto en 1980, cuando los Juegos de Moscú fueron boicoteados por Occidente. Los últimos JO de la Guerra Fría, en Seúl, también fueron un triunfo para los países comunistas. La URSS llegó primera (55 medallas doradas) seguida por la RDA con 37. Estados Unidos terminó tercero con 36 medallas. Es cierto que, como en toda competencia deportiva, puede lamentarse la patriotería que a veces suscitan los JO. Pero cuando se consume con moderación procura el toque de pasión que se necesita dentro de los recintos deportivos. En ellos el "otro" es indispensable para la competición, dado que las hazañas de los campeones extranjeros, a pesar de todo, provocan entusiasmo. Al fin y al cabo -y sin caer en los excesos del discurso moralizador del COI- los JO son una ventana abierta al mundo y a los otros pueblos. Probablemente el deporte sea la guerra, pero como la deseaban los antiguos griegos: una guerra ritualizada, sin armas, sin derramamiento de sangre ni muertos. Es también una educación para la paz. Los sociólogos Norbert Elias y Eric Dunning lo señalan con justeza: "A nivel internacional las manifestaciones deportivas como los Juegos Olímpicos o la Copa Mundial de fútbol constituyen de manera visible y regular la única ocasión de unión entre los Estados en tiempos de paz. Los Juegos Olímpicos permiten a los representantes de las distintas naciones enfrentarse sin matarse unos a otros" 10.
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