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Georgia-Rusia, las razones de la escalada

El presidente ruso Vladimir Putin acusó el 20 de octubre pasado en la cumbre con los dirigentes de la Unión Europea que tuvo lugar en Lahti (Finlandia) a su homólogo de Georgia Mikhaïl Saakachvili de estar preparando un “baño de sangre” en Abjazia y en Osetia del Sur, que voto el 12-11-06 por unanimidad a favor de su independencia de Georgia.

Jamás las relaciones entre Georgia y Rusia habían padecido una crisis semejante, desde la segunda independencia georgiana, el 9 de abril de 1991. El pasado 27 de septiembre, Tbilisi anunció la detención de cinco militares rusos sospechados de espionaje. Cinco días después, a pesar de la liberación de los uniformados, Moscú adoptó medidas de represalia contra lo que el presidente Putin calificó de “terrorismo de Estado” apoyado por “patrocinadores extranjeros” 1: suspensión de las comunicaciones aéreas, ferroviarias, viales, marítimas y postales con Georgia; embargo sobre las importaciones provenientes de ese país, y amenazas sobre las transferencias financieras, que representan un 15% de su producto bruto interno. A esas medidas se sumó rápidamente –según los términos empleados por Tbilisi– una “caza de georgianos”, más de un millón de los cuales, según estimaciones, viven en la Federación: en diez días fueron expulsados unos 500 clandestinos. Evidentemente, semejante crisis tiene su explicación: sus raíces hay que buscarlas en los acontecimientos ocurridos este verano en las provincias disidentes de Abjasia y de Osetia del Sur. A fines de julio de 2006, las tropas georgianas penetraron en el alto valle del Kodori, la única zona de la autoproclamada república de Abjasia que aún permanece bajo control de Tbilisi: Georgia se había propuesto restablecer su autoridad, cuestionada por quien había sido gobernador del valle bajo la presidencia de Eduard Chevarnadze. Lo que parece haber inquietado a Georgia es sobre todo el acercamiento que se verifica en esa región entre el liderazgo abjasio y los habitantes del alto valle, los svans, originarios de una región georgiana vecina. Según Tbilisi, esa “exitosa operación policial” habría permitido restaurar el Estado de derecho, y contribuido a estabilizar la región, análisis que adoptó Washington 2. Por su parte, el secretario general de las Naciones Unidas estimó en su último informe que esa ofensiva apuntaba a posicionar fuerzas en el corazón de Abjasia en la perspectiva de una reactivación del conflicto 3. Además consideró, contrariamente al responsable estadounidense, que el envío de soldados al valle violó el compromiso asumido por Georgia de retirar sus fuerzas de la citada región –según el acuerdo firmado en Moscú en 1994– poniendo en riesgo la estabilidad regional.La tensión es aun más fuerte en Osetia del Sur, cuyas fuerzas se codean a diario con las de Georgia, lo que aumenta las posibilidades de incidentes. Haber sido testigo de los sucesivos interrogatorios efectuados en los puestos de control georgianos y sudosetianos instalados a la salida de Tskhinvali –capital de Osetia del Sur– alcanza para percibir el clima de hostilidad y la desconfianza reinante, al punto que el menor altercado puede degenerar en actos graves. Así, a comienzos de septiembre, las autoridades de la república ordenaron abrir fuego contra un helicóptero que transportaba al ministro de Defensa georgiano, Irakli Okruachvili, acusándolo de violar el espacio aéreo. Cinco días más tarde, un intercambio de disparos causó la muerte de tres oficiales sudosetianos y de un policía georgiano. De allí que el presidente de facto Eduard Kokoity anunciara la realización de un segundo referéndum sobre la independencia de Osetia del Sur el 12 de noviembre. Este, como el primero, realizado en 1992, resultó favorable casi por unanimidad. 

 

Presiones y provocaciones

La secesión de Abjasia y de Osetia del Sur comenzó antes de la disolución de la Unión Soviética a fines de 1991. Ambas repúblicas, independientes de facto desde hacía unos quince años, nunca obtuvieron el reconocimiento de la comunidad internacional, en particular de los Estados occidentales, favorables, al contrario, a la restauración de la integridad territorial de Georgia. Ahora bien, la reanudación de las hostilidades, este verano boreal, aumentó considerablemente el riesgo de reactivación de conflictos considerados “congelados” 4, como nos lo confirmó en Sujumi el canciller de facto de Abjasia, Serguei Chamba. Las tropas de Abjasia habrían estado esperando todo el verano un ataque de parte de Georgia, probablemente aplazado hasta la primavera boreal de 2007 a causa del clima invernal en la alta montaña. Las autoridades de Abjasia y de Osetia del Sur califican las incursiones georgianas de provocaciones: esas acciones no pueden más que desestabilizar sus territorios, cuyo statu quo –en vigor desde los acuerdos de alto el fuego de 1992 y 1994– es “cada vez más desfavorable a la recuperación de la integridad territorial por parte de Georgia”, según señala el informe de la ONU, citando responsables georgianos. Sin dudas, las iniciativas estivales del presidente Mijail Saakachvili se explicaban también por la cercanía de las elecciones locales del 5 de octubre pasado. Apostando a crear una oleada nacionalista habría intensificado su política de reconquista de las regiones secesionistas de Abjasia y de Osetia del Sur, sabiendo que Rusia mantiene estacionadas allí fuerzas para el mantenimiento de la paz, acusadas por Georgia de apoyar a las autoridades separatistas. Así fue que viajó al alto valle del Kodori, acompañado de Okruachvili y del patriarca ortodoxo de Grecia, el día en que se celebraba el decimotercer aniversario de la toma de Sujumi, capital de Abjasia, por las tropas abjasias. Ese mismo día hizo detener a los militares rusos. Las elecciones municipales, efectivamente, fueron favorables al gobierno... El presidente georgiano sabía que podía contar con el apoyo de la administración Bush, que sigue haciendo retroceder a Rusia hacia las fronteras septentrionales del sur de Cáucaso. Así fue que logró un acuerdo sobre el desmantelamiento de las bases militares rusas instaladas en el sudoeste del país: bajo la presión de los occidentales, la cumbre de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) realizada en Estambul en 1999, llevó a los rusos a negociar con los georgianos el cierre de las mismas. Por su parte, está previsto que la retirada de los contingentes de Baumi (región georgiana de Adjaria) y de Ajalkalaki (región georgiana de Yavajetia), que suman 2.500 hombres, concluya a fines de 2008. Así lo confirmó en octubre el ministro ruso de Defensa, Serguei Ivanov 5.Aprovechando la situación, este año el Parlamento georgiano exigió dos veces la inmediata retirada de las fuerzas rusas de mantenimiento de la paz de Abjasia y de Osetia del Sur, y su reemplazo por fuerzas de paz internacionales. Más aun: durante la 61ª sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, a fines de septiembre, el presidente Saakachvili propuso transformar tanto el marco de las negociaciones como el del mantenimiento de la paz: cuestionando enérgicamente la mediación de Moscú, sugirió reemplazarla por la de la comunidad internacional.¿Cómo no comparar esa situación con lo que ocurrió en los Balcanes? En noviembre de 2003 Tbilisi experimentó una revolución pacífica –como la que vivió Belgrado– denominada la “revolución de las rosas”, a iniciativa de movimientos parcialmente financiados por organizaciones gubernamentales, principalmente estadounidenses. Las provincias secesionistas de Georgia acogerían el día de mañana, como Kosovo, fuerzas de paz internacionales. Allá, bajo mandato de las Naciones Unidas y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la Fuerza de mantenimiento de la paz para Kosovo (KFOR) custodia las zonas de seguridad terrestre y aérea situadas más allá del límite de la provincia: impide de esa forma el ingreso de las fuerzas serbias, militares, paramilitares o policiales. Es precisamente la misión que los acuerdos de alto el fuego entre Georgia, Abjasia y Osetia del Sur asignaban a las fuerzas rusas de mantenimiento de la paz: hacer respetar los compromisos asumidos por el gobierno georgiano y por las autoridades separatistas.¿Pero, por qué cambiar de sistema, dicen –a semejanza de Rusia– Abjasia y Osetia del Sur? Sus dirigentes denuncian la política de “medir con diferente vara” que utiliza la “comunidad internacional” y en particular Estados Unidos. Para qué desplegar una fuerza internacional de policía civil bajo la dirección de la ONU en Abjasia y ampliar el mandato de la misión de observación de la OSCE a todo el territorio de Osetia del Sur, preguntan sus dirigentes. Según ellos, hasta ahora las fuerzas rusas garantizaron el alto el fuego, manteniendo las tropas georgianas a distancia de sus fronteras, exactamente como la KFOR hace con los soldados serbios en Kosovo. ¿Por qué, de hecho, promover la independencia de Kosovo y no las de Abjazia y de Osetia del Sur?La explicación de la presión occidental hay que buscarla en una estrategia más amplia. La antigua periferia defensiva soviética, donde Washington apoya y hasta inspira “revoluciones de colores” 6, forma parte –junto a Medio Oriente– de esa Asia del Sudoeste que la doctrina Bush decidió “democratizar”, desde Mauritania hasta Kazajstán: a los veintidós países de la Liga Árabe se suman cinco Estados no árabes, además de las “extensiones” del Cáucaso y de Asia Central. Rica en petróleo y en gas, esa zona políticamente inestable constituye una bisagra entre Rusia, Europa y China. Estados Unidos quiere remodelarla para desplegar allí su influencia económica y política, pero ante todo su presencia militar. Eso es naturalmente lo que inquieta a Rusia, sobre todo por tratarse de su “cercano exterior”. 

 

¿Un futuro occidental?

En plena crisis Tbilisi-Moscú, el presidente Saakachvili eligió el periódico The Wall Street Journal para manifestar sus prioridades. Allí escribió: “En apenas tres años, mi país, hasta ayer emblema de la quiebra económica y social, manejado por gángsters, se convirtió en una democracia naciente, con un crecimiento entre los más rápidos del mundo. Recientemente, el Banco Mundial elogió a Georgia, presentándola como número uno de las reformas en el mundo y como la democracia en transición menos corrupta. El mes pasado, precisamente, la OTAN integró a Georgia a la nueva etapa de las negociaciones de adhesión, reconociendo de esa forma nuestros progresos políticos, económicos y militares. Y la semana pasada completamos con la Unión Europea un plan de acción que define nuestro avance irreversible hacia un futuro plenamente occidental” 7.La aceleración de las negociaciones para ingresar en la OTAN es considerada por Moscú como una verdadera amenaza: Rusia se niega a perder su influencia sobre países vecinos, donde su presencia nunca fue desmentida desde la disolución de la URSS, a pesar de las grandes maniobras estadounidenses y de los proyectos de integración de la región a la esfera de influencia europea. Para obtener su objetivo Rusia no se apoya únicamente en las fuerzas militares que posee en las zonas de conflicto en Abjasia y en Osetia del Sur: la enorme mayoría de la población de esos territorios habría adquirido la nacionalidad rusa. En caso de reanudación de los combates, Georgia se enfrentaría indirectamente a Rusia, que a través de su ministro de Defensa acaba de reiterar que garantizará la protección de sus ciudadanos 8.Pero el riesgo de un enfrentamiento con Moscú no es la única preocupación de los dirigentes georgianos. El presidente Saakachvili ve su gobierno –nacido no obstante de la “revolución de las rosas”– cada vez más cuestionado desde el interior. La oposición crítica de manera creciente sus excesos autoritarios, denuncia la detención, a comienzos de septiembre, de veintinueve de sus miembros, acusados de conspirar contra el gobierno, y protesta contra la organización de elecciones locales dos meses antes de lo previsto. Algunos agitan incluso el espectro de los años Gamsajurdia 9: el nacionalismo belicoso del entonces presidente –que tenía por consigna “Georgia para los georgianos”– había alimentado el separatismo de las regiones fronterizas, pero también provocado enfrentamientos en Tbilisi que hicieron pensar en una guerra civil. Interrogados sobre esa comparación, los líderes separatistas Serguei Bagapch y Eduard Kokoity, que prevén un deterioro de sus relaciones con Tbilisi, coinciden en afirmar que los sucesivos gobiernos georgianos nunca dejaron de lado esa política.Desde el comienzo de la crisis actual, Vladimir Putin advirtió a su homólogo estadounidense del riesgo de desestabilización que implicaría un aliento de terceros países a la “política destructiva” de Georgia 10. Putin fue escuchado: el 13 de octubre el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas adoptó por unanimidad el proyecto de resolución sobre el conflicto entre Georgia y Abjasia propuesto por Moscú, y al que hasta entonces Washington se oponía 11. Ese texto condena la incursión de tropas georgianas, y exige su retirada del alto valle del Kodori. Además, reconoce “el papel importante de la fuerza [rusa] de mantenimiento de la paz” en Abjasia. Hay que decir que, de su lado, Moscú dio su apoyo a la resolución del Consejo de Seguridad que sanciona la prueba nuclear de Corea del Norte...Sin dudas, esa toma de distancia por parte de Occidente –incluido Estados Unidos– respecto de Tbilisi, explica la radical reacción del presidente Saakachvili, que llamó a los georgianos de Rusia a regresar a Georgia para ayudar al gobierno a restablecer la integridad territorial del país, o sea, tácitamente, a combatir en Abjasia 12.  
  1. Le Monde, París, 4-10-06.
  2. Ver la entrevista de  Matthew Bryza, subsecretario de Estado adjunto a cargo de los asuntos europeos y euroasiáticos: “Georgia: U.S. Official Assesses Kodori Operation’s Impact”, Radio Free Europe/Radio Liberty, 2-8-06.
  3. “Informe del secretario general sobre la situación en Abjasia (Georgia)”, Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, Nueva York, 28-9-06.
  4. Jean Radvanyi, “Persistentes conflictos en el Cáucaso”, Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, Buenos Aires, octubre de 2004.
  5. Le Monde, 12-10-06.
  6. Vicken Cheterian, “Cuando las viejas elites se suceden a sí mismas”, Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, octubre de 2005.
  7. The Wall Street Journal, 12-10-06.
  8. RIA Novosti, Moscú, 9-10-06.
  9. Elegido en 1991 a raíz de la disolución de la URSS, Zviad Gamsajurdia presidió Georgia hasta el 6 de enero de 1992. Reemplazado por el ex ministro soviético de Relaciones Exteriores Eduard Chevardnadze, se suicidó el 31 de diciembre de 1993.
  10. AFP, 3-10-06.
  11. RIA Novosti, Moscú, 14-10-06.
Autor/es Florence Mardirossian
Publicado en Artículos especiales para eldiplo.org
Número de ediciónNúmero 90 - Diciembre 2006
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Geopolítica
Países Rusia