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Aumento de precios y estructura económica

Los aumentos de precios son un problema de la coyuntura de múltiples consecuencias, pero remiten inmediatamente a cuestiones de la estructura productiva y a la política de privatizaciones y de debilitamiento del Estado. Determinar cuáles son las causas de la inflación es fundamental para decidir qué remedios son más adecuados y cuáles pueden ser tan costosos como ineficientes.

En 2003 los precios minoristas aumentaron un 3,7% y en 2004 se empinaron hasta un 6,1%. En diciembre del año pasado aumentaron 0,8%; en enero de este año 1,5%; en febrero 1,0% y en marzo 1,6%. En los tres primeros meses del año la inflación minorista aumentó un 4%, mientras el programa monetario del Banco Central establece una banda de aumento de entre el 5% y el 8% para todo el año.

¿Dónde se produjo el rebrote? 

Según un cálculo del IEFE (Instituto de Estudios Fiscales y Económicos), el porcentaje mayor se produjo en Educación (6%), en alimentos y bebidas (5,2%) y en vivienda (4,7%) 1. El aumento más influyente es el de alimentos y bebidas,  porque abarcan el 41% de la estructura del índice.

¿La inflación se debe a una explosión de demanda o a una carrera entre precios y salarios?

Para la ortodoxia, la principal explicación es el aumento de la demanda, provocado por las medidas oficiales en diciembre: la postergación de pagos impositivos y el aumento de salarios por decreto.

En efecto, en diciembre y los meses siguientes la demanda aumentó, pero en niveles y con características que hay que tener en cuenta. En primer lugar, el argumento de inflación de demanda debe ser mediatizado por el hecho de que el 40% de la población permanece por debajo de la línea de pobreza y el 16% en la indigencia, lo que significa que sus ingresos no alcanzan a cubrir el costo de una canasta básica. En cuanto a los salarios, a comienzos de 2003 se inició una recuperación de salarios reales, que llegó a un 10% en relación a ese momento. Pero a fines de 2004 estaban todavía un 10% debajo del lugar que tenían a comienzos de 2002 2.

En diciembre de 2004, los aumentos de salarios y las postergaciones de impuestos beneficiaron, en forma directa, a trabajadores formales, y las postergaciones impositivas, por su parte, favorecieron a asalariados de ingresos medios y altos y a cuentapropistas. Los trabajadores informales (la mitad del total) y las personas de bajos ingresos de los servicios no tuvieron esos beneficios. Esta distinción es importante en dos sentidos: en primer lugar porque quienes no tuvieron aumentos de ingresos sufren la inflación creada por la demanda ajena, e inclusive en mayor medida, porque los precios aumentaron más en alimentos, que componen la mayor parte del gasto de las personas de ingresos bajos. En segundo lugar, porque si se toman medidas recesivas para contener la inflación, esos sectores sufrirán las consecuencias del ajuste sin haber recibido un beneficio previo. Algo así como tener que tomar una purga sin haber llegado a comer.

Es decir que la combinación de una política de ingresos que recicla la desigualdad de ingresos, unida a una política antiinflacionaria que reparte inequitativamente el costo del ajuste, cooperan para profundizar la fractura social.

Hay precios que no aumentan por la demanda interna sino por la externa; es decir que los aumentos se explican también por las exportaciones. Los sectores productores de alimentos se beneficiaron con aumentos de precios en el mercado internacional (carnes, petróleo, soja y otros). Según es tradición, los sectores exportadores tratan de fijar en el mercado interno los mismos precios que cobran por sus exportaciones, aunque éstas sean una proporción minoritaria de su producción total. Esto explica que, por ejemplo, desde comienzos de 2002 el precio del aceite, un producto cuya exportación aumentó desde entonces, aumentó un 300%, sin que ningún aumento en los costos internos justificara semejante remarcación.

Por eso las retenciones a las exportaciones, además de ser un instrumento de recaudación fiscal, juegan un papel antiinflacionario: reducen la retribución final recibida por el exportador y, en consecuencia, bajan el precio de referencia que este último pretende fijar en el mercado interno.

Aunque los aumentos de salarios fueron moderados, ¿las empresas no tuvieron otra alternativa que trasladarlos a los precios?

Según el citado trabajo de FIDE, desde el inicio de la recuperación del salario real la productividad del trabajo aumentó al mismo ritmo. Por otra parte, mientras el salario sigue un 10% por debajo de comienzos de 2002, desde ese momento la productividad del trabajo aumentó un 15%. Es decir que no existió, en términos globales, un estrangulamiento del sector privado.

El sector empresario en su conjunto tampoco puede argumentar problemas de rentabilidad: en 2004, según una evaluación en base a datos de balances presentados en la Bolsa de Comercio, las ganancias de las empresas que cotizan en Bolsa aumentaron un 23% promedio 3.

La concentración empresaria facilita la remarcación abusiva

El competidor monopólico, a diferencia del competidor en competencia perfecta, puede fijar precios por encima de sus costos de producción (que incluyen el beneficio medio del sector) vendiendo menos de lo que demandaría el mercado a precios menores, pero aun así logrando una renta monopólica.

Al no tener alternativas, la demanda no tiene otra salida que aceptar los precios excesivos, reducir sus compras o buscar una combinación de ambas respuestas. En los años '90, debido a las privatizaciones y la liberalización del régimen de inversión extranjera, se produjo una creciente concentración en segmentos decisivos de la economía, en muchos casos en manos de empresas extranjeras.

Según un reciente estudio realizado por el Instituto de Estudios y Formación de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), en 2003 las ventas de las doscientas mayores empresas representaron el 52% del PBI. Una estimación reciente 4 indica que Mastellone tiene el 60% del mercado de leche; cuatro azucareras la mitad de las ventas de azúcar; Acindar el 50% del hierro redondo; tres cementeras la casi totalidad del mercado y las grandes productoras de envases, entre el 50% y el 72% del mercado, según el producto. A esto se agrega que la distribución de bienes de consumo masivo se realiza por un reducido número de grandes supermercados. Con el agregado de que el actual gobierno permitió, recientemente, la fusión de dos grandes cadenas minoristas.

Las privatizaciones influyeron también sobre el sistema de precios, porque el Estado perdió capacidad de intervención en servicios y bienes que producía. En los servicios públicos las tarifas siguen controladas, aunque en un intenso proceso de negociación. Pero en petróleo, las grandes productoras como Repsol y Petrobras tienen la posibilidad de fijar el precio interno en base al precio internacional 5. Si el Estado mantuviera su influencia en el mercado podría referenciar el petróleo, independientemente del costo de producción, que oscila en los 8 dólares el barril, mientras que las extractoras lo venden a alrededor de 30 dólares el barril (el precio internacional menos las retenciones).

¿Qué papel jugó la expansión monetaria? 

Para el monetarismo la causa de la inflación es exclusivamente monetaria y la única forma de combatirla es restringir la circulación de moneda y establecer una pauta de crecimiento moderado de la oferta monetaria. En estos días, los monetaristas afirman que la inflación argentina se debe a la expansión monetaria creada por las compras de dólares del Banco Central y por las medidas oficiales destinadas a estimular la demanda.

Efectivamente, en diciembre la base monetaria aumentó, pero en los meses siguientes volvió a reducirse: según el registro del Banco Central, en el primer trimestre del año la base monetaria (circulación monetaria más depósitos en cuenta corriente) se redujo un 3,4%. En relación al PBI se encuentra en niveles similares a los del año pasado. Es decir que el argumento de una inflación por factores monetarios no está sostenido por los registros del Banco Central.

El argumento de que la inflación se debe a un desborde fiscal es aun más insostenible: el sector público mantiene un superávit fiscal cercano al 3% del PBI, lo cual quiere decir que cualquier expansión en el gasto es más que compensada con un retiro de dinero del mercado a través del cobro de impuestos.

  1. www.iefe.org.ar
  2. FIDE, Coyuntura y Desarrollo, Nº 298, en base a datos del INDEC.
  3. El Cronista Comercial, Buenos Aires, 29-3-05.
  4. Fernando Krakowiak, "Cash", Página/12, Bs. As., 10-4-05.
  5. Dossier "Argentina camino al colapso energético", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, abril de 2005.
Autor/es Julio Sevares
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 71 - Mayo 2005
Páginas:6
Temas Desarrollo, Privatizaciones, Estado (Política)
Países Argentina