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El precio de no cambiar las cosas

Una inacabable catarata de denuncias de corrupción ha provocado una gravísima crisis en el PT y amenaza la estabilidad del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva. La consigna de que el fin justifica los medios para llegar al poder acabó por arrastrar a la gran esperanza de la izquierda latinoamericana al mismo lodazal de sus enemigos. Mientras el gobierno se “despetiza” el PT trata de recobrar los signos de su identidad.

La iglesia de Santa Cruz de las Almas de los Ahorcados es modesta, opaca y llena de curiosidades: un templo católico perdido en el barrio paulistano de Libertad, donde mora la más populosa colectividad japonesa de Brasil. Desde su inauguración, en 1891, los creyentes acostumbran visitarla cada lunes y encender decenas de velas en sus escalinatas (el ritual ya costó un incendio) esperando algún milagro de los que, dicen, suelen ocurrir en los alrededores. Frente al terreno hoy ocupado por la iglesia se levantó, en 1821, el cadalso donde sería ejecutado Francisco José de Chagas, cabo brasileño condenado por reclamar a las autoridades imperiales mejor paga para la tropa nativa. Ante el gentío congregado en la plaza pública el cabo "Chaginhas" fue colgado dos veces y, milagrosamente, dos veces la cuerda se cortó antes de asfixiarlo.

"La cosa está fea, vamos a precisar más de un milagro para salir de esta crisis, la derecha está armando un ‘golpe blanco'" se lamenta uno de los varios militantes del Partido de los Trabajadores (PT) que la noche del 17 de junio pasado compartían una mesa en el bar Bento House, pegado a la iglesia de los Ahorcados, luego de participar de un acto de desagravio al ex ministro jefe de la Casa Civil José Dirceu, eyectado del cargo por denuncias de corrupción en su contra. El acto había sido en la Casa de Portugal, un tradicional reducto petista que fue ornamentado con banderas rojiblancas para recrear la liturgia de los tiempos idos, cuando en el partido las bases gravitaban más que los cuadros profesionales y los funcionarios del Estado.

Después de la concentración, los militantes petistas discurrían sobre el destino del mayor partido de izquierda latinoamericano, tras el escándalo desatado por las denuncias de corrupción del diputado Roberto Jefferson, presidente del Partido Trabalhista Brasileño (PTB).

A la caída de Dirceu, quien fuera durante dos años y medio virtual primer ministro del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, le sucedieron las renuncias del presidente partidario José Genoino y de tres miembros de la mesa ejecutiva nacional, entre ellos el tesorero Delúbio Soares y el secretario general Silvio Pereira.

El calvario petista había comenzado el 6 de junio, cuando Jefferson, en una entrevista con el diario Folha de São Paulo, acusó a Dirceu y al PT de haber orquestado el pago de mensualidades a legisladores aliados, un mecanismo conocido en Brasil como el mensalão. Con sus revelaciones Jefferson consiguió abortar el efecto de las que dos días antes había publicado en su contra la revista Veja, al informar de los sobornos que Jefferson cobraba a través de sus hombres en la estatal Empresa de Correos y Telégrafos. Fue así como entre el 4 y 6 de junio Jefferson pasó de acusado a acusador y de aliado a verdugo del PT.

Desde entonces comenzaron a llover cifras, fechas, nombres y otras informaciones puntuales que, relacionadas entre sí, permitieron reconstruir el diseño de una máquina con la cual el PT, además de financiar ilegalmente sus campañas -como admitió el propio ex tesorero Delúbio Soares- habría montado una suerte de Estado paralelo, valiéndose en parte de sus cuadros en el aparato gubernamental. Más: según avanzan las investigaciones se robustece la hipótesis de que el esquema pergeñado entre el partido, el gobierno y empresarios pudo haber desviado millonarios fondos públicos a través de, por ejemplo, tráfico de influencias.

Degradación de la esperanza

Nada de esto es nuevo en Brasil, donde las elites, sean populistas como las del ex presidente Fernando Collor de Mello (1990-1992) o ilustradas, como las que apostaron (y aún apuestan) por Fernando Henrique Cardoso (1994-2002), han gobernado valiéndose de éstos y otros enjuagues. Cualquier editor político de Brasilia admite en privado que si Cardoso logró postularse a un segundo mandato en 1998 fue gracias a la masiva compra de legisladores para que votasen la reforma de la Constitución. El hecho llegó a ser ventilado por la prensa y provocó un módico escándalo que poco tiempo después sería olvidado para no sensibilizar a los mercados. Repasando los diarios de la época, donde era lugar común hablar del "éxito" económico argentino, se encontrarán declaraciones de Cardoso elogiando la reforma constitucional del ex presidente Carlos Menem, en el entendimiento de que un solo mandato no bastaba para la amplia agenda de "reformas" pendientes. De su lado Menem no sólo declaró su preferencia por Cardoso sino que vaticinó el fin del Mercosur si la victoria hubiera sido de Lula.

Finalmente Cardoso, con expresivo respaldo electoral, conquistó su reelección y la Comisión Parlamentaria que debía investigar la compra de congresistas, exigida por el PT, acabó archivada. En junio de este año, al desatarse el escándalo del mensalão en su contra, la bancada petista propuso investigar la presunta corrupción socialdemócrata de 1996 y la que seguiría existiendo. La fundamentación es consistente pero extemporánea: plantear esa revisión ahora huele a maniobra de un oficialismo cercado por las denuncias.

Las comparecencias de los secretarios licenciados Silvio Pereira y Delubio Soares ante la Comisión Parlamentaria Mixta de Investigaciones (CPMI), el 19 y 20 de julio pasado, fueron utilizadas por la oposición para ultrajar "a los bolches y comunas" (como llaman a los petistas algunos dirigentes del Partido del Frente Liberal). El sociólogo Emir Sader comparó el revanchismo de clase destilado hacia el PT por las oligarquías políticas y sociales a las "carcajadas de las hienas" que se solazan con la agonía de su presa. "La derecha está eufórica. Es como si hubiera caído otro Muro de Berlín. ‘Tucanes' (socialdemócratas) y pefelistas (conservadores) salivan pavlovianamente degustando, celebrando anticipadamente el retorno al gobierno para continuar reproduciendo el Brasil de las desigualdades y miserias" 1.

La expresión abatida de los ex secretarios petistas, admitiendo en el Parlamento la comisión de delitos electorales ocupó las primeras planas de los principales diarios de todo el país. Según los expertos en marketing, la degradación de la imagen del PT debe afectar su desempeño en los comicios del año próximo, cuando difícilmente consiga preservar su bancada de 91 diputados, la mayor de la Cámara. En cualquier caso es evidente que si la erosión del PT no es contenida a tiempo, acabará afectando la correlación de fuerzas ideológicas que hizo posible la victoria de Lula en octubre de 2002. Apenas dos años y medio atrás, el 1-1-03, los principales diarios del mundo mostraban a 50 mil manifestantes asaltando el lago artificial del Congreso en Brasilia durante la fiesta de asunción de Lula. Eran gentes sencillas "tomando" las instituciones de una República que nunca les había pertenecido. Parafraseando el lema de campaña, era el "triunfo de la esperanza sobre el miedo" al cambio.

En esta crisis, el cuadro interno no es mejor que la imagen externa del PT. Analistas, intelectuales y líderes políticos consideran unánimemente que ésta es la más profunda crisis del partido fundado hace 25 años por Lula, quien por entonces lideraba el Sindicato de Metalúrgicos de San Bernardo do Campo y Diadema, en el cinturón industrial paulista. En aquella fundacional mesa ejecutiva de 19 miembros predominaban los sindicalistas encabezados por Lula y Olivio Dutra, pero en el Manifiesto de Lanzamiento del PT también estamparon sus firmas varios de los más reputados intelectuales de la izquierda brasileña. Quien primero refrendó el documento aquel domingo 10 de febrero de 1980 fue Mario Pedrosa, que definió al PT como un "partido de masas que no tiene vanguardia, no tiene teoría, no tiene libro sagrado. Es lo que es, se guía por la práctica, acierta por su instinto".

Estructurado desde una concepción movimientista, el PT acogió diversas tradiciones de la izquierda procedentes del catolicismo, el reformismo democrático, el trotskismo y el leninismo. Fue una innovación que "cambió la historia de Brasil" surgida "de la voluntad de independencia política de esos sectores históricamente cansados de servir de masa de maniobra de partidos comprometidos con la defensa del orden establecido", según Frei Betto 2. Con su formato heterodoxo el PT logró desconcertar a la dictadura, que imaginó una conspiración internacional moviendo los hilos de los sindicalistas devenidos políticos. Según Betto la originalidad petista consistía en no ser "un partido para los trabajadores y sí de los trabajadores y por ellos mismos dirigido". Por primera vez Brasil se encontraba ante un partido de clase que no había nacido "de la cabeza iluminada de intelectuales de izquierda; (que era el) emergente de las luchas sociales, de la confrontación entre capital y trabajo, de la conciencia de que no basta reivindicar derechos dentro del orden burgués (y de que era) preciso conquistar el poder político", escribió Betto, el padre dominico que estaba junto a Lula la madrugada del sábado 19 de abril de 1980, cuando quedó detenido en la Dirección de Orden Político y Social (DOPS), la policía política del régimen.

Betto, que también fue asesor especial del presidente Lula hasta el año pasado, cuando se alejó por discrepancias con el rumbo de la economía, relata que hasta el Partido Comunista recelaba del PT y su declarado desdén por el vanguardismo. Militante comunista y ex preso político, Frei Chico, hermano de Lula, fue quien en 1972 le obsequió el primer libro político: Qué es la Constitución, de Duarte Pereira. "Lula oía con mucha atención, tenía disposición para aprender pero se aburría (y sigue aburriéndose) con el reunionismo" típico en la cultura de izquierda y era contrario a la clandestinidad, "prefería actuar públicamente", contó el hermano de Lula a su biógrafa. Gracias a su inteligencia práctica y capacidad de articulación reunió a 140.000 trabajadores en un estadio de fútbol, comandó las huelgas de 1979 y 1980 convirtiéndose en referencia del sindicalismo brasileño y, luego, en uno de los mayores líderes de masas de la historia 3.

En una realidad política volátil como la brasileña, Lula ostenta el inigualable récord de haber disputado cuatro elecciones presidenciales consecutivas y siempre con buenos desempeños, desde los 31 millones de votos recogidos en 1989, cuando fue derrotado por Collor de Mello, hasta los 53 millones que lo consagraron presidente en  el año 2002.

Refundación o fractura

El incontestable liderazgo de Lula fue y es un factor que facilita la cohesión de corrientes muy diversas dentro de una formación que, según André Singer, ha sobrevivido a mutaciones extraordinarias. Este cientista político y actual vocero presidencial, identifica varias edades en la historia del PT, que nació inspirado en la "revolución socialista", un fundamento que en los años '90 iría siendo desplazado por el de la "revolución democrática". Dos matrices de las que se derivan distintas estrategias para la toma del poder, entre las cuales una es la vía electoral y otra, que puede coexistir o no con la anterior, es la construcción de la hegemonía en los sectores populares.

En el I Congreso del PT, realizado en San Bernardo do Campo en 1991, poco después de la caída del Muro de Berlín, se defendió un modelo de socialismo compatible con la economía de mercado y el multipartidismo. Como manda la tradición, se sigue respaldando a las izquierdas latinoamericanas e impulsando el Foro de San Pablo, donde participan, entre otros, el sandinismo nicaragüense, el PC cubano, el Frente Amplio uruguayo y el PRD mexicano. Pero al mismo tiempo, el I Congreso hizo una alusión a las "revoluciones de terciopelo" en el Este europeo.

En el II Congreso, celebrado en 1999 en Belo Horizonte, fue ratificado el programa de la revolución democrática y reelecto José Dirceu como presidente sustentado por el "Campo Mayoritario", una articulación de corrientes internas que además de darle un holgado triunfo lo convirtió en responsable de la política que llevó a Lula a la Presidencia de la Nación.

Dirceu fue el arquitecto de las alianzas electorales, de la coalición de gobierno y el garante último de todos los pactos, inclusive los probables sobornos, con fuerzas que siempre detestaron al PT como el Partido Liberal -donde pesan los evangélicos- y los populistas del curiosamente llamado Partido Progresista. Durante el primer año de la administración lulista, Dirceu era el demiurgo del Palacio del Planalto; de allí la algarabía opositora cuando lo vio desplomarse alcanzado por las acusaciones de Jefferson, a quien el senador socialdemócrata Alvaro Dias felicitó en la Comisión Investigadora Mixta Parlamentaria: "Usted quebró por el vértice a la arquitectura de poder del PT", le dijo el correligionario de Fernando Henrique Cardoso.

Ningún petista supone que Jefferson, paradigma del aventurerismo político y ex escudero de Fernando Collor de Mello, haya actuado movido por un improbable espíritu cívico. Su intención explícita fue que junto con la caída de Dirceu se "despetizara" el gobierno.

Al tiempo que el antipetismo descorcha champagne, dentro del PT el ostracismo de Dirceu disparó una crisis que estaba contenida con forceps y parece empujarlo hacia una disyuntiva de acero: la refundación o la fractura. Por diversas "razones de Estado" los últimos años de la vida partidaria estuvieron signados por un rígido centralismo. Hasta el año 2003 el dirceuismo argumentó que todas las energías debían ser aplicadas en el objetivo mayor, la victoria de Lula. Más tarde, con la llegada al gobierno, la voz de orden fue respaldar sin vacilaciones todas las decisiones emanadas del Ejecutivo. Un síntoma del malestar con ese "seguidismo" fue la negativa de la senadora Heloísa Helena de votar la reforma previsional alegando que traicionaba los postulados históricos del partido, por lo que fue expulsada en 2003. Poco después Helena crearía el Partido Socialismo y Libertad, PSOL, cuya modesta bancada es una de las más enérgicas objetoras de lo que denominan la "metamorfosis moral del PT en el poder" 5. Para esta legisladora el PT no tiene retorno, su conversión neoliberal lo asemeja al PSDB y si hay disputas entre ellos no son por diferencias de proyectos, sino por intereses. "Lo único que les importa es saber quién de ellos es el que negocia con los banqueros", dice y agrega que se engañan aquellos militantes que salen en apoyo de Dirceu temiendo un "golpe blanco". No es la derecha la que llevó al PT a esta situación: "[fueron] Dirceu y su metodología los que acabaron con el PT", afirma. Helena rechaza estar colaborando con la conspiración antipetista al hostilizar a sus ex compañeros cuando son citados a declarar en el Parlamento.

Mientras tanto, desde dentro del PT Maria Rita Khel, psicoanalista e intelectual de peso en la izquierda, reconoce a Dirceu el haber tenido un "importante papel en la historia del partido" pero entiende que llegó la hora de decir basta a su metodología. "No queremos más que en el PT el fin justifique los medios" dice y añade que "es el momento de que los mejores guardianes de las tradiciones petistas levanten la cabeza y digan que el PT no es sólo eso que está ahí. (...) Es preciso que el ‘Campo Mayoritario' (de Dirceu) flexibilice su proyecto de hegemonía absoluta", reclama la psicoanalista 6.

Las objeciones ideológicas al rumbo neoliberal del ministro de Economía Antonio Palocci, el descontento con el modelo de acumulación de poder seguido por la anterior dirección, las intrigas entre varios de sus dirigentes y un pasivo de decenas de millones de reales, son algunos de los problemas que deberá resolver Tarso Genro en dos meses. El nuevo presidente inició su gestión el 9 de julio con la renuncia de José Genoino y la concluirá el 18 de septiembre, cuando se realicen las elecciones generales, en las que están habilitados para votar 820.862 afiliados 7, un número extraordinario cuando se contrasta con los otros grandes partidos brasileños, en los que las elecciones internas son una simulación y los afiliados generalmente se alquilan, o compran. Siete listas participarán de los comicios que algunos miembros del "Campo Mayoritario" quisieron diferir y a las que, por primera vez desde 1993, la oposición podría llegar con expectativas de victoria.

"Deslulización"

Genro, ex ministro de Educación y ex intendente de Porto Alegre, no cuenta con poder propio en el gigantesco aparato petista, ni tiene afinidad ideológica con la oposición, mayoritariamente de izquierda. Su capital para enfrentar la tarea de rescatar al PT del marasmo son una intachable trayectoria ética y su refinada inteligencia política. Desde que tomó posesión, Genro repite el mismo discurso: reconoce que su partido puede estar agonizante pero aclara que eso no debiera ser celebrado irresponsablemente por el bloque conservador, dado que sin el PT, afirma, Brasil va hacia la "colombianización". Es decir, sin la que llama "mediación democrática" petista, ganaría verosimilitud un escenario donde la exclusión política y la anomia fueran manipuladas por algún oportunista carismático como el carioca Anthony Garotinho, capaz de instalar un populismo fascistoide, con apelaciones religiosas. Un dato: Garotinho triplica en intenciones de voto a Fernando Henrique Cardoso.

Cabe suponer que la advertencia de Genro está dirigida precisamente a Cardoso, que parece no trepidar en colocar minas terrestres al ya tambaleante gobierno, con el propósito de llegar por tercera vez al Planalto. Cardoso sabe que la popularidad de Lula sigue robusta y es improbable que pueda vencerlo en elecciones normales.

Cardoso es posiblemente el más sutil y pertinaz cuadro del antipetismo. Fue el antipetismo quien lo llevó al poder en 1994, cuando su candidatura se montó a las corridas para frenar al huracán Lula, que en marzo de aquel año tenía 40% de las intenciones de voto. Marxista de formación, el autor de Dependencia y Desarrollo en América Latina sabe leer sin voluntarismo la realidad brasileña, a diferencia de Lula, que se afana en confiar en quienes han sido históricamente sus enemigos y dejaron de serlo durante estos dos años y medio por una paga. Cardoso sabe, en ultima ratio, que él debería ser el candidato preferido del bloque dominante por una serie de razones entre las que pesa, y mucho, la procedencia partidaria. A él no lo ata el PT; a Lula todavía sí, aunque las fuerzas de la despetización crecen. Basta con leer el virtual manifiesto "despetizante" del ex ministro de Economía de la dictadura, Delfim Netto, proponiendo a Lula que se deje de "romanticismos sociales", que se libre del viejo "programa petista" y "traicione" de una vez y para siempre a su partido 8.

Una de las preguntas que deberán responderse Genro y las futuras autoridades del PT es si el partido debe o no "deslulizarse". Hace dos años la idea hubiera sido descabellada o, peor, golpista, pero ahora tal vez no lo sea: siguiendo el razonamiento de André Singer, la doctrina del PT es su propia existencia y, en esta hora, el verdadero desafío de esa fuerza es reinventarse a sí misma.

Claro que la "deslulización" no convertiría al PT en una fuerza opositora, pero sí lo dotaría de independencia política del Estado, principio que fue una de sus banderas históricas permanentes. Quizá la síntesis entre el apoyo y la crítica a Lula fue formulada por la petista Khel, cuando propuso defender "no exactamente a este gobierno, sino algunos principios y proyectos que llevaron a Lula a la Presidencia" en las elecciones de 2002.

  1. Emir Sader, "Las carcajadas de las hienas", Boletín informativo de la Agencia Latinoamericana de Información, 15-7-05.
  2. Frei Betto, Lula, biografia política de um operário, Estação Liberdade, San Pablo, 1989.
  3. Denise Paraná, Lula, el hijo de Brasil, Editorial El Ateneo, Buenos Aires, 2003.
  4. André Singer, El PT, Publifolha, San Pablo, 2001.
  5. Partido Socialismo y Libertad (PSOL), documento de la Comisión Provisoria, publicada en la revista electrónica Marxismo revolucionario actual, 26-6-05
  6. Maria Rita Khel, entrevista con el autor, 16-7-05.
  7. Datos suministrados al autor por la secretaria de prensa del directorio nacional del PT, 14-7-05.
  8. Delfim Netto, "Traição", Folha de São Paulo, 20-7-05.
Autor/es Darío Pignotti
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 74 - Agosto 2005
Páginas:14,15
Temas Ciencias Políticas
Países Brasil