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Entendernos entre nosotrosExiste una relación lógica entre la sumisión a la hiperpotencia estadounidense y la adopción de su idioma como herramienta de comunicación internacional. El chino, las lenguas romances –si se promueve su intercomprensión– y el árabe también pueden cumplir ese rol. Es cuestión de voluntad política.Alain Minc había soñado con ello, y poco faltó para que Claude Thélot lograra hacerlo. El primero se entusiasmaba desde 1989 con la idea de "hacer obligatoria la enseñanza del inglés desde la escuela primaria; admitir la elección de otra primera lengua recién después de haber verificado el perfecto dominio del inglés; reforzar los recursos pedagógicos; hacer del conocimiento de este idioma un requisito para los estudios, de la misma manera que las matemáticas o la ortografía..." 1. El segundo, en su calidad de presidente de la Comisión para el debate nacional sobre el futuro de la escuela, le envió al ministro francés de Educación, François Fillon, un informe en el cual preconizaba el aprendizaje obligatorio del "inglés para la comunicación internacional" desde el segundo año de la enseñanza primaria, es decir, desde los 8 años 2. Prudente, el ministro sólo retuvo la idea de enseñar una lengua viva a partir del primer año de la enseñanza primaria. En la práctica, el resultado será más o menos el mismo, tan grande es la presión, especialmente mediática, para hacer del inglés la única lengua para la "comunicación internacional", sin que se sepa exactamente lo que eso significa 3. A falta de una reflexión mínima sobre la articulación entre esos tres parámetros que son la realidad y la previsión de las verdaderas necesidades idiomáticas del conjunto de los ciudadanos (y no simplemente de las representaciones que tienen de ellas las asociaciones de padres de alumnos), la geopolítica de las lenguas y la geopolítica a secas, los informes del tipo del de la Comisión Thélot terminan en conclusiones dignas de ser expresadas en el mostrador del Café del Comercio. Proponer la enseñanza obligatoria del inglés, en Francia o en otros países de la Unión Europea, es un tema altamente político, sin gran relación con las necesidades de "comunicación", y sólo tiene sentido en función de una visión del futuro de Europa y del mundo, y en particular de las relaciones con Estados Unidos. La potencia imperial estadounidense, que impulsa y estructura en su beneficio la mundialización neoliberal, no se apoya sólo en factores materiales (capacidades militares y científicas, producción de bienes y servicios, control de los flujos energéticos y monetarios, etc.); incorpora también -sobre todo- el control de las mentes y, por lo tanto, de los referentes y signos culturales, y muy especialmente de los signos lingüísticos. La lengua inglesa se ubica así en el centro de un sistema global donde desempeña un papel idéntico al del dólar en el sistema monetario internacional. Para decirlo con una expresión del léxico de la astrofísica, este sistema descansa sobre la existencia de un astro supremo (el inglés, idioma llamado hipercentral) alrededor del cual gravitan una docena de lenguas-planetas, a su vez rodeadas de alrededor de 200 lenguas-lunas, en cuya órbita evolucionan otras 6.000 lenguas ("De los confines al centro de la galaxia", en esta página). De la misma manera que la doble condición del billete verde como medio de pago y moneda de reserva internacional dominante le permite a Estados Unidos vivir a expensas del resto del planeta, poseer el idioma hipercentral les confiere una formidable renta de situación. Una renta ideológica, en primer lugar, porque incita a la mayoría de las "elites" del mundo entero, ese partido estadounidense transfronterizo, a rendir vasallaje a la lengua de los amos, a los conceptos que ella expresa, y a la visión del mundo que transmite 4. Y, como lo señala Claude Hagège, profesor del Colegio de Francia, "el prestigio de las elites industriales y económicas está conducido por el esnobismo -un tema del que no se habla lo suficiente-, y también el de las clases medias que las imitan y quieren, por lo tanto, aprender el inglés" 5. No es seguro que los "valores morales" sobre los cuales el presidente George W. Bush elaboró su campaña y su victoria le sirvan mucho tiempo como contrapeso a esos sedientos del "modelo" estadounidense. La renta de los países angloparlantes es también económica, ya que son los demás países los que deben financiar los costos de aprendizaje y de traducción del (o al) inglés. La enseñanza de este idioma, en términos de métodos, de instrumentos de evaluación y de personal, se ha vuelto una verdadera industria y una partida de exportación nada despreciable para Estados Unidos y el Reino Unido. Cuando la Comisión Europea, despreciando el reglamento lingüístico de la Unión, publica algunos programas y licitaciones comunitarias sólo en inglés, y exige que se responda en ese idioma, favorece indebidamente a las empresas e instituciones de los países de lengua inglesa, y obliga a los demás a pagar sobrecostos de traducción para poder presentarse. ¿Es ésta la famosa "competencia libre y no desvirtuada" a la que el proyecto de "Constitución Europea" hace constantemente referencia? Co-hipercentralidadEstos factores ideológicos y económicos se refuerzan mutuamente y contribuyen a la consolidación de una unipolaridad lingüística planetaria. La búsqueda de un mundo multipolar, si fuera consecuente, debería tener como corolario la búsqueda de un orden lingüístico también multipolar. Supone no dejar ni simbólica ni materialmente el monopolio de la hipercentralidad al inglés. La respuesta, al menos parcial, reside en tomar en consideración el concepto de "familias lingüísticas" y en el aprendizaje de la intercompresión dentro de esas familias (Ploquin, pág. 33), en particular de la familia lingüística que agrupa las lenguas latinas. Desde esta óptica, estas lenguas podrían considerarse, en términos de aprendizaje, como una sola y única lengua. Esto no es una visión mental: existen métodos, que sólo requieren que se los desarrolle. Tal agrupamiento se apoya en una masa crítica internacional, ya que las lenguas romances son oficiales en 60 países: 30 hablan francés, 20 español, 7 portugués, 2 italiano (Italia y Suiza) y uno rumano. A lo que podemos agregar Andorra con el catalán... El inglés sólo es lengua oficial en 45 países, y el árabe en 25. En términos demográficos, las proyecciones para 2025 dan 1.561 millones de chinos, 1.048 millones de angloparlantes, 484 millones de hispanohablantes, 285 millones de lusohablantes y 506 millones de francófonos (esta última cifra debe, sin embargo, tomarse con reservas porque los habitantes de un Estado oficialmente francófono no hablan todos francés; de la misma manera que, en Nigeria, oficialmente angloparlante, sólo una pequeña minoría es capaz de expresarse en inglés 6). Con estas precauciones, que no modifican los órdenes de magnitud, puede verse que, junto con Italia y Rumania, los "latinoparlantes" capaces de entenderse entre sí representarán dentro de unos veinte años más de 1.300 millones de hablantes. Hay entonces tres bloques de importancia comparable (el inglés, el chino y las lenguas latinas) y, en un cierto plazo, el árabe (con 448 millones de hablantes previstos para 2025) que tienen la misma vocación de encarnar una hipercentralidad lingüística a nivel mundial. Fijar esa hipercentralidad sólo en el inglés no supone dar muestras de una gran capacidad de anticipación. Si los Estados que hablan lenguas romances tomaran la decisión de promover en conjunto, en sus respectivos sistemas educativos, los métodos de aprendizaje de la intercomprensión, estas lenguas podrían adquirir en conjunto una posición mundial de co-hipercentralidad con el inglés. En cuanto al chino, segundo candidato a esa posición, las cosas están ya en marcha. Joël Bel Lassen, inspector general de esta disciplina, indica que "en una docena de años, 100 millones de turistas chinos van a recorrer el mundo. En Asia, el chino se ha vuelto el idioma para la comunicación. Ahora, cuando los japoneses y coreanos negocian, utilizan el inglés y el mandarín. En Corea, el chino se ha hecho inevitable. Ha adquirido una dimensión práctica, a la manera del inglés" 7. En efecto, ¿quién podría pensar seriamente que más de 1.500 millones de chinos, incluso en las filiales de empresas transnacionales, van a dialogar entre sí en un idioma de "comunicación internacional" diferente al suyo? Pero, ya que todas las fantasías están centradas en el inglés para la "comunicación internacional", hablemos de él. Sólo conocemos su perímetro en comunidades profesionales que tienen un léxico bien delimitado: el de los pilotos de barcos, llamado Seaspeak y reemplazado ahora por el Standard Marine Communication Phrases (SMCP), elaborado a partir del inglés por hablantes de varios otros idiomas; el Airspeak, utilizado por las tripulaciones de aviones y los controladores aéreos; el inglés de las especialidades, compartido por los "colegas invisibles" de los investigadores de diferentes disciplinas; el de la hotelería, el de las diversas ramas del derecho, el de las finanzas, etc. Muy evidentemente, éstas no son lenguas para enseñar en la escuela primaria, ya que podrán aprenderse posteriormente si la necesidad se hace sentir. Entonces, ¿qué lengua enseñar? ¿Los rudimentos de la gramática y el léxico de la vida cotidiana? Para eso habría que definir un "paquete" pedagógico y dotarse de los instrumentos didácticos adecuados. Pero ese "paquete" no sería necesario enseñarlo desde la escuela primaria hasta el último año del secundario. Con cuatro o cinco años de estudio, ubicados en un momento u otro de la escolaridad, sería suficiente. Mientras tanto, y con las estructuras existentes en Europa, no insultar al futuro consiste en enseñar no uno, sino dos idiomas extranjeros en la escuela primaria. Es, por otra parte, lo que había decidido el Consejo Europeo reunido en Barcelona el 15 y 16 de marzo de 2002, sin haber indicado que el inglés debería ser uno de ellos. Si creemos en la necesidad del pluralismo lingüístico en Europa, hay muchas razones, en sentido contrario, para que se enseñen todos los idiomas salvo, precisamente, el inglés; luego habrá todo el tiempo de aprenderlo como tercer idioma, llegado el caso de manera acelerada, si el "paquete" mencionado más arriba es elaborado. Dejemos de decirles a los europeos que sólo pueden comunicarse entre sí en inglés. En el seno de la Unión Europea tenemos 174 millones de hablantes de lenguas latinas, contra menos de 70 millones de angloparlantes de nacimiento. Como dice Umberto Eco, "una Europa de políglotas no es una Europa de personas que hablen con soltura muchos idiomas sino, en el mejor de los casos, de personas que puedan ponerse en contacto hablando cada una su propia lengua y entendiendo la del otro, sin por eso ser necesariamente capaces de hablarla con fluidez" 8. Introducir la intercomprensión de las lenguas romances desde la escuela primaria sería dar de entrada a los niños el placer de acceder a la comprensión de otras dos o tres lenguas europeas. En este sentido, el Consejo Europeo ha elaborado instrumentos preciosos, especialmente el Marco Europeo Común de Referencias para las Lenguas 9, que propone una escala de seis niveles y reconoce como perfectamente legítima la posibilidad, para un alumno de poseer niveles de competencia muy diferentes en las capacidades de comprensión y de expresión de una misma lengua. Habría que extraer todas las consecuencias pedagógicas de este enfoque, que serán revolucionarias: en efecto, en la actualidad los docentes consideran que su función, tal como lo prescriben los programas, es hacer adquirir todas las competencias al mismo tiempo, lo que parece una misión imposible (sobre todo con el inglés, un idioma particularmente difícil). Las resistencias previsibles de los docentes de idiomas hacia objetivos limitados -como la intercomprensión- podrán ser superadas si, en su calidad de ciudadanos, son parte interesada en un debate que es al mismo tiempo planetario, europeo y nacional. Un debate geopolítico y cultural. Una verdadera "Gran Querella" de comienzos de siglo, digna de aquélla entre los antiguos y los modernos, pero donde la modernidad no se halla allí donde la ubican los "galoricanos" 10
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