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Ofensiva neoliberal contra el gobierno de Kirchner

Desconcertada al principio ante la determinación del presidente Néstor Kirchner en sus primeras medidas de gobierno, la derecha neoliberal argentina ha iniciado una inescrupulosa y virulenta campaña cuyo objetivo es dividir a la sociedad. Una trampa sin perspectivas, en la que no obstante no deben caer los sectores democráticos y progresistas.

Las primeras semanas de gestión del presidente argentino Néstor Kirchner han estado signadas por una serie de iniciativas concretas que le han valido los más altos índices de confianza y popularidad que se recuerdan en democracia. Atrás quedaron las dudas motivadas por la cobarde retirada en la segunda vuelta electoral de su rival, el ex presidente Carlos Menem, que dejó a Kirchner en el más alto puesto del país con el exiguo 22% de los sufragios obtenidos en la primera vuelta. Todos los pronósticos indicaban que obtendría bastante más del 60% en la segunda (eso motivó la retirada de Menem), pero lo cierto es que cuando asumió sólo podía exhibir lo obtenido en la primera, cosa que la derecha neoliberal no se privó de recordar 1.

Consciente de que en los primeros meses de mandato debía revalidar la legitimidad que su despechado rival le negara y, sobre todo, de que la crisis del país y el sulfuroso estado de ánimo de la sociedad no dejaban margen para vacilaciones, Kirchner y su reducido equipo de hombres de confianza (la mayoría viejos amigos de la militancia juvenil en los años ’70 y funcionarios de su provincia, Santa Cruz, devenidos experimentados políticos), decidieron hacer de la necesidad virtud y se lanzaron a una serie de operaciones quirúrgicas en las principales llagas de la purulenta institucionalidad argentina: pase a retiro de lo que quedaba, en la cabeza de las fuerzas armadas, de la generación de militares comprometidos con violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura; intervención a la corrupta obra social de jubilados y pensionados (PAMI) una megaempresa con un presupuesto superior a los 1.000 millones de dólares de la que depende la salud de centenares de miles de viejecitos en todo el país; reestructuración de la también corrupta e ineficaz Corte Suprema de justicia, una excrecencia del menemismo… y así sucesivamente. En pocas semanas, Kirchner imprimió un ritmo de vértigo a su actividad y no pasó un día sin que alguna medida o declaración suya o de alguno de sus colaboradores no diese en el centro de la expectativas de la mayoría de una sociedad harta de política-espectáculo, hipocresías y descaro de parte de políticos y funcionarios.

El problema económico

 

Fuera del brulote de « La Nación », la derecha neoliberal argentina no dio mayores señales de reaccionar en esas vertiginosas primeras semanas. Al movilizarse espontáneamente hasta forzar la renuncia del estólido y reaccionario presidente Fernando de la Rúa, en diciembre de 2001, la sociedad había dado señales claras de que no estaba dispuesta a seguir tolerando tanto las políticas económicas neoliberales como la « institucionalidad » funcional a esas políticas : un Congreso incompetente y corrupto ; una Corte Suprema enfeudada al Poder Ejecutivo ; una dirigencia política devenida corporación de negocios delictivos… y así con todas y cada una de las instituciones de la República, con muy raras excepciones. De manera que las primeras medidas políticas de Kirchner –que además encontraron un favorable eco en la prensa internacional- difícilmente podían ser atacadas sin dar un paso en falso ante la sociedad.

Pero ahora se aproximan cruciales decisiones económicas ante las que la derecha neoliberal no está dispuesta a quedarse de brazos cruzados : renegociación de la deuda externa con el Fondo Monetario Internacional y los acreedores privados (se estima que el 61% de la deuda externa privada en bonos del Estado está en manos de especuladores argentinos) ; renegociación de los en su mayoría espúreos contratos con las empresas privatizadas (el gobierno ha solicitado el asesoramiento en el tema de la prestigiosa Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales –FLACSO- que viene monitoreando la dudosa legalidad de los contratos y todos los incumplimientos de esas empresas) ; persecución de los grandes evasores fiscales y reforma del sistema tributario y reestructuración del sistema financiero, entre otras.

Esa es exactamente la línea de flotación de la derecha neoliberal ; el punto en el que un cambio radical desde el modelo rentístico-especulativo (impuesto por la dictadura militar desde 1976 y llevado al paroxismo en democracia por Carlos Menem y su organización político-delictiva), hacia un modelo capitalista razonable y normal de producción acabaría con los negocios de ese sector y, en algunos casos, lo pondría en graves dificultades, ya que su propio endeudamiento suele ser importante : es el caso del diario « La Nación », entre otros.

Es por eso que desde principios de julio la derecha neoliberal ha salido de su aparente letargo para lanzarse a una inescrupulosa escalada de calumnias y falsas verdades. Para citar sólo un ejemplo, ha literalmente enloquecido con la propuesta del gobierno de nombrar al prestigioso jurista Eugenio Zaffaroni en la Corte Suprema de Justicia, a pesar de que el mismo gobierno ha decidido establecer un mecanismo democrático de consulta a diversos sectores de la sociedad y de que Zaffaroni ha sido muy crítico con el presidente Kirchner cuando éste gobernaba la provincia de Santa Cruz. Pasando descaradamente por alto el frondoso e impecable curriculum nacional e internacional de Zaffaroni y el incuestionable apoyo de la mayor parte de los ciudadanos a su nombramiento, la derecha neoliberal no vacila en apelar a los más bajos y reaccionarios argumentos para atacarlo.

El objetivo de la campaña de la derecha neoliberal es claro : salir de su aislamiento agrupando al conjunto de la derecha en un frente « antimarxista », como si el presidente Kirchner y su equipo, en lugar de adecentar y modernizar al esperpéntico capitalismo argentino, se propusieran instalar en el país la dictadura del proletariado. Se trata de una estrategia que le dio resultado en otras oportunidades, pero que difícilmente cuaje en estas circunstancias : la guerra fría acabó hace más de una década y ese fantasma ya no asusta a nadie. Lo que sí está en cuestión, no sólo en Argentina sino en el mundo entero, es el neoliberalismo y sus consecuencias económicas, sociales y ambientales. Difícilmente los golpeados productores agrarios e industriales argentinos, a pesar de que están mayoritariamente agrupados en la derecha política, suscriban esta vez un discurso y un programa que han llevado al país –y a ellos mismos, en muchos casos- a la ruina.

Pero se trata de una trampa en la que, sobre todo, no deben caer el propio gobierno y los sectores progresistas y democráticos de la sociedad argentina. La derecha más recalcitrante siempre se ha valido de estos métodos, pero antes contaba con sectores de la producción no afectados y, en última instancia, con las fuerzas armadas para desplazar a gobiernos que no respondían ciento por ciento a sus intereses. Ahora se encuentra aislada, pero eso no quiere decir que haya perdido poder –sobre todo económico- ni apoyos internacionales : no debe olvidarse que en el gobierno de los Estados Unidos están George Bush Jr. y la derecha neoliberal fundamentalista.

El principal objetivo de los demócratas y progresistas argentinos debe ser profundizar el aislamiento de esa derecha neoliberal, ofreciendo al actual gobierno un sólido apoyo crítico que no excluya la vigilancia sobre sus acciones ni la actividad social en demanda de todos los derechos largo tiempo violentados.

 

  1. El ideólogo del diario neoliberal « La Nación », José Claudio Escribano, firmó un artículo en el que afirmaba que « la Argentina ha resuelto darse gobierno por un año », luego de sugerir que « Washington » no veía con buenos ojos a Kirchner. En un país que ha sufrido numerosos golpes de Estado –todos apoyados más o menos abiertamente por la derecha que representa « La Nación », publicar algo así es mucho más que una reacción circunstancial : representa una declaración de guerra formal. Ver José Claudio Escribano, « Treinta y seis horas de un carnaval decadente », en « La Nación », Buenos Aires, 15-5-03.
Autor/es Carlos Gabetta
Publicado en Artículos especiales para eldiplo.org
Número de ediciónNúmero 49 - Julio 2003
Temas Mundialización (Economía), Neoliberalismo, Política, Estado (Justicia), Estado (Política), Economía
Países Argentina