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El viejo Líbano se resiste al cambio

El pasado 29 de mayo comenzaron en el Líbano las primeras elecciones legislativas –durarán tres semanas– desde el retiro sirio. En Beirut, Saad Hariri, hijo del ex primer ministro asesinado Rafic Hariri, ganó como previsto las 19 bancas en juego. Pero el alto abstencionismo plantea dudas sobre la renovación de un sistema político confesional dominado por la corrupción y las relaciones familiares.

Provenientes de Sidón, al sur, del valle de Bekaa, al oeste, de la región de Trípoli, al norte, de diferentes barrios de Beirut, de asociaciones familiares o caritativas, de la Liga Musulmana sunnita o de periodistas, los mensajes de apoyo se suceden. Todos, sin excepciones, saludan al flamante elegido, celebran su voluntad de continuar el camino iniciado por su padre, su capacidad de guiar al Líbano hacia un futuro mejor. Al más puro estilo soviético, la televisión desgrana, durante largos minutos, estos panegíricos. Una voz en off se alegra de este apoyo masivo a la decisión de la "familia" de elegir a su nuevo jefe. Un grupo de diputados, en presencia de varios ex ministros, jura fidelidad al nuevo patrón, quien días más tarde es recibido con honores durante más de una hora por el presidente Jacques Chirac, y alojado en su rancho por el presidente George W. Bush, en presencia del príncipe heredero Abdallah de Arabia Saudita.

¿Quién es este salvador supremo? Un hombre casi desconocido, presentado por el diario francófono L'Orient-Le Jour como "un especialista en telecomunicaciones", cuya biografía ocupa unas pocas líneas. Saad Hariri, 35 años, hijo menor del Primer Ministro asesinado el 14 de febrero de 2005, se graduó en la Universidad de Georgetown, en Washington. Fue director general de Saudi Oger, una compañía con un volumen de negocios de 2.000 millones de dólares, que cuenta con 35.000 empleados. Musulmán sunnita, Saad Hariri está vinculado a la familia reinante en Arabia Saudita, y especialmente al príncipe Abdelaziz Ben Fahd, hijo del rey y poderoso ministro de Estado. ¿Sus virtudes políticas? Nadie se las exige.

No fue designado para su cargo por un partido o una organización. Fue "la familia" -término cuya connotación peyorativa nadie percibe aquí- la que anunció su decisión al buen pueblo, mediante un comunicado que contenía dos puntos. En primer lugar, Nazek Hariri, la viuda del ex primer ministro Rafic Hariri, asumirá "la supervisión y la administración de todas las asociaciones de beneficencia y sociales que el mártir del Líbano apadrinaba"; en segundo, su hijo Saad "asumirá la responsabilidad y el liderazgo histórico en todos los asuntos nacionales y políticos, con el fin de continuar el camino de la reconstrucción nacional en todos los niveles". En momentos en que se proclama el nacimiento de un "nuevo Líbano" democrático, ninguna voz se alza para expresar al menos cierta sorpresa frente a esta sucesión de tipo feudal. Ni para preguntarse sobre la exclusión de la hermana del difunto, Bahia Hariri, a pesar de ser diputada y haber desempeñado un papel destacado en las movilizaciones que siguieron al asesinato de su hermano. 

Pero Saad Hariri tranquilizó a los periodistas que lo adulaban: "Nada cambiará, seguiré con todo lo que hacía mi padre, y seguiremos su camino en lo que respecta a las organizaciones de información y caritativas" 1. Esta observación hizo sonreír a más de uno, en un país donde los principales medios de comunicación y la mayoría de los periodistas influyentes recibieron generosos subsidios de Rafic Hariri... Extraña paradoja: en un país donde permanecían alrededor de 20.000 soldados sirios, los medios de comunicación gozaban de una libertad desconocida en el resto del mundo árabe, especialmente en los países que "apadrinan" la transición democrática en el Líbano: Egipto y Arabia Saudita. Sin embargo, dos cuestiones estaban vedadas: el papel de los servicios de inteligencia sirios y libaneses; el lugar de Rafic Hariri, su fortuna y su responsabilidad en los problemas económicos y sociales, especialmente la insondable deuda del país. Sólo la primera dejó de ser un tabú...

 Fuerte movilización popular

 Todos lo proclaman alto y fuerte: el Líbano dio definitivamente una vuelta de página a sus divisiones. En algunos meses, los acontecimientos se aceleraron a tal punto que aún es difícil darse cuenta de lo sucedido. La decisión del presidente Bachar El Assad, a fines de agosto de 2004, de prolongar por tres años el mandato de su principal aliado en el Líbano, el presidente Emile Lahoud, actuó como un acelerador. La imposición sorprendió incluso a los aliados más cercanos de Damasco, que tomaron conocimiento de ello recién a último momento. En 1995, una medida similar había permitido al anterior presidente, Elias Haraui, gobernar tres años más sin generar reacciones hostiles, tanto a nivel nacional como internacional. Pero el contexto regional e internacional ha cambiado (ver "La improbable alianza..."). Francia y Estados Unidos decidieron intervenir y, el 2 de septiembre de 2004, el Consejo de Seguridad de la ONU votó -con la mayoría mínima necesaria (nueve votos sobre quince)- la Resolución 1.559 que ordena la retirada de las tropas sirias del Líbano y llama a un desarme de las milicias (incluyendo el Hezbollah y los grupos armados palestinos).

Cabe recordar que, luego de algunos titubeos, el primer ministro Rafic Hariri había renunciado, para expresar su oposición a la política de Damasco. Su asesinato el 14 de febrero de 2005, atribuido inmediatamente a los servicios de inteligencia sirios por la mayoría de los medios de comunicación, desató una fuerte movilización popular en torno a tres consignas: al-Haqiqa, es decir, la verdad (sobre el asesinato); la renuncia de los jefes de los servicios de inteligencia libaneses; la retirada de las tropas sirias. La movilización culmina el 14 de marzo de 2005, con una multitudinaria manifestación en Beirut, en la que salieron a la calle cientos de miles de libaneses. ¿Se encuentra acaso en marcha la reconciliación de todas las comunidades, maronita y sunnita, chiita y drusa?

Esta imagen de una "Revolución del Cedro", similar a la "Revolución Naranja" en Ucrania o a la de "las Rosas" en Georgia, fue ampliamente difundida por los medios de comunicación nacionales e internacionales. Pero, como siempre, tiende a borrar la historia específica del país, a comprenderlo sólo a partir de un esquema de lectura simplista: la lucha entre el Bien y el Mal, entre la democracia y el totalitarismo. Nadie duda de que la mayoría de la población estaba harta de la presencia de las tropas sirias y de las múltiples injerencias de Damasco. Los sucesivos errores cometidos por la dirección siria, reconocidos por el presidente Bachar El Assad en su discurso del 5 de marzo que anunciaba la retirada de las tropas, el peso de los servicios de seguridad en la vida interior agravaron el malestar y las hostilidades, a pesar del papel desempeñado por Siria para poner fin a la guerra civil o apoyar la resistencia a la ocupación israelí del sur del Líbano.

Sin embargo, el observador no puede sino sorprenderse de este hecho: los mismos dirigentes responsables de la guerra civil -la mayoría colaboró con Siria antes de cambiarse de camiseta- permanecen en el primer plano de la escena. Ninguna figura política nueva ha surgido estos últimos meses, y los Gemayel, Joumblatt, Hariri, Frangié, Chamoun, etc. siguen dominando el juego. Ninguno de ellos presenta la mínima propuesta para reformar un sistema político basado en el confesionalismo, el clanismo y la corrupción. Su única consigna -"Los sirios son responsables de todos los males del Líbano"- se alimenta de los rumores más disparatados: 800.000 familias sirias estarían conectadas a la red eléctrica libanesa sin haber pagado nunca por su consumo... ¿Y la corrupción? "Se la atribuimos sólo a los sirios -señala un economista- así como culpábamos de todas nuestras desgracias a los palestinos, en 1983. Y, por ende, nadie se pregunta sobre las sumas robadas por los responsables libaneses. ¿Cómo es posible que la deuda haya crecido, bajo el primer gobierno de Hariri de 3.000 a 18.000 millones de dólares?"

El Líbano está organizado sobre una base confesional, un sistema que data de la época posterior a la Primera Guerra Mundial, cuando Francia recibió de la Sociedad de las Naciones, en 1920, un mandato para dirigir el país. Entre las 17 confesiones reconocidas, las principales comunidades son: del lado cristiano, los maronitas (católicos), los griegos ortodoxos y los griegos católicos; del lado musulmán, los sunnitas y los chiitas, a los que deben sumarse los drusos.

La Constitución impuesta por París en 1926 establece en su artículo 95: "En carácter transitorio y con el fin de brindar justicia y concordia, las comunidades estarán representadas equitativamente en los cargos públicos y en la composición de los ministerios". En realidad, este sistema, confirmado durante la independencia, en 1943, garantiza la supremacía política de la comunidad maronita. Por un acuerdo tácito, el Presidente de la República es maronita, el Primer Ministro musulmán sunnita y el Presidente de la Asamblea Nacional chiita. La distribución de las bancas de diputados se realiza a partir de una base similar: 60 % para las diferentes comunidades cristianas, 40% para los musulmanes.

 Relaciones clánicas y nepotismos

 Los Acuerdos de Taef modifican esta proporción colocando en pie de igualdad a cristianos y musulmanes; estos últimos representan ya una mayoría demográfica estimada en más de un 60%. Firmados en 1989, ponen fin, bajo la égida siria, a la guerra civil, que asoló al país a partir del 13 de abril de 1975 y produjo decenas de miles de víctimas. Estipulan especialmente que "la abolición del confesionalismo político es un objetivo nacional primordial cuya concreción exige una acción programada por etapas". Luego de la elección del nuevo Parlamento, deberá "constituirse una instancia nacional bajo la presidencia del jefe de Estado compuesta, además de los presidentes del Parlamento y del Consejo de Ministros, de personalidades políticas, intelectuales y sociales. La tarea de esta instancia es estudiar y proponer los medios susceptibles de abolir el confesionalismo y someterlos al Parlamento y al Consejo de Ministros, y supervisar la ejecución del período transitorio". También se brinda una indicación sobre las soluciones, ya que se propone que "tras la puesta en funcionamiento del primer Parlamento Nacional no confesional, se creará un Senado en el que estarán representadas las diferentes familias religiosas y cuyas facultades se limitarán a las cuestiones primordiales".

En 1992 se celebran nuevas elecciones legislativas y Rafic Hariri asume como Primer Ministro, pero las reformas políticas se suspenden. La extensa y brutal guerra civil, cuyo principal objetivo era acabar con el confesionalismo político, condujo al resultado inverso: la barbarie del conflicto obligó a cada individuo a refugiarse entre los suyos 2. Las pertenencias clánicas o religiosas protegían mejor que las filiaciones ideológicas. Además, la amnistía otorgada después de 1989 a los dirigentes de las milicias, impidió a la sociedad revisar su historia, difundiendo la idea de que la guerra del Líbano había sido "la guerra de los otros", la de los palestinos, los israelíes o los sirios. El sistema político se encerró en un confesionalismo más riguroso que antes de 1975, incluso para muchos jóvenes. "No nos mezclamos -reconoce Ahmed, estudiante de la Universidad estadounidense, una institución reconocida sin embargo por su carácter multiconfesional-. Los amigos se reúnen con gente de una misma fe. Y aunque nos hayamos movilizado juntos luego del asesinato de Rafic Hariri, la desconfianza tiende a aumentar: cada uno se pregunta en silencio lo que piensa el otro, lo que quiere...". Ninguna de las medidas sugeridas por los Acuerdos de Taef se implementó, salvo la supresión de la mención religiosa en los documentos de identidad.

Mientras que los partidos multiconfesionales de izquierdas (Partido Comunista, Organización de Acción Comunista, etc.) se debilitan, la mayoría de las demás agrupaciones se organizan más que nunca sobre una base confesional: Amal y Hezbollah "representan" a los chiitas; los sunnitas, privados de líder nacional, se agruparon en torno a Rafic Hariri; el Partido Socialista de Walid Joumblatt sólo tiene de socialista el nombre y se caracteriza ante todo por la pertenencia drusa de sus miembros. En cuanto a los maronitas, se "unieron" desde el año 2000 en un grupo llamado Kornet Chahouan, que reúne a las Fuerzas Libanesas de extrema derecha, la Corriente Patriótica Libre del general Michel Aoun (que regresó al país a comienzos de mayo luego de un exilio de casi quince años), el ex presidente de la República Amine Gemayel, el Partido Nacional de la familia Chamoun y algunos representantes electos independientes.

En este sistema, los hijos suceden a los padres, y las relaciones clánicas son más importantes que la solidaridad política. Marginados y divididos desde los Acuerdos de Taef, los dirigentes tradicionales maronitas vieron opacado su papel por la figura del patriarca Nasrallah Boutros Sfeir, quien fue recibido en Washington y París como representante de la "comunidad maronita". Nasrallah participa de todas las negociaciones en curso y opina sobre todo, incluso sobre la ley que organiza las elecciones, a la que condena junto con el consejo de obispos maronitas, dado que los cristianos "elegirán sólo 14 de sus diputados, mientras que los 50 restantes serán elegidos por musulmanes, gracias al sistema de listas" 3. Así, para monseñor Nasrallah el nuevo Líbano debería crear colegios electorales separados: los maronitas votan a los maronitas, los drusos votan a los drusos, etc. ¿Democracia?

Símbolo de la "Revolución del Cedro" que sacudió al país a comienzos de este año, la Plaza de los Mártires sirvió de punto de reunión de las movilizaciones en favor de la retirada de las tropas sirias. Allí se erige una ciudad de carpas, el "campamento de la libertad", tal como sucedió en Kiev o Tbilisi. Pero al completarse la retirada del ejército sirio el 26 de abril, el lugar ya no atrae a mucha gente. Actualmente, sin embargo, cientos de jóvenes, en su mayoría estudiantes, tras haber reemplazado la bandera libanesa por la de las Fuerzas Libanesas (FL), reclaman la liberación del "mártir de la libertad", Samir Geagea, a quien un diputado no dudó en comparar con Nelson Mandela 4. Al mismo tiempo, en las ciudades y los pueblos maronitas, se realizan ceremonias para exigir la liberación del ex jefe de las FL, en prisión desde hace once años. Decenas de miles de velas se encienden por el "mártir". Diez mil manifestantes se dirigen de Beirut y sus alrededores hacia Bkerké, en la montaña, sede del patriarcado maronita, al noreste de Beirut. La movilización culmina con una misa celebrada por el vicario patriarcal general de la Iglesia maronita, monseñor Roland Aboujaoudé.

¿Se sabe aún quién es Geagea? Apenas unas pocas líneas publicadas en un diario escrito en inglés 5 recuerdan que es el responsable del asesinato del ex primer ministro Rachid Karamé y de varios de sus rivales del bando cristiano, especialmente Dany Chamoun, hijo del ex presidente Camille Chamoun, y de Tony Frangié (hijo del ex presidente Soleiman Frangié), su esposa y su pequeña hija de tres años. La ley de amnistía de 1991 excluía a los criminales de guerra cuyas causas estuvieran en etapa de instrucción. Geagea fue el único en este caso, y las FL insisten sobre esta "injusticia". ¿Acaso no se encuentran también en libertad muchos otros criminales? Si la Corte Penal Internacional hubiera existido en ese momento, nadie duda de que muchos responsables políticos actuales, tanto de la oposición como los llamados leales (fieles a Siria) serían llevados ante el tribunal de La Haya.

Pero el país prefiere olvidar su historia -el intento de elaborar un manual común de historia para la enseñanza fue recientemente abandonado-, al ser tan distintas las visiones del pasado, y especialmente de la guerra civil (1975-1989). "No conocemos esa historia que no figura en el programa, -reconoce Karim, un estudiante-. Cada uno aprende la versión dada por su comunidad y evitamos hablar de ello entre nosotros". Ninguna reconciliación sobre este tema se ha puesto en marcha. Sin embargo, Geagea no sólo es un criminal como los demás. Al igual que su jefe Béchir Gemayel, alentó a las tropas israelíes a que invadan el país en junio de 1982, bajo la dirección del general Ariel Sharon, por entonces ministro de Defensa. Durante el comienzo del sitio de Beirut-Oeste por Tsahal (el ejército israelí), Béchir Gemayel explicaba a los israelíes el apoyo que les brindaba: "Comenzamos cortando el agua y la electricidad. Estamos dispuestos a llegar mucho más lejos, incluso militarmente si es necesario. Si la batalla de Beirut sólo puede librarse con nosotros, combatiré junto a ustedes. Pero podré brindarles una ayuda más completa cuando el poder esté en nuestras manos" 6.

Béchir Gemayel será efectivamente elegido presidente, el 23 de agosto de 1982, al amparo de los tanques israelíes, antes de ser asesinado el 14 de septiembre. Lo sucederá su hermano Amine, elegido en las mismas condiciones. En esa época, a la "comunidad internacional" poco le preocupaba el hecho de que estos dos escrutinios se desarrollaran bajo la vigilancia de los tanques israelíes. Mientras tanto, del 16 al 18 de septiembre se producían las masacres de Sabra y Chatila: varios miles de palestinos, mujeres, niños, ancianos, fueron cruelmente asesinados. Con la protección del ejército israelí, estos crímenes contra la humanidad fueron perpetrados bajo la dirección de dos responsables de las Fuerzas Libanesas: Elie Hobeika, asesinado en circunstancias misteriosas el 24 de enero de 2002 7 y Geagea. ¿Resulta sorprendente que su liberación anunciada haga estremecer a los campamentos palestinos? "El ejército libanés es incapaz de proteger a los trabajadores sirios víctimas de exacciones estas últimas semanas, -explica Marwan Abdallah, uno de los responsables del campamento de Mar Elias, ubicado en Beirut mismo-. ¿Cómo sería capaz de defendernos?"

 Ilusión óptica 

Desde el 14 de febrero, en efecto, se multiplicaron los ataques contra trabajadores sirios (cientos de miles realizan los trabajos menos remunerados, en la construcción o la agricultura); muchos de ellos fueron asesinados, lo que provocó un éxodo que paralizó a varios sectores de la economía. Amnesty International lanzó un llamado al gobierno para que castigue a los culpables 8.

Si bien el temor de los palestinos se percibe, la alegría de la mayoría de los libaneses de haberse deshecho de Siria y haber logrado la creación de una comisión de investigación sobre las circunstancias del asesinato de Rafic Hariri no logra ocultar la preocupación con respecto al futuro. Lejos de haberse reconciliado, las comunidades se miran con desconfianza. La ausencia de un proyecto claro para la reforma del país se reflejó en las grandes movilizaciones; y las divisiones en torno a la ley electoral lo confirman: cada uno tiende a preservar los intereses de "su" comunidad. Las propuestas de introducir una dosis de representación proporcional para "abrir" el sistema fueron rechazadas por todas las fuerzas, con excepción de Amal y el Hezbollah.

Joseph Samaha, del diario Al-Safir, es uno de los pocos editorialistas que no ha sucumbido a una visión idílica. "No asistimos al surgimiento de una resignificación de la unidad nacional, sino más bien a gestiones paralelas de las diferentes comunidades que crearon la ilusión óptica de la unidad". Así, lo que hizo que los sunnitas salieran masivamente a las calles el 14 de marzo, fue tanto el deseo de conocer la verdad sobre el asesinato de Rafic Hariri como el temor generado por la gran manifestación chiita del Hezbollah el 7 de marzo, que había reunido a varios centenares de miles de personas, entre ellos muchos carenciados de los barrios del sur de la capital que se habían "apoderado" de un centro urbano reservado a la burguesía sunnita o cristiana.

En un taxi colectivo, el chofer y otro pasajero elogian a Francia, pero me advierten: "No vaya a los barrios chiitas, podrían degollarlo si se enteran de que es francés o estadounidense. Los chiitas no son musulmanes. Por un dólar, puede comprarlos...". Unos días antes, Hezbollah había ingresado discretamente a la sede de una asociación caritativa chiita, con el fin de destruir los panfletos incendiarios que distribuía, y que acusaban a los sunnitas de todos los males. La distancia entre sunnitas y chiitas es más grande que nunca y las imágenes de mezquitas chiitas víctimas de atentados en Irak profundizaron las divisiones. La política estadounidense en este país, basada en las divisiones étnico-religiosas (chiitas, sunnitas, kurdos, etc.) avivó en el Líbano los miedos de un "complot" que apunta a dividir la región: "El Líbano confesional representa el ideal que Estados Unidos quiere aplicar a toda la región para dividirla y debilitarla", señala preocupado un intelectual.

Una encuesta ilustra las líneas divisorias que separan a las comunidades 9. Una de las cuestiones importantes planteadas para el futuro es la del desarme de Hezbollah. Mientras que los maronitas casi unánimemente aprueban este reclamo, el 31% de los sunnitas y el 79% de los chiitas se oponen. Los primeros reconocen el compromiso estadounidense y francés en los asuntos libaneses, pero la gran mayoría de los sunitas y chiitas lo rechazan.

Paradójicamente, explica Joseph Samaha, los maronitas podrían ser los grandes perdedores de este nuevo escenario: "Los cristianos se alegran de ver la bandera libanesa agitada por todos durante las manifestaciones. Pero quienes desplegaron estas banderas reclamarán su porción de poder. Y cuando el horizonte de la acción no es la ciudadanía sino un sistema basado en un equilibrio confesional, es normal que las comunidades más numerosas, especialmente la chiita y la sunnita, reclamen una cuota mayor de poder. El fin de las luchas confesionales llevará su tiempo".

  1. Al-Hayat, Beirut, 22-4-05.
  2. Véase la historia del conflicto en Elizabeh Picard, Liban, Etat de discorde, Flammarion, París, 1988.
  3. The Daily Star, Beirut, 12-5-05.
  4. An-Nahar, Beirut, 22-4-05.
  5. The Daily Star, 21-4-05.
  6. Alain Ménargues, Les Secrets de la guerre du Liban, Albin Michel, París, 2004.
  7. Se disponía a declarar ante una corte belga sobre las masacres de Sabra y Chatila y el papel desempeñado por Ariel Sharon.
  8. Véase la declaración de Amnesty International del
    21-4-05, "Lebanon: Stop attacks on Syrians workers and bring perpetrators to justice".
  9. The Daily Star, 21-4-05.

La improbable alianza entre París y Washington

Gresh, Alain

Todo el mundo se lo pregunta. Los diplomáticos, los editorialistas, los responsables políticos analizan cada gesto del presidente Jacques Chirac, cada declaración del embajador Bernard Emié. ¿Francia cambió su política en Medio Oriente? ¿Decidió poner fin a su conflicto con Estados Unidos? ¿Renueva su tradición colonial de alianza con la minoría cristiana maronita? La cooperación casi sin contratiempos entre París y Washington sobre los asuntos libaneses, desde hace varios meses, sorprende incluso a los principales interesados.
Fue el propio presidente Jacques Chirac quien tomó la iniciativa al respecto. En junio de 2004, durante la Cumbre del G-8 en Sea Island, Estados Unidos, se acercó a su par estadounidense para mencionarle la idea de una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas exigiendo la retirada siria del Líbano. Insistió sobre la importancia de ese país, la necesidad de un retorno a la democracia, en momentos en que el presidente Bush intentaba “vender” su proyecto de “Gran Medio Oriente”. Sin embargo, unos meses antes, durante su viaje a Beirut para la Cumbre de la Francofonía, en octubre de 2002, Chirac todavía afirmaba que sólo la paz regional “permitirá al Líbano y a Siria armonizar sus relaciones y llevar a cabo la retirada completa de las fuerzas sirias” del país 1.
¿A qué se debe este giro en la posición francesa? En primer lugar, a la decepción que sintió con respecto al presidente Bachar El Assad, a quien Chirac había apadrinado en un primer momento, pero que demostró ser incapaz de llevar a cabo serias reformas internas. La adjudicación por parte de Damasco de un importante contrato petrolero a Occidental PetroCanada, en detrimento de la francesa Total, no mejoró el clima. Algo más grave: la sensación del presidente francés de que Siria saboteaba las reformas económicas anunciadas por su amigo personal Rafic Hariri poniendo en peligro, de esta manera, las decisiones tomadas en la conferencia de París-II (noviembre de 2002), en la que se habían liberado importantes sumas para la reprogramación de la deuda. Finalmente, Chirac veía en esta cooperación con Washington la ocasión de “dar vuelta la página” en el tema Irak. En la Casa Blanca, donde nunca se interesaron tanto por el futuro del Líbano, la sorpresa fue grande.
En septiembre de 2004, esta colaboración se concretó en la Resolución 1.559 del Consejo de Seguridad de la ONU, que consta de dos partes: la exigencia de la retirada de las tropas sirias; y, ante la insistencia de la Casa Blanca, el pedido de desarme de las milicias (tanto de los campamentos palestinos como de Hezbollah). Durante toda la crisis que sobrevendrá, Washington y París trabajarán de común acuerdo, logrando la retirada de las tropas sirias, la creación de una comisión de investigación sobre el asesinato de Rafic Hariri y la celebración de elecciones legislativas en la fecha prevista.
Pero, ¿seguirá este buen entendimiento? El objetivo de Estados Unidos, en el marco de su estrategia regional, es acabar con el régimen sirio y lograr el desarme de Hezbollah. Francia, por su parte, espera el congreso del partido Baas, que tendrá lugar el próximo 5 de junio, para rever su política con respecto al régimen de Damasco; por otro lado, se niega a clasificar a Hezbollah entre las organizaciones terroristas y deja en manos de los libaneses la tarea de completar el desarme de esta organización; un importante emisario del Eliseo reiteró estas garantías directamente al secretario general de Hezbollah a comienzos del mes de mayo. Por el momento, París parece haber sumado a la administración estadounidense en esta moderación 2.
Más aun cuando, militarmente, el desarme de Hezbollah no es una cuestión sencilla. ¿Quién podría imponerlo? El ejército libanés indudablemente no: la mayoría de sus soldados son  chiitas y brindó una sólida cooperación a Hezbollah en la lucha contra la ocupación israelí. Y, el 7 de marzo de 2005, cuando hizo que salieran a la calle varios cientos de miles de personas, la organización demostró su fuerza, que debería confirmar el resultado de las elecciones en curso.
“Nunca apuntamos nuestras armas contra los libaneses, –explica con calma Sayyed Hassan Nasrallah, secretario general de Hezbollah–. Nuestras armas siempre sirvieron contra los ocupantes. Y siguen sirviendo para proteger al país de las agresiones”. Todos los días, aviones israelíes sobrevuelan el territorio; Israel ocupó el sur del país durante largos años, e invadió el país en varias oportunidades. “Defendemos la soberanía del Líbano”, continúa, antes de agregar, irónico: “Antes, cuando se formaba un gobierno en Beirut, había que consultar a Damasco. Actualmente, debemos lograr el apoyo de París y Washington, El Cairo y Ryad”.
En realidad, todo el mundo lo entiende, el desarme de Hezbollah no es una cuestión puramente interna. Quiérase o no, el futuro del Líbano está ligado al conflicto palestino-israelí (acaso por la presencia de 400.000 palestinos en el Líbano), a la evolución de la situación en Damasco, pero también al contexto regional, especialmente la crisis iraquí y al enfrentamiento entre Irán y Estados Unidos. El Hezbollah es una pieza clave en el dispositivo de las fuerzas que se oponen al control estadounidense e israelí y difícilmente renuncie a ese papel, incluso a cambio de “compensaciones” en el escenario libanés.

  1. Georges Corm, “¿De nuevo un ‘Estado Tapón’?”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, abril de 2005.
  2. La del desarme de los palestinos es menos estratégica, en la medida en que los grupos palestinos disponen esencialmente de armamento liviano, destinado ante todo a ejercer el control policial en los campamentos y proteger a la población.


Autor/es Alain Gresh
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 72 - Junio 2005
Páginas:23,24,25
Traducción Gustavo Recalde
Temas Ciencias Políticas, Militares, Corrupción, Política internacional
Países Líbano