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Intervención de Ignacio Ramonet

Con mucho gusto acepté la invitación para venir a reunirme con los lectores de Le Monde Diplomatique y es una buena ocasión porque se conmemoran los 30 años del golpe militar en Chile.

Hoy el encuentro con esa fecha tuvo su instante de mayor intensidad cuando fuimos, con Víctor Hugo de la Fuente, a  llevar flores a la tumba de Salvador Allende y tuvimos allí un momento de recogimiento, de gran emoción, pensando todo lo que significó aquel 11 de septiembre en nuestras propias vidas.

Por ejemplo, quizá ustedes no saben que el año 73 tuvo una importancia considerable en la trayectoria de Le Monde Diplomatique. Nuestro periódico se fundó en 1954, el próximo año celebramos el 50º aniversario, y lo fundó un periodista ejemplar, ahora fallecido, Hubert Beuve-Méry. El fue un periodista francés muy célebre porque fue el creador del diario Le Monde, en 1944, y la fundación se hizo en circunstancias políticas también muy dramáticas. En Francia había un periódico que expresaba la opinión de los patronos, del acero en particular, el periódico se llamaba El Tiempo, Le Temps. Y se escribía con letras góticas. Hubert Beuve-Méry era su corresponsal en Europa Central, en particular él estuvo mucho tiempo de corresponsal en Praga, era especialista en ciencias políticas. En Praga él vio subir, en los años '30, el fascismo. Recuerdan ustedes que se firmó el acuerdo humillante de Munich en 1938 mediante el cual la Alemania de Hitler se apoderaba de una parte de Checoslovaquia, la región del sudeste.

Este periodista escribía a su periódico para avisar que en Europa Central había surgido un monstruo que se llamaba Hitler y que era indispensable tomar medidas y que no había que ceder en Munich, porque si se cedía en Munich luego se cedería para Polonia y no se podría parar a Hitler, y fue lo que sucedió. Como saben ustedes el 1º de septiembre de 1939 Hitler invadió Polonia y comenzó la segunda guerra mundial. Y este periódico Le Temps siempre se mantuvo bastante conciliador con Alemania, incluso  cuando Francia fue ocupada por los nazis y su gobierno democrático fue derrocado por un gobierno cómplice. Este periódico siguió cuando la resistencia democrática francesa antifascista había pedido a todos los periódicos que dejasen de publicarse y se replegasen sobre la zona francesa  que quedaba con cierta independencia no alemana. Le Temps, no lo hizo, entonces, cuando terminó la guerra, ustedes recuerdan que la resistencia fue dirigida por Charles de Gaulle desde Londres. Entonces, cuando terminó la guerra, todos los periódicos que habían colaborado con los nazis fueron cerrados y fueron nacionalizados, entre ellos Le Temps, que era un periódico de cierto prestigio, periódico de la burguesía como aquí es El Mercurio, por ejemplo. Charles de Gaulle tuvo este gesto insólito porque tomó este periódico con todas sus maquinarias, con todos sus empleados y se lo entregó entero, de manera gratuita,  a este periodista Beuve-Méry, le dio el periódico a este periodista que había sido antifascista, que había resistido, que había dejado de escribir, le entregó el periódico en 1944.

Este diario era partidario de un periodismo extremadamente sobrio, sin fotografías, textos sobrios  muy poco desarrollados, en pocas páginas, muy escueto.

A Beuve-Méry lo conocí muy bien, durante años, después que se retiró, tenía un despacho al lado del mío, conversábamos mucho. Beuve-Méry decía que si un lector compraba un periódico y se iba a acostar sin habérselo leído de la primera letra hasta la última, él había fracasado en su proyecto.

Entonces el diario tenía pocas páginas, unas doce, además era la posguerra y no había mucho papel. Pero allí empezaron a escribir los mejores periodistas de Francia y ese periódico empezó a tener una enorme influencia entre los cuadros, los dirigentes que estaban reconstruyendo el país sobre una base muy diferente, evidentemente, sobre una constitución de 1944, que fue una constitución muy democrática, muy avanzada, muy progresista. Entonces, en esta Francia nueva, el periódico se concibió como una especie de exigencia democrática. El periódico tenía como objetivo el de exigir rigor, seriedad y evidentemente democracia, en un contexto difícil, porque como saben, apenas terminó la II Guerra Mundial, Francia se liberó y empezaron las guerras de descolonización y Francia se lanzó en guerras coloniales muy difíciles como la de Indochina, primero, que terminó en 1954 y luego la de Argelia que terminó en 1962, todo ese período fue muy intenso. Entonces, en los años '50 la política internacional se había hecho muy densa, porque ya estaba el sistema de Naciones Unidas funcionando, había muchos países que eran independientes como la India, había países que alcanzaban otra forma de soberanía porque habían hecho una revolución como la China, con Mao Tse Tung, en 1949. Empezaba a haber una vida democrática internacional muy intensa.

 

Historia de Le Monde Diplomatique

 

Como Beuve-Méry no quería que su periódico fuese demasiado grueso imaginó que se crease al lado de Le Monde, un periódico consagrado a la política internacional, que fuese mensual, y se fundó en 1954.

La idea era que se consagrase a la política internacional, y por consiguiente que se llamase Le Monde Internacional , pero El Mundo Internacional, quedaba como pleonástico, entonces Beuve-Méry pensó en la palabra diplomacia, que como ustedes saben es la ciencia que rige las relaciones internacionales entre los Estados, la disciplina, la práctica. El periódico creado en mayo de 1954 tenía un subtítulo. Arriba ponía Le Monde  Diplomatique y abajo: el mensual de los círculos consulares y diplomáticos; estaba hecho para la diplomacia. Los lectores de Le Monde Diplomatique se sorprenderán si les digo que en los primeros números había una rúbrica mundana donde se describían las recepciones que se hacían en las embajadas y esas cosas, muy de vida diplomática, pero de la de antes.

Este periódico comenzó a alimentarse de lo que era la vida internacional de ese momento, piensen que en 1954, por ejemplo en Guatemala, se produce la intervención estadounidense donde se da el golpe de Estado contra Jacobo Arbens y la  primera reforma agraria a la que trata de llegar América Latina. El periódico comienza prácticamente con esas informaciones, hay una cobertura a América latina muy importante. Todo lo que empezó a llamarse en esa época el Tercer Mundo.

El primer director de este periódico, que sólo ha tenido tres directores, fue un húngaro, François Honti, que Beuve-Méry había conocido cuando estuvo en Europa Central, era un húngaro emigrado en Francia, que curiosamente no era anticomunista aunque tampoco un apasionado del régimen comunista húngaro.

Beuve-Méry era un hombre progresista, hoy diríamos que era un hombre de centro izquierda, probablemente, pero era anti-atlantista, esto en Europa quiere decir que no era partidario de la OTAN, pensaba que significaba integrar y crear una filosofía de choque de grupos, de mundos. Él no era pro atlantista, más bien antiatlantista y más bien antiestadounidense, y por otra parte rompió muy pronto con Charles de Gaulle, era un hombre de enorme rigor, y aunque Charles de Gaulle le había regalado el periódico, fue cuando De Gaulle llegó al poder, ustedes se recuerdan que retomó el poder en 1958 con la crisis de Argelia, una especie de sublevación en Argelia que reclama a De Gaulle para que mantenga a Argelia en el seno de Francia, Argelia no era una colonia, sino una provincia francesa "normal" (entre comillas) porque bastaba abrir los ojos para darse cuenta que eso no era enteramente normal, pero así era desde el punto de vista administrativo. Cuando Charles de Gaulle regresó al poder, Beuve-Méry consideró que había tomado el poder casi como un golpe de Estado, que fue la verdad, pero luego hizo un referéndum e inmediatamente se le dio el poder legítimamente. Beuve-Méry no se lo perdonó y fue su adversario radical, lo cual quiere decir que no porque le hubiera regalado el periódico estaba como comprado. De Gaulle tampoco lo hizo con esa intención, lo hizo para que hubiese un periódico serio y riguroso en el país, en la perspectiva de la necesidad de un cuarto poder.

Entonces este periódico comenzó a dar enormemente la palabra a aquellos que explicaban lo que era ese Tercer Mundo que emergía. Esos países que pasaban a ser independientes en Africa, en Asia, todas esas guerras.

Por ejemplo, Le Monde Diplomatique le dio mucha importancia a la revolución cubana a partir de 1959. Incluso antes de esa época, fue practicamente el único periódico de Francia que se interesó por lo que pasaba en Cuba, antes de la revolución, cuando nadie se interesaba en Cuba, cuando sólo era un país que producía azúcar y un poco de música tropical y no interesaba a Europa. Pero ya habían ido periodistas de este periódico que se habían interesado por la guerrilla en Sierra Maestra, Fidel Castro, "el barbudo", como se le decía entonces. Evidentemente había para nosotros un gran interés por esta situación.

En ese tiempo dirigía el periódico François Honti, este húngaro que les contaba, y lo hizo hasta el final de 1972. En 1973 fue director del periódico, precisamente el más latinoamericanista de los periodistas de Le Monde, Claude Julien, quién ya había escrito un primer libro sobre la revolución cubana, él había estado antes del triunfo de la revolución, conocía bien la situación latinoamericana y en enero de 1973 comienza a dirigir el periódico.

Personalmente yo entré a Le Monde Diplomatique en febrero de 1973 e inmediatamente, el problema que había en ese momento en el mundo, al que había que consagrarse, desde luego estaba todavía la Guerra de Vietnam, que termina en 1975, y Claude Julien era un gran especialista también sobre EE.UU., había hecho sus estudios allí, había escrito un libro muy célebre, "El Imperio Americano", y era un especialista de la revolución cubana, por consiguiente, se interesaba mucho por lo que estaba pasando en Chile desde hacía dos años, y que era el proyecto de la Unidad Popular, esta tentativa de conseguir transformaciones sociales avanzadas en un marco democrático, en un marco de debate político, en el marco de la legalidad. Él había visto las guerrillas con la muerte del Ché Guevara en 1967 y resultaba un debate absolutamente apasionante.

 

Chile

 

Recuerdo que nosotros, en el número de septiembre de 1973, publicamos un reportaje que había hecho nuestro amigo Alain Labrousse, quién había escrito un libro sobre los Tupamaros, un amigo francés que sigue allí con un observatorio de las drogas y había sido profesor en Montevideo, en el marco de los intercambios culturales y que también había venido a Chile y nosotros publicamos en primera página y se llamaba "Ruido de botas en Chile"

Evidentemente cuando se produjo el 11 de septiembre para nosotros fue un objeto de reflexión profundo sobre lo que había pasado aquí. Lo que pasó aquí, evidentemente fue objeto de interés intelectual en el mundo entero.

Lo que pasó aquí, fue de alguna manera semejante a lo que fue la guerra civil española, aunque con menos dramatismo aquí. Pero como elección política, la guerra civil española fue la necesidad de pensar en términos de fascismo y antifascismo y fue el anuncio de la Segunda Guerra Mundial y el anuncio de una crisis internacional, aunque fue muy local, era una guerra civil, pero fue una crisis absolutamente internacional y en el mundo entero, sindicatos, militantes, combatientes a favor del progreso se manifestaron, muchos, de todos los países, fueron a  combatir a España, decenas de miles de brigadistas internacionales, en todas partes hubo manifestaciones, recogidas de subvenciones, de ayuda a la República, a los refugiados de la República que fueron centenares de miles que fueron por todas partes y que fueron muy bien acogidos en América Latina, me imagino que aquí habrán venido muchos profesores, profesionales, todo una generación que tuvo que marcharse.

Chile fue un poco semejante y nosotros vimos llegar a muchos de estos amigos chilenos, recuerdo ahora, en particular a uno muy cercano de nosotros, Armando Uribe, estuvo con nosotros, escribió en el periódico, y analizaba la evolución de la dictadura. Es decir, sacamos enormes lecciones, en Francia una de las lecciones que se sacó fue la necesidad de establecer una unión entre los comunistas y socialistas que estaban muy divididos, se habían divido después de terminar la guerra y había líneas extremadamente diferentes. Lo que pasó aqui en Chile en la Unidad Popular es que creó una dinámica semejante a la de los años '30 donde se crearon las dinámicas de los frentes populares, que además llevaron a la victoria a varios países, en Francia, en España. De allí surgió en Francia lo que se llamó Programa Común de Gobierno, que fue lo que permitió la unión de tres partidos: Partido Radical de Izquierda, el Partido Socialista, que era pequeño en esa época; el Partido Comunista, que era el dominante y porque lo era no había acuerdo, pero Mitterrand se atrevió, inspirado en Salvador Allende y esa unión al cabo de unos años dio la victoria a la izquierda en 1981 y la Unidad Popular francesa llegó al gobierno en 1981, lo que quiere decir que aquello sirvió de lección sobre la necesidad de una plataforma, de acuerdos, de pasar a compromisos históricos, como los italianos.

Para nosotros lo que sucedió en Chile en términos de represión fue como una brújula, además luego con la operación Cóndor, la extensión de las demás dictaduras, a veces mucho más depredadoras y violentas incluso que la de aquí, la de Argentina en particular, su terrorífica represión . Todo lo que ocurrió en América Central con prácticamente un genocidio en Guatemala, 200 mil personas liquidadas: La guerra de El Salvador, la de Nicaragua. En definitiva lo que pasó aquí fue en 1973 y en el '79, los sandinistas obtenían el poder por las armas y tenían una nueva experiencia, etc. Desde entonces Le Monde Diplomatique ha seguido constantemente estas experiencias. Desde entonces, el interés por la experiencia latinoamericana como una experiencia que permite entender, desde lejos, lo que va a pasar o lo que está pasando en el mundo, para nosotros fue absolutamente determinante.

Se dijo aquí también que el 11 de septiembre de 1973 es evidentemente una confrontación, entre un poder tradicional, duro, contra una experiencia de progreso y transformación en el marco democrático, pero por otra parte también se instaura desde ese momento un laboratorio económico. El 11 de septiembre es también la primera vez que nosotros oímos hablar de los Chicago Boys, de las tesis de Milton Fridman, del monetarismo, como entonces se llamaba esta teoría. No lo hubiésemos sabido si no se hubiese aplicado aquí en Chile, acá fue por primera vez. Aquí, en definitiva, nació lo que hoy se denomina la globalización. No se ha visto así durante mucho tiempo, acá se ha visto como se asesinó a una esperanza, se asesinó un sueño, pero acá también empezó la globalización liberal que se ha extendido en el mundo entero. Piensen que la segunda experiencia del modelo neoliberal chileno, es la que se hace en Gran Bretaña en 1979 con la señora Tatcher, es decir, sólo seis años después se hace una experiencia semejante. Y en los EE.UU. sólo se empieza a aplicar la receta chilena, la receta neoliberal, en 1980 por el presidente Reagan, a partir de allí va a extenderse lo que luego llamaríamos globalización, nosotros ni sabíamos como se llamaba ese fenómeno, no había palabra para designarlo.

 

Globalización

 

Diría que Le Monde Diplomatique, precisamente porque estudió, gracias a sus colaboradores, entre ellos muchos chilenos, lo que se llevaba a cabo aquí en términos de destrucción del Estado, destrucción de los servicios públicos, de sustitución de lo público por lo privado. Nosotros, diría, tuvimos un papel pionero en el marco de la prensa internacional, para a lo largo de los años '80 criticar, muy seriamente, sistemáticamente, el neoliberalismo. Cuando en muchos lugares, en particular Francia, una parte de la izquierda se dejaba tentar por el neoliberalismo. Piensen en los socialistas españoles que adoptaron masivamente a partir de 1982, a penas 9 años después del golpe, sin darse cuenta que estaban aplicando aquí las teorías por las cuales habían derrocado a Salvador Allende y la Unidad Popular, y ellos lo aplicaron allí y lo aplicaron los franceses a partir de 1983, sólo hubo dos años de leyes sociales, desde 1983 se implantó una dinámica neoliberal que en definitiva acabó hasta por ganar el pensamiento del señor Gorbachov, y se hundió la Unión Soviética también. Es un virus poderoso, lo que no pudo el imperio estadounidense lo pudo el virus de la globalización. Por consiguiente este tipo de modelo es un modelo que nosotros hemos observado y nuestra preocupación ha sido, durante mucho tiempo, tratar de producir teorías, conceptos, análisis serios para tratar de entender lo que es. Entonces creo que si Le Monde Diplomatique conoce hoy la expansión que conoce -Víctor Hugo de la Fuente ha dado las cifras de la edición chilena- creo que aún se puede ir más allá. Piensen que cuando nosotros llegamos al periódico en 1973, Le Monde Diplomatique no debía vender más de 70 o 75 mil ejemplares, hoy vendemos más de 250 mil ejemplares sólo en Francia, además tenemos una segunda publicación que se llama Manière de Voir y que es bimestral.

Actualmente tenemos 31 ediciones en el mundo, impresas, porque en internet hay otras treinta, en esperanto, en chino, en coreano, en ruso, en las lenguas más extrañas. Tenemos ediciones en árabe, una edición en iraní con 200 mil ejemplares, una en griego que tiene un tiraje de 350 mil ejemplares. ¿Cómo es posible que se haya hecho esto? A partir de un equipo, Víctor Hugo de la Fuente conoce bien a nuestro equipo, nosotros somos 7 u 8 periodistas, no es el New York Times que tiene algo así como 500 periodistas. En realidad somos 7 u 8, pero a través del mundo tenemos entre 2.500 y 3.000 colaboradores, entre ellos profesores universitarios, periodistas, expertos, científicos a los que nosotros les pedimos, o ellos proponen, colaboraciones sobre tal o cual tema que nos interesa. Y nosotros hemos hecho hincapié muy particular en tratar de desmontar, deconstruir esta globalización.

 

Altermundialistas

 

Yo había propuesto este concepto de pensamiento único que nos permitió entender de lo que se trataba. Después nosotros propusimos crear Attac que se ha extendido por todas partes. Dijimos que el poder en realidad no estaba en lo político, sino en lo financiero. Así partimos y Attac marchó con otras asociaciones a Seattle, donde se reunía la OMC, que no son jefes de Estado, y Seattle no es la capital de EE.UU. y allí se provocó la primera toma de conciencia global de que había poderes por encima de los poderes. Nuestro periódico jugó un papel muy importante en esa designación, hemos sido, con mucha modestia, quienes hemos propuesto que se cree el Foro Social Mundial de Porto Alegre, además nosotros hemos dicho que debía llevarse a cabo en Porto Alegre, no en otro lugar, porque hasta nuestros amigos brasileños lo querían hacer en Europa, pero nosotros dijimos no en Europa, hay que realizarlo en Porto Alegre, porque allí hay una significación, están los presupuestos participativos, nuestros amigos del PT dirigiendo aquello. Nosotros le dijimos eso a los amigos brasileños, que no eran de Porto Alegre, sino de Sao Paulo o de Río. El Foro Social Mundial se hizo en Porto Alegre y con éxito. Nosotros propusimos ese lema "Otro mundo es posible" que hoy día lo repite todo el movimiento altermundialista. Cuando digo nosotros, evidentemente no es sólo los 7 u 8 miembros de la redacción, sino todos los que colaboran, los intelectuales estadounidenses como nuestro amigo Noam Chomsky, que escribe regularmente para nosotros, amigos alemanes, latinoamericanos, europeos, españoles, etc. Por consiguiente el periódico ha constituido, junto a otros, una fuerza importante y tiene la voluntad de no sólo proponer avances teóricos, sino también tiene al lado a Attac, que no es Le Monde Diplomatique, propusimos su creación y ahora Attac tiene su propia vida. Como el Foro Social Mundial tiene su propia vida, nosotros no piloteamos eso, no tenemos ningún interés en hacerlo. Los intereses son de que exista, porque pensamos precisamente que hoy es necesario. Pensamos que mientras no hubiese comprensión de lo que era la globalización no se podía movilizar. Creo que, no sé como ustedes lo vivieron aquí, probablemente mal como nosotros, pero los años '80 fueron años muy difíciles desde el punto de vista intelectual, cuando hemos visto a nuestro alrededor amigos que habían tenido una trayectoria de izquierda de toda la vida rendirse en definitiva, darse vuelta la chaqueta, como decimos en francés y de repente llegar con ideas totalmente neoliberales diciendo que eso era la eficacia, eso es lo que había que hacer porque era lo moderno y que la izquierda ya no... que el pueblo ya no... que eso era para el Tercer Mundo, que eso era una fatalidad histórica. Entonces, creo que nosotros, éramos muy numerosos al pensar que en definitiva había una serie de valores, de principio, que la in-jus-ti-cia, que la de-si-gual-dad son cosas que nos sublevan y que no estamos dispuestos a resignarnos a la injusticia y a la desigualdad, aunque claro estábamos callados, nadie ya decía eso, porque ningún líder de izquierda decía eso. Entonces, cada uno en nuestro rincón decíamos: pues seguramente debo ser una especie de fósil, debo ser yo mismo una cosa arcaica, pero luego, cuando poco a poco la gente leía Le Monde Diplomatique y veía que aún había ese pequeño foco de resistencia ahí, donde curiosamente una serie de grandes intelectuales, periodistas defendían lo que la gente creía. Además llegaban las nuevas generaciones que no habían vivido el entusiasmo por tal o cual revolución, pero que llegaban con la constatación del mundo tan terriblemente injusto que nos han construido ahora y no hablo de tal o cual país, sino que a escala planetaria. Cuando llegaban esas generaciones y decían: ¿Pero qué, no hay nada qué hacer? ¿Hay que resignarse nada más? Nos vamos a meter al mercado, donde todo es una mercancía finalmente y yo seré una mercancía también. Y esa gente no se resignaba.

Este movimiento que se llama de altermundialización, alterglobalización, tuvo tres fases. La primera, en la que había que explicar, entender, analizar, decir lo qué era la globalización y repito, la palabra no existía, esa palabra aparece sólo en la mitad de los noventa, hace diez años que usamos esa palabra, por consiguiente cuando empezamos a decir lo que había que hacer, ya la idea de protestar empezaba, y allí entramos en la segunda fase. La primera protesta que se hace es en Seattle, y recuerden que eso sucedió apenas hace cuatro años, al final de 1999. Y miren ahora Cancún, no se pueden reunir sin que la gente esté protestando y no protestan los de más de 60 años, sino las nuevas generaciones que tienen 20 años y que no quieren vivir en un mundo donde todo es una mercancía. Y nosotros pensábamos que era necesario una tercera fase, en la que no basta con protestar, hay que proponer. No basta con decir no quiero esto, hay que decir qué es lo que queremos y por eso nosotros propusimos esta idea del Foro Social Mundial, yo me imagino que varios de los amigos presentes han ido al Foro. El Foro es una idea extremadamente bella, es la realización, por primera vez, de la Asamblea de la Humanidad. Hasta ahora las Naciones Unidas es una idea utópica, y es la asamblea de los Estados, de los gobiernos. El Foro Social Mundial es la asamblea de las gentes, ahí van los ciudadanos, y van a dos cosas, por una parte van a decir y a contar: "yo como mujer de África", "yo como campesino de Asia", "yo como indígena de México", así es como yo me veo afectado por la globalización, así es como la globalización me  afecta en mi producción, en mi manera de trabajar, en mi jubilación, en mi manera de sanarme, en mi educación. Participan más de 4 mil asociaciones del mundo. Y segundo vienen a decir de qué manera pienso que nosotros podemos parar la globalización. "Yo, en mi sector, en mi trinchera, como puedo parar esta globalización". Y el ambiente del FSM es maravilloso, los medios internacionales presentan el Foro como una especie de reunión desordenada, pero en realidad podríamos estar ahora en un Foro Social porque el Foro Social son miles de conferencias, de clases, de seminarios donde intervienen miles de profesores, expertos, militantes asociativos, de responsables sindicales, expertos políticos, es decir, es como una especie de lugar de autoeducación, en el cada uno enseña al otro, precisamente, para mejor entender este fenómeno que vivimos y yo creo que un periódico como Le Monde Diplomatique, que precisamente trata de analizar lo que son los medios hoy, que evidentemente no es el organizador del FSM ni mucho menos, pero creo que lo que es este periódico no se entiende si no se entiende que alrededor hay todo este movimiento social mundial, que el periódico trata de acompañar, no trata de confundirse con él, en absoluto, cada uno en su lugar, pero todo esto se ha creado  en paralelo. Cuando dijimos el nuevo siglo nace en Porto Alegre, lo señalamos porque es exactamente el tipo de espíritu nuevo que nosotros pensamos se debe crear. Por eso, y con esto termino, quiero decirles que lo que pasó aquí en Chile hace treinta años tuvo una enorme influencia en nuestra generación y en la generación de periodistas a la que yo pertenezco y en particular con nuestro periódico por razones que tienen que ver con lo que estaba ocurriendo en América Latina y porque inmediatamente, precisamente, creo que muchos de nosotros en el mundo nos dijimos que lo que había pasado aquí no se podía aceptar, que lo que había pasado aquí no se podía dejar que lo enterrase el olvido como una experiencia fallida más, lo que había pasado aquí era singular y único y que nosotros trabajaríamos el resto de nuestras vidas,  si fuese necesario, para que la lección de lo que pasó aquí antes del 11 de septiembre de 1973, el 11 de septiembre y después del 11 de septiembre, nos sirviese para tratar de construir con nuestros medios, nosotros teníamos un periódico muy modesto, pero con nuestros medios, tratar de construir un mundo mejor. Muchas gracias.

Autor/es Ignacio Ramonet
Publicado en Artículos locales de la edición Chile
Edición Enero 2004
Temas Ciencias Políticas
Países Chile