Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

Recuadros:

¿Qué hacemos en Irak?

El pasado 28 de junio el presidente George W. Bush, en un discurso en la base militar de Fort Bragg, Carolina del Norte, reafirmó la misión de Estados Unidos en Irak, admitiendo que muchos de sus ciudadanos se preguntan si ese sacrificio vale la pena. Sin embargo, el discurso del Presidente no pudo disimular la creciente desaprobación al involucramiento en esa guerra, ni la desmoralización de sus tropas.

Irak no es un país liberado, sino un país ocupado. Esto es evidente. Nos familiarizamos con el término "país ocupado" durante la Segunda Guerra Mundial. Por entonces, hablábamos de "Francia ocupada por los alemanes", de "Europa bajo la ocupación alemana". En la posguerra, hablamos de Hungría, Checoslovaquia y Europa del Este ocupadas por los soviéticos. Los nazis y los soviéticos ocuparon muchos países. Nosotros los liberamos de esas ocupaciones.

Actualmente, los ocupantes somos nosotros. Desde luego, liberamos a Irak de Saddam Hussein, pero no de nosotros. Al igual que en 1898 habíamos liberado a Cuba del yugo español, pero no del nuestro. La tiranía española fue derrotada, pero Estados Unidos transformó la isla en una base militar, tal como lo estamos haciendo ahora en Irak. Las grandes firmas estadounidenses se instalaron en Cuba, así como Bechtel, Halliburton y las empresas petroleras se instalan en Irak. Estados Unidos redactó e impuso, con cómplices locales, la Constitución que debía regir en Cuba, así como nuestro gobierno elaboró, con la ayuda de agrupaciones políticas locales, una Constitución para Irak. No, esto nada tiene de liberación. Se trata efectivamente de una ocupación.

Y de una sucia ocupación. El 7-8-03, The New York Times informaba que el general estadounidense Ricardo Sánchez, en Bagdad, "estaba preocupado" por la reacción iraquí frente a la ocupación. Los dirigentes iraquíes pro estadounidenses le transmitieron un mensaje que él nos reenvió: "Cuando se detiene a un padre en presencia de su familia, se le tapa la cabeza con una bolsa y se lo hace arrodillar, para su familia significa una grave ofensa contra su dignidad y respeto" (una observación particularmente sagaz).

El 19-7-03, mucho antes de que se probara la existencia de casos de torturas en la prisión de Abu Ghraib en Bagdad, la cadena CBS News informaba: "Amnesty International analiza numerosos casos de tortura en Irak cometidos presuntamente por las autoridades estadounidenses. Uno de ellos es el caso Khraisan. Su casa fue destruida por soldados estadounidenses que irrumpieron disparando a todos los rincones. Al-Aballi fue detenido junto a su padre, un anciano de 80 años. Su hermano resultó herido... Se llevaron a los tres hombres... Al-Aballi cuenta que quienes lo interrogaron lo desnudaron completamente y lo mantuvieron despierto durante una semana, ya sea de pie o de rodillas, atado de pies y manos, con una bolsa en la cabeza. Al-Aballi cuenta que dijo a sus secuestradores: ‘No sé qué es lo que quieren. No tengo nada'. ‘Les pedí que me mataran'. Ocho días más tarde, lo dejaron ir junto con su padre... Los funcionarios estadounidenses apenas respondieron a los múltiples pedidos que les hicieron para tratar este caso...".

 La excusa de los complots

 Se sabe que la mayor parte de la ciudad de Fallujah (360.000 habitantes) fue destruida y que cientos de sus habitantes fueron asesinados durante la ofensiva estadounidense de noviembre de 2004, desatada con la excusa de limpiar la ciudad de grupos terroristas que habrían actuado en el marco de una "conspiración baasista". Pero se olvida que el 16-6-03, apenas un mes y medio después de la "victoria" en Irak y la "misión cumplida" proclamada por el presidente Bush, dos periodistas de la cadena Knight Rider habían escrito a propósito de la zona de Fallujah: "Durante estos últimos cinco días, la mayoría de los habitantes de esta región afirmaron que no existía una conspiración baasista o sunnita contra el ejército estadounidense, sino hombres dispuestos a luchar porque sus familiares habían sido heridos o asesinados, e incluso ellos mismos habían sido objeto de humillaciones durante los allanamientos o en las barreras colocadas en las carreteras... Tras la detención de su marido por llevar cajones de madera vacíos que había comprado para calentarse, una mujer declaró que Estados Unidos era culpable de terrorismo".

Estos mismos periodistas señalaban: "Habitantes de At Agilia -un pueblo al norte de Bagdad- afirmaron que dos de sus granjeros y otros cinco de un pueblo vecino habían sido asesinados por balas estadounidenses mientras regaban tranquilamente sus campos de girasoles, tomates y pepinos".

Los soldados enviados a este país -a quienes se les dijo que la gente los recibiría como libertadores, pero que en realidad se encuentran rodeados por una población hostil- se volvieron temerosos, se deprimieron, y tienen el gatillo fácil, tal como se vio en Bagdad durante la liberación de la periodista italiana Giuliana Sgrena, el 4-3-05, cuando el agente italiano de los servicios de inteligencia Nicola Calipari fue asesinado en una barrera por soldados estadounidenses nerviosos y atemorizados.

Leímos los informes de soldados estadounidenses que están furiosos porque no los sacan de Irak. Un periodista de la cadena ABC News en Irak declaró recientemente que un sargento lo había llamado aparte para decirle: "Tengo mi propia lista de los hombres más buscados (Most Wanted List)". Hacía referencia al famoso juego de cartas publicado por el gobierno estadounidense, que representa a Saddam Hussein, sus hijos y otros miembros del antiguo régimen baasista iraquí: "Los ases de mi juego -decía- son George W. Bush, Dick Cheney, Donald Rumsfeld y Paul Wolfowitz".

El público estadounidense conoce ahora esos sentimientos, así como los de numerosos desertores que se niegan a volver al infierno de Irak tras un permiso de volver a sus casas. En mayo de 2003, una encuesta señalaba que sólo el 13 % de los estadounidenses pensaba que la guerra tomaría un mal cariz. En dos años, las cosas cambiaron radicalmente. Según una encuesta publicada el viernes 17-6-05 por The New York Times y la cadena CBS News, el 51% de los estadounidenses considera ahora que Estados Unidos no debió invadir Irak ni embarcarse en esta guerra. Actualmente, el 59% desaprueba el modo en que el presidente Bush maneja la situación en Irak. Y me parece interesante señalar que las encuestas realizadas entre la población afro-estadounidense revelaron constantemente una oposición del 60% a la guerra en Irak.

 Guerra a las libertades

 Pero existe una ocupación con peores augurios que la de Irak: la de Estados Unidos. Al despertarme esta mañana y leer el diario, tuve la sensación de que nosotros mismos éramos un país ocupado, de que una potencia extranjera nos había invadido. Esos trabajadores mejicanos que intentan cruzar la frontera arriesgando sus vidas para escapar de los agentes de migraciones (con la esperanza de alcanzar una tierra que, paradójicamente, les pertenecía antes de que Estados Unidos se apoderara de ella, en 1848), no son extranjeros, desde mi punto de vista. Esos 20 millones de personas que viven en Estados Unidos sin el estatuto de ciudadanos y que, en virtud de la Patriot Act (la "Ley Patriótica"), pueden ser expulsados de sus hogares y detenidos indefinidamente por el FBI, sin ningún derecho constitucional, para mí no son extranjeros. En cambio, el grupúsculo de individuos que tomó el poder en Washington (George W. Bush, Richard Cheney, Donald Rumsfeld y el resto de la camarilla), ellos sí son extranjeros.

Me desperté pensando que este país se encuentra en las garras de un Presidente que fue elegido por primera vez, en noviembre de 2000, en las circunstancias que se conocen, gracias a todo tipo de chanchullos en Florida y por decisión de la Suprema Corte. Un Presidente que, después de su segunda elección en noviembre de 2004, permanece rodeado de "halcones" trajeados que poco se preocupan por la vida humana aquí o allá; cuya menor preocupación es la libertad, aquí o allá; y a los que nada les importa el futuro de la tierra, el agua, el aire y el mundo que dejaremos a nuestros hijos o nietos.

Muchos estadounidenses se han puesto a pensar, al igual que nuestros soldados en Irak, que algo anda mal, que este país no se parece al que deseamos tener. Un país que cada día vuelca su conjunto de mentiras en la plaza pública. La más monstruosa de ellas es que todo acto cometido por Estados Unidos debe ser perdonado, porque estamos embarcados en una "guerra contra el terrorismo".

Se pasa por alto el hecho de que la guerra en sí es terrorismo; de que irrumpir en los hogares, llevarse a miembros de una familia y torturarlos, es terrorismo; de que invadir y bombardear otros países no nos brinda más seguridad, sino lo contrario.

Uno se hace una idea de lo que este gobierno entiende por "guerra contra el terrorismo" al recordar la célebre declaración del secretario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld (uno de los "hombres más buscados" en la lista del sargento), cuando se dirigió a los ministros de la OTAN, en Bruselas, en vísperas de la invasión a Irak. Explicaba entonces las amenazas que pesaban sobre Occidente (imaginen: seguimos hablando de "Occidente" como una entidad sagrada, mientras que Estados Unidos, que había fracasado en sumar a su proyecto de invasión a Irak a varios países de Occidente -entre ellos, Francia y Alemania- trataba de seducir a cualquier precio a los países del Este, convenciéndolos de que nuestro único objetivo era liberar a los iraquíes, tal como los habíamos liberado a ellos del dominio soviético). Rumsfeld, explicando pues cuáles eran esas amenazas y por qué eran "invisibles y no identificables", pronunció su inmortal sofisma: "Hay cosas que conocemos. Y hay otras que sabemos que no conocemos. Es decir que hay cosas que, por el momento, sabemos que no conocemos. Pero hay también cosas desconocidas que no conocemos. Hay cosas que no sabemos que no conocemos. En resumen, la ausencia de pruebas no prueba una ausencia... No tener pruebas de que algo existe no quiere decir que se tienen pruebas de que no exista".

Afortunadamente, Rumsfeld estaba allí para ilustrarnos. Esto explica por qué la administración Bush, incapaz de capturar a los autores de los atentados del 11 de septiembre, siguió su impulso, invadió y bombardeó Afganistán en diciembre de 2001, asesinando a miles de civiles y provocando la huida de otros cientos de miles, pero aún no sabe dónde se esconden los criminales. Esto explica también por qué el gobierno, sin saber realmente qué tipo de armas escondía Saddam Hussein, decidió bombardear e invadir Irak en mayo de 2003, pese a la oposición de la ONU, asesinando a miles de civiles y soldados y aterrorizando a la población. Esto explica por qué el gobierno, sin saber quién es o no terrorista, decidió encarcelar a cientos de personas en la prisión de Guantánamo en condiciones tales que dieciocho de ellas intentaron suicidarse.

En su informe 2005 sobre las violaciones a los derechos humanos en el mundo, publicado el 25-5-05, la organización Amnesty International no dudó en afirmar que "el centro de detención de Guantánamo se transformó en el gulag de nuestra época". La secretaria general de esta organización, Irene Khan, agregó: "Cuando el país más poderoso del planeta desprecia la supremacía de la ley y los derechos humanos, autoriza a los demás a infringir las reglas sin pudor, convencidos de que permanecerán impunes".

Khan denunció además los intentos de Estados Unidos de banalizar la tortura. Los estadounidenses -señaló- tratan de quitarle su carácter absoluto a la prohibición de la tortura "redefiniéndola" y "suavizándola". Ahora bien, recordó: "la tortura gana terreno desde el momento en que su condena oficial no es absoluta". A pesar de la indignación suscitada por las torturas cometidas en la prisión de Abu Ghraib (Irak), ni el gobierno ni el Congreso de Estados Unidos solicitaron la apertura de una investigación profunda e independiente, se lamentó Amnesty.

La supuesta "guerra contra el terrorismo" no sólo es una guerra contra un pueblo inocente en un país extranjero, sino una guerra contra el pueblo de Estados Unidos. Una guerra contra nuestras libertades, una guerra contra nuestro modo de vida. Le roban al pueblo la riqueza del país para distribuirla entre los más ricos. Les roban también la vida a nuestros jóvenes.

No hay ninguna duda de que esta guerra que ya lleva dos años y tres meses seguirá causando muchas víctimas no sólo en el extranjero, sino en el propio territorio de Estados Unidos. La administración dice a quienes quieran oírlo que saldrán triunfantes de esta guerra porque, a diferencia de Vietnam, sólo hubo pocas víctimas 1. Es verdad, "sólo" unos cientos de muertos en los combates. Pero cuando la guerra termine, entonces las víctimas de las consecuencias de ella -enfermedades, traumas- no dejarán de aumentar. Después de la guerra de Vietnam, muchos veteranos denunciaron malformaciones congénitas en sus hijos, causadas por el agente naranja, un poderoso herbicida muy tóxico, pulverizado sobre las poblaciones vietnamitas.

En la primera guerra del Golfo, en 1991, sólo se registraron unos centenares de bajas, pero la Asociación de Veteranos denunció recientemente que en estos últimos diez años murieron 8.000 ex combatientes. Doscientos mil veteranos, de los seiscientos mil que participaron en la primera guerra del Golfo, se quejan de dolencias y patologías diversas causadas por las armas y municiones utilizadas durante esta guerra. Quedan por verse los efectos del uranio empobrecido en nuestros jóvenes enviados a Irak.

¿Cuál es nuestro deber? Denunciar todo eso. Estamos convencidos de que los soldados enviados a Irak sólo soportan el terror y la violencia porque los han engañado. Y cuando sepan la verdad -tal como sucedió en la guerra de Vietnam- se volverán contra su gobierno.

El resto del mundo nos apoya. La administración de Estados Unidos no puede ignorar indefinidamente a los diez millones de personas que protestaron en el mundo entero contra la invasión el 15-2-03 y que cada día son más. El poder de un gobierno, cualesquiera sean las armas que posea o la moneda que tenga, es frágil. Cuando pierde su legitimidad a los ojos de su pueblo, sus días están contados.

Debemos comprometernos en todas las acciones cuyo objetivo sea detener esta guerra. Nunca se hará lo suficiente. La historia de los cambios sociales está hecha de millones de acciones, pequeñas o grandes, que se acumulan en un determinado momento de la historia. Hasta constituir una potencia que ningún gobierno puede reprimir.

  1. El 20-6-05, el número de militares estadounidenses muertos en Irak ascendía a 1.724 y el número total de heridos a 12.896 (fuente: www.antiwar.com/casualties/).

Irak, historia de un desastre

Maldonado, Raúl J.

Irak, historia de un desastre

Ignacio Ramonet
Debate; Buenos Aires, junio de 2005.
168 páginas, 23 pesos.

La evaluación de la comunidad de analistas internacionales y de la opinión pública mundial sobre la invasión a Irak está alcanzando ciertos consensos básicos: la ilegítima e injustificada agresión a Irak, la búsqueda de sucesivas e infundadas razones para sostener una guerra frente a la opinión pública (armas de destrucción masiva; vínculos con Al-Qaeda; democratización de Irak y, por extensión, de Medio Oriente), son síntomas de una arrogancia imperial que ha llevado a uno de los errores estratégicos más graves de la historia y que se traduce en la muerte cotidiana de civiles, el mayor ataque formal al sistema de derechos humanos que se construyó desde la Segunda Guerra Mundial y la mejor propaganda para el islamismo radical.
Ignacio Ramonet resume, en apretada pero inmejorable síntesis, el pensamiento estratégico neoconservador y su implementación en la administración Bush. Con abundantes referencias bibliográficas y periodísticas –es decir, fuentes públicas– destaca la marcha hacia la guerra y la irracional construcción de una política de Estado consistente con la invasión y ocupación de Irak, que se agudizó a partir de los atentados del 11-S. La estrategia de legitimación de la agresión implicó, también, la intoxicación de los medios de prensa, quienes actuaron como cómplices –en el mejor de los casos, involuntarios– frente a la puesta en escena del gobierno. Las grandes corporaciones también han participado, desde el principio, del prometido festín iraquí, y constituyen hoy una parte del problema.
Mientras oficiales militares, burócratas civiles y simples ciudadanos son contestes en denunciar la irracionalidad de la invasión y la ocupación de Irak, las estrategias neoconservadoras se muestran, de más en más, como parte integral de los problemas globales, en un tétrico contrapunto de muertes y dolor con un enemigo al que, en un clásico caso de paradoja estratégica, la administración Bush y sus socios-lacayos no hacen sino alimentar.
Para quienes necesiten un breviario de los motivos de la invasión y sus principales eventos, este libro constituirá un aporte insoslayable y una referencia imprescindible.


Autor/es Howard Zinn
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 74 - Agosto 2005
Páginas:4,5
Traducción Gustavo Recalde
Temas Ciencias Políticas, Política internacional
Países Estados Unidos