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China al ataque del mercado africano

El gigante asiático continúa ampliando sus acuerdos comerciales con países del Sur. Se prevé que a fines de 2005 se convertirá en el tercer socio comercial de África, por delante de Gran Bretaña. Pero el nuevo pragmatismo chino deja de lado la solidaridad de los años ‘70 y abre serios interrogantes sobre sus prácticas comerciales.

A principios de diciembre de 2004, dirigentes chinos más bien molestos visitaron al presidente angoleño José Eduardo Dos Santos. Días antes, la asociación británica Global Witness había dado a entender públicamente que los 2.000 millones de dólares de crédito acordados a Luanda por el banco estatal chino Eximbank corrían riesgo de ser desviados. Oficialmente, esta suma había sido asignada para reconstruir la infraestructura angoleña, destruida por treinta años de guerra civil (electricidad, ferrocarriles y edificios administrativos). A cambio, China recibiría 10.000 barriles de petróleo por día.

Parte de esos 2.000 millones fue en efecto desviada a favor de la propaganda gubernamental con vistas a las elecciones generales de 2006. Y, bajo presión china, el 9 de diciembre de 2004 se solicitó a Antonio Pereira Mendes De Campos Van Dunem -un conocido intermediario del círculo de negocios internacional- que renunciara a su puesto de secretario del Consejo de Ministros. En un abrir y cerrar de ojos, China había derogado el principio fundacional de su larga marcha comercial hacia África: no inmiscuirse en los asuntos internos de los países involucrados. Una pequeña lección (justificada, sin duda, por la presión ejercida por los proveedores de fondos internacionales sobre un país notoriamente corrupto), no impediría que los negocios sino-africanos marcharan a pleno.

Treinta años después de haber roto relaciones con una Angola independizada, pero considerada demasiado próxima a la Unión Soviética, el Imperio del Medio reparó con creces su error inicial. La ex-colonia portuguesa (China importa el 25% de su producción de petróleo) se convirtió en su segundo socio comercial en el continente. Luanda planifica incluso crear vuelos directos con Pekín, y se trataría de alentar la construcción de un barrio chino en la capital para recibir a los ejecutivos asiáticos.

El controvertido crédito, otorgado con una tasa de interés del 1,5% sobre diecisiete años, hubiera podido resultar a corto plazo desventajoso para Pekín. Pero permitía a las empresas chinas quedarse con la mayor parte del jugoso mercado de la reconstrucción nacional. Cosa que suscitaba inquietud en la población. "Según los términos del contrato, el 30% del crédito asignado debe ser atribuido a empresas locales, pero eso significa que el 70% no lo es. Y el sector de la construcción es uno de los pocos donde los angoleños pueden encontrar trabajo", explica el economista independiente Jose Cerqueira 1.

De la solidaridad al pragmatismo

Los tiempos cambian, y en Pekín el pragmatismo se impuso sobre la retórica ideológica. Comercio exterior y cooperación económica son, por lo demás, administrados por el mismo ministerio. Hasta mediados de los años '70 se trataba más bien de construir la solidaridad entre dos continentes pertenecientes al mismo mundo, el de los países subdesarrollados. La presencia china en África se reducía al técnico que venía a asistir al país hermano recientemente liberado de su tutela colonial y contribuir a su despegue. Quince mil médicos y más de diez mil ingenieros agrónomos fueron entonces enviados hacia ese Tercer Mundo convertido en retaguardia de la Guerra Fría.

Antiimperialista y contrapeso de Occidente, China se infiltraba en los territorios que Estados Unidos y la Unión Soviética dejaban libres. Reservaba sus obras más ambiciosas -como la construcción del ferrocarril "tanzam" que uniría a Tanzania y Zambia- así como los acuerdos de cooperación militar, a sus amigos ideológicos de África Oriental (Etiopía, Uganda, Tanzania, Zambia, etc.) y a los países no alineados más importantes, como Egipto. De 1955 a 1977, China vendió material militar a África por 142 millones de dólares. Entreabría también sus universidades: quince mil estudiantes africanos tuvieron acceso a ellas a partir de las independencias.

En 1977, el valor total de los intercambios comerciales entre el Imperio del Medio y el continente negro alcanzó el récord de 817 millones de dólares. En los años '80, mientras el Norte capitalista y la URSS se retiraban de África y la ayuda occidental para el desarrollo caía a la mitad, Pekín mantuvo sus vinculaciones. Pero abandonando la exportación de su instrumental revolucionario, China se consagró de allí en más al crecimiento de su comercio exterior y de sus inversiones en el extranjero. Cuando la geopolítica de la pos Guerra Fría y la incierta evolución de Medio Oriente hicieron volver a África a los países del norte, sobre todo para diversificar sus aprovisionamientos petroleros, China ya se había convertido en la "fábrica del mundo" y codiciaba las materias primas del continente.

Tercer socio

Como segundo consumidor de crudo del planeta, más del 25% de las importaciones de petróleo de China provienen del golfo de Guinea y del hinterland sudanés. La sed de un país que se verá obligado a importar el 60% de su energía de aquí a 2020 no conoce fronteras, ni siquiera las de los Estados que, como Chad, mantienen relaciones diplomáticas con Taiwán 2. Si bien África no representa más que el 2% de los intercambios comerciales chinos en 2004, el continente se ve especialmente beneficiado con su "política de apertura": durante los años '90, el volumen de los intercambios comerciales entre Pekín y el continente aumentó un 700% 3 y, desde la organización en Pekín, en el año 2000, del primer foro sino-africano 4, se firmaron más de cuarenta acuerdos, duplicando el valor total de los intercambios en cuatro años (más de 20.000 millones de dólares a fines de 2004). De aquí a fines de 2005, China debería convertirse en el tercer socio comercial de África, después de Estados Unidos y Francia y antes del Reino Unido. Recibida de maestra en el armado de proyectos con el Banco Mundial, procuraría incluso elaborar, en África, un "paradigma de la globalización que la favorezca" 5.

Las 674 empresas públicas chinas implantadas en el continente colocan sus fondos tanto en los sectores en franco desarrollo -desde las minas pesqueras hasta la explotación del precioso bosque o la telefonía- como en los sectores que los occidentales abandonan por considerarlos poco rentables. Así fue como se reactivó la explotación de las minas de cobre zambianas de Chambezi y las búsquedas de petróleo en un Gabón cuyas reservas se suponen a punto de agotarse. En 2004, las inversiones chinas se elevaban a más de 900 millones de dólares sobre los 15.000 millones de dólares de inversiones directas extranjeras (IDE) en África. Miles de proyectos están en curso, de los cuales 500 son llevados adelante exclusivamente por la empresa de obras públicas China Road and Bridge Corporation, que contribuyen a ubicar a 43 sociedades chinas entre las 225 primeras empresas mundiales del sector. Pekín se apoderó del mercado etíope de las telecomunicaciones, retomó ciertas actividades de la Gécamine (industria minera) congoleña, renovó la ruta Monbasa-Nairobi (Kenya) y lanzó el primer satélite nigeriano. Ocho países africanos recibieron el estatuto oficial de destino turístico, fomentando así la visita de los ciudadanos chinos.

Otra forma de hacer negocios

Esta ofensiva económica y comercial se acompaña de una intensa actividad diplomática. El presidente Hu Jintao, que asumió el gobierno en marzo de 2003, hizo ya una destacada visita a Gabón. Se organizaron además un centenar de encuentros oficiales bajo la égida de los Ministerios de Comercio y Relaciones Exteriores, que se dotaron de "Departamentos África". En muchos países en crisis o en situación delicada con la diplomacia occidental, Pekín acopia los frutos de su doctrina de no injerencia en los asuntos internos. Las relaciones con Sudán -excluido de Naciones Unidas en razón, particularmente, de la situación en Darfur- son un ejemplo de una estrategia sin escrúpulos. Para China, según nos explica He Wenping, directora adjunta del Departamento de Relaciones Internacionales del Instituto de Estudios Africanos de la Facultad de Ciencias Sociales de Pekín, "la protección de los derechos humanos no debería obstaculizar el ejercicio de la soberanía nacional. Sin duda alguna esta visión favoreció los éxitos logrados por Pekín en África, aunque éste no sea el único punto en común (que China comparte con sus) socios africanos".

Diez años después de su instalación en los territorios petroleros por entonces no explotados de Muglad (en el sur de Sudán), China importa el 50% del crudo local. Desde la Compañía Nacional de Petróleo de China (CNPC) hasta la Zonggyuan Petroleum Corporation, trece de las quince primeras empresas extranjeras instaladas en Sudán son chinas. El cinismo de Pekín se hizo evidente cuando, en septiembre de 2004, se votó la Resolución 1564 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (ONU), donde se decreta un embargo sobre las armas destinadas a ese país. Sobre el telón de fondo de las masacres en Darfur, el embajador chino en la ONU, Wang Guangya, amenazó con interponer su veto antes que abstenerse. La resolución, propuesta por Estados Unidos, era ya, sin embargo, bastante edulcorada. Este incidente permitió evaluar la solidez de los lazos existentes entre Pekín y Jartum.

Muchos autócratas africanos alaban el espíritu de "respeto mutuo" y "la preocupación por la diversidad" cultural que caracterizan al comercio y la cooperación chinos -para retomar las palabras de ese viejo amigo de China, el presidente gabonés Omar Bongo Ondimba 6-. Pero este "safari" por el "Eldorado" 7 africano inquieta a las transnacionales que gravitan tradicionalmente en torno al continente. Asimismo, una diplomacia estadounidense oficialmente preocupada por la "buena administración" comienza a irritarse con las prácticas económicas chinas. Gal Luft, especialista en seguridad energética y director ejecutivo del Instituto para el Análisis de la Seguridad Global (IASG), think tank neoconservador, estima así que "los chinos son proclives a manejar sus negocios de un modo que los estadounidenses o los europeos empiezan a rechazar: pagar coimas por debajo de la mesa. De ahí el interés de ciertos países africanos en trabajar con empresas chinas antes que con compañías occidentales cuyos márgenes de acción se redujeron desde el lanzamiento de campañas tales como Publish what you pay (Publique lo que paga) que apuntan a una mayor transparencia financiera" 8.

"Esta otra forma de hacer negocios" -según los términos del ministro de Economía ruandés Donald Kaberuka- es aun más preocupante para las Organizaciones No Gubernamentales que ya denunciaban las cínicas prácticas occidentales en África. En efecto, si los préstamos condicionados de las grandes organizaciones internacionales siguen siendo criticables dado que someten sin discusión al país beneficiario a los dictámenes de los prestadores, la cooperación china, que otorga créditos sin condiciones y preconiza el "llave en mano" favorecería a los "elefantes blancos" (proyectos muertos al nacer) y se apartaría de las exigencias mínimas de transparencia financiera.

Según el responsable saliente del programa angoleño de Care, Douglas Steinberg, "las condiciones de otorgamiento de los créditos chinos dan muchas más posibilidades a Angola, en comparación con las exigencias fijadas por otros acuerdos, en primer lugar los cerrados con el Fondo Monetario Internacional. De hecho, eso permite a las autoridades gubernamentales no practicar la transparencia" 9. Las asociaciones de defensa del medio ambiente, por su parte, vigilan el avance comercial de la nación más contaminante del mundo y que no firmó el Protocolo de Kyoto; el 60% de los 4 millones de metros cúbicos de troncos de árboles que exportan los países africanos está destinado a Asia y en su casi totalidad a China (96%).

Interrogantes

Las ventas de armas chinas constituyen otro tema de preocupación. Después de haber abastecido el sangriento conflicto eritreo-etíope de fines del siglo XX (más de 1.000 millones de dólares de contratos), se sospecha que China utilizó a Sudán, a principios de 2000, como mercado para su tecnología militar. Además, sigue asistiendo militarmente a Zimbabwe, otra nación excluida por Occidente 10. En términos más generales, se observa una impresionante concentración de agregados militares chinos en los países miembros de la Comunidad para el Desarrollo del África Austral (SADC) 11. También en este aspecto, "las consideraciones financieras parecen más importantes que las ambiciones ideológicas y geopolíticas que primaban en tiempos de la Guerra Fría" 12.

El modelo chino del win-win (ganador-ganador) -ese nuevo juego económico en que, según Pekín, no habría a priori ningún socio perdedor- ¿no sería en última instancia una nueva forma de neocolonialismo bajo el ropaje de las ilusiones de un desarrollo Sur-Sur ? Algunos observadores africanos no dejan de interrogarse acerca de los límites de la política comercial china y la competencia directa que ciertos productos asiáticos -del textil al acero- hacen pesar sobre el entramado económico africano. Sudáfrica, primer socio africano de China, que rompió en 1997 sus relaciones con Taiwán para acercarse a Pekín, está confrontada a su vez "a una apetitosa colaboración y a una aterradora amenaza", señala Moeletsi Mbeki, vicepresidente del Instituto Sudafricano de Relaciones Exteriores de la Universidad de Witwatersrand, en Johannesburgo: "A cambio de las materias primas que nosotros les vendemos, compramos sus productos manufacturados. Y eso no puede tener más que un resultado previsible: una balanza comercial desfavorable. ¿No estamos asistiendo a la repetición de una vieja historia?" 13.

El hecho es que el déficit comercial de Pretoria respecto a Pekín pasó, de 24 millones de dólares en 1992 a más de 400 millones de dólares ahora. En septiembre de 2004, una de las principales organizaciones miembro de la poderosa federación sindical Cosatu amenazó con boicotear a los vendedores de productos chinos, acusados de contribuir al desempleo. La perplejidad es la misma en la avenida Charles-de-Gaulle de Dakar, donde los productos chinos baratos -desde zapatos hasta medicamentos- invaden ya las aceras y estanterías, mientras que los talleres textiles de Lesotho están en riesgo debido al fin del acuerdo multifibras en enero de 2005 14.

Frente a estos interrogantes, el socio chino multiplica las promesas, los regalos, las referencias históricas al espíritu de Bandung 15 y las medidas simbólicas respecto de un continente al que anuló 10.000 millones de dólares de deuda bilateral desde el año 2000. Diez mil africanos se están formando en Pekín, en el marco del Fondo de Desarrollo de los Recursos Humanos para África creado por el gobierno chino 16. Intensificando su compromiso con las operaciones de mantenimiento de la paz desde Liberia hasta la República Democrática de Congo (RDC), Pekín envió en 2004 más de 1.500 cascos azules al continente. Reconociendo al mismo tiempo que la decisión final se encuentra en manos de la Unión Africana, el país apoya por lo demás públicamente para los tres candidatos africanos (Nigeria, Sudáfrica y Egipto) -pero extraoficialmente sobre todo a Nigeria- un escaño de miembro permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Guerra comercial China-Occidente

De aquí a 2006 se anuncia un nuevo gran salto hacia adelante comercial, con el lanzamiento de la nueva sociedad estratégica Asia-África 17, que concierne al sector privado y cuyo primer beneficiario debería ser Pekín. Durante su viaje a Gabón en 2004, el presidente Hu Jintao prometió "una cooperación económica que se preocupará más por las infraestructuras, la agricultura y el desarrollo de los recursos humanos". ¿Será un piadoso anhelo ? Una cosa es segura: Pekín "se comporta ya como cualquier otra potencia preocupada por sus intereses bien entendidos. Apunta su cooperación hacia países de fuerte potencial, ya sea en materias primas, poder adquisitivo e influencia diplomática" 18.

¿Hasta dónde y cómo se acomodarán los socios tradicionales del continente ante esta presencia? "Es normal y natural que la inversión creciente de China en África conduzca a un conflicto de intereses con las ex potencias coloniales, pero yo no creo que debamos inquietarnos demasiado por eso. Ayudar a los africanos a mejorar sus condiciones de vida y sacar provecho de la globalización es el objetivo común de los pueblos y países del mundo entero. Y tanto la población como el gobierno chinos estarían complacidos de contribuir a ello. Sin embargo, la experiencia demuestra que será un viaje largo y difícil", nos señala He Wenping.

En 2005, según el Fondo Monetario Internacional, África debería experimentar su mayor tasa de crecimiento en 30 años: 5,8%. Será en parte gracias a las inversiones chinas. El continente que ayer fue retaguardia de la Guerra Fría ¿estará mañana en la vanguardia de la guerra comercial que se intensifica día a día?

  1. Oficina de Naciones Unidas para la coordinación de la acción humanitaria, Nueva York, 14-1-05.
  2. China tiene relaciones diplomáticas con 47 de los 53 países del continente negro.
  3. www.chinafrique.com/tu-2003-12/12-fm1.htm
  4. El segundo foro sino-africano, organizado en noviembre de 2003 en Addis-Abeba, estableció un plan de cooperación entre China y África vigente hasta 2006.
  5. Drew Thomson, "Economic Growth and Soft Power: China's Africa Strategy", China Brief, Universidad de Pennsylvania, 7-12-04.
  6. Con nueve visitas oficiales a China, éste es el jefe de Estado más frecuentemente invitado a Pekín junto a su homólogo congoleño, el presidente Denis Sassu Nguesso.
  7. Howard French, "A resource-hungry China Speeds Trade with Africa ", The New York Times, 9-8-04.
  8. Véase el informe: "Bottom of the Barrel: Africa's Oil Boom and the Poor".
  9. "Oil-backed loan will finance recovery projects", Integrated Regional Information Networks, 21-2-05.
  10. Zimbabwe es objeto de sanciones económicas por parte de la Commonwealth y de la Unión Europea en razón del fraude electoral y de la violencia política. Colette Braeckman, "La batalla por la tierra en Zimbabwe", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, mayo de 2002.
  11. Angola, Botswana, República Democrática de Congo, Lesotho, Malawi, Mauricio, Mozambique, Namibia, Seychelles, Sudáfrica, Swazilandia, Tanzania, Zambia, Zimbabwe.
  12. Logan Wright, "Seizing An Opportunity ", The Armed Forces Journal, Washington, octubre de 2001.
  13. Paul Mooney, "China's African Safari", YaleGlobal, 3-1-05.
  14. El acuerdo multifibras, firmado por 47 Estados en 1974, permitía a los países en vías de desarrollo exportar hacia Estados Unidos y Europa una cuota de sus productos textiles y limitaba sus importaciones.
  15. Jean Lacouture, "Bandung o la era de la descolonización", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, abril de 2005.
  16. El Fondo de Desarrollo de los Recursos Humanos para África fue creado como consecuencia del primer foro sino-africano de Pekín en 2000.
  17. Impulsado por la Cumbre Asia-África que acaba de conmemorar el cincuentenario de la Conferencia de Bandung, se funda en los intercambios y la cooperación en toda una serie de ámbitos de orden político, económico y cultural. Debe apoyarse en el comercio y la inversión.
  18. Marc Aicardi de Saint-Paul, "La Chine et l'Afrique, entre engagement et intérêt ", Géopolitique africaine, París, N° 14, primavera (boreal) de 2004.
Autor/es Jean Christophe Servant
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 71 - Mayo 2005
Páginas:24,25
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Desarrollo, Nueva Economía, Geopolítica
Países China, Inglaterra