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Necesidad de una estrategia lingüística

En un encuentro que lleva como consigna “Identidad lingüística y globalización”, el tema de las políticas lingüísticas no debería evitarse. Sin embargo, en el III Congreso Internacional de la Lengua Española el espacio que se le dedicó fue muy reducido 1. Reflejo fiel de la agenda política argentina, la virtual ausencia de paneles consagrados a la vigencia de la legislación que rige el uso del castellano no debería sorprender.

En el uso que se da a la/s lengua/s que se habla/n en un territorio hay variaciones en el tiempo muy fácilmente observables. En Argentina nadie usa ya la palabra "yermo", y en cambio todos entienden a qué se refiere uno cuando dice "vacunar" o "chequear". Estos cambios responden a menudo a procesos históricos (migraciones, invasiones, guerras), que a veces resultan en fenómenos netamente intralingüísticos -como la necesidad de nombrar nuevas cosas o la caída en desuso de viejas realidades- y que en otros casos dependen de intervenciones conscientes de los hombres sobre las lenguas, muchas veces desde ámbitos como el académico o el científico, pero fundamentalmente desde el Estado 2. A estas intervenciones, definidas como el conjunto de decisiones nacionales en relación con la regulación de los usos de la lengua, se las llama política lingüística.

Entre los ámbitos que deberían estar regulados por ella, ocupa un lugar central el uso de la lengua en los medios masivos de comunicación, una de cuyas aristas más polémicas es la traducción (el subtitulado o el doblaje) de programas o películas en televisión y en cine.

La Ley del doblaje 23.316, sancionada y promulgada en 1986, establece el "doblaje en idioma castellano neutro, según su uso corriente en nuestro país, de películas y/o tapes, publicidad, prensa y series a los efectos de su televisación". De esta manera, se le encomienda al traductor la difícil tarea de utilizar una lengua que no habla nadie pero que supuestamente comprende toda la América hispano hablante. Los fines que persigue esta ley son, desde luego, no ya la defensa del castellano y de las obras argentinas como parte de una identidad propia, sino la posibilidad de exportación de esos productos.

Un evento reciente sirve para ilustrar un debate vinculado estrechamente con la política lingüística que debe regir en un país para defender o promover su producción cultural. En noviembre pasado, mientras en la ciudad de Rosario se discutía el rumbo del español con la presencia de académicos de cada uno de los países hispano hablantes, en todo el país una circunstancia por completo ajena al encuentro despertaba un debate en parte relacionado con él. Por esos días, los estudios Disney estrenaban en Argentina su última producción animada, Los increíbles, que como suele suceder atrajo no solamente al público infantil sino también al juvenil y a cierta parte del adulto, para quien reserva buena cantidad de guiños argumentales y estéticos. Este tipo de películas suele estrenarse -en el mejor de los casos- con sólo un 5% de sus copias en idioma original con subtítulos; lo singular del lanzamiento en América Latina de este film en particular es que para el 95% de las copias dobladas no se utilizó el castellano neutro, sino que se optó por incluir algunos "regionalismos".

Así, para su distribución en Argentina y Uruguay se eligió un lenguaje rioplatense, interpretado en su mayoría por actores argentinos. Algunas marcas típicas de la Cuenca del Plata, como el voseo o la pronunciación fuerte de la "ll" o la "y", pudieron entonces verse (y oírse) en boca de superhéroes que responden a la iconografía de los cómics estadounidenses de la década del cincuenta. Otros indicadores de tipo extra lingüístico permiten a su vez situar la acción en ámbitos conocidos para cualquier porteño: en una secuencia particularmente desafortunada, el "Sr. Increíble" y su mujer discuten en una autopista acerca de si deben tomar la calle Corrientes ("¡No, que está siempre cortada!") o utilizar la siguiente bajada. En otra, "Síndrome", némesis del protagonista y villano típico de la historieta clásica estadounidense, imita el hablar del comentarista deportivo Mariano Closs para burlarse del héroe. El resultado es una incómoda mezcla de representaciones visuales y argumentales típicamente estadounidenses con un habla que resuena en el oído del espectador como conocido y familiar.

Idioma de ningún lugar 

La pregunta es entonces qué medida adoptar al momento de introducir una producción extranjera en el mercado cultural argentino, teniendo en cuenta que a veces, al tratarse de películas orientadas a un público infantil, el doblaje resulta imprescindible 3.

A favor de una traducción local de los productos culturales importados hay que tener en cuenta, además de aspectos como la génesis de un mercado laboral interesante para actores y locutores argentinos, los inconvenientes y limitaciones del español "neutro", sobre todo como lengua orientada a niños en edad de formación.

Esta variante del español es un verdadero catálogo de términos comprensibles para los hablantes de los veintiún países hispanófonos. Por esta misma razón, se trata de una base léxica que ronda los 500 lexemas, frente a las decenas de miles de que dispone cualquier lengua romance.

Es innegable la utilidad de una lingua franca semejante en el ámbito comercial. En relación con nuevas tecnologías, es cierto que un español neutro permite una única traducción de manuales de uso y de programas informáticos, cubriendo así una cantidad de usuarios enorme (hay cerca de 400 millones de hablantes del castellano en el mundo entero) y reduciendo los gastos de traducción al mínimo.

Pero en términos culturales el panorama es distinto. Con el español neutro se deteriora la particularidad local del habla del país receptor, porque nadie -ni un argentino, ni un colombiano, ni un chileno, ni un español- se reconoce en ese no-acento. Por otro lado, tampoco se respeta la particularidad de la lengua de origen, que queda filtrada por un lenguaje seguramente más restringido que anula posibles selecciones léxicas o estéticas del autor del texto original.

Un argumento a favor de esta modalidad neutra podría ser que la traducción que se hace en un país es comprendida también en todos los demás. Sin embargo, en el caso de la lengua castellana no hace falta recurrir a un catálogo empobrecido de términos generales. En efecto, y contrariamente a lo que sucede con los dialectos árabes, que difieren uno de otro al punto de ser incomprensibles para el hablante de un país vecino 4, el núcleo de la lengua española es entendido en toda América Latina. Sólo en los bordes del idioma (algunos giros, frases y palabras locales) los países de lengua española encuentran sus diferencias. Un hablante de cualquier país hispanófono que incorporara en edad escolar modismos de sus hermanos de lengua eludiría la necesidad de recurrir al neutro (que nivela "por lo bajo" y reduce una lengua riquísima a su mínima expresión) para reconocer los significados que de otra forma se le escaparían. Por otra parte, cuando se trata de idiomas distintos del español pero pertenecientes a la misma familia lingüística, como el italiano, el francés o el portugués, la intercomprensión es otra posibilidad (Ploquin, pág. 33).

Por otra parte, el castellano neutro, por su condición única de lengua vigente, oída y comprendida por miles de personas pero carente de hablantes "nativos", resulta extranjero para cualquier receptor. Esa "extranjeridad" es en realidad funcional a una producción foránea, de manera que ningún espectador relaciona una realidad ajena con un lenguaje propio. En este sentido, el neutro no conlleva esa sensación de desatino que aparece cuando se escuchan en boca de un personaje completamente ajeno a una realidad palabras con las que hablantes insertos en esa realidad se identifican de inmediato y a las que reconocen como propias. El idioma local, que resulta genuino en producciones autóctonas, cobra entonces un carácter artificial e incómodo en el contexto de una obra extranjera, que pierde a su vez la representatividad del propio universo. Esta incomodidad se ubica para el espectador en lo que aparece como una intromisión de lo externo en lo íntimo y de lo íntimo en lo exterior. Porque el ícono y la palabra conforman una unidad de discurso, que debe como tal respetar la sintaxis entre esas dos dimensiones, y no la sintaxis icónica por un lado y la lingüística por el otro.

Toda traducción implica un resto, un algo que no se puede transmitir, porque en esta disciplina la equivalencia "uno a uno" nunca existió, y porque lengua fuente y lengua meta no disponen en todos los casos de significados en común. Frente a la necesidad evidente de trasvasar una obra en una segunda, que existe en otro contexto y que responde a reglas de distinta naturaleza, es legítimo preguntarse qué actitud adoptar.

Puede uno resignarse a un empobrecimiento del mensaje, reduciendo una lengua fuente a otra tan restringida como el español neutro; o, por el contrario, optar por una versión local que implica el extrañamiento de la obra, efecto desrealizante que proviene de la no correspondencia que existe entre relato e indicios icónicos por un lado y relato e indicios lingüísticos por el otro.

Quizás habría que hacer una distinción entre un efectivo pero improbable acento neutro (en general, los actores a los que se escucha en Argentina son mexicanos o venezolanos y, más atrás en el tiempo, puertorriqueños) y un léxico "neutralizado". Mientras que el primero podría resultar en un efecto fónico creíble -desde el momento en que para todo receptor extranjero la lengua es extranjera-, el segundo implica un empobrecimiento del lenguaje nada menos que en vehículos masivos dirigidos a niños y jóvenes.

Otro de los ámbitos que deberían estar regulados por una legislación que responda a una política lingüística es el de la educación, posiblemente el de mayor importancia, sobre todo a mediano y largo plazo. En Argentina, esta legislación regula de manera más o menos eficiente los contenidos curriculares de las escuelas en los departamentos de lenguas extranjeras y autóctonas, así como el fomento de la formación docente en dichos campos.

En el nivel regional, la creación en el año 2000 del banco de datos Mercolingua contribuyó a delinear un panorama en relación con las políticas lingüísticas vigentes en los países que integran el Mercosur 5. En efecto, para que la integración transnacional de dichos países no sea sólo económica, se han firmado numerosos acuerdos que apuntan a la cooperación cultural, particularmente en relación con la enseñanza del español en Brasil y del portugués en Argentina, Uruguay y Paraguay. En el Protocolo de Ouro Preto (1994), se establecieron esas dos lenguas como idiomas oficiales del Mercosur y se firmaron acuerdos para promover la traducción de documentos, los rótulos de productos de importación y, fundamentalmente, tanto el fomento de la enseñanza como la formación y la libre movilidad de docentes y estudiantes de lengua entre Brasil y el resto de los países. Brasil cumplió su parte del trato y dispuso la difusión y la enseñanza masiva del castellano, idioma que en 2000 figuraba en las currículas de 750 escuelas como segunda lengua 6. Argentina, siempre tironeada entre un proyecto que la integre en la región más allá del aspecto económico y uno de articulación puramente comercial basado en una aspiración globalizante y anglófona (Bilbao, pág. 4), no llevó a la práctica ninguno de los proyectos que perseguían "el desarrollo de la identidad regional por medio del estímulo al conocimiento mutuo y a una cultura de la integración" (Plan Trienal del Sector Educativo del Mercosur 1998-2000) 7. En 2001, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires instrumentó el Programa de Escuelas Bilingües. En ese momento, de las 22 escuelas piloto que participaron en el proyecto, sólo tres implementaron la enseñanza del portugués. Del resto de las escuelas, tres optaron por el francés, tres por el italiano y trece por el tan preciado inglés.

En abril de este año, los diarios argentinos comenzaron a llamar la atención sobre el sostenido aumento en el número de estudiantes de portugués. Hay que decir, sin embargo, que este fenómeno se explica por el crecimiento de las relaciones comerciales entre Brasil y Argentina y por la cada vez más frecuente exigencia por parte de las empresas de que sus empleados dominen ambas lenguas 8. Se trata pues de una consecuencia de los intercambios comerciales y no de una política lingüística.

Una decisión política 

En este contexto es errado plantear una distinción tajante entre la política lingüística, la política educativa y fenómenos culturales más masivos, tal el caso de las decisiones en torno al doblaje. De hecho, puede sugerirse que existen diversas alternativas de política cultural que engloban esos fenómenos. Desde una postura más regionalista, en efecto, se haría inevitable un compromiso con el Mercosur (y más allá, con la Unión Sudamericana y todos los países hispano hablantes), que se traduciría en la implementación de modalidades educativas bilingües, a través del dominio de ambas lenguas o la intercomprensión.

Una política más estrictamente localista, por su parte, sería compatible con el doblaje al rioplatense y políticas educativas que reforzaran la identidad lingüística, mediante, por ejemplo, la instrumentación de mecanismos educativos tendientes a poner freno a la proliferación de anglicismos en el lenguaje cotidiano. Finalmente, con una intención más respetuosa de la diversidad lingüística, podría plantearse como objetivo la comprensión de productos culturales en su idioma original, con soportes como el subtitulado a modo de asistencia y con políticas educativas acordes con esta tendencia al multilingüismo. Se trata, en suma, de una decisión de política lingüística, cultural y educativa de largo plazo, que debe adoptarse con urgencia y que, para tener éxito, debería ser decidida por el Estado argentino en coordinación con sus vecinos. 

  1. De los alrededor de 20 paneles y espacios de discusión que se desarrollaron durante los cuatro días que duró el congreso, sólo dos tocaron temas relacionados con políticas lingüísticas: uno sobre el español y las comunidades indígenas y otro sobre la lengua en el cine y la televisión.
  2. Roberto Bein, Política y legislación lingüísticas, en www.salvador.edu.ar/vrid/publicaciones/revista/bein.htm.
  3. En Argentina, y a diferencia de lo que sucede en países más proteccionistas en términos de conservación de la lengua nacional (como Francia, España y otros países europeos), el doblaje se limita a películas infantiles y a transmisiones televisivas. En el resto de las películas se tiende a optar por el subtitulado, que aunque también es susceptible de ser traducido a un español más o menos neutro, conserva la expresividad fónica de la lengua original.
  4. Edward Said, "Árabe clásico, moderno y dialectal", Le Monde diplomatique, Edición Cono Sur, agosto de 2004.
  5. El banco de datos Mercolingua surgió por iniciativa del Grupo de Trabajo de Políticas Lingüísticas del Mercosur, constituido en 2000 por todos los países miembros. El equipo argentino estuvo coordinado por el profesor Roberto Bein.
  6. Elvira Arnoux y Roberto Bein, "La palabra, vehículo de encuentro", Le Monde diplomatique, Edición Cono Sur, noviembre de 2000.
  7. Ibid.
  8. Página/12, Buenos Aires, 06-04-04.
Autor/es Mariana Saúl
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 67 - Enero 2005
Páginas:30,31
Temas Política
Países Argentina