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IKEA en India

Luego de abrir negocios en Rusia y China –mercados prometedores– el gigante sueco Ikea hizo saber en octubre pasado que no tenía intenciones de abrir en India “debido a la muy restrictiva reglamentación existente para las empresas extranjeras”. Al grupo le alcanza con hacer fabricar allí productos, sin restricciones...

Cuatrocientos diez millones de clientes en todo el mundo, ciento sesenta millones de catálogos distribuidos (superando así la difusión de ... la Biblia): IKEA, la multinacional del prêt-à-habiter goza de excelente salud. Y su volumen de ventas mantiene una impresionante espiral positiva: 3.300 millones de euros en 1994, 14.800 millones de euros en 2005. O sea una progresión de más del 400%. Difícil de mejorar. En la actualidad, la sociedad se propone conquistar dos territorios que hasta hoy se le resistieron: Rusia y China. Como se lee en su revista interna Read Me: “El objetivo consiste en crear una mejor vida diaria para la mayoría. Para lograrlo, las tiendas deben siempre vender más a más clientes” 1... Para IKEA, la felicidad del pueblo pasa por comprar.

Fenómeno excepcional para una multinacional que simboliza hasta ese punto la uniformación planetaria y el mercantilismo, IKEA logra esquivar los ataques de las asociaciones de consumidores, de altermundialistas y otros medioambientalistas. La hazaña no es de poca monta. En verdad, la marca consiguió establecer vínculos especiales con sus clientes gracias a los precios increíbles, la instalación en sus locales de un espacio de juegos para niños, un concepto total que permite encontrar rápidamente todo lo que se busque (y de preferencia lo que no se necesita).

Para ilustrar la sacrosanta unión entre cliente y empresa, no faltan las anécdotas. ¿Acaso en 2004 un concejal de Stockport (Reino Unido) no exclamó: “¡Un IKEA en el territorio de la comuna, es la gloria!” 2? Haciendo eco a este entusiasmo, los habitantes de Mougins, una aldea francesa, lanzaron una petición: “Si ustedes también están hartos de pasarse dos horas en el auto para recorrer más de 200 kilómetros (ida y vuelta) y todo eso para poder comprar en un local de IKEA, entonces aprovechen la oportunidad que se les ofrece (puede ser la última) de ver por fin abrirse un IKEA en los Alpes Marítimos” 3. ¿No provoca esto admiración? Personas que lanzan una petición (¡más de dos mil firmas en agosto de 2006!), que afirman sus valores, que se movilizan... porque no hay una sucursal de la multinacional del mueble a cien kilómetros a la redonda.

Tal éxito puede tener consecuencias más dramáticas. El 1 de septiembre de 2004, en la apertura de una filial en Arabia Saudita, la multinacional ofreció un cheque de 150 dólares a las cincuenta personas que llegaran primero, lo que produjo una avalancha con dos muertos, dieciséis heridos y veinte desmayados... En esta ocasión el precio de una existencia fue de 150 dólares, entrega y montaje no incluidos.

¿Cómo explicar el entusiasmo mundial por IKEA? Además de los bajos precios practicados, una de las claves del éxito se debe a la imagen medioambiental y social que supo forjarse la multinacional. Sin embargo, es una imagen construida a fuerza de escándalos.

Desde su primer proveedor extranjero (Polonia en 1961), IKEA deslocaliza una parte de su producción en busca de mano de obra barata y explotada laboralmente. Así es como la parte de producción que se realiza en Asia no dejó de aumentar. Actualmente, China (conocida por su respeto de los derechos de los trabajadores...) supera a Polonia hasta el punto de convertirse en el más grande proveedor de la empresa, con un 18% de los productos del grupo. En total, el 30% del “made in quality of Sweden” procede del continente asiático 4. Según The Observer, en la producción de IKEA la parte de los países en desarrollo habría pasado del 32% al 48% entre 1997 y 2001 5.

Desde sus orígenes, los objetivos del grupo sueco fueron proponer productos a “precios extremadamente bajos”. En 1976, en su Testamento de un comerciante de muebles, el fundador Ingvar Kamprad declaraba: “Para mantener estos precios en su nivel más bajo no deberá ahorrarse ningún esfuerzo (...) estos bajos precios siempre justificados imponen pues enormes exigencias a todos nuestros colaboradores. (...) Sin una estricta limitación de nuestros gastos, nunca podremos cumplir nuestra misión” 6.

Pero, contrariamente a lo que afirma IKEA, los bajos precios tuvieron –y tienen siempre– un considerable costo social. Entre 1994 y 1997, tres reportajes en la televisión alemana 7 y sueca acusaron a la empresa de emplear a niños en condiciones degradantes en Pakistán, India, Vietnam y Filipinas.

Asia no tiene el monopolio de la explotación ikeana: en 1998, a raíz del descubrimiento de deplorables condiciones de trabajo en Rumania, el sindicato de los trabajadores de la madera y la construcción, la International Federation of Building and Wood Workers (IFBWW) amenazó a la multinacional de un boicot, lo que desembocó finalmente en un acuerdo entre el sindicato y la multinacional.

Así, el IWAY –nombre del código de conducta de IKEA en los ámbitos del medio ambiente y de las condiciones laborales– exige, como punto de partida social de cualquier colaboración, la ausencia del trabajo forzoso y del trabajo infantil. En su apartado número siete (“salud y seguridad de los obreros”) enumera las condiciones laborales de los asalariados, que deberán vestir la protección necesaria para producir. Se propone también proteger la capacidad de los empleados para asociarse en sindicatos o cualquier otro tipo de unión, cosa que el subcontratista no debe de ninguna manera impedir. En otro apartado declara que no se tolera ninguna discriminación, ya sea por sexo, origen, estatus, etc. Por último, en cuanto al salario, nadie debe ser pagado por debajo del mínimo legal del país. El trabajo semanal no puede superar el límite de horas legal.

Redactar un código de conducta para decir simplemente que se va a respetar la ley puede parecer raro... Un poco como si un individuo declarara solemnemente estar dispuesto a manejar por la izquierda en el Reino Unido. ¿Ahora bien, tuvo el IWAY un impacto positivo en las condiciones laborales de los trabajadores de los subcontratistas?

¿Sindicatos? Impensable

En lo relativo al trabajo infantil (tema muy sensible para las conciencias occidentales), es indudable que IKEA erradicó esta práctica en “sus” fábricas, aunque el IWAY prefiere basarse en las legislaciones locales y señala que “las legislaciones nacionales pueden permitir el trabajo de personas de 13-15 años o de 12-14 años para tareas livianas” 8.

Pero la organización de los obreros en colectividades o sindicatos, el pago de las horas extraordinarias, es otro asunto. Así, en mayo de 2006, durante un viaje al cercano pueblo de Karur, una ciudad textil india, pretendimos entrevistar a asalariados de una factoría subcontratante. Shiva 9, de unos treinta años, querría responder algunas preguntas del visitante occidental, pero su madre, una anciana india de cabellos blancos, se muestra inquieta. ¿Y si Shiva pierde su sustento? Su salario representa el único recurso de la familia, compuesta además de las dos mujeres, del hijo de la obrera, un adolescente de 15 años.

Sin embargo, no hay por qué temer. En realidad, la joven mujer no critica a su patrón. Habla de las pausas para tomar el té, de las protecciones para ojos y manos. Evoca un medioambiente sano. Y todo eso es verdad. “IKEA ofrece las mejores condiciones, no hay duda de eso”, asiente Maniemegalai Vijayabaskar, profesor adjunto en el Madras Institute of Developpement Studies. Pero este universitario, que co-firmó un estudio 10 encargado por Oxfam-Magasins du Monde acerca de los proveedores de la multinacional del mueble, agrega: “Se adjudican un rostro humano para evitar críticas y controversias. Pero no hacen muchos esfuerzos para mejorar las condiciones laborales”.

¿Las condiciones laborales? A primera vista, son buenas. Los locales están limpios y ventilados. Hay pausas para tomar el té y material de calidad. Y el IWAY se exhibe en las paredes de la empresa. Pero... En 2003, el sindicato holandés FNV encargó a la Organización No Gubernamental holandesa SOMO, especializada en auditoría social de multinacionales, una investigación sobre los proveedores de IKEA en tres países: India, Bulgaria y Vietnam. En todos ellos los investigadores entrevistaron a obreros de tres o cuatro empresas fuera del lugar de trabajo. Visitaron las fábricas y discutieron con los encargados.

Las conclusiones se referían a diez proveedores que representaban a unos dos mil empleados. SOMO constataba: “Es evidente que en los tres países y en todas las empresas estudiadas todavía existen numerosas violaciones al código de conducta IKEA”. Las transgresiones más frecuentes se referían a la libertad de asociación, al derecho a negociaciones colectivas, a los salarios y a las horas extraordinarias. En la peor de las situaciones se observó que no había sindicato, se trabajaban los siete días de la semana, no se pagaba el salario mínimo. Y, por supuesto, nadie conocía sus derechos ni los compromisos de la multinacional del mueble.

¿Historia antigua? Por lo que pudimos constatar en India en 2006, entre los subcontratistas de Ikea no existe ningún sindicato. Sin embargo, oficialmente se tolera su presencia; pero si le creemos a Shiva, en realidad no serían necesarios: “Cuando hay un problema, nos reunimos y discutimos. Habitualmente es para recibir instrucciones sobre la limpieza de los baños, por ejemplo. Y si tengo que exigir algo, puedo hablar con el jefe”. ¿Será por la juventud de Xana y la ausencia de un hijo a quien alimentar? Lo cierto es que la respuesta de esta obrera suena distinta: “¿Un sindicato? No, no aceptarían. Y si vienen controladores a la fábrica, los dueños nos repiten las mentiras que debemos decir...”

En esta región, la situación no es excepcional. Cada iniciativa sindical es sofocada en su origen. Al igual que cualquier multinacional que se instala en India, IKEA suponía encontrar este tipo de situación, que garantiza salarios especialmente bajos. Shiva nos dice que gana 2.300 rupias al mes (40,3 euros). Paga 500 rupias (8,7 euros) mensuales para ir en autobús a su trabajo. Al final, ¿este ingreso le permite vivir? Shiva sonríe púdicamente. Cuando su madre cocina enfrente de la casa, el plato es siempre el mismo: “Se come simplemente, sopa y sobre todo arroz con salsa”. ¿Y carne? “Sí. Una vez por semana, el domingo. Pero no este domingo porque es fin de mes”. El encuentro se desarrollaba el 20 de mayo de 2006.

El código de conducta de IKEA no alimenta a su empleado. Tampoco lo amuebla. No hay estanterías Billy o cama Malm a la vista... La vivienda de Shiva es rudimentaria: dos cuartos, algunos calendarios en la pared, fotos en blanco y negro, dos jergones, dos pequeños cofres a manera de guardarropas. Un reloj, divinidades...

Cuando se le preguntó qué haría con 1.000 rupias más, Shiva nos describió su modesto sueño de confort: “Tendríamos una cocina a gas con garrafa [bombona]. Cocinar con fuego es dificultoso, con todo ese humo en los ojos. En la temporada de lluvias, es difícil encontrar leña seca. Y recoger esa leña es un trabajo difícil”. La pobreza de Shiva no es una excepción en el universo de los proveedores de IKEA. Más bien la norma.

Otra obrera, Manjula, recién casada, nos dice que gana 2.360 rupias (41,4 euros). Pero cuando a título de ejemplo nos muestra su recibo de sueldo de octubre de 2005, vemos que esta suma representa el monto bruto (por otra parte, en los dos sentidos de la palabra), del cual hay que descontar dos seguros sociales y un seguro de vida. Después de hacer algunos cálculos, las 2.360 rupias iniciales se redujeron. Así, en octubre Manjula trabajó 24 días y cobró 1.818 rupias (31,8 euros). Aun trabajando seis días a la semana, roza el umbral de la extrema pobreza. Y todo ello en cumplimiento del código de conducta “ikeano”...

Para ganarse la vida, los obreros multiplican las horas extras. Vijayabaskar precisa: “Trabajan doce horas por día, sin contar el tiempo de ir y venir. Durante los picos de producción, pueden trabajar hasta 15 horas diarias”.

IKEA intenta reducir estas horas extras, pero la presión que imponen tanto los plazos de entrega como la necesidad de dinero hace inevitable este excedente de trabajo. Las ocho horas diarias se extienden de 9:30 a 13:30 y de 14:30 a 18:30. Pero en el corazón del popular barrio de Karur, Kalaya declara: “Si hacemos horas extras de 19 a 20 o 21 horas, no se pagan. Si trabajamos hasta las 22:30, recibimos 50 rupias extras (0,87 euros). Por lo general, el trabajo suplementario se realiza dos veces por semana”.

Trabajando en el mismo lugar, Assam nos asegura que en su empresa no se hacen horas extras. Esa misma noche las máquinas funcionarán en continuo, e instalados en la entrada, veremos equipos que entran a la fábrica hasta las veinte horas. Prueba de que los discursos pueden ser suavizados por las consignas y por el miedo de perder el empleo. Deenosha necesita otra fuente de ingreso. Apenas empezamos a hablar con ella al salir de la fábrica, que ya se disculpa. Tiene otro trabajo de las 20 a la 1 de la mañana, por el que recibe 80 rupias (1,4 euro) más la comida.

En realidad, para IKEA tanto Shiva como Kalaya y Deenosha son “costos a limitar estrictamente”, lo que explica la presencia de la multinacional en India. Tanto más que, para entregar a tiempo los pedidos, los subcontratistas subcontratan a su vez. El IWAY, ya inaplicable en los proveedores directos de IKEA, se convierte así en una total abstracción. Ningún control, ninguna exigencia, ningún límite que no sea el plazo de entrega.

Pero incluso en los proveedores oficiales, el control del código de conducta sigue presentando grandes lagunas. ¿Quién lleva a cabo esas auditorías? En principio, la parte fundamental (el 93%) es realizada por las 46 oficinas de compras de IKEA distribuidas en 32 países. Estas oficinas son formadas por el Compliance and Monitoring Group (grupo de control y conformidad), una estructura del grupo sueco dedicada a la verificación de la aplicación del código de conducta. Compuesto de cinco personas (tres en 2004), el Compliance and Monitoring Group, que secunda a los controladores de las oficinas de compras IKEA, también realiza las auditorías: 53 en 2005 11. En cuanto a los auditores externos, como KPMG, PricewaterhouseCoopers e Intertek Testing Services, sólo hicieron siete auditorías en 2004. La multinacional del mueble reconocía que este número era escaso, pero aseguraba que “2005 contrastará, con un elevado número de auditorías realizadas por terceros” 12. Ahora se conoce ese “elevado número”: el año culmina con 26 auditorias realizadas de 1.012…

El umbral de tolerancia occidental 

Además, estas pocas auditorías independientes están incluidas en parte en el sistema de control interno instaurado por IKEA. Los auditores no pueden publicar sus estudios, de los que dan cuenta, directa y únicamente, a la dirección del grupo. El control, que se desarrolla cada dos años (cada seis meses o cada año para Asia), ocupa entre uno y dos días durante los cuales los 90 criterios del IWAY se pasan por el tamiz. A razón de ocho horas diarias, eso representa un criterio cada diez minutos y cuarenta segundos. ¿Cómo se verifica en diez minutos que no hay presión contra la formación de un sindicato? ¿Y para las horas extras? ¿Y el pago a tiempo de los salarios? ¿Y el respeto del descanso? ¿Y el trabajo forzoso? ¿El trabajo infantil? Simple. Se pregunta al dueño. Se consultan los registros de la empresa. O peor aun, se pregunta al obrero en su fábrica.

Probablemente las personas que realizan estas auditorías son sinceras y voluntariosas, pero las condiciones en las cuales trabajan no permiten un control serio. El método es por lo menos “ligero” y poco propicio a que los obreros se explayen acerca de sus condiciones laborales, tanto más cuanto que este “control” se opera al mismo tiempo que el control de calidad de los productos. Así, el año pasado Toneesh, del control de calidad, vio dos veces a los controladores de IKEA: “Ellos hacen algunas preguntas, en especial a propósito de la calidad de los productos, con el fin de verificar la producción. Son indios de Delhi o Chennai. Pero también europeos. Sólo interrogan al ‘top level management’. Los trabajadores no pueden hablar directamente con ellos a causa del idioma”.

La obrera Kalaya confirma: “Ayer vino un hombre de IKEA. Nos mostró un video sobre la preparación del producto de calidad. Hizo preguntas, pero sólo sobre el producto”. Es poco probable que este tipo de interrogación evite que Kalaya no cobre las horas extras...

Por esta razón, la política de IKEA se limita a introducir algunas muestras de cortesía en la explotación humana. Es cierto, los asalariados tienen a su disposición agua filtrada, guantes, baños separados y a veces incluso las pausas-té. Pero beber el té no ayuda al trabajador a llegar a fin de mes, y cuando surgen los temas realmente sociales –los salarios, la presencia de sindicatos, las horas extras–, ya se vio cómo el tono cambia rápidamente.

El gran vencedor de esta responsabilidad social encarnada en el código de conducta sería finalmente... la propia empresa. Por un lado, y como lo menciona Vijayabaskar, “IKEA hizo que los proveedores sufragaran el costo de su política social”. Por el otro, puede valorizar su imagen mediante ese compromiso gratuito que, con precisión de metrónomo, se mantiene por sobre el umbral de tolerancia occidental, que es el trabajo infantil.

Estos adelantos se adquieren con facilidad y a bajo precio, ya que los compromisos del IWAY no parecen ser muy vinculantes. La supuesta responsabilidad social de IKEA ni siquiera llega a sacar de la total miseria a algunos de sus empleados. Para autoproclamarse realmente “ética”, la empresa debería permitir una vida decente a sus trabajadores. Y no hablamos de lujo, televisión o teléfono celular, sino de comer carne más a menudo, de comprobar que si su hijo pierde un año escolar, no por eso tiene que retirarlo de la escuela por falta de dinero, de no verse obligado a acumular dos empleos, de gozar por fin de un verdadero día de descanso, sin tener que recuperar todas las tareas domésticas de la semana. Sin hablar siquiera de permitir a Shiva ofrecerse un pequeño lujo en las góndolas de IKEA...

 

  1. Read Me, revista internacional interna de IKEA, Nº1 versión francesa, marzo de 2006.
  2. “Un IKEA sinon rien!”, Courrier International, Nº 722, 2/8-9-04.
  3. www.ipetitions.com/campaigns/POUR_IKEA_MOUGINS/
  4. “Social & Environnemental Responsibility Report 2005”, IKEA.
  5. “Trying to assemble a perfect reputation”, The Observer, Londres, 23-11-01.
  6. Palabras extraídas del “Testament d’un négociant en meubles” retomadas in extenso en la biografía autorizada de Ingvar Kamprad: Bertil Torekull, Un design, un destin. La saga IKEA, ed. Michel Lafon, París, 2000.
  7. Primer reportaje: Manuel Balza Duran & Davor Radojicic, “Corporate Social Responsibility and Nongovernmental Organizations”, Avdelning, Institution Division, Departement Ekonomiska institutionen, Linköping, 30-1-04; segundo reportaje, Mattan, documental alemán de 1994; tercer reportaje citado por Susan Christopherson y Nathan Lillie, “Neither global nor standard: corporate strategies in the era of new labor standards”, University of Oxford, noviembre de 2003, citado también por Newsweek (12-3-01) e “IKEA accused of exploiting child workers”, BBC, 23-12-1997.
  8. IWAY Standard, apartado 15.
  9. Dado que varias de las personas entrevistadas manifestaron el temor de perder su trabajo si eran reconocidas, todos los nombres han sido cambiados.
  10. Disponible en www.madeindignity.be
  11. Social & Environnemental Responsibility Report 2005, IKEA.
  12. Ibid.

 

 

Autor/es Caudron Jean-Marc, Lambert Denis, Bailly Olivier
Publicado en Artículos especiales para eldiplo.org
Número de ediciónNúmero 91 - Enero 2007
Temas Desarrollo, Mundialización (Economía), Sociedad
Países China, India, Rusia