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Ofensiva concertada contra el régimen sirio

Todas las pistas covergen hacia el régimen sirio, acusado de estar detrás del asesinato del antiguo Primer Ministro libanés Rafic Hariri. EE.UU planea una ofensiva concertada con Francia contra Damasco. Pero una desestabilización del poder del Presidente Bashar Al-Assad podría generar el caos regional, particularmente en el Líbano

“Para facilitar la acción de las fuerzas de liberación, reducir la capacidad del régimen sirio para organizar operaciones militares, y obtener en tiempo mínimo los resultados deseados, habrá que realizar un esfuerzo especial para deshacerse de una determinada cantidad de dirigentes claves. Su eliminación debe lograrse al principio de la insurrección y la intervención.” Para llevar a cabo este plan, “debemos hacer creer que Damasco está impulsando confabulaciones y sabotajes contra los gobiernos vecinos”; la CIA y su homóloga británica “utilizarán toda su capacidad psicológica y de acción para incrementar la tensión”. El derrocamiento del régimen pasa también por el financiamiento de un comité para una Siria libre y de la provisión de armas para distintas facciones políticas con potencial paramilitar.

Este documento del... otoño de 1957, recientemente descubierto por un investigador , fue aprobado por el presidente de Estados Unidos Dwight Eisenhower y el primer ministro británico Harold Macmillan. Ya en ese entonces, el Medio Oriente era considerado de manera simplista territorio del enfrentamiento Este-Oeste. Si bien profundamente liberal y democrático, aunque nacionalista, el régimen sirio no era para Washington y Londres más que un “peón soviético”. Había pues que eliminar y asesinar a sus dirigentes. Meses después, en enero de 1958, las autoridades sirias solicitaron al presidente Gamal Abdel Nasser la fusión de su país con Egipto. Desde su creación, las relaciones entre la nueva República Árabe Unida y Moscú se tensaron, y los planes subversivos estadounidenses quedaron sin efecto. Pero la democracia siria desapareció para siempre.

El mundo ha cambiado. La “guerra contra el terrorismo” reemplazó a la “guerra contra el comunismo”, pero la visión estadounidense sigue siendo igualmente simplista. El que no está con nosotros está contra nosotros, clama el presidente George W. Bush. En tiempos de la “tercera guerra mundial”, de la voluntad estadounidense de aplastar la resistencia iraquí y de llevar al mundo árabe a la sumisión, resulta intolerable la reticencia del régimen sirio a plegarse.

Desde el 11 de septiembre de 2001, y en el mismo momento en que el régimen de Damasco colaboraba estrechamente con la CIA en el rastreo de los miembros de Al-Qaeda, el gobierno de Estados Unidos desplegó su ofensiva contra él . Filtraciones transmitidas por The New York Times, que se destacaba simultáneamente por la desinformación sobre Irak, acusaban al régimen baasista de poseer armas de destrucción masiva . El 11 de noviembre de 2003, el Congreso estadounidense adoptaba la Syria Accountability Act, que autorizaba al presidente de Estados Unidos a decretar sanciones contra Damasco. Luego de lo cual, convencido de que Siria funcionaba como retaguardia de una rebelión cada vez más activa en Irak, el 11 de mayo de 2004 el presidente George W. Bush decretaba sanciones económicas y financieras.

Esta campaña estadounidense carecía de relevos en el exterior, en especial en el contexto de la guerra contra Irak. El presidente Bush encontró un inesperado aliado en la persona de Jacques Chirac. En junio de 2004, en la cumbre del G8 en Sea Island, Estados Unidos, el presidente francés se acercó a su homólogo estadounidense para proponerle una resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que exigiera la retirada siria de Líbano. Este vuelco francés  –resultado de la relación personal del presidente Chirac y Rafic Hariri, y del decepcionante balance de la presidencia de Bachar Al-Assad– tomó desprevenido al Quai d’Orsay, pero incentivó una colaboración activa entre París y Washington, otro de los objetivos perseguidos tras la gran pelea debido a la negativa de París de legitimar la guerra de Estados Unidos en Irak.

Hasta ese momento, nadie aludía a la elección presidencial en el Líbano. Sin embargo la decisión siria de prolongar por tres años el mandato del presidente Emile Lahoud, tomada meses después, servirá de pretexto a la resolución 1559 del Consejo de Seguridad. Largamente preparada, se la aprobó el 2 de septiembre de 2004, con la mayoría mínima requerida (nueve votos sobre quince). En ella se intimaba a las tropas sirias a abandonar el Líbano y se exigía el desarme de las milicias.

Sin embargo, el asesinato del ex primer ministro libanés Rafic Hariri, el 14 de febrero de 2005, crearía un nuevo contexto, dado que la dirigencia siria es objeto de serias sospechas de autoría de ese crimen. Damasco retiró precipitadamente sus tropas del Líbano y de ahí en más, la ofensiva contra el régimen baasista se concentró en la investigación internacional llevada adelante por la comisión dirigida por el juez alemán Detlev Mehlis. Washington, eufórico por la recobrada cohesión de la “comunidad internacional”, cedió la iniciativa a París. En octubre de 2005, Mehlis presentó un informe de etapa que condujo a una nueva advertencia a Damasco y a un pedido de colaboración incondicional con la comisión, unánimemente aprobada por el Consejo de Seguridad (resolución 1566). Las reticencias rusa, china y argelina tuvieron como único resultado la eliminación de la referencia a eventuales sanciones. El plazo se fijó para el 15 de diciembre; después de esa fecha, el Consejo de Seguridad podría tomar medidas contra el régimen sirio y crear un tribunal internacional para juzgar a los supuestos responsables del asesinato de Rafic Hariri.

Resulta curioso este llamado de Washington a la justicia internacional, en momentos en que Estados Unidos niega toda competencia a la nueva Corte Penal Internacional y firma con decenas de Estados, bajo amenaza, acuerdos que ponen a sus ciudadanos al amparo de toda acusación .

Por otro lado, según nos enseña la historia, las comisiones de las Naciones Unidas no están a salvo de las presiones. Richard Butler, presidente de la United Nations Special Comission (Unscom), que dirigió a los inspectores en Irak del 1º de julio de 1997 al 30 de junio de 1999, publicaba informes mentirosos dictados por Estados Unidos y que servirían como justificación de los bombardeos británico-estadounidenses contra Irak de diciembre de 1998 .

El informe presentado por el juez Mehlis no es más que un informe de etapa. Pese a declararse convencido de que el asesinato de Rafic Hariri no pudo cometerse sin que altas autoridades sirias y libanesas hayan estado al tanto, el juez alemán agregaba: “Mientras la investigación no haya concluido (...) no podemos conocer la historia completa de lo sucedido, de cómo sucedió y de quién es responsable del asesinato de Rafic Hariri y veintidós personas inocentes. De modo que hay que atenerse a la presunción de inocencia.”

Los medios no demostraron esa misma prudencia: circuló “por error” una primera versión del texto. En ella se cuestionaba directamente al hermano del presidente sirio, Maher El-Assad, y a su cuñado, Assef Shawqat, jefe de los poderosos servicios de información militares. Sus nombres se suprimieron de la versión oficial, lo cual no impidió que los medios actuaran como si el juez Mehlis ya hubiese designado culpables .

Buena parte de las conclusiones del juez se apoyan en dos testigos, sujetos sin embargo a caución. “De origen sirio, pero residente en el Líbano, y que afirma haber trabajado para los servicios de información sirios en el Líbano”, según el informe, el primero “declaró que dos semanas después de la aprobación de la resolución 1559 de las Naciones Unidas, altas autoridades sirias y libanesas decidieron asesinar a Rafic Hariri”. Este hombre, que tendría “estrecha vinculación con altas autoridades sirias en el Líbano”, agrega que autoridades sirias y libanesas habrían mantenido reuniones preparatorias del atentado, algunas de ellas en el hotel Meridien de Damasco. ¿Cómo pudo tener información de ese tipo cuando él mismo reconoce ocupar tan sólo una posición subalterna? ¿Podemos imaginar a esas autoridades reuniéndose en un gran hotel de Damasco a la vista y conocimiento de todos?

El otro testigo es Zouheir Ibn Mohammed Said Saddik, cuyas revelaciones, en la primera versión, sirvieron para incriminar a personas allegadas al régimen. Sin embargo, el párrafo 114 del informe Mehlis precisa: “En la etapa actual de la investigación, parte de la información dada por Saddik no se puede probar”. ¿Por qué la utilizan entonces? Más aun cuando la revista alemana Der Spiegel revela que el tal Saddik, detenido en octubre, modificó varias veces sus declaraciones, y que tuvo condenas por estafa y malversación de fondos. Según ciertas fuentes, habría recibido dinero de Rifaat El-Assad, hermano del ex presidente sirio Hafez El-Assad, refugiado en Francia, que no oculta su ambición: tomar el poder en Damasco .

El informe incluye otras aproximaciones, que distintos analistas pusieron en evidencia . Pero contiene también serias presunciones a las que a Damasco le resultará difícil sustraerse. El periodista independiente Sami Mouayed escribe: “Los sirios deberían dejar de derrochar esfuerzos en decir que el informe es político. Todo el mundo sabe que el informe es político y todo el mundo sabe que algunos sectores de Occidente intentan apuntar a Siria y debilitarla, sea culpable o no. Según esta lógica, Siria debe ser castigada por sus excesos en el Líbano, por su oposición a la guerra de Estados Unidos en Irak, por su apoyo a la insurrección y a la resistencia en Palestina” . No nos queda otra alternativa que colaborar, concluye Sami Mouayed.

Los dilemas del poder

Si bien estas amenazas ocasionaron un sobresalto nacional en Siria, el autoritarismo del régimen, el acaparamiento de los centros de decisión por una parte de la familia del presidente, así como la magnitud de su corrupción, lo debilitan. También su incapacidad de tomar en cuenta las aspiraciones de la sociedad, de escuchar los reclamos de la oposición –cuyo símbolo es Riyad Turk, dirigente comunista que pasó dieciocho años en las cárceles del régimen y cuya hostilidad a los planes de Estados Unidos es por todos conocida–. Por otro lado, su margen de maniobra parece reducido, dado que la investigación no señala ninguna otra pista aparte de la de Damasco.

Algunos analistas árabes trajeron a colación un “guión libio”: la solución de los contenciosos vinculados a los atentados de Lockerbie y contra un vuelo de UTA , y el abandono por Trípoli de su programa de armas de destrucción masiva, anunciado en diciembre de 2003, tuvieron como consecuencia una normalización de las relaciones entre el coronel Muhammar Kadhafi y Occidente. Los viajes de dirigentes europeos a Trípoli se multiplicaron y ya nadie habla de la violación de los derechos humanos en Libia.

¿Pero puede abjurar la dirigencia siria, a cambio de una normalización con Washington, de su apoyo a la lucha palestina, de su rechazo de la hegemonía regional israelí, de su condena de la ocupación estadounidense en Irak? ¿Puede el régimen baasista asumir semejante opción sin socavar el fundamento mismo de su legitimidad? Más aun cuando tiene claro que cada concesión de su parte desencadenará un nuevo pedido de renuncia.

El discurso del presidente Bachar Al-Assad, el 10 de noviembre de 2005 , reflejó los dilemas del poder: aunque manifestó su firmeza frente a las presiones, dio muestras de cierta flexibilidad respecto a los principales temas de preocupación de los occidentales. Reiteró su apoyo a Mahmud Abbas, y confirmó que Damasco apoyaría todo acuerdo de paz aceptable para los palestinos. Condenó todos los atentados contra civiles en Irak y se manifestó dispuesto a colaborar con Washington para reforzar la seguridad de la frontera sirio-iraquí, al tiempo que hacía notar que Estados Unidos no era capaz de sellar su propia frontera con México.

Al mismo tiempo que se dirigía de un modo tan violento como torpe al primer ministro libanés Fuad Siniora, suscitando vivas reacciones en el país del Cedro, el presidente sirio confirmó su disposición a colaborar con la comisión Mehlis. ¿Por qué entonces no accedió al pedido de interrogar en el Líbano a ciertos responsables sirios? Es que la resolución 1636, adoptada el 31 de octubre de 2005, plantea serios problemas de soberanía.

Lo subraya el jefe de redacción del diario Al-Safir, Joseph Samaha: “La resolución instaura en Siria una ‘doble autoridad’. Concede a la comisión Mehlis una autoridad superior a la del Estado y le otorga una soberanía total sobre todos los ciudadanos sirios, gobernantes y gobernados, en caso de que sean simplemente sospechosos. Por primera vez una ‘ley internacional’ confiere semejantes poderes a un organismo no elegido, sin ningún tipo de control por parte de las personas involucradas” . Samaha prosigue diciendo que por otro lado, se instaura una especie de tutela... del Líbano sobre Siria, puesto que el texto prevé que si el gobierno de Beirut lo propone, ciertas autoridades sirias podrán verse impedidas de viajar y se podrán congelar sus bienes. Y Joseph Samaha concluye: “Un hombre [Mehlis] recibió poderes absolutos que superan los poderes que tendría un gobernador militar en una situación de emergencia.” ¿Qué Estado independiente lo aceptaría?

“Según ciertos documentos internos, la planificación [del Pentágono] incluye operaciones transfronterizas para cerrar la frontera sirio-iraquí y destruir las retaguardias, que sirven de apoyo a la insurrección iraquí, ofensivas contra las infraestructuras de las armas de destrucción masiva que permiten el desarrollo de armas químicas y biológicas, y ataques al régimen del presidente sirio Bachar El-Assad” . El analista militar de The Washington Post, que recientemente revelaba así los planes de Estados Unidos, no detallaba si, al igual que en 1957, el asesinato de dirigentes sirios formaba parte de los métodos previstos...

 

Autor/es Alain Gresh
Publicado en Artículos especiales para eldiplo.org
Número de ediciónNúmero 78 - Diciembre 2005
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Relaciones internacionales, Armamentismo, Terrorismo, Islamismo
Países Estados Unidos, Líbano, Siria