Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

Líneas de fractura continentales

Nunca en la tormentosa historia de las relaciones entre Estados Unidos y América Latina la gran potencia del norte había visto cuestionada de tal modo su hegemonía política y económica. Todos los gobiernos que siguen sus dictados y los de los organismos internacionales de crédito, o bien se encuentran en lo más bajo de su popularidad o bien han sido desplazados por movimientos populares. La elección del secretario general de la Organización de Estados Americanos es el último ejemplo de esta pérdida de influencia de Washington en la región.

Hubo un tiempo, cuenta la leyenda, en que cada periodista que llegaba a La Paz se instalaba en un hotel de la plaza Murillo, frente al Palacio de Gobierno, y pedía una habitación "con vistas al golpe de Estado". Pero una nueva leyenda, surgida a principios del siglo XXI, contará seguramente que el nuevo presidente que asuma exigirá ahora, por prudencia, un despacho con "acceso directo al helicóptero". Luego del argentino Fernando de la Rúa, en 2001, y del boliviano Gonzalo Sánchez de Lozada, en 2003, fue el jefe de Estado ecuatoriano Lucio Gutiérrez quien logró huir del Palacio Carondelet, sede de la Presidencia, el 20-4-05, gracias a esa aeronave salvadora.

Triste fin, en verdad, para un hombre providencial. Cuando era coronel, Gutiérrez fue uno de los líderes del efímero golpe de Estado que en enero de 2000 -apoyando un levantamiento popular de fuerte componente indígena- derrocó al presidente Jamil Mahuad. Considerado de manera demasiado apresurada como un "Chávez ecuatoriano", el oficial pasó seis meses en prisión, fue dado de baja del ejército... y ganó las elecciones de noviembre de 2002, con apoyo del movimiento Pachakutik, brazo político de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie), poderosa organización de la empobrecida población autóctona 1.

Bastaron unos meses para que el ex coronel, luego de traicionar a todos sus seguidores, empezando por los ministros del movimiento Pachakutik, adhiriera a las tesis del Fondo Monetario Internacional (FMI) y se definiera a sí mismo como "el mejor aliado de Bush" en la región.

Entre medidas impopulares y turbias maniobras políticas, Gutiérrez fue demasiado lejos: el 8-12-04, con una mayoría parlamentaria "a sus órdenes" reestructuró la Corte Suprema de Justicia y reemplazó a 27 de los 31 jueces. El 31-3-05 los magistrados designados anularon los fallos vigentes contra los ex presidentes Abdalá Bucaram, acusado de corrupción y destituido en febrero de 1997, y Gustavo Noboa, enjuiciado al término de su mandato (2000-2003) por irregularidades y desvíos de fondos durante la renegociación de la deuda externa. El regreso al país de los dos ex jefes de Estado, exiliados respectivamente en Panamá y República Dominicana, provocó una insurrección.

Abandonado por el ejército, en cuyo seno reina un profundo malestar, Gutiérrez perdió también el apoyo del Congreso: 60 parlamentarios sobre 100 lo destituyeron para evitar hundirse con él. Desde un punto de vista jurídico, la razón invocada ("abandono del cargo", ya que Gutiérrez "no habría respetado la Constitución") parece discutible. Sin embargo, y luego de haber apoyado claramente a su aliado, Washington se resignó a "hacer saltar el fusible". Así, se impuso a todos la prioridad de preservar "las instituciones" y la "legitimidad del sistema político".

En una América Latina sometida durante mucho tiempo al fundamentalismo liberal -225 millones de pobres, 43,9% de la población- los gobiernos están sentados sobre un polvorín. A pesar de los "perros guardianes" empecinados en mantener el statu quo 2, el tiempo en que la población parecía resignarse parece superado 3.

Por primera vez desde la década de 1960, varios gobiernos orientados a izquierda -Argentina, Brasil, Uruguay y Venezuela- se muestran decididos a cambiar el curso de esas "Repúblicas sin ciudadanos", donde reina la desigualdad social y la exclusión. Y ello a pesar de que el presidente venezolano Hugo Chávez es el único -junto a Fidel Castro- que preconiza un modelo de desarrollo significativamente alejado del Consenso de Washington. Frente a esa fronda que se alza en varios puntos del hemisferio, Estados Unidos trata de reaccionar reforzando su eje de aliados incondicionales: México, América Central, y los países andinos, donde el Ecuador de Gutiérrez ocupaba un lugar clave, junto a Colombia (y la Bolivia de Sánchez de Lozada).

A partir de la década de 1990, la ofensiva de Washington tomó la forma de tratados de libre cambio, comenzando con el Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA) 4, y culminando con el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que en enero de 2005 debía diseminar el virus ultraliberal en todo el continente. Este último proyecto quedó empantanado, frente a la resistencia de los movimientos sociales de la campaña continental contra el ALCA, a la negativa del Mercosur 5 y a la oposición de Venezuela.

Para superar esos problemas, el Imperio firmó a los apurones tratados bilaterales con América Central y República Dominicana (Central American Free Trade Agreement - CAFTA), Ecuador, Colombia y Perú 6. Igual que el difunto ALCA, esos tratados de libre comercio (TLC) conciernen tanto a los aspectos estrictamente económicos como la gestión estatal, la legislación laboral, la propiedad intelectual, el medio ambiente, los recursos naturales y energéticos, la salud y la educación. Las pseudo negociaciones que al respecto mantiene Estados Unidos con los países latinoamericanos sólo permiten a estos últimos introducir algunas enmiendas, pero sin obtener ninguna concesión sobre lo esencial.

Perspectivas inciertas y ambiguas

Frente a esa neocolonización apenas disfrazada, los pueblos se indignan. "Creo que van a terminar privatizando el Estado. Si las cosas siguen así, un día vamos a enterarnos que el país pertenece a la Coca-Cola", se oye decir. En América Central la oposición es importante. En Perú y en Ecuador, se reúnen firmas para obligar a los gobiernos a realizar una consulta popular sobre los tratados. En Bolivia, la presión de las organizaciones sociales impidió que el gobierno avance en la negociación del TLC, que fue rebautizado "Total Locura Capitalista".

La reciente caída de los presidentes de Bolivia y de Ecuador (Acosta, pág. 16), por ahora sólo abre perspectivas inciertas y ambiguas. Como ocurrió en Argentina en diciembre de 2001, los ecuatorianos salieron a la calle al grito de "Que se vayan todos". Esa insurrección pluriclasista, autoconvocada (las radios libres jugaron un papel esencial), al margen de los partidos y de los dirigentes políticos -como en La Paz y en Buenos Aires- dejó a un lado incluso a la Conaie y al movimiento Pachakutik, a cuyos líderes se les reprocharon sus (breves) responsabilidades gubernamentales junto a Gutiérrez.

Así como en Bolivia el presidente Sánchez de Lozada fue reemplazado por el vicepresidente, Carlos Mesa (que no pertenecía a ningún partido), en Ecuador, Gutiérrez fue sustituido por su segundo, Alfredo Palacio (un médico sin afiliación política), por lo que ambos carecen de apoyos sólidos.

Ciertamente, en Buenos Aires, en circunstancias parecidas, el ejercicio del poder por parte de Néstor Kirchner, un peronista orientado al centroizquierda, constituyó una buena sorpresa, al lograr transformar el default de la deuda externa argentina en una quita sustancial: los acreedores privados aceptaron un recorte del 65,6% en los reembolsos. El 10 de marzo pasado, Kirchner llamó a boicotear a las empresas Shell y Esso, que habían aumentado los precios de los combustibles un 3%, y fue inmediatamente apoyado por cientos de manifestantes que ocuparon las estaciones de servicio. Pero la situación social, extremadamente preocupante, casi no evolucionó.

En Ecuador, el nuevo presidente Palacio asumió la conducción del país en medio de una situación sumamente frágil. Por convicción, o para aplacar la presión popular, el ministro de Economía, Rafael Correa, afirmó que "los acuerdos comerciales deben ser respetados, pero los países no pueden negociar en condiciones de esclavitud" 7. De su lado, el ministro del Interior, Manuel Gándara, informó que las negociaciones sobre el TLC fueron interrumpidas; que todos los contratos mineros y petrolíferos serían revisados; que Ecuador tomará distancia respecto del Plan Colombia; y que se estudiará la anulación del acuerdo firmado en 1999 que autorizaba a Estados Unidos a instalar una base militar en Manta: unos 500 soldados de ese país operan en dicha instalación estratégica del Southern Command (Comando Sur del ejército estadounidense) para combatir las guerrillas colombianas 8. Pero sobre este último punto, el presidente Palacio dio marcha atrás luego de almorzar con la embajadora de Estados Unidos, Kristie Kenney. ¿Se repetirá la historia de Bolivia?

En ese país, la "guerra del agua" contra las privatizaciones, y la posterior "guerra del gas", generada por idénticas razones (80 muertos y 500 heridos) provocaron la huida del ultraliberal Sánchez de Lozada 9. El 18-7-04, su sucesor, Carlos Mesa, apoyado por el Movimiento al Socialismo (MAS) de Evo Morales -primer partido de oposición- organizó un "referéndum del gas" en el cual la población se pronunció masivamente por la recuperación de los hidrocarburos. El movimiento social se unió en torno de cuatro reivindicaciones: convocatoria de una Asamblea Constituyente, a ejemplo de la que dio nacimiento en Venezuela a la revolución bolivariana; rechazo del ALCA y/o del TLC; expulsión de la multinacional Aguas de Illimani (Suez Lyonnaise des Eaux); adopción de una ley de hidrocarburos que fije un impuesto del 50% (votado en el referéndum) sobre la explotación por parte de consorcios transnacionales.

Sin embargo, hallándose entre la espada (la convulsión social) y la pared (el FMI, el Banco Mundial y las multinacionales), Mesa afirma ahora que esa ley, ya aprobada por el Congreso, es "imposible" de aplicar, pues la comunidad internacional no la acepta 10. Violentamente cuestionado, el Presidente ya no logra gobernar.

La oposición, que obtuvo algo así como un poder de veto gracias a la desobediencia civil generalizada, no sale necesariamente fortalecida de esa situación. Los partidos políticos llamados tradicionales, desprovistos de ideología y de base popular, sólo juegan un papel menor en los acontecimientos. Incluso dirigentes radicales como Felipe Quispe (Movimiento Indígena Pachacuti, MIP) y Evo Morales (MAS) -al que se le reprocha haber pactado en un principio con Mesa- son amenazados con la "justicia comunitaria" si traicionan el Pacto por la Dignidad y la Soberanía del Pueblo Boliviano, recientemente concluido con la Central Obrera Boliviana (COB).

Washington a la defensiva

Dentro de poco, la situación podría ser la misma en Perú, donde a la catástrofe de Alberto Fujimori sigue el desastre de Alejandro Toledo. Cortes de rutas, toma de edificios públicos, acciones armadas abortadas el 1-1-05 de un grupo de ex militares ultranacionalistas (los etnocaceristas), enfrentamientos con las fuerzas del orden y el ejército... La corrupción reinante en todos los niveles del Estado y el desastre social alimentan un permanente debate: ¿hay que mantener a Toledo en el poder hasta 2006, o sería mejor "sacarlo" antes? Sin embargo, no se percibe ningún recambio político, a causa del enorme rechazo que existe por los partidos y los dirigentes políticos.

Incluso en Nicaragua, país convulsionado en abril y mayo por violentas manifestaciones contra el alza en el precio de los combustibles y donde 80 alcaldes (sobre un total de 152 municipios) exigieron al presidente Enrique Bolaños que resuelva los problemas energéticos o que renuncie, no es seguro que el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) esté en condiciones de gobernar en caso de imponerse. Ese partido atraviesa una grave crisis -corrupción y falta de democracia interna- que alejó de sus filas a muchos ex militantes o simpatizantes.

Se trata de situaciones caracterizadas más por la incertidumbre o el riesgo de caos que por la aparición de verdaderas alternativas. Pero de todas formas, al perder uno tras otro esos "peones", Washington quedó a la defensiva. Según el general Bantz Craddock, comandante en jefe del Comando Sur, "en Bolivia, en Ecuador y en Perú, la sospecha y la falta de confianza en las instituciones fomentan la aparición de demagogos anti-estadounidenses, anti-globalización y anti-mercado" 11. ¡Peor aun!, el eje Brasil-Argentina-Uruguay-Venezuela (en este último caso, con Cuba en segundo plano) hace fracasar todas las iniciativas del Departamento de Estado para recuperar el control de la situación (Bilbao, pág. 14).

Cuando en julio de 2004, en la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), en Fort Lauderdale, Florida, los responsables estadounidenses propusieron modificar la Carta Democrática Interamericana para que sea posible aislar a los países que "se alejan gradualmente de la democracia" y hasta intervenir en ellos (pensando claramente en Venezuela), sólo obtuvieron como respuesta una sonrisa de cortesía. Durante la reunión de ministros de Defensa realizada en Quito del 16 al 18-11-04, al tratarse el tema de la no injerencia, Venezuela, Brasil y Bolivia rechazaron la pretensión del secretario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld -apoyado por los dirigentes colombianos y centroamericanos- de implementar una nueva concepción de la "seguridad preventiva" y formar una fuerza multinacional latinoamericana, dirigida desde el Pentágono.

Incluso en la Colombia de Álvaro Uribe Vélez, su súbdito más fiel, la política estadounidense muestra fallas. A pesar de los 3.300 millones de dólares en ayuda militar entregados a Bogotá en los últimos seis años, del suministro de más de 65 helicópteros Blackhawk y Huey, y del adiestramiento de tres nuevos batallones de elite, el ejército colombiano no logra imponerse en el conflicto interno.

El Plan Patriota, la ofensiva más ambiciosa jamás lanzada contra las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que movilizó 17.000 soldados en el sur del país, no pudo erradicar una guerrilla móvil, basada en la rapidez y la sorpresa, que en la montaña y en la selva es más efectiva que los grandes batallones. En momentos en que la secretaria de Estado estadounidense, Condoleezza Rice, de visita en Bogotá el 27-4-05, anunciaba que en septiembre de ese año llegaría a su fin el Plan Colombia (pero no la ayuda de su país), las tropas gubernamentales colombianas recibían un durísimo golpe en la región sudoeste, al tiempo que estallaba una violenta crisis dentro del ejército. La destitución de cuatro generales de alto rango 12 puso en evidencia las profundas fracturas de una institución traumatizada por los cambios de doctrina impuestos desde el Pentágono y por su fracaso en la lucha.

"El gran derrotado"

Washington tiene además otra piedra más en su zapato, nada pequeña: "Venezuela ejerce una influencia desestabilizadora en América Latina", había advertido Condoleezza Rice en febrero. Sin embargo, las fuertes presiones diplomáticas para que los vecinos traten de "lulalizar" 13 al presidente venezolano, no dieron resultado, sobre todo porque el hombre no parece de los que se dejan manipular. Durante la gira que la secretaria de Estado inició el 26 de abril pasado por cuatro países del continente (Chile, Brasil, Colombia y El Salvador) no consiguió de Brasilia la más mínima declaración crítica respecto de la revolución bolivariana. La idea también fue cortésmente rechazada en Santiago de Chile.

Y no es que la política de ruptura de Chávez haga saltar de entusiasmo a sus vecinos. Evidentemente, su visión de la integración regional que propone el Mercosur (a la que definió como "sometida a los dictados del capital y a la lógica mercantil"), no es la misma que la de Brasil, convertido al "realismo" y felicitado por el FMI. Chávez preconiza incansablemente la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) 14, una integración con fuerte acento social. El 4 de marzo pasado llegó incluso a declarar: "Tenemos que inventar el nuevo socialismo del siglo XXI. El capitalismo no es un modelo de desarrollo durable".

Pero los objetivos coinciden cuando se trata de consolidar la Comunidad Sudamericana de Naciones (CSN) 15, creada el 9-12-04 16 y sobre un orden internacional que rechace el unilateralismo y se funde en la igualdad de los Estados. Lo demás viene de acuerdos económicos (energéticos, industriales). Por ejemplo, Venezuela importa anualmente de Estados Unidos 5.000 millones de dólares en bienes y servicios para su industria petrolífera, y Chávez quiere que en adelante el 25% de esas compras se hagan en Argentina y en Brasil. Por otra parte, e independientemente de lo que puedan pensar, esos jefes de Estado deben tener en cuenta a sus sectores populares. Es evidente que los piqueteros argentinos y los campesinos sin tierra brasileños se sienten más identificados con Chávez que con sus propios Presidentes.

Un hecho muy reciente da idea de la pérdida de influencia de Washington en la región. La OEA estaba acéfala desde octubre de 2004, a causa de la renuncia de su efímero secretario general (sólo ejerció 17 días), Miguel Ángel Rodríguez. El ex presidente de Costa Rica cayó víctima de un caso de corrupción y está procesado en su país, acusado de recibir coimas (2,4 millones de dólares) de la empresa francesa Alcatel. Tres candidatos aspiraban a reemplazarlo al frente de la OEA: el mexicano Luis Ernesto Derbez, conservador, ministro de Relaciones Exteriores y ex consultor del Banco Mundial; el ministro del Interior chileno, José Miguel Insulza, ex-consejero de Salvador Allende, que ejerce funciones ministeriales desde su nominación como canciller en 1994; y por último, el candidato de la Casa Blanca, el ex presidente salvadoreño Francisco Flores, que cuando estaba en el poder, había enviado un contingente militar simbólico a Irak (que aún permanece allí).

En los 60 años de existencia de la OEA -que reúne a 34 países de América Latina y el Caribe (salvo Cuba)- jamás se impuso un candidato que no tuviera el apoyo de Washington. Aun antes de la primera ronda de votación, prevista para el 11 de abril pasado, Flores estaba tan aislado que para evitar una humillación la Casa Blanca le pidió que se retire.

Estados Unidos no tenía a priori ninguna divergencia con Chile, país que nunca rompió con la economía de mercado pura y dura y que firmó un TLC en 2004, como tampoco con México, miembro del NAFTA. Pero en caso de pulseada en la OEA, Santiago sería mucho menos controlable que México. Washington puede hacer presión sobre su inmediato vecino del sur reprimiendo o regularizando a los 4 millones (o más) de inmigrantes mexicanos sin papeles, cuyos envíos de dinero al país (unos 38.000 millones de dólares en 2003) superan los ingresos por turismo y equivalen a la mitad de las exportaciones mexicanas.

Por otra parte, Hugo Chávez apoyaba con entusiasmo al chileno Insulza: para Chávez, a la solidaridad "sudamericana" se añadía el hecho de que el presidente mexicano, Vicente Fox, es un amigo de George Bush; el gobierno mexicano había organizado la desestabilización del alcalde de izquierda de México D.F., Andrés Manuel López Obrador, candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD) a las elecciones presidenciales de 2006 17; y México había votado contra Cuba en la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas 18. Siguiendo las instrucciones del Departamento de Estado, los países que apoyaban a Flores comenzaron a hacer campaña en favor del mexicano Derbez.

Luego de cinco rondas de votación, ambos candidatos se mantenían codo a codo, con 17 votos cada uno (se requieren 18 para ser electo): Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay, Ecuador, Venezuela, República Dominicana y diez países del Caribe votaban por el chileno. El 2 de mayo debía realizarse una nueva consulta, pero en los días previos, y a pesar del gran esfuerzo hecho por Washington, la tendencia parecía ser favorable a Insulza. El desenlace tuvo lugar el 29 de abril, durante una reunión entre Condoleezza Rice y varios cancilleres (El Salvador, Paraguay, Colombia, Chile y Canadá) en la que también participaron Derbez e Insulza. Al cabo de ese encuentro, y ante la sorpresa general, el mexicano anunció que retiraba su candidatura.

"Condoleezza Rice comprendió que seguir apoyando a Derbez llevaba a un fracaso. De haber ganado con uno o dos votos de ventaja, el continente hubiera aparecido como dividido por culpa de Estados Unidos. Y si hubiera perdido, que era lo más probable, hubiera sido una gran derrota para Estados Unidos" 19, estimó Peter Hakim, director de Diálogo Interamericano, organización con sede en Washington. Fue en tales condiciones que, para salvar su imagen, Washington aceptó dejar la vía libre a Insulza, "candidato de consenso", que fue finalmente electo el 2 de mayo con 31 votos a favor (dos abstenciones y uno en blanco).

Evidentemente, y a pesar de esa maniobra de último momento, Estados Unidos aparece como el gran derrotado en esa consulta. Pero sería un error considerar la victoria del ex ministro del Interior chileno como la llegada del progresismo al frente de la organización continental. Según un diplomático que siguió de cerca las últimas negociaciones, "numerosos elementos indican que antes de ceder, Estados Unidos obtuvo ciertos compromisos, tanto de parte de Insulza como del gobierno chileno, particularmente en lo relativo a la política de la OEA respecto de Venezuela y de Cuba".

Dicho esto, y teniendo en cuenta que el "patio trasero" está políticamente más fragmentado que nunca, nada permite pensar que el nuevo secretario general tendrá las manos libres si por ventura decidiera imponer la orientación deseada por Estados Unidos.

  1. Laurent Tranier, "Religión y política en América Latina", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, abril de 2005.
  2. "Acepta tu situación. Ni siquiera en período de crisis económica el dinero hace la felicidad", Cromos, Bogotá, 20-12-1999.
  3. Carlos Gabetta, "La deuda social sigue impaga", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, mayo de 2005.
  4. El NAFTA (o TLCAN) reúne desde 1994 a México, Estados Unidos y Canadá.
  5. El Mercosur fue iniciado en 1994 por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, a los que se sumaron como países asociados Bolivia y Chile (1996), Perú (2003), Colombia, Ecuador y Venezuela (2004).
  6. Precursor, el Parlamento chileno aprobó en octubre de 2003 un TLC que entró en vigor en enero de 2004. El Salvador, Honduras y Guatemala ratificaron el CAFTA (aún no aprobado por el Congreso de Estados Unidos).
  7. Sally Burch, "Ecuador, ¿cambio de rumbo? ", Alai, Quito, 22-4-05.
  8. Hernando Calvo Ospina, "En las fronteras del Plan Colombia", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, febrero de 2005.
  9. Ignacio Ramonet, "Bolivia", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, noviembre de 2003.
  10. Argentina se enfrenta a 34 juicios en el seno del Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (Ciadi) del Banco Mundial; véase Raúl Zibechi, La Jornada, México, 1-4-05.
  11. Declaración ante el Congreso de Estados Unidos, 9-3-05.
  12. Generales Roberto Pizarro, segundo comandante y jefe del Estado Mayor Interarmas; Fabio García, jefe de Operaciones; Hernán Cadavid, jefe de Desarrollo; Jairo Pineda, inspector general del Ejército.
  13. Alusión a la política moderada del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva.
  14. La primera reunión Cuba-Venezuela para la aplicación de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), desarrollada el 28 de abril pasado en La Habana, profundizó la colaboración económica entre ambos países.
  15. La CSN reúne los países del Mercosur y la Comunidad Andina de Naciones (Bolivia, Colombia, Perú, Ecuador, Venezuela), además de Surinam y Guyana.
  16. L. Bilbao, "En busca de un lugar en el mundo", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, diciembre de 2004.
  17. López Obrador estaba siendo investigado por la justicia por la construcción de una rampa de acceso a un hospital sobre un terreno privado. La pérdida de su inmunidad parlamentaria por ese motivo irrisorio le impedía presentarse a la elección presidencial de 2006, para la cual es favorito según las encuestas. Considerando que esa operación era una maquinación político-judicial, un millón de mexicanos manifestaron en las calles el 24 de abril pasado. Esto hizo retroceder al gobierno, que para poner fin a la crisis destituyó al Procurador General de la República.
  18. Varios países latinoamericanos miembros de la CDH votaron a favor de la resolución presentada por Estados Unidos: México, Costa Rica, Guatemala y Honduras. Otros se abstuvieron: Argentina, Brasil, República Dominicana, Ecuador, Paraguay y Perú.
  19. BBC Mundo, Londres, 2-5-05.
Autor/es Maurice Lemoine
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 72 - Junio 2005
Páginas:11,12,13
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Ciencias Políticas, Nueva Economía, Política, Geopolítica
Países Estados Unidos