Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

OGM contra el campesinado

Desde Argentina la soja transgénica atraviesa las fronteras hacia Paraguay y Bolivia y, de contrabando, el sur de Brasil. El mismo tipo de cultivo contamina las campiñas mexicanas, procedente de Estados Unidos. Tras este invasión se perfila un modelo de monocultivo industrial, controlado por las empresas transnacionales, repudiado por los campesinos porque genera nuevas formas de dependencia.

"Terra roxa". La "tierra roja", una de las más fértiles del mundo, abunda en el Estado de Paraná, en el sur de Brasil. "Un verdadero sueño", se entusiasma Laercio Trucolo, que administra la producción de la fazenda Chapadão, un paraíso agrícola de 1.400 hectáreas. "Aquí tenemos sin problemas dos cosechas anuales. Lo que puede dar envidia en Europa." Un sueño, en efecto. Sueño de jugosas ganancias para unos, gracias a una agricultura cada vez más "moderna" y "tecnológica". Sueño de subsistencia y de dignidad para otros... mucho más numerosos.

Treinta mil fazendeiros se distribuyen cerca del 70% de las 16 millones de hectáreas cultivadas de Paraná, mientras cerca de 300.000 pequeños propietarios disponen de 40 hectáreas en promedio, o sea cerca del 27% de la superficie cultivada. Por su parte, 300.000 familias de "sin tierra" se reparten la superficie restante, con menos de 5 hectáreas cada una, aunque se necesitan unas 15 para alimentar a un grupo familiar de 6 personas.

Estas familias fueron las primeras víctimas de la modernización acelerada de la agricultura durante la década de 1980, cuando se requirieron grandes superficies para la expansión del "modelo del agrobusiness, con su cóctel de mecanización, herbicidas, abonos químicos e irrigación intensiva", explica Roberto Baggio, del Movimiento de los Sin Tierra (MST). Entre 1985 y 1995 desaparecieron cada año 100.000 propiedades agrícolas en todo el país. Decían que era la "revolución verde". Una denominación que terminó siendo irónica, dadas la violencia social y los daños ambientales que engendró, comenzando por una masiva deforestación. A comienzos del siglo XX más de 16 de las 19 millones de hectáreas del Estado de Paraná estaban cubiertas de bosques. Bajo las hachas y los serruchos de los inmigrantes, esta cubierta silvestre retrocedió hasta alcanzar ahora sólo 1,5 millones de hectáreas (8% de la superficie del Estado).

Durante este período la región alcanzó el triste privilegio de ser la primera consumidora de pesticidas y fertilizantes químicos de Brasil. Ahora que se empieza a establecer el vínculo entre el uso intensivo de estos productos y el otro récord nacional de Paraná, el de cáncer de hígado y páncreas, cada vez son más los que sugieren, junto con João Pedro Stedile, de la dirección nacional del MST, que la revolución verde tenía todas las características de una "contrarreforma marrón".

Sin embargo, aunque el proceso de concentración de la tierra prácticamente se ha estabilizado, podría reanudarse con la llegada de las semillas transgénicas, especialmente por la vía del contrabando proveniente de Argentina, donde están autorizadas, con gran satisfacción de la multinacional Monsanto 1. Es cierto que la soja genéticamente modificada, hasta hace poco totalmente desconocida en Paraná, "sólo llega al 2% de la producción", matiza el gobernador de Paraná, Roberto Requião. Pero en Franciso Beltrão, "cerca del 70% de las personas cultivan transgénicos", calcula Juan Bedenaski, bien ubicado para tener una idea al respecto, ya que vende herbicidas y abonos químicos a los agricultores locales. La contaminación aumenta y el sistema de regalías -impuesto independiente del precio de venta final, percibido por Monsanto por la utilización de sus semillas, que ha sabido proteger con patentes muy estrictas- puede entonces mostrar su verdadera cara 2.

La batalla por la tierra

Como durante los primeros años Monsanto no se propuso percibir ese impuesto, muchos agricultores se vieron tentados por las semillas "gratuitas", que eran objeto de elogio por parte de los servicios comerciales de la poderosa multinacional y también de la gran mayoría de los medios de comunicación. Sin embargo, en 2004 Monsanto impuso repentinamente regalías de 0,62 reales por la bolsa de 60 kilos. Colmo del absurdo, una buena cantidad de productores se resignó de a poco a pagar, incluso por la soja "convencional", prefiriendo no correr el riesgo de la multa de 1,5 reales por bolsa (en 2004) aplicada a los que se quedan con pequeñas cantidades, a veces ellos mismos víctimas involuntarias de una contaminación espontánea, de campo a campo, que nadie controla.

Por su parte, la multinacional se asegura el apoyo de las grandes cooperativas interesándolas en una renta aun más lucrativa, porque ya se había anunciado un aumento de las tarifas del 100% para la cosecha 2005/2006. En un momento en que la sequía hace bajar la productividad y en que la evolución de la cotización del dólar no es nada favorable 3, la tenaza se cierra sobre los "más pequeños" amenazados de exclusión...

Sin embargo, son ellos los que generan el 80% de los empleos, garantizan la redistribución de los ingresos de la tierra, refuerzan la implantación rural y contribuyen a la disponibilidad de alimentos básicos que no interesan a los agroexportadores. Según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), la producción de porotos negros -típicos en la alimentación brasileña- pasó de 38 kilos por habitante en 1938 a menos de 10 kilos en la actualidad, aunque el feijão sigue siendo igualmente popular. El agrobusiness logra imponer su visión de la agricultura... Incluso estaría a punto de ganar una victoria decisiva según Baggio, para quien los transgénicos representan nada menos que "la última batalla por la dominación de la tierra, librada no por un pequeño grupo de latifundistas, sino por un grupo todavía más restringido de multinacionales".

Con la elección de Luiz Inácio Lula da Silva para la presidencia del país en 2002 había nacido una esperanza, pero Lula no cumplió con la promesa de prohibir los OGM, como tampoco con muchas otras. La nominación de Roberto Rodrigues para el Ministerio de Agricultura tenía, por otra parte, el valor de un programa, ya que cumple funciones en el Consejo de Administración de la fundación Bunge, una de las grandes multinacionales del mercado de semillas.

En octubre de 2003, con la autorización de la comercialización y luego del cultivo de la soja transgénica, comenzó en el Estado de Rio Grande do Sul una larga serie de desaires para los opositores a los OGM. Sus últimas esperanzas se desvanecieron el 24-3-05 cuando se aprobó la "ley de bioseguridad" que abre la vía para su comercialización. Aunque la constitucionalidad de la ley fue puesta en duda, especialmente por el Instituto Brasileño de Defensa del Consumidor (IDEC), no dejó de constituir una victoria importante para la media docena de multinacionales que están en vías de lograr un monopolio y una renta permanente en un mercado que hace veinte años no existía. En cuanto al gobierno, la decisión, tomada en 2003, de aplicar un nuevo impuesto del 35% a las importaciones del glifosato chino 4, sin que el de Monsanto resultara afectado, da que pensar...

El peligro de que se establezca un monopolio hizo entrar en la lid al gobernador de Paraná, Roberto Requião. En un momento en que la presión de los consumidores orienta cada vez más la demanda de los grandes importadores (Europa y Estados Unidos) hacia los productos no modificados genéticamente, caen las exportaciones de soja estadounidense, principalmente transgénica (-41,5% en 2004), en beneficio de la producción brasileña. Una competencia que molesta al Norte. En este contexto, Requião no puede tolerar que la "soberanía nacional" esté sometida a patentes en poder de un puñado de multinacionales cuyos intereses suelen ser cercanos a los de Washington. "Si logran generalizar el uso de los transgénicos, lograrán controlar nuestra producción." De alguna manera, el arma alimentaria al servicio de las apuestas geopolíticas.

La lógica productivista

Después de haber intentado declararse "zona libre de transgénicos" en octubre de 2003, debido a la presión de los movimientos sociales, el Estado de Paraná debió concentrar su lucha en el puerto de Paranaguá, principal puerto cerealero de América Latina, gestionado por ese Estado. Estuvo cerrado para los productos transgénicos sobre la base de argumentos técnicos. "Sólo tenemos un silo, explicó el gobernador. Si ponemos soja transgénica en el circuito, tendremos contaminación y toda la soja de Paraná será considerada como transgénica." Sin embargo, está en construcción un segundo silo, destinado a los cereales "convencionales". La oposición -cercana a las multinacionales del mercado de semillas y favorable a la apertura del puerto a los transgénicos-, al denunciar un intento de manipulación, asocia lock-out e investigaciones parlamentarias dirigidas a que el Estado federal retome el control de las instalaciones. Una "federalización" que en la gran mayoría de los casos, en otros lugares del país donde se hizo, resultó ser una etapa intermedia hacia la privatización de los puertos y su apertura a los transgénicos.

El Estado de Paraná se apoya en la defensa del principio de precaución, inscripto en la Constitución de 1988, pero lo decisivo será la determinación de los consumidores europeos y asiáticos de rechazar la llegada de los productos genéticamente modificados a sus platos. En efecto, aunque el director comercial del puesto de Paranaguá, Ruy Alberto Zibetti, se jacta de sus buenos sentimientos, detrás de la "ética" a la que tanto alude, se trasluce el "pragmatismo" económico y la necesidad de Paraná de promover un producto diferenciado, económicamente viable en el mercado internacional. En cambio, esta misma lógica de integración al mercado no cuestiona en absoluto la lógica productivista.

"Necesitamos una agricultura masiva", afirma Requião. Por su parte, al secretario de Agricultura le gusta recordar que Paraná sigue "batiendo récords", estimulado por importantes "incrementos de productividad". Es cierto que con el 2,3% del territorio nacional está a la cabeza de los Estados cerealeros y en 2004 tenía el 23% de la producción brasileña. El agrobusiness se ha convertido en la principal actividad económica (alrededor de un tercio del PBI) y se ha concentrado en los grandes cultivos: el maíz, el trigo, la cebada y la avena (Paraná es el primer productor de Brasil) pero también en la soja (segundo productor), cuyo peso relativo no deja de crecer. Entre 1990 y 2003 la superficie ocupada por estos cultivos aumentó el 14%, superando los 8 millones de hectáreas, mientras que la producción pasó de 12 millones a más de 30 millones de toneladas. Y el proceso no ha terminado.

"Hay que producir, producir, producir...", recalca Marcos Prochet, representante de la Unión Democrática Ruralista de Paraná (una organización creada por los grandes propietarios con el propósito de "responder" al nacimiento del MST), golpeando con el puño el volante de su berlina. "Usted sabe, los pobres reciben dinero cuando tienen hijos, entonces... -una sonrisa cómplice- ¡nosotros tenemos que hacer de manera que haya bastante para comer!" Sin embargo, lo que retrocede es la superficie boscosa, pero no la pobreza ni el hambre... Para la red Ecovida 5, el argumento simplemente no se sostiene. "El hambre es un problema social y político, no tecnológico." Y no se solucionará con "la modernización conservadora, contaminante y desigual de la agricultura".

Este modelo está lejos de haber pasado la prueba de su viabilidad. Un estudio muestra que la "modernización conservadora" de la agricultura implica un aumento dos veces más rápido de los costos que de la productividad, lo que redunda en una reducción del valor agregado bruto de la producción 6. Por otra parte, al costo de la contaminación de las napas freáticas (responsables de más de 6.000 casos reconocidos y de 30.000 casos estimados de intoxicación en Paraná desde 1993 7, se comienza a añadir el costo del agotamiento de los suelos, ligado al muy frecuente monocultivo de la soja (al que en Argentina, donde se hicieron las mediciones, se le atribuye el 20% de los ingresos agrícolas en 2002 8. Para Stedile y para Frei Sergio Gorgen, diputado del Partido de los Trabajadores (PT) de Rio Grande do Sul, las cuentas se sacan rápidamente: hoy en día, el agrobusiness "sólo sobrevive gracias a los subsidios y facilidades que otorga el Estado brasileño".

La alternativa

Un ejemplo: la ley Kandir, que entró en vigencia en 1997 y es considerada el acelerador que permitió el desarrollo del agrobusiness, exime a los exportadores de materias primas del impuesto a la circulación de mercancías y servicios (ICMS), un tributo del 13% sobre el valor agregado destinado a los Estados. El gobierno federal se comprometió a cubrir la falta de ingreso de los Estados, pero nunca lo hizo del todo. Sólo en el caso de Paraná "se trata de un regalo de más de 4.000 millones de reales otorgado desde la aplicación de la ley", afirma Baggio. Con el paso al modelo intensivo se opera una transferencia de riqueza desde los "pequeños" agricultores hacia las "grandes" empresas (especialmente de la agroquímica) y de la esfera pública hacia la privada. Los ingresos probados del neoliberalismo... Los movimientos sociales oponen a este sistema otro, más respetuoso de las personas y del medio ambiente, que se apoya en dos conceptos: la reforma agraria y un modelo agrícola duradero y ecológico. El famoso "producir menos para producir mejor... ¡y para el mercado interno!", agrega Vanderley Ziger, director de la cooperativa Cresol-Baser, creada en 1996 en las regiones del sudeste y del centro-oeste de Paraná. Su objetivo es dar a los pequeños agricultores la posibilidad de "acceder al crédito cooperativo y a las tecnologías de explotación biológica y duradera". También se trata de crear "un sistema de comercialización por fuera de la red capitalista de las grandes cooperativas", de volver a encontrar circuitos cortos de aprovisionamiento y de terminar con los "alimentos turísticos", que salen del país para volver después de enriquecer a los intermediarios.

El objetivo declarado no es otro que ayudar a los agricultores a "retomar las riendas de su vida y de su entorno", afirmando su identidad. Como lo afirma Gilmar Ostrovksi, de Ecovida, "la reapropiación de la agricultura es una reapropiación política y social". ¿Se trata acaso de un programa extravagante, alejado de la realidad? "Es el único que nos permite solucionar al mismo tiempo nuestros problemas medioambientales y sociales, como el desempleo y el éxodo rural", afirman en las oficinas de Cresol-Baser. Por otra parte, "el proyecto ya está inscripto en la ley". En efecto, la Constitución de 1988 establece que es "competencia de la Unión Federal expropiar (...), en la óptica de la reforma agraria, las tierras que no cumplen con su función social". Por función social se entiende la "utilización adecuada de los recursos naturales y la preservación del medio ambiente", el "respeto de las disposiciones que regulan las relaciones de trabajo" y la protección del "bienestar de propietarios y trabajadores".

En una oficina tapizada de fieltro en Curitiba, el director general de la Secretaría de Agricultura, Newton Ribas, borra la idea con un gesto de su mano. "La reforma agraria ya está hecha en Paraná: ¡ya tenemos suficientes pequeños productores! Y además no hay tierras disponibles aquí. (...) Brasil es grande: los ‘sin tierra' pueden ir a otra parte." ¿Para unirse a las legiones de trabajadores explotados en el Cerrado 9, por ejemplo? Sin embargo, según el Instituto Nacional de Colonización y de Reforma Agraria (INCRA), faltan en el catastro oficial de Paraná 2,6 millones de hectáreas de tierra, probablemente ocupadas ilegalmente por agricultores que "se olvidaron" de declararlas. Un motivo suficiente para la expropiación... "De todas maneras -explica el agrónomo Christophe Lannoy-, aun cuando se duplicaran las superficies que ocupan las personas que hoy no tienen más de 25 hectáreas quedarían tierras en Paraná. ¡El problema es la voluntad política!" Es cierto que en esta materia es grande la decepción de todos los que esperaban que el Brasil de Lula abriera vías alternativas al modelo liberal. En el nivel federal, el gobierno no ha sabido quebrar la visión de una "agricultura de clase", anclada en las propias instituciones. La imposibilidad de aportar una respuesta estructural a las cuestiones agrícolas se manifiesta en la existencia, por un lado, del Ministerio de Agricultura de Rodrigues, y por otro, del de Desarrollo Rural, que trata de proveer las necesidades de la agricultura familiar. En los demás Estados prevalece la misma bicefalia. Mientras en la mayoría de las Secretarías del gobierno dice querer "defender a los pequeños" y "proteger el medio ambiente", especialmente con el lanzamiento de una escuela agroecológica en sociedad con Caracas y La Habana, el gobernador Requião afirma que "la agroecología no es más que una utopía".

¿Fatalidad o voluntad política?

El secretario de Estado del Presupuesto, Reinhold Stephanes, que viene del Partido del Frente Liberal (PFL) y participó en la preparación del Plan Real 10, se enorgullece de que "la ayuda que recibe la agricultura familiar no nos cuesta caro, porque proviene principalmente del Estado Federal y del Banco Mundial". Un Banco que Frei Betto, un miembro del gobierno que renunció criticando su política, explica que "impide a Brasil toda reforma estructural" 11.

Así, entre otras medidas, el Estado federal ofrece créditos sometidos a los deseos del Banco de Brasil (que administra todos los fondos según una agenda que favorece a sus clientes más solventes) y que mantiene la cadena de la deuda. El Estado, por su parte, construye graneros (para que los agricultores "almacenen y vendan sus cereales al mejor precio") y "certifica" la producción para facilitar las exportaciones. De esta manera se carcomen las propias bases del modelo instalado. ¿Hay que ver en esto una falta de ambición política, o la demostración de una crisis estructural que impide el cambio en el país? A la hora de los balances, es fuerte el debate entre los decepcionados del PT y los "lulistas" encarnizados.

Tomar o retomar el control de empresas estratégicas cuya actividad está circunscripta a las fronteras del Estado (como la compañía de electricidad de Paraná, Copel), volver a negociar los "contratos inmorales" que vinculan a Paraná con las empresas predadoras, reformar profundamente la educación, participar en Telesur (por medio de una asociación con la televisión pública Paraná Educativa), etc. La amplitud de las medidas del gobernador de Paraná sugiere sin duda, por comparación, que en el nivel del Estado federal existe una fuerte inercia, particularmente en el ámbito de la agricultura, un sector estratégico para la clase dominante brasileña, de base principalmente agraria.

En un país donde la doxa neoliberal está interiorizada hasta el punto de que en términos de la ortodoxia económica "el poder de la Unión Federal sobre los Estados es más fuerte que el del FMI sobre la Unión" 12, el retroceso del poder público ante los intereses privados parece, para muchos, una fatalidad. La crisis que afecta al PT desvanece la esperanza de un cambio inducido por el poder político 13. En este contexto, se menciona el nombre de Requião para representar a "la izquierda" si Inácio Lula da Silva no se vuelve a presentar en las próximas elecciones presidenciales. Pero su "fuerte nacionalismo" ¿no chocaría con las mismas limitaciones, impuestas por mandatos demasiado cortos e instituciones pervertidas por la corrupción y el clientelismo? Además, su visión de un "capitalismo no especulativo" basado en políticas "compensatorias" 14 que se contentan con suavizar los efectos de un sistema estructuralmente injusto, ¿está de acuerdo con la voluntad de emancipación profunda que tienen los agricultores familiares, los sin tierra y todos aquellos que están decididos a salir de la condición de dominados al que el modelo actual los condena?

En todo caso, todos ellos tendrán que actuar rápido, antes de que la soja transgénica haya contaminado a todo el país.

  1. Prohibida en Brasil, pero introducida por medio del contrabando, la soja transgénica se benefició, el 25 de septiembre de 2003, con una "medida provisoria", que autorizó su cosecha para la campaña 2003-2004. Desde entonces, lo provisorio se mantiene...
  2. J. J. Sevilla, "La penetrante estrategia de Monsanto", y W. A. Pengue, "Mirar hacia el mercado interno" y "Agricultura industrial y familiar en el Mercosur", Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, diciembre de 2003, octubre de 2003 y mayo de 2005, respectivamente.
  3. Durante la "super-recolta" de 2003-2004, la soja valía aproximadamente 17 dólares la bolsa y el dólar 4 reales. En 2005 la soja ronda los 11 dólares la bolsa y el dólar, los 2,5 reales. Fuente: Empresa de asistencia técnica y de desarrollo rural del Paraná (Emater-PR), entrevista con el autor.
  4. Herbicida. La soja transgénica de Monsanto es concebida para resistirle.
  5. Red de apoyo a la agroecología del sur de Brasil.
  6. Estudio realizado por Sistema Cresol 2002, citado en "Terceiro encontro estadual - Paraná - Brasil", Jornada de agroecología, Lance Livre design, Produções e editora Ltda., Curitiba, 2004.
  7. Fiocruz-Sinitox y Organización Mundial de la Salud, citados por Jelson Oliveira en "Os agrotóxicos e a poluição das aguas", Jornada de agroecología, ibid.
  8. Véase el documental de Marcelo Viñas, Hambre de soja, ICARO, Buenos Aires, 2004.
  9. Región de sabana boscosa de más de 2 millones de kilómetros cuadrados, principalmente en Brasil, que se extiende sobre varios Estados, desde el interior hasta los límites de la Amazonia.
  10. Intento de dolarización de la economía llevado adelante por el ex presidente F. H. Cardoso en 1994.
  11. Propósitos mantenidos durante el Foro franco-brasileño de la sociedad civil los días 12 y 13 de julio de 2005 en el Consejo económico de París.
  12. Propósitos mantenidos por Reinhold Stephanes.
  13. I. Ramonet, "Brasil, el estropicio", Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, octubre de 2005.
  14. Entrevista, Caros amigos, Vila Madalena, julio de 2005.
Autor/es Renaud Lambert
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 79 - Enero 2006
Páginas:24, 25
Traducción Lucía Vera
Temas Agricultura, Mundialización (Economía), Política, Trabajo (Economía)
Países Argentina, Brasil, Bolivia, Paraguay