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El Riggs Bank blanquea dictadoresMientras detentó el poder en Chile, de 1973 a 1990, el dictador Augusto Pinochet –al igual que otros– amasó una buena fortuna para su vejez. Pero finalmente, investigadores estadounidenses, chilenos y españoles lograron desenredar la madeja, que arroja resultados sorprendentes y pone al descubierto el descaro y la inescrupulosidad del sistema financiero, o al menos de algunos de sus componentes.El 16 de marzo de 2005, dos senadores estadounidenses, el demócrata Carl Levin y el republicano Norm Coleman, presentaron el resultado de sus últimas investigaciones sobre el lavado de dinero 1. Sacaron así a la luz una verdadera "red financiera secreta" compuesta por 125 cuentas bancarias en diversos establecimientos de Estados Unidos y de otros países, en beneficio del ex dictador chileno y de miembros de su familia. El Riggs Bank por sí solo manejaba un cuarto de las cuentas de Pinochet. A pesar de no ser un gran banco, ese establecimiento, "el preferido de las embajadas" en Washington, se jactaba hasta hace poco de ser "el banco más importante de la ciudad más importante del mundo" 2. Gracias a la eficacia y a la dedicación de esa venerable institución, se pudo estructurar un complejo sistema financiero ilegal en beneficio de Pinochet, con la complicidad de bancos de diversas nacionalidades: los estadounidenses Citigroup y Bank of America, el británico HSBC, el Banco de Chile, el español Banco Santander... En sus conclusiones, el documento senatorial no excluye que existan otras cuentas. Los investigadores no lograron evaluar exactamente la suma que pudo acumularse así a lo largo de los años, pero su estimación actual ronda los 13 millones de dólares. En realidad, explicó Carl Levin, "nuevas informaciones demuestran que la red financiera de Pinochet en Estados Unidos estaba mucho más desarrollada, duraba desde hace más tiempo e implicaba una cantidad mayor de establecimientos bancarios de lo que nosotros habíamos descubierto anteriormente" 3. El precedente informe del Senado estadounidense, fechado en julio de 2004, sólo mencionaba una suma de entre 4 a 8 millones de dólares, depositada entre 1994 y 2002 en nueve cuentas del banco Riggs 4. Por entonces, ya se veía claramente que los diversos ingresos que tenía Pinochet -como general, Presidente de la República y hasta como senador vitalicio- no alcanzaban a justificar el monto de los fondos depositados. Pero como indicó entonces Carl Levin, el banco "no advirtió de su existencia ni a la policía ni a la justicia" 5, a pesar de que así lo exige la ley estadounidense. Mucho más que una simple omisión, la implicación activa del banco Riggs en el manejo fraudulento de esos fondos sospechosos era ya abrumadora. Efectivamente, durante los diferentes controles realizados, el banco se había negado sistemáticamente a revelar la identidad del titular, afirmando que se trataba de un "profesional con una buena jubilación". Cuando entre octubre de 1998 y marzo de 2000 el dictador estaba retenido en Londres a pedido de la justicia española, acusado de "genocidio, torturas y desapariciones", y una "corte había ordenado bloquear sus cuentas, el banco Riggs lo había ayudado tranquilamente a transferir fondos desde Londres a Estados Unidos". La transferencia, efectuada en 1999, correspondía a una suma de 1,6 millones de dólares. Cuando la prensa británica dio a conocer los bienes financieros del ex dictador, el banco modificó inmediatamente el nombre del titular y el de su esposa, con la intención de evitar que se los identificara. A pesar de todo, la primera investigación del Senado logró probar la existencia de dos firmas pantalla: Ashburton Company Ltd, y Ashburton Trust-Althrop Investment Co. Ltd, creadas enteramente por el banco Riggs para proteger a Pinochet. Con tal fin, varios ejecutivos del banco se prestaron gentilmente a servir de testaferros. Ninguna de las dos sociedades poseía oficinas ni empleados; en cambio, las dos falsas estructuras eran titulares de cuentas en las Bahamas, archipiélago muy conocido por los asiduos de los paraísos fiscales. La segunda encuesta senatorial permitió afinar los datos sobre la red financiera. Mientras tanto, Riggs dio muestras de un mayor espíritu de cooperación: ¿qué otra opción le quedaba, cuando estaba bajo la lupa del Senado, del Tesoro, y de la Securities and Exchange Commission (SEC), encargada de vigilar las operaciones de la Bolsa? De todos modos, la cooperación del banco no fue total, pues continuó cerrando ciertas cuentas sin advertir a las autoridades del carácter fraudulento de los capitales en ellas depositados. Hasta el punto de que los agentes estadounidenses fracasaron en su tarea de analizar los movimientos efectuados 6, como lamentó Carl Levin en un comunicado del 16-3-05. El equipo del Senado logró sin embargo establecer que Pinochet había utilizado no menos de diez falsas identidades y varios pasaportes diplomáticos falsos para abrir diversas cuentas. Por medio de la correspondencia incautada, la Comisión senatorial tuvo una idea del grado de intimidad que se había creado entre el ex dictador y los más altos responsables del banco, en particular su gerente general, Joseph Allbriton, y su esposa Barbara. Lavar la imagenViendo que el cerco judicial aumentaba, los directivos del Riggs decidieron llegar a un acuerdo con la justicia antes de verse arrastrados a un juicio espectacular que habría arruinado la reputación de la institución, que se enorgullece de haber "tenido las cuentas de varios Presidentes de Estados Unidos" a lo largo de sus 169 años de existencia. Cuando en enero de 2005 el fiscal federal del distrito de Columbia, Kenneth Wainstein, anunció el acuerdo, se mostró tan severo como el senador Levin: "A pesar de las repetidas advertencias de los inspectores, el banco Riggs trató de captar clientes que implicaban un riesgo elevado de lavado de dinero, y los ayudó a proteger sus operaciones financieras de toda investigación pormenorizada. Ese comportamiento persistente y sistemático fue algo más que una simple y ciega negligencia; fue una violación criminal de las leyes bancarias que protegen nuestro sistema financiero de una posible explotación por parte de los terroristas, los narcotraficantes y otros criminales" 7. Los dirigentes del Riggs aceptaron declararse culpables, someter su establecimiento a un período de prueba de cinco años, y pagar una multa de 16 millones de dólares. El precio puede parecer alto, pero en definitiva el banco salió ganando. En primer lugar, sólo admitió su culpa en una de las acusaciones: no haber informado a las autoridades en el plazo previsto sobre el origen dudoso de los fondos que alimentaban ciertas cuentas. Eso le permitió aparecer como responsable de una simple negligencia y poner a salvo su imagen, cuando en realidad jugó un papel fundamental en los turbios manejos financieros de algunos de sus clientes. En lo que hace al período de prueba de cinco años, finalmente no será aplicado, ya que una cláusula del acuerdo precisaba que esa medida sería levantada en caso de venta del banco. Y el Riggs fue vendido al banco PNC Financial Services, operación negociada en julio de 2004 y efectivizada el 13-5-05. En el protocolo de venta, el establecimiento de Pittsburg se comprometía a pagar 779 millones de dólares por la compra del Riggs 8... lo que, de paso, le permitía blanquearlo. Fair Finance Watch (FFW), organización que milita contra el lavado de dinero, condenó esa operación dado que la "liquidación" así provocada podía "perjudicar la investigación que había prometido el gobierno" 9. El acuerdo tuvo dos ventajas para el Riggs: poner término a la investigación por presunto lavado de dinero, y sobre todo prevenir al banco y a sus filiales ante nuevas acusaciones por sus actividades internacionales con las embajadas o sus clientes privados. Por último, en lo que hace a la multa de 16 millones de dólares, es imposible no ver que de esa manera el banco se blanqueaba... gracias al dinero negro. ¿Se ha visto alguna vez que un ladrón limpie su prontuario pagando con el botín de sus robos? Por su parte, Pinochet esperaba contar con el dinero depositado en el Riggs para pagar los cinco millones de dólares de impuestos pendientes y de multas 10. Pero a pesar de las gestiones de su abogado ante el Tesoro chileno, las autoridades se negaron a levantar el bloqueo de sus bienes, incluidas las propiedades, que el juez Sergio Muñoz había ordenado en noviembre de 2004. Apenas tres semanas después de la firma del acuerdo con la justicia estadounidense, se supo que el banco Riggs también había aceptado una transacción con las autoridades judiciales españolas 11. Como resultado de la misma, la institución crediticia pagó 9 millones de dólares y reconoció haber transferido ilegalmente 1,6 millones de dólares de las cuentas de Pinochet, a pesar de que se había ordenado su bloqueo. En contrapartida, Madrid se comprometió a abandonar la acción judicial contra el banco y sus dirigentes. La indemnización será efectivizada sobre una cuenta administrada por la Fundación Salvador Allende, la misma que con sus denuncias por genocidio había permitido la detención de Pinochet cuando se encontraba en visita privada en Londres. Un millón de dólares servirá para cubrir los gastos judiciales, mientras que los ocho millones restantes serán destinados a las víctimas de la dictadura chilena 12. El mismo día en que se hizo pública la transacción con la justicia española, una indiscreción reveló que la docena de ejecutivos que componían la cúpula del banco habían decidido asignarse a sí mismos más de 15 millones de dólares de "paracaídas en oro" (indemnizaciones en caso de renuncia), una suma muy superior a la arduamente negociada para los miles de víctimas chilenas 13. Pinochet no fue el único dictador que se benefició de la "eficacia" del banco. El dictador de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang Nguema, depositó hasta 700 millones de dólares, lo que convierte a ese déspota africano en el primer cliente del Riggs. Ojos bien cerradosDesde su independencia en 1968, Guinea Ecuatorial vivió permanentemente bajo el terror, primero bajo el poder sanguinario de Macias Nguema, y luego bajo el de su sobrino, Obiang Nguema, que en 1979, gracias a un golpe palaciego, derrocó a su tío y lo hizo pasar por las armas. El nuevo amo tomaba posesión de un país que a fines de la década de 1970 era uno de los más pobres del mundo. Eso no impidió a Obiang Nguema y su familia apropiarse de las mejores explotaciones agrícolas y adjudicarse un diezmo sobre prácticamente todo lo que el país lograba aún producir. El tirano hizo de ese Estado fragmentado, actualmente poblado por algo más de 500.000 personas, su propiedad privada. A comienzos de la década de 1990, las prospecciones petrolíferas realizadas por firmas estadounidenses resultaron fructíferas. En pocos años, Guinea Ecuatorial pasó a ser el tercer productor de petróleo del África Subsahariana, detrás de Angola, Nigeria, y delante de Gabón y del Congo. Pero sin embargo el petróleo no modificó ni el régimen ni la suerte de la población. El país registra actualmente índices de crecimiento de dos dígitos, es decir, entre los más elevados del mundo. En teoría, y dividiendo sus ingresos por el número de habitantes, es uno de los países más ricos del continente, pero en realidad es uno de los más miserables. En 1992 la firma Walter International Inc. produjo los primeros barriles de petróleo. Aún hoy las compañías estadounidenses (ExxonMobil, Amerada Hess, Marathon Oil...) tienen el monopolio de la producción en el país. Según el periodista Peter Maass, Guinea Ecuatorial "parece a veces una caricatura de cleptocracia petrolera" 14. Mientras que los ingresos por hidrocarburos aumentan de manera impresionante (3 millones de dólares en 1993; 210 millones en 2000; 700 millones en 2003) 15, el 65% de la población vive con menos de dos dólares diarios. Los petrodólares llueven, pero la población carece de agua corriente y de electricidad. Lo que aumenta no es la riqueza del país, sino el saqueo del clan en el poder. Como el resto de la producción, los ingresos petroleros van a parar en gran medida a los bolsillos del sátrapa y de su familia, con la complicidad de las empresas estadounidenses... y del Riggs Bank. En 1995 el banco Riggs abrió una cuenta para la embajada de Guinea Ecuatorial en Washington, a la que sucedieron muchas otras cuentas más. El informe del Senado estadounidense señala que entre 1995 y 2004, el banco administró "más de 60 cuentas del gobierno de Guinea Ecuatorial, de sus miembros y sus familias (...) cerrando los ojos ante los indicios que permitían pensar que estaba participando en operaciones de corrupción" 16. Los 13 millones de dólares de Pinochet parecen cosa de aficionados comparados con los 700 millones de Obiang Nguema. Y se explica: en este caso se mezclaron los ingresos nacionales y las finanzas personales del dictador, calurosamente recibido en Washington por el presidente George W. Bush en 2002. Ninguna empresa extranjera puede establecerse en Guinea Ecuatorial sin abrir su capital a socios locales, que necesariamente pertenecen al clan gubernamental 17. Pero lo que era sólo una costumbre, pasó a ser oficial en 2004, por medio de un decreto presidencial, que por otra parte impone una apertura del capital de 35% en el sector petrolero. Las compañías estadounidenses pagan la renta petrolera directamente sobre las cuentas radicadas en el banco Riggs, en Washington. Todas esas cuentas oficiales, abiertas en nombre del Estado de Guinea Ecuatorial, funcionan con la firma del Presidente o de algún miembro de su familia. La investigación del Senado logró identificar algunos de esos movimientos de capitales. Ejemplos para un manual de la corrupción: "Más de 35 millones de dólares pagados por compañías petroleras fueron transferidos a dos firmas instaladas en paraísos fiscales, desde una cuenta donde tenían firma el presidente Obiang, su hijo, ministro de Minería, y su sobrino, secretario de Estado del Tesoro (...). Entre 2000 y 2002 (el banco Riggs) permitió que se realizaran depósitos de dinero en efectivo por aproximadamente 13 millones de dólares en cuentas controladas por el Presidente y su esposa". Además, les concedió a ambos "préstamos para comprar un avión y residencias de lujo, en particular en Estados Unidos". Cuando se presentó el informe del Senado, en julio de 2004, el senador Levin subrayó la escasa disposición del banco a colaborar con las autoridades. Explicó que un directivo del establecimiento se había negado a responder a las preguntas cuando fue convocado. Sin embargo Simon Kareri, encargado de las cuentas de Guinea Ecuatorial en el banco Riggs, habría tenido mucho para contar. Según el informe, ese alto ejecutivo del banco fue, al menos en dos ocasiones, a retirar de la embajada del país africano en Washington valijas "que pesaban unos tres kilos y que contenían tres millones de dólares en billetes, para depositarlas en las cuentas del Presidente de Guinea Ecuatorial". El banco Riggs colaboró con Obiang Nguema, fundamentalmente ayudándolo a crear sociedades pantalla off shore, en momentos en que el dictador había sido marginado de la comunidad internacional y a pesar de que organizaciones como Amnesty International denunciaban la aplicación sistemática de la tortura en Guinea Ecuatorial y que el Observatorio Geopolítico de la Droga consideraba a ese país como "uno de los puntos clave del tráfico de cocaína entre América Latina y Europa"... A tal punto, que todos los países occidentales, con la notable excepción de Francia, cerraron sus embajadas en esa nación africana. Ironía de la historia, el banco Riggs tuvo que romper relaciones con el dictador en momentos en que éste empezó a ser cortejado como nunca por las cancillerías occidentales. Luego de los atentados del 11-9-01, Estados Unidos decidió reducir su dependencia petrolera respecto de Medio Oriente y aumentar sus importaciones provenientes de África Occidental. Razón por la cual el Golfo de Guinea fue considerado "de interés vital" para la política estadounidense. Hasta hace poco ignorada, Guinea Ecuatorial vuelve a ser frecuentable gracias a sus prometedoras reservas de petróleo. En 2002, el presidente George W. Bush invitó a Washington a diez jefes de Estado de África Central, entre ellos a Obiang Nguema, para discutir sobre la seguridad militar y energética. Pocos meses después de esa reunión y ocho años después de su cierre, la embajada de Estados Unidos abrió de nuevo sus puertas en Malabo, capital de Guinea Ecuatorial. Uno tras otro, los países occidentales siguieron el ejemplo de Estados Unidos. Luego de haber amenazado con un juicio a la prensa internacional por sus "comentarios tendenciosos" 18 el presidente Obiang Nguema ordenó cerrar todas las cuentas que tenía en el Riggs. Pero inmediatamente se presentaron otros bancos como candidatos, en particular el español Santander y el británico HSBC, dos establecimientos ya citados en el caso de Pinochet. La punta del icebergEn alguna medida, Pinochet y Obiang Nguema son "víctimas colaterales" del 11 de septiembre. Sus fondos prosperaban silenciosamente hasta que la Comisión de Asuntos Gubernamentales del Senado se puso a investigar sobre el financiamiento de las organizaciones terroristas. Arabia Saudita fue puesta entonces en el banquillo de los acusados, a causa del accionar de algunas organizaciones caritativas y de personalidades como la princesa Haifa Al-Faiçal, esposa del príncipe Bandar, embajador saudita en Estados Unidos 19. Las investigaciones condujeron naturalmente al banco preferido por los diplomáticos. Y fue al analizar las 150 cuentas sauditas en el banco Riggs que los investigadores descubrieron los movimientos de capitales fraudulentos de otros clientes. El 14-5-04 las autoridades estadounidenses condenaron a la honorable institución a pagar una multa de 25 millones de dólares por haber violado la ley de manera "deliberada y sistemática" 20, como afirmaban los inspectores federales. Pero no caben dudas de que los informes oficiales sólo hicieron emerger una parte del iceberg. Investigaciones similares podrían llevarse a cabo sobre las cuentas del difunto presidente de Togo, Gnassingbé Eyadema, y también sobre cuentas vinculadas a Mozambique o Benin... Los mismos dirigentes del banco merecerían ser investigados, estima la prensa estadounidense. Desde comienzos de la década de 1980, el principal dueño del banco Riggs es Joe L. Allbritton, un ex hombre de negocios de Houston y gran amigo de la familia Bush. En 1977, el Riggs compró en 5,5 millones de dólares la pequeña firma de inversiones fundada por Jonathan Bush, tío del actual presidente. Jonathan, que se convirtió en uno de los altos directivos del banco Riggs, participó más que generosamente en el financiamiento de la campaña presidencial de su sobrino. En 2001, el hijo de Joe L. Allbritton, Robert, hizo lo propio, financiando la fundación del presidente George Bush. Y cabe recordar que el patrón del Riggs Bank suele decir: "Mi interés se centra en la ganancia, no en el poder" 21.
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