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Una paz frágil y parcial en SudánAl cabo de dos años y medio de inciertas negociaciones, los acuerdos de paz firmados por el gobierno de Jartum y el Ejército Popular de Liberación de Sudán, en Nairobi (Kenia) el 9-1-05, ponen fin a un conflicto de veintiún años en Sudán. Los enfrentamientos habrían causado cerca de un millón y medio de muertos, más de cuatro millones de evacuados dentro del país y 600.000 refugiados en los Estados limítrofes 1.A pesar de lo logrado se impone la prudencia, ya que Sudán sigue siendo escenario de un conflicto extremadamente violento, que no abordaron los signatarios de Nairobi, en la provincia occidental de Darfur 2. Por otra parte, las extremadamente complejas disposiciones adoptadas serán difíciles de hacer aplicar por un personal político heterogéneo, procedente tanto de la guerrilla cristiana como del movimiento fundamentalista musulmán, al que se suman opositores norteños y sureños que se quejan de no haber sido asociados. La guerra, a la vez cultural y religiosa, entre el Norte y el Sur de Sudán se remonta a medio siglo atrás. En agosto de 1955, cuando Gran Bretaña aún no había abandonado el país, el anuncio del reemplazo de sus oficiales británicos por árabes había provocado el amotinamiento del Equatoria Corps, unidad militar compuesta por soldados negros. Siguieron diecisiete años de guerra, a los que puso fin el acuerdo de paz de Addis Abeba (Etiopía) en febrero de 1972. Esa paz otorgaba a las tres provincias meridionales una relativa autonomía dentro de un marco confederal. Pero el descubrimiento, en 1979, de yacimientos de petróleo en el Sur y la excavación, un año después, de un enorme canal destinado a desviar hacia Egipto el agua del Nilo (Jongleï Canal Project) condujeron al presidente Gaafar Muhammad Nemeiry a revocar unilateralmente el acuerdo de Addis Abeba. La guerra se reanudó en mayo de 1983, cuando tuvo lugar otro sublevamiento de unidades negras del ejército sudanés contra sus jefes árabes. Lo encabezó el coronel John Garang, quien creó el Ejército Popular de Liberación de Sudán (EPLS). Como el presidente Nemeiry tenía el apoyo de Estados Unidos, la rebelión encontró apoyo en la Etiopía del coronel Menguistu Hayle Maryam y sus aliados del bloque socialista. El fin de la Guerra Fría y la caída del régimen Menguistu, en mayo de 1991, debilitó gravemente al EPLS y estuvo a punto de precipitar su derrota. Pero a partir de 1993, la Uganda del presidente Joweri Museveni sustituyó a la desfalleciente Etiopía. Entretanto, habiéndose instalado en Jartum (capital de Sudán), en 1989, un régimen fundamentalista islámico, el EPLS se encontró, al igual que Kampala (capital de Uganda), muy cerca... de Estados Unidos. Alcance de los documentosLuego de varias tentativas infructuosas en los años '90, Jartum aceptó negociar seriamente después de los atentados del 11-9-01 en Estados Unidos. El régimen islamista estaba inquieto por una posible intervención militar estadounidense, dado que había apoyado a Al-Qaeda en momentos de su creación. Se iniciaron entonces diálogos en Kenia, en 2002. Jartum dilató las conversaciones, con la esperanza de que un cambio en el equilibrio geopolítico le evitara tener que hacer concesiones demasiado importantes. Hubo que esperar a noviembre de 2004 (y la reelección de George W. Bush) para que el régimen islamista aceptara concluir un acuerdo global. Entretanto, en febrero de 2003, la provincia occidental de Darfur se había sublevado a su vez contra el poder central, mostrando de ese modo que el principal problema de Sudán no era religioso, sino el del monopolio del poder por parte de una pequeña elite compuesta por árabes del valle del Nilo. Darfur es, en efecto, 100% musulmana, y la guerra civil que hace dos años tiene lugar allí no es un caso de lucha de "árabes contra africanos", como se ha escrito con demasiada frecuencia. La lenta extensión de la guerrilla hacia la provincia puramente árabe de Kordofán muestra que también allí el diferendo es económico y político antes que religioso o racial. El acuerdo de paz del 9 de enero pasado no es propiamente un acuerdo, sino un conjunto de acuerdos separados sobre distintos temas y firmados en fechas distintas desde el verano de 2002. El primero de estos documentos se conoce como el Protocolo de Machakos, por el nombre de la pequeña ciudad keniana donde fue firmado en julio de 2002. Éste prevé un referéndum de autodeterminación para Sudán del Sur luego de un período transitorio de seis años, precedido a su vez por un período pre-transitorio de seis meses, es decir un total de seis años y medio. En septiembre de 2003, las partes presentes acabaron por ponerse de acuerdo sobre las "disposiciones de seguridad". Las mismas preveían el retiro de las tropas norteñas fuera del Sur y el de las fuerzas del EPLS fuera del Norte 3, así como la creación de "unidades conjuntas integradas" (UCI). Estas UCI, que deberían comprender unos 40.000 hombres, estarían compuestas en partes iguales por fuerzas procedentes del EPLS y fuerzas del ejército ordinario. Deberían estar emplazadas en las tres provincias del Sur así como en las regiones fronterizas Norte-Sur parcialmente ocupadas por el EPLS (zona de Abyei, montes Nuba y sur de la provincia del Nilo Azul). Se prevé un Estado Mayor común. Fuera de las UCI, tanto el EPLS como el gobierno estarán autorizados a conservar sus propias fuerzas, emplazadas en el Sur y el Norte respectivamente. En diciembre de 2003 se logró un "acuerdo sobre el reparto de las riquezas". Este acuerdo organiza la reglamentación de la propiedad de la tierra, la gestión del Ministerio de Economía, el establecimiento de un doble sistema bancario 4 (islámico en el Norte; clásico en el Sur), el control de las aduanas y el sistema fiscal. Pero sobre todo, prevé una distribución de los muy importantes dividendos del petróleo. En efecto, desde la terminación del oleoducto Heglig-Puerto Sudán en 1999, el país se convirtió en una potencia petrolera media. Dadas las cotizaciones mundiales, los cerca de 390.000 barriles por día (b/d) producidos rinden cerca de 1.900 millones de dólares anuales. El Ministerio de Energía elaboró planes de expansión de la producción que deberían permitir elevarla a 500.000 b/d a fines de 2005. Si los precios se mantienen, se trata de un maná de 2.500 millones de dólares cuyo reparto habrá que fijar de aquí a un año 5. El acuerdo sobre las riquezas prevé una distribución en partes iguales del dinero del petróleo entre el Norte y el Sur. Otros tres acuerdos se firmaron en mayo de 2004. El primero, y el más importante, concierne al ejercicio común del poder político. Según este documento, Omar Hassan al-Bashir conservaría la presidencia y el coronel Garang se convertiría en vicepresidente, con poder de veto sobre las decisiones del jefe de Estado. Se formaría un gobierno conjunto durante los seis meses del período pre-transitorio con el 52% de los cargos para el actual partido único (Mutammar al-Watani o Congreso Patriótico), asignándose el 28% al EPLS, el 14% a la oposición norteña 6 y el 6% a las fuerzas sureñas no integrantes del EPLS. En ese mismo plazo de seis meses, una comisión constitucional debe elaborar una ley fundamental, documento que en Sudán existió sólo en versiones temporarias o dictatoriales. Se organizaría un censo al cabo de dos años (el último es de 1982), que permitiría la realización de elecciones generales luego de tres años y medio, es decir, promediando el período transitorio. Los otros dos documentos, firmados en mayo de 2004, prevén sistemas de administración regionales provisorios para la zona de Abyei, la frontera de Bahr-el-Ghazal y Kordofán, para los montes Nuba y para el sur de la provincia del Nilo Azul. Se trata de tres regiones de población mixta árabe y negro-africana, parcialmente musulmanas y parcialmente cristianas, que, aunque situadas en el Norte, fueron testigos de incursiones del EPLS durante la guerra. Los dos últimos documentos, firmados en Naivasha, Kenia, el 31-12-04, rectifican diversas disposiciones de los acuerdos de seguridad de septiembre de 2003 y el calendario de puesta en marcha de todos los textos precedentes. Falta de legitimidadLa primera debilidad de estos acuerdos consiste en la naturaleza misma de los signatarios. El régimen es el heredero directo del Frente Nacional Islámico (FNI), formación fundamentalista musulmana que había obtenido cerca del 7% de los votos en las últimas elecciones libres de abril de 1986. Aunque se le reconozca al régimen una suerte de "dividendo de la paz", es difícil imaginar que represente más del 15% del electorado. Por lo demás, el EPLS, designado como el único socio político del régimen, está lejos de controlar al Sur en su totalidad. Los diversos partidos sureños que existían en 1986 se mantuvieron "entrelíneas" y representan fuerzas no desdeñables. Las milicias anti-EPLS que el gobierno utilizó largamente distan mucho de ser simples organizaciones de "colaboracionistas" carentes de arraigo local. En particular dentro de la gran etnia nuer, y entre las tribus del ecuador, el EPLS, cuya base étnica está mayoritariamente compuesta por dinkas de la región de Bor, no es nada popular. Si se tiene en cuenta que incluyendo a los refugiados y personas evacuadas, el Sur no representa más del 25 al 30% de la población total del país, los signatarios de los acuerdos de Nairobi tienen tras de sí tan sólo al 30% de las masas sudanesas. ¿Qué pasa entonces con el 70% restante? El coronel Garang hace una apuesta: espera reconquistar en el Norte al menos tanto como lo que perderá en el Sur. En efecto, el eclipse del importante Partido Comunista Sudanés (PCS) y la incapacidad de organización de las fuerzas políticas de la izquierda laica causan una especie de "agujero negro" dentro de la sociología electoral sudanes 7. Garang y el EPLS tienen gran expectativa de lograr captar esos votos perdidos, pese a la diferencia cultural entre ese electorado "árabe" y su imagen "negro-africana". ¿Pero será posible llegar a las elecciones? El primer obstáculo es la persistencia del conflicto de Darfur, que ha causado mucho más que las 70.000 víctimas que la "comunidad internacional" tiene a bien reconocer 8. Esa crisis es característica del hecho de no haber tomado en cuenta a grupos humanos que no se identifican ni con el régimen de Jartum ni con el EPLS. Darfur, región enteramente musulmana poblada tanto por negro-africanos como por árabes (pero muy distintos de los árabes del valle del Nilo), ha sido víctima desde hace un siglo de la misma marginación socio-económica y política que el Sur. Pero su identidad musulmana le ha hecho aceptar pacientemente su mal y aceptar el discurso de los árabes del grupo dominante que le prometían recompensas que nunca llegaron 9. Cuando en 2002 los habitantes de la provincia vieron que indudablemente el EPLS iba a obtener un beneficio concreto de los veinte años de guerra, se sublevaron, pensando que sólo la violencia les permitiría acceder a la mesa de negociaciones. Siguen excluidos de ella y es probable que sigan luchando hasta ser admitidos. En cuanto al Sur, ¿es posible pensar que el régimen de Jartum procederá, con la necesaria transparencia, a la transferencia de su parte de las ganancias petroleras? ¿Tendrá el EPLS suficientes mandos formados para ocupar su lugar en el seno de la administración central? ¿Cuál será la relación entre el gobierno nacional y el que el EPLS está autorizado a organizar en Sudán del Sur? Y si las cosas no suceden de acuerdo a lo previsto, ¿es posible imaginar que los oficiales del EPLS -muchos de los cuales miran con suspicacia el muy largo período transitorio- esperarán sin moverse la fecha del referéndum de autodeterminación de julio de 2011? El camino hacia una verdadera paz será largo para un Sudán dividido, injusto, rico en el Norte, agotado en el Sur.
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