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La “revolución naranja” pierde color

La primera visita internacional que efectuó Viktor Ianoukovitch, el 16 y 17 de agosto, fue a Moscú. Al nombrarlo a la cabeza del gobierno, el presidente Viktor Iouchtchenko tomó nota del fracaso de la ex "coalición naranja". El nuevo Primer Ministro pretende llenar el abismo entre el este (pro-ruso) y el oeste (pro-occidental) del país.

En las primeras horas del 3 de agosto de 2006, el presidente ucraniano Viktor Yushchenko aceptó nombrar a la cabeza del nuevo gobierno a su principal rival, Viktor Yanukovich. La otra alternativa que se le ofrecía era disolver el Parlamento y organizar nuevas elecciones, en las cuales su partido corría el riesgo de sufrir un retroceso. Hacía cuatro meses el país parecía paralizado, ya que la “coalición naranja” no lograba superar sus divergencias para formar un nuevo gobierno. El jefe de Estado puso a dos de sus hombres en Relaciones Exteriores y en Defensa, y dejó el resto de los ministerios al jefe del gobierno. ¿Saldrá así Ucrania de su inestabilidad política crónica?

La última crisis se remonta a las elecciones legislativas del 26 de marzo pasado. Aunque no representaron una victoria para los artesanos de la “revolución naranja”, fueron un éxito para sus valores. Rompiendo con la tradición de recurrir a los “recursos administrativos” –un eufemismo para designar la práctica del fraude masivo por parte del aparato del Estado-, el presidente Yushchenko les permitió a los ciudadanos elegir verdaderamente su Parlamento. Pero los resultados pueden sorprender. En la primera vuelta, el Partido de las Regiones (PR) del candidato del régimen anterior derrotado un año antes –Yanukovich- logró el primer lugar con el 32,1% de los votos, el bloque de Julia Timoshenko (BYuT) –antigua aliada de Yushchenko convertida luego en su adversaria– obtuvo el segundo lugar con el 22,29% de los votos. Y Nuestra Ucrania (NU), el partido del Presidente, tuvo que contentarse con el tercer lugar, con el 13,95% de los votos. Hubo otros dos partidos que superaron el umbral del 3% de los votos: el Partido Socialista (5,69%), uno de los protagonistas de los acontecimientos de fines del 2004, y el Partido Comunista (3,66%). Paradójicamente, el éxito de la democracia ucraniana se dio en paralelo con la derrota política de su arquitecto.

Inactividad y querellas 

Con estos resultados, los dirigentes “naranjas” hubieran podido formar gobierno. Alexandre Moroz, el líder del Partido Socialista, afirmó algunos días, después de la votación: “No puede decirse que la sociedad haya votado a favor del antiguo régimen. Si se suman los votos logrados por el Bloque de Timoshenko, Nuestra Ucrania, los socialistas y otros más, el resultado se parece al de la elección presidencial del 26 de diciembre de 2004 ” 1. Sin embargo, el dirigente socialista lamenta que los electores no hayan consolidado las fuerzas de la revolución naranja: “La coalición naranja no estuvo unida, ni antes ni después de la revolución”.

Pero NU, el ByuY y los socialistas negociaron durante meses –en vano- el reparto de los cargos de un eventual nuevo gobierno. Timoshenko insistió en volver a ser primera ministra y Moroz portavoz del gobierno, un puesto también codiciado por Petro Poroshenko, un oligarca de NU. El resultado fue que cuando el 22 de junio Timoshenko fue nombrada primera ministra y Poroshenko portavoz, Moroz desertó y se unió a la “Coalición Azul”. Así fue como Yanukovich pudo formar una “coalición anticrisis” y aspirar al puesto de jefe de gobierno.

En resumen, los líderes “naranja” se comportaron como comerciantes de alfombras, quedándose en los detalles, y no como los portadores de un impulso dirigido a cambiar la sociedad. Lo mismo se constata durante todo el período “posrevolucionario”: la indecisión, la inactividad y las querellas características del gobierno le hicieron perder la dinámica de fines de 2004. Yushchenko no logró llevar ante los tribunales los crímenes cometidos bajo el régimen anterior (lo que incluye el asesinato del periodista Georgi Gongadze en 2000), ni los fraudes electorales masivos, ni las acciones de los “separatistas” del Este. Por otra parte, las “reprivatizaciones” que sus partidarios esperaban no afectaron más que a dos empresas, una de ellas la acería más grande del país, Kryvorizhstal. La ausencia de voluntad política impidió ir más lejos. Finalmente, el acuerdo secreto sobre el gas, acordado entre Moscú y Kiev en enero de 2006, al no haber sido objeto de explicaciones oficiales, tampoco fue comprendido por la opinión pública.

Por eso la decepción de la “inteligenzia”, que Andrei Mokrusov, el editor del periódico literario Kritika, expresa así: “Pensábamos tener un Presidente que cometería errores y en lugar de eso, tenemos un presidente que no hace nada de nada. La única persona que ahora lucha por los valores democráticos es Timoshenko, pero ella no puede ser la dirigente principal de Ucrania”. A los 46 años, esta figura enigmática está entre las escasas mujeres que han tenido un papel importante en la descolectivización de los bienes del Estado ucraniano. Orgullosa del apoyo recibido de ex-responsables del Partido Comunista de su ciudad natal, Dnepropetrovsk, hizo fortuna con la importación de productos electrónicos, agrícolas y petróleo. Una vez elegida diputada, organizó su partido político, el “primer partido de oligarcas disidentes” 2, cuando el primer ministro Pavel Lazarenko cayó en desgracia, con lo que perdió a su protector.

En 1999 fue nombrada primera ministra adjunta, encargada de la energía. Su caída, precipitada por la del régimen de Leonid Kuchma, fue seguida de un breve encarcelamiento, que la llevó a radicalizar sus posiciones y a constituirse en el portavoz más enérgico de la coalición naranja. Como primera ministra después de la revolución, tomó medidas radicales –como el cierre de las zonas francas, incitación a las reprivatizaciones, aumento de los impuestos y de los gastos sociales- que le valieron ser calificada por sus adversarios como “populista”.

Nuevas reglas políticas 

La revolución ucraniana no ha dado nacimiento a nuevas fuerzas políticas. Los cinco partidos que obtuvieron bancas en el Parlamento existen desde 2002 3. El movimiento estudiantil Pora, que le brindó a la revolución naranja sus “soldados de infantería”, sólo consiguió el 1,47% de los votos, lo que no le permite acceder al Parlamento. Su líder, Vladysal Kaskiv, admite que su estrecha colaboración con el presidente Yushchenko, mientras sus partidarios de base defendían las posiciones más radicales de Timoshenko, perjudicó la imagen del movimiento. También admite que Pora “se preocupó más por las relaciones públicas para crearse una imagen que por establecer estructuras partidarias”.

El PR, que representa a los oligarcas de Dontsk, se reorganizó bien después de la derrota de 2004. No sólo preservó su control de la región de Donbass, el centro industrial del país, sino que logró movilizar a todas las fuerzas anti “naranja”, ubicadas principalmente en el sur y el este. Ocupa el espacio del ex-Partido Comunista, relegado a un papel marginal, consistente en defender los particularismos culturales de la población de lengua rusa del este y del sur del país o de reunirla en Crimea contra las “amenazas” de los tártaros 4. El PR también aprendió a utilizar las nuevas reglas de la política ucraniana. Mientras en 2004 Yanukovich trató de llegar a presidente haciendo fraude, en 2006 su nominación como primer ministro se debió al voto popular. Pero no por eso los antiguos oligarcas se convirtieron en demócratas. Recién instalado, el nuevo gobierno restableció las zonas económicas libres que, en otros tiempos, les evitaban pagar impuestos.

El Partido de las Regiones también se comprometió a renegociar un nuevo acuerdo con Moscú sobre el precio del gas, promesa que no se ve con claridad cómo podrá ser sostenida ya que Gazprom no sólo aumentó sus tarifas en Ucrania y Georgia, donde se desarrollan revoluciones pro-occidentales, sino que trata de imponer aumentos de precios espectaculares en Bielorrusia, luego de las elecciones en las cuales el presidente Alejandro Lukashenko tuvo una victoria aplastante sobre su opositor liberal. El grupo gasífero ruso ha puesto al jefe del Estado bielorruso ante la siguiente opción: aceptar que se triplique el precio del gas en 2007 o cederle el gasoducto bielorruso 5.

Después de una década de declinación durante los años 1990, con una caída de 40% en su productividad, la economía ucraniana se recuperó: su Producto Nacional Bruto (PNB) tuvo en 2004 un aumento del 12,4%. La revolución naranja supuso, sin embargo, una caída en la tasa de crecimiento, que sólo aumentó 2,4% en 2005. Anders Aslund, especialista de las economías postsoviéticas del Institute for International Economics de Washington, estima que “las reprivatizaciones suscitaron la inquietud de las empresas y trajeron consigo una caída de la producción. Los impuestos pasaron del 36% al 43% del PNB. La economía ucraniana está recargada de impuestos y, en consecuencia, no puede esperar tasas de crecimiento elevadas”. Pero el retorno del PR al poder parece volver a dar confianza a los agentes económicos, que esperan este año un crecimiento del 5,5%, a pesar de la crisis política 6.

Son muchos los ucranianos y los observadores extranjeros que critican severamente el acuerdo por el cual Gazprom vende gas a 230 dólares los mil metros cúbicos a una oscura sociedad inscripta en el registro de comercio suizo, RosUkrEnergo, que a su vez revende al precio de 95 dólares a la empresa del Estado ucraniano Naftogaz (se supone que Gazprom cubre la diferencia vendiendo a Kiev gas de Turkmenistán a cambio de transportar por Ucrania el gas ruso hacia los lucrativos mercados europeos). Muchos ven en este arreglo la mejor manera de proseguir las prácticas corrientes de corrupción en el sector ucraniano de la energía.

Futuro incierto 

Faltando pocos meses para las elecciones parlamentarias, ¿podrá utilizar Moscú el alza de los precios del gas como un arma para inmiscuirse en la política ucraniana? Gazprom ha abastecido hasta ahora a Ucrania a una tarifa cinco veces inferior a la del mercado, una tarifa preferencial que estaba previsto rectificar a medida que ambos países progresaran en la vía de una economía de mercado. Como lo señala un analista, antes del aumento de los precios, sólo por sus exportaciones de gas, Rusia subvencionaba a la economía ucraniana con 3.000 a 5.000 millones de dólares anuales, mientras la ayuda estadounidense a Ucrania sólo alcanzó a 174 millones de dólares durante el año que siguió a la revolución naranja 7. Además, el aumento de los precios del gas afectará a la industria química, la de máquinas herramientas y la metalurgia, sectores implantados en las provincias del este, tradicionalmente pro-rusas.

Las intervenciones de Rusia en sus asuntos internos, como sucedió durante la elección presidencial de 2004, incitan a Ucrania a volcarse hacia Occidente. El presidente ucraniano ha reiterado su deseo de ver a su país unido a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que deberá pronunciarse en el próximo otoño sobre esta adhesión. Semejante anclaje de Kiev en el oeste ¿será una buena decisión? Es un gesto que no hará más que atizar el antagonismo con Moscú, disgustar a más de un tercio de los ciudadanos ucranianos que se identifican con Rusia e incrementar los gastos militares de Ucrania con el fin de que su ejército responda a las “normas de la OTAN”. Pero el país tiene más necesidad de reformar su Estado, de modernizar sus debilitadas industrias y de detener la caída dramática de su curva demográfica. Todas medidas que exigen una cooperación con las instituciones de la Unión Europea y una ayuda económica y técnica creciente por parte de los países occidentales.

En su discurso inaugural, el nuevo Primer ministro insistió en la necesidad de “unificar los dos equipos que se encuentran a ambos lados del Dnieper” 8. En realidad, los fuertes cambios políticos en los dos últimos años han llevado a una división entre el este (pro-ruso) y el oeste (pro-occidental), que debe ser superada para estabilizar al país. En la actual crisis, los optimistas insisten en el difícil nacimiento de la democracia, caracterizada por una prensa y elecciones libres. Los pesimistas, en cambio, señalan la polarización del país en dos bloques, cuya reconciliación sólo se logrará al precio de una desaceleración en la batalla contra la corrupción y las reformas. Con un Presidente “naranja” y un Primer ministro de la oposición, nadie sabe hacia donde se inclinará Kiev.

 

  1. En esa “tercera vuelta”, Yushchenko le ganó a Yanukovich por 51,99% contra el 44,19%.
  2. Andrew Wilson, “Ukraine’s Orange Revolution”, Yale University Press, 2005.
  3. El Partido de las Regiones de Yanukovich pertenecía entonces a la formación Por una Ucrania Unida, favorable al régimen.
  4. Deportado por Stalin en 1944, este pueblo fue masivamente a Crimea, donde exige el reconocimiento de sus derechos y de la injusticia cometida con él.
  5. Itar-Tass, Moscú, 2-5-06. Bielorrusia paga actualmente 46 dólares los 1.000 m3 de gas, cuando las tarifas son de 95 dólares para Ucrania y de 110 dólares para Armenia.
  6. “Ukraine Country Outlook”, The Economist Intelligence Unit, Nueva York, 31-7-06.
  7. Anatol Lieven, “The West’s Ukraine Illusion”, International Herald Tribune, 5-1-06.
  8. BBC Monitoring Service, 4-8-06.
Autor/es Vicken Cheterian
Publicado en Artículos especiales para eldiplo.org
Número de ediciónNúmero 86 - Agosto 2006
Traducción Lucía Vera
Temas Genoma Humano, Relaciones internacionales, Política
Países Rusia, Ucrania