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El pueblo humilde que vota Bush

Tradicionalmente demócrata, el Estado de Virginia dio su voto a Bush hace cuatro años. En la zona occidental, una población de metalúrgicos y mineros del carbón asocian al Partido Demócrata con los ecologistas, en quienes ven una amenaza de pérdida de los empleos todavía existentes. En toda la extensión del país, sectores humildes de población, aunque afectados por la política social y económica de la actual administración, confluyen con el tradicionalismo y el “proteccionismo”, bélico y económico, del Presidente en ejercicio.

En los pueblos más alejados del Estado de Virginia Occidental, en casas que no son precisamente suntuosas, habitantes que no sueñan con una nueva baja de impuestos sobre la plusvalía han colocado pancartas donde se lee "Bush-Cheney". También se ven muchas leyendas con la frase: "We support our troops" (Apoyamos a nuestros soldados). En Charleston, una vendedora de libros nos habla de su hermano, que optó por votar a Bush "por razones religiosas". Sin embargo, el marido es docente y no tiene cobertura médica.

Virginia Occidental es sobre todo una región carbonífera. Entre la ruta y el río, entre las montañas y la vía ferroviaria, se ven a menudo las minas con sus grandes elevadores en forma de cisternas. Aquí el libre cambio no es popular, pero tampoco los ecologistas, sospechosos de poner en peligro los pocos empleos industriales que todavía no se devoraron las deslocalizaciones y los cierres de pozos. Por lo demás, el tema de las armas de fuego termina favoreciendo a los candidatos más reaccionarios. A comienzos de noviembre las escuelas cierran el día en que se abre la caza del ciervo. Varios miles de ejemplares son liquidados en las primeras horas de caza, pero "de todos modos, aquí abundan como las palomas".

Piedad, patria, carbón, fusil, son los elementos que tienen en mente los dos principales candidatos a la Casa Blanca, que desde el mes de enero ya vinieron media docena de veces a Virginia Occidental. Y van a volver. Todavía más pobre que Mississippi o Louisiana, este Estado sólo designará cinco "grandes electores" (sobre 538) el 2 de noviembre próximo, los que a su vez elegirán al próximo inquilino de la Casa Blanca. Pero la incertidumbre reinante en este sector de los montes Apalaches hace del Estado uno de los diez más disputados del país.

Con una rica historia social, "West Virginia" es un feudo del sindicato de mineros. A comienzos del siglo pasado, y durante cerca de veinte años, una figura del movimiento obrero, "Mother Jones", condujo allí varios de los "más duros conflictos que enfrentaron a los esclavos de la industria con sus amos" 1. Posteriormente, durante la Gran Depresión de los años '30, Virginia Occidental se convirtió en un bastión del New Deal, una política que por otra parte evitó que murieran de hambre muchos de sus habitantes más pobres. En 1960 sirvió como rampa de lanzamiento para la candidatura de John F. Kennedy a la Casa Blanca. Veinte años más tarde, se contó entre los pocos Estados (6 sobre 50) que se negaron a votar por Ronald Reagan. En la última elección presidencial este bastión demócrata (gobernador, cuatro de los cinco parlamentarios, 70% de los representantes locales, dos tercios de los electores inscriptos) incurrió en una conducta impensable: votó a favor del candidato republicano 2. La historia del país hubiera sido otra si ese día Virginia Occidental no hubiera roto con su tradición.

"¿Cómo es posible que una persona que trabaja para otro pueda votar republicano, votar contra sus intereses?", se interroga Thomas Frank, autor de un inesperado best seller, que precisamente descifra con gran lucidez los motivos de esta "perturbación" 3. Locura o no, lo cierto es que el partido de Bush controla actualmente a nivel nacional -en parte gracias al voto del electorado popular- el Poder Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, además de la mayoría de los puestos de gobernadores. Y dado que el senador Kerry recurre a los consejos de William Clinton, sería bueno que no olvide que la mezcla de liberalismo económico y pseudo progresismo social que desplegó aquel Presidente le costó a su partido volverse minoritario en Estados Unidos.

Hacer campaña en los Apalaches le refrescará la memoria, llegado el caso. En efecto, ninguna otra región parece más alejada del talante de los barrios "burgueses-bohemios" de Nueva York, Boston o San Francisco, o del credo vigente en las redacciones y en los salones intelectuales. Aquí, los dos principales partidos -que rivalizan en piedad y proteccionismo- proclaman su apego a la caza, al carbón, a la política industrial y a las "virtudes" de antaño. Asistir a un acto del presidente Bush en Virginia Occidental permite comprender rápidamente buena parte del misterio de su popularidad, que los problemas de la guerra en Irak y los fracasos en el frente económico no parecen haber empañado. El hombre, si bien no tiene el carisma manipulador de Reagan o de Clinton, sabe dar en el blanco, seguramente porque su anti-intelectualismo y su culto del hombre común coinciden con las expectativas y las impaciencias de sus partidarios más pobres. A fines de agosto, diez mil personas lo recibieron con exaltación en una sala colmada de la localidad de Wheeling. Diez días más tarde Bush estaba en Huntington. Y en toda esa región, pobre como pocas, se vivió el mismo clima, se repitió el mismo discurso.

En Wheeling, en primera fila se veían pancartas proclamando: "Los metalúrgicos con Bush", o "W. como West Virginia". Con unas pocas pero cálidas palabras, Rick, un obrero, presentó "al hombre que salvó al acero, un hombre de acero, nuestro presidente George W. Bush". El discurso que siguió fue largo, detallado, casi invariable. Educación, protección social, carbón, terrorismo, Irak, acero; no olvidó nada. Pronunciada ya cien veces, una frase desató una ovación aun más intensa que las otras: "Jamás dejaré que otros países se ocupen de garantizar nuestra seguridad". Seguridad militar, pero también seguridad energética. En un Estado pobre, donde las industrias tradicionales son importantes y están en peligro, al Presidente se le facilita la labor. Aquí, "la comunidad internacional" no tiene buena prensa, sobre todo cuando se expresa a través de una Organización Mundial del Comercio (OMC) que pretende prohibir a Estados Unidos proteger la siderurgia de los Apalaches. Aquí, como en otros Estados codiciados por los estrategas electorales, pues podrían inclinarse tanto por un bando como por el otro (Ohio, Pennsylvania, Michigan), a los dirigentes demócratas les juega en contra su liberalismo comercial.

Simple y tajante

Claro que Bush no "salvó al acero": también él, al igual que su partido, es favorable al libre cambio. Pero al menos hizo como si el tema lo preocupara 4. Y además -tal como lo demostró la guerra en Irak- Bush no teme adoptar posiciones unilaterales; nunca invoca la mundialización para teorizar su impotencia. Bush proclama que es Estados Unidos el que debe determinar la mayoría de las reglas del nuevo orden mundial (estratégico y comercial). Con Bush las cosas son simples y las posiciones tajantes. Con Kerry, en cambio, todo es complicado, nadie puede saber qué hará, por ejemplo, en Irak: eso depende del día y de los resultados de las encuestas. Además, hay otra cosa. El Presidente es un hombre rico, pero exhibe sus privilegios con menor ostentación que su riquísimo adversario (originario de una gran familia de la costa Este, estudios privados en Suiza, casamiento con una millonaria, cinco residencias, un avión particular para ir de una costa a otra, snow-board en invierno, windsurf en verano, y hasta una bicicleta personal que vale 8.000 dólares...).

En el caso de Bush, el dinero no se ve. Orgulloso de su país, incluso arrogante, se muestra humilde ante sus habitantes: "¡Gracias a los metalúrgicos por su apoyo! Gracias a todos. Gracias por haber venido. Me alegra estar nuevamente con ustedes. Les agradezco su hospitalidad. Ya saben que no es la primera vez que vengo aquí (aplausos). Y cada vez que vine me sentí bien con ustedes (aplausos). Porque aquí la gente es cable a tierra, trabajadora, honesta. Y, como yo, aman a Estados Unidos (aplausos). Vengo a pedirles que voten por mí. Estoy aquí para decirles que quiero meterme entre la gente y decirle: ‘Necesito su voto, necesito su ayuda para ganar estas elecciones' (aplausos)". El público se pone a corear "Four more years!" (¡cuatro años más!).

Pocos días después, en Huntington, la proclamada humildad se asocia con un tema al que Bush debe en parte su triunfo en Virginia Occidental hace cuatro años: "He venido aquí porque me gusta cazar y pescar (aplausos). Creo que a muchos de ustedes les gusta pescar (aplausos). A algunos de ustedes les gusta ir a cazar (aplausos). Yo, que nunca alcanzo a cazar tanto como quisiera, ahora estoy a la caza de votos (aplausos)". Odiado por los intelectuales y los artistas, el poderoso lobby de poseedores de armas de fuego apoya a los republicanos, que a cambio le conceden todo lo que pide. Pero se trata de un movimiento de masas, activo, entusiasta, popular. Bush prosigue: "Vean ustedes, el otro día apareció una de las diferencias más notables que tengo con mi adversario, cuando dijo que se puede encontrar el corazón y el alma de Estados Unidos en Hollywood (abucheos). Yo, en cambio, creo que el corazón y el alma de Estados Unidos están aquí, en Huntington, en Virginia Occidental (aplausos)".

Sin dudas, este Presidente permitió que los ricos sean cada vez más ricos, y más abiertamente que sus predecesores. Es cierto, pero es un hombre simple, que comete errores de sintaxis o de vocabulario, que pasa una buena parte de sus vacaciones con las botas puestas, ocupándose de su rancho. Quiérase o no, ese tipo de cosas cuentan. Durante la convención republicana, la película de presentación del candidato a la Casa Blanca, íntegramente dedicada al 11 de septiembre, contenía un pasaje donde el narrador decía: "Hay aspectos de George Bush que todos conocemos, su falta de afectación, por ejemplo". Como si fuera necesario probarlo, se lo ve a continuación en un hospital militar, invitando a un soldado estadounidense a quien en Irak le amputaron una pierna a ir a hacer jogging con su prótesis a la Casa Blanca.

Nunca olvida los "valores familiares", pero también en este caso el tema es personalizado, a la vez que presentado de una manera afable, no amenazadora. Elogiar a "Laura" permite recordar que otrora existió "Mónica": "Zell (Zell Miller, un senador demócrata que apoya al actual Presidente) me dijo en el avión que era una lástima que no haya venido con Laura. Tiene razón (risas). Vean ustedes, cuando yo le propuse matrimonio a Laura, ella me dijo: ‘De acuerdo, a condición de que nunca me pidas que haga discursos políticos'. Ella era bibliotecaria en una escuela pública y no le interesaba la política. Está bien, le dije, nunca vas a tener que dar un discurso. Y nos casamos. Por suerte no me hizo cumplir la promesa (risas). Ella es... la gente lo sabe, en Nueva York no sólo dio un buen discurso, sino que es graciosa y fuerte, es reconfortante. La quiero mucho (aplausos). Quizás una de las mejores razones que ustedes podrían tener para reelegirme sea tener a Laura como primera dama por cuatro años más". Una canción de música de country cierra el encuentro, evocando la eterna historia de las parejas de enamorados: "Yo no uso palabras difíciles, pero cualquiera puede entender lo que quiero decir. Mi temperamento es un poco áspero, pero creo ser exactamente lo que te hace falta...".

Un ex elector demócrata y actual militante republicano con el que hablamos en Charleston (capital de Virginia Occidental) se mostró totalmente emocionado por haber participado en una reunión idéntica: "Bush, cuando uno lo ve en fotos en su rancho de Texas, con sus jeans y su sombrero de vaquero, es auténtico. Hace dos semanas, cuando vino a Beckley, yo estaba allí. Había al menos 4.000 personas cautivadas por ese hombre. Usted tendría que haber estado allí para entenderlo. Es imposible fabricar esa espontaneidad, fingirla. Es por eso que la gente lo quiere, sintonizan con él; creen que él los comprende; yo también lo creo".

La pobreza oculta

Beckley está situada en una cuenca carbonífera y la contaminación ambiental resulta evidente. Fue al investigar en una región desheredada como ésta, a fines de la década de 1950, al descubrir en las zonas rurales alejadas "la pobreza más camuflada del mundo", que Michael Harrington tuvo la idea de escribir El otro Estados Unidos. Por entonces todos preferían celebrar la "sociedad de abundancia", preludio del fin de la política. La repercusión del libro fue tal que contribuyó al impulso dado a los programas federales de lucha contra la miseria. ¿Pero qué queda de eso cuando el gobernador demócrata de Virginia Occidental decide reducir en un 25% la ayuda social, que desde el agosto pasado pasó de 453 a 340 dólares por mes para una familia de tres personas? La prima por matrimonio (100 dólares) fue directamente eliminada. Paralelamente, aprovechando que el Estado disponía de importantes fondos, la asamblea local -con mayoría demócrata- aprobó una subvención de 750.000 dólares para un torneo de golf.

Harrington escribió que "la belleza natural y los mitos disimulan la pobreza. El viajero que atraviesa los Apalaches durante la estación florida ve las montañas, los ríos, los follajes, pero no los pobres" 5. En efecto, hay que salir de la autopista y tomar por los caminos secundarios (en excelente estado: la influencia que posee en Washington uno de los dos senadores del Estado hace maravillas) para ver proliferar las pequeñas y sencillas iglesias bautistas y los mobil homes. La población del Estado (actualmente, 1.810.000 habitantes, cifra inferior a la registrada hace 20 años) se nuclea en medio de valles escarpados. En la aldea de Mullens (1.800 habitantes) la mitad de las casas y los negocios parecen abandonados desde hace mucho. La visita de Bush a Beckley, "la primera que hace un Presidente estadounidense", todavía tiene repercusiones: "La gente de aquí -nos dice alguien- estaba muy entusiasmada. Bush está a favor del carbón, quiere que se explote el carbón en Virginia Occidental y que se prohíban las importaciones".

El diario local dedica su portada al soldado Adam T. Johnson, más conocido con el sobrenombre de Lattie, que regresó con una licencia. El artículo comenta: "Cuando se alistó en la guardia nacional, en el último año del liceo, Adam no había soñado nunca que un día sería enviado (a Irak) para defender la libertad. ‘Yo creía que eso me ocuparía apenas unos fines de semana y que me daría dinero suficiente para ir a la universidad'" 6. Su beca de estudio puede costarle mucho más caro de lo previsto. No lejos de allí, en el pueblo de Justice (500 habitantes), en la puerta de un pequeño restaurante llamado Gwen's Country Kitchen, donde sirven una comida más nutritiva que gastronómica y tartas a un dólar la porción, puede verse un cartel con la leyenda "Support our troops" (Apoye a nuestras tropas) junto al anuncio del oficio religioso.

A juzgar por lo que dice la camarera, el voto demócrata, aún mayoritario en la región, sería una rareza heredada de los padres: "Una vez que la gente se mete eso en la cabeza, ya no les importa si el Presidente es bueno. A mí me parece que Bush hizo un buen trabajo. Una de las principales razones por las que me gusta es que está contra el aborto. Además, Gore era favorable al medio ambiente, lo que hubiera perjudicado a un Estado como el nuestro. También se oponía a la explotación de los bosques. De todas maneras, en Logan (nombre del condado) si alguien está contra las minas de carbón, no tiene ninguna posibilidad". La muchacha nunca oyó hablar de la película Matewan, inspirada en una sangrienta huelga que en 1920 marcó la historia del Estado. Sin embargo, tal vez fue después de ese combate que la gente "se metió en la cabeza" que no volverían a votar por los candidatos de los patrones. Matewan está apenas a unos veinte kilómetros de Justice.

El pseudo populismo de los republicanos, con su permanente utilización de las cuestiones de identidad cultural (religión, caza, tradición) aprovecha el eclipse de la memoria social. Kenny Perdue, tesorero del sindicato AFL-CIO local, evoca ante nosotros la sólida tradición de lucha de clases en Virginia Occidental. Gracias a ella, los 12.000 mineros actuales, en su mayoría sindicalizados, tienen salarios muy superiores a los de los empleados -perdón, "asociados"- de Wall-Mart, firma que se convirtió en el primer empleador del Estado. Para ellos la lucha dio sus frutos; una lucha que por otra parte fue indispensable, dado que se enfrentaban a la guardia nacional y a los matones de una patronal más preocupada por la vida de las mulas que por la de los hombres (sólo en 1907 hubo 3.242 muertos en las minas, con una tasa de accidentes laborales cuatro veces superior a la de Francia en la misma época).

"Tenemos una historia social formidable. Tratamos de que se la enseñe en las escuelas, pero es muy difícil", lamenta Perdue. Los sindicatos editaron un manual titulado Labor History Class, a la vez apasionante y pedagógico (incluye cartas de mineros, viejos recortes de prensa, deberes). "Durante mis doce años de escuela en Virginia Occidental -dice el narrador ficticio, un periodista encargado de la actualidad social- nunca oí hablar de los grandes combates de las minas." El manual no fue adoptado por las escuelas, que prefieren la promoción de las marcas comerciales a la de las luchas obreras y la historia popular.

El enemigo ecologista

El tema social y el del medio ambiente están vinculados. Los mineros no simpatizan con los ecologistas que tratan de protegerlos de los accidentes laborales y de la contaminación de los ríos y del agua potable. Ello se debe a que se identifican a menudo con los intereses de sus patrones, que crearon una asociación de defensa del carbón llamada "Friends of coal" (Amigos del carbón), dirigida por una estrella local del fútbol americano, que patrocina actividades cívicas y deportivas. Es así que en la voladura con explosivos de las cimas de las montañas y en la acumulación de las piedras y del arsénico en los valles y en los ríos, los mineros ven un último recurso para salvar los empleos. La política de la administración Bush facilitó ese tipo de explotación (denominada "mountaintop removal") y en general concedió a los patrones todo lo que pedían, incluso en materia de flexibilización de las reglas sanitarias (la silicosis sigue provocando la muerte de varios cientos de mineros cada año en el país).

Pero los republicanos ya tienen la respuesta preparada, que Kris Warner, presidente ejecutivo del partido en Virginia Occidental, transmite con convicción: "El sur del Estado es una región muy accidentada. No es posible desarrollarla sin dinamitar las cimas de las montañas para extraer el carbón que allí existe. Ya tenemos que soportar permanentes juicios e impuestos que nos matan. ¡Pero la gente necesita un trabajo, de lo contrario no quedará nadie en esa región! La vida de las empresas está en peligro. Si, por ejemplo, el día de mañana Massey Energy se va de Virginia Occidental, entonces ya no habrá ninguna esperanza. Y se trata de gente con quien se puede convivir. No sólo respetan las reglamentaciones federales, sino que además construyen instalaciones deportivas para los chicos, organizan fiestas. Sin ellos la vida sería más dura".

Resulta evidente la dificultad que encuentran los ecologistas en un Estado donde parte del electorado popular se declara favorable a los republicanos "a causa" del medio ambiente. Además, los medios de comunicación no los ayudan, pues presentan cada juicio iniciado por los defensores de la naturaleza contra los propietarios de las minas como un nuevo mecanismo generador de desempleo. Anna Sale, que trabaja para una organización ecologista denominada Sierra Club, cuenta: "En 2004 se produjo una decisión de la Justicia que para nosotros fue una gran victoria. Estábamos felices de poder comunicársela a los periodistas de la televisión local cuando nos contactaron, y de manifestarles nuestra satisfacción. El título que dieron al reportaje fue: ‘El veredicto del tribunal provocará la supresión de cientos de empleos: los ecologistas se alegran'"...

Pero uno se pregunta hasta qué punto puede avanzar la causa ecologista cuando Anna Sale -de gran cultura y recién salida de la universidad californiana de Berkeley- señala que "los empleos de los mineros sólo representan el 2% de la población activa. Por lo tanto habría que comparar el número de empleos perdidos en caso de cierre de minas con el número de ríos perdidos en caso de que continúe esa actividad". Sierra Club llama a votar por John Kerry. Sin embargo, Kerry evita que se lo asocie demasiado con ese tipo de "extremismo ecologista" que se le reprochó hace cuatro años a Albert Gore. El muy influyente senador demócrata de Virginia Occidental, Robert Byrd, que votó contra la ratificación del tratado de Kioto, sugiere: "Gore y la administración Clinton habían ido demasiado lejos con este asunto del medio ambiente, en particular respecto del carbón. Le advertí a Kerry que tenía que trabajar con los metalúrgicos y con los mineros del carbón. Pero sólo me escuchó cuando ya era tarde. John Kerry ya vino varias veces a Virginia Occidental. Si se pone un poco de carbón en la cara y en el pelo, va a estar OK".

En la convención demócrata realizada en Boston en julio de 2004 la delegación de Virginia Occidental estaba dirigida por Nick Casey. Hombre de izquierda, cercano a los sindicatos, conocedor de la historia social de su Estado, poco sensible a las modas intelectuales, reservado respecto de la mundialización, es además, como la inmensa mayoría de los delegados presentes en Boston, opositor a la guerra de Irak. Al principio, su candidato preferido no era John Kerry, pero como militante disciplinado que es, estima que se impondrá "60/40" en Virginia Occidental. Casey, que detesta el cinismo del actual Presidente, reconoce sin embargo su talento político. A diferencia de Michael Moore y de muchos progresistas estadounidenses, evita convertir a Bush en un cretino manipulado por su entorno o en un predicador iluminado que supone que el Apocalipsis precipitará el reino del Señor sobre la Tierra. "Bush se maneja muy bien con la gente. Sabe hacer llegar su mensaje. Su comportamiento de vaquero es algo que, lamentablemente, gusta a los estadounidenses. Su estilo es el de: ‘Si alguien me pega, la paga'. Es un hombre desprovisto de sabiduría, pero sabe tomar decisiones, a veces estúpidas. Políticamente es de temer."

Liderazgo presidencial

Desde el 11 de septiembre y el horror de los atentados (que las alertas permanentes contribuyen a reavivar) la mayoría de los estadounidenses piensa: "Me la van a pagar". Y esperan que su Presidente sepa "adoptar decisiones". En el terreno del liderazgo, la comparación no beneficia al senador de Massachusetts. La política iraquí de Bush no tiene futuro -algunos republicanos lo admiten 7- pero la manera que tiene de presentarla es constante y coherente. El tema de las mentiras de guerra, que al principio resultó delicado, fue hábilmente reformulado de la siguiente manera: cuando un puñado de hombres armados de cuchillos puede destruir dos torres de Manhattan y un ala del Pentágono, un dictador anti-estadounidense constituye por sí solo un arma de destrucción masiva.

En Huntington, Bush explicó el tema a un público totalmente convencido de antemano y seleccionado en función de eso. "Saddam Hussein no aceptaba respetar las decisiones de Naciones Unidas. Tuve que elegir: ¿debía confiar en la palabra de un loco y olvidar las lecciones del 11 de septiembre, o debía actuar en defensa de Estados Unidos? Si ésa es la opción, siempre me inclinaré por defender a Estados Unidos (aplausos y gritos: ‘U.S.A.! U.S.A.!'). Porque actuamos, porque nos defendimos, ahora 50 millones de personas viven en libertad (aplausos). Porque mantuvimos la doctrina, porque el deber más solemne de un Estado es defender la seguridad de su pueblo, cincuenta millones de personas son libres ahora en Afganistán y en Irak."

Los europeos, los intelectuales y los artistas pueden argumentar todo lo que quieran sobre la exageración de la amenaza, las torturas de Abu Ghraib, los saqueos: su crédito es nulo en el seno del humilde pueblo conservador. Y los republicanos son brillantes para presentarse como perseguidos por una "elite progresista" (liberal elite) que reúne a los abogados picapleitos, los universitarios arrogantes, los medios de comunicación sin moral y los actores que reparten consejos. La acusación no siempre es infundada. El aislamiento social de la mayoría de los intelectuales, de los "expertos", su individualismo y su narcisismo, su desdén por las tradiciones populares, su desprecio por esa "gentuza" desparramada tierra adentro que sigue apoyando a Bush, encandilaría a un recién llegado. Pero todo eso provoca un resentimiento que Fox News y los republicanos saben capitalizar.

Porque tal como lo muestra el caso de los Apalaches, el populismo de derechas estadounidense no se nutre tanto como antaño de racismo (durante la guerra de Secesión, Virginia Occidental se posicionó contra la defensa de la esclavitud), de xenofobia o de odio al otro, sino del rencor que produce el desdén ostensible de personas de nivel superior. Al tomar como principal blanco a la elite de la cultura, ese populismo protege a la elite del dinero. Y lo consigue, porque la suficiencia de los que saben se ha vuelto más insoportable que la insolencia de los que poseen.

  1. Mary Harris Jones, Autobiography of Mother Jones, Dover Publications, Mineola (NY), 2004.
  2. George W. Bush obtuvo el 51,92% de los votos contra el 45,59 % para Albert Gore y el 1,65% para Ralph Nader.
  3. Thomas Frank, What's the Matter with Kansas?. Ver también su artículo "Aquellos estadounidenses que votarán por George W. Bush", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, febrero de 2004.
  4. En 2003 el presidente Bush instauró tarifas aduaneras destinadas a reducir el volumen de importaciones de acero, pero las suprimió pocos meses después a raíz de una decisión de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
  5. Michael Harrington, The Other America/Poverty in the United States, Simon & Schuster, Nueva York, 1962.
  6. "Lattie Home from Iraq for R&R", The Mullens Advocate, Mullens, 4-8-04.
  7. Bill O'Reilly, el presentador "tradicionalista" del programa más popular de la cadena Fox News, reconoció el 9 de agosto pasado: "La guerra de Irak es un gran fracaso, todo el mundo lo sabe".
Autor/es Serge Halimi
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 64 - Octubre 2004
Páginas:4,5,6
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Ciencias Políticas, Política, Trabajo, Trabajo (Política)
Países Estados Unidos