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Reseñas de libros

La nueva esclavitud en la economía global

De Kevin Bales

Editorial:
Siglo Veintiuno de España Editores
Cantidad de páginas:
317
Lugar de publicación:
Madrid
Fecha de publicación:
Junio de 2000

Nombres y apellidos, historias personales y un destino compartido marcan el relato, preciso y vívido, de la investigación que el autor hizo en Brasil, Mauritania, Tailandia, India y Pakistán. La experiencia de Seba, una malí hermosa esclavizada a 150 kilómetros de París, eriza la piel y obliga a tomar aire antes de seguir la lectura. Seba es una de las 3.000 esclavas domésticas que hay en Francia. Los detalles de su cotidianeidad, desde su comida en base a sobras hasta las torturas diarias, no son un golpe bajo. De hecho la foto de tapa es todo un indicio sobre el contenido: guardias armados contra semidesnudos y embarrados buscadores de oro de Brasil. Pertenece a Sebastiao Salgado, ese economista que abandonó los manuales para contar, con una Leica y tres lentes, por qué no cree en una globalización que globaliza lo que le conviene.

El texto lleva a una conclusión parecida. Profesor de la Universidad de Surrey, Bales está considerado el mayor experto mundial en el tema y merece crédito cuando dice que los trabajadores forzosos “constituyen una gigantesca mano de obra en la que se basa la economía global”. Por eso, además de describir una tipología del sometimiento –por endeudamiento, prendaria, contractual o por pobreza–, mide la ganancia extraída por los amos con la complicidad de multinacionales y gobiernos corruptos. Los 27 millones de esclavos que hay en todo el mundo son más que todos los africanos llegados a América hasta el siglo XIX. Pero también es mayor “el lucro del negocio”.

Una prostituta tailandesa rinde un 800% anual y su exportación llena “los burdeles de Japón, Europa o Estados Unidos”. Los carboneros del Mato Grosso dejan un beneficio mensual del 100%. Por cada horno, los ladrilleros de Pakistán entregan 25% de ganancia. Las familias agrícolas de Mauritania le aportan al patrón 100% de rédito neto.

Con facilidad los negreros del tercer milenio matan a los díscolos, separan a los niños de sus madres, obligan a chicos de tres años a jornadas de 16 horas por una ración de arroz, violan a las mujeres, las hacen abortar o las ejecutan si tienen SIDA. No es propaganda política.

El autor estuvo y habló con sometidos y victimarios. Y concluyó que la “nueva esclavitud es anónima, temporal, invisible para la ley y completamente despiadada”. Los esclavos modernos son “baratos y desechables”. Claro que entre quienes se benefician con ellos “podríamos figurar todos: incluso usted o yo”. Tal vez su “fondo de pensión” compró “acciones de compañías que subcontratan mano de obra esclava”. O nuestros zapatos, la alfombra que pisamos, la ropa que lucimos y los juguetes de nuestros hijos fueron hechos por familias cuyo trabajo no es remunerado ni su identidad respetada. Sólo si “deja de ser rentable, la esclavitud” perderá su razón de ser. ¿Qué hacer mientras tanto? El autor ofrece un consejo mínimo: no guardes este libro. “Dáselo a otros para que lo lean. La ignorancia es una de las razones” por las cuales la esclavitud continúa creciendo.

Autor/es de esta reseña Ana Ale
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 23 - Mayo 2001
Temas Sociología, Minorías, Desarrollo, Mundialización (Economía), Neoliberalismo, Derechos Humanos, Justicia Internacional