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La reinvención de Asia

Más que un espacio geográfico, Asia ha sido una noción acuñada por la Europa moderna para pensarse a sí misma, operación que abarca al pensamiento colonialista y al revolucionario. Una concepción superadora de la lógica egocéntrica contribuiría a dar a Asia su lugar en la historia mundial y en el surgimiento de la modernidad. Este cambio de perspectiva permitiría eludir nuevos actores o nuevas formas de colonialismo.

En Asia como en Europa el regionalismo es objeto de un importante debate para equilibrar la presión creada por la expansión del "nuevo imperio" militar y político. En efecto, la mundialización liberal y el "nuevo imperio" -dos nociones aparentemente diferentes- forman hoy en día la trama de los tratados militares, de las alianzas económicas y de las instituciones políticas internacionales. De manera conjunta, ambos fenómenos establecen un orden global que abarca las esferas política, económica, cultural y militar; orden que podemos llamar "imperio" o "imperialismo neoliberal".

Las sociedades europeas tratan de protegerse de ese orden por medio de una forma de regionalismo. Así, por ejemplo, en un artículo titulado "Por qué Europa necesita una Constitución" 1, Jürgen Habermas propone construir una democracia post-nacional siguiendo tres grandes líneas: formar una sociedad civil europea, instaurar una esfera pública política a nivel europeo y crear una cultura política susceptible de ser compartida por todos los ciudadanos de la Unión Europea (UE).

Por su parte, China consideró hace algunos años la idea de adherir al tratado de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), sobre la base de la fórmula "diez + uno" 2. Y Japón siguió su ejemplo, sugiriendo la fórmula "diez + tres" (China, Japón y Corea del Sur). En 2002, una agencia de prensa japonesa afirmaba que "si la unificación de Asia se acelera (...) el sentimiento de distancia entre Japón y China tenderá a desaparecer naturalmente durante el proceso de unificación regional. Una conferencia de los dirigentes de la ASEAN, de Japón, de China y de Corea del Sur que aprovechara la primera ocasión para lanzar negociaciones regionales excluyendo a Estados Unidos, podría culminar en una versión asiática de la reconciliación entre Francia y Alemania" 3.

Cuando el 1° de mayo de 2004 un importante grupo de países de Europa del Este se sumó a la Unión Europea, un diplomático japonés y un investigador indio en ciencias políticas propusieron que China, Japón e India se convirtieran en los pilares de una versión asiática de la OTAN. 

Pero hay que tener claro a qué se refieren los asiáticos cuando hablan de Asia, lo que plantea tres cuestiones. En primer lugar, desde el siglo XIX los diferentes aspectos del "asianismo" estuvieron siempre estrechamente relacionados con las diferentes formas del nacionalismo. En segundo lugar, la idea de Asia abarca dos nociones opuestas: el concepto colonial japonés, basado en la "gran esfera asiática de co-prosperidad", y la concepción socialista de Asia, fundada en los movimientos socialista y de liberación nacional. En el contexto del desmoronamiento del movimiento socialista y de una reconstrucción de las representaciones de Asia, ¿qué hacer de la herencia socialista? En tercer lugar, si deseamos superar el Estado-nación, la reinvención de Asia implica adoptar una representación del Estado supranacional y abandonar la del siglo XIX.

En realidad, la idea de Asia no es una noción asiática sino europea. En los siglos XVIII y XIX, las ciencias sociales (lingüística, historia, geografía moderna, filosofía del derecho, teoría del Estado y de las razas, historiografía y economía política) se desarrollaron rápidamente en Europa, al mismo tiempo que las ciencias naturales. Juntas, dibujaron un nuevo mapa del mundo. Las representaciones de Europa y de Asia fueron integradas a la noción de "historia mundial".

 Oriente, una fase inferior

 Montesquieu, Adam Smith, Hegel y Marx, entre otros, construyeron la idea de Asia por contraposición a la de Europa, y la integraron a una visión teleológica de la historia 4. Se la puede resumir así: oposición entre los imperios asiáticos multiétnicos por un lado, y el Estado monárquico-soberano europeo por otro; entre el despotismo político asiático y los sistemas políticos y jurídicos europeos; entre el modo de producción asiático, nómade y agrícola, y la vida urbana y el comercio europeos.

Dado que el Estado-nación europeo y la expansión del sistema de mercado capitalista eran considerados la fase avanzada de la historia mundial, Asia quedaba relegada a una fase de desarrollo inferior. En la mente de los europeos, no era simplemente un espacio geográfico, sino también una civilización, con una forma política opuesta al Estado-nación europeo, una forma social opuesta al capitalismo europeo, y en una etapa transitoria entre una fase a-histórica y una fase histórica. Ese discurso brindó, tanto a los intelectuales europeos como a los revolucionarios y a los reformistas asiáticos, un marco en el cual representar la historia mundial y las sociedades asiáticas, definir una política revolucionaria o reformista e interpretar el pasado y el futuro asiáticos. En los siglos XIX y XX la idea de Asia formaba parte de un discurso universalizado por la modernidad europea, que proporcionó el mismo marco narrativo a colonialistas y revolucionarios.

El discurso europeo presentó a Asia como el "punto de partida" de la historia del mundo. Georg Wilhem Friedrich Hegel, por ejemplo, escribió: "La historia del mundo se desplaza de Este a Oeste, pues Europa es absolutamente el fin de la Historia, y Asia su comienzo (...) El Este sabía y sabe aún hoy que Uno es libre; el mundo griego y romano, que algunos son libres; el mundo alemán sabe que Todos son libres. La primera forma política que observamos en la Historia es el despotismo, la segunda la democracia y la aristocracia, y la tercera la monarquía" 5.

Esa concepción es un condensado filosófico de los discursos europeos sobre el tema. En La riqueza de las naciones, Adam Smith analiza la relación entre la agricultura y el riego en China y en otros países asiáticos, subrayando el contraste con las ciudades de Europa occidental, caracterizadas por las manufacturas y el comercio. Su definición de las cuatro fases históricas -caza, nomadismo, agricultura y comercio- corresponde a la de las regiones y las razas. Menciona principalmente "las tribus indígenas de América del Norte" como ejemplo de una "nación de cazadores, el estado de sociedad inferior y más rudimentario"; a los tártaros y a los árabes como "naciones de pastores, un estado de sociedad más avanzado", y a los antiguos griegos y romanos como naciones de agricultores, "un estado de sociedad aún más avanzado" 6. En la perspectiva de Hegel, todas esas cuestiones remiten a la esfera política y a la formación del Estado: las razas que practican la caza se sitúan en la parte inferior de la escala, pues las comunidades que viven de la caza y de la recolección de frutos son de una dimensión tan reducida que la especialización laboral que requiere un Estado resulta imposible. En su descripción de la historia del mundo, Hegel excluye resueltamente a América del Norte (caracterizada por la caza y la recolección) y sitúa a Oriente en el comienzo de la historia. Adam Smith la divide según diferentes esquemas económicos o de producción, Hegel según la región, la civilización y la estructura del Estado. Ambos asocian los sistemas políticos o de producción a espacios precisos como Asia, América, Africa o Europa, y los ponen en relación de periodicidad histórica.

Cuando Marx expone la evolución de los sistemas socioeconómicos, define cuatro fases: asiática, primitiva, feudal y capitalista. Su noción original del modo asiático de producción es el resultado de una síntesis entre la concepción hegeliana de la historia y la que expresa Adam Smith. Según Perry Anderson 7, Marx construye esa noción del modo de producción asiático a partir de una serie de generalizaciones sobre Asia existentes en la historia intelectual de Europa desde el siglo XV: propiedad pública o estatal de la tierra (Harrington, François Bernier, Charles de Montesquieu), ausencia de coacciones legales (Jean Bodin, Montesquieu, Bernier), religión en lugar de sistemas jurídicos (Montesquieu), inexistencia de una aristocracia hereditaria (Nicolás Maquiavelo, Francis Bacon, Montesquieu), igualdad social emparentada con la esclavitud (Montesquieu, Hegel), vida comunitaria aldeana aislada (Hegel), predominio de la agricultura sobre la industria (John Stuart Mill, Bernier), estancamiento de la historia (Montesquieu, Hegel, Mill), etc. Todas esas supuestas características asiáticas se consideran inherentes al despotismo oriental. Ese conjunto de ideas se halla también en las discusiones sobre Asia del pensamiento griego 8.

 De Fukuzawa Yukichi a Lenin

 Para los asiáticos, el nacionalismo moderno sigue siendo determinante en la idea de Asia. A pesar de su oposición en la historia, los diferentes discursos nacionalistas (el "abandonar Asia para unirse a Europa" de los japoneses, la "autonomía nacional" de los revolucionarios rusos, y el "panasianismo" de los revolucionarios chinos), se fundaron en la oposición entre Estado nacional e imperio.

La consigna nacionalista japonesa halla sus orígenes en un breve ensayo de Fukuzawa Yukichi (1835-1901) publicado en 1885. "Abandonar Asia" traduce la determinación de acabar con un mundo centrado en China, en su política y en su ideología confucianista. "Unirse a Europa" quiere decir hacer de Japón un Estado nacional a imagen del modelo europeo. Lo que se puede resumir así: en primer lugar, Asia es considerada como culturalmente homogénea, como un espacio confuciano; en segundo lugar, Asia trata de romper con el confucianismo transformando a Japón en un Estado-nación.

En otras palabras, Japón toma conciencia de ser un Estado-nación al separarse de Asia y al reproducir dentro mismo de la región la dicotomía civilización/barbarie, occidental/oriental. Fukuzawa afirma que Japón no sólo debía cortar con su identidad pasada, sino también formar un nuevo eje dentro del conjunto de Asia.

En realidad, ese camino hacia el Estado-nación no consiste para Japón en "abandonar Asia para unirse a Europa", sino en "entrar en Asia para enfrentar a Europa". La "gran esfera de co-prosperidad asiática oriental", agitada por una consigna colonial a comienzos del siglo XX, sirve para legitimar la invasión japonesa en Asia. Este contexto colonial explica que la mayoría de los intelectuales chinos experimenten cierta reticencia a desarrollar esa noción, e incluso a referirse a ella.

Los movimientos de liberación nacional inventaron una nueva concepción de Asia, que retomaba la idea socialista esgrimida por la revolución rusa. En tanto que movimiento social anticapitalista que también lucha contra el Estado-nación burgués, el movimiento socialista se orienta, desde un principio, hacia el internacionalismo y el antiimperialismo. Sin embargo, al igual que la teoría japonesa de "abandonar Asia", la del derecho de las naciones a la autodeterminación es concebida en el marco de la dicotomía entre Estado-nación e imperio.

Veintisiete años después del ensayo de Fukuzawa Yukichi, y poco después de la revolución republicana y la instauración del gobierno provisorio en la República China (enero-febrero de 1912), Lenin publica una serie de artículos sobre Asia 9. Allí afirma que "la China (de entonces) es un país que hierve de actividad política, la escena de un fuerte movimiento social y de una insurrección democrática" 10, y condena el hecho de que la Europa civilizada y avanzada "con su industria mecánica altamente desarrollada, la riqueza de su cultura multiforme y sus Constituciones" termine, bajo la dirección de la burguesía, "apoyando todo lo que es atrasado, moribundo y medieval" 11. Los puntos de vista opuestos de Lenin y de Fukuzawa descansan sobre la idea común de que la modernidad asiática deriva de la modernidad europea; su importancia sólo se manifiesta en las relaciones con Europa, independientemente de la situación y del destino de Asia.

En términos de epistemología histórica, no existen diferencias fundamentales entre la opinión revolucionaria de Lenin y las de Smith o Hegel. Unos y otros conciben la historia del capitalismo como un proceso de evolución, que va desde el antiguo Oriente o Asia, a la Europa moderna; de la caza, del nomadismo y de la agricultura, al comercio o a la industria. La concepción hegeliana de la historia del mundo y su caracterización de Asia como medieval, bárbara y ahistórica es el punto de partida de la idea de Asia que tiene Lenin. Esa idea -Hegel más la revolución- toma la forma del esquema del desarrollo histórico en tres fases, antigua, medieval y moderna (feudalismo, capitalismo y revolución proletaria o socialismo), y suministra a la era capitalista un marco dotado de una temporalidad y de una periodización para comprender la historia de las otras regiones del mundo.

Los argumentos de Lenin, sobre todo el lazo congénito entre nacionalismo y capitalismo, aportan una pista para comprender la relación entre el nacionalismo chino moderno y la idea de Asia. Sun Yat-sen 12, en su célebre discurso sobre el "Gran asianismo" 13 pronunciado durante su visita a Kobe en 1924, distingue dos Asias: una, que originó la más antigua civilización y que no posee ningún Estado independiente, y otra que se apresta a renacer. A su entender, Japón es el punto de partida de ese renacimiento, pues abolió una cantidad de tratados injustos impuestos por Europa y se convirtió en el primer Estado independiente de Asia. Sun Yat-sen se alegra del triunfo japonés en la guerra ruso-japonesa: "El triunfo japonés frente a los rusos es la primera victoria obtenida por una nación asiática sobre una nación europea desde hace siglos (...) Todas las naciones asiáticas están eufóricas y comienzan a alimentar grandes esperanzas (...) Así, esperan vencer a Europa e iniciar movimientos de independencia. (...) Ha nacido la gran esperanza de la independencia nacional en Asia" 14.

No se trata únicamente del Asia del Este comprendida en la esfera cultural confucianista, sino de un Asia multicultural cuya unidad se basa en la independencia de Estados soberanos. "Todas las naciones asiáticas": es a esa concertación que aspiran los movimientos independentistas nacionales, y no a una burda imitación de los Estados-nación europeos. Sun Yat-sen está convencido de que Asia posee una cultura y unos principios propios; lo que él llama "la cultura del camino real", opuesta a "la cultura del camino hegemónico" de los Estados-nación europeos. Según su concepción, la unidad natural de Asia no está en el confucianismo ni en ninguna otra cultura hegemónica, sino en una cultura política que integre religiones, creencias, naciones y sociedades diferentes. Por lo tanto, su idea de "Gran asianismo" o de "panasianismo" es contraria al "gran asianismo oriental" del nacionalismo japonés moderno. Ella encierra una dinámica social que opone capitalismo e imperialismo, y conduce a un nuevo tipo de internacionalismo.

 Una representación superadora

 La vinculación entre los valores socialistas y las tradiciones chinas llevó a investigadores contemporáneos a reconstruir la idea de Asia. Mizoguchi Yuzo, por ejemplo, afirma que categorías como "los principios celestes" (tianli) y "lo público/lo privado" (gong/si) existieron en la historia intelectual y social de la China de los Song (960-1279) hasta los Qing (1911), formando una continuidad entre ciertos temas de la revolución china moderna y las ideas de reglamentación agraria. Ese intento de definir la cultura asiática por medio de valores, traduce una resistencia y una crítica respecto del capitalismo moderno y del colonialismo 15. En otras palabras, existe una oposición muy clara entre la idea socialista de Asia y la idea colonialista.

En la década de 1940, Ichisada Miyazaki, eminente historiador de la Escuela Imperial de Kioto, decidió estudiar "los comienzos del capitalismo Song" analizando la historia de las comunicaciones de zonas muy distantes en diferentes regiones. En su opinión, aquellos "que consideran la historia posterior a los Song como el momento de surgimiento de la modernidad terminaron analizando la historia occidental moderna a la luz de los desarrollos de la historia moderna del Este de Asia" . Su teoría de la modernidad del Este Asiático coincide con la idea japonesa de "gran esfera de Asia del Este", pero eso no le quita nada a la perspicacia de su análisis. Trabajando en un marco histórico mundial, observa que la construcción del Gran Canal, el desarrollo de las metrópolis, y ciertas mercancías, como las especias y el té, establecieron los lazos entre las redes comerciales europea y asiática. La expansión del imperio mongol, que favoreció el desarrollo de los intercambios artísticos y culturales entre Europa y Asia, no sólo modificó las relaciones en el seno de las sociedades china y asiática, sino que también vinculó a Europa y Asia por vías terrestre y marítima 17.

Las características políticas, económicas y culturales de la "modernidad asiática" aparecieron a partir de los siglos X y XI, tres o cuatro siglos antes de que ese tipo de especificidades se manifestaran en Europa. Pero cabe preguntarse si el desarrollo histórico de esos dos mundos fue paralelo o conjunto. Miyazaki estima que Asia del Este, y sobre todo China, no sólo aportaron a la Revolución Industrial un mercado y los medios necesarios, sino que también alimentaron el camino del humanismo que se manifestó en la Revolución Francesa. Así, explica Miyazaki, "la revolución industrial europea no fue de ninguna manera un acontecimiento histórico únicamente europeo, pues no se trata simplemente de mecánica, sino de un fenómeno que implica al conjunto de la estructura social. Para que fuera posible, fue necesaria la prosperidad de la burguesía; y también fue indispensable la acumulación de capital obtenida gracias al comercio con Asia del Este. Para hacer funcionar las máquinas no sólo se requería energía, sino el algodón como materia prima. En realidad, Asia del Este suministró la materia prima y el mercado. De no haber existido comunicaciones con Asia del Este, la revolución industrial hubiera podido no ver la luz" 18.

El movimiento del mundo es un proceso según el cual mundos múltiples se comunican y luchan entre sí, se interpenetran y se interconstruyen. Así, cuando los historiadores acordaron a Asia su lugar en las relaciones mundiales, comprendieron que la modernidad no se define en relación a tal o cual sociedad, sino en función del resultado de una interacción entre regiones y civilizaciones diferentes. En ese sentido, la idea de Asia pierde validez, pues no se trata ni de una entidad independiente, ni de un conjunto de relaciones. Esta reinvención de un Asia que no es ni comienzo de una historia lineal ni tampoco fin, ni sujeto autárquico ni objeto subordinado, ofrece una oportunidad para reescribir la historia del mundo. Lo cual debe conducir también a analizar nuevamente la idea de Europa, pues resulta imposible seguir explicando Asia en relación a la visión que Europa tiene de sí misma.

Las representaciones de Asia ya evocadas revelan la ambigüedad y las contradicciones implícitas en la idea de Asia. Esta es a la vez colonialista y anticolonialista, conservadora y revolucionaria, nacionalista e internacionalista; halla su origen en Europa y modela la interpretación que Europa tiene de sí misma; está íntimamente ligada a la cuestión del Estado nacional y confirma la visión imperial; es un concepto de civilización contrapuesto al de Europa, y una categoría geográfica establecida en las relaciones geopolíticas. Cuando se estudia la independencia política, económica y cultural del Asia actual, se debe tener seriamente en cuenta que la idea de Asia surgió en medio de deslizamientos, ambigüedades y contradicciones. Sólo será posible encontrar las claves para trascender o superar esos deslizamientos y esas contradicciones si se entienden las particulares relaciones históricas que las generaron.

La crítica del eurocentrismo debería tratar no de afirmar el asiacentrismo, sino de eliminar la lógica egocéntrica, exclusiva y expansionista de la dominación. Será imposible entender la importancia de la modernidad asiática si se olvidan las condiciones y los movimientos históricos antes descriptos. Es por eso que las nuevas representaciones de Asia deben superar los objetivos y los proyectos de los movimientos socialista y de liberación nacional del siglo XX. En las actuales circunstancias históricas, deben tener en cuenta los proyectos históricos no realizados de esos movimientos. El objetivo no es generar una nueva Guerra Fría, sino abolir la que conocimos y sus formas derivadas; no es restablecer la relación colonial, sino eliminar sus vestigios e impedir que se desarrollen formas incipientes de colonialismo.

Por lo tanto, la cuestión de Asia no concierne únicamente al Asia geográfica, sino a la "historia mundial". Reconsiderar la "historia asiática" exige reconstruir la "historia mundial" y superar el orden del "nuevo imperio" del siglo XXI y su lógica.

  1. Jürgen Habermas, "Why Europe Needs a Constitution", New Left Review, Londres, N°11, 2001.
  2. La ASEAN, creada en 1967 por cinco miembros -Indonesia, Malasia, Filipinas, Singapur y Tailandia- posee actualmente otros cinco: Camboya, Laos, Vietnam, Brunei y Myanmar.
  3. Nishiwaki Fumiaki, "Las relaciones entre Japón, Estados Unidos, China y Rusia vistas desde el ángulo de la estrategia china del siglo XXI", Seikai shuho, Agencia Jiji, Tokio, 12-2-02.
  4. Teleología: doctrina según la cual el mundo es un sistema de relaciones entre los medios y los fines. En el prefacio de su obra Contribución a la crítica de la economía política, Marx considera la historia de Europa occidental como una "época que marca un progreso en el desarrollo económico de la sociedad". Ese prefacio jamás fue vuelto a publicar en vida de Marx. Y en 1877 señalaba que no había que "transformar (su) esbozo histórico del desarrollo del capitalismo europeo occidental en una teoría histórico-filosófica del desarrollo universal, predeterminada por el destino para todas las naciones independientemente de las circunstancias históricas en que éstas se hallen". Ver Saul K. Pandover, The Letters of Karl Marx, Englewoodcliffs, Prentice-Hall, Nueva Jersey, 1979.
  5. Georg Wilhelm Friedrich Hegel, Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, Madrid, Alianza editorial, 1986.
  6. Adam Smith, Investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones, en The Glasgow Edition of the Works and Correspondence of Adam Smith, Oxford University, Londres, 1976.
  7. Perry Anderson, Lineages of the Absolute State, Verso, Londres, 1979.
  8. El análisis que realiza Anderson del modo de producción asiático goza de gran prestigio, pero por un motivo o por otro, no tiene en cuenta la importante influencia de Smith y de la escuela escocesa sobre las ideas de Hegel y de Marx respecto de Asia.
  9. "Democracia y narodismo (del término ruso que significa populismo) en China" (1912), "El despertar de Asia" (1913), y "Europa atrasada y Asia avanzada" (1913).
  10. Vladimir Illich Lenin, "El despertar de Asia", en Collected Works, vol. 19, ed. Robert Daglish, Moscú, 1963.
  11. Vladimir Illich Lenin, "Europa atrasada y Asia avanzada" en Collected Works, vol. 19.
  12. Sun Yat-sen (1866-1925) fue el presidente de la Primera República china.
  13. Sun Yat-sen, "Dui Shenhu Shangye Huiysuo Deng Tuanti De Yanshuo" (Respuesta a varios organismos, entre ellos la Cámara de Comercio de Kobe), en Sun Zhongshan Quanji (Obras completas de Sun Zhongshan), Zhonghua shuju, Pekín, 1986.
  14. Ibid.
  15. Ver Yuzo Mizoguchi, Chugoku No Shiso (Pensamiento chino), Hoso daigaku kyoiku shinkokai, Tokio, 1991; Yuzo Mizoguchi, Chugoku Zen Kindai Shiso No Kussetsu to Tenkai (Momentos clave y grandes cambios en el pensamiento chino premoderno), Tokio daigaku shuppankai, Tokio, 1980.
  16. Ichisada Miyazaki, Toyo Teki Kinsei (La Edad Moderna de Asia del Este), Kyoiku Taimusu, Osaka.
  17. Ibid.
  18. Ibid. Ver también Philip S. Golub, "Recuperar el puesto en la economía mundial", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, octubre de 2004.
Autor/es Wang Hui
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 68 - Febrero 2005
Páginas:24,25,26
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Ciencias Políticas, Historia, Sociología, Mundialización (Cultura), Colonialismo, Desarrollo, Política