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Revoluciones no violentas

Organizaciones internacionales y ONG estadounidenses participan de una red mundial que forma y financia activistas en acciones no violentas. La nueva estrategia logra éxitos cuando sabe insertarse en genuinos movimientos masivos. Como ocurrió en Serbia, Georgia y Ucrania, donde puso en evidencia fraudes electorales que la población no estaba dispuesta a tolerar.

Belgrado 2000 - Tbilisi 2003 - Kiev 2004. Tres revoluciones no violentas derrocan a un poder infame, corrupto, decadente, cualquier cosa menos democrático. Tres veces el mismo escenario. En los dos últimos casos, Rusia pierde la calma y denuncia la injerencia occidental, estadounidense especialmente, en su "extranjero cercano".

Sin embargo, cuando en ese frío noviembre de 2004 cientos de miles de ucranianos salieron a la calle, ¿qué podían hacer Vladimir Putin y los jefes de Estado a los que apoya frente a la no violencia? ¿Qué hacer frente a una multitud tan bien organizada, e incluso innovadora? Nada. Un estilo se impone sobre otro.

Estas manifestaciones parecían espontáneas. En ello reside su fuerza. Sin embargo, fueron planeadas hasta en sus mínimos detalles. Es en Belgrado donde la "receta" de la revolución no violenta fue puesta a punto. Los bombardeos de la OTAN fracasaron en 1999. Estados Unidos y la Unión Europea decidieron derrocar a Slobodan Milosevic. Esto sucederá en ocasión de las elecciones presidenciales del 24 de septiembre de 2000. Acusado de fraude electoral, Milosevic debió hacer frente a poderosas manifestaciones cuidadosamente organizadas. Algunos ingredientes sabiamente combinados y apenas un año de preparación resultaron más eficaces que las bombas.

Tras el éxito obtenido en Belgrado, se encendió la imaginación de la oposición y de los activistas georgianos. Entablaron contactos en Serbia, se dirigieron al lugar, luego aplicaron la receta. Y esto funcionó... especialmente gracias a algunos millones de dólares de organizaciones estadounidenses. La Guerra Fría no ha terminado. Sin embargo, estas revoluciones, inspiradas en Gandhi o en las de los años 1990 en el Este, son algo más que un asunto de manipulación. Creerlo sería ignorar el contexto social e histórico de los países involucrados.

Elecciones, ¿trampa para dictadores y regímenes caducos? En todo caso, trampa para poderes no del todo dictatoriales o demasiado dependientes de Occidente como para rechazar ciertas exigencias democráticas. La piedra basal de las tres "revoluciones", serbia, georgiana y ucraniana, es la elección, donde el poder está condenado a cometer un fraude masivo si quiere conservar su sillón. Es entonces cuando se implementa el "monitoreo", amplio sistema de control de todo el proceso electoral con el fin de que se desarrolle de manera libre y transparente. Participan en él organizaciones internacionales como la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), que envía cientos de observadores, pero también organizaciones no gubernamentales (ONG) extranjeras, como el National Democratic Institute (NDI) o el International Republican Institute (IRI). Estas dos fundaciones partidarias estadounidenses (el NDI es presidido por Madeleine Albright) ayudan tanto técnica como financieramente a las organizaciones locales y los partidos políticos a organizarse, a controlar el escrutinio y a crear las condiciones de un movimiento popular para defender la victoria obtenida en las urnas.

El objetivo es obligar al poder a ceder. Lo que origina una verdadera estrategia de derrocamiento, tal como atestigua Gia Jorjoliani del Centro para los Estudios Sociales de Tbilisi, cuando explica que finalmente "me negué a seguir participando en el monitoreo cuando comprendí que las organizaciones georgianas a cargo de la iniciativa deseaban más desestabilizar al régimen que llevar a cabo elecciones libres". Un año después de la Revolución de las Rosas, Tinatin Khidasheli, militante georgiana en favor de los derechos de las personas, hacía un balance más que matizado del nuevo poder, con detenciones a periodistas y a responsables políticos. 1

Rara vez se explicita la ambición de destronar al poder; los "revolucionarios" repiten a porfía que sólo se trata de hacer que triunfe la democracia a través de las urnas. Se pone entonces en marcha un conjunto de mecanismos, entre ellos métodos de recuento paralelo, para exhibir el fraude a la vista de todos. En este nuevo tipo de estrategia "revolucionaria", los medios de comunicación desempeñan un papel importante. Se basan en la supuesta neutralidad del monitoreo de las organizaciones internacionales, presentan las pruebas concretas de falsificaciones y participan de la movilización más numerosa.

Parte de la comunicación y del cuestionamiento está a cargo de uno o varios movimientos estudiantiles. En Belgrado, el que lleva la batuta es Otpor ("Resistencia"), con un estilo que combina operaciones de choque pacíficas y originales. Otpor se inspira, sumando su propia experiencia, en manuales de lucha no violenta como el de Gene Sharp, autor entre otras obras del ahora famoso From Dictatorship to Democracy: a Conceptual Framework for Liberation 2. Este teórico estadounidense, pacifista convencido, explica que "la lucha no violenta no está destinada a resolver los conflictos, sino a ganarlos. Estamos muy cerca de la retórica militar, pero las armas utilizadas no derraman sangre. Y son muy eficaces".

Otpor hace escuela. Los activistas georgianos toman contacto con el movimiento al acercarse las elecciones parlamentarias del 2 de noviembre de 2003. Se dictan cursos en Georgia. Lo mismo sucede un año más tarde en Ucrania, con la participación también de Kmara ("Basta"), el movimiento estudiantil georgiano, junto con los formadores estadounidenses. Una vez demostrado el fraude, el cuestionamiento puede ponerse en marcha. En Kiev, otro movimiento estudiantil, Pora ("Es hora"), instala campamentos, cuya presencia se planeó debidamente, sobre la arteria principal de la ciudad, Khrechatik, que adquiere cierto parecido a Woodstock. El pacifismo siempre...

Tras bambalinas, la oposición, que cuenta con el apoyo de la calle, inicia la pulseada con un poder del que a menudo surge, pero que combate en nombre de valores democráticos y liberales. Discute con las fuerzas del orden para que "suelten" el poder. Los dirigentes del mundo occidental, según sus intereses, los apoyan más o menos abiertamente.

La actividad de Otpor en Ucrania fue financiada por Freedom House, una ONG estadounidense dirigida por James Woolsey, ex patrón de la CIA y ya muy presente en Serbia en 2000. La organización es discreta en cuanto al contenido exacto de las relaciones con Otpor, pero un responsable, de visita en Ucrania durante la primera vuelta de las elecciones, explicaba que "Freedom House no está aquí para cambiar regímenes políticos. Son los ciudadanos quienes deben hacerlo. Nosotros brindamos los recursos para que los electores comprendan que su voto vale y puedan superar su miedo al poder imperante".

El mismo discurso se escucha en la Fundación Soros, que desempeñó un papel innegable en Georgia. El Open Society Institute del millonario estadounidense de origen húngaro pretende ser primero una organización de ayuda a la sociedad civil y al surgimiento de la democracia, especialmente en los países de la ex URSS. Pero su papel fue más allá en Tbilisi en 2003, ya que el director de la Open Society georgiana, Kakha Lomaia en ese entonces, estuvo fuertemente implicado en la organización de los cursos de Otpor en Georgia.

Una política a largo plazo, ya que Freedom House, Otpor, pero también otros activistas históricos como Mukhuseli Jack, un líder de la lucha antiapartheid en Sudáfrica, organizaron seminarios de "formación de formadores", destinados a intercambiar experiencias, por ejemplo el 9 de marzo de 2004 en Washington. Se observaba allí la presencia de teóricos de la lucha no violenta, entre ellos Gene Sharp o Jack DuVall, productor de un documental titulado Bringing Down a Dictator (Cómo derrocar a un dictador), película que se utilizó en Georgia, pero también -sin resultados por el momento- en Cuba e Irán.

Aunque esta red tenga en su haber los éxitos serbio y georgiano, la observación de los hechos muestra que una red de ONG, por bien organizada que esté, no basta para derrocar a un poder no democrático.  Cedomir Jovanovic, ex opositor a Milosevic, convertido luego en Primer Ministro adjunto en Serbia, señala que la toma del Parlamento, el 5 de octubre de 2000 en Belgrado, fue de alguna manera "un ataque contra el Estado. Fue una decisión política tomada por la coalición opositora a Milosevic. Fueron efectivamente los políticos quienes tomaron el poder".

Las ONG permitieron sobre todo crear un clima propicio para la acción. De allí la importancia de los dirigentes políticos locales. En Ucrania, Viktor Yushchenko desempeña perfectamente su papel. Parecería haber recibido, en febrero, los consejos del actual presidente georgiano Mijail Saakachvili. Con una rosa en la mano, Saakachvili supo, en el mejor momento, tomar por asalto el Parlamento georgiano. En la primavera de 2002, él mismo había tomado contacto con la oposición anti Milosevic. Primeros beneficiarios de la "nueva ola" de las revoluciones no violentas, los serbios, y especialmente Zoran Djindjic (asesinado en Belgrado el 12 de marzo de 2003), ex primer ministro del gobierno de transición, habían "adaptado libremente" el papel del movimiento popular y los partidos políticos en el período que precedió directamente a la partida, en Chile, del general Augusto Pinochet.

Tres campos de acción

De toda esta organización se desprende que los ingredientes de la receta de las revoluciones no violentas son muchos y exigen una preparación minuciosa. Aproximadamente un año en Serbia, Georgia y Ucrania. Algunos observadores, pero también el depuesto presidente georgiano Eduard Schevarnadze y el ucraniano Leonid Kutchma, ven en estas revoluciones la intervención directa de grandes potencias extranjeras. El financiamiento de Freedom House por parte de Estados Unidos es evidente, mientras que Polonia y la Unión Europea se involucraron en Ucrania.

Desde el punto de vista de la democracia misma, los resultados no están necesariamente a la altura de los objetivos propuestos. Viktor Yushchenko tiene un oscuro pasado de apparatchik y la pasionaria de la oposición, Yulia Timochenko, forma parte de esa nomenklatura que se enriqueció con la privatización de las empresas públicas (Chauvier, pág. 16). Nada indica que hayan cambiado para adoptar principios éticos y democráticos.

¿Qué futuro les espera a este tipo de revoluciones? Estados Unidos definió tres campos de acción. El primero apunta al régimen castrista, viejo demonio de la política exterior de Estados Unidos, para el cual en el transcurso de la historia reciente se utilizaron todos los resortes, visibles pero también ocultos, diplomáticos y militares. Hay signos de que incluso estos métodos de acción no violenta comenzaron a utilizarse en Cuba 3.

Otro terreno predilecto, el antiguo glacis soviético, mientras numerosos países de la región toman medidas contra el modelo georgiano. Así, la cooperación con los servicios secretos rusos permitió la elaboración de una lista negra de activistas con la KGB bielorrusa y el FBU ucraniano, que sirvió para negar el acceso a dichos países a por lo menos tres ex miembros de Otpor entre julio y octubre.

Un tercer terreno propicio para la revolución surgió también con la idea del "Gran Medio Oriente" de George Bush. Esta política que apunta a "llevar la democracia" a esta región tiene sin embargo pocas posibilidades de encontrar relevos internos, al ser tan grande el odio a Estados Unidos y a su política con respecto a Palestina e Irak.

Queda por saber quién podrá beneficiarse del apoyo logístico de uno de los actuales donantes. Se espera poco altruismo por parte de los gobiernos, y todo dependerá de la política exterior de los donantes.

Esta organización, más allá del cuestionamiento, se apoya en los defectos -y a veces los crímenes- del sistema vigente y responde al deseo de cambio de una población agotada cuya sinceridad nadie podría discutir. Nadie duda, por ejemplo, de que Milosevic y Shevardnadze afrontaban una enorme oposición popular. En estas condiciones, puede verse efectivamente en las revoluciones no violentas la acción de la política exterior estadounidense, o una reedición del antagonismo Este-Oeste de la Guerra Fría. Pero es ilusorio pretender que puedan importarse del exterior protestas masivas, sobre todo después de un fraude electoral deliberado. Finalmente, la decisión de seguir o no a los políticos corresponde al ciudadano.

  1. Tinatin Khidasheli, "The Rose Revolution has wilted", International Herald Tribune, París, 8-12-04.
  2. From Dictatorship to Democracy: a Conceptual Framework for Liberation, Bangkok, 1993, reed. Albert Einstein Institution, Boston, 2003.
  3. Estos mismos métodos, basados en una intensa campaña mediática, una movilización de la "sociedad civil" y el apoyo a organizaciones tales como National Endowment for Democracy, también se utilizaron en Venezuela, pero, en este caso, para justificar el golpe de Estado del 11 de abril de 2002 y el intento de desestabilización económica de diciembre de 2002 / enero de 2003. Al tratarse de un país que funciona democráticamente y donde el presidente goza del apoyo popular mayoritario, la maniobra fracasó.
Autor/es Régis Genté, Laurent Rouy
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 67 - Enero 2005
Páginas:26,27
Traducción Gustavo Recalde
Temas Movimientos de Liberación, Movimientos Sociales
Países Estados Unidos, Serbia (ver Yugoslavia), Georgia, Ucrania