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Afirmación de los países del Sur

A pesar de sus contradicciones, la ONU ha sido el ámbito en el que los países del Sur, tras la ola de independencias de la segunda mitad del siglo XX, han afirmado, no sin dificultades, sus derechos políticos y económicos. El surgimiento del G-20 en la Conferencia de la OMC en Cancún en septiembre de 2003 inaugura un nuevo espacio de cooperación Sur-Sur y de oposición al avance de la mundialización liberal.

En septiembre de 2003 veinte países del Sur -con Brasil, India y Sudáfrica a la cabeza- hicieron fracasar la Conferencia de la Organización Mundial del Comercio (OMC) de Cancún. Reagrupados bajo el nombre de G-20 1, habían condicionado, en vano, cualquier acuerdo a la supresión de las subvenciones que la Unión Europea y Estados Unidos otorgan a sus agricultores. Brasil, India y Sudáfrica desean ejercer un papel político y estratégico a la altura de sus respectivos pesos demográfico y económico, ya que representan 1.500 millones de habitantes y el 12,5% del Producto Bruto Interno (PBI) mundial 2.

El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva hizo del fortalecimiento de los vínculos entre países del Sur uno de los principales ejes de su política exterior: tras su elección en 2002 realizó cuatro viajes a África y organizó la primera Cumbre de América del Sur y de los países árabes en Brasilia, los días 10 y 11 de mayo de 2005. También China invirtió en el acercamiento Sur-Sur: multiplicó los intercambios diplomáticos con las capitales sudamericanas 3 y los acuerdos comerciales y de cooperación con los países del continente negro 4; firmó acuerdos de cooperación económica y tecnológica con dieciséis países latinoamericanos y estableció un comité mixto científico y tecnológico con Brasil, México, Chile, Argentina y Cuba. Asimismo, en 1999 se lanzó en Pekín un satélite de estudio de los recursos naturales fabricado por China y Brasil; un segundo está en preparación.

Si bien estas iniciativas revelan su distancia con respecto a la ideología tercermundista de los años 1960 y 1970 y no cuestionan abiertamente la arquitectura liberal de la economía mundial, constituyen una nueva etapa en la lenta historia de la afirmación de los países del Sur en la escena internacional a partir de 1945.

La Organización de Naciones Unidas (ONU) cumplió un papel decisivo en esta estrategia de reconocimiento mundial. En efecto, después de lograr la independencia en los años 1950-1960, los países del Tercer Mundo utilizaron con bastante éxito a la organización como tribuna para sus reivindicaciones, en especial la independencia política y el desarrollo.

La Carta de la ONU, nacida de la Segunda Guerra Mundial, incluía no obstante numerosas contradicciones: por un lado instauraba un sistema de seguridad colectiva y cooperación internacional; por el otro preveía un régimen de tutela para algunos pueblos de Sur. De hecho este ropaje jurídico legalizaba la administración de los pueblos colonizados 5. En 1945, aun cuando el derecho internacional debió adaptarse a la necesidad de neutralizar el naciente conflicto Este-Oeste, siguió siendo una clásica expresión de la relación de fuerzas interestatales, en las cuales el Tercer Mundo aún no tenía lugar. Además, al concentrarse en la grave cuestión de prohibir el recurso a la guerra, la Carta de la ONU dejó intacta la cuestión de la dominación económica que ocuparía el centro de la escena geopolítica Norte-Sur.

Descolonización y esperanza

Las independencias de los años 1950-1960 transforman el rostro de la ONU y modifican su funcionamiento. El punto de partida de este vasto movimiento es la Conferencia afro-asiática de Bandung en abril de 1955, en la cual estaban representados veintinueve Estados y treinta movimientos de liberación nacional 6. Las reivindicaciones de los dirigentes del Sur tienen como objetivo terminar con el colonialismo y la segregación racial. Es así como en 1961 nace el Movimiento de los No Alineados (MNA), en un contexto de exacerbación de la Guerra Fría. Al negarse a figurar del lado de uno de los dos bloques, los países del Tercer Mundo se afirman como una potencial tercera fuerza.

Un soplo renovador parece recorrer la escena internacional. En menos de diez años -entre 1955 y 1964- treinta y tres países acceden a la independencia, principalmente en el continente negro 7. La liberación de Argelia, conseguida al precio de una represión colonial particularmente violenta, se convierte en un símbolo: así, el ex primer ministro del Congo Henri Lopes considera que ese país del Magreb "cargó con la cruz por toda África" y que su combate permitió descolonizaciones pacíficas en el resto del imperio francés. En la zona portuguesa las luchas por la liberación lograrían la victoria en la primera mitad de la década del '70 (Guinea-Bissau, Mozambique, Angola, Cabo Verde y São Tomé).

Nace así una inmensa esperanza que los países del Tercer Mundo intentarán materializar en la ONU. Habiéndose convertido en mayoría en la Asamblea General de la Organización, se apoyan en ella para poner fuera de la ley a la dominación colonial. El 14 de diciembre de 1960 la resolución 1514 reconoce la legitimidad de las luchas por la liberación nacional. Si bien la legalización de la ley del más fuerte fue durante mucho tiempo una de las características del derecho internacional 8, por primera vez en la historia de las relaciones interestatales se reconoce jurídicamente el cuestionamiento a la violencia soportada por los oprimidos. Así las contradicciones de la sociedad internacional comienzan a ver el día.

En la década del '70 los países del Sur utilizarán a la ONU como tribuna "antiimperialista", contribuyendo así al reconocimiento de los movimientos de liberación nacional tal como la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) el 13 de noviembre de 1974, tras un histórico discurso de Yasser Arafat en la Asamblea General; o la Organización de los Pueblos del Sudoeste Africano (SWAPO) movimiento de liberación de Namibia (ocupada por Sudáfrica), admitidos como observadores 9.

Sin embargo, en los años que siguieron a Bandung la creación oficial del MNA -Belgrado, septiembre de 1961- sigue presentando ambigüedades. En efecto, el movimiento nace con posterioridad a una conferencia afro-asiática no oficial celebrada en El Cairo el 26 de diciembre de 1957. La Unión Soviética, que en 1951 había apoyado al Egipto de Gamal Abdel Nasser en el asunto de Suez 10 y se proclamaba "aliada natural del Tercer Mundo", participa de la conferencia, lo que arroja dudas sobre el carácter independiente del movimiento. Asimismo, estaba presente Japón: vasallo de Estados Unidos, también era una ex potencia colonial.

Estas zonas oscuras aparecen a lo largo de la difícil historia de la afirmación del Sur en la escena mundial. No obstante nuevos países se incorporan al MNA, que pasa de tener veinticinco miembros a más de cien. Se sucederán muchas cumbres que se constituyen como verdaderos parlamentos de los países en vías de desarrollo (El Cairo en 1964, Argel en 1973, La Habana en 1979, Belgrado en 1989...).

La trampa económica

Este "poder de los débiles" 11 que se expresa en el seno de la ONU, contribuye decisivamente a la evolución del Derecho Internacional, entre 1960 y 1975, tendiendo a mejorar las relaciones Norte-Sur. Ya en 1957 una resolución de la Asamblea General había utilizado por primera vez el término "subdesarrollo". Pero es fundamentalmente la creación de la Conferencia de Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (CNUCED) en 1964 la que marca una primera victoria del Tercer Mundo. "La descolonización había cambiado el paisaje internacional -cuenta Rubens Ricupero, ex secretario general de la CNUCED- y encerraba una promesa no sólo de independencia política sino también de desarrollo y justicia social para los millones de personas pertenecientes a pueblos hasta entonces olvidados" 12.

En efecto, la independencia política es una ficción si las normas del mercado mundial privan al pueblo de su riqueza en beneficio de inversores extranjeros. La CNUCED apoya las estrategias de autonomía industrial de los países del Sur controlada por los poderes públicos, así como la política de sustitución de las importaciones provenientes de los países desarrollados por producciones locales. Al concluir la Conferencia se crea el "grupo de los 77" que reúne a los Estados tercermundistas. Va a estructurar sus reivindicaciones en el seno de Naciones Unidas y hoy día cuenta con 132 Estados miembros.

Conscientes de la trampa económica en que se encuentran, los dirigentes del MNA reunidos en Argel en 1973 obtienen la convocatoria a una reunión extraordinaria de la Asamblea General de la ONU para mayo de 1974. Aunque consagrada a los problemas del desarrollo, critica también la propia naturaleza de las relaciones internacionales. La Asamblea General reconoce en especial que "si bien se reveló imposible lograr un desarrollo armonioso y equilibrado de la comunidad internacional en el actual orden económico internacional... [Ese orden] contradice directamente la evolución de las relaciones políticas y económicas contemporáneas" (Resolución 3201). Con el impulso de los países del Sur, preconiza la instauración de un Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI) 13.

Los países del Tercer Mundo denuncian las relaciones de dominación que estructuran una sociedad internacional y un derecho "permisivo, liberal e indiferente" 14 que legitima la miseria. En efecto, si la norma jurídica no tiene en cuenta las desigualdades de las relaciones interestatales, es sólo una "ficción" 15. Se cuestiona así tanto la totalidad del sistema capitalista como el orden mundial. Para Mohammed Bedjaoui, en ese entonces representante permanente de Argelia en la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), las cosas son claras: "Todo el mundo sabe que el actual orden es un enorme sinsentido, y sin embargo se mantiene, más pernicioso que nunca... Y eso se debe a que al lado de la lógica anticolonialista y antiimperialista se desarrolla otra lógica que pretende también otra coherencia, expresada en los términos de ganancia, rentabilidad, crudo realismo y fuerza" 16.

A fines de 1974 la reivindicación del NOEI se completa con la declaración sobre los "derechos y deberes económicos de los Estados en sus mutuas relaciones". En ella se afirman: el derecho de nacionalización (que se concretará en especial con la nacionalización de las riquezas petroleras), la sumisión de las transnacionales a las leyes del Estado que las acoge, la reglamentación de las inversiones extranjeras, el derecho de control sobre los capitales y los flujos financieros, el derecho a la expropiación de los bienes extranjeros, el derecho a los recursos naturales, el derecho al desarrollo 17... Estas reivindicaciones económicas son asimismo un medio por el cual los países tercermundistas materializan su poder numérico. Desembocan en un vasto programa de acción que concierne tanto a la alimentación como al comercio, las transferencias tecnológicas y la moneda.

Nuevas expectativas

No obstante, estos enunciados tienen sólo un valor político pero no fuerza jurídica obligatoria. En la década de 1980 la victoria del modelo liberal, que adopta el nombre de mundialización, interrumpe esos intentos de transformación del sistema jurídico internacional. Además, la desaparición del antagonismo Este-Oeste aísla política y económicamente al Tercer Mundo dado que los dos polos de los cuales se diferenciaba ya no existen. Las reivindicaciones tercermundistas encontrarán sin embargo una concreta manifestación en la noción de bien público mundial, reconocida por la convención de Montego Bay de 1982 sobre derecho del mar. Pero esta noción todavía no logró continuidad.

Aun cuando el movimiento de los países del Sur hizo una importante contribución histórica al combate anticolonialista y antiimperialista, la revisión del orden económico-político fracasó. Dado que la mundialización anestesió la cooperación económica y social (ver Caubet, pág. 17), "con el derecho internacional humanitario de un derecho a la liberación, solidaridad y esperanza [se pasa] a un derecho a la protección, compasión y represión" 18.

A pesar de todo, en el nuevo orden económico y comercial impuesto por los países desarrollados a partir de la década de 1980, la contradicción Norte-Sur sigue intacta. Aparecen nuevas agrupaciones: el G-90 que reivindica la eliminación de toda forma de subvención a la exportación de productos agrícolas, y fundamentalmente el G-20, creado en Cancún en septiembre de 2003 con miras a la 5ª Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC). El G-20 -no confundirlo con su homónimo, creado por el G-8 19- está compuesto por países en vía de desarrollo y apunta a contrabalancear una desigual relación de fuerzas en las negociaciones comerciales.

En ocasión de la Conferencia de Doha de 2001, los países del Sur ya habían comenzado a agruparse, adelantando algunas reivindicaciones entre las cuales se encontraban la eliminación de las subvenciones agrícolas de los países industrializados, la relación entre deuda externa, desarrollo y comercio internacional y el cuestionamiento, aunque parcial, de los Acuerdos internacionales sobre la protección a los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC), en materia de salud pública y de acceso a los medicamentos genéricos.

Desde su nacimiento el G-20 suscita un gran interés y crea nuevas expectativas, sobre todo después de que su acción colectiva hiciera fracasar la Conferencia de Cancún. A partir de ese momento, el G-20 se estructuró en ocasión de las reuniones ministeriales que se realizaron en diciembre de 2003 en Brasilia, y el 12 de junio de 2004 en San Pablo, con motivo de la XI CNUCED. Se impuso como interlocutor legítimo y esencial en las negociaciones comerciales sobre agricultura en el seno de la OMC.

Los miembros del G-20 representan casi el 70% de la población mundial y el 26% de las exportaciones agrícolas mundiales. Sin embargo, si se los considera aisladamente, parecen muy débiles frente al poder estadounidense: los países de América Latina oscilan entre resistir a las pretensiones de Washington y el miedo ante posibles represalias. Así, Chile firmó un tratado de libre comercio con Estados Unidos; Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú están negociando otro con la potencia del Norte, que varios países de América Central están a punto de ratificar.

¿Cómo superar la contradicción de intereses entre las grandes potencias del G-20 -tales como India y Brasil- y los otros países? Por ejemplo, Brasil es un ferviente partidario de la apertura de los mercados agrícolas, aun cuando defiende la intervención del Estado en la agricultura. Los países más pobres desean proteger sus producciones de la competencia mundial. Se destaca Venezuela que, bajo la presidencia de Hugo Chávez, propone la Alternativa Bolivariana para América Latina y el Caribe (ALBA) y rompe con la lógica del libre comercio y competencia. Fundada en la cooperación y la solidaridad políticas, sociales, culturales y científicas, apunta a compensar las desigualdades estructurales que colocan a los países en desarrollo en desventaja frente a los países industrializados.

En la misma lógica, el 30 de junio de 2005 en Puerto la Cruz (Venezuela), Chávez y 14 jefes de Estados y Gobiernos del Caribe (de un total de 16) firmaron un acuerdo para la creación de Petrocaribe, compañía petrolera regional que permite a Caracas suministrar petróleo a esos países desfavorecidos, a precios preferenciales y con muchas facilidades de pago.

A diferencia de las agrupaciones de los años 1960/1970, el G-20 no cuestiona explícitamente la organización económica de la sociedad internacional ni se pronuncia a favor de un modelo social alternativo. Si bien aparece como una afirmación de los países del Sur ante las pretensiones de los industrializados, todavía es demasiado pronto para encarar una recomposición de las relaciones de fuerza y una reorganización de la sociedad internacional. Sin embargo, el G-20 manifiesta la renovación de los vínculos Sur-Sur que la Asamblea General de la ONU reconoció al instaurar en 2004 una jornada anual consagrada a la cooperación Sur-Sur 20.

  1. El G-20 agrupa a Sudáfrica, Egipto, Nigeria, Tanzania, Zimbabwe, China, Filipinas, India, Indonesia, Pakistán, Tailandia, Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Cuba, México, Uruguay, Paraguay y Venezuela.
  2. Marie Pierre Paquin-Boutin, "La nouvelle stratégie commerciale des puissances du Sud", Red de información y solidaridad con América Latina, 18-3-2005.
  3. En noviembre de 2004 el presidente chino Hu Jintao visitó Brasil, Chile, Argentina y Cuba. Los jefes de Estado de México, Venezuela, Ecuador, Brasil, Chile y Cuba fueron a China.
  4. Jean-Christophe Servant, "China al ataque del mercado africano", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, mayo de 2005.
  5. Creado por el Capítulo XII (Art. 75 al 85) de la Carta de Naciones Unidas, este régimen concernía a los territorios bajo mandato de la Sociedad de las Naciones (SDN) después de la Primera Guerra Mundial y los territorios colocados bajo ese régimen por los Estados responsables de su administración (las potencias coloniales). En 1955, en África únicamente Libia había conquistado su independencia, y Costa de Oro (la futura Ghana) sólo gozaba de un estatuto de autodeterminación. La potencia colonial establecía acuerdos con el Consejo de Tutela.
  6. Jean Lacouture, "Bandung o la era de la descolonización", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, abril de 2005.
  7. Túnez, Ghana, Federación Malaya, Nigeria, Uganda, Kenia, Tanzania, Marruecos, Guinea, Senegal, Costa de Marfil, Tchad, Mali, República Centroafricana, Madagascar, Argelia, Congo, Congo-Zaire, Rwanda, Burundi, Benin, Burkina Faso, Camerún, Gabón, Malawi, Mauritania, Níger, Sierra Leona, Somalia, Sudán, Togo, Zambia.
  8. Charles Chaumont, Cours général de droit international public, Recopilación de los cursos de la Academia de Derecho Internacional de La Haya, 1970, II, p.345.
  9. Ver la Resolución 2621 (XXV) del 12-10-1970 y la Resolución 2625 (XXV) del 24-10-1970.
  10. En 1956 el presidente de Egipto Gamal Abdel Nasser decidió nacionalizar la compañía del canal de Suez. El Reino Unido, Francia e Israel atacaron Egipto, pero debieron retroceder por intimación de Estados Unidos y la URSS.
  11. Robert Charvin, "Le discours sur le droit international", Introduction critique au droit international, Presses universitaires de Lyon, 1984, p. 40.
  12. Citado por André Linard, "La Cnuced: de la contestation à l'intégration", en ONU, droit pour tous ou loi du plus fort?, Cetim, Ginebra, 2005, p. 209.
  13. Declaración relativa a la instauración de un nuevo orden económico internacional, Resolución 3201 (VI) S, 1974.
  14. Mohammed Bedjaoui, Pour un nouvel ordre économique international, Unesco, París, 1978, p. 62.
  15. Jean Salomon, "Le procédé de la fiction en droit international", Revue belge de droit international, Bruselas, 1974, tomo I, p. 35 y ss.
  16. Mohammed Bedjaoui, Pour un nouvel ordre économique international, Unesco, París, 1978, pág. 93.
  17. Ver la Resolución 3218 (XXIX), Carta de los derechos y deberes económicos de los Estados, 12-12-1974.
  18. Serge Sur, "Les phémomènes de mode en droit international", SFDI, Coloquio de París, Le Droit international et le temps, Pedone, París, 2001, p.51.
  19. Creado en 1999, este grupo reúne a los países miembros del G-8 (Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, el Reino Unido, Canadá, Italia y Rusia), algunos grandes países emergentes (Indonesia, Corea, China, Sudáfrica, Brasil, Argentina, México, Turquía, así como Arabia Saudita y Australia) y varias instituciones financieras internacionales (FMI, Banco Mundial, Comité del Desarrollo, Comité Monetario y Financiero Internacional).
  20. Resolución 58/220 que declara el 19 de diciembre jornada anual de la cooperación Sur-Sur.

Insatisfacción en Timor Oriental

Gusmao, Alexandre (Xanana)

Para los países chicos como Timor Oriental, la ONU es una muy buena cosa. Allí podemos hacer oír nuestras voces, defender nuestros intereses, igual que las grandes potencias. No quiero decir con esto que tenemos un poder real dentro de las Naciones Unidas, ya que nuestro peso es limitado. Pero existimos en tanto nación, nuestro voto cuenta y eso es muy importante.
Sin embargo, la ONU tiene un problema de funcionamiento: es una organización pesada, cuyo accionar se vio entorpecido muchas veces por una burocracia aplastante. En el caso de la misión de reconstrucción de Timor Oriental, se necesitaron meses y meses para formar los equipos destinados a ayudarnos 1. La burocracia onusina no era capaz de encontrar a las personas competentes para este tipo de misión. Resultado: entre los funcionarios y los técnicos encargados de la reconstrucción había funcionarios de calidad, pero la mayoría ignoraban nuestra cultura y nuestras costumbres. Y sobre todo, no les importaba mucho nuestra sensibilidad. Los timorenses se sintieron muchas veces agredidos por estos extranjeros que no respetaban los valores de nuestra sociedad. Desde mi punto de vista, la ONU no los había preparado para su misión.
No hubo enfrentamientos entre el personal de la Autoridad Transitoria de las Naciones Unidas para Timor Oriental (Untaet, por su sigla en inglés) y el pueblo de Timor Oriental, porque actuamos de modo de evitarlo. Pero la tensión era permanente. Me vi obligado a ir personalmente a pedir a las autoridades onusinas que se fueran inmediatamente después de la Declaración de Independencia porque, hacia el final de la misión, presentía que en cualquier momento podía suceder lo peor. Había muchas frustraciones y malentendidos, el choque cultural era evidente. Por ejemplo, muchos venían a verme para quejarse porque el personal de la ONU disponía de muchos autos, gastaba mucho dinero en los restaurantes y bares de Dili y ocupaba los mejores puestos administrativos o técnicos. Los timorenses eran relegados, no tenían empleo. Mis compatriotas eran de hecho los espectadores de una puesta en escena financiada con el dinero que los donantes habían tenido a bien darnos.
Me impactó también la mezquindad de estos funcionarios onusinos. Cuando el Untaet terminó su misión, se llevaron todo: los autos, las motos, las computadoras, los aparatos de comunicación. Le sacaron incluso a la policía timorense los walkie-talkies utilizados para las comunicaciones entre las provincias, comunicaciones particularmente difíciles a causa del relieve montañoso de la isla. No obstante, todo ese material había sido comprado con el dinero de los donantes. En realidad no soy entusiasta cuando hago referencia a la acción de la ONU en Timor Oriental. Hizo lo que pudo, pero no estuvo en todos los casos a la altura de su misión.

  1. Any Bourrier, “Timor: exitosa creación de un Estado”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, junio de 2002.
Compendio de declaraciones realizadas a Any Bourrier en enero de 2005.


Autor/es Hugo Ruiz Díaz
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 75 - Septiembre 2005
Páginas:18,19
Traducción Teresa Garufi
Temas Mundialización (Economía), Política, Política internacional