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Un experto que se equivoca todo el tiempo

El ex director del Fondo Monetario Internacional, Michel Camdessus, presentó en octubre de 2004 un informe sobre Francia alabado por empresarios y medios de comunicación y convertido en el libro de cabecera del ex ministro de Economía y nuevo líder de la derecha, Nicolas Sarkozy. Pero se deben confrontar sus preceptos con las devastadoras consecuencias que sus políticas, implementadas a través del FMI, tuvieron en países en vías de desarrollo, desde Argentina y Brasil a Rusia e Indonesia.

¿Quién dijo: "Observo con satisfacción que los rusos han respetado los criterios macroeconómicos en materia de deflación y presupuesto"? Michel Camdessus, entonces director del Fondo Monetario Internacional (FMI). Fue en enero de 2000 1. En ese mismo momento, las estadísticas oficiales confirmaban una caída de un tercio del Producto Bruto Interno en Rusia entre 1989 y 2000, y una disminución sin precedentes de la esperanza de vida (3,7 años) 2, además de la aparición de una poderosa mafia...

¿Quién dijo: "Argentina tiene una historia que contar al mundo: una historia sobre la importancia de la disciplina fiscal, los cambios estructurales y una política monetaria que se aplica rigurosamente"? Michel Camdessus. Fue el 1 de octubre de 1998, en la sede del FMI. Se sabe ahora cuál fue la continuación de la historia: un derrumbe industrial, una explosión de miseria 3.

Otras tantas declaraciones -entre decenas de otras- ampliamente ignoradas cuando Camdessus presentó su informe sobre Francia 4, en octubre pasado. Nicolas Sarkozy, ministro de Economía y Finanzas en aquella época y receptor de ese castigo, declaró inmediatamente que lo convertiría en su "libro de cabecera". El gobierno lo utiliza como fuente de inspiración. El Movimiento de Empresas de Francia (MEDEF) recurre a él como a la Biblia. Los medios de comunicación lo alabaron: no hubo noticiero, debate político, programa literario (¡por supuesto!) que no contara con la presencia de Camdessus.

Sin embargo, este ex gurú del FMI y flamante asesor de Juan Pablo II, tiene la particularidad de ser un experto que se equivoca todo el tiempo. Por donde Camdessus pasaba, las economías emergentes se hundían. Tanto, que debió renunciar a la dirección del FMI el 14-2-00, un año antes de terminar su mandato, ante los cuestionamientos a su política ultraliberal.

Pero en sus trece años de reinado en el FMI pudo aplicar su programa. Resultado: una decena de severas crisis financieras. Cada vez, las soluciones impuestas agravaron las crisis, cuando no las provocaron sencillamente. Ese fue el caso de México (1994); Tailandia (1997); del conjunto de las economías del Sudeste Asiático (1997-1998); Rusia (1998); Brasil (1999). El experto abandonó su cargo antes de comprobar los daños de su política en Turquía (2001) y sobre todo en Argentina (2001-2002). "Tenía la ilusión de ser un arquitecto -explicó el
19-6-00 en París frente a la asamblea de la Compañía Francesa de Seguros para el Comercio Exterior (COFACE)-; fui sólo un bombero." Sí, pero un bombero pirómano.

La crisis indonesia resume por sí sola el método Camdessus. Partícipe del "milagro asiático", Indonesia padeció durante el verano de 1997 la ola especulativa que afectaba a Tailandia, antes de propagarse a Malasia, Hong Kong y Japón. Los miles de millones de dólares invertidos en el sector inmobiliario y en la Bolsa -lo que los expertos del FMI consideraban una muestra de la exitosa liberalización de los mercados financieros indonesios- se fugaron del país; la rupia perdió el 80% de su valor; el sector inmobiliario se derrumbó, el Estado se endeudó para tratar de contener la marea. En vano.

El peso de las cifras

El gobierno recurrió entonces al FMI y al Banco Mundial (BM), que le prestaron unos 25.000 millones de dólares, reservándose el derecho de aplicar un "programa de ajuste estructural" de apariencia técnica: "mejorar la eficacia de los mercados" 5; "ajustar la política monetaria y presupuestaria"... En la práctica, esto se tradujo en la suspensión de los subsidios a los productos de primera necesidad y en el alza súbita de los precios: un 200% la electricidad, un 50% la leche y un 36% el arroz, entre agosto de 1997 y enero de 1998 6. Las tasas de interés se dispararon (un 40% para una inflación del 12%), haciendo explotar las deudas; se produjeron quiebras en cadena; cerraron los bancos; se derrumbaron el empleo y los salarios. Para reprimir los tumultos generados por el hambre, el gobierno ordenó disparar contra la multitud: 5 muertos. El caos fue total, resurgieron las divisiones étnicas. Indonesia aún no se ha recuperado.

"Lo grave -escribe Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía- no es sólo haber exigido medidas que condujeron a la crisis, sino haberlo hecho cuando no existía prácticamente ninguna prueba de que éstas favorecían el crecimiento, y sí en cambio numerosas pruebas de que hacían correr enormes riesgos a los países" 7.

Por el contrario, durante el mismo período (1997-1998), Malasia, que también debió hacer frente a los movimientos especulativos, rechazó el programa de ajuste elaborado por Camdessus y su grupo de expertos. El gobierno impuso normas a los bancos, mantuvo el control de cambios, lo que le permitió conservar las tasas de interés relativamente bajas (6,4% a fines de 1998). El patrón del FMI menospreció a este país que tenía "la ilusión de ponerse al abrigo de una crisis internacional gracias a un control de cambios" 8. Pero Malasia salió de la tormenta, menos perjudicada que sus vecinos, y se recuperó más rápidamente.

El impacto fue tan grande que hasta el presidente del Banco Mundial (BM), James D. Wolfensohn, se vio obligado a explicarse. El 6-10-1998, en Washington, confesó ante al Consejo de Gobernadores: "Cuando recuperamos los equilibrios presupuestarios, debemos saber que tal vez desaparezcan programas que permiten a los niños ir a la escuela, que tal vez desaparezcan programas de salud para los más carenciados". Y agregó: "Debemos hacer un debate donde las cifras no tengan más peso que los seres humanos". Lástima que tres años más tarde el BM haya olvidado estas buenas intenciones para imponer a Argentina un programa de austeridad que haría implosionar al país... pero que contribuiría a pagar a los acreedores 9. Se trata de un principio: bancos, multinacionales y gobernantes corruptos salen airosos de cada crisis, gracias a los fondos públicos y a los préstamos del FMI. Para los expertos, se trataría de un mal necesario al que además le encontraron un nombre, "el riesgo moral".

Convicciones persistentes

Camdessus no parece muy afligido por problemas éticos. Siendo blanco de las críticas que comenzaron a multiplicarse a partir de 1998, afirmó que la crisis proviene "de los líderes políticos que se resisten a aceptar los consejos discretos (del FMI) para reformar su sistema financiero y corregir las deficiencias de la gestión pública" 10. En resumen, el remedio es bueno, los malos son los gobernantes (y los pueblos). Ni una palabra de pesar hacia las víctimas indonesias de su política: "No había previsto que el ejército iba a disparar contra la multitud" 11. Sin embargo, se ocupó de precisar: "La liberalización financiera tiene mala reputación, pero su objetivo final sigue siendo correcto". Desde entonces, el FMI tiene un programa de lucha contra la pobreza. Sin embargo, el "objetivo final" persiste. "Cuánto más rápido una economía se abre, es mejor", afirma todavía hoy Anne Krueger, primera directora general adjunta del FMI. "Por razones económicas (...). Y porque cuanto más se abre una economía, más difícil es dar marcha atrás y acabar con las reformas", precisa 12. Los pueblos tienen derecho a votar, no a cambiar de política.

Respecto de todas estas experiencias, la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Comercio y el Desarrollo (CNUCED) concluyó que mientras la liberalización de los mercados "provocó el caos en Extremo Oriente y Rusia y neutralizó los progresos logrados en América Latina", India y China, que "se resistieron a la tentación de buscar una liberalización prematura del comercio y una rápida integración al sistema financiero (...), constituyen notables excepciones" 13. En el FMI, un diagnóstico semejante sería considerado una declaración de guerra (ideológica).

Recién salido de las finanzas internacionales, Camdessus se sumergió en las turbulentas aguas de organizaciones mundiales, asesoras oficiales y oficiosas de la ONU. A la cabeza de un "panel mundial" 14, es el encargado de imaginar el financiamiento de las infraestructuras necesarias para reducir a la mitad el número de personas que no tienen acceso al agua (1.400 millones de personas) de aquí a 2015. En el corazón mismo del dispositivo presentado por Camdessus figura, sin que esto sorprenda, la inclusión del sector privado en un sistema que, a escala planetaria, depende en un 90-95% del sector público. Ampliar la brecha y apropiarse de un 10% a un 15% del mercado (entre 500 y 600 millones de consumidores) no les disgustaría a los cinco gigantes mundiales, entre ellos tres franceses, Veolia-Environnement (ex Vivendi), Suez y Bouygues-Saur. Pero, como "las inversiones son enormes y se amortizan a largo plazo", Camdessus propone una "alianza público-privado". La fórmula parece seductora, pero cada vez que se experimentó este reparto, el único en sacar provecho de él fue el sector privado.

En Francia, esta fórmula bautizada "concesión de servicio público" tuvo cierto éxito en las municipalidades, durante la década 1990. Para éstas, a menudo endeudadas, el aporte del financiamiento privado parecía una solución. El balance realizado por el Tribunal de Cuentas o el Parlamento es inapelable: fondos desviados en favor de representantes electos o de partidos políticos, infraestructuras abandonadas, facturas poco claras, precios en alza... "Cuando se confía el servicio público del agua a una empresa privada, la factura es de un 30% a un 40% más cara", señala Marc Laimé, autor de una profunda investigación 15. Por esta razón, algunos representantes electos decidieron que el servicio de agua y/o saneamiento de su ciudad volviera a estar en manos del sector público.

En el extranjero, el fracaso es también flagrante y las consecuencias son todavía más graves. En Ghana, el BM estableció una condición para destrabar un préstamo de 110 millones de dólares: "Aumentar los precios para cubrir los costos operativos". En unos meses, las tarifas se duplicaron. En Manila (Filipinas), Suez y la estadounidense Bechtel se repartieron el mercado, asociándose cada una con una empresa local. Entre 1997 y 2002 las tarifas se multiplicaron por seis. Actualmente, una factura de agua absorbe alrededor del 10% de los ingresos de una familia de clase media. Las demás -lejos las más numerosas- se arreglan como pueden, incluso comprando agua contaminada. No es de extrañar entonces que reaparezcan algunas enfermedades infecciosas.

Sin embargo, al querer todo, rápido, se quedan sin nada: a pesar de los capitales públicos (se habla de un reflotamiento de 120 millones de dólares), Suez se retiró finalmente de Manila, considerando el negocio insuficientemente rentable. Del mismo modo, el dúo Bechtel-Edison abandonó Cochabamba (Bolivia), y Veolia, La Paz...

"Inseguridad jurídica"

Estos fracasos reiterados no alteran para nada las convicciones de Camdessus. Simplemente, el ex patrón del FMI aboga por un nuevo reparto de las aguas. En efecto, afirma en su informe, "no puede esperarse que las empresas internacionales desempeñen un papel significativo en el sector rural o en comunidades muy aisladas", pero en las zonas "de urbanización galopante, su papel puede ser decisivo". Moraleja: los pobres para el sector público, los mercados rentables para el sector privado... Tanto peor para la distribución equitativa, que constituye la base misma de la igualdad y el acceso al agua para todos.

Este fanático del mercado exige además sólidas garantías para los capitales, con el fin de que Suez, Veolia y Bechtel no tengan que lamentar más los reveses de estos últimos años. "Frente al riesgo ligado a la tasa de cambio", propone instaurar una garantía colectiva a cargo especialmente de los socios capitalistas internacionales. Frente al "riesgo de presiones políticas", reclama la creación "de un nuevo marco regulatorio" internacional, que impediría todo cuestionamiento de los contratos firmados. Finalmente, el informe insiste sobre la necesaria "indexación de las tarifas del agua para proteger (...) del riesgo vinculado con la legislación ambiental". Reglamentación, protección, indexación, éste es el nuevo tríptico. ¿Qué diría Camdessus si se lo aplicara a los salarios y al empleo?

Su consigna es clara: seguridad para los capitales e inseguridad para los seres humanos. Se la encuentra en su informe sobre la situación francesa. Eliminar la seguridad (relativa) otorgada por el contrato de trabajo por tiempo indeterminado, porque impide a las empresas "deshacerse del trabajador que ya no les conviene" (se conocían los despidos por conveniencia bursátil, ahora vienen los despidos por conveniencia a secas). Eliminar la posibilidad de recurrir a la justicia en caso de despidos abusivos o ausencia de plan social, que genera "una inseguridad jurídica" insoportable a la patronal. En cuanto al "empujón al SMIC" (¡0,42 euro por hora, al 1-7-04!) 16, es demasiado oneroso para mantenerlo. Lo más inquietante es que estas recomendaciones adquieren fuerza de ley.

Este combate por el beneficio se viste con ropaje humanista. Es en nombre del "valor trabajo recuperado" que se incrementa el trabajo de unos dejando a los demás estancados en el desempleo. En cuanto al "valor capital", ha desaparecido. Sin embargo, Patrick Artus, jefe de estudios de la Caja de Depósitos y Consignaciones -y miembro de la comisión Camdessus- se preocupaba, en un estudio interno, en septiembre de 2004, por "la baja de parte de los salarios en beneficio de los ingresos del capital (...) que plantea una cuestión de equidad entre salario y accionistas y una cuestión de eficacia (porque) la baja de los salarios genera también la baja del consumo" 17.

Pero no hay huellas de estas pertinentes observaciones en el informe. Hay verdades que no conviene decir.

  1. Les Echos, París, 7-1-00.
  2. Cifras del Banco Mundial citadas por Joseph E. Stiglitz, El malestar en la globalización, Taurus, Buenos Aires, 2003.
  3. Véase especialmente la película de Fernando Solanas, Memoria del saqueo, Oso de Oro de Berlín, 2004.
  4. Michel Camdessus, Le sursaut. Vers une nouvelle croissance pour la France, La Documentation Française, París, octubre de 2004.
  5. Informe anual del FMI 1998. Véase John Evans, "L'impact social de la crise asiatique", Le Monde diplomatique, París, mayo de 1998.
  6. Amandine Giraud, "La crise indonésienne et le rôle du FMI", Estudio del Alto Consejo de Cooperación Internacional, París, junio de 2001.
  7. El malestar en la globalización, op. cit.
  8. Les Echos, París, 14-09-1998.
  9. Clara Augé, "Rêves en morceaux à Buenos Aires" y Jorge Beinstein, "Le pourquoi d'une économie de pénurie", Le Monde diplomatique, París, septiembre de 2002.
  10. Michel Camdessus, "The IMF and Its Critics", The Washington Post, 10-11-1998.
  11. La Tribune, París, 26-06-1998.
  12. Conferencia sobre la economía mundial en la Universidad de Nottingham (Gran Bretaña), septiembre de 2004.
  13. Rubens Ricupero, Secretario General de la CNUCED, Informe sobre el comercio y el desarrollo, 1999.
  14. Integrado por el director general de Suez, el del banco Lazard Frères, el vicepresidente del Citibank... El informe "Financiar el agua para todos" se publicó en marzo de 2003.
  15. Le Dossier de l'eau. Pénurie, pollution, corruption, Seuil, París, marzo de 2003.
  16. Salario mínimo, en Francia (n. del t.).
  17. Eric Le Boucher, Le Monde, París, 6-09-04.
Autor/es Martine Bulard
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 67 - Enero 2005
Páginas:11,12
Traducción Gustavo Recalde
Temas Ultraderecha, Desarrollo, Estado (Política)
Países Argentina, Brasil, Indonesia, Francia, Rusia