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Recuadros:

Revolución democrática en Bolivia

Evo Morales puso un pie en la historia el 18 de diciembre pasado. Con el 53,7% de los votos –y 25 puntos de diferencia sobre el ex presidente conservador Jorge “Tuto” Quiroga– el candidato del Movimiento al Socialismo (MAS) obtuvo el triunfo electoral más resonante de los últimos 30 años de la historia boliviana 1. Bolivia se suma así a los países sudamericanos inmersos en profundas transformaciones políticas.

El resultado obtenido por el MAS no solamente representó un duro golpe para una derecha que se postulaba como un muro de contención a la emergencia indígena-popular, sino para un conglomerado de poderosos medios de comunicación que jugaron sus fichas para evitar un triunfo de la izquierda 2 y para unas encuestadoras que, como en anteriores ocasiones, siguen sin registrar el pulso de la Bolivia profunda. Pese a los avances operados desde la Revolución Nacional de 1952 y del reconocimiento constitucional de Bolivia como un país "pluriétnico y multicultural" en los años '90, ésta sigue sometida a una suerte de apartheid, en el que la etnicidad opera todavía como limitante o facilitadora del ascenso y del reconocimiento sociales.

Pastor de llamas ("llamero"), trompetista, futbolista y cultivador de coca, amigo de Hugo Chávez y Fidel Castro, resistido por el gobierno estadounidense, que lo considera un "agitador de la coca ilegal", Evo Morales logró cohesionar la demanda de cambio que atraviesa transversalmente a la sociedad boliviana cansada del dogma neoliberal aplicado desde 1985 y de los pactos políticos que garantizaban la supervivencia en el poder de un desprestigiado conjunto de partidos que en el último cuarto de siglo vació de contenido la democracia reconquistada en 1982 y transformó el armazón institucional del país en una correa de transmisión de mandatos externos. Por otro lado, la derecha de Poder Democrático Social (Podemos, de Quiroga) debió enfrentar el rechazo social a la conformación de sus listas -que fueron el receptáculo de infinidad de "tránsfugas" que encontraron en Podemos un refugio frente a la pulverización de sus partidos 3- y a la "guerra sucia" desatada contra la izquierda, que hablaba de pérdida de mercados externos y expansión del narcotráfico si Evo Morales llegaba a la Presidencia y hasta acusaba al candidato del MAS de no pagar la cuota alimentaria de sus hijos. Puesta la polarización izquierda-derecha en términos de "cambio vs. continuismo", la relación de fuerzas electorales comenzó a favorecer al MAS, que escaló la cuesta electoral respirando el aire que iba perdiendo la derecha conservadora.

Acumulación política

"Las recientes elecciones en Bolivia han sido una confirmación política, legal, democrática, constitucional, institucional -y todos los demás adjetivos de la ciencia política que se quiera- de una violenta y persistente ola de fondo contra la dominación neoliberal en un Estado racista de matriz colonial como ha sido desde siempre el boliviano", escribió Adolfo Gilly 4 a modo de balance de una victoria que no puede explicarse sin tomar en cuenta el ciclo de acumulación política del movimiento popular boliviano en el último quinquenio, desde la "guerra del agua" en Cochabamba (abril de 2000), pasando por las sublevaciones sociales de febrero y octubre de 2003 y mayo-junio de 2005, que provocaron la caída de dos presidentes: Gonzalo Sánchez de Lozada y Carlos Mesa.

En el marco de este ciclo aún inconcluso de contestación popular fueron madurando ideas-fuerza "antineoliberales", cuyo núcleo duro es la demanda de nacionalización de los hidrocarburos y de los recursos naturales, y la convocatoria a una Asamblea Constituyente que "refunde el país". Y, junto con ello, el reclamo de reconstrucción de un Estado pulverizado por las recetas "ortodoxas" que los tecnócratas de Washington ni siquiera se molestaban en traducir al castellano.

El MAS llega al Palacio bajo el influjo de los movimientos sociales que le dieron vida (ver "Artículos publicados"). Morales ya anticipó, en una reunión en Quillacollo, Cochabamba, el 21 de diciembre pasado, que el suyo "será un gobierno de los movimientos sociales" y que "no solamente hay que invitar a los Presidentes extranjeros (a la transmisión de este 22 de enero), sino también a las organizaciones populares de Latinoamérica, que nos darán la fuerza para frenar la soberbia del Imperio".

La transversalidad étnica, clasista y regional de la demanda de cambio se expresó con nitidez en la nueva geografía electoral boliviana cristalizada el 18 de diciembre. Una de las sorpresas fue el elevado porcentaje obtenido por el MAS en Santa Cruz de la Sierra, embarcada en una "guerra de posición" autonomista liderada por las elites locales a través del Comité Cívico Pro Santa Cruz (CCPSC, Seleme, pág. 6) 5: el escrutinio final le otorga una votación del 33,2%, que se traduce en un senador, con similares resultados en el departamento de Tarija, fronterizo con Argentina y en el que también se respira un olor a gas y petróleo nada ajeno a la ofensiva autonomista. Estos resultados -impensados incluso para los más optimistas- ponen en cuestión la representatividad del discurso de las oligarquías regionalistas, basado en la supuesta existencia de "dos Bolivias": una andina, "caótica y conflictiva", y otra oriental, "moderna y productiva". Un reciente estudio del Programa de Investigaciones Estratégicas de Bolivia (PIEB) 6 se sumerge en la construcción de la identidad cruceña irradiada por el CCPSC, de la cual queda excluida una gran parte de la población -entre ella, los indígenas de tierras bajas- que ha sido eficazmente interpelada por el discurso "popular"del MAS y explica las motivaciones de este aluvión de votos obtenido por un "enemigo de Santa Cruz", tal como la derecha local definía a Evo Morales.

"Ya no hay una Bolivia polarizada entre regiones. Este mandato de cambio está presente en todo el país, desde el Oriente hasta el Occidente, en la ciudad y el campo, entre mestizos e indígenas, entre empresarios y trabajadores (...) es la Nación la que se ha puesto de pie (...) Solamente en etapas revolucionarias se llegó a resultados semejantes. Quedaron atrás los intentos de dividir artificialmente el país", analizó el vicepresidente electo, Álvaro García Linera ante un triunfo que reconoció "inimaginado".

A estos guarismos, un terremoto político en el país, se suman resultados plebiscitarios como el 66,6% obtenido en el departamento de La Paz (frente al 18,1% de Podemos), trasformado en la plaza fuerte del MAS. A tal punto llegó el "tsunami azul" en este departamento, que Evo Morales resultó vencedor en todas las circunscripciones de la sede de gobierno, posibilitando que incluso Guillermo Beckar, candidato a diputado uninominal por la acomodada zona sur, resultara ganador 7. Las motivaciones fueron diversas: desde la demanda de cambio hasta un razonamiento curioso: "si gana un bloqueador quizás se acaben los bloqueos".

En las zonas "duras" del Altiplano paceño, como las orillas del Lago Titicaca, Evo Morales invadió con éxito las ex fortalezas del caudillo aymara Felipe Quispe (el MAS ganó con 55% frente al 29,5% del Movimiento Indígena Pachakuti (MIP) en la combativa localidad de Achacachi, sede de la rebelión indígena de 2000-2001) y en la cuna del MAS, el Chapare, el voto cocalero fue prácticamente unánime, superando en algunas circunscripciones el 90%.

De la coca al Palacio

Conocidos los primeros resultados del conteo rápido el domingo 18 de diciembre pasado, mientras la noche iba cayendo sobre la ciudad de La Paz, la perplejidad ganaba la batalla a la alegría y la tristeza de vencedores y vencidos. No hubo festejos populares masivos, que se reservaron para la asunción del primer Presidente indígena de la historia boliviana. "Los indígenas festejan cuando se cumple y no cuando se gana", dijo Morales. Pero quedó claro que un campesino cocalero y un ex guerrillero 8 fueron los protagonistas de la "revolución en las urnas", que ha aumentado los recelos del Departamento de Estado sobre la posible incorporación de Bolivia al eje La Habana-Caracas 9. El encargado de negocios venezolano (y embajador en funciones), Azael Valero, fue relevado de su cargo, antes de las elecciones, por haber dicho ante los medios que "Si Evo Morales es antiimperialista, pues que viva Evo Morales". Declaraciones que, pese a la rápida reacción de Jorge Quiroga -quien alentó una marcha de repudio ante la embajada venezolana- estuvieron lejos de llevar agua al molino de la derecha, como sí lo habían hecho a favor del MAS, en las elecciones de 2002, las amenazas del embajador estadounidense Manuel Rocha, que por supuesto el Departamento de Estado no consideró necesario reemplazar en aquella ocasión.

Nacido en 1995 en un congreso campesino en Santa Cruz de la Sierra, el Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (IPSP), que luego utilizaría como sigla electoral la del MAS (un viejo desprendimiento de Falange Socialista Boliviana, que giró hacia la izquierda) plantea una forma novedosa de articulación de lo social y lo político. Desde su núcleo duro en la región tropical del Chapare -sujeta a erradicación de sus cultivos de coca en virtud de la Ley 1008 10- la izquierda campesina emergente, en paralelo a la crisis del movimiento obrero minero, fue logrando articular un conjunto de demandas populares contra las políticas neoliberales y el sometimiento del país a los dictados de Washington. Para ello desempolvó parcialmente el viejo discurso nacionalista revolucionario de los años '50 que dividía al país entre la nación y la antinación, y le incorporó la denuncia del "colonialismo interno" desarrollada por el Movimiento Katarista en los años '70. Como señala el sociólogo aymara Félix Patzi, "(el MAS) no es un partido que se insertó en el movimiento social para articularse con él (como ocurría con la "vieja izquierda") sino que es un movimiento político surgido de las propias organizaciones sindicales campesinas".

"El MAS, que en 1997 consiguió el 3% de los votos (incluyendo la diputación de Evo Morales) ha aumentado 17 veces su votación en menos de 10 años. En el pasado, este partido dio un salto formidable en el plano local, cuando pasó de gobernar 6 alcaldías a ganar más de 90 de los 327 municipios del país (en diciembre de 2004). Hoy completa su ciclo de despegue viendo a Evo Morales convertido en el candidato presidencial más votado desde 1966" 11.

La izquierda en el poder

Es un lugar común comparar este regreso de la izquierda al poder con su más inmediato antecedente, la Unidad Democrática Popular (UDP) (1982-1985), expulsada del poder por el sabotaje de la derecha empresarial (hiperinflación) y las presiones de la izquierda radical encarnada en la Central Obrera Boliviana (COB). Pero el contexto parece presentar más diferencias que similitudes con el de los años '80. Dos de ellas: el próximo 22 de enero la izquierda indígena se hará cargo de una economía que, pese a sus limitaciones estructurales, presenta una serie de indicadores macroeconómicos favorables, alejados de los "desequilibrios" de los '80: déficit fiscal del 3,5% (frente al 9,2% de 2001); una inflación anual del 5%, un crecimiento económico modesto pero positivo del 3,9%, datos que se suman a la condonación de la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI) (222 millones de dólares). La deuda social reside en la pobreza (67% de la población), el desempleo (8,7%) y la desigual distribución del ingreso (el 10% más rico se queda con el 32% y el 10% más pobre capta sólo el 1,3%).

Por otra parte, a diferencia de Hernán Siles Suazo, Evo Morales no tiene enfrente a una COB con un potencial de movilización capaz de vetar políticas estatales, sino a una organización en la que los recuerdos de anteriores gestas heroicas pesan más que su debilitada realidad actual. A ello se suma la biografía de luchador social de Evo Morales, que hace que sea percibido como "uno de nosotros" por los sectores indígenas populares, lo cual nunca ocurrió con la izquierda criolla posterior a la revolución nacionalista de 1952. A la legitimidad social del próximo gobierno se suma un paraguas de legitimidad política derivada del resultado plebiscitario del triunfo electoral, que se expresará parcialmente en el plano de las instituciones: mientras el MAS contará con una clara mayoría en Diputados, en el Senado tendrá 12 bancas frente a 13 de Podemos, 1 del MNR y otra de Unidad Nacional (UN) de Samuel Doria Medina. Quiroga ya reclamó la presidencia de la Cámara para su partido, lo que será resistido por el MAS.

La "nueva Bolivia" que postula Evo Morales, deberá ponerse en marcha en la próxima Asamblea Constituyente, convocada para julio de 2006 y receptáculo de los sueños populares de transformación radical del país y de las pesadillas de la burguesía boliviana, que teme que esta instancia "refundacional" sea el escenario de una "revancha indígena" que ponga en riesgo sus intereses fundamentales, como la propiedad de la tierra. Algunos hablan de una Constituyente "chavista" que proyecte la victoria electoral de la izquierda hacia una revolución de mayores alcances. García Linera intenta despejar estos recelos señalando que el nuevo gobierno impulsará "una salida pactada, en la que los intereses de los derrotados serán, en parte, reconocidos por los victoriosos".

Propiedad de los hidrocarburos

Dos desafíos marcarán, desde los primeros días de su gobierno, la agenda política del nuevo gobierno:

1) El de los cultivos de coca que, en palabras de Evo Morales, "parieron el instrumento político de liberación" y que, al mismo tiempo, son una de las fuentes de inquietud de Washington. "No habrá coca cero; racionalizaremos los cultivos para abastecer la demanda legal. Tampoco permitiremos que Estados Unidos siga dirigiendo a nuestras Fuerzas Armadas y policía", advirtió Evo Morales en un encuentro con la prensa el domingo 18 de diciembre pasado, que finalizó con la tradicional interpelación cocalera: "Causachun coca, Wañuchun yanquis" (Viva la coca, fuera los yanquis).

2) La cuestión petrolera, que provocó la caída de dos Presidentes desde 2002. Morales señaló que no habrá expropiaciones, pero que las transnacionales serán socias y no dueñas de los energéticos, y será el Estado el que controle el negocio hidrocarburífero, incluyendo las exportaciones: "Va a dejar de ser un negocio entre Repsol Bolivia y Repsol Argentina, y será una relación entre Estados", especificó el Presidente electo. Para implementar el control "efectivo" del Estado, el MAS deberá lograr la firma de nuevos contratos de exploración y explotación acordes a la ley de hidrocarburos aprobada en mayo de 2005, que las empresas califican de "confiscatoria". En varias declaraciones a la prensa, el vocero de la Cámara Boliviana de Hidrocarburos (CBH), Carlos Alberto López, ha señalado que se ha frenado la inversión y que muchas petroleras acudirán a tribunales internacionales ante la "violación de la seguridad jurídica". Desde el MAS responden que los contratos son "nulos de pleno derecho, ya que no fueron refrendados por el Parlamento, como establecen las leyes vigentes". Por ahora, las transnacionales esperan que se aclare el cuadro político y que se traduzca en medidas concretas la nueva legitimidad estatal. "La relación con las petroleras va a ser uno de los temas fundamentales desde el primer día del gobierno. La lucha por la recuperación de la propiedad de los hidrocarburos es producto del movimiento social que se dio en el país. Quienes votaron por el MAS, votaron por la recuperación inmediata de la propiedad de los hidrocarburos", dijo el referente económico de ese partido y probable ministro, Carlos Villegas 12.

Junto a un grupo de técnicos provenientes de las clases medias urbanas, el MAS intentará suplir la falta de cuadros, producto de la forma organizativa sui generis de la nueva izquierda boliviana, surgida de las "escuelas" del sindicalismo campesino. La relación entre el MAS y los intelectuales ha sido desde el principio sinuosa y más cercana a la figura del asesor que a la del "intelectual orgánico", en ausencia de estructuras institucionales que permitan articular a los "técnicos" con los movimientos sociales, tarea que recae en el liderazgo del propio Evo Morales. La elaboración del programa de gobierno del MAS reflejó, en gran medida, las dificultades para resolver la compleja ecuación entre capacidades técnicas y compromiso político. Más que un boicot frontal a la administración Morales resulta más plausible esperar (a la luz de una rápida "sociología" de las elites bolivianas, en un país con un raquítico sector económico privado) que los viejos cuadros estatales -a muchos de los cuales deberá recurrir el MAS a falta de suficientes cuadros propios- se postulen para permanecer en sus puestos o acceder a ellos, reciclados a los nuevos aires nacionalistas que soplan en el país. Y se espera una suerte de cogobierno -no exento de dificultades futuras- entre el MAS y los movimientos sociales, algunos de ellos con visiones más corporativistas y otros, más nacionales ("no podemos hacer bloqueos contra nuestro propio gobierno", se escuchó entre dirigentes campesinos).

El fracaso electoral de los "radicales" (como Felipe Quispe, cuya votación fue inferior al 3%; o Jaime Solares, líder de la COB, que ni siquiera logró concretar su candidatura), otorga un renovado margen de acción para el nuevo Presidente. Sectores como la estratégica Federación de Juntas Vecinales (Fejuve) de El Alto -invitada por el MAS a formar parte de las comisiones de transición- o la Central Obrera Regional (COR) de esa misma ciudad, ya anticiparon su disposición a contribuir al proceso de cambio que encarna el MAS.

Sin una importante oposición por izquierda, queda una derecha política debilitada (pero no vencida) por el revés de las urnas, que se enfrentará a un gobierno potenciado por esas mismas urnas en una dimensión desconocida en la historia boliviana reciente. Y una derecha regionalista (fundamentalmente cruceña) que ha comprobado que su hegemonía es más porosa de lo que parecía.

Pacto de gobernabilidad

Resulta aún incierto si las prefecturas (gobernaciones), de las cuales el MAS obtuvo sólo tres de nueve (Oruro, Potosí y Chuquisaca), se transformarán en un escenario propicio para la "resurrección" de una derecha expulsada del poder nacional, o si los intereses personales de los prefectos electos los conducirán a reacomodos que los acerquen pragmáticamente a un oficialismo que podría facilitarles su gestión local y que ya ha convocado a un "pacto de gobernabilidad". El prefecto paceño y ex alcalde de El Alto, José Luis Paredes, aliado de Quiroga, había expresado, incluso antes de la elección, su disposición a "trabajar con Evo Morales".

Lo cierto es que, después de un largo "empate catastrófico", entre fuerzas indígeno-populares y fuerzas conservadoras, se visualiza una nueva hegemonía en ciernes de la izquierda como continuación de las casi dos décadas de hegemonía neoliberal, cuya duración dependerá de la forma en que el MAS administre el capital político que tiene entre las manos.

Las comisiones económica, política y social han comenzado a actuar como un "gabinete en las sombras" tendiente a garantizar la transición hacia la nueva administración que, en palabras de García Linera, se propone "un cambio no para tres meses o cinco años, sino para el próximo medio siglo". El gobierno del MAS empezará por desmontar el andamiaje legal del neoliberalismo: anulación de la libre contratación de trabajadores en empresas públicas y privadas y de la libre importación de mercancías. Como ya expresó el vicepresidente electo, Bolivia no está a las puertas del socialismo, sino de un proyecto que se propone reconstruir el Estado y potenciar un "capitalismo andino" que permita integrar las plataformas tradicionales y modernas que dan cuenta del sistema económico-productivo boliviano. Los próximos meses determinarán la profundidad de esta revolución democrática iniciada hace ya cinco años y que el domingo dio un paso más... pero un paso descomunal.

  1. Entre los mejores desempeños estuvo la Unión Democrática Popular (UDP), de izquierdas, que ganó los comicios de 1980, postulando a Hernán Siles Suazo, con el 34% de los votos, y el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) que, en su etapa neoliberal, puso a Gonzalo Sánchez de Lozada en el sillón presidencial con el 33,8%.
  2. La campaña contra el MAS llegó a Argentina y el grupo Canal 9, Radio 10 e Infobae de Buenos Aires se sumaron a la "guerra sucia" presentando a Evo Morales como el "narcocandidato" boliviano.
  3. El sistema tripartito hegemónico que controló el poder desde 1985 se basó en el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y la Acción Democrática Nacionalista (ADN), todos ellos alejados de la significación transformadora contenida en sus siglas.
  4. La Jornada, México, 24-12-05.
  5. El CCPSC reúne a las fuerzas vivas de la región, con hegemonía de las organizaciones empresariales.
  6. "Ser cruceño en octubre: una aproximación al proceso de construcción de la identidad cruceña a partir de la crisis de octubre de 2003", Claudia Peña Claros y Nelson Jordán, de próxima publicación.
  7. En rigor, el triunfo del MAS en la zona sur combinó el voto de algunos sectores medios con el masivo apoyo de los sectores campesinos afincados en las afueras de la ciudad de La Paz.
  8. Álvaro García Linera integró el Ejército Guerrillero Túpak Katari (EGTK) en los años '90 junto a Felipe Quispe, lo que le valió cinco años de cárcel. Al salir de prisión se abocó a su cátedra de sociología en la universidad y se transformó en uno de los analistas políticos más reconocidos del país. Su incorporación al binomio presidencial del MAS facilitó el puente con las clases medias urbanas.
  9. Para la Casa Blanca, la victoria del MAS agrega una nube oscura en el cielo político latinoamericano: "Si Evo Morales hace lo que dijo en la campaña que iba a hacer, o sea, acercarse a Fidel Castro y a Hugo Chávez, y tratar de copiar el modelo de Castro como lo ha dicho, entonces me temo que el futuro del pueblo de Bolivia sea muy oscuro" (declaraciones de Otto Reich, ex jefe de la diplomacia de EE.UU. para Latinoamérica, a la BBC: http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/latin_america/newsid_4544000/4544158.st...).
  10. La ley 1008 distingue zonas "tradicionales" del cultivo de coca y "zonas excedentarias", sujetas a la erradicación de cultivos, entre ellas el Chapare. Dicha norma establece en 12.000 hectáreas el límite de cultivos "tradicionales", tendientes al abastecimiento del mercado legal.
  11. Rafael Archondo, La Época, La Paz, 20-12-05.
  12. Clarín, Buenos Aires, 20-12-05.

Artículos publicados

“Colapsa en Bolivia la estrategia de Washington”, por Luis Bilbao, noviembre de 2000.
“El modelo de resistencia boliviano”, por Sergio Cáceres y Walter Chávez, agosto de 2002.
“Bolivia”, por Ignacio Ramonet, noviembre de 2003.
“Bolivia, una revolución social democrática”, por Walter Chávez, noviembre de 2003.
“Un sujeto político no identificado”, por Adolfo Gilly, junio de 2004.
“Refundar la República en Bolivia”, por Álvaro García Linera y Pablo Stefanoni, agosto de 2004.
“Crisis y pujos secesionistas en Bolivia”, por Walter Chávez, febrero de 2005.
“Bolivia, un laboratorio de inclusión democrática”, por Alvaro García Linera, julio de 2005.
“Indígenas a las puertas del poder”, por Maurice Lemoine, noviembre de 2005.


El “capitalismo andino-amazónico”

García Linera, Álvaro

El triunfo electoral del Movimiento al Socialismo (MAS) y de Evo Morales representa una vuelta de página en una historia boliviana cargada de injusticias y segregación de sus pueblos indígenas originarios: la descolonización del Estado y la implementación de un nuevo modelo económico marcarán, desde el primer día, al gobierno de la izquierda indígena que acaba de iniciar un proceso de cambio irreversible para el próximo medio siglo.
La marea de votos obtenida por el MAS permite avanzar, con más fuerza y rapidez de lo que soñamos, en la clausura de las últimas dos décadas nefastas y terribles que dejaron al país maltrecho, que destruyeron nuestra economía y debilitaron hasta límites nunca vistos al Estado boliviano.
Para quienes hemos acompañado desde la academia y las luchas a los movimientos sociales emergentes desde 2000, la victoria del 18 de diciembre pasado significa el ingreso a una nueva etapa: el ejercicio del poder estatal. Los desafíos de la izquierda en la gestión de los asuntos públicos serán muchos y complejos pero, como hemos señalado a lo largo de la campaña electoral, nuestras fuerzas se encaminarán fundamentalmente a la puesta en marcha de un nuevo modelo económico que he denominado, provisoriamente, “capitalismo andino-amazónico”. Es decir, la construcción de un Estado fuerte, que regule la expansión de la economía industrial, extraiga sus excedentes y los transfiera al ámbito comunitario para potenciar formas de autoorganización y de desarrollo mercantil propiamente andino y amazónico.
En los siguientes 50 años predominará en Bolivia la economía familiar estructural, base de las últimas rebeliones sociales; el desafío es qué hacer con ella. El nacionalismo revolucionario de los años '50 pensaba que la comunidad desaparecería y que todos se volverían industriosos, modernos, capitalistas y asalariados, pero eso no ocurrió y, en la actualidad, el mundo moderno representa sólo entre el 7% y 15% de la economía y de la población económicamente activa (PEA). Hoy pensamos que, al menos, podemos idear un modelo para que lo comunitario deje de estar subsumido de manera brutal a la economía industrial, evitando que lo moderno exprima y quite todas sus energías a lo comunitario, potenciando su desarrollo autónomo. Para ello contamos con el Estado y con el excedente de los hidrocarburos nacionalizados.
El triunfo del MAS abre una posibilidad de transformación radical de la sociedad y el Estado, pero no en una perspectiva socialista (al menos en corto plazo), como plantea una parte de la izquierda. Actualmente hay dos razones que no permiten visualizar la posibilidad de un régimen socialista en nuestro país. Por un lado existe un proletariado minoritario demográficamente e inexistente políticamente; y no se construye socialismo sin proletariado. Segundo: el potencial comunitarista agrario y urbano está muy debilitado. En los últimos 60 años se ve un retroceso de la actividad comunitaria productiva y una erosión de los lazos comunitarios. Sigue habiendo comunidad, pero ésta ha implosionado internamente en estructuras familiares.
El potencial comunitario que vislumbraría la posibilidad de un régimen comunitarista socialista pasa, en todo caso, por potenciar las pequeñas redes comunitaristas que aún perviven y enriquecerlas. Esto permitiría, en 20 o 30 años, poder pensar en una utopía socialista.
Lenin proponía soñar con los ojos abiertos, lo que significa tener la capacidad de mirar el horizonte estratégico, pero saber manejar la táctica. El capitalismo andino-amazónico es la manera que, creo, se adapta más a nuestra realidad para mejorar las posibilidades de las fuerzas de emancipación obrera y comunitaria a mediano plazo. Por eso, lo concebimos como un mecanismo temporal y transitorio.


Autor/es Pablo Stefanoni
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 79 - Enero 2006
Páginas:4, 5, 6
Temas Política
Países Bolivia