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Los años de suerte del Estado de Israel

Mientras los años que siguieron a los acuerdos de Oslo de 1993 acarrearon un neto descenso del nivel de vida de las poblaciones palestinas, Israel sacó la máxima ventaja del nuevo orden internacional. En cambio la segunda Intifada significa para Israel un gran costo económico: las previsiones de crecimiento para 2001 se redujeron de 4,5% a 2,5%.

Las industrias de alta tecnología israelíes fueron las primeras en beneficiarse con el proceso de paz. La economía israelí, recientemente privatizada y liberalizada, ya había registrado grandes adelantos antes de las discusiones de Oslo, gracias a treinta años de inversiones estadounidenses en las industrias civiles y militares y a los tratados de libre comercio con Estados Unidos (1985) y la Unión Europea (UE). Para Israel, los años del proceso de Oslo fueron prósperos, tanto por el crecimiento económico interno como por los logros diplomáticos en el exterior.

En 1995, alrededor de un año después de la firma de los acuerdos de Oslo, el crecimiento de las inversiones israelíes en el exterior fue del 46% y prosiguió durante tres años, antes de frenarse en el curso del tercer año del mandato de Benjamin Netanyahu. Después volvieron a aumentar, para llegar en 2000 al 7% del PBI. Entre 1993 y 1998 las exportaciones de productos de alta tecnología aumentaron un 15% por año. Gracias al levantamiento del segundo y tercer boicot árabes en 1994 1, se abrieron muchas puertas. Multinacionales que habían preferido trabajar con los Estados árabes en las décadas de 1970 y 1980 se volcaron a Israel. Ya lo habían hecho antes algunas empresas bajo la presión del Congreso de Estados Unidos, que había votado una ley que protegía a Israel del boicot árabe sancionando a quienes lo practicaban.

Así es como Israel se convirtió en uno de los veinte países más ricos del mundo y sus industrias de punta siguieron atrayendo inversiones de las más grandes multinacionales (Intel, IBM, Motorola, Vishay, Towers Semiconductors, etc). Estas inversiones permitieron emplear inmigrantes rusos altamente calificados, que así se convirtieron en una baza económica (hasta ese momento amenazaban transformarse en un peso). De 1995 a 1999 el PBI aumentó un 50% (de 264 a 420.000 millones de shekels), mientras la población aumentaba al mismo tiempo sólo un 10% 2.

Según la Cámara de Comercio, Israel perdió un potencial de exportaciones de unos 40.000 millones de dólares en cuarenta años debido al boicot árabe 3. Una vez levantado, todo cambió. A partir de 1994, más de veinte países establecieron relaciones diplomáticas con el Estado hebreo, y los siguieron muchos otros. Se abrieron nuevos mercados en el sudeste asiático, América Latina, Medio Oriente. En 1994 las exportaciones a Asia aumentaron en un tercio, más de la mitad las exportaciones a la India y casi el 70% a Tailandia. En 1995, luego de mucho tiempo de boicot, abrió sus puertas China, uno de los mayores mercados para las industrias civiles y militares israelíes 4.

Israel dio un sentido nuevo a la expresión "dividendos de la paz", que designaba la transformación de las inversiones militares en inversiones civiles. En la práctica el que sacó ventaja fue el comercio de armas. La investigación-desarrollo -financiada por Estados Unidos pero que seguía siendo una carga para la economía- se convirtió en un sector floreciente después de Oslo: a mediados de la década de 1990 los israelíes firmaron acuerdos de cooperación en investigación y desarrollo, aviación civil e información con Rusia, Turquía, Singapur, India. Francia, Ucrania y Sudáfrica. Sus relaciones con este último Estado fueron particularmente edificantes: Sudáfrica acababa de abandonar el apartheid, que empezaba en Palestina. Los dos países firmaron importantes contratos comerciales en materia de defensa 5.

Mientras tanto, el sector de servicios aumentó un 39% su parte en el PBI entre 1990 y 1994. El incremento de las importaciones y las subvenciones vertidas en empresas extranjeras con sede en Israel se percibieron como un indicador económico positivo, favorable a las inversiones de largo plazo, que no pueden sino consolidar la economía. El ingreso anual per capita pasó de 12.600 dólares en 1992 a 15.600 dólares en 1995, y en 2001 debía alcanzar los 20.000 dólares. A pesar de la considerable amplitud de la inmigración procedente de la ex Unión Soviética, el desempleo pasó del 11,2% en 1992 a 6,9% en 1995, otro indicador muy positivo si se tiene en cuenta que el Estado de Israel recibía al mismo tiempo más de 300.000 trabajadores de Rumania, Tailandia y otros países 6.

Este "boom económico" dio lugar a una nueva clase de profesionales y empresarios, mayormente volcados al mercado mundial y menos preocupados por el control de los territorios ocupados. Estos poderosos "nuevos ricos", en contacto permanente con sus homólogos occidentales, estaban convencidos de que Israel debía librarse de su imagen negativa de Estado ocupante, nociva para los negocios. Se polarizaron alrededor de dos tendencias: la primera, totalmente pro occidental, que mira a Occidente (Europa y Estados Unidos) más que al Este (territorios ocupados y mundo árabe); la segunda, expresión de los que usan la mano de obra palestina en sus pequeñas empresas, quienes predicaban que era hora de transformar las relaciones económicas con los palestinos de modo de garantizar la estabilidad a largo plazo, pero insistían tambien en la necesidad de Israel de perpetuar su dominio.

Con el proceso de paz y su promesa de estabilidad, prevaleció en los territorios ocupados la segunda visión, permitiendo el establecimiento de relaciones de dependencia, y evitando a Israel tener que encarar la pesadilla de la evacuación de los territorios.

El modelo económico adoptado por los territorios ocupados durante el proceso de paz fue financiado por el Banco Mundial y la comunidad internacional. Había sido elaborado por grupos de trabajo en instituciones israelíes y estadounidenses: se hicieron muchos estudios sobre los diferentes aspectos de las relaciones económicas israelo-palestinas e israelo-árabes, actuales y futuras. El proceso de Oslo participó en este cambio con la consigna "Sacar Gaza de Tel Aviv", llevando a empresas de Tel Aviv a instalarse en la franja de Gaza. Allí y en Cisjordania amplias redes oficiales y clandestinas de subcontratistas que explotan la mano de obra palestina barata sin que tenga que atravesar"la línea verde"(frontera de junio de 1967) para ir a trabajar a Israel, contribuyeron a satisfacer la demanda del mercado israelí.

El proyecto israelí preveía una economía palestina totalment dependiente, que implica la eliminación de las empresas palestinas independientes. Según el modelo de los "parques industriales" (comparables a las maquiladoras de la frontera entre Estados Unidos y México) propuesto por el economista israelí Ezra Sadan, Israel debía mejorar su sistema de subcontratación desarrollando ciertas zonas industriales en el seno de las poblaciones pobres y subdesarrolladas -islotes de riqueza en un océano de pobreza- a priori más productivas y adaptables a las exigencias de los industriales israelíes. Este proyecto era en realidad una adaptación del modelo sudafricano de los "puntos de crecimiento" (growth points).

Pero para que este proyecto funcione a largo plazo hacía falta una Autoridad palestina competente y legítima, que garantizara una transición flexible hacia esa nueva relación de dependencia y evitara una nueva Intifada que amenazase el medio ambiente económico. La OLP fue encargada de esta misión, -que aceptó con entusiasmo- al servicio de los principios del libre mercado y la apertura de fronteras entre el Estado de Israel y los palestinos. Es preciso subrayar que la mayoría de los palestinos que en el curso de los años subsiguientes denunciaron los estragos económicos de esta politica, responsabilizaron de ella al proceso de Oslo y a la Autoridad palestina, al tiempo que seguían apoyando a su líder, Yasser Arafat 7.

Muchos expertos y consejeros palestinos se asociaron a los planes israelíes. Constituyendo una nueva clase de beneficiarios del proceso de paz, poco preocupados de la justicia y equidad de sus etapas, esos miles de "VIP" fueron autorizados a viajar libremente y sacaron ventaja de la "economía de paz" y de la "industria de paz" dominados por los israelíes bajo los auspicios del Banco Mundial y de la UE. Una nueva red de responsables de seguridad y funcionarios, con su clientela de empresarios, se benefició con el proceso: hicieron negocios con los israelíes, subcontratando mano de obra barata y manteniendo contactos exclusivos con las organizaciones financieras internacionales. Muy pocos de ellos se implicaron en la economía productiva palestina; la mayoría se conformó con un rol de intermediario entre las industrias israelíes y la mano de obra o los consumidores palestinos, pobres en su mayoría.

Esta red resultó consolidada con el apoyo estadounidense y europeo a los proyectos de cooperación entre palestinos e israelíes, que no proveen casi de servicios a los primeros para garantizar su necesidad de un mínimo de independencia. Organizaciones como la estadounidense Builders for Peace, presidida por el ex vicepresidente Albert Gore, o la Comisión Europea de Negocios Mediterráneos, siempre sostuvieron las joint-ventures israelo-palestinas, agravando la dependencia de los palestinos respecto de los israelíes. Los intermediarios palestinos e israelíes que favorecieron esta aproximación buscaron ventajas a corto plazo, sin preocuparse de las consecuencias de una relación de dependencia a largo plazo respecto del Estado de Israel.

En esta opacidad, era inevitable que la corrupción se desarrollara entre los beneficiarios de esta relación "amo-esclavos". Estos VIP se han convertido en clientes que respondían a las ofertas de los patrones, pero también tuvieron que satisfacer las reivindicaciones de sus víctimas para poder seguir al servicio de los amos. Cuando las condiciones empeoraron en Palestina, la extorsión de Israel sobre los clientes se incrementó: la corrupción se convirtió en el resultado inevitable de Oslo.

 

  1. Además de boicotear a Israel, los Estados árabes boicotearon también a las empresas que trabajaban con Israel y a las empresas socias de aquellas.
  2. Emma Murphy, "The Arab-Israeli Peace Process: responding to the Economic Globalization", Critique, invierno de 1996; Country Report, Economist Intelligence Unit, agosto 2000, Londres.
  3. Alan Ritzky, "Peace in the Middle East: what does it really mean for Israeli Business", Columbia Journal of World Business, vol. 30, nº 3, invierno de 1995.
  4. Emma C. Murphy, op. cit.
  5. Defense News, 25 al 31-7-1994.
  6. Emma C. Murphy, op. cit.
  7. De acuerdo con una encuesta realizada por la Universidad de Bir Zeit, "Priorities under a Palestinian State", 2000.
Autor/es Marwan Bishara
Publicado en Artículos especiales para eldiplo.org
Número de ediciónNúmero 22 - Abril 2001
Temas Desarrollo, Política, Sociedad, Trabajo (Economía), Economía
Países Israel