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Hacia la privatización del sistema de jubilaciones en Estados Unidos

La derrota del partido socialdemócrata alemán en su feudo histórico en Renania de Westfalia Norte el 22 de mayo, que sanciona a los programas de reducción de gastos sociales, es un signo de la resistencia en Europa contra las políticas “de reforma”. En Estados Unidos, George W. Bush creyó que una vez reelegido podría privatizar lo que quedaba de las jubilaciones públicas. Pero su proyecto sigue bloqueado.

Una vez reelecto en noviembre de 2004, George W. Bush anunció que en adelante disponía de un "capital político" que estaba muy decidido a utilizar. Confortado por su nuevo mandato y una mayoría reforzada en el Congreso, el Presidente se apresuró a proponer iniciativas de política interior, en particular una reestructuración del sistema de jubilación de reparto. Bush inscribió estas reformas en el marco de la creación de lo que llama una "sociedad de propietarios" (ownership society).
En algunos ambientes está bien visto considerar al Presidente estadounidense como un vaquero de torpe elocución y limitada capacidad intelectual. Independientemente del acierto o no de esta descripción 1, la "sociedad de propietarios" constituye una de las piedras angulares de la estrategia neoconservadora destinada a transformar radicalmente la sociedad estadounidense. Lejos de limitarse a algunos lemas simplistas, esta elaborada estrategia se diferencia del neoliberalismo clásico. De ser adoptada, podría tener importantes repercusiones a escala internacional.
El sistema federal de jubilaciones estadounidense fue instaurado por Franklin D. Roosevelt después de la Gran Depresión de los años '30. La "Social Security Act" de 1935, inspirada en el dispositivo que Bismarck había instalado en Alemania a fines del siglo XIX, opera por reparto. Trabajadores y empleadores aportan cada uno el 6,2% de la masa salarial, pero el monto sujeto a ese coeficiente está limitado a los 90.000 dólares. Las retenciones, que representan más de la cuarta parte de los impuestos federales, se destinan a los actuales jubilados. Con el tiempo y las reformas, se redujeron las jubilaciones de reparto en el conjunto del sistema, a favor de los fondos de pensión.
La tasa de sustitución de las jubilaciones públicas (suma que cobra el jubilado comparada con lo que fue su salario) es baja, entre el 25 y el 30%; algo más para las viudas y personas discapacitadas 2. Sin embargo, a partir de la década de 1930 ese sistema permitió luchar de manera eficaz contra el flagelo de la pobreza en las personas de edad: por ejemplo, entre 1959 y 1979 la redujo a la mitad. Y hoy los subsidios federales representan más de la mitad del ingreso de las dos terceras partes de los jubilados.
En Estados Unidos la jubilación de reparto es la piedra angular del sistema previsional, basado en las nociones de solidaridad y de riesgo colectivo compartido 3. Pero tal como sucede en Europa, los problemas de carácter financiero cuestionan su permanencia. Con la prolongación de la esperanza de vida, la cantidad de aportantes amenaza con ser insuficiente en relación con el número de beneficiarios: la generación originada en el baby-boom (nacida entre 1945 y 1965) está por jubilarse, mientras la proporción de la población en edad de trabajar disminuye continuamente. Algunas previsiones aseguran que a partir de 2018 el monto de las jubilaciones que deberán pagarse superará el de los aportes, y que para 2042 el sistema corre el riesgo de quebrar.
A partir de esas controvertidas proyecciones 4, el presidente Bush proclamó la existencia de una "crisis" destinada a hacer que una reforma ampliamente inspirada en las ideas neoconservadoras fuera mejor aceptada. Si se adoptara el proyecto de la Casa Blanca, los asalariados más jóvenes invertirían el 4% de sus aportes, con un tope inicial de 1.000 dólares anuales, en "cuentas jubilatorias individuales" 5. Aunque esto no fuera obligatorio, el temor a que el actual sistema se derrumbe y la certeza de que el monto de sus pensiones se verá reducido los impulsará a aceptarlo. Los trabajadores de más edad, que ya tienen pensiones garantizadas, no podrían participar en este programa.
El primer argumento a favor de esas inversiones en los mercados financieros es que reportarían más que las de los fondos jubilatorios gubernamentales, obligados a limitar sus inversiones a los bonos del Tesoro estadounidense. Segundo argumento: cada individuo sería propietario directo de su cuenta y por lo tanto podría administrarla a su gusto. Por último, gentil llamado de atención a los demócratas, Bush apunta a disminuir de manera progresiva las pensiones que cobran los derechohabientes más acomodados con el objeto de poder elevar el nivel jubilatorio mínimo de los aportantes más pobres 6.

Combatir la solidaridad

Los que se oponen a este proyecto se basan en un principio: la solidaridad y el riesgo colectivo compartido, lo que dio pruebas de ser eficaz tanto en el plano moral como en el práctico. Entonces ¿por qué renunciar a eso? A fin de cuentas, nada prueba que el sistema esté verdaderamente "en crisis". En efecto, algunos ajustes y una estimación distinta del aumento de la productividad en los próximos cuarenta años podrían corregir los desequilibrios y asegurar la permanencia del sistema, al menos en el mediano plazo. Además la disminución de la cantidad de bajas por jubilación anticipada permitiría recaudar sumas importantes; la tasa de los aportes podría aumentarse y, sobre todo, el monto máximo sujeto a impuesto podría fijarse muy por encima de los 90.000 dólares, lo que incrementaría la contribución de los altos ingresos.

La individualización de la seguridad colectiva creará fuertes desigualdades ante el riesgo. En efecto, como ya lo probaron la quiebra de Enron y todas las que siguieron, los mercados bursátiles siguen siendo particularmente opacos 7. Cabe apostar a que gran cantidad de inversores inexpertos verán esfumarse sus jubilaciones (hecho que ya se produjo no pocas veces), mientras que los más hábiles, en su mayoría los más ricos y mejor informados, obtendrán confortables plusvalías.
No obstante, la principal objeción se refiere al costo durante el período de transición. Parte de los aportes se volcarían en cuentas privadas y provocarían un enorme lucro cesante en el pago de las actuales pensiones (más de mil millones de dólares). Nadie parece saber de dónde va a sacar el Estado semejante suma. La administración Bush propone un empréstito, pero las reducciones impositivas que beneficiaron a los sectores de altos ingresos ya provocaron un abismal déficit presupuestario (412.000 millones de dólares, es decir el 3,6% del PBN en 2004) y un alza de las tasas de interés.
Todas estas objeciones y contrapropuestas harían suponer que la Casa Blanca intenta realmente proteger el sistema jubilatorio de reparto. Pero por el contrario el objetivo de la "reforma" es luchar contra la lógica de la solidaridad y de la distribución colectiva del riesgo. El presidente Bush fue muy claro al respecto: "Para quien es propietario, el porvenir del país cobra más importancia. Cuanto más propietarios haya en Estados Unidos, más fuerte será el país, dado que el destino nacional incumbirá a cada individuo" 9. En consecuencia se trata de dejar que la idea de propiedad privada penetre en todos los niveles de la sociedad, mucho más allá de la vivienda (el 69% de los estadounidenses son propietarios), y se generalice la adquisición de acciones y obligaciones.
Los planes de jubilación individualizados van en ese sentido. Y la "redistribución" de los subsidios jubilatorios a los aportantes más pobres serviría menos para reequilibrar las cuentas que para impulsar un poco más a la clase media hacia el sector privado, intensificando al mismo tiempo su resentimiento contra los medios populares y el sistema de reparto que sigue protegiéndolos.
Las otras reformas tendientes a promover esta "sociedad de propietarios" apuntan al mismo objetivo: crear cuentas de salud privadas (parecidas a las cuentas de jubilación individuales, pero destinadas a los gastos médicos), reducir los impuestos sobre el dinero invertido y bajar el índice de las retenciones sobre la renta, lo cual sólo beneficiará a las familias acomodadas, ya que polariza un poco más a la sociedad. Ventaja suplementaria: los accionistas votan en mayor proporción que los demás por el Partido Republicano...
Detrás de las medidas propuestas por la Casa Blanca se oculta una ideología heredada tanto de la filosofía de John Locke como del espíritu pionero de la Frontera: las personas o familias propietarias administran sus bienes de una manera más racional que el Estado. Para los que apoyan esta ideología, los programas de asistencia social son nocivos porque hacen que los ciudadanos dependan de la comunidad.
La verdadera "libertad", para retomar la palabra preferida de Bush, consiste en poder tomar cualquier decisión importante de la existencia considerando únicamente la propia situación personal y la de su familia. Esto se opone a la ideología "liberal" (en el sentido estadounidense, es decir cercano a la socialdemocracia europea) que considera que el objetivo del Estado debe ser compensar las inequidades y la marcha errática del mercado.
Esta "sociedad de propietarios" tiene poco que ver con el neoliberalismo de Margaret Thatcher. La ex primera ministra británica refutó en público la existencia de una "sociedad" que no sea la suma de individuos y consumidores. Para los neoliberales de su escuela, la única realidad social admisible es la del mercado. El nacionalismo antieuropeo de Thatcher se fundaba en su rechazo a las reglamentaciones impuestas por la Comunidad primero y por la Unión Europea después. Esto es especialmente evidente cuando se observa cuál es el papel reservado al poder público.
Para los neoconservadores, el Estado debe intervenir en la reorganización de la sociedad para permitir a los estadounidenses acumular capital e invertirlo en el momento oportuno. Al fin de cuentas, "reformas" tales como la de la jubilación generan enormes gastos públicos. El activismo de los neoconservadores no se limita pues a la política exterior. Se trata más bien de crear un nuevo "ciudadano", liberado de cualquier obligación moral vinculada al sentimiento de solidaridad colectiva.
¿La "sociedad de propietarios" es tan sólo una nueva retórica destinada a disfrazar los muy prosaicos objetivos del programa de la administración Bush? El cinismo del que los republicanos dan pruebas al comportarse como si todo les estuviera permitido, tanto en la guerra como en la política interior, tal vez aliente semejante lectura.
Además, nadie ignora -desde 2001 son evidentes las prioridades fiscales al respecto- que el programa de los neoconservadores consiste antes que nada en hacer que los ricos sean cada vez más ricos. Sin embargo, sería bastante imprudente no tomar en serio las convicciones que se ocultan detrás de la consigna presidencial, porque esas convicciones prueban el persistente vigor de la derecha estadounidense. Los partidarios del actual Presidente saben que gran parte del país se abre cada vez más a sus ideas. La "sociedad de propietarios" no es una utopía sino un programa que convendrá aplicar en cuanto lo permitan las circunstancias políticas.
Lo cual podría suceder bien pronto. George W. Bush fue reelegido con mayor margen que el previsto y fortaleció su mayoría en el Congreso 10. Eso hace que la resistencia institucional a las iniciativas presidenciales sea relativamente débil. Al fin y al cabo, la sociedad de propietarios hunde sus raíces culturales en la tradicional desconfianza estadounidense hacia la noción misma de protección social. En Estados Unidos los únicos programas verdaderamente universales se refieren a las personas de edad avanzada. Aquellos destinados a los pobres siguen siendo muy limitados y siempre incluyen un aspecto punitivo que apunta a estigmatizar y excluir más que a volver a integrar.
El seguro médico fue siempre un asunto más privado que público, a pesar de que el 15% de los estadounidenses no poseen ninguna protección en caso de enfermedad, de que los costos vinculados con la salud son superiores a los de cualquier otro país y de que el sistema funciona cada vez peor 11. En 1993 el presidente William Clinton intentó tímidamente revertir la tendencia, pero el Congreso hizo fracasar su reforma (a pesar de la mayoría demócrata) y los habitantes fueron condenados a "optar", en función de sus recursos, entre una multitud de contratos de seguros médicos privados, desde el más lujoso hasta el más minimalista.
En 1995 las reformas del seguro de desempleo acentuaron el aspecto punitivo de los programas de ayuda a los desposeídos e instauraron sistemas de "incitación al trabajo" que incrementaron las filas de los working poor. Es verdad que la administración Bush mejoró el reintegro por los medicamentos que compran las personas mayores, pero de manera tal que el gasto público que surge de esta reforma favorece a la industria farmacéutica sin imponerle ningún control, y que el dispositivo de conjunto lleva a los jubilados, mediante incitaciones fiscales, a volcarse más hacia los seguros privados.
Por último, todas las recientes modificaciones al Código Impositivo se ajustan a la ideología de una "sociedad de propietarios": exoneración fiscal para los préstamos para acceder a la propiedad y para las donaciones a obras de caridad, préstamos para financiar la guarda de los niños (a menudo a cargo de organismos privados), préstamos para facilitar el financiamiento de los estudios superiores y ayudas de todo tipo destinadas a promover las "opciones individuales" en materia de educación 12.

Una clase media inquieta

Con estas reformas, el equipo del presidente Bush apunta al electorado que cuenta. La destrucción del sector industrial estadounidense decuplicó el número de working poor, una categoría popular que está muy poco organizada y que rara vez vota. Los neoconservadores apuntan a la "clase media" alta, es decir al 20 % más rico, los que tienen razones -reales o imaginarias- para creer que podrán acceder a la prosperidad. En la actualidad esta fracción decisiva del electorado siente la necesidad de acumular activos que se valoricen (vivienda y ahorro) y financiar la educación y la guarda de sus hijos, ambas muy costosas, gracias a las exoneraciones fiscales. Los "propietarios" con los que sueñan los neoconservadores se encuentran en este grupo social.
Desde comienzos de la década de 1980 la desigualdad progresó mucho más rápido en Estados Unidos que en cualquier otro lado, y la movilidad social hacia arriba se frenó sensiblemente 13. Esas evoluciones crearon una real inseguridad en la clase media, hoy obsesionada por la idea de transmitirles a sus hijos un capital (renta, educación). Así, las familias que tienen los suficientes medios financieros y culturales eligen con mucho cuidado su lugar de residencia, para que sus hijos puedan vivir seguros y se beneficien con las mejores escuelas y las mejores "redes" de socialización posibles 14.
Es indudable que las universidades más prestigiosas permiten asegurar el porvenir de sus hijos, pero es difícil ingresar y casi todas son privadas. Dado que los gastos de escolaridad y de pensión superan los 40.000 dólares anuales, los estadounidenses de entre 45 y 50 años de edad que tienen la suerte de pertenecer a la clase media se acostumbraron a desprenderse de su capital (e incluso a endeudarse) a fin de pagar los estudios superiores de sus hijos.
El gran juego de la movilidad social se fue transformando poco a poco en un juego de azar: se puede ganar muchísimo si uno está dispuesto a apostar lo esencial de lo que posee. Pero cuando termina la partida, pocos son los que se benefician con una jubilación segura. Bajo pretexto de "opción", el funcionamiento del sistema tiende a generar cálculo y egoísmo, esas dos fuentes que alimentan a la "sociedad de propietarios". Semejante transformación de las mentalidades se utiliza posteriormente como argumento para fundamentar una nueva etapa de la privatización de la sociedad.
Ahora bien, un proyecto de conjunto tan ambicioso ya no es política ficción. Las victorias de la nueva derecha estadounidense no moderaron su determinación ni frenaron su búsqueda de "ideas nuevas". Hay pocos observadores que advierten el actual estado de decadencia de "la izquierda", incluidos los demócratas. Pero por su parte los intelectuales de la nueva derecha no ignoran que, si bien el fundamentalismo cristiano les permitió movilizar una parte de los estratos populares para ponerlos al servicio del actual Presidente, las divisiones que reaviva pueden poner en peligro el proyecto conservador 15.
Por otro lado, aunque los estadounidenses están más acostumbrados que cualquier otro pueblo a ver cómo el mercado "regula" sus vidas, sólo los ricos aprecian verdaderamente los resultados que esa regulación genera. Los otros comprenden a menudo que las políticas alentadas por el Wall Street Journal y el mundillo de los negocios hacen que sus existencias sean menos vivibles.
Pero la "sociedad de propietarios" logra precisamente esquivar esos escollos gracias a la intervención estatal, aun cuando -caso especial- el gasto público sirve para acelerar la privatización de toda la sociedad. Además, los fundamentos del proyecto neoconservador son más morales o culturales que religiosos o económicos. Este posicionamiento, este ropaje, aportan una justificación ética a políticas que estigmatizan a los pobres, tranquilizan a la clase media y permiten a los ricos seguir enriqueciéndose.
En la actualidad Estados Unidos está en marcha, el ruido de sus botas resuena en muchos países. Pero lo mismo ocurre en lo relativo a la política interna y social. Aunque los neoconservadores dirigen el país, nadie parece estar lo suficientemente interesado en el tenor de su programa. Sería erróneo ver en sus actuales prioridades una versión simplificada de la idea de que los mercados solucionan todos los problemas. Por lo contrario, su visión del mundo es dirigista, e inspirada en la filosofía autoritaria de Leo Strauss, se emparenta con una forma de leninismo dedicado a defender a los poderosos.
En ese sentido, la derecha en el poder está dispuesta a realizar todas las intervenciones y todos los gastos que le permitan convencer a la población de que rechace la noción de lo colectivo. Y si los estadounidenses tal como son no concuerdan con su proyecto, habrá que transformarlos para que concuerden. Es posible que esta vez la reforma del sistema jubilatorio fracase ya que es políticamente peligrosa y desde ya impopular, pero las ideas neoconservadoras siguen abriéndose paso en la sociedad. No obstante, la derecha estadounidense dio pruebas de que sabe esperar.
Todo hace pensar que Estados Unidos está decidido a utilizar su poder para exportar el concepto de "sociedad de propietarios". Su proyecto podría llegar a buen término en especial en Europa, donde las elites parecen estar hipnotizadas por el modelo estadounidense, al mismo tiempo que de tanto en tanto fingen combatirlo. Sin embargo, no hay que engañarse: se trata de volver sobre las adquisiciones logradas tras muchos siglos de luchas y conquistas colectivas que humanizaron el mundo occidental.

  1. Sin duda no lo es. Véase Tom Frank, "Aquellos estadounidenses que votarán por George W. Bush", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, febrero de 2004; y Serge Halimi, "El pueblo humilde que vota a Bush", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, octubre de 2004.
  2. Estos pagos se completan con dos sistemas financiados de manera privada. Las jubilaciones complementarias negociadas por actividad y financiadas por las empresas (que las llevan a un nivel cercano al de las practicadas en Europa) sólo son accesibles a menos de la mitad de los asalariados. Las cuentas individuales de jubilación, creadas más recientemente, sólo benefician a los asalariados más ricos.
  3. Los gastos de jubilación representan el 4,3% del PIB en Estados Unidos, contra 12,1% en Francia y 11,8% en Alemania, de acuerdo con la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE).
  4. Mark Weistrot y Dean Baker, "If It Ain't Broke, Don't Fix It", The Washington Post, 23-1-2005.
  5. http://www.whitehouse.gov/infocus/socialsecurity
  6. "President's Big Social Security Gamble", The New York Times, 30-4-2005.
  7. Tom Frank, "Las mil y una estafas de Enron", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, febrero de 2000; e Ibrahim Warde, "La nueva economía al desnudo", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, agosto de 2002.
  8. Martine Bulard, "Les retraites trahis par les fonds de pension", Le Monde diplomatique, París, mayo de 2003.
  9. Citado por un comunicado de la Casa Blanca, 9-8-2004.
  10. 55 escaños en el Senado (sobre 100) y 232 en la Cámara de Representantes (sobre 435).
  11. Paul Krugman, "Passing the Buck", The New York Times, 22-2-2005. Véase también Olivier Appaix, "Assurance-maladie: les patrons americains en rêvent", Le Monde diplomatique, París, julio de 2004.
  12. Christopher Howard, The Hidden Welfare State, Princeton University Press, Princeton, 1997.
  13. "Meritocracy in America", The Economist, Londres, 1-1-2005.
  14. Rick Fantasia, "Bush-Kerry, miembros de la misma secta académica", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, noviembre de 2004.
  15. La manera en que se usó el fundamentalismo cristiano para lanzar al populismo contra la izquierda fue analizada por Thomas Frank en What's the Matter with Kansas? How Conservatives Won the Heart of America, Metropolitan Books, Nueva York, 2004.
Autor/es George Ross
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 72 - Junio 2005
Páginas:26,27
Traducción Teresa Garufi
Temas Ciencias Políticas, Neoliberalismo, Nueva Economía, Política
Países Estados Unidos, Alemania (ex RDA y RFA)