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De la paleta al mouse

El arte digital (o “multimedial”, como algunos prefieren llamarlo) transforma el rol del autor –un constructor de mundos interactivos–, la comercialización de las obras y el coleccionismo. Se vislumbra un mundo donde las obras de arte se bajen de internet como hoy la música, o se exhiban en pantallas de plasma. Y ya se abrió el debate sobre las relaciones entre la digitalización del arte y su democratización.

Se entiende por arte digital toda expresión artística que utiliza equipamientos digitales y electrónicos para su producción y, más allá de eso, la síntesis de la práctica creativa en nuevos medios tecnológicos, con todas sus implicancias en el replanteo de los valores estéticos.

Las primeras creaciones de arte digital surgen con los primeros ordenadores. "Al principio eran formas simples, sin gran interés, pero a medida que las computadoras se hicieron más complejas también el arte digital se complejizó", apunta, en una entrevista con El Dipló, el español Alex Lamikiz, creador del primer cibermuseo de internet en España y responsable de Editorial Cibertextos. La idea de trabajar en el campo de la estética con herramientas informáticas surge fundamentalmente en los países donde nacen esas tecnologías, los técnicamente avanzados, pero "su uso pronto se universaliza", según señala a El Dipló el empresario y coleccionista argentino de arte Eduardo Miretti. Hoy, los medios para producir arte digital no se limitan a las computadoras. Entrevistado para esta nota, el investigador brasileño André Lemos explica que "el uso de video, fax, fotocopiadoras, teléfonos celulares y hologramas en la producción de la obra artística también define el campo del arte electrónico". Lo digital y lo electrónico se utilizan en todas las formas de producción de las industrias en general; por eso algunos especialistas prefieren utilizar la expresión "multimedial" para definir disciplinas como el cine o el video digital, el arte web o la intervención sobre la fotografía, desde la toma hasta la posibilidad de mezclarla con técnicas profesionales. Así, el artista digital argentino Carlos Leiro, quien -según él mismo explica- crea arte digital a partir de "la búsqueda de grietas en la multiplicidad de verdades que juegan simultáneamente en la realidad", entiende el arte digital como un fragmento dentro de lo que se denomina arte electrónico, dado que el arte electrónico comprende todas las manifestaciones de arte posibles mediante una computadora, lo cual implica música, diseño de páginas web, videoarte, películas o animaciones.

Arte sin originales

Teniendo en cuenta la interactividad propia del arte digital, es decir el hecho de que el alma de la obra es su transformación a partir de la circulación, hay quienes consideran que el ciberarte implica la desaparición del autor, del artista. Lemos admite que existe un cambio en la representación de esos conceptos; sin embargo, no concuerda con la idea de una desaparición del artista y se inclina más bien por la concepción de un cambio de rol: el autor pasa a ser un constructor de mundos interactivos. "Aunque el espectador siempre puede interactuar y modificar la obra, eso no significa que sea su autor. El constructor de mundos en interacción sigue siendo su autor. Su obra llena de referencias, los samplings (la apropiación de una obra para crear una nueva composición) u otras formas de collage tienen su originalidad en las relecturas", señala.

En este sentido, una de las innovaciones del arte digital es que se trata de un arte sin originales. "En una obra en código binario no hay un elemento que sea único; se puede imprimir una o quinientas veces", dijo Leiro a El Dipló. Ahora bien, el negocio tradicional del arte se basa en la existencia de una obra de arte original. La ausencia de original, entonces, hace que el arte digital no se pueda comercializar por las vías tradicionales. "El establishment artístico no le presta su debida atención porque aún no sabe hacer negocio con él", destaca Lamikiz.

En su obra Ser artista hoy 1, Eduardo Miretti se adelantaba a esta cuestión afirmando que el concepto de original cambiaría para siempre. "El tiempo que tarde en producirse ese cambio variará de acuerdo con los sectores sociales, la difusión, los aportes de los diferentes actores estéticos. Estamos en la era de la multiejemplaridad", dice Miretti, quien anticipa que así como hoy se baja música de la web, en el futuro se podrá bajar arte de internet. ¿Implica esto una pérdida de valor del arte? No, pero sí un cambio radical en el mercado del arte: nace un nuevo coleccionismo. Miretti imagina un mundo no muy lejano donde cualquiera, en vez de tener piezas físicas, en su casa tendrá una, dos o tres pantallas de plasma para proyectar su colección de CD de imágenes (o del soporte que reemplace al CD). Y en su home theater podrá colocar el videoarte o una selección de obras que corresponda con el ánimo del momento. Lo cual, se apresura a aclarar Miretti, no significa que vaya a desaparecer el cuadro físico: "Un Picasso o un Van Gogh que hoy costó 80 millones en 20 años costará 200 millones y habrá quien lo pague..."

Según Lemos, "el fenómeno de la comunicación móvil con la telefonía celular 3G, los mensajes SMS o las redes de internet sin cable, además de tener un gran impacto en la transformación de internet, ya crea formas de arte digital como el arte inalámbrico, promoviendo la fusión de los espacios cibernético y físico, colocándolos en sinergia a través de tecnologías móviles".

¿Democratización?

Un debate ya abierto es la relación entre la digitalización del arte y su democratización. Según Miretti, aunque estamos en el umbral del momento más democrático de la historia en cuanto al acceso de las grandes mayorías al mundo de la estética, el público ya no se conmoverá del mismo modo que ante una obra física. Leiro es más cauteloso: "Que el arte digital se democratice dependerá de la evolución de internet. Si funciona como hasta ahora, aleatoriamente, como una red en la que aún no hay una concentración de poder tan visible como en otros medios, se puede hablar de democratización. Sin embargo, la creciente cantidad de artistas que muestran sus obras en páginas web propias podría producir un efecto ‘biblioteca de Babel', porque la gran cantidad de sitios hace que la posibilidad de que alguien encuentre alguna de esas obras tienda a cero". ¿La proliferación de galerías de arte en internet es símbolo de libertad? "Las obras se incluyen en esas galerías por una preponderancia estética y por una elección política de los propietarios de esas páginas... y el dinero nunca fue ajeno a la decisión de qué es arte y qué no lo es", opina Leiro.

Hay quienes discrepan abiertamente con la asimilación entre digitalización y democratización: para ellos el arte sigue siendo elitista. "Utilice o no las nuevas tecnologías, el arte o se convierte en una forma de comunicación compleja y avanzada, con capacidad para incidir en la realidad, o seguirá siendo como hasta ahora una tribu de elitistas encantados de conocerse a sí mismos", afirma Lamikiz.

En lo que no hay discrepancia es en la evidencia de que la tecnología digital favorece el intercambio cultural, puesto que estas nuevas formas de comunicación favorecen la producción de obras y su exhibición a un público global. El arte digital será cada vez más un arte del ciberespacio. Esto no significa que las otras artes vayan a desaparecer, sino que el panorama artístico tenderá a ampliarse y enriquecerse. De hecho, según Miretti, "el arte digital está absolutamente diluido en el campo de las artes visuales". Una consecuencia de ese fenómeno es que las instituciones ya están incorporando arte digital, y en los principales museos se está armando un registro de las producciones de la última década.

  1. Universidad Torcuato Di Tella, Buenos Aires, 2000
Autor/es Gabriela Cerioli
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 76 - Octubre 2005
Páginas:3
Temas Internet, Sociología, Mundialización (Cultura)