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Una luz de almacén

Hace veinte años, el predio de la esquina de Avenida Calchaquí y 12 de Octubre, en Quilmes, provincia de Buenos Aires, pertenecía a la empresa El Detalle, una fábrica de carrocerías para autobuses fundada en 1957. Hoy ese lugar es ocupado por una sucursal de los supermercados Coto. Ocho cuadras más allá, en Calchaquí y Rodolfo López, el supermercado Auchan ocupa el terreno que alguna vez perteneció a la fábrica textil Platex.

Algo similar ocurre al Sur de la Ciudad de Buenos Aires y en Avellaneda, donde en el radio de unas 15 cuadras cuatro grandes predios que alguna vez representaron una industria fuerte están hoy en manos de sendos hipermercados. En Avenida Pavón 299, Avellaneda, un enorme local de Carrefour reemplaza al tradicional frigorífico La Negra, fundado en 1891 e inspirador del tango “La Negra”, de Enrique Delfino, compuesto en los años ’20. A pocas cuadras, en Francisco Pienovi 318, también en Avellaneda, Makro ocupa desde 1988 el predio donde se emplazaba la acería Gurmendi, más tarde fusionada con Acindar S.A. Muy cerca de allí, en Herrera 803, Barracas, donde antes se levantaba la fábrica de chocolates Águila, hoy está el supermercado de artículos para el hogar Easy. Y en Avenida Güemes 861, Avellaneda, Wal-Mart ocupa desde 1995 el que alguna vez fuera el lote del Mercado de Lanares.

Este paisaje del conurbano bonaerense constituye en sí mismo una esclarecedora metáfora del proceso de desindustrialización que padeció Argentina desde la década de 1970. Para Francisco Dos Reis, presidente de la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (APyME), “el cambio más profundo, más medular del hipermercadismo en Argentina, es la destrucción de la industria por la empresa de servicios”. Durante los últimos 30 años, en efecto, espacios que eran diferenciados y de producción se han convertido en homogeneizados y de consumo.

Cambio de hábitos

El desembarco de las grandes cadenas de supermercados en Argentina data de principios de la década del ’90. El Plan de Convertibilidad (un dólar = un peso), al generar importación masiva y, durante un tiempo, la ilusión de un fuerte poder de compra, creó un contexto favorable al permitir el acceso de un sector de la población a ciertos bienes que facilitaban la compra en hipermercados: automóviles, heladeras con freezer y demás electrodomésticos empujaron a miles de clientes a modificar sus hábitos de consumo y a reemplazar la compra diaria o semanal por una única mensual.

El impulso de una economía post industrial en Argentina durante la década menemista se inscribió, además, en la lógica de la economía mundial. “La aplicación de leyes antimonopólicas y la resistencia de los comerciantes minoristas en los Estados Unidos y Europa (especialmente en Francia) precipitó a las grandes cadenas a invertir en América Latina, donde los elevados índices de población urbana se mostraban como un sucedáneo a las limitaciones mencionadas. Una inteligente propaganda consumista y modernizante, que mostraba a estos megaemprendimientos como un indicio del ingreso de Argentina al ‘Primer Mundo’, contribuyó a una rápida aceptación de los nuevos actores económicos.” 1

Para el consumidor, los supermercados ofrecían algunos beneficios: además de los precios bajos, obtenidos por las grandes cadenas a costa de relaciones tiránicas con empleados y proveedores 2, la tentación del “Todo bajo el mismo techo” (eslogan de Wal-Mart), es decir la concentración de una amplia oferta de artículos en el mismo lugar, y la sensación de ahorro de tiempo en las compras diarias fueron más fuertes que la tradicional confianza en el pequeño comerciante de barrio, el hábito del fiado o la defensa de fuentes de trabajo.

Por otra parte, en Argentina los hipermercados han devenido en lugares no sólo de consumo sino también de ocio, de paseo. En palabras de Dos Reis: “La gente cambió sus hábitos: salió de la esquina, salió de la plaza y se fue de paseo… al híper. ¿Por qué? Porque el consumidor va y se deleita con lo que puede y con lo que no puede comprar. Algunos tienen acceso al consumo y otros no, pero igual van allí a ver todo lo que no pueden tener”.

Esta transformación del acto de aprovisionamiento en “paseo de compras” fue bien captada por las grandes cadenas: en estos días, ir a Jumbo a hacer las compras permite además tomar una clase de aerobics en el estacionamiento, o de cocina exótica, o dejar a los niños en manos de “duendes cuentacuentos y pintacaras”... En Coto, al ya antiguo patio de comidas se sumó la “Zona E!”, donde uno puede organizar un cumpleaños infantil, jugar al bowling, alquilar un karting o dejar a los chicos en zonas de juegos en red, kiosco, internet o pelotero.

Volver al barrio

El impacto del asentamiento de grandes superficies en las ciudades acarrea una consecuencia evidente: la extinción de comercios barriales y la consiguiente desaparición de miles de fuentes de ingresos particulares. En los hechos, los trabajos poco calificados y peor pagos que requieren las grandes cadenas no suplen ni remotamente los puestos que se pierden con el cierre de numerosos almacenes y pequeños autoservicios.

En este sentido, el caso de la localidad bonaerense de San Martín es ilustrativo. La llegada de cuatro cadenas de hipermercados a la zona durante los años ’90 obligó el cierre de 4.000 comercios, que representaban el 30% de los existentes hasta el momento. Con ellos desaparecieron 8.000 puestos de trabajo, que fueron cubiertos sólo en un 18% con los 1.500 puestos que ofrecieron las grandes cadenas 3. De hecho, según estadísticas privadas citadas en un informe de Apyme de diciembre de 2001, los hipermercados concentraban en ese momento más del 65% del comercio alimentario minorista, pero ofrecían menos del 10% de las fuentes de trabajo del sector 4.

La desaparición de tantos comercios barriales responde a las dificultades que se les presentan para competir en precios con las grandes cadenas. A pesar de que enfrentan una estructura de gastos mucho menor (dado que la mayoría de las veces se trata de emprendimientos autogestionados desde un núcleo familiar), los volúmenes de compra no les permiten obtener de los proveedores precios que les permitan competir con los precios finales que proponen los grandes hipermercados.

Por esta razón, muchos pequeños comerciantes minoristas han optado por las compras en pool, que les permiten adquirir volúmenes más grandes de mercadería y así reducir costos. Esta experiencia ha dado buenos resultados en la ciudad de Rosario, donde, agrupados bajo el nombre de Cadena del Centro, almaceneros y comerciantes minoristas han podido recuperar gran parte de la capacidad de negociación con proveedores y con el gobierno que habían perdido con la desaparición de miles de comercios en los ’90.

Algo similar ocurre con los autoservicios chinos. Para Miguel Calvete, secretario general de la Cámara de Supermercados Chinos de Capital Federal y Gran Buenos Aires (CASRECH), una de las claves del éxito de los supermercados asiáticos es el canal de provisión. Los bajos precios que el consumidor percibe en este tipo de comercio responden en gran medida a la relación directa con pymes productoras de segundas marcas, o aun con las grandes industrias proveedoras, por medio del sistema de pool de compras que organizan los propietarios chinos a través de la Cámara.

Y es que hoy en día los hipermercados, que en 1999 acaparaban el 67% del gasto en alimentación 5, ven con preocupación cómo crecen las ventas en las llamadas “bocas de proximidad”. Este tipo de comercio, que engloba a autoservicios chinos, almacenes tradicionales y negocios hard discount (como las cadenas Eki o Día), comercializa hoy en día alrededor del 53% de las ventas minoristas.

Dentro del sector, los autoservicios fueron el canal que más creció en relación con años anteriores: si en 2000 tenían un 24% de la torta comercial minorista, hoy se quedan con el 30%. Por su parte, los súper e hipermercados vieron disminuir su participación: según una investigación de la consultora AC Nielsen, las grandes cadenas, que acaparaban en 2004 el 40% de las ventas al por menor, conservaron en 2005 sólo el 29% 6. Además, dentro de la franja de pequeños autoservicios barriales existe un fenómeno de desplazamiento de los viejos comercios tradicionales al supermercado chino. En ese punto, la fórmula del éxito gira en torno de tres ejes: en primer lugar, la cercanía; en segundo lugar, los precios bajos, resultado de compras en pool y estructura de gastos pequeña; finalmente, los horarios extendidos, que compiten con los de las grandes superficies.

Si se relaciona el número de habitantes por comercio tradicional de venta de productos alimenticios en Argentina con las cifras históricas, se observa que la tendencia que primó durante las dos décadas pasadas fue la desaparición progresiva de la pyme barrial en beneficio de las grandes cadenas de supermercados. Este efecto, conocido como desertización y culpable de un alto porcentaje de desocupación, parece frenarse con el auge del pequeño autoservicio y la vuelta al almacén. Habida cuenta de la importancia del comercio barrial en el entramado social urbano, es de esperar que esta última tendencia se profundice. Sin embargo, también es necesario prestar atención a la evolución del fenómeno, ante la posibilidad de que el resurgimiento del pequeño comercio local reproduzca en menor escala, o mediante asociaciones devenidas grupos de presión, la dinámica de las grandes superficies. No sólo cuenta la recuperación del nivel de empleo, sino también la relación de los híper y supermercados, de cualquier origen, con sus proveedores y empleados, que en Argentina no son diferentes (ver Halimi y Servant, págs. 10 y 11) de las que existen en Europa o Estados Unidos.

  1. P. Concheiro y L. Aguirrebeña, “Las consecuencias de la globalización post industrial en el espacio urbano latinoamericano”, revista electrónica Scripta Nova, Universidad de Barcelona, 1-8-05. Disponible online en www.ub.es/geocrit/sn/sn-194-63.htm
  2. N. Giarracca y M. Teubal, “Los intermediarios y la crisis”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, enero de 2003.
  3. M. Abeles y M. Posada, “El sector supermercadista en la Argentina y su comportamiento en relación con el pago del impuesto sobre los ingresos brutos en la provincia de Buenos Aires”, Proyecto PNUD ARG 98/023, La Plata, mayo de 2000.
  4. “La situación en el comercio. Las pymes y el hipermercadismo”. Material de discusión del IV Encuentro Nacional de Dirigentes de la Asamblea de la Pequeña y Mediana Empresa, diciembre de 2001.
  5. M. Abeles y M. Posada, op. cit.
  6. Citado en “Chinos no quieren abrir más ‘súper’ por saturación”, Infobae, Buenos Aires, 11-7-05.
Autor/es Mariana Saúl
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 79 - Enero 2006
Páginas:14, 15
Temas Mundialización (Economía), Política
Países Argentina