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Londres-Bagdad

Dos días después de los atentados terroristas en Londres del 7 de julio, el Ministerio de Defensa británico filtró un documento según el cual Gran Bretaña reduciría sus tropas en Irak de 8.500 a 3.000 efectivos. Sin embargo el primer ministro británico Anthony Blair sigue defendiendo su política exterior, negando cualquier vinculación entre su involucramiento en la guerra de Irak y los ataques que mataron a 52 personas en el corazón de Londres, y por consiguiente cualquier modificación en su alianza con la administración Bush. El precio de los abusos cometidos.

Nada justifica los atentados de julio pasado, que mataron en Londres a 52 inocentes, así como a sus autores kamikazes. Porque matar inocentes en el nombre de una supuesta causa justa nunca es defender una causa justa, es simplemente matar inocentes.

Estas agresiones criminales eran previsibles. "Para nosotros, esos atentados no fueron una sorpresa", admitió Christophe Chaboud, jefe de la Unidad de coordinación de la lucha antiterrorista en Francia, "sino la confirmación de algo inevitable, habida cuenta el contexto internacional, especialmente la guerra de Irak"1. Desde hace meses, los responsables de seguridad repetían que el problema no era saber si se iban a producir esos ataques, sino cuándo se producirían. La apertura de la cumbre del G8 (grupo de las siete potencias más ricas más Rusia) en Gleneagles, Escocia, proporcionó la ocasión simbólica. Y los famosos servicios británicos de información, conocidos bajo las siglas de MI5 y MI6 (Military Intelligence) fueron incapaces de evitar la carnicería, confirmando así que nadie encontró todavía el despliegue securitario que garantice mantenerse al abrigo del terrorismo de modo duradero.

Anthony Blair, primer ministro británico, se niega a admitir el menor vínculo entre estos atentados y la política hacia Irak. Sin embargo es evidente que el alineamiento de Londres con el belicismo de Washington que invadió Irak y lo ocupa, a despecho de una fuerte oposición popular, iba a terminar desencadenando consecuencias trágicas en la misma Gran Bretaña. Los atentados de Madrid el 11 de marzo de 2004 habían constituido una siniestra advertencia en ese sentido.

La situación en Irak sigue siendo caótica. Las autoridades estadounidenses -que mintieron para justificar la invasión, tal como ya está demostrado- se supusieron capaces de gestionar la posguerra. Irak se ha convertido no solamente en un cenagal para las fuerzas de ocupación, sino en un verdadero polvorín internacional (Zinn, págs. 4-5).

Contrariamente a lo que afirmó el presidente Bush, el mundo no es un lugar más seguro desde que se invadió Irak. Por el contrario, la red Al Qaeda no ha sido desmantelada. Osama Ben Laden no ha sido detenido. Y la nebulosa djijadista golpeó lugares hasta el momento a salvo: Estambul, Bali, Casablanca, Madrid, Londres... Según la opinión de los mismos servicios estadounidenses, Irak se convirtió en una "escuela de guerrilla urbana", un verdadero "laboratorio del terror"2, que acoge a cientos de voluntarios llegados de diferentes países. Allí la violencia alcanza dimensiones paroxísticas. Los insurgentes han matado a más de 12.000 personas en el curso de los últimos dieciocho meses. Actualmente la cantidad de iraquíes muertos en atentados se eleva a 20 por semana ¡80 por mes! El Pentágono evalúa que la rebelión, fundamentalmente sunnita, cuenta con alrededor de 20.000 combatientes apoyados por unos 200.000 ocasionales...

Las fuerzas de ocupación no saben cómo terminar con ellos. A pesar de una represión que no vacila ni ante el recurso a los secuestros, las cárceles secretas, la tortura -como demostraron los abusos en la cárcel de Abu Ghraib- ni al uso desproporcionado de la fuerza. Un soldado, Jim Talib, que participó en el ataque a Fallujah, atestigua: "Un día yo llevaba a la cárcel a un detenido, y el suboficial a cargo de los interrogatorios nos dijo que no le lleváramos más. ‘Mátenlos', dijo. Yo estaba estupefacto. No podía creer que hubiera dicho realmente eso. No bromeaba. Unos días más tarde, pasó un grupo de vehículos Humvees, había dos iraquíes muertos atados a los capó como presas de caza. Uno de los cuerpos tenía el cráneo abierto, y el cerebro había empezado a freírse sobre el capó del vehículo. Era un espectáculo horrible. Fui testigo de muy poco respeto por los vivos, ninguno hacia los muertos, y casi nadie tenía que rendir cuentas" 3.

En el Tribunal mundial sobre Irak -que se celebró del 25 al 27 de junio en Estambul y que los grandes medios internacionales ocultaron- uno de los testimonios más abrumadores fue el que presentó el periodista líbano-estadounidense Dahr Jamail. Contó cómo un funcionario de la administración de Bagdad, Ali Abbas, había ido a una base estadounidense para averiguar la suerte de uno de sus vecinos desaparecidos. Como insistía, Ali Abbas fue detenido allí mismo, desvestido, encapuchado y obligado a simular actos sexuales con otros prisioneros. El procedimiento estandar. Después le arrojaron perros, lo golpearon en los genitales, y recibió descargas eléctricas en el ano. Con el cañón de un arma hundido en la boca, sus verdugos lo amenazaron con ejecutarlo si gritaba. Después lo dejaron chapoteando en sus excrementos...4

Blair cree que no hay ninguna relación entre los abusos cometidos en Irak y los atentados en Londres. ¿Y si hubiera alguna?

  1. Le Monde, 12-7-05.
  2. International Herald Tribune, 22-6-05.
  3. El correo para comunicarse con Jim Talib es el siguiente: jimtalib@yahoo.com.ns
  4. Véase http://dahrjamailiraq.com. Leer también John Pilger, "Sono arrivati le bombe di Blair", Il Manifesto, Roma, 8-7-05.
Autor/es Ignacio Ramonet
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 74 - Agosto 2005
Páginas:48
Traducción Marta Vassallo
Temas Ciencias Políticas, Armamentismo, Terrorismo, Geopolítica
Países Estados Unidos, Inglaterra