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Reseñas de libros

El hombre que ríe

De Hernán López Echagüe

Editorial:
Sudamericana
Cantidad de páginas:
185
Lugar de publicación:
Buenos Aires
Fecha de publicación:
Noviembre de 2000

Los peronistas lo apodan “Tessaire”, por el contraalmirante que era vicepresidente de Juan Perón al final de su segundo mandato y acabó entregando toda la información a la “Revolución Libertadora” que lo derrocó: el símbolo de la traición. El proverbial oportunismo de Carlos Ruckauf, gobernador de la provincia de Buenos Aires y precandidato a la presidencia de la Nación por el Partido Justicialista para el 2003, no es incompatible con la tenebrosa coherencia que signa su trayectoria.

Esta impresión de quien tenga memoria política resulta corroborada por la multitud de datos que el periodista López Echagüe ordena en esta “biografía política”: desde su gestión como ministro de Trabajo del gobierno de Isabel Perón en 1975, cuando ese ministerio era “la oficina de la Unión Obrera Metalúrgica” de Lorenzo Miguel, algunas de cuyas filiales formaban parte activa de la estructura de la paramilitar Triple A; su acuerdo con el general Videla para declarar ilegales las huelgas y su apoyo al decreto de “aniquilamiento” de “la subversión”; pasando por su condición de “protegido” del almirante Emilio Massera durante la última dictadura; su amistad con Alfredo Yabrán –de cuya inmobiliaria Aylmer era asesor legal en 1985–; su deserción hacia la renovación peronista cuando decidió que era necesaria para llegar a diputado nacional. Siguiendo con su meteórica carrera durante la presidencia de Carlos Menem: embajador en Italia (de sus buenos oficios salió la famosa Ferrari roja para el jefe); ministro de Interior cuando la voladura de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA); vicepresidente de Carlos Menem (de cuyas graves y numerosas irregularidades de gestión tiene registro la Auditoría General de la Nación), hasta culminar con su gestión en el gobierno de la provincia de Buenos Aires, enfrentamiento con Menem mediante. Logró incrementar las torturas en las comisarías a menores de edad y garantizar el encubrimiento de los crímenes en serie de la policía bonaerense, con la bendición de su secretario de gobierno Esteban Caselli, vinculado históricamente con Massera, con Yabrán y con el Vaticano.

No es la lógica lo que falla en este itinerario. Y dentro de esa lógica el oportunismo no produce disonancia alguna. Eso sí, el apodo de “Tessaire” le queda grande: los traidores no terminan de perder su potencialidad trágica. Al fin y al cabo Judas Iscariote se suicidó. Y en veinte siglos a nadie se le ocurrió nunca representarlo con una sonrisa.

Autor/es de esta reseña Marta Vassallo
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 22 - Abril 2001
Temas Ultraderecha, Políticas Locales, Periodismo