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¿Identidad nacional o imitación estadounidense?

El domingo 22 de abril se realiza la primera ronda de las elecciones presidenciales en Francia, para la que Nicolas Sarkozy, candidato de la UMP y ex ministro del Interior es el favorito. El autor de este artículo traza el retrato de un candidato que se inspira en la derecha estadounidense y busca el apoyo popular en alianza con el gran capital.

Suele acusarse a Nicolas Sarkozy de ser demasiado estadounidense, tanto por la orientación de su política exterior, próxima a la del gobierno de George W. Bush, como por su admiración por el sistema económico y social de Estados Unidos 1. Pero el presidente de la Union pour un Mouvement Populaire (Unión por un Movimiento Popular – UMP) se ha inspirado también en las ideas y fórmulas políticas de la derecha estadounidense en otras áreas.

A partir de los años ’60, el ala más conservadora del Partido Republicano (Barry Goldwater, Ronald Reagan) decidió asumir el papel de excluída del sistema político (de 1955 a 1995, el Partido Demócrata controló ininterrumpidamente una de las cámaras del Congreso), desdeñada por un empresariado demasiado preocupado por la paz social, y condenada al ostracismo por las instituciones culturales y mediáticas del país. Afirmó entonces su determinación por instaurar (o restablecer) su hegemonía ideológica, segura de que ello constituiría la antesala de su retorno al poder 2.

En el caso de Sarkozy, ministro principal del gobierno hasta hace unos días, y desde hace dos años presidente del partido mayoritario, esta postura de disidente, de proscripto, puede parecer incongruente. Pese a todo, como un republicano estadounidense, y sin duda consciente de que un candidato defensor del statu quo en Francia no podría más que perder la elección, el presidente de la UMP machaca la idea de que “el pensamiento único y la corrección política dominaron demasiadas veces el debate” 3. Precisa que la derecha nunca se atrevió a ubicarse realmente a la derecha, ya que se encontraba asfixiada por una ortodoxia de izquierda, por no decir “marxista”, como acaba de sostener, en tono nada humorístico, su amigo Bernard Arnault, el industrial que preside el directorio de LVMH (un grupo de marcas y productos de lujo nacido de la unión de Louis Vitton y Moët-Hennessy) y es dueño de la primera fortuna del país 4.

Como sea, en 2001 el actual candidato de la UMP admitía estar “convencido de que la sanata socialdemócrata había prosperado únicamente por la ausencia de una derecha moderna” 5. Y el pasado 12 de abril, en Tolosa, especificó: “Si me eligen Presidente, haré todo lo que la derecha republicana ya no se atrevió a hacer por avergonzarse de ser la derecha”. Notemos de paso que hace mucho que no se oye, de parte de un candidato socialista, un compromiso simétrico, a saber, no tener ya “vergüenza de ser la izquierda”.

Un candidato “popular” 

La segunda temática de la campaña de Sarkozy, que parece inspirada en las fórmulas de la derecha estadounidense, concierne al discurso que el candidato dirige al electorado popular. En Estados Unidos y Francia es a priori difícil que un candidato que cuenta con el apoyo del sector patronal y que además reclama la supresión del impuesto a las sucesiones y la reducción del impuesto a las empresas, se proponga como vocero del pueblo contra las elites. Se sabe no obstante que Ronald Reagan y George W. Bush realizaron esa hazaña 6: una fracción considerable de los sectores sociales más desfavorecidos votó por ellos, con la consiguiente disminución de los salarios reales y de las prestaciones sociales, la reducción de los impuestos a las ganancias elevadas, el cuestionamiento de los derechos sindicales...

En Estados Unidos, esta proeza política se debió en gran medida al llamado al sentimiento nacional y patriótico (anticomunismo, luego antiterrorismo) 7, al resentimiento fiscal (el “pequeño contribuyente” contra el “gordo”), a los “valores morales tradicionales” (oposición al aborto y a la homosexualidad), y por fin, al rechazo de un “laxismo” judicial presentado como el proveedor principal de las violencias y crímenes 8.

La paleta de Sarkozy no puede superponerse por completo a este registro, en la medida en que, en Francia, la utilización por un candidato de los sentimientos religiosos, y de las religiones o sectas como guardianas de un orden social conservador, siguen chocando con la secularización del país y con su tradición republicana y laica. El candidato de la UMP intentó seriamente reactivar ese resorte religioso –“Yo soy uno de esos que piensan que la cuestión espiritual se ha subestimado mucho respecto a la cuestión social”, seguía reiterando recientemente 9– pero pasó rápidamente a lo esencial: la redefinición de “la cuestión social”. Se esforzó entonces, a la manera estadounidense, por hacer pasar la línea de demarcación, ya no entré pobres y ricos, capitalistas y trabajadores, sino entre asalariados y “asistidos”, obreros y estafadores.

“Hay dos categorías de estadounidenses –anunciaba en 1984 un senador ultraconservador de Texas–: los que tiran de los vagones y los que se sientan en ellos sin pagar; los que trabajan y pagan impuestos, y los que esperan que el Estado se haga cargo de ellos” 10. En efecto, con el fin de quebrar las solidaridades emanadas del New Deal, la derecha estadounidense no dejó de tocar esa cuerda, que busca enfrentar a los asalariados contra los vagos. Como proclama el publicista neoconservador David Frum: “El Partido Republicano no podrá mantenerse fiel a sus principios si teme que se lo acuse de insensibilidad”. En Estados Unidos, los temas impositivos y raciales alimentarían aun más ese resentimiento reaccionario (so pretexto, como ya hemos visto, de ruptura con la “corrección política” de la izquierda), por cuanto aparecen asociados. Una fracción casi exclusivamente blanca de las “clases medias” (y de los obreros y empleados que aspiran a esa condición) siente que paga impuestos abusivos para financiar, según cree, políticas sociales destinadas a otros, en muchos casos negros o inmigrantes.

“Los pobres me tienen harta”, deslizó una vez al oído de Ronald Reagan la mujer de un oficial. El entonces futuro presidente de Estados Unidos todavía no era sordo. Así que al instante se puso a contar la historia (falsa) de una estafadora. Historia que repitió hasta el cansancio durante más de diez años. Era sobre una “reina de la ayuda social (“welfare queen”) que utiliza ochenta nombres, treinta direcciones y doce tarjetas del seguro social, gracias a lo cual su ingreso libre de impuestos supera los 150.000 dólares” 11. La temática tenía futuro. Es el discurso bien aceitado del “blanco modesto” que se desloma trabajando y que “se vuelve loco” por “el ruido y el olor” de los pobres, en muchos casos inmigrantes, que holgazanean gracias al suculento botín de la asistencia social.

Demagogia por el capital 

El ataque al Estado benefactor se efectúa de modo sesgado. No se arremete frontalmente contra su principio mismo, sino contra los que gozan indebidamente de él y confiscan sus beneficios. Se impondrá el endurecimiento, pero se lo hará más presentable mediante la afirmación de que las ayudas públicas llevan a sus prestatarios a la ruina, que los hunden en una “cultura de la dependencia” que trae consigo su ristra de patologías (falta de asiduidad, juego, adicciones, violencia conyugal, etc.). Quien tenga dudas de la importación de ese discurso a Francia no tiene más que remitirse a la revista sarkozysta Le Point, propiedad de François Pinault, tercera fortuna de Francia. A menos de un año de haber titulado “Los tramposos del desempleo”, acaba de dedicar su tapa a “La Fancia asistida. Los escándalos del ‘modelo francés’. Los aprovechadores de las asignaciones. Cómo salir de la trampa” 12.

Sarkozy, por su parte, se declara preocupado por “reconciliar a la Francia que gana y a la que sufre”. Como la primera le parece ya conquistada, se dirige a la segunda, aprovechando que la izquierda gobernante la hizo a un lado: “Quiero hablarle a todos esos desventurados, pero quiero decir que el sufrimiento y la dureza de la vida no se limitan a la Francia de la precariedad. Quiero hablar de otro sufrimiento, muy real, que no debemos subestimar: el de la Francia que no está en la precariedad, que se levanta temprano, que trabaja duro, que se esfuerza para alimentar a su familia y criar a sus hijos, y que les aseguro que también atraviesa un momento difícil y quiere que lo sepamos y respondamos por fin a su llamado” 13. Y concluye con una advertencia, en un estilo puritano más común en Estados Unidos que en Francia 14: “Yo no acepto que haya gente que esté en el RMI 15 y que a fin de mes tenga tanto como ustedes [los asalariados], que se levantan temprano por la mañana”. Esto se le hace aun menos aceptable cuando: “La condición generalizada de asistido es una capitulación moral. La asistencia es un agravio a la dignidad de la persona. La encierra en una situación de dependencia. No da lo suficiente para una existencia feliz, pero da demasiado para incitar al esfuerzo”.

Una mente maligna objetaría sin duda que en Francia hay otros explotadores y otros explotados, otros rentistas y otros estafadores, y que estos llevan un tren de vida mucho mejor que los “asistidos”; que hay otros privilegiados que ni siquiera se han tomado el trabajo de nacer en una buena familia (el hijo de Jean-Luc Lagardère, el de Francis Bouygues, el de François Pinault, el de Vincent Bolloré, la hija de Bernard Arnault...); que hay también otra clase de injusticias. Pero éstas parecen no preocupar tanto a Sarkozy. Porque, según su explicación, “los seguros sociales son financiados por el producto de esa Francia que trabaja y se levanta temprano”. ¿No es legítimo, entonces, “que éstos (sean) otorgados y utilizados sin fraude, sin mentira y sin deshonestidad”? 16.

Por otra parte, la solución recomendada por la Organización para la Cooperación y y el Desarrollo Económico (OCDE) ya se habría hallado 17: “Debemos hacer de modo tal que el demandante de empleo no pueda rechazar más de tres ofertas de trabajo, que todos estén obligados a buscar realmente un empleo, a ejercer una actividad o aceptar una formación. La sociedad no puede ayudar a los que no quieren salir adelante” 18. Una propuesta alternativa se descarta de entrada: “Ellos dicen: ¡hagamos que pague el capital! Pero si el capital paga demasiado, se irá” 19. Con Sarkozy en el Elíseo, sin duda el capital no pagará demasiado.

Millonarios “populares” 

Ser verdaderamente de derechas, allegado a los círculos patronales, y dirigirse no obstante a las categorías sociales víctimas del neoliberalismo implica, en muchos casos, una técnica de confusión suplementaria, que consiste en exhibir los gustos del hombre común. Pese a ser millonarios, y a frecuentar prioritariamente a otros ricos, Ronald Reagan y George W. Bush no dejaron de jugar esa carta popular. Porque si bien no eran “populares” por sus fortunas, sí pretendieron serlo por sus gustos 20. Y ambos expresaron, deliberadamente, su desprecio por los “intelectuales” y los especialistas, de ahí en más asociados tanto a la elite, como a la prensa de opinión y a la morgue aristocrática 21. Si bien es cierto que Sarkozy es, por su lado, el ex intendente de una de las comunas más ricas del país (Neuilly), así como el amigo íntimo de varios millonarios, también lo es que le encantan los programas de Michel Drucker, el ciclismo, y las canciones de Johnny Hallyday. Entonces es completamente natural que cuando François Bayrou, candidato de la Union pour la Démocratie Française (Unión por la Democracia Francesa – UDF) propuso suprimir la Escuela Nacional de Administración (ENA), el presidente de la UMP haya replicado: “En lo que a mí respecta, no ser ni enarca 22 ni profesor adjunto me permite no ser demagógico”.

¿Pero es posible, en Francia y sin demagogia, ser simultáneamente un hombre de derechas legítimamente adorado por los empresarios del CAC 40 23 y el tribuno de los de abajo y de los subalternos, perseguido por lo “políticamente correcto”?

 

  1. Véase “Petit conte de Noël”, Le Monde diplomatique, París, noviembre de 2006.
  2. S. Halimi, “Cuando la derecha estadounidense pensaba lo impensable”, Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, Buenos Aires, enero de 2002.
  3. Nicolas Sarkozy, Ensemble, XO, París, 2007.
  4. Entrevista con Capital, París, abril de 2007.
  5. Nicolas Sarkozy, Libre, Robert Laffont, 2001. Citado por Eric Dupin, A droite toute, Fayard, París, 2007, p. 56.
  6. S. Halimi, “El pueblo humilde que vota a Bush”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, octubre de 2004.
  7. Todd Gitlin, “La droite americaine manipule le sentiment national”, Le Monde diplomatique, París, noviembre de 1995.
  8. Loïc Wacquant, “Sur quelques contes sécuritaires venus d’Amérique”, Le Monde diplomatique, París, mayo de 2002.
  9. Hace tres años, agregó: “Es totalmente preferible que los jóvenes puedan tener una esperanza espiritual antes que tener en la cabeza, como única religión, la de la violencia, de la droga o el dinero” (Nicolas Sarkozy, La République, les religions, l’espérance, Ed. du Cerf, París, 2004. Citado por Eric Dupin, op. cit.)
  10. Phil Gramm, senador de Texas, durante la convención republicana de Dallas, en agosto de 1984.
  11. Cf. sobre este tema Le Grand bond en arrière, Fayard, París, 2006.
  12. Le Point, París, 12-4-07. El número dedicado a los “tramposos del desempleo” se publicó el 29-6-06. Véase, sobre ese tema, el artículo de Renaud Lambert en el sitio internet de Acrimed (www.acrimed.org), “Les ‘tricheurs’ du Point”, 6-7-06.
  13. Nicolas Sarkozy, “Pour la France du travail”. Discurso del 22-6-06 en Agen.
  14. Marie-France Toinet, “Aux sources puritaines des Etats-Unis”, Le Monde diplomatique, París, mayo de 2005.
  15. RMI: Revenu Minimum d’Insertion, seguro francés de desempleo.
  16. Citado por Grégory Marin, “Démagogie en terre de souffrance”, L’Humanité, París, 20-12-06.
  17. Laurent Cordonnier, “Economistes en guerre contre les chômeurs”, Le Monde diplomatique, París, octubre de 2006.
  18. Entrevista publicada por Les Echos, París, 9-11-06.
  19. Discurso del 22 de junio de 2006, op. cit.
  20. S. Halimi, “El pueblo humilde que vota a Bush”, op. cit.
  21. S. Halimi, “Stratagème de la droite américaine, mobiliser le peuple contre les intellectuels”, Le Monde diplomatique, París, mayo de 2006.
  22. El término “enarca” designa a los egresados de la Escuela Nacional de Administración (ENA).
  23. El CAC 40 es el nombre del índice bursatil francés.

 

 

Autor/es Serge Halimi
Publicado en Artículos especiales para eldiplo.org
Número de ediciónNúmero 94 - Abril 2007
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Política, Sociedad, Economía, Cultura
Países Estados Unidos, Francia