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Recuadros:

El pez grande se come al chico… ¿siempre?

Las agriculturas de Argentina y Brasil se encuentran sometidas a un proceso de cambio tecnológico permanente. El “boom” de la soja 1 es un hecho incontrastable que atrajo la atención mundial. Pero la agricultura industrial no soluciona la conflictiva situación de millones de personas: pequeños y medianos agricultores, campesinos y poblaciones indígenas que ya sea por escala, capacidad financiera, pautas culturales, formas de vida o un modelo propio de quehacer rural no cuadran en el modelo intensivo. Ausencia de planes en el gobierno argentino.

"Las fortunas agigantadas en

pocos individuos, no son sólo

perniciosas, sino que sirven de

ruina a la sociedad civil."

Mariano Moreno, Plan Revolucionario de Operaciones, 1810

Ningún sistema basado en una monocultura es sostenible si no se lo aborda bajo prácticas agronómico-productivas integradoras en el uso de los recursos. Estas prácticas deben generar un equilibrio dinámico en el agroecosistema y considerar al factor social como parte importante. La "Revolución Verde" (la intensificación de la agricultura en Sudamérica desde los '50) trajo consigo notables cambios productivos, pero también sociales y ambientales. Esta primera fase de la revolución agroindustrial fue muy criticada por sus serios y comprobados impactos ambientales. Hoy, nuevamente, la agricultura industrial parece incapaz de resolver correctamente la cuestión ecológica y la problemática social rural. Menos aun el acceso a los alimentos de los crecientes sectores pauperizados de las ciudades.

Análisis recientes sobre algunas cadenas agroindustriales y su ocupación laboral 2 han demostrado que no existe una recuperación del sector primario rural; por el contrario, la situación continúa agravándose. En Argentina, "El campo es fundamentalmente expulsor de población, porque como se tecnifica, requiere menos trabajo y por tanto menos población (...) la población activa agropecuaria, la que verdaderamente trabaja en el campo disminuyó: pasó de 1.600.000 a 900.000" 3. Es llamativo el pensamiento de la agroindustria y de los economistas neoliberales sobre la colocación de esta mano de obra rural desocupada: "En el futuro, la población económicamente dependiente de la agricultura tendrá que continuar disminuyendo (...). Sin embargo, esto no debe significar el vaciamiento del campo, sino una revalorización del medio rural que implica tanto la articulación de las actividades agrícolas con otras actividades productivas en el medio rural como una mayor vinculación del desarrollo rural con los pequeños centros urbanos" 4. No se indica la forma en que se reinsertarían los millares de desplazados, ni se analiza en términos de valor el aporte a la estabilidad y la seguridad alimentaria de la agricultura de base familiar.

Mientras en las últimas dos décadas, la tendencia del PBI agropecuario de la mayoría de los países latinoamericanos fue positiva y creciente en algunos de los productos exportables (soja, maíz, carnes, trigo), la pobreza y la indigencia rural pasaron de 73 a 78,2 y de 39,9 a 47 millones de personas, respectivamente 5.

Pero si la agricultura industrial no acerca una solución concreta a los problemas de pobreza, desarrollo rural ni seguridad alimentaria, la agricultura familiar es posible que lo haga: "Ese vínculo estructural puede construirse a partir de los agricultores familiares. Y en torno al derecho a la alimentación, se puede alcanzar la seguridad alimentaria sustentada además como expresión territorial de derechos ciudadanos" 6. "La agricultura familiar es reproductora de una cultura... Nosotros de ninguna manera consideramos que la agricultura nacional deba valorarse por su rentabilidad económica, sino que tiene gran importancia social", resalta el subsecretario de Agricultura uruguayo 7.

En Brasil, el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva no podía abordar desde el Ministerio de Agricultura existente las demandas y los compromisos asumidos respecto a la reforma agraria, el desarrollo rural, la generación de renta local, la seguridad alimentaria y por tanto, de la lucha frontal contra el hambre. Decidió entonces conformar uno nuevo, el Ministerio de Desarrollo Agrario (MDA), fuerte en términos de recursos y abocado al compromiso social.

La nueva política va dando resultados: a pesar de lo mucho que se ha hablado sobre la aparente ineficiencia de las producciones familiares, "en 2003, el PBI de la agricultura familiar creció en Brasil un 14,31% respecto del año anterior; mientras que el de la agricultura industrial lo hizo el 11,08%" 8. Cerca de 4 millones de personas viven en pequeñas chacras (el 84% de los establecimientos rurales brasileños). La agricultura familiar genera el 24% de la producción de bovinos de carne; el 52% de leche; el 58% de cerdos; el 40% de aves y huevos. Responde también por el 33% de algodón; 31% de arroz; 72% de cebolla; 67% de poroto; 97% de tabaco; 84% de mandioca; 49% de maíz; 32% de soja; 46% de trigo; 58% de banana; 27% de naranjas; 47% de uvas; 25% de café y 10% de azúcar 9. En conjunto, los establecimientos con base en la agricultura familiar aportan casi el 40% del valor total de la producción, mientras ocupan solamente el 30,5% del área agrícola total disponible y ¡absorben el 76,9% de la mano de obra ocupada por el sector agropecuario! Actualmente disponen del 25,3% del financiamiento para actividades productivas.

Reforma y agroecología

En Argentina, los datos disponibles, menos actualizados, muestran también la importancia de las pequeñas explotaciones agropecuarias (PPA). Estas unidades de base agrícola familiar, a principios de los '90 aún aportaban el 27% de los cereales; 26% de oleaginosas; 13% de legumbres; 36% de hortalizas; 42% de aromáticas; 19% de frutales; 18% de bovinos; 42% de porcinos y 49% de caprinos 10. Esta producción familiar agropecuaria constituye un heterogéneo universo que incluye desde familias que producen para el autoconsumo hasta unidades muy capitalizadas. La heterogeneidad, la falta de recursos y el escaso interés estatal imposibilitan una cuantificación actualizada adecuada y un diagnóstico preciso sobre esta fracción de la actividad rural argentina.

El 11-11-04 se inauguró en Brasilia la primera Feria Nacional de Agricultura Familiar y Reforma Agraria de Brasil. El ministro de Desarrollo Agrario, Miguel Rosseto, declaró allí que ésta simbolizaba "el trabajo de millones de hombres y mujeres que viven en el medio rural".

Muchos de los productos allí comercializados provienen de los asentamientos de la reforma agraria y "están representando un nuevo e importante hecho en la historia reciente de la lucha por la democratización del acceso a la tierra en Brasil. En cuanto a la producción agropecuaria, uno de los principales cambios traídos por los asentamientos se refiere a la oferta en el mercado local de una mayor diversidad de productos, especialmente en áreas donde había monocultura o ganadería extensiva" 11. "En muchos casos, las familias rurales manifiestan una mejora sustancial en las condiciones de vida, producción y trabajo, junto al acceso a una vivienda y nuevas relaciones comunitarias" 12.

Las áreas de asentamiento de la Reforma Agraria no sólo se circunscriben a espacios de ocupación territorial y productiva, sino que reciben un creciente apoyo para la creación de centros de capacitación que concilian los objetivos de la reforma con la conservación y el uso sustentable de los recursos naturales. En 2004 recibieron alrededor 1,5 millones de dólares para crear 20 centros de manejo de la agrobiodiversidad.

En Brasil el objetivo de alcanzar la seguridad alimentaria y nutricional se plantea también desde la búsqueda de una mejor remuneración a la producción de alimentos básicos (muchos aportados por los pobres rurales) y una demanda para la reconversión de los sistemas convencionales de agricultura hacia aquellos con base en los principios de la agroecología 13, que implican una menor dependencia de insumos externos (fertilizantes, agroquímicos, combustible), muy costosos para los pequeños agricultores. "La agricultura familiar es más apropiada para el establecimiento de estilos de agricultura sustentables, por su mayor ocupación de mano de obra y diversificación de cultivos y producción animal, propias a esta forma de organización de la producción, así como por su mayor capacidad para rediseñar agroecosistemas más acordes con la sustentabilidad, es decir, más estables ecológicamente" 14.

El gran desafío que Brasil enfrenta en lo inmediato es cumplir el objetivo del Programa Hambre Cero y producir los alimentos de la canasta básica para los 44 millones de personas que hoy no pueden costearla. Al concentrarse la agricultura de exportación en productos que no forman parte de esa canasta, muchos de estos alimentos ya no se producían en cantidad suficiente. Por tanto, la agricultura familiar tendrá un peso relevante en el incremento de una producción que hoy no alcanza para alimentar adecuadamente a todos los ciudadanos (ver cuadro "Programa..."). En 2002, Brasil importaba 780.000 toneladas de arroz en cáscara y 450.000 de maíz. Actualmente podría verse obligado a importar más arroz, trigo, poroto, batata y leche para atender la demanda de los 170 millones de habitantes, como se propone el Programa Fome Zero.

Falta de un desarrollo integral

Al contrario que en Brasil, en Argentina los alimentos no faltan, pero el problema consiste en que más de la mitad de los ciudadanos no tiene recursos para acceder a ellos; tampoco las capacidades, el conocimiento o la tierra para generarlos. "No hay faltas en la canasta básica de alimentos y la mayoría de las necesidades nutricionales en términos de carne, leche, cereales, granos, legumbres, frutas y hortalizas podrían ser satisfechas" 15.

Otra diferencia con Brasil es la forma en que se ha abordado la cuestión del desarrollo rural. Mientras en Brasil emergen instituciones en el más alto nivel para enfrentar esta triple situación de generación de alimentos, estabilización e inclusión de los pequeños agricultores que los producen y acabar con el hambre, en Argentina no hay institución alguna semejante. Peor aun, en los últimos 20 años se fueron anulando programas y organismos que fomentaban el desarrollo rural.

Un documento de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación de la Nación (SAGPyA) señala: "La política de desarrollo rural está orientada a favorecer la inserción de los pequeños y medianos productores en el agro y en la economía nacional, y por esta vía, contribuir al alivio de la pobreza en las áreas rurales" 16. Los programas de Desarrollo Rural que se ejecutan en el ámbito de la SAGPyA 17, junto a otros regionales y provinciales se han focalizado en el ataque contra la pobreza rural (PSA, PROINDER, PRODERNEA, Minifundio); el rescate de la alimentación básica (Prohuerta) o la reconversión productiva (para pequeñas y medianas empresas agropecuarias). Estos programas, con altos y bajos durante los últimos años, aseguran la atención en promedio de 6.300 productores nucleados en 633 grupos del Programa Cambio Rural; 9.685 familias que integran 73 proyectos del Programa Minifundio; 2.541 familias integrantes de 52 proyectos Profam; 3.039.078 personas que a través del desarrollo de 458.477 huertas familiares, 7.824 huertas comunitarias y 6.752 huertas escolares se nuclean bajo el importante accionar del Prohuerta 18.

A ello se suma el trabajo provincial 19 o el interesante trabajo municipal, como en el Municipio de Rosario. Otras provincias se han planteado el desarrollo de planes rurales más integrados que atacan las marcadas desventajas de la calidad de vida de la población rural, pero la mayoría carece de políticas en este sentido. La participación de ONG de fomento al desarrollo rural, de acción regional, con financiación propia o proveniente de grandes organizaciones, colabora también en paliar la pobreza en los sectores rurales afectados.

Sin embargo, no resulta claro qué se entiende en Argentina por Desarrollo Rural Sustentable. No se conoce hasta ahora una propuesta sobre un Plan Nacional Integrado de Desarrollo Rural. Un programa de esta índole debería diseñar las políticas que fomenten el desarrollo rural integrado y la soberanía alimentaria del conjunto social, hoy claramente desarticulados, con la participación de todos los sectores sociales (especialmente de la familia que vive en el campo o en los pueblos rurales). Es bien sabido que la dispersión de instrumentos, al margen de sus logros puntuales, genera costos ineficientes, propicia la corrupción y promueve la disputa entre burocracias estatales y provinciales.

Una política de apoyo y fomento a la producción rural familiar, cuya continuidad sea garantizada por ley y, por ende, social y democráticamente discutida, puede convertirse en el núcleo de un Programa Unificado de Fomento a la Agricultura Familiar. Los recursos para un plan de esta índole estarían fácilmente disponibles y podrían provenir en parte del sector agroindustrial, que se beneficia en exceso de la plusvalía de los precios internacionales de ciertos productos. La promoción de la acción asociativa y cooperativa, la transferencia de nuevos procesos y formas de trabajo, conocimiento y tecnologías específicas para el desarrollo de la agricultura familiar son factores importantes.

Unión transversal

El fomento a la agricultura familiar implica una importante movilidad de recursos económicos, que en Brasil han sido dispuestos. El Programa Nacional de Fortalecimiento de la Agricultura Familiar del MDA de Brasil tiene por objeto brindar apoyo técnico y financiero. De una inversión insignificante en 1994/1995 -10 millones de reales- se pasó con el nuevo gobierno a una inversión de 4.500 millones en 2003/2004 y un presupuesto de 7.000 millones en 2004/2005. El objetivo de este año es firmar 1.800.000 contratos y acercar a 350.000 nuevos agricultores familiares por primera vez al crédito rural.

En esta estrategia sería también relevante fortalecer una política de infraestructura que no sólo pase por una integración periferia-centro (como las ferrovías inglesas del siglo pasado, hoy devenidas en nuevos impulsos hacia las hidrovías: Tocantis-Araguaia o Paraguay-Paraná, por ejemplo), sino que generen un proceso de integración transversal, de unión de pueblos con pueblos, hoy desarticulados o incomunicados. No es necesario recordar que las condiciones de asistencia sanitaria, tanto para la familia rural como para los asalariados del campo deben mejorarse (una asignatura pendiente tanto en Brasil como en Argentina). "La encuesta de PROINDER (Argentina) indica que el 60% o más de los asalariados agropecuarios no contaba con cobertura sanitaria alguna para sí o sus familias" 20.

En un plan de desarrollo rural es preciso revisar la incumbencia de políticas equitativas para asegurar el acceso a los recursos naturales necesarios para sostener los medios de vida adecuados de la familia rural incluyendo, según sea el caso, una reforma agraria u otros mecanismos que aseguren el acceso a la tierra.

Un proyecto modernizador del medio rural implica transformaciones importantes, que pueden también producir disrupciones sociales. Mientras en Brasil la demanda por el acceso a la tierra viene siguiendo un dilatado proceso de avances y retrocesos y ha integrado a sus objetivos la demanda por una agricultura familiar que desea pervivir, en Argentina, la única organización importante que ha presentado estas demandas de acceso a la tierra o a su regularización ha sido la Federación Agraria. No sólo es importante el acceso a la tierra, sino que los productores alcancen niveles estables de producción y se genere un proceso de transición que les permita acceder a los mercados. A este objetivo se deberían sumar medidas que fortalezcan las relaciones productores-consumidores (redes de confianza), circuitos cortos de mercancías (ferias locales), comercio solidario (productos ecológica y socialmente justos), así como una importante participación institucional que desde el gobierno fomente compras de alimentos para comedores, meriendas escolares, guarderías, hospitales y organismos públicos, directamente a los productores familiares o sus cooperativas.

Pero mientras esto sucede con parsimonia, la agricultura industrial, el paradigma imperante de "cómo hacer agricultura" en el siglo XXI, demanda cada día nuevas tierras, que provienen en parte de la apertura de la nueva frontera agrícola y, por otro lado, del desplazamiento de pequeños y medianos agricultores. Los nuevos grandes empresarios del sector rural argentino, junto a los pools de siembra (grupos económicos nacionales y extranjeros que con alta capacidad financiera arriendan campos en distintas regiones y mejoran, por escala, la rentabilidad de la inversión), administran estos recursos de manera totalmente diferente a los agricultores de base familiar. El papel del Estado es insustituible en la disputa por la tierra y por la forma de explotarla, ya que conciliar las demandas de pequeños y grandes productores en bien del interés nacional no es un asunto que pueda resolver el mercado. Sin su presencia, sin programas y sin los recursos necesarios, la agricultura familiar se hallará a la deriva.

El desarrollo rural sustentable depende indefectiblemente del desarrollo local, que tanto para Argentina como para Brasil debería implicar una importante ocupación territorial. Es imposible asegurar gobernabilidad con "grandes territorios vacíos". En Argentina 16.600.000 hectáreas son ya propiedad extranjera, en su mayor parte dedicadas a la agroexportación de lanas, soja, algodón, maderas. De estos espacios han sido expulsados miles de pequeños y medianos agricultores, campesinos e indígenas.

Nuevamente el dilema. De la mano del paradigma global de los '90, la agricultura industrial se está imponiendo, pero a costos ambientales y sociales que si se incorporasen a las estadísticas 21 demostrarían la insustentabilidad de una buena parte del modelo productivo. La ciencia y la tecnología agropecuaria, socialmente apropiables, deberían estar a la altura de las demandas y necesidades de todos los agricultores, pequeños, medianos y grandes.

La agricultura familiar 22, no fue abandonada a su suerte por las economías desarrolladas y no debería serlo tampoco en naciones como las nuestras. Además de producción, ambiente y cultura, lo rural implica ocupación efectiva del territorio.

  1. Andrea Schulte-Brokohoffe, "Soja. Después del ‘boom', ¿qué?".
  2. Juan Llach, Marcela Harriague y Ernesto O'Connor, "La generación de empleo en las cadenas agroindustriales", Fundación Producir Conservando, Buenos Aires, mayo de 2004.
  3. Horacio Giberti, entrevista de Mabel Thwaites Rey: "Una buena cosecha no basta para asegurar el desarrollo", Clarín, Buenos Aires, 9-2-03.
  4. FAO, "Los nuevos instrumentos de política agrícola y la institucionalidad rural en América Latina", México, 2000.
  5. CEPAL, "Panorama Social de América Latina", Santiago de Chile, 1999.
  6. Gustavo Gordillo, "Seguridad alimentaria y agricultura familiar", Revista de la CEPAL, Nº 83, Santiago de Chile, agosto de 2004.
  7. Ernesto Agazzi, subsecretario del MGAP. Declaraciones a Dinámica Rural, 21-12-04.
  8. IPE, USP, "PIB das cadeias produtivas da agricultura familiar", diciembre de 2004.
  9. Ministerio do Desenvolvimiento Agrario (MDA), consulta del 20-1-05.
  10. Carlos Carballo et al., "Articulación de los pequeños productores con el mercado: limitaciones y propuestas para superarlas", Serie Estudios e Investigaciones, Nº 7. SAGPyA, Buenos Aires, 2004.
  11. Sergio Leite et al., Impactos dos Assentamentos. Um estudo sobre o Meio rural Brasileiro, Núcleo de Estudos Agrarios e Desenvolvimiento Rural (NEAD), Brasilia, 2004.
  12. Leonilde Medeiros y Sergio Leite, Assentamientos rurais. Mudanca social e dinamica regional, Mauad Editora, Rio de Janeiro, 2004.
  13. Francisco Caporal, José Antonio Costabeber, Agroecología e Extensao Rural. Contribucoes para a promocao do desenvolvimento rural sustentavel, MDA-DATER-IICA, Brasilia, 2004.
  14. Víctor Manuel Toledo, "Agroecología, sustentabilidad y reforma agraria: la superioridad de la pequeña producción familiar", Agroecología e Desenvolvimiento Rural Sustentavel, EMATER, Porto Alegre, 2002.
  15. Norma Giarraca y Miguel Teubal, "Argentina: productor rico, población hambrienta", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, diciembre de 2004.
  16. SAGPyA.
  17. SAGPyA, Los programas de desarrollo rural ejecutados en el ámbito de la SAGPyA, Serie Estudios e Investigaciones, Nº 1, Buenos Aires, 2003.
  18. W. A. Pengue, "Autoproducción de alimentos en Argentina", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, agosto de 2002.
  19. Subsecretaría de Agricultura y Economía Rural, Gobierno de la Provincia de Buenos Aires.
  20. Silvia Baudron y Alejandro Gerardi, "Los asalariados agropecuarios en Argentina: Aportes para el conocimiento de su problemática", SAGPyA, Serie Estudios e Investigación, Nº 6, Buenos Aires, 2003.
  21. Enrique Ortega, A soja no Brasil: Modelos de producto, custos, lucros, externalidades, sustentabilidade e politicas agrarias, Universidade Estadual de Campinas, São Paulo, 2004.
  22. Miguel Altieri, "Una respuesta agroecológica al problema del monocultivo en la Argentina", 26-6-03.

Mujeres en lucha

Vassallo, Marta

“Fue el grito de auxilio de Wilfreda cuando le remataban el campo. El marido se había dado por vencido, no podía seguir pagando el crédito del Banco Nación que había tomado para comprar maquinaria, y empezó la ola de remates… A Wilfreda se le ocurrió salir en los medios a pedir auxilio al vecindario para parar el remate. Convocó a una reunión donde parecía que no iba a ir nadie y empezó a llegar una a una la gente del pueblo. Se organizaron a partir de ahí, se comprometieron a estar presentes. Cantando el himno y rezando lograron parar el remate”. Así evoca Eva van de Velde, líder de Mujeres en Lucha de Villa Ocampo, provincia de Santa Fe, el surgimiento de la matriz de esa organización en la provincia de La Pampa en 1996. Ahora hay movimientos similares en las provincias de Santa Fe, Buenos Aires, Neuquén, Chubut, La Pampa, Mendoza, Entre Ríos. Y calculan haber parado más de 500 remates de campos en el país.
Su voz habla por los pequeños y medianos productores agrícolas y ganaderos de las regiones marginales a la pampa húmeda que todavía sobreviven endeudados con bancos y cooperativas y alquilando sus tierras. Gentes que se quedan no sólo “sin medios de vida, sino sin su forma de vida”.
Además de parar remates, Mujeres en Lucha de Villa Ocampo, en el Chaco santafesino, reclaman la refinanciación de las deudas, la protección del Estado para los precios sostén de los cultivos regionales, y fondos compensadores. Durante 50 años la región vivió en torno a la actividad de la caña de azúcar y el algodón, cultivos que ocupan una buena cantidad de mano de obra: hubo hasta 5.000 familias de braseros. Hasta que las políticas aperturistas de los años ‘90 hicieron caer en decadencia a la actividad. Más allá de los precios, luchan también por proyectos agrarios que permitan una reactivación del trabajo de los pequeños y medianos productores, dueños de entre 20 y 100 hectáreas, heredadas o compradas al Estado, que padecen la tendencia creciente a la concentración de tierras. Para lo cual interpelan a las Secretarías de Agricultura de la provincia de Santa Fe y de la Nación.
El 30-8-04, en la estancia Las Lilas de la provincia de Corrientes, el secretario de Agricultura de la Nación Miguel Campos estimuló a los agricultores a que sembraran algodón, argumentando que si el precio entonces vigente (900 pesos la tonelada), llegaba a bajar, habría un fondo compensatorio. Los agricultores que siguieron su indicación volvieron a endeudarse y no recibieron esos fondos. “El algodón está a 720$ la tonelada. De esos 720 pesos, el 24% es para el productor; 36% para los peones y 40% de aportes previsionales. El gasto de producción y cosecha es de 1.300 pesos”, detalla Eva. En el mes de febrero pasado las autoridades anunciaron una nueva refinanciación a 10 años, con intereses lineales del 10% y recálculo de la deuda original. El 9 de marzo hubo una asamblea ante la municipalidad de Villa Ocampo y una marcha en reclamo de un precio de 1.500 pesos para el algodón, que permita cubrir los gastos de las cosechas.
El movimiento tiene una historia que se remonta a los grupos rurales de los años ‘60, grupos de jóvenes de la Acción Católica, donde el compromiso social de las mujeres giraba en torno de la catequesis, los comedores, los grupos de recuperación de alcohólicos. De allí surgieron las Ligas Agrarias, movimiento gremial de pequeños campesinos, que se desarrolló en las provincias de Santa Fe, Chaco, Formosa, Corrientes, Misiones y sufrió la violenta represión de los años de la dictadura militar. Hacia 1993 quebró la cooperativa La Unión Agrícola de Villa Ocampo, donde muchos productores, mal asesorados por el cuerpo gerencial, involucraron su capital que funcionaba como aval. En la ruina de estos productores influyó su confianza ciega en la cooperativa, con raíz en su compromiso ideológico y afectivo, ya que muchos de ellos son descendientes de los fundadores. Una vez quebrada la cooperativa, se organizaron como los “Autoconvocados de Villa Ocampo”.
Además de haber asumido los reclamos del sector agropecuario, Mujeres en Lucha significa una toma de conciencia por parte de mujeres que aunque trabajaron activamente en el campo, quedaron al margen de las decisiones económicas y financieras de las explotaciones agrícolas debido al carácter tradicional de la estructura familiar.


Autor/es Walter Alberto Pengue
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 71 - Mayo 2005
Páginas:7,8,9
Temas Agricultura, Desarrollo, Estado (Política), Mercosur y ALCA
Países Argentina, Brasil