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Reseñas de libros

El siglo de la biotecnología. El comercio genético y el nacimiento de un mundo feliz

De Jeremy Rifkin

Editorial:
Crítica
Cantidad de páginas:
257
Lugar de publicación:
Barcelona
Fecha de publicación:
Enero de 2000

Imperdible. Infaltable. Impresionante. El libro de Rifkin no tiene desperdicio, merece ser leído y masivamente difundido. Es imprescindible porque tal como lo explica el autor “la revolución biotecnológica influirá en todos los ámbitos de nuestras vidas. Qué comemos; con quién salimos y nos casamos; cómo tenemos a nuestros hijos; cómo se los cría y educa; en qué trabajamos; cómo participamos políticamente; cómo expresamos nuestra fe; cómo percibimos el mundo que nos rodea y el lugar que ocupamos en él; las nuevas técnicas del siglo de la biotecnología afectarán a todas nuestras realidades, individuales y compartidas”. La obra impacta porque el futuro, muy cercano, es increíble.

Mientras los medios se ocupan de Internet y sus implicancias, se gesta una revolución mucho mayor: la biotecnológica. Sus vectores son la genética, la biología, y la cibernética. La convergencia de estas disciplinas genera una caja de Pandora que la humanidad ya ha abierto. De ahora en más deberá definir qué hará con los contenidos que allí aparezcan y establecer nuevas reglas para este “Segundo Génesis artificial”. Allí coexistirán clones humanos sin cabeza que funcionarán como banco de repuestos de los donantes humanos que hubiesen aportado las células clonadas, una agricultura de interiores que competirá severamente con la tradicional y marcará el fin de la vida salvaje, una replicación de seres vivos que reemplazaría la reproducción, niños “a gusto del cliente”, individuos que planificarán su futuro o lo modificarán en base al conocimiento de su mapa genético, una acuicultura productora de peces a la carta… así sucesivamente en todos y cada uno de los órdenes de la vida.

Para Rifkin la magnitud del cambio es tal que la algenia (el hecho de cambiar la esencia de una cosa viva) “será el sistema filosófico y la metáfora global del siglo de la biotecnología”. Por ende, todo puede ser redefinido. En el camino acechan un Chernobyl biológico y una sociedad eugenésica: ¿Quién será el responsable de una eventual contaminación genética? ¿Las multinacionales autobautizadas de las “ciencias de la vida”? ¿Los Estados?; “¿A quién en esta nueva era, le confiaremos la autoridad de decidir cuáles son los genes buenos que hay que añadir al acervo génico y cuáles los malos que deben eliminarse? ¿Al gobierno? ¿A las empresas? ¿A los científicos de las universidades?”.

En la construcción de este alucinante túnel en el que ingresa la humanidad coexisten millonarios intereses económicos y ambiciones políticas desmesuradas. La aventura se emprende en nombre de causas humanitarias como “acabar con el hambre en el mundo” (slogan de los que defienden los alimentos transgénicos) o peligrosamente reiterativas: “crear un ser perfecto, nuevo”.

Si tal como lo afirma Bill Gates “el problema es cómo hacerlo, no si lo haremos”, la tendencia en materia genética parece irreversible. Aún queda un pequeño margen: la participación de distintos sectores sociales que junto con la comunidad científica definan una axiología para estos nuevos conocimientos. De lo contrario el mundo imaginado por Aldous Huxley en 1932 (1) sin duda trascenderá el terreno de la ficción.

1 Aldous Huxley, Un mundo feliz, Plaza & Janés Editores, Ave Fénix, octubre 1997, 254 págs., 8 pesos.

Autor/es de esta reseña Carol Abousleiman
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 9 - Marzo 2000
Temas Internet, Genoma Humano, Transgénicos, Filosofía, Tecnologías