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China altera el orden asiático

En Asia se juega actualmente una partida entre China, India, Japón y Estados Unidos. China intenta contrapesar la poderosa alianza entre Estados Unidos y Japón y ganar un nuevo lugar en el mundo mediante una “diplomacia asimétrica”, basada en desarrollar la confianza y la cooperación y evitar la confrontación.

En el idioma chino es el lugar de las palabras en la frase -más que las palabras en sí mismas- lo que determina el significado. Ese principio se aplica perfectamente a la estrategia geopolítica de China. Desde Pekín hasta Shanghai, desde los representantes del gobierno hasta los miembros de los think tanks más destacados, sin olvidar a los universitarios, actualmente todos tienen a flor de labios la misma palabra: estabilidad.

Para comprender su verdadero significado, hay que situarla en el contexto de ese país en permanente movimiento, cuyos dirigentes están viajando al exterior con una frecuencia nunca vista y donde los círculos universitarios, más abiertos que nunca al resto del mundo, cumplen el novedoso rol de cabezas investigadoras para el poder, incluso los que están financiados por generosos donantes extranjeros. Así, el Centro de Estudios Internacionales de la prestigiosa universidad de Beida, en Pekín, fue apadrinado por tres mecenas: uno de Hong Kong financió el ala izquierda del complejo; una empresa italiana, el cuerpo central, y otra firma de Hong Kong se hizo cargo del ala derecha; en total, tres edificios ultramodernos. Cada uno recurrió a un arquitecto diferente, pero el todo resulta armonioso y se integra perfectamente en ese conjunto histórico 1. Apertura no significa abandono, al igual que estabilidad no quiere decir inmovilidad.

En su oficina de vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores (MRE), justo en frente de la torre Feng Lian, donde florecen los comercios de lujo, inaccesibles a la mayoría de los chinos, Kong Quan explica doctamente: "China quiere antes que nada desarrollar un entorno estable, favorable al desarrollo". A varios cientos de kilómetros de allí, en Shanghai, en el centro de la célebre universidad de Fudan, en los flamantes locales del Centro de Estudios Estadounidenses (CEE), financiado en parte por la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID, por su sigla en inglés), el profesor Shen Dingli, importante especialista en temas nucleares, propenso a hablar francamente, también hace referencia obligada a la estabilidad. Su mayor temor es una eventual desestabilización -siempre posible- en la vecina península de Corea, o en Medio Oriente, de donde proviene cerca del 50% del petróleo que importa China.

Este experto proporciona la clave de lo que algunos llaman la "diplomacia del statu quo". Pekín prefiere el orden establecido -aunque sea por Estados Unidos, y aunque resulte poco favorable- antes que el caos, que sería contrario a sus proyectos de crecimiento y a su ambición mundial. El crecimiento es la base del pacto social interno que garantiza la continuidad del régimen. Los proyectos mundiales apuntan a dar nuevamente a China "el papel que le corresponde en la escena internacional", según la expresión de Kong. Un papel menos silencioso y un poco más activo que en el pasado. Pero mucho menos que mañana, conforme el país incrementa su potencia.

Contrariamente a lo que suele creerse, la economía no es el único punto de mira de una diplomacia que no tendría otro principio que llenar las alforjas chinas de materias primas o de cereales. Sin duda, las relaciones internacionales deben contribuir a garantizar el aprovisionamiento energético y la seguridad alimentaria. Pero la economía se inscribe en la visión más amplia que China tiene de su rol en la región y en el mundo, y forma parte del arsenal pacífico indispensable a cualquier reconocimiento internacional. Y al respecto suele evocarse "la historia de los últimos cinco siglos": sin una economía poderosa, ninguna nación es verdaderamente tenida en cuenta.

Tres acontecimientos

En la historia reciente, tres fechas influyeron en esa reflexión. La primera tiene que ver con los acontecimientos de la plaza Tienanmen, un tema que sigue siendo tabú en la prensa 2. El traumatismo no proviene de eventuales cuestionamientos al régimen, ya que la oposición política sigue estando prohibida, a pesar de que los intelectuales disponen de una mayor libertad de movimientos. Lo que suele subrayarse es el precio que se pagó en el terreno de las relaciones internacionales, empezando por el embargo occidental, instaurado en momentos en que la Unión Soviética ya no estaba en condiciones de suministrar armas modernas a Pekín.

El impacto de la plaza Tienanmen marcó sobre todo el fin de la luna de miel (miyue) con Estados Unidos, que había durado cerca de veinte años, desde la aceptación de la República Popular China en Naciones Unidas en lugar de Taiwán, el 25 de octubre de 1971, y el viaje del presidente Richard Nixon, un año más tarde, hasta la creación de una "asociación estratégica", factor de desarrollo. A ese período sucedió una larga serie de decepciones: el aumento de los incidentes (como el bombardeo de la embajada china en Belgrado, en 1999) y el estrechamiento de lazos entre Estados Unidos y Japón, el rival detestado.

Segundo acontecimiento importante: la caída de la Unión Soviética. La desaparición de ese hermano-enemigo no generó ninguna pena, pero muchos universitarios recuerdan que la URSS agotó sus fuerzas en una vana confrontación con Estados Unidos, a la que se sumó una onerosa carrera armamentista. "Estados Unidos incita a la competencia y a un aumento desenfrenado de los gastos militares, pero nosotros debemos limitarnos a la modernización de las armas para reforzar la defensa", afirmó un especialista en temas militares que pidió mantenerse anónimo. En realidad, esa "modestia" es más aparente que real -los gastos militares ya representan el 2,4% de las riquezas producidas- pero es un argumento valioso ante los reclamos siempre crecientes del estado mayor.

En general, según los diplomáticos chinos, lo que resultó costoso fue la división del mundo en dos bandos. Todos deploran la existencia del "mundo unipolar" encarnado por Estados Unidos, pero ninguno quiere volver a un "planeta bipolar". No es cuestión de convertirse en líder de los países en vías de desarrollo, lo que obligaría a ciertos renunciamientos. "Compartimos con muchos países en desarrollo el deseo de democratizar las organizaciones internacionales", afirma Kong, a la vez que subraya la importancia de las relaciones entabladas con África 3 y con América Latina. "Pero no se trata de construir un polo. Hay que abandonar la mentalidad de la Guerra Fría, prefiero hablar de ‘desarrollo compartido'. Debemos instaurar una mentalidad negociadora, que implique concesiones recíprocas. Con el aumento de los intercambios comerciales, los diferendos también van a aumentar. Hay que enfrentarlos con un espíritu negociador", añade, y no con un espíritu de sistema.

En realidad, el gobierno desea participar en la elaboración de un mundo multipolar en el que China ocuparía un lugar de primera línea, no a la cabeza, sino en el centro. Su intención es proyectarse, no dominar, y la diferencia no es puramente formal 4. Al respecto, se hace notar que en el momento de su apogeo, desde el siglo XI al XVII, China poseía la mayor flota del mundo, y disponía de reales ventajas económicas y tecnológicas 5 sin haber destruido nunca pueblos o civilizaciones, como hicieron los europeos.

El tercer hito es el aprovechamiento que las autoridades chinas hicieron de la crisis financiera que sacudió a Asia en los años 1997-1998. China, el único país que mantuvo un control cambiario y rechazó las presiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) 6, fue también el único que conservó sus posibilidades de crecimiento cuando todos los demás, incluido Japón, se debilitaban. Más aun, con el yuan ligado al dólar, Pekín logró instaurar cierta estabilidad en una región en plena decadencia financiera, y hasta se dio el lujo de conceder ayudas o préstamos a bajo interés a varios de los dragones por entonces en dificultades.

Con el correr del tiempo, la nueva generación en el poder elaboró una doctrina estratégica en torno a "los cuatro No" enunciados por el presidente Hu Jintao: "No a la hegemonía; no a la política de la fuerza; no a la política de bloques; no a la carrera armamentista" 7. La idea es "desarrollar la confianza, atenuar las dificultades, desarrollar la cooperación y evitar la confrontación".

"Emergencia pacífica"

Consciente de sus debilidades frente al gigante estadounidense y a sus competidores de la zona asiática, Pekín despliega lo que se podría llamar una "diplomacia asimétrica", muy flexible, que prioriza las relaciones bilaterales sin por ello dejar de participar en las organizaciones regionales, y que establece relaciones económicas con todo el mundo, a la vez que reduce las tensiones territoriales del pasado.

Así fue como el 2-6-05, en Vladivostok, China y Rusia firmaron un acuerdo sobre la frontera oriental. El litigio concernía apenas al 2% de los 4.300 kilómetros de frontera común, pero perturbaba las relaciones entre ambos países desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. "Es la primera vez en la historia de las relaciones chino-rusas que la totalidad de las fronteras comunes están legalmente definidas", indicó Vladimir Putin durante la fase final de las negociaciones.

Algunas semanas antes, el 11-4-05, el primer ministro indio, Manmohan Singh, y su homólogo chino, Wen Jiabao, habían firmado un protocolo destinado a solucionar un diferendo fronterizo que opone a ambos países desde 1962: Pekín reivindica una gran parte del territorio del Estado de Arunachal Pradesh (90.000 km2) en el nordeste de la India; mientras que en el noroeste, Nueva Delhi reclama la región de Aksai Chin, una parte de Cachemira (38.000 km2). "Las conversaciones apenas comenzaron -señala Kong- pero es la primera vez que un documento oficial trata del problema de las fronteras." Se trata de un paso histórico que China desea prolongar con la creación de una zona de libre comercio entre los dos gigantes demográficos del mundo.

Esas nuevas relaciones tienen consecuencias en las existentes con los antiguos aliados, fundamentalmente con Paquistán. "En el conflicto que ese país tiene con India nos hemos vuelto más bien neutrales", afirma Yang Baoyun, vicepresidente del Centro de Estudios para Asia-Pacífico, entrevistado en la Universidad de Beida. En su opinión, Islamabad "se benefició durante mucho tiempo gracias a las tensiones", pero las mentalidades comienzan a cambiar, como lo prueba la reanudación del servicio de autobuses trans-Cachemira, que estuvo cerrado durante sesenta años 8.

Otro signo de la "emergencia pacífica" de China es su compromiso en la crisis iniciada en octubre de 2002 entre Estados Unidos y Corea del Norte, un país que amenaza con fabricar la bomba atómica. Fundador del Grupo de los Seis (China, Corea del Sur, Corea del Norte, Japón, Rusia y Estados Unidos) creado para solucionar ese contencioso, Pekín se ve obligado a hacer grandes esfuerzos para calmar la fogosidad de Pyongyang, alimentada por las encendidas declaraciones de la administración Bush.

Evidentemente, la nuclearización de la península coreana no le gusta nada a Pekín, y si Pyongyang "se decidiera a hacer pruebas" atómicas, "suspenderíamos nuestra ayuda", afirma Yang Baoyun. Pero las opiniones sobre el tipo de presiones posibles divergen: hay quienes consideran que al menos habría que interrumpir parcialmente la ayuda, señalando que ya en 2004 un "incidente técnico" muy oportuno produjo una reducción en el suministro de petróleo, lo que obligó al presidente Kim Jong-il a reanudar las conversaciones 9. Y también quienes, como Shen Dingli, estiman, al contrario, que "suprimir la ayuda significaría matar toda esperanza e impulsar hacia el peor camino" a un régimen ya calamitoso.

"Corea es una carga detestable, un régimen donde la gente muere de hambre porque el poder está en manos de una familia. Pero China no tiene margen de maniobra, no puede avanzar ni retroceder", resume un ex diplomático. Una parte del ejército no está lejos de pensar que la nuclearización no es algo al fin de cuentas tan grave, y que en caso de conflicto "Corea sigue siendo el centinela de China". Sin embargo, Pekín ya mostró -si no a Washington, al menos a sus vecinos- que sabía modificar la política de sus alianzas anteriores para ingresar en una fase de diplomacia activa. Prueba de ello es el fortalecimiento de sus lazos con Corea del Sur, vieja aliada de Estados Unidos, que teme una desestabilización del Norte: las dificultades que tuvo Alemania para absorber los territorios del Este la incitan a la prudencia con la vecina dictadura 10.

El odiado Japón

La espina más dolorosa en la pata del tigre chino es Japón. "En los últimos treinta años, las relaciones nunca fueron tan malas", se preocupa Yang Baoyun. En ello coinciden todos los interlocutores entrevistados, que citan al respecto la negativa nipona a mirar de frente su pasado -en particular el libro de historia que minimizaba los crímenes japoneses durante la ocupación de China- y la visita del primer ministro Junichiro Koizumi al santuario de Yasukuni, donde están enterrados varios criminales de guerra. Una visita al museo de Shenyang, sitio importante de esa ocupación, en el nordeste del país, permite entender ese traumatismo: allí pueden verse documentos sobre los asesinatos, las torturas y los experimentos médicos realizados por los militares japoneses a partir de 1931, al igual que recientes declaraciones negadoras formuladas por personalidades japonesas 11. Aquí, como en Pekín, cuando uno evoca las manifestaciones antijaponesas de la primavera de 2005 -esencialmente estudiantiles y muy controladas, pero prácticamente sin participación de trabajadores- es común recibir la siguiente respuesta: "¿Que diría usted si un dirigente alemán fuera a inclinarse ante la tumba de criminales de guerra?".

Además de los problemas territoriales sobre las islas que los japoneses llaman Senkaku y los chinos Diaoyu, donde existe mucho petróleo y gas, también está en la mira el fortalecimiento de los vínculos militares entre Washington y Tokio. Según Kazuya Sakatomo, profesor de la Universidad de Osaka, "luego de pasar sesenta años bajando la cabeza, Japón está tratando de suplantar a Australia como sheriff adjunto de Estados Unidos en la región del Pacífico y se convierte en uno de los pilares de la arquitectura de defensa estadounidense en el siglo XXI" 12. La revisión de la Constitución nipona 13, el envío de tropas a Irak, el traslado del comando del primer cuerpo del ejército estadounidense (para el Pacífico y el Indico) de la costa Oeste de Estados Unidos a la zona de Zama, al sur de Tokio, dan cierta credibilidad a esta tesis 14. Incluso es la apuesta principal de las muy particulares relaciones triangulares entre China, Estados Unidos y Japón.

Además, Washington apoya la candidatura japonesa como nuevo miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, candidatura inmediatamente rechazada por China, que amenaza incluso con utilizar su veto. "Antes de pensar en formar parte del Consejo de Seguridad, Japón deberá obtener un consenso en su región", declaró el embajador chino en la ONU, Wang Guangya, el pasado 26 de junio. Pekín espera ganar esa partida apoyándose en Corea del Sur, que protestó enérgicamente contra las inclinaciones militaristas de Koizumi 15; en la India, que también aspira a una banca permanente en el Consejo de Seguridad; y en los países africanos, con los que mantiene lazos económicos (fundamentalmente petroleros) bastante persuasivos.

Por último, la mención de Taiwán en la revisión del acuerdo de seguridad bilateral entre Estados Unidos y Japón 16 terminó de deteriorar las relaciones chino-niponas. Desde la normalización de relaciones entre ambos países asiáticos en 1972, Japón siempre había dejado de lado ese tema. Incluso Estados Unidos había adoptado la fórmula "Dos sistemas, un país". La integración de Taiwán a China "puede requerir cien años o más", según la expresión de un diplomático, pero "la separación es imposible"; algo inaceptable para la población, para el ejército y para el gobierno.

Por lo tanto, los discursos enérgicos de los últimos meses y la ley antisecesión adoptada en abril de 2005, serían más defensivos que ofensivos, con el objetivo de marcar una línea roja infranqueable a Taiwán y a sus aliados. Pues todos reconocen que una operación militar tendría un costo político, diplomático y económico inmenso. Pekín parece temer una declaración de independencia de parte de Taipei en vísperas de los Juegos Olímpicos de 2008, con los cuales el gobierno cuenta en gran medida para dar un paso decisivo en la región y en el mundo. Eso explica las amenazas y también la tarea de seducción.

Los dirigentes del partido Kuomintang, antiguos enemigos que no habían pisado suelo chino desde 1949 17, fueron recibidos con gran pompa a comienzos de mayo. La reciente gira por América Latina de Ju Hintao, cuyo objetivo principal era garantizar el aprovisionamiento de petróleo (Venezuela), de materias primas, cereales y soja (Cuba, México, Brasil...) apuntaba también a mostrar a todos aquellos (sobre todo en América Central) que aún mantienen "lazos estrechos con Taipei, que el mercado de China es mucho más grande"... En lo inmediato, los dirigentes cuentan mucho para hacer presión sobre el gobierno de Taipei con los cerca de 8.000 empresarios taiwaneses que invirtieron en China. Por su parte, la administración Bush acabó calmando la fiebre independentista de su aliado, mientras que Japón se volvió más discreto.

Pero no por eso la oposición es menos viva, algo que un ex diplomático sintetiza así: "Históricamente, la región tuvo una China fuerte y un Japón débil; luego una China debilitada y un Japón fuerte. Ahora vamos hacia una igualdad entre ambos, lo que desequilibra a Japón". La situación cambió, pero aún estamos lejos de un reequilibrio de fuerzas. Es cierto que China es el primer proveedor asiático de Estados Unidos, delante de Japón, y que además ocupa el segundo lugar, detrás de Tokio, por sus reservas monetarias -curiosamente, en bonos del Tesoro estadounidense- pero su Producto Bruto Interno (PBI) sigue siendo dos veces y media más bajo que el de Japón. China podría amenazar a Estados Unidos con dejar de cumplir la función de banquero y vender sus dólares, pero Tokio vendría inmediatamente en ayuda del billete verde.

Esa relación de fuerza asimétrica no excluye la competencia. Japón espera consagrar su rol de líder mundial en la zona asiática (convirtiéndose en miembro permanente del Consejo de Seguridad, lo que supondría un rearme temido por sus vecinos, no sólo por China), mientras que China trata de afirmar su papel de líder asiático en el mundo, lo que explica su despliegue en las instancias multilaterales. Su ingreso a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001 le permitió dar un paso decisivo. Pacientemente, ganó su lugar en la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Anase) instrumento por excelencia de la Guerra Fría 18. En 1991 era apenas país observador, pero logró convertirse en miembro pleno, y terminó obteniendo, en noviembre de 2004, la creación de una zona de libre comercio con la Anase 19.

El consenso asiático

En Asia Central, la creación de la Organización de Shanghai (junto a Rusia, Kazajstán, Kirguizitán, Tayikistán y Uzbekistán) en abril de 2001, fue la prueba de los objetivos comerciales chinos (entre ellos el aprovisionamiento de hidrocarburos). La iniciativa cobró un cariz muy político luego de la guerra en Afganistán. China comparte las preocupaciones rusas frente a la implantación de bases estadounidenses en la región y las de otras repúblicas ante los movimientos islamistas considerados independentistas (particularmente los Uigurs). No la perturba en absoluto la represión de todo movimiento opositor, como la ocurrida recientemente en Kirguizistán.

Finalmente, como escribió el investigador estadounidense David Shambaugh "la diplomacia bilateral y multilateral de Pekín demostró ser extremadamente hábil para obtener la confianza de la región asiática. El resultado es que la mayoría de los países miran actualmente a China como un buen vecino, un socio constructivo, un interlocutor atento, y una potencia regional que no asusta" 20. Sin embargo, ¿cabe hablar de un "Consenso de Pekín" 21 como nuevo modelo de desarrollo, como sugiere Joshua Cooper Ramo, miembro del Council on Foreign Relations de Londres? ¿Puede China encabezar una unión asiática económica y política? Sin duda, no tiene los medios económicos: los dos tercios de sus exportaciones provienen de empresas extranjeras implantadas en su territorio, donde se arman productos concebidos en otras latitudes.

Es cierto que China ocupa algunos nichos de avanzada (como el de las fibras ópticas o el de los teléfonos celulares) y trata de mejorar en la materia atrayendo centros de investigación extranjeros, comprando empresas para adquirir marcas conocidas y aprovechar la transferencia de tecnología... Pero, por ahora, su crecimiento -que sigue siendo frágil a causa de un sistema financiero vulnerable- aún depende en gran medida de los países de la Anase y de Japón, en lo que hace a la producción, y de los países occidentales en lo que concierne a sus exportaciones. El menor entredicho, por ejemplo, con Estados Unidos, podría frenar de facto su dinamismo y resultar políticamente explosivo.

No por eso algunos expertos han dejado de pensar en un eje chino-japonés, a imagen del eje franco-alemán en Europa. En el mismo momento en que tenían lugar las manifestaciones antijaponesas de la primavera de 2005, un coloquio reunía en Pekín a intelectuales japoneses, chinos y coreanos 22. Por otra parte, esos tres países publicaron en junio un manual escolar oficial, fruto del trabajo de historiadores de dichas nacionalidades. Pero eso sigue siendo marginal. Y si bien Estados Unidos está dispuesto a delegar una parte aun mayor de su poder regional (de paraguas militar), es difícil que acepte una potencia regional fuerte, ya se trate de Japón o, menos aun, de China.

Pekín desea avanzar rápido y evitar el caos. Pero "sólo podrá desplegar su influencia si posee una cultura atractiva como fue el caso, al principio, con nuestra lengua. No basta con consumir. Tenemos que inventar nuestros valores, que no sean una copia de los de Occidente", explica un diplomático. Algunos ya trabajan con tal objetivo, pero carecen de espacios públicos de debate. Y el peligro, como señala nuestro interlocutor, es que al poner un cerrojo a las libertades políticas, "China puede ponérselo a sí misma".

  1. Beida formaba parte del Palacio de Verano saqueado por las tropas franco-inglesas durante la guerra del opio, en octubre de 1860.
  2. El 4-6-1989, manifestaciones de estudiantes y de sectores obreros fueron reprimidas. Salvo en la Universidad de Qinhua (Pekín), donde el tema es tratado en los cursos de historia de los movimientos sociales, esos acontecimientos son objeto de una censura total. La prohibición alcanza incluso a los canales extranjeros, como el francés TV5, que miran los franceses residentes en China y un puñado de francófilos: cuando el informativo aborda ese tema, una pantalla negra oculta las imágenes.
  3. Jean-Christophe Servant, "China al ataque del mercado africano", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, mayo de 2005.
  4. François Jullien, Penser d'un dehors (La Chine), Seuil, París, 2000.
  5. Angus Maddison, "L'économie chinoise, une perspective historique", OCDE, París, 1998. Ver también Philip S. Golub, "Recuperar el puesto en la economía mundial", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, octubre de 2004.
  6. Durante la crisis, Malasia volvió a aplicar el control de cambio. Ver "Un experto que se equivoca todo el tiempo", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, enero de 2005.
  7. Discurso de abril de 2004, citado por Joshua Cooper Ramo, The Beijing Consensus, The Foreign Policy Center, Londres, 2005.
  8. Desde el 7-4-05, una línea de autobuses une los 172 kilómetros que separan Muzaffarabad, en la parte paquistaní de Cachemira, de Srinagar, en la parte india.
  9. En septiembre de 2004, la revista de estudios internacionales Zhanlue yu guanli fue cerrada luego de la publicación de un artículo muy crítico sobre Corea del Norte.
  10. Ignacio Ramonet, "Alertas en Corea", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, julio de 2005.
  11. En la muestra se puede ver también una serie de declaraciones y manifestaciones realizadas en Japón contra la remilitarización del país.
  12. Citado por Simon Tisdall, "Japan emerges as America's deputy sheriff in the Pacific", The Guardian, Londres, 19-4-05.
  13. El art. 9 de la Constitución prohíbe la existencia de un ejército en Japón: se trataría de suprimirlo y transformar las fuerzas de autodefensa en un ejército regular.
  14. Chalmers Johnson, "Coming to terms with China", www.tomdispatch.com/index.mhtml?pid=2259.
  15. "Discurso a la nación" del presidente Roh Moo Hyun, el 23-3-05.
  16. El acuerdo estratégico firmado en 1996 fue revisado en Washington el 20-2-05.
  17. El Kuomintang, dirigido por Chang Kai-shek, se había replegado en Taiwan en 1949. Ese partido, que dirigió la isla durante 50 años, está actualmente en la oposición.
  18. Creada en 1967 en Bangkok, reunía originariamente a Malasia, Filipinas, Tailandia, Indonesia y Singapur, a los que luego se sumaron Brunei, Vietnam, Birmania, Laos y Camboya.
  19. Los derechos aduaneros serán progresivamente suprimidos antes de 2010.
  20. "China engages Asia. Reshaping the Regional Order", International Security, Washington, vol. 29, N° 3, invierno 2004-2005.
  21. The Beijing Consensus, op. cit.
  22. Reseña de la mesa redonda, "Chercher un nouvel espace", Dushu, Pekín, N° 6, junio de 2005. Ver también Wang Hui, "La reinvención de Asia", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, febrero de 2005.
Autor/es Martine Bulard
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 74 - Agosto 2005
Páginas:27,28,29
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Ciencias Políticas, Economía
Países Estados Unidos, China, India, Japón