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Recuadros:

Tribulaciones de una economía dolarizada

¿Por qué el coronel Lucio Gutiérrez Borbua fracasó tan estrepitosamente? La economía ecuatoriana se presentaba estabilizada en un contexto internacional excepcionalmente favorable. El gobierno contaba con el apoyo de los organismos multilaterales de crédito y por cierto del gobierno de Washington, de quien el coronel, cuando apenas iniciaba su gestión en 2003, se había declarado públicamente “el mejor aliado”.

Es conveniente recordar que en la historia inmediata de Ecuador dos Presidentes fueron defenestrados a causa de problemas económicos que contribuyeron a minar su base de respaldo popular: Abdalá Bucaram, derrocado en 1997, y Jamil Mahuad en 2000, este último corresponsable de una de las mayores crisis que ha vivido este pequeño país andino.

El coronel Lucio Gutiérrez y los economistas ortodoxos, resaltando los "importantes avances en la economía", desplegaron una multimillonaria campaña mediática para apurar las reformas estructurales. Con orgullo, recordaba el coronel que en los dos últimos años de su gestión no ha habido "paquetazo" fiscal 1, y clamaba a los cuatro vientos que consiguió reducir la inflación a niveles internacionales, al tiempo que se aprestaba reingresar al país en el mercado financiero internacional, de donde quedó marginado luego de la moratoria de 1999 2.

Voceros vinculados a los círculos de poder repiten que por fin la economía ha encontrado un rumbo saludable, en especial porque la inflación llegó al 2,7% de promedio anual en 2004. No hay duda de que confunden estabilidad macroeconómica con reducción de la inflación. Al afirmar que uno de los grandes logros es haber abatido la inflación a niveles internacionales, desconocen, en primer lugar, que esta disminución, conseguida luego de un largo proceso desinflacionario (Cuadro 1), se consiguió sacrificando las políticas monetaria, cambiaria y financiera. Pero lo que es más preocupante, no dicen (o no saben) que la verdadera estabilidad significa el máximo nivel de producción y empleo sostenibles en el tiempo, para que la economía pueda enfrentar los choques externos sin mayores sobresaltos.

Si se aceptan los criterios ortodoxos, Argentina, que incluso registró un índice de precios negativo, estuvo bastante "estable" antes de la peor crisis de su historia, en 2001. Bolivia, con índices inflacionarios bajísimos, tampoco ha conseguido una verdadera estabilidad y las consecuencias de ese manejo económico están a la vista. El abatimiento de la inflación en Ecuador es fruto de la dolarización impuesta en enero de 2000, que ha provocado enormes costos sociales y claras tendencias recesivas en el sector no petrolero de la economía. Debe recordarse que la reducción de la inflación se ha logrado luego de alcanzar uno de los niveles de precios más altos de América Latina, con el consiguiente incremento de los problemas sociales y pérdida de competitividad.

Es que en relación al crecimiento económico, no todo lo que brilla es oro. Toda América Latina está creciendo (5,5% en 2004), gracias a las buenas condiciones externas, básicamente la recuperación económica de varios países desarrollados, en un contexto de bajas tasas de interés. Ecuador se ubica en el cuarto puesto de crecimiento regional, después de Venezuela, Uruguay y Argentina. Pero si se deja de lado el crecimiento petrolero, fruto del funcionamiento de la actividad coyuntural de las empresas privadas cuyo beneficio para la población es muy marginal, Ecuador se ubica entre los países de menor crecimiento de la región, superando solamente a Haití, República Dominicana y El Salvador (otro país dolarizado).

Este magro crecimiento de la economía no petrolera se refleja en cifras preocupantes en los diversos sectores del aparato productivo; por ejemplo, la recesión en el agro. Esto demuestra, en realidad, el fracaso del manejo económico en un entorno internacional irrepetible: altos precios del petróleo, récord en remesas de emigrantes, bajísimas tasas de interés internacionales, elevado crecimiento de la economía de Estados Unidos, incluso depreciación del dólar, sin mencionar el flujo de narcodólares...

Gracias a los altos precios del petróleo, y después de tres años de déficits comerciales consecutivos, en 2004 se registró un superávit algo superior a los 250 millones de dólares, de todas maneras menor a los usualmente obtenidos por el país antes de la dolarización, incluso con precios del petróleo mucho menores. Pero si se deja fuera el petróleo, el déficit de la balanza comercial supera los 3.200 millones de dólares, cifra descomunal, la mayor de todo el período dolarizado, cinco veces superior a los promedios de los noventa. Este descalabro externo no podría ser sostenido sin las remesas de emigrantes y los altos precios del petróleo.

Las tasas de interés no se han reducido, como afirman quienes quieren vender la idea de una economía estabilizada. En realidad, las tasas de interés reales, esto es, las tasas de interés nominales menos la inflación, así como el margen real entre las tasas activas y pasivas, se han incrementado. Esto es una de las causas directas del quiebre de amplios segmentos del sector productivo (cuyo comportamiento sí obedece a las tasas de interés reales), de la explosión del crédito de consumo (cuyo comportamiento se debe en gran medida a las tasas de interés nominales) y del incremento de las utilidades de la banca.

En esta línea de inexistentes logros, se ha resaltado la estabilidad de las cuentas fiscales. Quienes defienden el rumbo de la economía no mencionan que en 2004 el pueblo ecuatoriano fue obligado a realizar un ahorro forzoso para tener un superávit fiscal primario (que calcula ingresos y egresos fiscales, sin el servicio de la deuda) de más del 2% del PIB, o sea más de 700 millones de dólares; recursos que faltan para la inversión pública, así como para la atención de las enormes y tan postergadas demandas sociales.

En realidad, el país no sobrevive gracias a la política económica "ortodoxa, conservadora y prudente", sino a pesar de ésta y de la dolarización. Lo que siente la población -falta de trabajo, carestía de la vida, desnutrición, migración, etc.-, es lo que realmente muestra la economía cuando se utilizan los indicadores económicos de una manera competente y honesta, y no simplemente para hacer propaganda barata como la que hizo el coronel, con el apoyo de los autodenominados economistas "ortodoxos, conservadores y prudentes".

 Travesuras económicas

 Después de un nuevo y moderado ajuste fiscal a inicios del año 2003, es cierto que el gobierno del coronel Gutiérrez no alteró los precios y las tarifas de los bienes y servicios públicos, por ejemplo el sensible precio de la gasolina o el gas de uso doméstico. Esto fue posible gracias a los cuantiosos ingresos petroleros y, en particular, porque el costo de los servicios públicos ha alcanzando niveles similares o superiores a los existentes en países vecinos, difíciles de superar cuando la dolarización ha exacerbado los costos de producción.

Pero eso no fue todo. El coronel desplegó un manejo fiscal austero cuyo saldo sintetiza un descomunal y sui generis "paquetazo", justo cuando se registran los precios del petróleo más elevados de las últimas décadas en un ambiente externo muy alentador. El "paquetazo" del coronel, quien firmó una Carta de Intención con el FMI apenas inició su gestión y acordó días después un programa de reformas estructurales con el Banco Mundial (CAS), afloró con fuerza por el lado de la inversión social, que fue drásticamente recortada, pasando en educación de 638 millones de dólares en 2003 a 464 millones de dólares en 2004 (esto explica por qué la mitad de las escuelas en la costa ecuatoriana no están aptas para iniciar el año lectivo 2005 y por qué cientos de miles de niños no acceden a las aulas); en salud de 323 a 211 millones de dólares (razón que justifica el paro médico que cumplió dos meses cuando se fugó el coronel, quien no estaba dispuesto a transferir 15 millones de dólares que adeudaba a los galenos para no afectar las cuentas fiscales...); y, en desarrollo agropecuario, de 151 millones a 71 millones de dólares (por eso también el agro se hunde en franca recesión). El monto transferido para inversiones sociales apenas sumó 746 millones de dólares, mucho menos de la mitad de las remesas de los y las emigrantes -1.604 millones de dólares en 2004-, frente a quienes el coronel no desplegó una política clara de respaldo y de apoyo, sino todo lo contrario.

Como contrapartida de tanta austeridad para con el pueblo, la puntualidad y la eficiencia del coronel fueron la norma en el servicio de la deuda pública, particularmente la externa: en 2003 se pagaron 2.370 millones y en 2004, 3.795 millones, lo que representa un incremento del 60%. El coronel se vanagloriaba de haber bajado la deuda externa en unos cuantos cientos de millones de dólares (Cuadro 2) 3, gracias a que cumplió con todos los pagos estipulados echando mano de los fondos de las cajas de jubilación.

Tanta austeridad explica el incremento del desempleo abierto, que pasó del 8% al 12%; realidad que permite comprender la facilidad que tenía el gobierno para movilizar grupos de desempleados, contratados para aplaudir al coronel o para atacar a sus contrarios... Todo esto revela el sacrificio a que es sometida la población ecuatoriana para sostener el servicio de la deuda externa. Para lograrlo se estableció un esquema destinado a separar gran parte de los ingresos petroleros del resto de la economía. Así se obtiene que el grueso de los ingresos petroleros vaya al pago de la deuda, manteniendo elevadísima la cotización de los Bonos Global, para beneficio de los acreedores internacionales y nacionales.

 Al servicio de los acreedores

 La política económica del coronel logró incrementar sustantivamente la cotización de los Bonos Global a 12 años, los que con una tasa de interés del 12%, por un monto de 1.250 millones de dólares de valor nominal, se cotizaban al 60% cuando el coronel Gutiérrez empezó su gestión; a fines de 2003 ya superaban el 100% de su valor nominal. La cotización de los Bonos Global a 30 años, con una tasa de interés que tendría que llegar en un par de años al 10%, por un monto de 2.700 millones de dólares, pasó de un 48% al 85% en el primer año de su régimen. Sólo el incremento en la cotización habría representado una utilidad total que fluctuaría entre los 1.200 y 1.400 millones de dólares.

El objetivo final asoma con claridad: el coronel buscó satisfacer las exigencias de los acreedores y de paso mejorar la imagen del país en el mercado financiero mundial para poder continuar contratando créditos externos, pues la posibilidad de acceder a dichos créditos internacionales con mayor agilidad sería uno de los requisitos para seguir financiando una economía dolarizada, sobre todo en épocas de crisis.

Para consolidar estos "logros", el coronel no dudó en crear y reformar leyes -además de cambiar metodologías de cálculo- para limitar el gasto, convertir ciertas asignaciones en rígidas y reducir artificialmente los ingresos del Presupuesto desviando los excedentes del precio del petróleo hacia fondos de estabilización, entre otras medidas. Así por ejemplo, presupuestó los ingresos petroleros fijando un precio estimado del barril de crudo en un valor muy por debajo de lo que sería una expectativa objetiva de la realidad. En los años 2003 y 2004, se fijó en 18 dólares por barril, cuando el barril de Crudo Oriente se cotizó sobre los 30 dólares en promedio. Esta diferencia se desvía del Presupuesto y pasa a financiar el Fondo de Estabilización Petrolera, y de éste, el 45% va a un segundo fondo: el Fondo de Estabilización, Inversión y Reducción del Endeudamiento Público (FEIREP). Consecuentemente, en 2004 la cuenta de ingresos del fondo de ahorro petrolero superó con creces las expectativas y el FEIREP cerró con un excedente del 55%. En efecto, en lugar de los 292 millones de dólares presupuestados, se recaudaron 638 millones (alrededor del 2% del PIB).

Dos razones explican este importante incremento. La primera, ya explicada, la fijación de un precio estimado ridículamente bajo en un mercado con elevados precios del petróleo. La segunda se origina en lo siguiente: la ley estipula que el FEIREP se financie con ingresos que le corresponden al Estado provenientes del petróleo de las compañías privadas transportado por el Oleoducto de Crudos Pesados (OCP). Sin embargo, vía decreto, en contra de la ley, el coronel autorizó que el FEIREP se alimentara también del crudo pesado de participación estatal (que constituye un importante volumen del petróleo que se extrae), sin importar por qué oleoductos se transporte, sea por el OCP o por el Sistema del Oleoducto Transecuatoriano (SOTE). Por si esto fuera poco, el 24-12-03, el coronel, con su primer ministro de Economía, Mauricio Pozo, promulgó un decreto redefiniendo la calidad del crudo pesado, de 18 grados API a 23 grados API. Eso quiere decir que si antes el FEIREP se alimentaba de los ingresos provenientes del crudo de hasta 18 grados transportado por el OCP, ahora se alimenta con los ingresos provenientes del crudo de hasta 23 grados; esto amplió el volumen del crudo pesado.

Con respecto a los gastos, en la Ley Orgánica de Responsabilidad, Estabilización y Transparencia Fiscal, expedida un año antes de que inicie su gestión el coronel, se estableció entre otras cosas que el gasto fiscal real no puede incrementarse sobre el 3,5% anual más el deflactor del PIB. De esta manera, sin importar incluso ingresos extras que pudiera obtener el Estado (por ejemplo una donación externa), la ley establece que no se puede aumentar el gasto público. Nótese que esto le pone un freno automático a la inversión social. Según un estudio de UNICEF 4, si se hubiera seguido indefinidamente por este rumbo Ecuador habría tardado 47 años en alcanzar el nivel de inversión social per capita promedio de América Latina: 540 dólares, frente a los 130 dólares de la actualidad.

Tanto entreguismo resultó indignante, del mismo modo que el servilismo del coronel con Washington, al involucrar cada vez más a Ecuador en el Plan Colombia y alentar con entusiasmo la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC). Igualmente molestó su sumisión ante todos los grupos oligárquicos, a los que sirvió en forma secuencial, pero obsecuente, a pesar de que por momentos confundía a la opinión pública con sus prácticas clientelares y su discurso antioligárquico...

La sumatoria de todos estos factores condujo al derrocamiento del coronel Gutiérrez el 20 de abril pasado. Sobre todo porque amplias capas de toda la sociedad de Quito, en forma espontánea, reaccionaron con la denominada "rebelión de los forajidos", en contra de los atropellos mencionados y de las continuas violaciones a la Constitución, inclusive a los derechos humanos, en que incurrió el coronel.

Lucio Gutiérrez resultó un impostor, si se recuerdan ofrecimientos y compromisos de su campaña electoral, y su caída vino acompañada del reclamo de "Que se vayan todos", la consigna de la sociedad argentina que en 2001 derrocó al presidente Fernando de la Rúa. Una exigencia que no sólo apunta a una nueva política y a nuevos actores políticos, sino que clama por un cambio de rumbo profundo en el manejo económico, que implique dejar de organizar la sociedad y la economía alrededor de las demandas del capital, para poner al ser humano en el centro de la acción pública. Una tarea nada fácil, pero que podría comenzar si se cristalizan los cambios que se anuncian desde el Ministerio de Economía del nuevo gobierno.

  1. Se llama así al incremento de los precios y tarifas de los bienes y servicios públicos, con el que los gobiernos procuran recaudar recursos fiscales para atender las demandas externas y además restablecer los valores deteriorados por la inflación.
  2. En 2000, Ecuador superó la moratoria canjeando los Bonos Brady por Bonos Global, en una negociación a todas luces muy negativa para el interés nacional.
  3. Mientras se estabilizó e incluso se redujo la deuda externa pública, ha crecido vertiginosamente el endeudamiento externo privado (Cuadro 2).
  4. UNICEF en ILDIS, Análisis de coyuntura económica - Una lectura de los principales componentes de la economía ecuatoriana durante el año 2004, Quito, 2005.

Golpe fallido en México

Vigna, Anne

El hombre amenazado con la cárcel y por eso mismo apartado de las próximas elecciones presidenciales de 2006, en las que las encuestas lo dan como favorito, fue devuelto a la vida pública por la población cuando el 24 de abril pasado un millón de mexicanos salieron a manifestar en las calles.
Ante la amplitud de la reacción, el poder tuvo que dar marcha atrás: el 27 de abril el presidente Vicente Fox destituyó al procurador general de la República, Rafael Macedo de la Concha, que reprochaba a López Obrador no haber aplicado una decisión judicial que ordenaba detener la construcción de un camino de acceso a un hospital en un territorio expropiado. Fox, que había celebrado “el funcionamiento ejemplar de la justicia” cuando una votación en el Congreso destituyó al alcalde, tuvo que anunciar la revisión judicial del caso y tranquilizar a la población en el sentido de que “en 2006 se celebrarán elecciones presidenciales libres y democráticas”.
Tres días antes del súbito cambio de opinión del Presidente, un juez se había negado a emitir una orden de detención contra López Obrador, porque no se podía probar la responsabilidad del alcalde. La inconsistencia del procedimiento judicial era notoria, y varios juristas habían advertido contra la “acrobacia” legal que buscaba eliminarlo, tanto más cuanto que el 80% de los mexicanos la desaprobaba. El equilibrio de la justicia se inclinó definitivamente a favor de Obrador ante la insurgencia de la sociedad.
Los promotores del apartamiento del alcalde habían previsto una reacción viva pero pasajera en la capital de México, escasa reacción nacional y nula internacional. En todo caso no imaginaron que la cuestión sería objeto de una sesión del Parlamento europeo, ni las protestas en capitales del exterior, ni la denuncia de la maniobra en la prensa internacional 1. Al parecer, Fox tampoco había previsto que él mismo, Presidente del “gobierno de cambio”, ya no podría desplazarse, ni siquiera los fines de semana, a su rancho de Guanajuato, sin toparse con anónimos llevando pancartas que decían: “Fox, traidor a la democracia”.
“Este episodio político-judicial ha puesto en evidencia que el PAN está más animado por una ética de derechas que por valores democráticos”, analiza Lorenzo Meyer, profesor de historia política en el Colegio de México. “Acaba de perder todo el crédito que había ganado en 2000. En cuanto al PRI, no hay ninguna novedad: nunca fue un partido democrático, y se desacreditó un poco más por no haber cambiado”.
La “farsa”, como la llaman los mexicanos, se volvió finalmente contra sus autores. Para los dos grandes partidos, se trataba de evitar que sus muy probables candidatos en las elecciones presidenciales, el actual ministro del Interior Santiago Creel por el PAN y Roberto Madrazo, presidente del PRI, ambos implicados en el intento de evicción del alcalde, se convirtieran en sus víctimas. En vano. En el seno del PRI los opositores de Roberto Madrazo lo atacaron violentamente: “Querer eliminar a un candidato molesto revela falta de coraje político”, comentó la senadora María Dulce, ex presidenta del partido. También se intensificaron las críticas dentro del PAN, aun cuando sus miembros cerraron filas tras el Presidente.
Político hábil, López Obrador reveló en cambio todo su talento en la maniobra que finalmente favoreció su imagen y su consigna: “Para el bien de todos, los pobres primero”. Siempre repitió que no se opondría a su encarcelamiento, y se negó a pagar la fianza 2. “Transmitió la imagen de un hombre que lucha contra los poderosos”, estima el periodista Homero Campa. “El episodio le dio un prestigio considerable ante la población desfavorecida, por supuesto, pero también ante la clase media”.
Él, que no dispone de los recursos del PRI y el PAN en 2006, ya “financia” su campaña con el prestigio sacado de sus “desdichas”. Su punto débil –su desconocimiento de cuestiones diplomáticas y del mundo– acaba de ser compensado por su llamativa aparición en la sección internacional de los diarios. En suma, consolidó su popularidad ante los adversarios que creyeron ver su salvación en una irrisoria vía de acceso a un hospital.

  1. Entre ellos un mordaz editorial de The New York Times, del 7-4-05: “Dejen votar a los mexicanos”.
  2. Mientras que López Obrador siempre se opuso a que alguien pagara su fianza, dos diputados del PAN, Gabriela Cuevas y Jorge Lara, estaban dispuestos a hacerlo para “evitar que vaya preso y se convierta en mártir”. Al negarse al compromiso, López Obrador reveló el monto del asunto que envenena a México: “El delito que no cometí, el acceso al hospital, vale apenas 200 pesos (150 euros)”.


Autor/es Alberto Acosta
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 72 - Junio 2005
Páginas:16,17
Temas Ciencias Políticas, Desarrollo, Mundialización (Economía), Neoliberalismo, Nueva Economía, Política, Política internacional, Economía
Países Estados Unidos, Ecuador