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África ya no es el dorado de las empresas francesas

Un foro “alternativo y ciudadano” tuvo lugar al margen de la XXIII Cumbre Francia-África de Bamako (Malí), a fines de noviembre. Allí se denunció el “neocolonialismo” de París, particularmente el apoyo a regímenes autoritarios (Togo, Gabón). Paradojicamente varias empresas francesas parecen perder interés en el continente negro.

“Nuestro problema no consiste en encontrar nuevos inversores privados para el África de lengua francesa, sino impedir que la abandonen los que ya están allí”. Esa afirmación de Anthony Bouthelier, presidente delegado del Consejo Francés de Inversores en África Negra (CIAN), es ratificada por Jean-Pierre Barbier, director del Departamento África Central, Austral y Océano Indico de la Agencia Francesa para el Desarrollo (AFD): “La retirada de los inversores franceses sin dudas ya existe, y se vio acelerada por los acontecimientos de Costa de Marfil”. En efecto, dejando de lado a los pequeños empresarios –algunos de los cuales quedaron en la ruina a causa de la devaluación del franco CFA en 1994– 1, la presencia francesa en África actualmente se reduce a unos veinte grupos medianos y grandes. Entre ellos: Bouygues y Vinci (construcción), CFAO (distribución especializada), Rougier (madera), Total (hidrocarburos) 2, Castel (cerveza), Dagris (algodón), Compagnie Fruitière, Bolloré y CMA-CGM (logística y transporte), Veolia (agua), Accor (hotelería), Air France, BNP-Paribas y Société générale (banca)…

Ya está lejos el tiempo en que –durante la Guerra Fría– los grupos franceses, muy bien implantados en el África francófona, controlaban más de la mitad del mercado en Gabón, Costa de Marfil, Camerún o Senegal, registrando considerables beneficios, con el apoyo de la Compañía Francesa de Seguros para el Comercio Exterior (Coface). A mediados de la década de 1980, Gabón todavía representaba la mitad de las reservas comprobadas de Elf-Aquintaine, y existían contactos entre el Servicio de Documentación Exterior y de Contraespionaje (Sdece), la Cancillería francesa y la compañía petrolera estatal. En 1964, el restablecimiento de Leon M’Ba en la presidencia de Gabón, luego de un efímero golpe de Estado, fue la primera injerencia manifiesta de la “Françafrique”, que mezclaba intereses políticos, económicos, comerciales y apetitos individuales, como ocurrió en el Congo Brazzaville, en Togo o en República Centroafricana 3. La corrupción y el prevaricato puestos de manifiesto por el “caso Elf”, fueron los símbolos de esos turbios acuerdos efectuados a expensas de la población local 4.

Razones de una reorientación 

Actualmente, la retirada de las empresas francesas es notoria en sectores otrora dominados por ellas durante mucho tiempo, como la explotación del agua o de la madera. Así, luego de haber abandonado Guinea y Mozambique, y de anunciar su retirada de Malí, la firma Bouygues –a través de sus filiales Saur y Sodeci– planea partir también de Costa de Marfil. Veolia (ex Vivendi-environnement) cesó su actividad en Chad al cabo de un contrato de tres años, luego de la renacionalización de la empresa local. Esta nueva actitud de las empresas de tratamiento de agua supera el marco de las relaciones franco-africanas y se inscribe, según Maurice Bernard –jefe de proyecto en el Departamento Infraestructura y Desarrollo Urbano de la AFD– “en un movimiento general de retirada de las empresas multinacionales de los países en desarrollo, en beneficio de Europa, de Estados Unidos y de los grandes países emergentes de Asia, de India y de China”.

Los operadores franceses abandonan también el sector forestal en el que se destacaron François Pinault y la familia de Bernard-Henri Lévy: Bolloré vendió su participación en las plantaciones del continente; Thanry pasó todas sus concesiones a chinos de Hong Kong, salvo en Gabón; Leroy fue comprada por portugueses... Queda Rougier, un grupo de medianas dimensiones (146 millones de euros en 2004, con un resultado neto de 1,4 millones de euros), más pequeño, por ejemplo, que el alemán Danzer. Además, los franceses participaron poco en el reciente “rebote” de las inversiones extranjeras directas (IED) en África: Francia aparece en cuarta posición, con el 4% de IED, contra el 13% del Reino Unido, el 8% de Estados Unidos y el 5% de los Países Bajos 5. Ese aumento se debió sobre todo a “los asiáticos, estadounidenses, y sudafricanos, que se convirtieron en los primeros inversores en el continente, pero casi no hubo franceses”, afirma Barbier.

La distribución geográfica de la implantación francesa en África también evolucionó: la actividad se orienta actualmente sobre las costas mediterránea, meridional y oriental del continente, en detrimento del África del Oeste y Central, más pobre, más inestable y menos poblada. En algunos países la retirada francesa es muy importante, como en República Centroafricana. “Ya no hay presencia significativa de las empresas francesas prácticamente en ningún sector económico”, estima el canciller Jean?Paul Ngoupandé 6. Así, de las diez empresas creadas y de las once adquiridas en los últimos cinco años por la CFAO (Grupo Pinault-Printemps-Redoute), la mayoría se sitúan en el norte y en el este del continente. Bouygues comenzó a reorientarse hacia África del Norte desde fines de la década de 1980. El vicepresidente de Bolloré (y presidente del comité África del Medef 7 internacional), Michel Roussin, ex ministro de la Cooperación de Edouard Balladur, explica: “En adelante, los flujos comerciales provenientes de Asia serán seguramente más importantes que los provenientes de Europa, de allí la importancia que el grupo Bolloré da al África del Este, en particular a Etiopía, donde estudia la implantación de una primera agencia”.

Hasta Total, heredera de Elf, afirma haber “normalizado” su presencia en el continente. El gigante francés realiza más de la mitad de su producción diaria continental –813.000 barriles equivalente petróleo (gas incluido), 30% de su total mundial– en Nigeria y en Angola, fuera del antiguo “patio trasero”. Con cerca de 110.000 millones de barriles, África posee el 9,4% de las reservas petrolíferas mundiales (contra el 7,6% en 1984). En ese sector estratégico la diversidad de fuentes de aprovisionamiento es vital. Eso explica la ofensiva de Pekín, en el marco de grandes contratos entre Estados sin ningún tipo de condicionamiento político (Angola, Congo-Brazzaville...), y los esfuerzos de Washington para asegurarse una parte creciente del petróleo africano. Total, que sigue siendo el primer operador internacional privado del continente, es objeto de la competencia estadounidense en el África de lengua francesa, como en Chad, y en los nuevos países productores, como Guinea Ecuatorial.

La retirada francesa y su reorientación tienen varios motivos. En primer lugar, la caída del Muro de Berlín, y la posterior apertura hacia el Este, orientaron el interés político de París –y los flujos financieros– hacia Europa Central y Oriental. Muy pocos grupos franceses disponen aún de una estrategia africana: “Fuera del petróleo, África representa menos del 5% de las inversiones extranjeras directas de Francia; evidentemente ya no es estratégica para nosotros”, constata Philippe Hugon, director de investigaciones del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (IRIS, en francés). En el plano de la competencia mundial, el África subsahariana se caracteriza por la estrechez de su mercado, con un Producto Bruto Interno (PBI) de unos 248.000 millones de euros, es decir, inferior al de Australia. La mitad de los habitantes dispone apenas de un dólar diario 8.

En segundo lugar, la “normalización” de la presencia francesa en el continente se ve propulsada por la apertura forzada del continente bajo la influencia de la Organización Mundial del Comercio (OMC). La globalización hace caer las murallas que protegían a los grupos franceses de la competencia internacional: mercados cautivos (farmacia), monopolios u oligopolios (transporte aéreo, telefonía tradicional), subvenciones oficiales (infraestructura), rutina sin riesgos de ciertas actividades (banca de depósito)… Ahora los franceses deben hacer frente a la competencia, fundamentalmente de los chinos 9.

En el sector de la construcción la lucha es tal, que el líder mundial, Colas (del grupo Bouygues), derrotado de antemano, ya no se toma el trabajo de presentarse a ciertas licitaciones. Dado que desde el 1° de enero de 2002 la ayuda de la AFD quedó desvinculada de cualquier condición de nacionalidad, algunos temen que los chinos se queden con una parte cada vez mayor de los proyectos apoyados por esa institución. Sin embargo, su presencia, como la de indios, malayos y otros asiáticos, podría redinamizar a las empresas francesas, estima Roussin: “Nosotros tenemos que ser imaginativos, organizar joint-ventures, proponer nuevos servicios, etc.”

En tercer lugar, la reacomodación económica francesa en África se explica por la inestabilidad crónica del continente, que se puso nuevamente en evidencia con los acontecimientos de Costa de Marfil. Una serie de crisis sacude África del Oeste y Central, zona privilegiada de la presencia francesa, como en el caso de República Centroafricana o de la República Democrática del Congo (ex Zaire). La marcha de los negocios se ve perturbada por la incertidumbre jurídica, los sobresaltos políticos, la corrupción y las dificultades en las cobranzas. En Niamey (Níger), al parecer Veolia tiene enormes problemas para cobrar un tercio de las facturas de agua de los organismos públicos, incluidos la presidencia y el ejército. “La diferencia de competitividad entre África y el promedio mundial es del 20%, a causa de costos financieros más elevados, de dificultades logísticas, del costo del personal jerárquico traído del extranjero, y del factor de riesgo”, explica Eric Dahlström, director de las operaciones en África y Medio Oriente de Imperial Tobacco (firma que compró la rama tabacalera de Bolloré).

Por último, a esas tendencias generales se añaden dificultades específicas vinculadas con la historia de la presencia francesa en el continente negro. “El capitalismo pos-colonial francés vivió durante mucho tiempo de su situación de renta y de sus relaciones privilegiadas a nivel político”, estima Philippe Hugon del IRIS. Protegido de la competencia exterior por sus posiciones monopolísticas y sus estrechos lazos con el mundo político, el “capitalismo” francés podía prosperar tranquilamente. Pero, a pesar de que al primer ministro Dominique de Villepin se le adjudican sólidas relaciones con las envejecidas redes de la “Francafrique” 10, la tendencia de fondo es la de una retirada permanente de París y de una “progresiva separación de las esferas militar, económica, política y cultural de la presencia francesa en África desde comienzos de la década de 1980”, según estima Achille Mbembé, investigador de la universidad de Witwatersrand, en Sudáfrica.

De hecho, varios diputados franceses reclaman la creación de una comisión investigadora sobre las cuentas de la Coface, cuyas deudas siguen aumentando 11. “La ‘Francafrique’ murió, pero no fue aniquilada por la virtud cívica, muy tardía en manifestarse, sino por su falta de decisión, por su incapacidad a adaptarse a África y al mundo, que tanto han cambiado”, confirman los periodistas Antoine Glaser y Stephen Smith 12. La crisis en Costa de Marfil reveló también el resentimiento de las poblaciones africanas respecto de la conducta de los franceses, y la tentación de esos gobiernos de buscar otros socios 13.

Discursos y hechos 

Sin embargo la mezcla de lo político con lo económico sigue siendo una realidad en ciertos casos. Por ejemplo: la obtención a comienzos de 2004 –sin licitación previa– de la concesión del puerto autónomo de Abiyán por la firma SETV (Bolloré), generó muchos comentarios. El contrato de concesión y de explotación del principal puerto de África del Oeste, que fuera objeto de una dura pulseada entre las autoridades políticas y económicas marfileñas, fue finalmente atribuido al grupo francés, que afirma haberse mantenido en su línea de conducta oficial: la no-injerencia. Según un ex miembro del grupo, esa concesión sería una compensación por la explotación que la empresa realizó a pérdida –durante el peor momento de la crisis sufrida por Costa de Marfil, a partir de septiembre de 2002– de la línea férrea Sitarail, que va de Ouagadougou a Abiyán. Paul Lignières, miembro del estudio jurídico Linklaters, estima que todas las empresas francesas manifiestan “una sensibilidad algo diferente” a la de las otras firmas extranjeras, pues suelen mostrarse “más aferradas a su independencia respecto de los financistas anglosajones que respecto de los políticos franceses”...

A las empresas francesas les cuesta adaptarse a la nueva realidad, que –bajo la presión de organizaciones no gubernamentales y de asociaciones altermundialistas– concede cada vez más importancia a la “moralización” de la actividad económica en África. Así es que Total, que adhirió a la iniciativa sobre la transparencia de las industrias extractivas lanzada en 2002 en la Cumbre sobre el desarrollo sustentable realizada en Johannesburgo, no participa en la campaña “Publique lo que paga”, organizada en 2002 por un grupo de ONG. El coordinador de esa campaña en Francia, Michel Roy, estima que invocando la no-injerencia y la confidencialidad de sus contratos, “Total posee un discurso sobre la transparencia que no puede concretarse en los hechos”. A causa de ello, el grupo francés se halla en el puesto 21 sobre las 24 firmas petroleras peor calificadas por el grupo de ONG. Ahora bien, estima Achille Mbembé, en África “la gente quiere otra cultura política, que se manifieste por un retorno a los valores básicos”. Un deseo se materializa lentamente: “Existe un avance, al menos en el plano retórico, pues antes se negaba la existencia de corrupción”.

Actualmente, los grandes grupos pueden ser interrogados sobre los resultados de sus actividades. En su último informe sobre las inversiones extranjeras directas en África, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad) hizo un balance muy discreto de la presencia económica extranjera en el continente: divergencia de intereses entre los Estados anfitriones y las empresas (como sobre el desarrollo de enclaves sectoriales petroleros o mineros); política de incitación fiscal perjudicial a los ingresos presupuestarios, y falta de expansión de los capitales extranjeros sobre la economía local. Los franceses, que durante mucho tiempo dominaron y hasta monopolizaron (en el África francófona) la situación, arrastran un abultado pasivo. Eso resta credibilidad al discurso de las empresas francesas que afirman comportarse mejor que sus competidoras asiáticas, poco preocupadas por el desarrollo local, o por los derechos fundamentales o ambientales. Así, asociaciones como Amigos de la Tierra o Survie, decidieron mostrar que la “extraterritorialidad en la que se mueven los agentes privados no es garantía sistemática de impunidad”. En marzo de 2002 Amigos de la Tierra se sumó a una acción legal –hasta ahora sin consecuencias– iniciada ante la justicia francesa por pobladores cameruneses contra la empresa Rougier, por “daño, falsificación, estafa, encubrimiento, y corrupción de funcionarios” 14. Así fue que la AFD expresó su voluntad de “apoyar las buenas conductas”. Mbembé subraya la “paradoja” de la situación: “En momentos en que se produce una relativa retirada de las empresas francesas, su acción en los países anfitriones es vista cada vez más como un saqueo”.

Las empresas ya no pueden limitarse a crear “una isla de prosperidad en medio de un océano de miseria”, –como dijera Henri-Bernard Solignac-Lecomte, economista del Centro de Desarrollo de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE)– creando instalaciones “propias” (la escuela de la empresa, el hospital de la empresa, etc.). Es necesario hacer algo más, por ejemplo, contribuir a la mejora duradera del tejido económico y social local, y apoyar, por ejemplo, la creación de pequeñas y medianas empresas. Ello implica modificar ciertas prácticas. Marc Vézina, de la asociación PsEau estima que “en las ciudades pequeñas y en los pueblos se podría dejar la explotación del servicio de agua comunal a operadores privados locales, en lugar de firmar grandes contratos con grupos como Veolia o Saur”. Pero, agrega que “entre los contratos de arrendamiento a la francesa y el regulador a la inglesa –impuestos por el Banco Mundial– a los africanos les resulta difícil hallar su lugar”. En el sector maderero, los países productores también manifiestan crecientes exigencias industriales y fiscales, para favorecer el desarrollo nacional. La transformación local va actualmente del 40% al 100% de la producción de troncos, según el tipo de árboles y el país. En la cuenca del Congo, indica Rougier, “en los últimos cinco años la fiscalidad se multiplicó por dos o por tres”.

La tendencia a la reducción de personal venido del exterior, que se registra desde hace unos 20 años, permite a los africanos alcanzar más puestos de responsabilidad: la CFAO, que en la década de 1980 empleaba cerca de mil extranjeros, ahora cuenta con menos de 200 (sobre 10.300 empleados); la Compagnie Fruitière tiene apenas veinte (sobre 15.000 personas); Rougier, 60, sobre 2.000 empleos directos; y Bolloré 381, por un total de 28.868 trabajadores (entre permanentes y temporarios). Francia dispone de una ventaja humana muy valiosa, como lo señala Didier Acouetey, fundador y dirigente de AfricSearch, la primera agencia de selección de personal especializada en África: “Los ejecutivos de origen africano formados en Francia interesados en trabajar concretamente en favor del desarrollo en ese continente, son cada vez más numerosos”.

Sin embargo, la disparidad de salarios empleados del exterior y los contratados locales, sigue siendo muy grande. Un alto ejecutivo marfileño de la firma Bouygues afirma: “En general el problema es el porcentaje de la masa salarial francesa en relación a la masa salarial total; pero ese sigue siendo un tema tabú”. Sin embargo... “la nacionalidad de los ejecutivos no deja de influir en el reparto de los beneficios entre la casa central y la filial”, afirma un ex responsable del Banco Mundial. Pero ese tema, “técnicamente complicado y políticamente sensible”, jamás fue “encarado de frente”. ¡En ciertos países, como Gabón –señala la Unctad– las remesas de beneficios al exterior superan, en algunos años, al ingreso de capitales extranjeros! ¡En 2003, Libreville alcanzó 87,7 millones de euros de inversiones extranjeras directas, mientras que se remitieron al exterior ganancias por 526 millones de euros!

Es decir, que en ciertos sectores el continente sigue siendo un destino atractivo. La rentabilidad en el sector del agua potable y del saneamiento, otrora muy fructífero, sería actualmente de apenas 5%, ¡pero alcanzaría entre el 13 y el 15% en la electricidad, y entre el 20 y el 25% en las telecomunicaciones 15! La empresa Sonatel, creada hace veinte años, propiedad de France Telecom en un 42% desde 1997 (y del gobierno senegalés en un 27%) es la primera capitalización bursátil en la plaza regional de Dakar (duplicó su cotización en los últimos 18 meses) y el primer contribuyente fiscal del país. Su facturación aumentó en un 30% en 2004, pasando a 400 millones de euros, con un resultado neto de 100 millones de euros.

En Costa de Marfil –a pesar de la destrucción de once de sus trece agencias de Abiyán en noviembre de 2004– Orange continuó ganando dinero, gracias a un aumento del parque de celulares del 40% ese mismo año. Por lo tanto, el director de operaciones internacionales de France Telecom y presidente de Sonatel, Marc Rennard, estima que África es “una de las regiones del mundo que ofrece el mayor potencial de crecimiento” a causa de su bajo nivel de equipamiento y de su escasa industrialización. Alcatel aprovecha también la expansión de ese sector, y –al igual que otros– se prepara a enfrentar un serio adversario: el grupo chino –mitad privado, mitad público– ZTE, que ya está presente en 14 países africanos, y cuya ambición es nada menos que convertirse en “el primer proveedor de equipos de telecomunicaciones del continente”.

Alain Viry, presidente de CFAO, subraya las facilidades que existen para implantarse en África: “No existe ningún obstáculo reglamentario para crear una empresa de capitales extranjeros, ni límites a las inversiones de no residentes, salvo en la parte mediterránea del continente”. Pero para salir verdaderamente beneficiados, los grupos deben cambiar de estrategia. La invocación del riesgo, real o imaginario, tiene sus ventajas: “Hay que aceptarlo, y obtener a cambio una mayor rentabilidad”, asume Francis Rougier, presidente del directorio de Rougier S.A. Además, sutilmente, la presencia en África “permite ser invitado a las consultas sobre el desarrollo sustentable y difundir las propias ideas sobre el tema”, nota un observador, sin demasiadas ilusiones...

Ciertos grupos franceses pudieron adaptar su perímetro de acción. Pasar de la tarea de importador/exportador a la de agente de logística centrado en la manutención y la gestión de terminales portuarios, es la ambición declarada de Bolloré, que acaba de entregar sus naves (Delmas) y contenedores en propiedad a la CMA-CGM. El principal empleador francés del continente (una parte importante de cuyo personal es temporario) toma en serio lo dicho por un ex miembro del grupo: “África es como una isla, unida al resto del mundo por el mar. Por lo tanto, ¡quien controla las grúas, controla el continente!”.

Esa cesión es la última de una larga serie, que comenzó en 2001 con la venta de la rama tabacalera, y que continuó en 2004 con la venta de las actividades “no estratégicas” en el negocio del cacao y del café en Costa de Marfil, y de la explotación forestal en Camerún. Al cabo de múltiples cesiones (cueros y pieles, vino, distribución mayorista) la centenaria firma CFAO ocupa actualmente nichos estrechos pero lucrativos, en la distribución automotriz y en la farmacia. En 2005, su facturación superaría los 2.000 millones de euros, el triple respecto de hace diez años. En definitiva, la enorme mayoría de los miembros del Consejo Francés de Inversores en África es beneficiaria, aunque con variaciones a veces importantes 16.

Algunos grupos franceses saben aprovechar la nueva realidad africana, pero sólo una nueva visión política permitirá regenerar el interés económico por ese continente y saldar las cuentas de la “Francafrique”.

  1. Demba Moussa Dembélé, “La servidumbre monetaria africana”, Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, junio de 2004.
  2. Esta compañía surge de la fusión de Total, Fina y Elf.
  3. François-Xavier Verschave, La Françafrique. Le plus long scandale de la République, Stock, París, 1998.
  4. Ocho años de instrucción judicial (1994-2001) revelaron 183 mil millones de euros de desvíos de fondos, en beneficio sobre todo del financiamiento de partidos políticos franceses. Si bien se les otorgó la falta de mérito a los ex ministros Charles Pasqua (Rassemblement Pour la République) y Roland Dumas (Partido Socialista), el ex gerente general Loïk Le Floch-Prigent fue condenado a cinco años de prisión efectiva. Alfred Sirven y André Tarallo, el antiguo “Monsieur Afrique” del grupo recibieron cuatro años de prisión efectiva. Véase Olivier Vallée, “Elf, au service de l’Etat français”, Le Monde diplomatique, París, abril de 2000.
  5. Sin embargo, el continente africano sólo recibe entre el 2 y el 3% del flujo de capitales mundiales. Cf. Unctad, “Le développement económique en Afrique : repenser le rôle de l’investissement étranger direct”, Ginebra, septiembre de 2005.
  6. Jean-Paul Ngoupandé, L’Afrique sans la France. Histoire d’un divorce consommé, Albin Michel, París, 2002.
  7. Movimiento de Empresas de Francia.
  8. Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Los objetivos del milenio para el desarrollo (www.undp.org/spanish/mdgsp/).
  9. Jean-Christophe Servant, “China al ataque del mercado africano”, Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, mayo de 2005.
  10. Anne-Cécile Robert, “Pas en notre nom ?”, Manière de voir, Nº 79, “Résistences africaines”, febrero-marzo de 2005.
  11. En 2005, la tasa de endeudamiento financiero bruto del grupo se situaba en un 30% contra un 20% a fines de 2003.
  12. Antoine Glaser y Stephen Smith, Comment la France a perdu l’Afrique, Calmann-Lévy, París, 2005.
  13. Boubacar Boris Diop, “Neocolonialismo francés en Costa de Marfil”, Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, marzo de 2005. Los grupos franceses ocupan una posición dominante en Costa de Marfil en el sector del agua y de la electricidad (Bouygues) o la telefonía movil (France Télécom)… Sin embargo, Estados Unidos es quien detiene los sectores clave del petróleo y del cacao. Véase Serge Michailof, “Côte d’Ivoire 2005 : bienvenue sur le Titanic !”, Commentaire, Nº 110, París, verano boreal de 2005.
  14. Arnaud Labrousse y François-Xavier Verschave, Les pillards de la fôret. Exploitations criminelles en Afrique, Agone, Marsella, 2003.
  15. La Tribune, París, 25-8-05.
  16. “Les entreprises françaises et l’Afrique 2005, 16e rapport”, Moniteur du commerce international – CIAN, París, 30-12-04 al 12-1-05.
Autor/es Anne Valérie, Vignaux Bárbara
Publicado en Artículos especiales para eldiplo.org
Número de ediciónNúmero 80 - Febrero 2006
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Desarrollo, Política, Sociedad, Economía
Países Guinea, Malí, Mozambique, Francia