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Recuadros:

Ecuador, una ocupación de baja intensidad

Al igual que Argentina, aunque con características económicas, sociales, culturales e históricas diferentes, Ecuador es un “caso de manual” respecto de las consecuencias del neoliberalismo. Ninguna de las cifras o resultados de la economía refleja las promesas de los gurúes. Uno de los tres países latinoamericanos que abandonaron su moneda por el dólar, Ecuador ha perdido casi por completo el control de su destino.

El país más pobre de la región andina después de Bolivia, Ecuador concluyó el siglo XX con una crisis política, económica y social sin precedentes, que terminó de deslegitimar la democracia nacida en 1979. El 21 de enero de 2000 un levantamiento indígena, con apoyo de movimientos sociales urbanos y de oficiales del ejército, forzó la salida del poder del presidente Jamil Mahuad, artífice de la dolarización. El fracaso parcial del "golpe" y la asunción del vicepresidente Gustavo Noboa -con el apoyo de los partidos tradicionales y los grupos de poder- no logró frenar la crisis de legitimidad del sistema político ni el fortalecimiento del movimiento indígena, agrupado mayoritariamente en la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE).

La fuerza de las movilizaciones y levantamientos indígenas durante la década del '90, la potencia de sus cuestionamientos al Estado y su consigna "nada sólo para los indios", que transformó al movimiento indígena en vocero de las reivindicaciones populares, le permitieron al brazo político de la CONAIE, el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik-Nuevo País (MUPP-NP), articular a una parte significativa de la oposición a un modelo que contribuyó, al igual que en el resto del continente, a destruir el aparato productivo, el tejido social y la moral pública.

Tres años después de la caída de Mahuad el descontento se canalizaría por la vía electoral; en enero de 2003 el movimiento indígena llegó sorpresivamente al gobierno en una alianza con el flamante Partido Sociedad Patriótica 21 de enero (PSP), liderado por el coronel Lucio Gutiérrez, quien tuvo un papel relevante en el movimiento cívico-militar de 2000, por el que fue detenido y luego amnistiado 1.

Sin embargo, el triunfo de Gutiérrez -a quien partidarios y opositores visualizaban como un militar nacionalista con afinidades con la Revolución Bolivariana de Hugo Chávez en Venezuela 2- frente al millonario empresario bananero Álvaro Noboa, no condujo a los esperados cambios sociales. Seis meses después del triunfo, los ministros del Pachakutik renunciaron o fueron expulsados del gobierno. Desde el inicio de su gestión, Gutiérrez se trasformó en uno de los principales aliados de Estados Unidos y de los partidos tradicionales y oligárquicos que controlan el poder en el país, con quienes "cuoteó" cargos clave en el aparato estatal.

A contramano del actual clima político y social en América Latina, el gobierno ecuatoriano se encamina a profundizar el modelo neoliberal: plantea la privatización de los mayores campos petroleros, pertenecientes a Petroecuador, y avanza en las negociaciones de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos. Asimismo, Ecuador se ha erigido en uno de los pilares del Plan Colombia contra la insurgencia en el país vecino 3.

El saldo -a 25 años de la recuperación de la democracia- es extremadamente pobre en casi todos los terrenos: Ecuador perdió la soberanía monetaria (a partir de la dolarización); la política fiscal está maniatada por los pagos del servicio de la deuda externa; el mar territorial está de facto bajo el control de la marina estadounidense que, apostada en la base de Manta, ha desmantelado y hundido barcos de presuntos traficantes de drogas o de emigrantes ilegales hacia Estados Unidos 4. Incluso la agenda parlamentaria, según la última carta de intención, es fijada por el Fondo Monetario Internacional. El economista del Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales (ILDIS) Alberto Acosta define el escenario actual como el de un país que sufre una "ocupación de baja intensidad".

 Cesión de la soberanía monetaria

 En la noche del domingo 9 enero de 2000, en medio de una profunda inestabilidad económica agravada por el colapso de los precios del petróleo y por el efecto de los destrozos provocados por el fenómeno natural de El Niño en los dos años precedentes, el gobierno de Jamil Mahuad reemplazó la moneda nacional, el sucre, por la divisa estadounidense, convirtiendo a Ecuador en la primera nación de América Latina en dar semejante paso. A cuatro años y medio de su imposición, la dolarización -sustentada en gran medida en un "terrorismo económico" que atemorizó a la sociedad con una hiperinflación inexistente- muestra puntos débiles en la mayoría de los indicadores económicos.

La inflación acumulada en dólares, durante los últimos cuatro años y medio, es de más del 150%, frente al 11% en Estados Unidos. Pese al proceso de reducción gradual -muy lento- la tasa inflacionaria de Ecuador (6,1%) aún se ubica por encima de la de muchos países de la región que conservan su moneda nacional. Por otro lado, mientras los precios de los bienes transables se reducen, vía importaciones, los precios de los bienes no transables se mantienen elevados: combinación que demuele aun más la competitividad del aparato productivo y fomenta la desindustrialización 5.

La ausencia de "riesgo de devaluación" tampoco se refleja en una caída sustantiva de las tasas de interés en dólares, que se ubican para la mayoría del aparato productivo en el 18%; más del 40% para los pequeños empresarios; cerca del 80% en compras en establecimientos comerciales y sobre el 100% en préstamos informales. Asimismo, la economía dolarizada creció apenas el 2,7% en 2003 (la economía no petrolera el 1,74% y la petrolera el 11%), una de las cifras más bajas de la última década, pese a contar con varios factores externos favorables: altos precios del petróleo, bajas tasas de interés en el mercado internacional, niveles históricos de remesas de los emigrados, devaluación del dólar frente al euro, reactivación de la economía estadounidense (donde Ecuador coloca más del 40% de sus exportaciones), y el nada despreciable ingreso de narcodólares (estimados oficialmente en unos 400 millones y en una cifra mayor por analistas privados).

En este contexto con tendencias recesivas, la austeridad fiscal del gobierno sólo beneficia a los acreedores de la deuda pública, en particular deuda externa (entre los que están los bancos privados ecuatorianos), quienes -junto al FMI- exigen para este año un superávit fiscal primario de 5,5% del PBI, ahorro compulsivo que impide generar unos 200.000 puestos de trabajo, cuando el desempleo supera el 12% y el subempleo sigue en aumento. Esta situación sería aun peor si no existiese la válvula emigratoria 6.

La negociación del TLC sin una agenda nacional (por ejemplo no se incluye el tema de la migración) completa el programa neoliberal del Presidente ecuatoriano, cuya popularidad se ha derrumbado: en un sondeo de la encuestadora Market de mayo de 2004 su credibilidad apenas superaba el 6% y los niveles de desaprobación hacia su gestión alcanzaban el 70%. Su continuidad en el poder depende entonces del apoyo de las elites económicas locales y de la embajada de Estados Unidos, que se cuida de mantener a un aliado clave e influenciable en una región geopolíticamente estratégica de América Latina.

 El movimiento Pachakutik

 Con el debilitamiento del movimiento sindical en los años '80, producto de las transformaciones económicas y productivas, el movimiento indígena fue articulando una agenda popular de reivindicaciones frente a la aplicación de las políticas neoliberales en el país. Así, la CONAIE, fundada en 1986, que agrupa a los indígenas de la Sierra, de la Amazonia y a pequeños grupos de la Costa, se fue constituyendo en un actor político con densidad organizativa y cohesión identitaria, cuya propuesta central es la construcción de un Estado Plurinacional que acabe con el "colonialismo interno" y reconozca su propia diversidad.

La constitución del movimiento Pachakutik -incorporando a sectores urbanos no indígenas- marcó el pasaje de lo "social" a lo "político-electoral" a partir de tres tendencias no exentas de tensiones: las organizaciones amazónicas que buscaban crear un movimiento exclusivamente indio; los serranos y la izquierda política, que propiciaban la creación de un movimiento plurinacional; y los sectores medios urbanos que promovían la extensión de puentes hacia las organizaciones progresistas y de centroizquierda. El carácter minoritario de la población indígena en Ecuador (un 7% de los 12,6 millones de habitantes, según el censo de 2001, 15% según estimaciones alternativas y 40% según la CONAIE) hizo que los vínculos con otros sectores sociales resultaran clave en la construcción de una alternativa política.

Desde el levantamiento de 1990 (un hito en la narrativa del movimiento indígena ecuatoriano), los vínculos cada vez mayores entre las organizaciones indígenas y el Estado plantean nuevos desafíos políticos y estratégicos: ¿Cómo articular la acción de contestación extrainstitucional y la estrategia electoral-institucional? Según el investigador del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), Pablo Dávalos, se trata de la compleja transformación del "contrapoder", construido en las movilizaciones sociales y las experiencias autonómicas, en "poder" estatal. Este es un problema común a otros movimientos indígenas, como el boliviano, en un contexto en el que lo étnico funciona como la base de una alianza plebeya más amplia y potencialmente transformadora, que combina formas tradicionales con formas modernas de hacer política.

La tensión entre una dimensión clasista y otra identitaria atraviesa el debate interno del movimiento indígena, aunque en los últimos tiempos se visualiza un peso mayor de la perspectiva étnico-identitaria. "Nosotros no somos asalariados, no somos trabajadores, nosotros somos pueblos indígenas con nuestra identidad", dice Humberto Cholango, presidente de Ecuarunari -que agrupa a las poblaciones quechuas de la Sierra y la Amazonia ecuatoriana-. "El término campesino y todo eso ya lo superamos, nosotros decidimos por nuestra cuenta qué somos" 7.

El periodista francés Marc Saint-Upéry 8, que reside en Ecuador, critica la supuesta contraposición entre dimensiones clasistas e identitarias y sostiene que en los movimientos reivindicativos siempre hay "una mezcla prácticamente indisociable de motivos económicos y de motivos identitarios-culturales". Para Saint-Upéry la política de la reivindicación exclusiva del reconocimiento lleva a un callejón sin salida: "La inflexión étnico-culturalista puede llevar a resultados vulgarmente económicos, como la consolidación material de elites indígenas que canalizan los recursos hacia las comunidades en interacción con las burocracias estatales. Por el contrario, una plataforma clasista y reivindicativa puede contribuir a liberar la dimensión cultural y facilitar el reconocimiento del resto de la sociedad, ya que ese reconocimiento depende también de variables materiales, junto a las simbólicas".

La alianza fracasada con Lucio Gutiérrez en 2002 -quien difícilmente hubiera podido acceder a la presidencia sin el apoyo del Pachakutik- ha conducido a un reflujo temporal de los movimientos sociales y a una discusión autocrítica, acerca de cómo se negoció el acceso al poder estatal.

"Tras el triunfo del coronel en la primera vuelta, la dirección del Pachakutik (...) no supo encaminar el sentido de la alianza. Con el triunfo en la segunda vuelta fue peor: en lugar de pelear por el poder, peleó por cargos", dice Kintto Lucas, uno de los artífices de la alianza con Gutiérrez 9.

Otros miembros de Pachakutik, como Augusto Barrera, del Centro de Investigaciones Ciudad, enfatizan que se trató de "un gobierno en disputa", en permanente tensión, y que hay que evitar la "autoinculpación". Barrera sostiene que hubo un "retiro claro, argumentado y oportuno de la casi totalidad de los funcionarios de Pachakutik" que limitó el desgaste de su participación en el gobierno, aunque argumenta que "la propensión al discurso del derrocamiento de Gutiérrez como único válido" conspira contra los movimientos sociales y limita su acumulación política y social. "Toda acción del movimiento parece tener en el horizonte la salida del Presidente, y a la vez, toda agenda por más importante que sea su contenido político y reivindicativo aparece como menor frente a la necesidad de ‘lavar el engaño'. En este contexto, la vara con la que se mide cada acción resulta tan alta que podría resumirse en la consigna de ‘insurrección o nada'", continúa Barrera.

Paradójicamente, el gobierno entronado por el movimiento indígena es uno de los más neoliberales y proestadounidenses de los últimos años. Y en las actuales condiciones de debilidad y división, la movilización popular, liderada por los indígenas, no ha logrado impedir que Ecuador pierda su soberanía política y económica.

De todas formas, pese a su reflujo circunstancial, el movimiento indígena conserva una gran parte del prestigio moral que conquistó en la última década y constituye la fuerza más organizada del movimiento popular ecuatoriano. Pachakutik cuenta con 5 prefecturas y 21 alcaldías, algunas de ellas como Cotacachi -cuyo alcalde, Auki Tituaña recibió varios premios internacionales por su gestión- muestran una profunda renovación de las formas de manejar el poder local e incentivan la participación ciudadana en los asuntos públicos. Además, en los últimos años emergió una intelectualidad indígena con proyección al ámbito político (como la ex canciller Nina Pacari, o el ex presidente de la CONAIE, Luis Macas).

 Escenario incierto

 Los principales riesgos, según los dirigentes indígenas, se vinculan con la ofensiva desplegada por el oficialismo -con aliados como Antonio Vargas, ex presidente de la CONAIE y actual ministro de Bienestar Social- para debilitar al movimiento indígena a través de la cooptación y un posible giro autoritario del gobierno con el visto bueno de la embajada estadounidense. No puede ocultarse la fractura política por la que hoy atraviesa la CONAIE: mientras dirigentes de las regionales de la costa y la amazonia están participando en el gobierno, los dirigentes de Ecuarunari han sido blanco de todo tipo de ataques 10.

Lucio Gutiérrez aprovecha que su escasa popularidad y los sentimientos sobre su "traición al pueblo ecuatoriano" aún no se han transformado en una fuerza social efectiva. El fracasado "levantamiento indígena" de junio de 2004 evidenció que no se han condensado los factores que con anterioridad provocaron la caída de Abdalá Bucaram y Jamil Mahuad.

La reciente "rebelión de las canas" (huelga de hambre de los jubilados en reclamo de aumento en sus haberes, que dejó un saldo de 14 muertos por complicaciones de salud vinculadas a la medida de fuerza) activó parcialmente la solidaridad social y cierta indignación moral frente a la insensibilidad gubernamental, pero aún no se articuló una oposición capaz de desafiar el giro derechista de la administración Gutiérrez y de recrear el apoyo social a la agenda de cambio presente en los levantamientos indígenas durante la última década.

Sin embargo, el gobierno ha conseguido solamente una tranquilidad precaria y poco consistente. El acercamiento al Partido Roldosista Ecuatoriano (PRE, del ex presidente Bucaram) es quizás el activo más firme 11, mientras que el mantenimiento de buenas relaciones con el Partido Renovador Institucional Acción Nacional (PRIAN, de Álvaro Noboa) y el Partido Social Cristiano (PSC, representante de las elites costeñas) le exigirá más y mayores concesiones. El 17 de octubre se renovarán administraciones locales, lo que seguramente reflejará la fragmentación del sistema político ecuatoriano entre la Sierra (con chances para el centroizquierda) y la Costa (con hegemonía del PSC en la ciudad de Guayaquil). Las previsiones indican un posible triunfo de la alianza Izquierda Democrática-Pachakutik en la ciudad de Quito, cuyo candidato, Paco Mocayo (ID), va por la reelección, y un importante desgaste electoral del gobierno. Para Augusto Barrera, "es previsible una gran derrota del partido Sociedad Patriótica, que incluso podría conllevar su ‘extinción' (en virtud de la ley que establece un piso del 5% para conservar la personería jurídica como partido), lo cual dejaría a Gutiérrez sin partido y sumamente frágil", debilitando seriamente su capacidad de acción política hasta el final de su mandato, a fines de 2006.

  1. La alianza electoral Pachakutik-Sociedad Patriótica surgió luego del fracaso de la unidad de centroizquierda propiciada por el Pachakutik y de la falta de consenso interno para designar un candidato propio. Varios autores, Entre la utopía y el desencanto, Planeta, Quito, 2004.
  2. El 18 de mayo de 2001, en el Parlamento Latinoamericano reunido en Brasil, Gutiérrez habló de la necesidad de forjar una "segunda independencia" y de pelear contra el "neocolonialismo" estadounidense. Afirmó que para lograr la unidad latinoamericana había que comenzar "apuntalando gobiernos como el de Hugo Chávez", en Venezuela. Meses antes, en el Foro Social Mundial de Porto Alegre, había pronunciado un discurso de contenido similar. Posteriormente fue tomando distancia de Chávez, especialmente después del triunfo en la primera vuelta. Kintto Lucas, "El otro yo de Lucio Gutiérrez", IPS, 16-1-04; y www.sociedadpatriotica.com. Véase también "Entre Chávez y yo hay muchísimas diferencias", El País, Madrid, 21-12-02.
  3. Un ejemplo fue el operativo conjunto de la policía ecuatoriana, el ejército colombiano y servicios de inteligencia estadounidenses para capturar, el 2 de enero en Quito, al dirigente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) Ricardo Palmera, conocido como Simón Trinidad.
  4. La Asociación Latinoamericana de Derechos Humanos presentó ante la Fiscalía una denuncia formal por la destrucción y hundimiento de ocho barcos por parte de la marina de Estados Unidos; diario Hoy, Quito, 15-7-04.
  5. Alberto Acosta, "¡Dolarización o desdolarización, esa no es toda la cuestión!", Íconos, Nº 19, Revista de Ciencias Sociales, FLACSO Ecuador, mayo de 2004; y "La fábula de la estabilidad macroeconómica", Quincenario Tintají, Quito, 5-6-04
  6. Ibíd.
  7. Los derechos identitarios y colectivos fueron operativizados mediante la Asamblea Constituyente de 1997, que incorporó el carácter "multicultural" del Estado ecuatoriano (no "plurinacional', como reclamaba la CONAIE, por presión de las Fuerzas Armadas). Sin embargo, en paralelo a estas "políticas de reconocimiento", la reforma incorporó la liberalización de la economía, en línea con el modelo neoliberal.
  8. Marc Saint-Upéry, Bertha García Gallegos y Françoise Barthélémy, dossier "La victoria de Lucio Gutiérrez en Ecuador", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, enero de 2003.
  9. Kintto Lucas, El movimiento indígena y las acrobacias del coronel, Los libros de Tintají, Quito, 2003.
  10. Augusto Barrera, "La situación de Ecuador y sus perspectivas (Segundo trimestre 2004)", Documento de análisis de coyuntura elaborado para UNICEF, Quito, 2004.
  11. La reciente reunión de Gutiérrez con el ex presidente Bucaram, "exiliado" en Panamá, ha tensado el clima político e incluso ha motivado un pedido de juicio político por parte del Movimiento Popular Democrático (MPD), el Partido Socialista y el movimiento Pachakutik, que incluso -por motivos electorales- podría ser apoyado por el PSC. Diario Hoy, Quito, 7-9-04.

Saliendo del “paraíso dolarizado”

La emigración de ecuatorianos, iniciada hace ya varias décadas, particularmente desde algunas zonas deprimidas de la Sierra, se aceleró a mediados de los ’90 y tomó dimensiones dramáticas entre el final de la década y el inicio del nuevo siglo. Cada vez más, las remesas de quienes abandonaron el “paraíso dolarizado” constituyen una masa de recursos necesaria para financiar el esquema de la dolarización, por lo que la emigración se ha transformado en una estrategia social de supervivencia a nivel nacional 1: las remesas ascendieron en 2003 a 1.560 millones de dólares, por encima de las exportaciones conjuntas de bananos, café, camarones, cacao y pescado, y se ubican por detrás de las exportaciones petroleras. En la actualidad, entre 2 y 2,5 millones de ecuatorianos viven y trabajan en el extranjero, de los cuales al menos la mitad (más del 10% de la población) son personas que salieron del país en los últimos cinco años, sobre todo hacia Estados Unidos y España. En provincias meridionales de la Sierra, como Azuay, Cañar y Loja, seis de cada diez habitantes tienen familiares viviendo en el exterior.
La existencia de un tejido social fuerte, basado en redes familiares extensas, facilita a los sectores medios bajos y bajos acceder a los recursos necesarios para emigrar, cubrir los costos de viaje e instalación en el país de destino y, en muchos casos, facilitar su inserción laboral. Otra fuente de financiamiento son los llamados “chulqueros” (usureros) del mercado negro, quienes utilizan prácticas abusivas valiéndose de los temores de los futuros emigrantes 2. La salida clandestina hacia Estados Unidos, facilitada por los “coyoteros”, en un viaje que comienza en las costas ecuatorianas para luego continuar por tierra hasta México y de allí tratar de cruzar ilegalmente la frontera, cuesta entre 10.000 y 15.000 dólares e incluye tres intentos de llegar a destino (para las mujeres el “costo” es mayor, pues existe el riesgo de ser violadas en el camino). Otros ingresan como turistas a España por el aeropuerto de Barajas y su destino principal es engrosar la fuerza de trabajo en las explotaciones rurales del sur de ese país.
Este “voto con los pies” (salir del país a como dé lugar) expresa la fuerte crisis de confianza que viven los ecuatorianos, desmiente la retórica de la “estabilidad macroeconómica” y resume hasta que punto la idea de que Ecuador es un país con ausencia de oportunidades forma parte del imaginario social.

  1. Cartillas sobre migración; Plan Migración, Comunicación y Desarrollo, enero de 2003, N° 3, ILDIS.
  2. Cartillas sobre migración; Plan Migración, Comunicación y Desarrollo,  mayo de 2002, N° 1, ILDIS.


Autor/es Pablo Stefanoni
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 64 - Octubre 2004
Páginas:16,17
Temas Ciencias Políticas, Sociología, Colonialismo, Neoliberalismo, Política
Países Argentina, Ecuador