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La derecha estadounidense difama a Naciones Unidas

La comisión independiente dirigida por Paul A. Volcker sobre el programa de Naciones Unidas “Petróleo por alimentos” debía entregar sus conclusiones a fines del pasado mes de enero. Hace ya cerca de un año que la derecha estadounidense trata, a través de este caso, de desacreditar a Naciones Unidas y su trabajo.

En la primavera de 2004, cuando la campaña para la elección presidencial estadounidense entraba en su fase activa, los ataques contra soldados estadounidenses en Irak se multiplicaban y circulaban cientos de fotografías de prisioneros iraquíes torturados por sus carceleros, un nuevo escándalo comenzaba, oportunamente, a alimentar las crónicas. El periódico iraquí Al-Mada publicó una lista de personas que habían cobrado comisiones por contratos ilegales de venta de petróleo. La Organización de Naciones Unidas (ONU) era acusada de corrupción en la implementación del programa "Petróleo por alimentos" (ver recuadro). En abril de 2004, la General Accounting Office estadounidense publicó un informe donde se afirmaba que Saddam Hussein había acumulado más de 10.000 millones de dólares provenientes de ingresos de exportaciones ilegales de petróleo y de coimas cobradas por contratos de importación 1. Más recientemente, un informe de 900 páginas de la CIA curiosamente afirmaba que, a pesar de no haberse encontrado ningún arma de destrucción masiva en Irak, el gobierno iraquí había, sin embargo, realizado actos de contrabando y de fraude para financiar sus armas de destrucción masiva.

La prensa estadounidense de derecha se apuró a explotar estas acusaciones de manera melodramática. El editorialista William Safire anunció de entrada que se trataba del "peor escándalo financiero de la historia de la humanidad" 2, a pesar de que apenas un año antes, el affaire Enron (en el cual estuvo implicado un amigo de larga data del presidente Bush, Kenneth Lay) se tradujo en pérdidas igualmente importantes, entre las cuales pueden mencionarse miles de millones de dólares de los fondos de pensión invertidos por los empleados para su jubilación. Según Claudia Rosett, de The Wall Street Journal, el programa de la ONU tenía el sello "del privilegio y del secreto", sugiriendo que Naciones Unidas se colocaba en la categoría de dictadura 3. El representante Christopher Shays -que presidió dos de las siete series de audiencias del Congreso dedicadas a las acusaciones- afirmó que el programa "Petróleo por alimentos" le había "permitido a Saddam Hussein ejercer plenos poderes sobre miles de millones de dólares de exportaciones de petróleo y de compras de mercancías" 4.

En realidad, la mayoría de esas alegaciones no podría estar más alejada de la verdad. Una enorme cantidad de información sobre el funcionamiento del programa "Petróleo por alimentos" está disponible, fácilmente accesible en su totalidad, en un sitio oficial de internet 5. En algunos segundos era posible, y lo sigue siendo, consultar, por ejemplo, la "lista de distribución" relativa a cada semestre de funcionamiento del programa, es decir, una lista de todos los artículos que Irak había sido autorizado a adquirir por medio de los fondos provenientes del programa. Era posible, y lo sigue siendo, consultar los informes trimestrales del Secretario General, que describen en detalle el estado de cada sector de la economía y de la sociedad iraquí, las mercancías entregadas, las prioridades del programa, las exportaciones de petróleo y la situación de la industria petrolera iraquí, así como el complejo mecanismo de control de las operaciones.

Este sitio incluía diagramas que indicaban la evolución de cada contrato relativo a ventas de petróleo y a las importaciones. Actualizaciones semanales suministraban información sobre las medidas decididas, los problemas encontrados, los cambios operados en la negociación de algunos contratos... El sitio también incluía todas las resoluciones del Consejo de Seguridad, todos los informes y otros documentos relativos al programa, aun cuando algunos siguieron siendo confidenciales.

Tampoco es cierto que la ONU le haya otorgado alguna vez a Saddam Hussein plenos poderes sobre nada, ya fueran decisiones relativas a las compras, la transferencia de fondos o las ventas de petróleo. El programa "Petróleo por alimentos" había, por el contrario, implementado el sistema de control y de responsabilidades más elaborado que pueda imaginarse. Antes de que Irak pudiera adquirir un solo artículo, el gobierno debía entregar una lista de todos los bienes que deseaba comprar, precisando cómo y dónde se utilizaría cada uno de esos artículos. La lista debía estar acompañada de una larga explicación sobre las prioridades en cada sector de necesidades: agricultura, alimentación, salud, educación, etc.

 Controles minuciosos

 Una vez que el personal de la ONU había aprobado la lista -en acuerdo con las agencias de Naciones Unidas especializadas en el ámbito de la agricultura, la salud, la educación, etc.- Irak era autorizado a negociar con un proveedor. La elección del proveedor era, en realidad, lo único que podía efectuar el gobierno iraquí sin autorización previa. Y esto, no por permisividad de parte del personal de la ONU, sino porque el Consejo de Seguridad había autorizado a Irak a proceder precisamente así en su resolución 986 y en el memorándum de acuerdo que definía los términos del programa.

En los virulentos ataques que partieron de todas partes, se reprochó a la ONU no haber ejercido el control y no haber exigido las cuentas relativas a las ventas de petróleo y las importaciones humanitarias que tuvieron lugar en el marco del programa. Pero la realidad es muy diferente. Una vez que Irak había negociado un contrato, éste era examinado minuciosamente en varios niveles antes de ser aprobado. Era enviado a los inspectores que se aseguraban de que Irak no importara materiales que pudieran servir para la producción de armas ilegales. Era sometido a los responsables del programa "Petróleo por alimentos" (cuya sede estaba en la Secretaría General), que controlaban que las mercancías negociadas estuvieran incluidas en la lista de mercancías aprobadas. El contrato era enviado luego al Comité 661, el Comité del Consejo de Seguridad encargado de aplicar las sanciones contra Irak. Este comité, que reflejaba la composición del Consejo, tenía quince miembros. Operaba por consenso, y cada miembro tenía derecho de veto.

Apoyado por un equipo de sesenta expertos encargado de examinar los contratos realizados por Irak, Estados Unidos fue particularmente activo en el seno de este comité. Ningún otro país ejerció con la misma frecuencia el derecho de veto. Los estadounidenses fueron los únicos responsables del bloqueo de miles de millones de dólares de suministros humanitarios esenciales, a pesar de las objeciones planteadas por casi todos los demás países que ocupaban un lugar en el Consejo de Seguridad. Según las investigaciones realizadas por el Congreso, Washington nunca bloqueó un contrato a causa de irregularidades de precio, incluso ante informaciones que mostraban que esos contratos iban, muy probablemente, a traducirse en coimas pagadas al régimen de Saddam Hussein 6.

Una vez que un contrato era aprobado, los bienes se entregaban a Irak, donde un inspector independiente (al principio perteneciente a la compañía Lloyd Register, y luego a Cotecna) se encargaba de confirmar que las mercancías correspondían a las establecidas en el contrato. Varios cientos de funcionarios de Naciones Unidas efectuaban entonces miles de visitas a distintos lugares para garantizar que los suministros se distribuían equitativamente y no eran desviados hacia fines impropios, militares u otros.

Las ventas de petróleo también estaban sometidas a exámenes minuciosos. El Secretario General nombró un grupo de "inspectores del petróleo", expertos de la industria petrolera internacional que habían sido aprobados por el Comité 661. Tenían la misión de pasar el peine fino por todas las transacciones, incluso a las condiciones de precios de todas las ventas de crudo. Esos expertos debían formular recomendaciones ante el Comité 661, pues Irak no podía efectuar una sola venta de petróleo en el marco del programa sin la aprobación del Comité en cuando al volumen, el precio y las condiciones de la venta.

Ningún fondo del programa "Petróleo por alimentos" pasó nunca por las manos del gobierno iraquí. Todos los ingresos de las ventas de petróleo iban a una cuenta bloqueada, controlada por Naciones Unidas, que pagaba directamente a todos los proveedores, con esos fondos bloqueados. Si el gobierno iraquí logró, de hecho, desviar dinero u obtuvo coimas a partir de las ventas de petróleo o de los contratos de importación en el marco del programa, fue a pesar de los mecanismos de control y de vigilancia, que eran extremadamente sofisticados.

Según el informe de la General Accounting Office, Saddam Hussein contrabandeó exportaciones de petróleo equivalentes a 6.000 millones de dólares, principalmente a través del Golfo. Pero ni la Secretaría de Naciones Unidas ni sus agencias tenían la responsabilidad de evitar ese fraude. Fue la resolución 665 del Consejo de Seguridad la que invitó a los Estados miembros dotados de fuerzas navales a intervenir para impedir el contrabando por parte del gobierno iraquí. La Fuerza Multilateral de Interceptación (FMI), que agrupaba barcos de una coalición poco estructurada, operó así desde 1990 hasta la invasión estadounidense de Irak en 2003. Pero esta fuerza multinacional no estaba colocada bajo el mando del Secretario General ni de otros responsables de Naciones Unidas. Estuvo siempre bajo las órdenes de oficiales de la Quinta Flota estadounidense y en 2001 incluía 90 barcos estadounidenses.

Según el informe de la CIA, que fue hecho público a comienzos de octubre de 2004 7, la mayor parte de los ingresos ilícitos de Irak provino de acuerdos comerciales no autorizados entre el gobierno iraquí y países extranjeros. El comercio ilegal de Irak con Jordania, que llegó a unos 4.400 millones de dólares, representaba de lejos la mayor parte. Este arreglo, siempre según el informe, fue particularmente valioso para Irak durante la primera mitad de los años '90 y "permitió la supervivencia financiera del régimen" hasta la implementación del programa "Petróleo por alimentos" en diciembre de 1996 8. Pero el Consejo de Seguridad -y su miembro más influyente, Estados Unidos- estaba perfectamente al corriente de las transacciones ilegales entre Irak y Jordania y no hizo nada para evitarlas.

También se acusa a los responsables de Naciones Unidas de haber permitido que Irak desviara fondos y cobrara coimas por los contratos firmados en el marco del programa "Petróleo por alimentos". Funcionarios del gobierno iraquí, en entrevistas que tuvieron lugar después de la caída de Bagdad en 2003, revelaron que habían recibido la orden de inflar el precio de los contratos de importación en un 5% a un 10% y de recuperar luego la diferencia con el proveedor. Aunque Estados Unidos haya afirmado ocasionalmente a los demás miembros del Consejo de Seguridad que creía en la existencia de coimas, nunca suministró elementos de prueba ni información suficiente como para que los responsables de la ONU pudieran actuar.

Cuando el precio de un pedido se ubicaba claramente por fuera de las prácticas comerciales corrientes, los responsables de Naciones Unidas le solicitaban al vendedor una explicación. Si esta justificación no era satisfactoria, sometían el problema al Comité 661. Los funcionarios de la ONU sometieron al Comité, en numerosas ocasiones, contratos que incluían irregularidades tan enormes de precio que había buenas razones para pensar que hubiera coimas en juego. Los responsables de la ONU no tenían autorización para bloquear un contrato, sino sólo para someter la información relativa a ese contrato a los miembros del Consejo de Seguridad. Durante el régimen de las sanciones, Estados Unidos fue, por lejos, el país que trató de bloquear con más fuerza contratos, invocando razones de seguridad. En julio de 2002, por ejemplo, importaciones humanitarias vitales por un monto de 5.000 millones de dólares fueron suspendidas por Estados Unidos, y la población iraquí pagó por ello un fuerte precio. En cambio, cuando se le informó acerca de la probabilidad de corrupción, Estados Unidos -una vez más- eligió no hacer nada. Más de setenta casos de contratos susceptibles de incluir coimas fueron señalados al Comité, y en ninguno de esos casos Estados Unidos decidió bloquear o diferir un contrato.

Mientras la prensa estadounidense hacía foco en esos escándalos, olvidaba al mismo tiempo el catastrófico papel que las sanciones impuestas durante doce años tuvieron sobre Irak -acelerando el debilitamiento del Estado y de la sociedad 9- y los escándalos de los desvíos de varios miles de millones de dólares bajo la actual Autoridad Provisoria de la coalición 10. Cerca de tres cuartas partes de los contratos de 5 millones de dólares o más -financiados con fondos iraquíes- no han sido objeto de licitación alguna 11. No deja de ser curioso que el "escándalo financiero de la ONU en Irak" atraiga tantas miradas en Estados Unidos, cuando ese mismo país es responsable de un escándalo financiero de la misma envergadura en Irak.

  1. Naciones Unidas, Observations on the Oil for Food Program, US General Accounting Office, Washington, 7-4-04, GAO-04-651 T.
  2. The New York Times, 14-6-04.
  3. Declaración de Claudia Rosett, en las audiencias ante la Subcomisión de Seguridad Nacional, las nuevas amenazas y las relaciones internacionales, 21-4-04.
  4. Audiencias de la Subcomisión de Seguridad Nacional, las nuevas amenazas y las relaciones internacionales, 21-4-04.
  5. Sobre los trabajos de la comisión Volcker, véase el sitio.
  6. Testimonio de John Ruggie, en las audiencias del Comité de Relaciones Internacionales de la Cámara de Representantes, 28-4-04.
  7. Comprehensive Report of the Special Advisor to the DCI on Iraq's Weapons of Mass Destruction, 30-9-04.
  8. Idem, Sección Régimen Financiero y de Gestión.
  9. René Dumont, "La population irakienne punie par l'embargo", y Denis Halliday, "Des sanctions qui tuent", Le Monde diplomatique, París, diciembre de 1991 y enero de 1999, respectivamente. También, Alain Gresh, "¡Irak pagará!", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, octubre de 2000. Y en internet: "Un pays sous embargo".
  10. Iraq Revenue Watch, Briefing N° 9, diciembre de 2004, nota 2.
  11. Iraq Revenue Watch, Briefing N° 9, diciembre de 2004, nota 7; Iraq Revenue Watch, Report N° 7, septiembre de 2004.
Autor/es Joy Gordon
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 68 - Febrero 2005
Páginas:18,19
Traducción Lucía Vera
Temas Ciencias Políticas, Ultraderecha, Mundialización (Economía), Política, Justicia Internacional, Geopolítica, Política internacional, Economía
Países Estados Unidos, Irak