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En busca de la energía solar
El crecimiento exponencial de la producción en el último medio siglo ha aumentado la preocupación sobre el agotamiento de las fuentes de energía y su eventual renovación o reemplazo. Posibilidad de eliminar la alternativa día/noche. De todas las variantes posibles, sólo la energía solar parece la más limpia y permanente, pero a escala de la historia humana tampoco se la puede considerar infinita.
La Tierra es un sistema finito.
Formulada de esa manera la cosa parece evidente, aunque en la vida
de todos los días pase desapercibida. A tal punto las medidas de
referencia de los humanos son diferentes de las escalas terrestres.
La diferencia es tal, que hemos usado desmesuradamente nuestros
recursos, suponiéndolos, si no infinitos, al menos enormes. La
parte del ecosistema terrestre que la humanidad se apropia pareció
durante mucho tiempo insignificante en relación con los recursos
disponibles. Pero hay que reconocer que al cabo de cincuenta años de
crecimiento exponencial la actividad humana rivaliza
actualmente con las fuerzas naturales. Una manera de cuantificar
esa actividad es considerar la energía que consume. Desde el punto
de vista de la física, la energía representa la magnitud de la
capacidad que posee un sistema para modificar a los otros sistemas
con los que está en interrelación.
Un crecimiento exponencial
choca inevitablemente, y mucho más rápido de lo que se cree, con la
finitud de los recursos de su medio ambiente. Tomemos el ejemplo de
bacterias cultivadas en un recipiente, que se reproducen
dividiéndose y cuyo número se duplica en un tiempo variable que,
por poner un ejemplo, puede ser inferior a veinte minutos.
Supongamos que los descendientes de una sola bacteria colocada al
mediodía en un medio de cultivo logran saturar el recipiente a
medianoche: en ese lapso, la cantidad de bacterias se habrá visto
multiplicada por 68.000 millones. ¿En qué momento el recipiente
estaba lleno por la mitad? A las 23.40 horas. Si nosotros fuéramos una
de esas bacterias, ¿en qué momento hubiéramos tomado conciencia de
que empezaba a faltar espacio? A las 22 hs. la colonia ocupaba
apenas el 1,5% del espacio del recipiente, y por lo tanto no
imaginábamos la catástrofe inminente. Supongamos que a las 23.20
hs. una bacteria particularmente perspicaz comenzara a
inquietarse, que movilizando enormes medios lograra lanzar un
programa de búsqueda de nuevos espacios, y que a las 23.40 hs. se
hallaran tres nuevos recipientes vacíos, cuadruplicando el volumen
disponible. Ese aumento de recursos, aparentemente considerable,
sólo brindará sin embargo una tregua de 40 minutos: la colonia
quedará saturada nuevamente a las 00.40 horas.
Límites y posibilidades
Con las actuales tasas de
crecimiento, el tiempo necesario para que se duplique el consumo
mundial de energía es de unos 50 años. La crisis que se anuncia, y que ya
muestra sus primeros síntomas, no es más que la manifestación de un
crecimiento exponencial en un medio ambiente que tiene límites. ¿Es
posible estimar las escalas de tiempo que entran en juego? Una
primera tentativa consiste en calcular el tiempo que requiere el
consumo para duplicarse. Otra manera de proceder sería calcular la
relación entre las reservas estimadas de un recurso y el consumo anual
actual. El valor obtenido estará por encima del tiempo real de
agotamiento del recurso considerado, pues implícitamente
contiene la hipótesis -hoy no verificable- de una estabilidad del
consumo. Según se consideren las reservas probadas o las reservas
últimas, el tiempo necesario para que se agoten el petróleo, el gas
natural y el uranio varía entre 40 y 120 años. La situación es más
favorable respecto del carbón, que desaparecería entre dentro de
entre 220 y 850 años 1. Desde el punto de vista de los recursos
fósiles, se acerca la medianoche...
¿Qué posibilidades hay de
prolongar la cuenta regresiva? La primera, que resulta evidente,
consiste en pasar a un tipo de desarrollo más lento, de crecimiento
cero, o negativo. Esa medida resulta indispensable, aun cuando su
aplicación a escala mundial parece muy difícil a causa de la fuerte
demanda de energía. Sin embargo, cada paso en esa dirección tiene el
mérito de hacernos ganar un poco de tiempo sobre la inexorable
desaparición de los recursos fósiles. Por otra parte, la captación
de la energía solar, eólica, geotérmica, hidráulica, de biomasa, de
las mareas, de las olas o de fuentes térmicas marinas, también
permitirá desacelerar el agotamiento de los combustibles
fósiles. Sin embargo, excluyendo la energía solar, la potencia
disponible en las fuentes de energía renovables sólo supera unas
pocas veces a la consumida en la actualidad. Si el crecimiento planetario
del consumo continúa al ritmo actual, llegará el día en que el gasto
de energía saturará las capacidades de renovación. Por lo tanto, la
potencia disponible en esas fuentes de energía pone un límite al
crecimiento del consumo energético humano, pero con una ventaja
indiscutible respecto de los recipientes para bacterias y de las
energías fósiles: las reservas se renovarán.
En cambio, la Tierra recibe del
Sol una potencia 13.000 veces superior a la que consume la humanidad.
El Sol brilla a causa de su alta temperatura -de unos 6.000 grados en
la superficie- y en un poco más de una millonésima de segundo
irradia la misma cantidad de energía que la humanidad produce en un
año 2.
Así, a escala humana, ese astro
constituye una fuente aparentemente inagotable: brilla desde hace
4.500 millones de años, y seguirá haciéndolo durante
aproximadamente otro tanto. Si brilla intensamente desde hace
tanto tiempo es porque extrae su energía del corazón de los núcleos
atómicos: en las regiones centrales más calientes, las reacciones de
la fusión termonuclear liberan la energía transformando cuatro
núcleos de hidrógeno en un núcleo de helio. Captar una fracción
apreciable de esa energía cambiaría radicalmente las escalas de
tiempo que están en juego. ¿Cómo hacerlo? Además de los métodos
tradicionales (captores solares de tipo fotovoltaicos o
térmicos) existen dos ambiciosos proyectos que tratan de abrir un
camino en esa dirección. El primero, que consiste en construir una gigantesca
torre solar, está en vías de experimentación; el segundo, que prevé
la puesta en órbita de una estación solar, aún está en estudio.
La estructura más alta nunca
construida por el ser humano podría alzarse en el Outback 3
australiano antes de 2008. La compañía australiana EnviroMission
proyecta erigir allí una torre solar de más de un kilómetro de alto,
capaz de generar una potencia de 200 megavatios 4. A nivel de la
superficie, la torre tendrá una sección del tamaño de un campo de
fútbol y se situará en el centro de una estructura de vidrio de más de
7 kilómetros de radio. Su funcionamiento es simple: la luz del Sol
calentará el aire situado bajo el techo de vidrio, que estará
inclinado de manera que el aire caliente se eleve hacia la torre. En
ella será canalizado para accionar turbinas cuya rotación
generará electricidad las 24 horas del día. A pesar de que la radiación
solar es, por naturaleza, intermitente, el calor almacenado en el
suelo, bajo el colector de vidrio, representará una fuente extra
durante la noche. Esa torre será una versión gigante del prototipo
de "chimenea solar" inventado y construido por el ingeniero alemán
Schlaich Bergerman en 1982, cerca de Manzanares, en España.
Casi toda la energía que irradia
nuestra estrella se pierde en el infinito, dado que la Tierra sólo
intercepta la mitad de la mil millonésima parte. ¿Por qué no captar
entonces esa radiación desde el espacio? La ausencia de
alternativa día/noche permitiría alimentarse del Sol
permanentemente. Además, la ausencia del filtro que representa la
atmósfera multiplicaría por ocho la potencia recibida. Durante
los años 1995-2000 la NASA lanzó el programa de investigación y de
desarrollo tecnológico Space Solar Power 5 para realizar los
estudios previos a la construcción de grandes estaciones solares
orbitales, capaces de producir cientos de megavatios, y hasta
algunos gigavatios. Grandes paneles fotovoltaicos captarían los
rayos del Sol, cuya energía sería luego transportada bajo la forma de
ondas centimétricas. Una experiencia de ese tipo tuvo lugar en la
isla de la Reunión, donde la utilización de microondas permitió
suministrar energía a los habitantes de un valle de difícil acceso 6. Otros países se mostraron interesados por ese proyecto. A
comienzos de 2001 Japón anunció su intención de realizar un centro
solar orbital antes de 2040. Ese satélite estaría equipado con dos
paneles gigantes de un kilómetro por 3 kilómetros, y pesaría unas
20.000 toneladas.
Si el consumo humano de energía
siguiera su actual progresión a largo plazo, únicamente el Sol será
capaz de suministrarla en cantidad suficiente. Sin embargo, hay una
fecha límite teórica: la del día en que el aumento del consumo
obligue a captar toda la potencia de su radiación. Esa fecha podría no
estar tan lejos como imaginamos: se la alcanzaría al cabo de 3.200
años de un crecimiento anual del 1%. También el Sol es finito.
- Fuente: www.industrie.gouv.fr.
- El
Sol irradia la impresionante potencia de
3,91 x 1026 vatios, de la cual la Tierra sólo
intercepta la mitad de la mil millonésima parte, es decir 1,71 x 1017
vatios. Es preciso comparar esta cifra con la producción humana,
cercana a 1,3 x 1013 vatios, es decir, una milésima parte de
lo que el Sol aporta a la Tierra.
- Así
se denomina a la zona esencialmente árida de Australia, que ocupa el
80% de su territorio.
- Fuente: www.wentworth.nsw.gov.au/solartower/.
- Fuente: http://spacesolarpower.nasa.gov. Ver también Pierre Barthélémy,
"Dans quarante ans, l'électricité pourrait venir de l'espace", Le Monde, París, 31-5-01.
- Ver Pierre Barthélémy, "Des micro-ondes pour
alimenter une vallée encaissée de la Réunion", Le Monde, 31-5-01.
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